9 Poemas de Oscar Wilde

“Me han tratado brutalmente pero no me han cambiado ,simplemente me han destruido

Oscar Wilde

Apología

¿Es tu voluntad que yo crezca y decline?

Trueca mi paño de oro por la gris estameña

y teje a tu antojo esa tela de angustia

cuya hebra más brillante es día malgastado.

¿Es tu voluntad -Amor que tanto amo-

que la Casa de mi Alma sea lugar atormentado

donde deban morar, cual malvados amantes,

la llama inextinguible y el gusano inmortal?

Si tal es tu voluntad la he de sobrellevar

y venderé ambición en el mercado,

y dejaré que el gris fracaso sea mi pelaje

y que en mi corazón cave el dolor su tumba.

Tal vez sea mejor así -al menos

no hice de mi corazón algo de piedra,

ni privé a mi juventud de su pródigo festín,

ni caminé donde lo Bello es ignorado.

Casa de la ramera

Seguimos las huellas de unos pies que bailaban

hacia la calle alumbrada de luna

y nos detuvimos bajo la casa de la ramera.

Adentro, por sobre estrépito y movimiento,

oímos los músicos tocando a gran volumen

el «Treues Liebes Herz» de Strauss.

Como formas extrañas y grotescas,

realizando fantástico arabesco

corrían sombras detrás de las cortinas.

Vimos girar los fantasmales bailarines

al ritmo de violines y de cuernos

cual hojas negras llevadas por el viento.

Igual que marionetas tiradas de sus hilos

las siluetas de magros esqueletos

se deslizaban en la lenta cuadrilla.

Tomados de la mano

bailaban majestuosa zarabanda;

y el eco de las risas era agudo y crispado.

veces un títere de reloj apretaba

la amante inexistente contra el pecho,

y otras parecía que querían cantar.

A veces una horrible marioneta

se asomaba al umbral fumando un cigarrillo

Como cosa viviente.

Entonces, volviéndome a mi amor dije,

«Los muertos bailan con los muertos,

el polvo se arremolina con el polvo».

Pero ella escuchó el violín,

se apartó de mi lado y entró:

entró el Amor en casa de Lujuria.

Súbitamente, desentonó la melodía,

se fatigaron de danzar el vals,

las sombras dejaron de girar.

Y por la larga y silenciosa calle

en sandalias de plata asomó el alba

como niña asustada

Flores de amor

Amor, no te culpo; la culpa fue mía,
no hubiera yo sido de arcilla común
habría escalado alturas más altas aún no alcanzadas,
visto aire más lleno, y día más pleno.

Desde mi locura de pasión gastada
habría tañido más clara canción,
encendido luz más luminosa, libertad más libre,
luchado con malas cabezas de hidra.

Hubieran mis labios sido doblegados hasta hacerse música
por besos que sólo hicieran sangrar,
habrías caminado con Bice y los ángeles
en el prado verde y esmaltado.

Si hubiera seguido el camino en que Dante viera
los siete círculos brillantes,
¡Ay!, tal vez observara los cielos abrirse, como
se abrieran para el florentino.

Y las poderosas naciones me habrían coronado,
a mí que no tengo nombre ni corona;
y un alba oriental me hallaría postrado
al umbral de la Casa de la Fama.

Me habría sentado en el círculo de mármol donde
el más viejo bardo es como el más joven,
y la flauta siempre produce su miel, y cuerdas
de lira están siempre prestas.

Hubiera Keats sacado sus rizos himeneos
del vino con adormidera,
habría besado mi frente con boca de ambrosía,
tomado la mano del noble amor en la mía.

Y en primavera, cuando flor de manzano
acaricia un pecho bruñido de paloma,
dos jóvenes amantes yaciendo en la huerta
habrían leído nuestra historia de amor.

Habrían leído la leyenda de mi pasión, conocido
el amargo secreto de mi corazón,
habrían besado igual que nosotros, sin estar
destinados por siempre a separarse.

Pues la roja flor de nuestra vida es roída
por el gusano de la verdad
y ninguna mano puede recoger los restos caídos:
pétalos de rosa juventud.

Sin embargo, no lamento haberte amado -¡ah, qué más
podía hacer un muchacho,
cuando el diente del tiempo devora y los silenciosos
años persiguen!

Sin timón, vamos a la deriva en la tempestad
y cuando la tormenta de juventud ha pasado,
sin lira, sin laúd ni coro, la Muerte,
el piloto silencioso, arriba al fin.

Y en la tumba no hay placer, pues el ciego
gusano se ceba en la raíz,
y el Deseo tiembla hasta tornarse ceniza,
y el árbol de la pasión ya no tiene fruto.

¡Ah!, qué más debía hacer sino amarte; aún
la madre de Dios me era menos querida,
y menos querida la elevación citérea desde el mar
como un lirio argénteo.

He elegido, he vivido mis poemas y, aunque
la juventud se fuera en días perdidos,
hallé mejor la corona de mirto del amante
que la de laurel del poeta.

 

Balada de la cárcel de Reading I

Ya no vestía su casaca escarlata,
porque rojos son la sangre y el vino
y sangre y vino había en sus manos
cuando lo sorprendieron con la muerta,
la pobre muerta a la que había amado
Y a la que asesinó en su lecho.

Entre los reos caminaba
con un mísero uniforme gris
y una gorrilla en la cabeza;
Parecía andar ligero y alegre,
pero nunca vi a un hombre que mirara
con tanta avidez la luz del día.

Nunca vi a un hombre que mirara
con ojos tan ávidos
ese pequeño toldo azul
al que los presos llaman cielo
y cada nube que pasaba
con sus velas de plata.

Yo, con otras almas en pena,
caminaba en otro corro
y me preguntaba si aquel hombre habría hecho
algo grande o algo pequeño,
cuando una voz susurró a mis espaldas:
“¡A ese tipo lo van a colgar!”

¡Santo Cristo! Hasta los muros de la cárcel
de pronto parecieron vacilar
y el cielo sobre mi cabeza se convirtió
en un casco de acero ardiente;
y, aunque yo también era un alma en pena,
mi pena no podía sentirla.

Sólo sabía que una idea obsesiva
apresuraba su paso, y por qué
miraba al día deslumbrante
con tan ávidos ojos;
Aquel hombre había matado lo que amaba,
y por eso iba a morir.

Aunque todos los hombres matan lo que aman,
que lo oiga todo el mundo,
unos lo hacen con una mirada amarga,
otros con una palabra zalamera;
el cobarde con un beso,
¡el valiente con una espada!.

Unos matan su amor cuando son jóvenes,
y otros cuando son viejos;
Unos lo ahogan con manos de lujuria,
otros con manos de oro;
El más piadoso usa un cuchillo,
pues así el muerto se enfría antes.

Unos aman muy poco, otros demasiado,
algunos venden y otros compran;
Unos dan muerte con muchas lágrimas
y otros sin un suspiro:
pero aunque todos los hombres matan lo que aman,
no todos deben morir por ello.

No todo hombre muere de muerte infamante
en un día de negra vergüenza,
ni le echan un dogal al cuello,
ni una mortaja sobre el rostro,
ni cae con los pies por delante,
a través del suelo, en el vacío.

No todo hombre convive con hombres callados
que lo vigilan noche y día,
que lo vigilan cuando intenta llorar
y cuando intenta rezar,
que lo vigilan por miedo a que él mismo robe
su presa a la prisión.

No todo hombre despierta al alba y ve
aterradoras figuras en su celda,
al trémulo capellán con ornamentos blancos,
y al director, de negro brillante,
con el rostro amarillo de la sentencia.

No todo hombre se levanta con lastimera prisa
para vestir sus ropas de condenado
mientras algún doctor de zafia lengua disfruta
y anota cada nueva crispación nerviosa,
manoseando un reloj cuyo débil tic-tac
suena lo mismo que horribles martillazos.

No todo hombre siente esa asquerosa sed
que le reseca a uno la garganta antes
de que el verdugo, con sus guantes de faena,
franquee la puerta acolchada
y le ate con tres correas de cuero
para que la garganta no vuelva a sentir sed.

No todo hombre inclina la cabeza
para escuchar el oficio de difuntos
ni, mientras la angustia de su alma
le dice que no está muerto,
pasa junto a su propio ataúd
camino del atroz tinglado.

No todo hombre mira hacia lo alto
a través de un tejadillo de cristal,
ni reza con labios de barro
para que cese su agonía
ni siente en su mejilla estremecida
el beso de Caifás.

 
 

Soneto a la libertad

No es que a tus hijos, de pupilas lacias
que apenas su congoja admiten ver
y mentes que prefieren no saber,
yo ame -es que el rugir de tus Democracias,

tus reinos del Terror, tus Anarquías
cual mar reflejan mi animosidad
y a mi ira un hermano dan- ¡Libertad!
sólo así tus dísonas melodías

llorando alegran mi alma, ya los jueces
todos, a mal de látigo y andanadas
robasen a los pueblos sus derechos

que no me inmute -y a pesar de los hechos,
los Cristos muriendo en las barricadas
sabe Dios que estoy con ellos, a veces.

La fuga de la luna

Hay paz para los sentidos,
una paz soñadora en cada mano,
y profundo silencio en la tierra fantasmal,
profundo silencio donde las sombras cesan.

Sólo el grito que el eco hace chillido
de algún ave desconsolada y solitaria;
la codorniz que llama a su pareja;
la respuesta desde la colina en brumas.

Y súbitamente, la luna retira
su hoz de los cielos centelleantes
y vuela hacia sus cavernas sombrías
cubierta en velo de gasa gualda.

Mi voz

En este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.

Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas,
pues el llorar es mi contento huido
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca
y la ruina corre las cortinas de mi lecho.

Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti
solamente una lira, un laúd, el encanto sutil
del violoncello, la música del mar
que duerme, mímico eco, en su concha marina.

Su voz

La intrépida abeja vaga de rama en rama,
con su hirsuto abrigo y ligeras alas,
ahora sobre el pétalo del lirio,
ahora balanceándose en un jacinto,
en torno a él:
Estaba cerca el amor; y fue aquí, supongo,
donde realicé mi voto.

Juré que dos almas deberían ser una,
mientras las gaviotas amen el mar,
mientras los girasoles amen el sol.
Será, dije, nuestra eternidad,
tuya y mía.
Querida amiga, aquellos tiempos se han ido,
la red del Amor se ha cerrado.

Mira hacia arriba, donde los álamos
danzan y danzan en el aire del estío,
aquí en el valle, la brisa nunca
agita los frutos, pero allí
los grandes vientos soplan,
y desde el susurro místico del mar
arriban las olas que acarician la costa.

Mira hacia arriba, donde gritan las níveas gaviotas,
¿qué pueden contemplar que nosotros no vemos?
¿acaso una estrella? ¿o quizás la lámpara que ruge
en algún lejano y perdido buque?
¡Ah, puede ser!
¡Hemos vivido en una tierra de sueños!
y que triste parece.

Mi Vida, no queda nada por decir,
salvo esto: el amor nunca se pierde,
el filo del invierno desgarra el pecho de mayo,
y sus rosas carmesí brotan quebrando el hielo.
Los navíos de la tempestad
en alguna bahía encontrarán su muelle,
así como nosotros deberíamos hacerlo.

Y no queda nada por hacer
salvo besarnos una vez más, y partir.
No, no hay nada que debamos lamentar,
yo tengo mi belleza, y tu el arte.
No, que nunca comience,
un mundo no es suficiente
para dos como tú y yo.

La tumba de Keats

Libre de la injusticia del mundo y su dolor,
descansa al fin bajo el velo azul de Dios:
arrebatado a la vida cuando vida y amor eran nuevos,
el mártir más joven yace aquí,
justo cual Sebastián y tan temprano muerto.
Ningún ciprés ensombrece su tumba, ni tejo funeral,
sino amables violetas con el rocío llorando
sobre sus huesos tejen cadena de perenne floración.
¡Oh, altivo corazón que destruyó el dolor!
¡Oh, los labios más dulces desde los de Mitilene!
¡Oh, pintor-poeta de nuestra tierra inglesa!
Tu nombre inscribióse en el agua; y habrá de perdurar:
lágrimas como las mías conservarán tu memoria verde,
como el pote de albahaca Isabella.

Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde (Dublin ,16 de octubre de 1854-Paris, 30 de noviembre de 1900 ) escritor, poeta y dramaturgo,de origen aristocrático, fué educado en casa hasta los nueve años y posteriormente asistió a la Portora Royal School en Enniskillen, Condado de Fermanagh ,al Trinity College de Dublín y a la Universidad de Oxford . El ambiente en Oxford era de creatividad y libertad, donde se desarrolló el dandismo. Oscar adoptó un  estilo de vida bohemio y una estética dandy repleta de extravagancias, el pelo largo,  el foulard,  un bastón con empuñadura de piedras preciosas, medias de seda y pantalones cortos de terciopelo; colecionaba objetos excéntricos y brillaba por su inteligencia y un perspicaz sentido del humor .

Mencion aparte merece su madre, Jane Wilde, mujer muy culta, escritora, poeta y feminista ,que firmaba sus escritos y alegatos con el pseudónimo de “Speranza”  . Sus textos  invitaban a la independencia de su nación, que se encontraba bajo el yugo del Imperio Británico, por lo que a pesar de ser amada por unos, también fue perseguida por el sector conservador ; después de un juicio acusada  de difamación, ella y su esposo cayeron en bancarrota. Murió en 1896 a la edad de 74 años cuando su hijo aún estaba en prisión. Dicen que Oscar Wilde siempre tuvo como referencia a su madre.

El primer libro publicado de Oscar Wilde  fué Poemas (1881) y  su primer premio el Premio Newdigate de poesía en 1878.

El 24 de diciembre de 1881 zarpa rumbo a los Estados Unidos respondiendo a una invitación que le habian hecho para dar unas conferencias, los jóvenes le siguen,visita a Walt Witman,le adelantan mil dolares para una futura obra de teatro, se pasea por todo Estados Unidos  pero en el fondo ese país no le interesa nada y regresa a Paris donde permanece un tiempo hasta que gasta todo su dinero.

A partir de 1882 se establece  en Londres de manera permanente  y en 1884 se  casa con Constance Lloyd ,una bella e inteligente joven y tienen dos hijos. En Londres trabaja como periodista y es reconocido en todos los ambientes culturales. En 1887 se convierte en director de la revista Woman Word con éxito , prestigio y bonanza económica.Escribe cuentos, ensayos, y comienza a preparar su única novela, El retrato de Dorian Gray la cual publica en 1891; el éxito es rotundo. Escribe sus obras de teatro,sus comedias. Al tiempo inicia su doble vida. descubre su homosexualidad y se entrega a vivir experiencias alejándose de su esposa. 

En  1895 Wilde inició un pleito contra el Marqués de Queensberry, quién le acusó de homosexualidad y sodomía practicada con su hijo Lord Alfred Douglas, Bosie, el gran amor en la vida de Oscar Wilde. Tras el juicio, Wilde autor ya reconocido y alabado por obras como El retrato de Dorian Gray y Salomé, fue condenado y encarcelado durante dos años en las prisiones de Wandsworth y Reading Gaol, perdiendo a su familia,(pierde la patria potestad de sus hijos, su mujer se cambia el apellido  y se aleja aunque nunca se divorciaron). tambien pierde  bienes y  amigos. Celdas oscuras y  trabajos forzados van minando la salud y apagando su vitalidad . Cuando salió de la cárcel se trasladó a la localidad francesa de Berneval y adoptó el seudónimo de Sebastian Melmoth. En Berneval escribió “Balada De La Cárcel De Reading” (1898), inspirada en su estancia en prisión.

Posteriormente residió en París en un hotel  en condiciones económicas míseras. Se vuelve a reencontrar con Alfred  y estan un tiempo juntos , viajan a Italia y Argelia, pero ya esa relacion estaba terminada.

Falleció en la capital francesa el 30 de noviembre de1900, tenía 46 años. Dicen que antes de morir pidió champaña y despues de ver la factura, al levantar la copa, comentó: “Estoy muriendo por encima de mis posibilidades”.

Novela
El retrato de Dorian Gray (1891)

El crimen de lord Arthur Saville y otras historias(1891):

El fantasma de Canterville

 La esfinge sin secreto

El modelo millonario

El retrato del Sr. W. H.

El cumpleaños de la infanta

Poemas en prosa De profundis (1905)

Teleny o El reverso de la medalla (1893)

Cuentos

El príncipe feliz y otros cuentos(1888):

El ruiseñor y la rosa

El Fantasma de Canterville

El gigante egoísta

El amigo fiel

El famoso cohete

Una casa de granadas(1892):

El joven rey

El cumpleaños de la infanta

El pescador y su alma

El niño estrella

Ensayos

Intenciones(1891):

La decadencia de la mentira

Pluma, lápiz y veneno

El crítico artista

La verdad sobre las máscaras

El alma del hombre bajo el socialismo (1891–1904)

Frases y filosofías para uso de la juventud (1894)

Algunas máximas para la instrucción de los súper-educados (1894)

Poesia
Ravenna (1878)

Poemas (1881)

Poemas en prosa (1894)

La esfinge (1894)

Balada de la Cárcel de Reading (1898)

Requiescat

Teatro
Vera o los nihilistas (1880)

La duquesa de Padua (1883)

El abanico de Lady Windermere (1892)

Una mujer sin importancia (1893)

Salomé (1894)

Un marido ideal (1895)

La importancia de llamarse Ernesto (1895)

https://www.elmostrador.cl/cultura/2014/11/07/nieto-de-oscar-wilde-en-chile-mi-abuelo-se-opuso-a-muchos-temas-de-injusticia-social/

https://www.esquire.com/es/actualidad/libros/a23548885/oscar-wilde-retrato-de-dorian-gray-manuscrito-original-censura/

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