To The Reader
As you read, a white bear leisurely
pees, dyeing the snow
saffron,
and as you read, many gods
lie among lianas: eyes of obsidian
are watching the generations of leaves,
and as you read
the sea is turning its dark pages,
turning
its dark pages.
Al lector
Mientras leés, un oso polar plácidamente
orina y tiñe
la nieve de azafrán;
mientras leés, algunos dioses
se acuestan entre hiedras: sus ojos de obsidiana
están mirando las generaciones de hojas;
mientras leés, el mar
está pasando sus páginas oscuras,
pasando
sus páginas oscuras.

Contraband
The tree of knowledge was the tree of reason.
That’s why the taste of it
drove us from Eden. That fruit
was meant to be dried and milled to a fine powder
for use a pinch at a time, a condiment.
God had probably planned to tell us later
about this new pleasure.
We stuffed our mouths full of it,
gorged on but and if and how and again
but, knowing no better.
It’s toxic in large quantities; fumes
swirled in our heads and around us
to form a dense cloud that hardened to steel,
a wall between us and God, Who was Paradise.
Not that God is unreasonable – but reason
in such excess was tyranny
and locked us into its own limits, a polished cell
reflecting our own faces. God lives
on the other side of that mirror,
but through the slit where the barrier doesn’t
quite touch ground, manages still
to squeeze in – as filtered light,
splinters of fire, a strain of music heard
then lost, then heard again.
Contrabando
El árbol del conocimiento era el de la razón.
Por eso al probar de él
fuimos arrojados del Paraíso. El destino de ese fruto
era secarlo y molerlo hasta obtener un polvo fino,
usando una pizca cada vez, igual que un condimento.
Probablemente Dios tenía planeado mencionarnos más tarde
este nuevo deleite.
Nos lo comimos hasta atragantarnos,
llenándonos la boca de pero, cómo y si,
y de pero otra vez, sin saber lo que hacíamos.
Es tóxico, en grandes cantidades: sobre nuestras cabezas
y en torno de nosotros el humo se arremolinó,
para formar una densa nube que se endureció
hasta hacerse de acero: un muro entre nosotros
y Dios, que era el Paraíso.
No es que Dios no sea razonable; pasa que la razón
en tal exceso era tiranía,
y nos aprisionó en sus propios límites, un calabozo de metal pulido
que reflejaba nuestros propios rostros. Dios vive
al otro lado de ese espejo,
pero a través de la rendija en donde el cerco
no llega a tocar el suelo, logra colarse -al fin-
como una luz filtrada, como chispas de fuego,
como una música que se oye, cesa de pronto
y, de repente, se hace audible de nuevo.

La tercera dimensión
Quién me creería
si dijera, “Me agarraron y
me abrieron
del cráneo a la entrepierna, y
todavía estoy viva, y
me paseo complacida con
el sol y con toda
la generosidad del mundo.” La sinceridad
no es tan simple:
una sinceridad simple
no es más que una mentira.
¿Acaso los árboles
no esconden el viento
entre sus hojas y
murmuran?
La tercera dimensión
se esconde.
Si los obreros de la calle
parten las piedras,
las piedras son piedras:
a mí el amor
me partió en dos
y estoy
viva para
contar el cuento pero no
sinceramente:
las palabras
lo cambian. Deja que sea
aquí bajo el dulce sol
una ficción, mientras yo
respiro, y cambio el paso.

¿Cómo eran?
¿La gente de Viet Nam
usaba faroles de piedra?
¿Celebraban ceremonias
reverentes al abrirse los primeros capullos?
¿Eran propensos a reír apaciblemente?
¿Usaban hueso y marfil,
jade y plata, para sus ornamentos?
¿Tenían poemas épicos?
¿Sabían distinguir entre el discurso y el canto?
Señor, sus encendidos corazones se transformaron en piedras.
No se recuerda si en los jardines
los faroles iluminaban caminos agradables.
Tal vez se reunieron alguna vez para deleitarse con las flores,
pero después de que sus hijos fueran asesinados
no hubo nuevos capullos.
Señor, amarga es la risa en la boca quemada.
Tal vez un sueño hace tiempo. Los ornamentos son
para épocas de alegría.
Todos los huesos estaban carbonizados.
No hay memoria. Recuerda,
la mayoría eran campesinos, su vida
se desenvolvía entre el arroz y el bambú.
Cuando las nubes pacíficas se reflejaban en los arrozales
y los búfalos caminaban con paso seguro a lo largo de las terrazas,
tal vez los padres contaban a sus hijos antiguas leyendas.
Cuando las bombas destrozaron aquellos espejos
sólo hubo tiempo para gritar.
Permanece un eco todavía
de sus voces, semejante a una canción.
Diríase que su canto se parecía
al vuelo de las mariposas nocturnas iluminadas por la luna.
¿Quién puede contarlo? Ahora reina el silencio.
Traducción: Demófilo

Intromisión
Después de cortarme las manos
me crecieron las nuevas y
algo que mis manos habían deseado
llegó y pidió que lo meciera
Después de sacarme los ojos se
secaron, y me brotaron los nuevos
y algo que mis ojos habían llorado
llegó pidiendo que los suavizara.

La queja de Adán
Hay quienes,
no importa qué les des,
también quieren la luna.
El pan,
la sal,
carne blanca y roja,
y todavía tienen hambre.
La cama matrimonial
y la cuna,
y siguen con los brazos vacíos.
Les das la tierra,
su propia tierra bajo los pies,
y se lanzan al camino.
Y el agua: cavá el pozo más hondo,
que no será suficiente
para beber en él la luna.

Mirar, caminar, ser
“El mundo no es para mirar,
es para estar en él»
Mark Rudman
Yo miro y miro.
Mirar es un modo de ser: uno se vuelve,
a veces, un par de ojos que caminan.
Caminan dondequiera que mirar te lleve.
Los ojos
cavan túneles en el mundo.
Tocan
fanfarria, aullido, madrigal, clamor.
El mundo y su pasado,
no solo
el presente visible, lo sólido y la sombra
que mira al que mira.
¿Y el lenguaje?¿ Los ritmos
del eco y de la interrupción?
Ese es
un modo de respirar.
Respirar para mantenerse
mirando,
caminando y mirando,
por el mundo,
en él.

The Acolyte
The large kitchen is almost dark.
Across the plain of even, diffused light,
copper pans on the wall and the window geranium
tend separate campfires.
Herbs dangle their Spanish moss from rafters.
At the table, floury hands
kneading dough, feet planted
steady on flagstones,
a woman ponders the loaves-to-be.
Yeast and flour, water and salt,
have met in the huge bowl.
It’s not
the baked and cooled and cut
bread she’s thinking of,
but the way
the dough rises and has a life of its own,
not the oven she’s thinking of
but the way
the sour smell changes
to fragrance.
She wants to put
a silver rose or a bell of diamonds
into each loaf;
she wants
to bake a curse into one loaf,
into another, the words that break
evil spells and release
transformed heroes into their selves;
she wants to make
bread that is more than bread.
La acólita
La gran cocina está casi a oscuras.
A través del plano de la luz constante, difusa,
las ollas de cobre en la pared y el geranio en la ventana
alimentan fogatas diferentes.
La hierba cuelga de las vigas su musgo negro.
Sobre la mesa, con las manos enharinadas
y los pies bien plantados
en las baldosas, una mujer
sopesa las futuras hogazas.
Levadura y harina, agua y sal,
van a encontrarse en el gran bol.
No es
en el pan que hornea, enfría y corta
en lo que piensa,
sino en el modo
en que la masa sube y cobra vida propia.
No es en el horno en lo que piensa,
sino en el modo
en que ese olor ácido se transforma
en fragancia.
Quiere poner
una rosa de plata o una campana de diamantes
en cada pan;
quiere
hornear dentro de una hogaza una maldición
y en otra, las palabras que rompen
los hechizos y transforman en ellos mismos a los héroes;
ella quiere hacer pan
que sea más que pan.

Hablándole al dolor
Ah, dolor, no debiera darte el trato
de un perro vagabundo
que llega hasta la puerta trasera por si logra
un trozo de pan duro, un hueso limpio.
Debería confiar en ti.
Debería halagarte y conseguir
que entraras en mi casa y ofrecerte
un rincón propio,
con una vieja alfombra para echarte
y tu propia escudilla.
Piensas que no sé que llevas tiempo
instalado en mi porche.
Quieres que quede listo tu sitio genuino
antes de que sea invierno. Necesitas
tu nombre, tu collar, la chapa
de identificación. Y necesitas
el derecho a espantar a los intrusos,
a quedarte en mi casa y
sentirla como propia,
a mí como algo tuyo
y a ti
como mi perro.

Adios a la tolerancia
Geniales poetas de sonrosados rostros,
serios, ingeniosos,
que habéis dado al mundo
algunos bocados exquisitos,
fragmentos de lenguaje presentados
como se ofrece un filete de costilla
acompañado de cerezas con licor.
Adiós, adiós.
No me importa
si jamás vuelvo a probar vuestros finos guisos,
compañeros neutrales, videntes de ambos lados.
.
Tolerancia, cuántos crímenes
se cometen en tu nombre.
.
Y vosotras, bellas mujeres, horneadoras de los mejores pasteles,
donantes de sangre. Vuestras migajas
me ahogan, no me gustaría
tener una gota de vuestra sangre, bombeada
por delicados corazones, de pulso perfecto, que nunca
vacilan, insensibles
ante las pesadillas de la realidad.
.
Se trata de mis hermanos, mis hermanas,
cuya sangre se derrama a borbotones y se detiene
para siempre
porque habéis preferido creer que ello no os concierne.
.
Adiós, adiós,
vuestros poemas
cierran las boquitas,
vuestras confituras se enmohecen,
un abismo ha separado
el suelo entre nosotros
y volvéis la mirada, sin saludar,
hacia otro lado.
.
No volveremos a encontrarnos
a menos que saltando sobre la grieta, dejéis
atrás los preciados
gusanos de vuestra apatía,
vuestras tibios sarcasmos,
vuestro jovial, mesurado
e irónico juicio neutral;
¿Saltar sobre el equilibrio
¿es excesivo? … pero
cómo fluirían y se mezclarían
gozosamente
nuestras fanáticas lágrimas
De “Poems 1972-1982”. Versión de Demófilo

Death in Mexico
Even two weeks after her fall,
three weeks before she died, the garden
began to vanish. The rickety fence gave way
as it had threatened, and the children threw
broken plastic toys –vicious yellow,
unresonant red, onto the path, into the lemontree;
or trotted in through the gap, trampling small plants.
For two weeks no one watered it, except
I did, twice, but then I left. She was still conscious then
and thanked me. I begged the others to water it-
but the rains began; when I got back there were violent,
sudden, battering downpours each afternoon.
Weeds flourished,
dry topsoil was washed away swiftly
into the drains. Oh, there was green, still,
but the garden was disappearing-each day
less sign of the ordered,
thought-out oasis, a squared circle her mind
constructed for rose and lily, begonia
and rosemary-for-remembrance.
Twenty years in the making-
less than a month to undo itself;
and those who had seen it grow,
living around it those decades,
did nothing to hold it. Oh, Alberto did,
one day, patch up the fence a bit,
when I told him a future tenant would value
having a garden. But no one believed
the garden-maker would live (I least of all),
so her pain if she were to see the ruin
remained abstract, an incomprehensible concept,
impelling no action. When they carried her past
on a stretcher,
on her way to the sanatorio, failing sight
transformed itself into a mercy, certainly
she could have seen no more than a greenish blur.
But to me the weeds, the flowerless rosebushes, broken
stems of the canna lilies and amaryllis, all
a lusterless jungle green, presented-
even before her dying was over-
an obdurate, blind, all-seeing gaze:
I had seen it before, in the museums,
in stone masks of the gods and victims.
A gaze that admit no tenderness, if it smiles, it
only smiles with sublime bitterness-no,
not even bitter: it admits
no regret, nostalgia has no part in its cosmos,
bitterness is irrelevant.
If it holds a flower-and it does,
a delicate brilliant silky flower that blooms only
a single day-it holds it clenched
between sharp teeth.
Vines may crawl, and scorpions, over its face,
but though the centuries blunt
eyelid and flared nostril, the stone gaze
is utterly still, fixed, absolute,
smirk of denial facing eternity.
Gardens vanish. She was an alien here,
as I am. Her death
was not México’s business. The garden though
was a hostage. Old gods
took back their own.
Muerte en México
Dos semanas antes de su declive,
tres semanas antes de su muerte, el jardín
ya empezó a desaparecer. La cerca desvencijada se rindió
a las amenazas y los chicos arrojaban
juguetes de plástico rotos -amarillos feroces,
rojos sin resonancia, en el camino y en el limonero;
o se metían corriendo por los huecos, pisoteando las plantitas.
Durante dos semanas nadie las regó, excepto yo, dos veces
pero después me fui. Ella todavía estaba consciente
y me dio las gracias. Les pedí a los demás que regaran
pero empezaron las lluvias; cuando volví eran aguaceros
violentos, repentinos que azotaban todas las tardes.
Brotó la maleza,
el manto seco fue barrido pronto
por los desagües. Oh, todavía quedaba verde
pero el jardín se esfumaba- cada día
menos señales del oasis
planeado con esmero, un cantero circular que su mente
concibió para las begonias, las rosas y los lirios,
y el romero-para-la-memoria.
Veinte años para construirlo-
menos de un mes para deshacerse,
y los que lo habían visto crecer,
los que vivieron esas décadas a su vera
no hicieron nada por conservarlo. Oh, Alberto sí,
un día arregló un poquito la cerca
cuando le dije que un jardín sería valioso
para un futuro inquilino. Pero nadie creyó
que la jardinera iba a vivir (yo menos que nadie),
así que su dolor ante la ruina
permanecía abstracto, un concepto incomprensible
que no movía a ningún acto. Cuando se la llevaron
en una camilla
camino del sanatorio*, el deterioro visual
se volvió una bendición,
no pudo haber visto más que un manchón verdoso.
Pero a mí la maleza, los rosales sin rosas, los
tallos rotos de la caña india y de los amarilis, toda
esa jungla verde y opaca, me mostraban
-antes de que terminara su agonía-
una mirada obstinada, ciega, que lo veía todo:
la había visto ya en los museos,
en las máscaras de piedra de dioses y de víctimas.
Una mirada que no admite ternura alguna, si sonríe,
lo hace con amargura sublime -no,
ni siquiera es amarga: no admite
arrepentimiento, en su cosmos no hay lugar para la nostalgia,
la amargura es irrelevante.
Si sostiene una flor, y lo hace,
una flor sedosa, brillante y delicada que florece
un solo día, la sostiene
apretada entre los dientes filosos.
Sobre su rostro pueden arrastrarse enredaderas y escorpiones pero
aunque los siglos limen
los párpados y las anchas fosas nasales, la mirada de piedra
sigue inmóvil, fija, absoluta,
una sonrisa negadora frente a la eternidad.
Los jardines desaparecen. Ella, aquí, era extranjera,
igual que yo. Su muerte
no era asunto de México. El jardín
era un rehén. Los viejos dioses
tomaron lo que era de ellos.
*N de la T: en español en el original.
De: Poems 1972-1982

Misa para el día de Santo Tomas Apóstol
i. Kyrie
ii. Gloria
iii. Credo
iv. Sanctus
v. Benedictus
vi. Agnus Dei
Kyrie
Oh misterio profundo, llama parpadeante,
pepita enamorada que yace en lo más íntimo
del corazón oscuro,
ten piedad de nosotros.
Arrancamos pedazos del pasado para dar de comer
al orgullo o la pena.
Vivimos aterrados
de lo que conocemos:
la muerte, nuestra muerte, y la muerte del mundo
imaginamos sin poder imaginárnosla
nosotros que tal vez
seamos los primeros y últimos testigos.
Vivimos aterrados
de lo que no sabemos,
aterrados de no poder saber,
y de lo ilimitado, por donde nuestro miedo
se hunde en caída libre,
o
del final abrupto de todo lo que existe.
Sin embargo, ciframos
nuestra esperanza en lo desconocido,
en nuestro no saber.
Oh misterio profundo,
oh remoto misterio,
ten piedad de nosotros.
Gloria
Alabada la nieve
que cae esta mañana.
Alabada la sombra que proyecta
sobre el techo de tejas la chimenea del vecino,
alabado también este día gris de Octubre
que debiera haber sido, según dicen, dorado.
Alabado sea el sol
invisible que brilla tras las nubes heladas
dándonos luz y dándonos la sombra
de la chimenea.
Alabado sea dios,
alabados los dioses, lo desconocido,
lo que nos imagina y detiene nuestra mano
nuestra mano asesina,
y aún nos da,
en la sombra de la muerte
la vida nuestra de todos los días
y el sueño, todavía, de la buena voluntad
y la paz en la tierra.
Alabado el fluir y los cambios, la noche
y el latido del día.
Denominación erronea
Conversan sobre el arte de la guerra,
pero las artes
logran sacar su luz de la sima del alma
mientras que guerrear
consume el alma y saca su poder
de un negro erial en llamas.
Leonardo al aplicar
su genio a la invención de máquinas
de destrucción no obraba
al servicio del arte, sino
que dejaba en suspenso
la existencia del arte
sobre un abismo,
como si sujetáramos a un niño que está vivo
desde la ventanilla de un avión
que vuela a treinta mil pies sobre el suelo
Credo
Creo que la tierra existe
y que hasta en la menor partícula de polvo
está presente el brillo sagrado de Tu llama.
Oh Tú
misterio que conozco,
Tú, espíritu,
dador, enamorado
de toda creación,
de toda letra escrita,
de cada flor trenzada,
del hierro, las acciones y los sueños.
Oh polvo de la tierra, ayuda a
mi poca fe. Deriva,
gris que se vuelve oro, al rayo de la vista.
Creo, pero la duda interrumpe mi creencia.
Dudo, pero la fe interrumpe mi descreimiento.
Amado mundo amenazado, sé.
Cada partícula
de polvo.
No la luz venenosa,
expuesta a su pesar,
rota la cerradura de su celda sagrada,
sino el brillo ordinario
del polvo en el antiguo
rayo de sol.
Sé, y que yo crea. Amén.
Sanctus
Tronos y principados –todos los dioses,
ángeles, semidioses, animales locuaces,
oráculos, tormentas de bendición e ira-
todo aquello que la Imaginación
ha escrito, concebido,
con esfuerzo, en trances epifánicos-
dando un nombre, una forma –para dar
a la Gran Soledad
un corazón, un sitio-
elevan su canción hacia el silencio
protector, pronunciando
con júbilo sus nombres,
el nombre múltiple del Otro,
ese Misterio conocido,
incognoscible:
sanctus, hosanna, sanctus.
Benedictus
Bendito es lo que viene en nombre del espíritu,
lo que trae el espíritu consigo.
El nombre del espíritu está escrito
en la astilla, en la ráfaga de viento, en el cristal,
en el cristal de nieve, los pétalos, las hojas,
en el musgo y la luna, en las plumas, los fósiles,
en la sangre y el hueso, el silencio, la música,
cada palabra de
cada palabra,
la carne y la visión.
(¿Pero qué hay del sufrimiento
que causan en la tierra, contra los inocentes,
las manos de los hombres?
¿Se escucha la palabra
debajo o por encima
de la cacofonía de la malignidad?
¿Puede ser percibida, todavía,
por soñadores sordomudos,
en la mano, en el pecho,
aquella vibración
que conocen las fibras
del árbol de los nervios,
o ve ese tercer ojo para el cual
la vista y el sonido son una sola cosa?
¿Y qué hay del vacío,
el torbellino destructor que no deja pasar
palabra alguna?
En la indolencia del león
está el espíritu,
en la ferocidad del tigre
que no es previsora,
sino que se despierta con el hambre,
y el hambre
de su juventud.
Bendito es lo que expresa
su ser,
la piedra de la piedra,
la paja de la paja,
porque allí
está el espíritu.
¿Pero es capaz el nombre
de expresarse
en la espiral del tiempo?
¿Puede entrar al vacío?
Bendito
sea el polvo. Desde el polvo
se expresa el mundo. No tenemos otra
esperanza, y ningún conocimiento.
La palabra eligió
hacerse carne.
En la carne perpleja
nos postramos.
Agnus Dei
Dado que los corderos
son crías de la oveja; dado que las ovejas
son miedosas y torpes, y no saben defenderse,
porque no tienen garras ni violencia,
veneno ni malicia, ¿qué es, entonces,
el “Cordero de Dios”?
¿Esta hermosa criatura,
que husmea con vigor las ubres de su madre;
portadora de lana y de balidos,
que salta por el aire contenta de existir, y que descubre atónita
cuatro patas en las que aterrizar, el pasto
lo único del mundo que conoce?
¿La que nos llevaríamos a jugar,
adornada de cintas, aunque no dejaríamos
que entrara en nuestra casa
por miedo a que ensuciara el piso con sus heces?
¿Qué se oculta, terrible, detrás de estas palabras
tan extrañas:
Oh Cordero de Dios que quitas el pecado
del mundo: una inocencia que parece ignorancia,
engendrada en la nieve manchada por la sangre
que lamen los ancestros de los perros,
más sagaces que todo el rebaño en su conjunto?
¿Entonces Dios,
que abarca todo,
está indefenso? ¿La omnipotencia
ha sido reducida a un montoncito húmedo de lana?
Y nosotros,
temerosos, abúlicos, que queremos tan sólo
echarnos a dormir hasta que la catástrofe
haya llegado al clímax y arrasado con todo
para pasar al fin,
y que queremos despertar tranquilos
sin recordar después el sufrimiento,
nosotros los que, llenos de vergüenza,
en nuestra mísera esperanza, buscamos que nos rescataran de las llamas,
y nos dieran la dicha que creímos merecer por haberla imaginado,
¿entonces se supone que nosotros
debemos proteger a este animal perversamente débil,
que con su hocico insiste en tratar de encontrar leche en nosotros?
¿Debemos estrechar en nuestro corazón
helado a un Dios que tiembla?
Que así sea.
Ven, trapo sucio, estremecido,
ven, estrella distante.
Vamos a ver si algo de los hombres
aún puede protegerte,
chispa
de luz remota.
Traducción es de Ezequiel Zaidenwerg y Alejandro Crotto

Denise Levertov (Essex, Inglaterra, 24 de octubre de1923-Seattle, EE. UU., 20 de diciembre de 1997). Poeta, ensayista y activista. Perteneciente a la Generación Beat.
Hija de Beatrice Spooner-Jones, oriunda de Gales y de Paul Philip Levertoff, un judío ruso convertido al cristianismo que era pastor anglicano. Denise se formó literariamente en su propio hogar. Su madre leía para toda la familia obras de autores clásicos. Era muy pequeña cuando comenzó a elaborar poemas y era su hermana mayor, Olga, quien copiaba sus poemas al papel cuando ella todavía no sabía escribir y sólo podía dictárselos. Cuando contaba 12 años remitió algunos poemas suyos a T.S. Eliot, quien le contestó animando a Denise a continuar escribiendo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó como enfermera en Londres. En 1946 publicó su primer libro The Double Image. En 1947 se casó con el escritor estadounidense Mitchell Goodman. Al año siguiente, Goodman y Levertov se mudaron a Nueva York, donde tuvieron un hijo, Nikolai; el matrimonio duraría hasta 1974.
A su llegada a los Estados Unidos, Levertov se vinculó con los poetas Robert Creeley y Kenneth Rexroth, y publicó poemas en la Black Mountain Review. Trabajó como docente en diversas universidades y desempeñó tareas editoriales. Fue su segundo libro de poesía, Aquí y ahora (1957), el que la situó en el movimiento Beat. Le que siguieron los poemarios A las islas por tierra (1958) y Gustar y ver (1964). Durante esos años se comprometió activamente en el movimiento pacifista contra la guerra de Vietnam.
En 1967 escribió La danza de la tristeza, donde expone sus sentimientos de dolor ante la guerra. Su compromiso con el feminismo y el pacifismo la impulsó a utilizar de forma consciente la poesía como herramienta de lucha política y social.
En los años siguientes, dedicó su tiempo a la educación en diversas universidades. Finalmente, tras retirarse de la enseñanza, viajó por el país realizando lecturas de poesía.
Levertov sostenía que los artistas debían comprometerse políticamente; gran parte de su poesía de los años sesenta y setenta refleja, precisamente, sus convicciones políticas. Además de escribir poesía, Levertov reflexionó extensamente sobre el proceso creativo y la estética de la poesía contemporánea.
A lo largo de su larga y prolífica carrera literaria Levertov publicó más de veinte libros —entre poesía, crítica y traducciones— y editó varias antologías de relevancia.
Denise Levertov falleció en 1977 por complicaciones relacionadas con un linfoma. Fue enterrada en el Cementerio de Lake View en Seattle, Washington. Tenía 77 años.
Algunas publicaciones poéticas son:
The Jacob’s Ladder (1961), Life At War (1968), Life in the Forest (1978), Candles in Babylon (1982), Evening Train (1992) o The Sands of the Well (1996). Póstumamente apareció This Great Unknowing: Last Poems (2000).
En España, la editorial Hiperión publicó en 2013 una Antología poética de Levertov.
También destaca su libro Ensayos nuevos y escogidos (1992)
Recibió numerosos premios y distinciones, tanto por su obra literaria como por su compromiso social y político.
Entre los premios y distinciones recibidos destacamos :
- Premio Shelley Memorial
- Medalla Robert Frost
- Premio Lenore Marshall
- Premio Lannan
- Beca Guggenheim
- Beca del Instituto Nacional de Arte
Enlaces de interés :
https://poets.org/poet/denise-levertov
https://poets.org/poet/denise-levertov




Me encanta conocer a poetas de todo el mundo en todos los idiomas gracias a vuestra pagina.
Muchas gracias Semoloni por leer y seguir siempre nuestro trabajo.
Abrazo
Una excelente selección de poemas de la escritora y poeta norteamericana Denise Levertov, muy poco traducida al idioma español. Su poesia cuenta e interpreta con un lenguaje directo y énfasis poético, vivencias, historias; registra lo anecdótico, redescubriendo lo más secreto, lo que yace en el fondo de su visión y asombro del mundo. Expresa de algún modo, la dinâmica vital de lo que fue su vida. Gracias a POETRY ALQUIMIA por compartir su buena poesia
Muchas gracias por tus palabras Irma. Siempre es un placer recibir aportaciones tan valiosas como la suya.Nos anima a seguir en nuestro camino de dar a conocer las voces poéticas de mundo. En efecto, Denise Levertov es una gran poeta a tener en cuenta y difundir. Apenas hace unos años estamos conociendo a las mujeres que, como Denise, pertenecieron al movimiento Beat,y que eran tan excelentes o mas que sus compañeros hombres.
¡Seguiremos!
¡Un saludo afectuoso!
PoetryAlquimia