Ahora lo sabes todo, Che Las vueltas y revueltas de la Sierra El asma sobre el frío césped Las tribunas El embate nocturno de las olas Y cómo se cultiva la fruta Y los yugos. Y la muerte, Che.
2 Al admirar tu cuerpo, recio el calzón de los membrudos, lamento mi extravío en la ficción del tiempo. Imposible acogerse al pecho hircino y al vigor de tus brazos. El abismo de un siglo nos separa. Mas tu borrosa estampa, al hilo de los años, impugna lo efímero mezquino y me concede, don del espejismo, tu plenitud recobrada. … Leer más
El documental «Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta» compone un fresco de él y su entorno, abundando en las circunstancias, los lugares y la gente que le conoció para acabar ofreciendo una profunda y variada perspectiva. Nunca le gustó que le enclavaran en ninguna corriente poética, pero la «poesía de la experiencia» de Jaime Gil de Biedma se considera como una de las más interesantes de la Generación del 50 y su figura ha sido elevada a mito de la poesía española de la posguerra.… Leer más
Inmóvil en el centro de la visión, brillando, demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre, inmensa, decían que una nube, pretendían, querían no verla sobre la tierra oscurecida, brillar sobre la tierra oscurecida.
Ved en cambio a los hombres que sonríen, los hombres que aconsejan la sonrisa.… Leer más
Anoche, dando vueltas como siempre, camino de la alta madrugada (bares y discotecas, calle estrecha, negros que venden hasta el alma blanca) pensé que al encontrarte era mi suerte recorriendo el burdel que nos ampara. Y te miré la cara dulcemente pensando que mi hora en ti empezaba.… Leer más
Umbría y honda rosa, fragante gruta en sombra, oh Rosa de placer, cuyo placer es llanto, rosa húmeda a la espera de una caricia errante por sus bordes de cáliz donde la carne es flor,
con tu agua deliciosa, oh blanda Rosa, embriaga, hasta el divino exceso de la dicha animal, a un corazón que huyendo de la horrible aventura de vivir, el veneno de su extraño mal bebe…
Deja que en ti se fundan los labios favoritos cuya labor tan tierna y sinuosa aviva en ti cada vez más, siempre más dulcedumbre;
mientras que la belleza que te lleva palpita y palpitante inspira una ternura hermana que su suspiro llama y que se precipita…
Lo siento amor, pero no…
Lo siento, amor, pero no, no son flores, rosas no son, ni crespos crisantemos, son versos que imaginan que me amas, versos sin más, tontos como las lágrimas.… Leer más
La Diosa que la rosa ensangrentara, aun traspasado acerbamente el seno, no se mostró indignada contra su hijo por no ensoberbecerle. Mas guardando dentro del corazón aquella herida, se mordió el dedo, y dijo: «Te la guardo. Por esta vez con el dolor ajeno no quiero oscurecer tanta alegría».… Leer más
<En el momento en que nos fijamos atentamente en algo, incluso en una brizna de hierba, ese algo se convierte en un mundo misterioso, asombroso e indescriptiblemente maravilloso en sí mismo.>