(Por que habrán disminuido los hombre 25 centímetros
y andarán oblicuo sobre una pared)
Mary Pickford sube por la mirada del administrador
Para observarla
HE SA LI DO
RE PE TI DO
POR 25 VEN TA-
NAS
debajo del tapete hay barcos
No cantes española
que saldrá George Walsh dentro la chimenea
AQUI COMO EN EL PRIMERO NADA SE SABE DE NADA
100 piso
El humo de las fábricas
retrasa los relojes
los niños juegan al aro
con la luna
en las afueras
los guarda bosques
encantan a los ríos
Y la mañana
se va como una muchacha cualquiera
en las trenzas
lleva prendido un letrero
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| SE ALQUILA |
| ESTA MAÑANA |
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(1925)
Campo
El paisaje salía de tu voz y las nubes dormían en la yema de tus dedos De tus ojos cintas de alegría colgaron la mañana Tus vestidos encendieron las hojas de los árboles En el tren lejano iba sentada la nostalgia Y el campo volteaba la cara a la ciudad.… Leer más
En Julio de 1937 el poeta peruano César Vallejo asiste al II Congreso de Escritores Antifascista en la ciudad de Valencia en España. A continuación se han recopilado las únicas imágenes en video existentes del poeta.
El ciclo «La poesía del Perú. Jornadas de creación y aproximación», organizado por el Instituto Cervantes en colaboración con el Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores y la Embajada del Perú en España, continuó con este homenaje a César Vallejo en el centenario de la publicación de «Los heraldos negros», su primer poemario.… Leer más
Escribo en defensa del reino del hombre y su justicia. Pido la paz y la palabra. He dicho «silencio», «sombra», «vacío» etcétera. Digo «del hombre y su justicia», «océano pacífico», lo que me dejan. Pido la paz y la palabra.
“Los padres blancos nos dicen: pienso, luego existo. Pero la madre negra que llevamos dentro -la poeta- nos susurra en nuestros sueños: siento, luego puedo ser libre.”
Audre Lorde
Cicatriz
Este es un poema simple.
Para las madres hermanas hijas
chicas que nunca he sido
para las mujeres que limpian el transbordador de Staten Island
Dos caminos se separaban en un bosque amarillo y, lamentando no poder recorrer ambos al ser un único viajero, me detuve durante un tiempo para contemplar el primero esforzando la vista hasta el punto en que se doblaba sobre la maleza; tomé después el otro, juzgándolo igualmente atractivo, pero dueño de un más poderoso reclamo: su manto de hierba intacta y sus ansias de ser recorrido; aunque a ese respecto, el acto del tránsito en sí los había ocupado a ambos en la misma medida, y los dos yacían igualmente aquella mañana cubiertos de hojas no pisadas, hojas sin mancillar.… Leer más