11 Poemas de Denise Levertov

To The Reader

        As you read, a white bear leisurely
        pees, dyeing the snow
        saffron,

        and as you read, many gods
        lie among lianas: eyes of obsidian
        are watching the generations of leaves,

        and as you read
        the sea is turning its dark pages,
        turning
        its dark pages.

Al lector

Mientras leés, un oso polar plácidamente
orina y tiñe
la nieve de azafrán;

mientras leés, algunos dioses
se acuestan entre hiedras: sus ojos de obsidiana
están mirando las generaciones de hojas;

mientras leés, el mar
está pasando sus páginas oscuras,
pasando
sus páginas oscuras.

Contraband

The tree of knowledge was the tree of reason.
That’s why the taste of it
drove us from Eden. That fruit
was meant to be dried and milled to a fine powder
for use a pinch at a time, a condiment.
God had probably planned to tell us later
about this new pleasure.
We stuffed our mouths full of it,
gorged on but and if and how and again
but, knowing no better.
It’s toxic in large quantities; fumes
swirled in our heads and around us
to form a dense cloud that hardened to steel,
a wall between us and God, Who was Paradise.
Not that God is unreasonable – but reason
in such excess was tyranny
and locked us into its own limits, a polished cell
reflecting our own faces. God lives
on the other side of that mirror,
but through the slit where the barrier doesn’t
quite touch ground, manages still
to squeeze in – as filtered light,
splinters of fire, a strain of music heard
then lost, then heard again.

Contrabando

El árbol del conocimiento era el de la razón.
Por eso al probar de él
fuimos arrojados del Paraíso. El destino de ese fruto
era secarlo y molerlo hasta obtener un polvo fino,
usando una pizca cada vez, igual que un condimento.
Probablemente Dios tenía planeado mencionarnos más tarde
este nuevo deleite.
Nos lo comimos hasta atragantarnos,
llenándonos la boca de perocómo y si,
y de pero otra vez, sin saber lo que hacíamos.
Es tóxico, en grandes cantidades: sobre nuestras cabezas
y en torno de nosotros el humo se arremolinó,
para formar una densa nube que se endureció
hasta hacerse de acero: un muro entre nosotros
y Dios, que era el Paraíso.
No es que Dios no sea razonable; pasa que la razón
en tal exceso era tiranía,
y nos aprisionó en sus propios límites, un calabozo de metal pulido
que reflejaba nuestros propios rostros. Dios vive
al otro lado de ese espejo,
pero a través de la rendija en donde el cerco
no llega a tocar el suelo, logra colarse -al fin-
como una luz filtrada, como chispas de fuego,
como una música que se oye, cesa de pronto
y, de repente, se hace audible de nuevo.

La tercera dimensión

Quién me creería
si dijera, “Me agarraron y
me abrieron
del cráneo a la entrepierna, y
todavía estoy viva, y
me paseo complacida con
el sol y con toda
la generosidad del mundo.” La sinceridad
no es tan simple:
una sinceridad simple
no es más que una mentira.
¿Acaso los árboles
no esconden el viento
entre sus hojas y
murmuran?

La tercera dimensión
se esconde.
Si los obreros de la calle
parten las piedras,
las piedras son piedras:
a mí el amor
me partió en dos
y estoy
viva para
contar el cuento pero no
sinceramente:
las palabras
lo cambian. Deja que sea
aquí bajo el dulce sol
una ficción, mientras yo
respiro, y cambio el paso.

¿Cómo eran?

¿La gente de Viet Nam
usaba faroles de piedra?
¿Celebraban ceremonias
reverentes al abrirse los primeros capullos?

¿Eran propensos a reír apaciblemente?

¿Usaban hueso y marfil,

jade y plata, para sus ornamentos?

¿Tenían poemas épicos?
¿Sabían distinguir entre el discurso y el canto?
Señor, sus encendidos corazones se transformaron en piedras.
No se recuerda si en los jardines
los faroles iluminaban caminos agradables.
Tal vez se reunieron alguna vez para deleitarse con las flores,
pero después de que sus hijos fueran asesinados
no hubo nuevos capullos.
Señor, amarga es la risa en la boca quemada.
Tal vez un sueño hace tiempo. Los ornamentos son
para épocas de alegría.
Todos los huesos estaban carbonizados.
No hay memoria. Recuerda,
la mayoría eran campesinos, su vida
se desenvolvía entre el arroz y el bambú.
Cuando las nubes pacíficas se reflejaban en los arrozales
y los búfalos caminaban con paso seguro a lo largo de las terrazas,

tal vez los padres contaban a sus hijos antiguas leyendas.
Cuando las bombas destrozaron aquellos espejos
sólo hubo tiempo para gritar.
Permanece un eco todavía
de sus voces, semejante a una canción.
Diríase que su canto se parecía
al vuelo de las mariposas nocturnas iluminadas por la luna.
¿Quién puede contarlo? Ahora reina el silencio.

Traducción: Demófilo

Intromisión

Después de cortarme las manos

me crecieron las nuevas y

algo que mis manos habían deseado

llegó y pidió que lo meciera

Después de sacarme los ojos se

secaron, y me brotaron los nuevos

y algo que mis ojos habían llorado

llegó pidiendo que los suavizara.

La queja de Adán

Hay quienes,
no importa qué les des,
también quieren la luna.

El pan,
la sal,
carne blanca y roja,
y todavía tienen hambre.

La cama matrimonial
y la cuna,
y siguen con los brazos vacíos.

Les das la tierra,
su propia tierra bajo los pies,
y se lanzan al camino.

Y el agua: cavá el pozo más hondo,
que no será suficiente
para beber en él la luna.

Mirar, caminar, ser

“El mundo no es para mirar,
es para estar en él»

Mark Rudman

Yo miro y miro.
Mirar es un modo de ser: uno se vuelve,
a veces, un par de ojos que caminan.
Caminan dondequiera que mirar te lleve.

Los ojos
cavan túneles en el mundo.
Tocan
fanfarria, aullido, madrigal, clamor.
El mundo y su pasado,
no solo
el presente visible, lo sólido y la sombra
que mira al que mira.

¿Y el lenguaje?¿ Los ritmos
del eco y de la interrupción?
Ese es
un modo de respirar.

Respirar para mantenerse
mirando,
caminando y mirando,
por el mundo,
en él.

The Acolyte

The large kitchen is almost dark.

Across the plain of even, diffused light,

copper pans on the wall and the window geranium

tend separate campfires.

Herbs dangle their Spanish moss from rafters.

At the table, floury hands

kneading dough, feet planted

steady on flagstones,

a woman ponders the loaves-to-be.

Yeast and flour, water and salt,

have met in the huge bowl.

It’s not

the baked and cooled and cut

bread she’s thinking of,

but the way

the dough rises and has a life of its own,

not the oven she’s thinking of

but the way

the sour smell changes

to fragrance.

She wants to put

a silver rose or a bell of diamonds

into each loaf;

she wants

to bake a curse into one loaf,

into another, the words that break

evil spells and release

transformed heroes into their selves;

she wants to make

bread that is more than bread.

La acólita

La gran cocina está casi a oscuras.

A través del plano de la luz constante, difusa,

las ollas de cobre en la pared y el geranio en la ventana

alimentan fogatas diferentes.

La hierba cuelga de las vigas su musgo negro.

Sobre la mesa, con las manos enharinadas

y los pies bien plantados

en las baldosas, una mujer

sopesa las futuras hogazas.

Levadura y harina, agua y sal,

van a encontrarse en el gran bol.

No es

en el pan que hornea, enfría y corta

en lo que piensa,

sino en el modo

en que la masa sube y cobra vida propia.

No es en el horno en lo que piensa,

sino en el modo

en que ese olor ácido se transforma

en fragancia.

Quiere poner

una rosa de plata o una campana de diamantes

en cada pan;

quiere

hornear dentro de una hogaza una maldición

y en otra, las palabras que rompen

los hechizos y transforman en ellos mismos a los héroes;

ella quiere hacer pan

que sea más que pan.

Hablándole al dolor

Ah, dolor, no debiera darte el trato

de un perro vagabundo

que llega hasta la puerta trasera por si logra

un trozo de pan duro, un hueso limpio.

Debería confiar en ti.

Debería halagarte y conseguir

que entraras en mi casa y ofrecerte

un rincón propio,

con una vieja alfombra para echarte

y tu propia escudilla.

Piensas que no sé que llevas tiempo

instalado en mi porche.

Quieres que quede listo tu sitio genuino

antes de que sea invierno. Necesitas

tu nombre, tu collar, la chapa

de identificación. Y necesitas

el derecho a espantar a los intrusos,

a quedarte en mi casa y

sentirla como propia,

a mí como algo tuyo

y a ti

como mi perro.

Adios a la tolerancia

Geniales poetas de sonrosados rostros,

serios, ingeniosos,

que habéis dado al mundo

algunos bocados exquisitos,

fragmentos de lenguaje presentados

como se ofrece un filete de costilla

acompañado de cerezas con licor.

Adiós, adiós.

No me importa

si jamás vuelvo a probar vuestros finos guisos,

compañeros neutrales, videntes de ambos lados.

.

Tolerancia, cuántos crímenes

se cometen en tu nombre.

.

Y vosotras, bellas mujeres, horneadoras de los mejores pasteles,

donantes de sangre. Vuestras migajas

me ahogan, no me gustaría

tener una gota de vuestra sangre, bombeada

por delicados corazones, de pulso perfecto, que nunca

vacilan, insensibles

ante las pesadillas de la realidad.

.

Se trata de mis hermanos, mis hermanas,

cuya sangre se derrama a borbotones y se detiene

para siempre

porque habéis preferido creer que ello no os concierne.

.

Adiós, adiós,

vuestros poemas

cierran las boquitas,

vuestras confituras se enmohecen,

un abismo ha separado

el suelo entre nosotros

y volvéis la mirada, sin saludar,

hacia otro lado.

.

No volveremos a encontrarnos

a menos que saltando sobre la grieta, dejéis

atrás los preciados

gusanos de vuestra apatía,

vuestras tibios sarcasmos,

vuestro jovial, mesurado

e irónico juicio neutral;

¿Saltar sobre el equilibrio

¿es excesivo? … pero

cómo fluirían y se mezclarían

gozosamente

nuestras fanáticas lágrimas

De “Poems 1972-1982”. Versión de Demófilo

Misa para el día de Santo Tomas Apóstol

i. Kyrie
ii. Gloria
iii. Credo
iv. Sanctus
v. Benedictus
vi. Agnus Dei

Kyrie
Oh misterio profundo, llama parpadeante,
pepita enamorada que yace en lo más íntimo
del corazón oscuro,
ten piedad de nosotros. 

Arrancamos pedazos del pasado para dar de comer
al orgullo o la pena.
Vivimos aterrados
de lo que conocemos:

la muerte, nuestra muerte, y la muerte del mundo
imaginamos sin poder imaginárnosla
nosotros que tal vez
seamos los primeros y últimos testigos. 

Vivimos aterrados
de lo que no sabemos,
aterrados de no poder saber,
y de lo ilimitado, por donde nuestro miedo
se hunde en caída libre,

del final abrupto de todo lo que existe.

Sin embargo, ciframos
nuestra esperanza en lo desconocido,
en nuestro no saber.

Oh misterio profundo,
oh remoto misterio,
ten piedad de nosotros.

Gloria
Alabada la nieve
que cae esta mañana.
Alabada la sombra que proyecta
sobre el techo de tejas la chimenea del vecino, 
alabado también este día gris de Octubre
que debiera haber sido, según dicen, dorado.
Alabado sea el sol
invisible que brilla tras las nubes heladas 
dándonos luz y dándonos la sombra
de la chimenea.
Alabado sea dios,
alabados los dioses, lo desconocido,
lo que nos imagina y detiene nuestra mano 
nuestra mano asesina,
y aún nos da,
en la sombra de la muerte
la vida nuestra de todos los días
y el sueño, todavía, de la buena voluntad 
y la paz en la tierra.
Alabado el fluir y los cambios, la noche
y el latido del día.

Denominación erronea

Conversan sobre el arte de la guerra,

pero las artes

logran sacar su luz de la sima del alma

mientras que guerrear

consume el alma y saca su poder

de un negro erial en llamas.

Leonardo al aplicar

su genio a la invención de máquinas

de destrucción no obraba

al servicio del arte, sino

que dejaba en suspenso

la existencia del arte

sobre un abismo,

como si sujetáramos a un niño que está vivo

desde la ventanilla de un avión

que vuela a treinta mil pies sobre el suelo

Credo
Creo que la tierra existe
y que hasta en la menor partícula de polvo
está presente el brillo sagrado de Tu llama.
Oh Tú
misterio que conozco,
Tú, espíritu, 
dador, enamorado
de toda creación,
de toda letra escrita,
de cada flor trenzada,
del hierro, las acciones y los sueños.
Oh polvo de la tierra, ayuda a
mi poca fe. Deriva,
gris que se vuelve oro, al rayo de la vista. 
Creo, pero la duda interrumpe mi creencia.
Dudo, pero la fe interrumpe mi descreimiento.
Amado mundo amenazado, sé.
Cada partícula 
de polvo.
No la luz venenosa,
expuesta a su pesar,
rota la cerradura de su celda sagrada,
sino el brillo ordinario
del polvo en el antiguo
rayo de sol.
Sé, y que yo crea. Amén.

Sanctus
Tronos y principados –todos los dioses,
ángeles, semidioses, animales locuaces,
oráculos, tormentas de bendición e ira-

todo aquello que la Imaginación
ha escrito, concebido, 
con esfuerzo, en trances epifánicos-

dando un nombre, una forma –para dar
a la Gran Soledad 
un corazón, un sitio-

elevan su canción hacia el silencio
protector, pronunciando
con júbilo sus nombres,
el nombre múltiple del Otro,
ese Misterio conocido,
incognoscible:

sanctus, hosanna, sanctus.

Benedictus
Bendito es lo que viene en nombre del espíritu,
lo que trae el espíritu consigo.

El nombre del espíritu está escrito
en la astilla, en la ráfaga de viento, en el cristal,

en el cristal de nieve, los pétalos, las hojas,
en el musgo y la luna, en las plumas, los fósiles,

en la sangre y el hueso, el silencio, la música,
cada palabra de
cada palabra,
la carne y la visión.

(¿Pero qué hay del sufrimiento
que causan en la tierra, contra los inocentes, 
las manos de los hombres?

¿Se escucha la palabra
debajo o por encima 
de la cacofonía de la malignidad?

¿Puede ser percibida, todavía,
por soñadores sordomudos, 
en la mano, en el pecho,
aquella vibración 
que conocen las fibras
del árbol de los nervios, 
o ve ese tercer ojo para el cual
la vista y el sonido son una sola cosa? 

¿Y qué hay del vacío,
el torbellino destructor que no deja pasar 
palabra alguna?

En la indolencia del león
está el espíritu,
en la ferocidad del tigre
que no es previsora,

sino que se despierta con el hambre,
y el hambre
de su juventud.

Bendito es lo que expresa
su ser,
la piedra de la piedra,
la paja de la paja,
porque allí 
está el espíritu.

¿Pero es capaz el nombre
de expresarse
en la espiral del tiempo? 
¿Puede entrar al vacío?
Bendito 
sea el polvo. Desde el polvo
se expresa el mundo. No tenemos otra
esperanza, y ningún conocimiento.
La palabra eligió 
hacerse carne.
En la carne perpleja
nos postramos.

Agnus Dei
Dado que los corderos
son crías de la oveja; dado que las ovejas
son miedosas y torpes, y no saben defenderse,
porque no tienen garras ni violencia,
veneno ni malicia, ¿qué es, entonces,
el “Cordero de Dios”? 

¿Esta hermosa criatura,
que husmea con vigor las ubres de su madre;
portadora de lana y de balidos,
que salta por el aire contenta de existir, y que descubre atónita
cuatro patas en las que aterrizar, el pasto 
lo único del mundo que conoce?

¿La que nos llevaríamos a jugar,
adornada de cintas, aunque no dejaríamos
que entrara en nuestra casa
por miedo a que ensuciara el piso con sus heces? 

¿Qué se oculta, terrible, detrás de estas palabras
tan extrañas:
Oh Cordero de Dios que quitas el pecado
del mundo: una inocencia que parece ignorancia,
engendrada en la nieve manchada por la sangre
que lamen los ancestros de los perros, 
más sagaces que todo el rebaño en su conjunto?

¿Entonces Dios, 
que abarca todo,
está indefenso? ¿La omnipotencia 
ha sido reducida a un montoncito húmedo de lana?

Y nosotros,
temerosos, abúlicos, que queremos tan sólo 
echarnos a dormir hasta que la catástrofe
haya llegado al clímax y arrasado con todo
para pasar al fin,
y que queremos despertar tranquilos 
sin recordar después el sufrimiento,

nosotros los que, llenos de vergüenza, 
en nuestra mísera esperanza, buscamos que nos rescataran de las llamas,
y nos dieran la dicha que creímos merecer por haberla imaginado,

¿entonces se supone que nosotros 
debemos proteger a este animal perversamente débil,
que con su hocico insiste en tratar de encontrar leche en nosotros?
¿Debemos estrechar en nuestro corazón
helado a un Dios que tiembla?

Que así sea.
Ven, trapo sucio, estremecido,
ven, estrella distante. 
Vamos a ver si algo de los hombres
aún puede protegerte,
chispa 
de luz remota.

Traducción es de Ezequiel Zaidenwerg y Alejandro Crotto

Denise Levertov (Essex, Inglaterra, 24 de octubre de1923-EE. UU., 20 de diciembre de 1997)Poeta, ensayista y activista. Perteneciente a la Generación Beat.

 Hija de Paul Philip Levertoff, un judío ruso convertido al cristianismo que era pastor anglicano, y de Beatrice Spooner-Jones, oriunda de Gales. Se formó literariamente en su propio hogar. Su madre leía para toda la familia obras de autores clásicos. Era muy pequeña cuando comenzó a elaborar poemas y era su hermana mayor, Olga, quien copiaba sus poemas al papel cuando ella todavía no sabía escribir y sólo podía dictárselos. Cuando contaba 12 años remitió algunos poemas suyos a T.S. Eliot, quien le contestó animando a Denise a continuar escribiendo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó como enfermera en Londres. En 1946 publicó su primer libro The Double Image. En 1947 se casó con el escritor estadounidense Mitchell Goodman. Al año siguiente, Goodman y Levertov se mudaron a Nueva York, donde tuvieron un hijo, Nikolai; el matrimonio duraría hasta 1974.

A su llegada a los Estados Unidos, Levertov se vinculó con los poetas Robert Creeley y Kenneth Rexroth, y publicó poemas en la Black Mountain Review. trabajó como docente en diversas universidades y desempeñó tareas editoriales. Fue su segundo libro de poesía, Aquí y ahora (1957), el que la situó en el movimiento Beat. Le que siguieron los poemarios  A las islas por tierra (1958) y Gustar y ver (1964). Durante esos años se comprometió activamente en el movimiento pacifista contra la guerra de Vietnam.

En 1967 escribió La danza de la tristeza, donde expone sus sentimientos de dolor ante la guerra. Su compromiso con el feminismo y el pacifismo la impulsó a utilizar de forma consciente la poesía como herramienta de lucha política y social.

En los años siguientes, dedicó su tiempo a la educación en diversas universidades. Finalmente, tras retirarse de la enseñanza, viajó por el país realizando lecturas de poesía.A lo largo de su larga y prolífica carrera literaria, publicó más de veinte libros, principalmente de poesía, aunque también ensayos.

Algunas publicaciones poéticas son:

The Jacob’s Ladder (1961), Life At War (1968), Life in the Forest (1978), Candles in Babylon (1982), Evening Train (1992) o The Sands of the Well (1996). Póstumamente apareció This Great Unknowing: Last Poems (2000).

En España, la editorial Hiperión publicó en 2013 una Antología poética de Levertov.

También destaca su libro Ensayos nuevos y escogidos (1992)

 Recibió numerosos premios y distinciones, tanto por su obra literaria como por su compromiso social y político.

Entre los premios y distinciones recibidos destacamos :

  •  Premio Shelley Memorial
  •  Medalla Robert Frost
  •  Premio Lenore Marshall
  •  Premio Lannan
  •  Beca Guggenheim
  •  Beca del Instituto Nacional de Arte

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