7 poemas de Ángelos Sikelianós

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La madre de Dante

“Como vacía, en su sueño le pareció Florencia,

         cuando despuntaba el alba,

y que, lejos de sus amigas, en soledad,

         erraba por las calles.

Y tras ponerse su vestido nupcial de seda,

         y los velos de lis,

vagaba por las encrucijadas, y en el sueño

        le parecía nueva cada calle.

Y en los cerros que bañaba un aura matinal de primavera,

        como enjambres  lejanos,

lentos y hondos doblaban los agonizantes campanarios

        de las ermitas.

Y de pronto, como si se encontrara dentro de un jardín,

        en el aire  más blanco,

de un jardín vestido de novio, y lleno de naranjos y manzanos,

       de una punta a la otra…,

y mientras la arrastraban las fragancias, le pareció acercarse

      a un alto laurel,

en el que un pavo, saltando de peldaño en peldaño,

      subía hasta su cima.

Y alargaba su cuello a una y otra rama

       rebosante de bayas,

y se comía una, cogía otra y la tiraba al punto

       desde la rama al suelo.

Su delantal bordado, alzó involuntariamente

       en la sombra, hechizada,

y he aquí que al instante se le hizo pesado, cargado

       de rizadas bayas”.

                           *

Del esfuerzo del alba reposó así un momento,

       en una  nube fresca-

y sus amigas, alrededor de la cama, estaban esperando

       para acoger al niño.

La madre de Dante (otra versión)


               Florencia parecía desierta en su sueño
               al amanecer.
               Lejos de sus amigas, sola,
               vagaba por las calles.

               Se puso el vestido de novia de seda,
               un velo de lirios
               y caminó por las encrucijadas. Bajo los pies,
               las calles le parecieron nuevas. 

               En los cerros que bañaba una brisa temprana de primavera, 
               como zumbidos lejanos, lenta y profundamente

               doblaban, apagadas, 
               las campanas de las ermitas. 

               De pronto, como si apareciera en un jardín, 
               el aire fue más blanco. 
               Un jardín con traje de novio, cargado de naranjos y manzanos, 
               de un extremo al otro.

               Atraída por su fragancia, 
               se acercó a a un alto laurel, 
               en el que un pavo real, saltando de rama en rama, 
               subía hasta la copa.

               Y alargando su cuello entre las ramas
               cargadas de bayas,
               comía una, cogía otra, y la arrojaba desde la rama
               a la tierra. 

               Instintivamente, ella levantó su delantal bordado,
               en la sombra, hechizada… 
               y al instante se sintió muy pesada,
               cargada de rizadas bayas.

               Reposó un instante del esfuerzo matinal,
               envuelta en una fresca nube.
               Sus amigas esperaban junto a la cama
               para acoger al niño.

Anadiómene

Heme aquí.

Amanece una rosa de bienaventurada luz,

y en ella voy surgiendo con las manos tendidas;

al azul de los cielos me invita la bonanza.

Súbitamente

los terrenales vientos irrumpen en mis pechos

y me sacuden toda.

¡Oh Zeus, qué profundo es el mar,

y mis cabellos desceñidos

me pesan cual si fueran piedras!

¡Brisas, volad! ¡Oh Kimothoe, Glauca,

sostened mi torso!

Yo no soñé brotar

así, de un aliento subyugada

en los brazos del sol.

Versión de Jaime García Terrés

“Saludo a nikos kazantzakis”

Mi amigo y yo en la santa montaña, por las laderas eternassolos al amanecer

mientras se deshacian por la primera luz los hechizos

que esparcio la lluvia,

respirando profundamente veiamos hasta alla abajo

donde brillaba oculto

palido el ancho mar, y nuestra mente, como del abeto,

la poderosa copa,

se regocijaba en la completa calma, en la bendita

fragancia del monte,

y por el frescor sentiamos hasta adentro resucitado

nuestro corazón joven…

En las frentes, en las manos, sobre todos nuestros miembros,

brillaba serenamente

la sosegada fuerza que conoció la miel de la creación, 

y volviendo de nuevo

a pasar por donde libó o se amamantó en el todo

la alegría mística,

nos hacia elevar los brazos hacia un inefable culto, 

como si fuesen alas…

Magna gracia sobre él iba derramando el fornido

e irrigador manantial

de la soledad, e insomne en sus ojos negros

un alma pensante

se alegraba amplia, y sagradamente, de abrazar de día

los cielos ocultos,

y como una fuente en su hondura de abrazar en secreto

la hermosa madurez de la mente…

Alto silencio nos rodeaba como un ciclópeo muro;

Y de repente, sosegada,

Cual agua fluyente cuando sin cesar llega un susurro,

La voz de mi amigo

Sonó en mis oídos: “Hermano, bendita sea la hora

en que cogí la senda,

la odorífica senda que de la población se aleja,

y te hallé tal asceta

debajo de aquel abeto, gozando en el místico

festín de la mente,

y allí, ya juntos, nos repartimos como un pan la dicha

del cielo lleno de estrellas…”

Nikos Kazantzakis con Angelos Sikelianos. 10 de octubre de 1921

El suicidio de atzesivano, discípulo de buda

Sin flaquear tomó el cuchillo
Atzesivano. Y era su alma
en ese instante blanquísima paloma.
Como cruza una estrella fugaz el inexplorado
tabernáculo del cielo en medio de la noche,
o cae la flor del manzano con la suave brisa,
así su espíritu se desprendió del pecho.

Muertes como ésta no se dan en vano.
Sólo quienes aman la vida
en lo recóndito de su valor primario
pueden segar por propia mano
la noble espiga de una existencia
—que ya declina— con la serena
majestad de un dios.

Palamás

Sonad, trompetas.. . Campanas retumbantes,

sacudid el país de punta a punta… 

Tambores de guerra, redoblad…

Desplegaos al viento, banderas de amenaza.. .

¡En este féretro va tendida Grecia! Si alzamos

una montaña de laureles como el Pelión y el Ossa

y lo elevamos hasta el séptimo cielo,

¿a quién hará llorar si es mi voz quien lo cuenta?

Pero Tú, Pueblo, porque a Tu pobre habla él, el Héroe,

la tomó y la elevó hasta las estrellas,

participa ahora en el divino fulgor

de Su perfecta Gloria, levántalo en tus manos

como estandarte gigantesco, y por encima de nosotros

que lo ensalzamos, con el corazón enardecido,

di con un solo aliento: «!Palamás!»

y que la Tierra entera repita su nombre sollozando.

Sonad, trompetas.. . Campanas retumbantes,

sacudid el país de punta a punta…

Tronad, oh trompetas de guerra.. .

 ¡Santas banderas, desplegaos al viento!

¡En este féretro va tendida Grecia! Un pueblo,

elevando sus ojos, la está viendo,

y se inflama íntegro como un Templo, cuando arde en su penetral,

 y desde lo alto una nube de Gloria Lo ha cubierto…

Sobre nosotros, allí donde fulgura

el latido inefable de la eternidad, en esta hora

Orfeo, Heráclito, Esquilo, Solomós

la santa alma victoriosa acogen,

que, pues su Obra cimentó hondamente

en esta tierra, con Pensamiento idéntico al de un dios,

ahora allá arriba va a bailar con el divino Iaco

y junto con los dioses inmortales…

Sonad, trompetas.. . Campanas retumbantes,

sacudid el país de punta a punta.. 

Zumba, Peán…iAl viento de la Libertad

desplegados, banderas de amenaza!

El último ditirambo órfico o El ditirambo de la Rosa (fragmento)

Orfeo

Y de nuevo ahora la he de abrir.
Y, como saben, ningún otro debe
tocar las palabras del Misterio
con sus labios, viviendo yo… De nuevo yo,
postrera vez, antes de separarme de ustedes

les desvelaré en su interior la cumplida Memoria.

Así comencé: «Oh Sol, de Ti ayuda
buscamos, mas convéncete,
aunque para los demás Tu luz
por completo La cubra, yo a Tu madre,

la sagrada Noche, veo que Te abraza.

Mas, ¿cómo puede conocer alguien
al hijo si antes no conoce a la madre?
Porque también yo soy su hijo, y también yo,
huérfano retoño, fui tomado en el pecho

de Su compasión, bajo su negro manto
que me cerraba, y mientras mantenía
su sagrado pecho como la cabra brincaba
en la profunda oscuridad. ¡También yo, Su hijo!
Oh Sol, a Ti ayuda he solicitado,

por ser mi hermano y ser yo el Tuyo;
porque Tú naciste antes que yo,
y por muy grandes que sean Tus caminos,
noble hermano mío, ya son humanos.
Mas, ¿cómo puede entonces conocer alguien

al hijo si antes no conoce a la madre?

«¡Oh Madre­Noche! ¡Oh Secreta, oh Grande!
Y si ahora te ocultas por el brillo
de Tu hijo, como una viuda que alcanza
a escuchar las proezas de su vástago y

lejos de él se encuentra enlutada

mas regocijada en su duelo porque muy
a escondidas vela por sus hazañas. ¡Oh, Madre­
Noche, que aún dentro de la luz más clara
Te contemplo! ¡Oh, fundamento del Profeta,

que ya no pastorea sus pensamientos
con los ojos, sino con su corazón,
como el rebaño de rizado pelo oscuro
encuentra en la oscuridad su fuente
y abreva insaciable de la corriente, ¡oh Madre!,

dame Tú de nuevo el poder para insuflar
en las almas de ellos, que no Te conocen,
el Misterio de la Rosa, conduciéndolos,
paso a paso, desde la base hasta la santa
cima, pues ni siquiera Tú pareces la misma,

tenebrosa, afligida, enlutada,
silenciosa, muy pálida, blanquecina;
ves desde las negras y no esclarecidas
riquezas de la raíz ancestral, allá arriba
siempre, bailando con gran calma

sobre las espaldas del mudo
abismo, como gaviota que avanzara
al Amor Armado, y siempre
aguardaras. Y el aleteo de su ala
por encima de Ti llega para brotar

nuevos mundos dentro de Ti, nuevas
flores, ¡mil prodigios nuevos!

«Ya estamos aquí, sobre la Tierra, Oh Madre,
muchos son los peldaños hasta ascender
a la santa cumbre que en un aliento

todo aúna. Y desde el Hades parte

el primer peldaño y el siguiente
lo construye la santa Demeter. Porque si
ante Hades todos los hombres somos iguales,
también lo somos ante la Espiga

Secreta que Eleusis eleva.
Y junto a ellos Perséfone, velando
en persona por todos, separa, como al crío
de la matriz, el alma de sus cuerpos.
Mas, ¿quién es el que junto a la Core

antes aún que la muerte y todavía
en la muerte, ayuda al cuerpo
y ayuda al alma, ya encontrados,
en el sufrimiento, más allá del dolor,
a ascender bailando las pendientes

del monte, las muchas que Una son?
¿Quién, desde el mismo Hades, con su aliento
dirige el baile de las almas, como miles de hojas
en torno a una encina seca, y se encarna
en jóvenes gentes? ¿Quién insufla en ellas

el sagrado impulso del ascenso? ¿Quién sino
Tú, Plutón­Dionisios, al ascender
desde las oscuridades de la Tierra haces brotar,
divino testimonio de Tu poder, la Sagrada
Vid que, al hundirse en las oscuridades

de la Tierra y beber de la celestial frescura,
armoniza en sus venas la oscuridad
con la luz en sangre ígnea, entregada
a la sagrada Embriaguez bebiendo de la mano
de las divinas Musas, cada una de ellas

apostada en un peldaño para subir Contigo
a la cumbre y cambiar de nombre
según Tú haces cambiar el Tuyo? Y así,
de embriaguez en embriaguez, nuestra razón
y sentir, nuestro valor y nuestro aliento,

como de un Dionisios a otro Dionisios,
súbito ascendemos hasta donde ya no basta
el sagrado Vino, al abrirse en nuestro espíritu
el soplo que ya todo aúna en Uno,
alma y cuerpo, sangre y espíritu, odio

y amor, pueblos con pueblos, lugares con lugares, la muerte con la vida, los siglos
con los siglos… Y ésta es la hora
de la Rosa, la de cien hojas, en nosotros

que, sangre y espíritu, alma y carne,

e infinita liberación, nos hace entrar
en el círculo en que hasta la fe sobra,
porque la misma vida es fe resucitada

para siempre en nuestros corazones.»

Así hablé: la palpitación y el sobresalto

del alma consentían a la Razón.
Según les miraba a ustedes,
la mirada y la forma mudaban

igual que ahora… Hubo quien se irguió,
como amaga el discóbolo su cuerpo

cuando lanza el disco, siguiéndole por entero,
mente y cuerpo, sentido; y hubo quien a tierra
se echó, como si hundiera en tierra los ojos
para buscar las raíces del Hades; y un tercero
que llama tenía por mirada, como si mantuviera

en tensión ese impulso por encaminarse
hacia la cima; y un cuarto mantenía
cerrados los ojos, como si comenzara ahora
a inspirar la Rosa y su alma
muy queda por dentro lo deshiciera.

Y a todos juntos un calor místico
les atravesaba las venas, les hacia detener
la respiración en las fosas nasales, algunos
las abrían a lo ancho y mantenían cerrados
con fuerza sus labios. Y de repente aquel

que como el discóbolo se agachaba por coger
el sentido, estirando su cabeza
hacia detrás, como si agitara un peso
enorme, me gritó así: «Orfeo, concédenos

la Rosa también a nosotros, concédenosla,

porque amarga es la vida desde que
su exhalación pasó ante nosotros
y no se expandió por la tierra toda. Concede

la Rosa a los pueblos, Orfeo. Porque santo
es el combate del Pan, y santo es

el combate del Vino, que, según disminuye
la valentía del alma, de nuevo lo insta a
ascensiones vivificadoras. Pero ahora
otorga en combate la Rosa a los pueblos,
Orfeo, para que se encaminen en unísono

hacia la cima que en Uno todo aúna,
alma y cuerpo, sangre y espíritu, odio
y amor, lugares con más lugares, los astros
con los astros, la vida con la muerte, los siglos
con los siglos. ¡Concede a los pueblos la Rosa,

Orfeo!»

Así habló aquel. Y a mí el corazón

ya me temblaba, y la mano me temblaba,

después de oír una voz tan imprevista.
Y entonces, pálido, la ensangrentada Rosa
levanté en mi mano, preguntando:

«Hijos, ¿dónde quieren plantar primero

la Rosa en la Tierra? ¿Dónde desean?»

Y tardó en llegar la respuesta… Mas de repente,
el que tenía cerrados los párpados,
los abrió y con una voz que de otro mundo

venía y que, sin embargo, fluía igual
que un trueno, respondió: «¡En Grecia!»
Y los precipicios, las pendientes, las cimas,
como pechos que sintieras que al respirar
se abrían, resonaron: «¡En Grecia!»

¡Y entonces nos envolvió el Peán,

nos llenó el Peán, nos tomó

en sus anchas alas el Peán!

«¡La Rosa», ya todos, «la Rosa a Grecia!»

gritamos y nos abalanzamos. ¡Oh, cuántos

combates desde entonces nos congregaron!
¿Qué decirles?

Apócrifo 

Avanzaron fuera de las murallas
de Sión Jesús y sus discípulos,
cuando, un poco antes de que el sol se pusiera,
inesperadamente se hallaron frente al sitio
en que desde siempre echaba la ciudad sus basuras,
los colchones quemados de los enfermos, ropa vieja,
vasija rota, desechos, inmundicias… 

Y allí, sobre el monte más alto,
tumefacta, con las patas vueltas
al cielo, la carroña de un perro,
que, en cuanto oyeron sus pasos
abandonaron los cuervos que la cubrían,
despidió tal hedor que todos los discípulos,
con el cuenco en la mano, conteniendo el aliento,
se echaron a la vez para atrás… 

Mas Jesús, avanzando solo
hacia el montón tranquilamente, se paró a un paso
y contemplaba la carroña, y un discípulo
no pudo contenerse y le dijo
desde lejos: Rabino, hasta tal punto no percibes
este horrible hedor que te paras ahí? 

Y él, sin volver la cabeza
del punto que estaba contemplando, respondió:
El terrible hedor que él exhala
hasta en el pasís del que vinimos
un puro hálito lo alienta…Pero ahora
lo que sale de la corrupción admiro
con toda mi alma….Mirad
cómo brillan al sol los dientes
de este perro, como el granizo, como el lirio,
más allá de la podredumbre, la gran promesa,
reflejo de lo Eterno, e incluso
duro relámpago de Justicia, esperanza. 

Así dijo El, y comprendieran o no
estas palabras los discípulos, juntos,
cuando él se movió, prosiguieron de nuevo
su silencioso camino… 

Y ahora,
el último sin duda, cómo vuelvo, Señor, mis pensamientos
a aquellas palabras Tuyas, y ante Ti
soy todo un pensamiento. Ah, dame.
dame también a mí, Señor, mientras camino
siempre fuera de la ciudad de Sión,
y de una punta a otra de la tierra
todo es ruinas, y es todo basura,
e inspultos cadávares que ahogan
el manantial divino del aleinto, dentro
y aun fuera de la ciudad, dame, Señor,
entre el olor atroz por que atravieso,
esa Tu santa paz por un instante
para pararme imperturbable en medio
de las carroñas, captar en algún sitio
con mi propia mirada una señal
blanca como el granizo, como el lirio,
algo que de repente brille en el fondo de mí
fuera de la podredumbre, más alllá de la podredumbre
del mundo, como los dientes de ese perro
que al ver, Señor, aquel atardecer
admirastem como promesa grande,
reflejo de la Eternidad, y a la vez
duro relámpago de Justicia y esperanza. 

Ángelos Sikelianós, ??????? ??????????; (Léucade, Grecia, 28 de marzo de 1884 – Atenas, 19 de junio de 1951). Poeta y dramaturgo. Uno de los más importantes poetas líricos del siglo XX en Grecia.

Sikelianós nació en Léucade, donde transcurrió su infancia. Era el séptimo y último hijo de Ioánnis Sikelianós (1831-1910) y Charíklia Stefanítsis (1847-1926).Tras completar sus estudios primarios, se matriculó en el Lycée de Lefkada en 1896 y desde ese momento comenzó a componer versos. Completó sus estudios secundarios y en 1900 ingresó en la Escuela de Leyes de Atenas, pero no se graduó. Es el mundo del arte y la filosofía lo que le atrae, a través del teatro, actuando en diversas obras y le interesan Homero, Platón, Esquilo, la Biblia y la poesía. Los primeros poemas se publican en la revista Dionysos en Marzo 1902, bajo el título francés de Ballades , y en septiembre publicó Ars minimi en la revista Panathénées . El año 1904 vio la publicación de una serie de poemas en varias revistas, Numa , Panathenae , La Muse , Vie y Akritas . Durante el verano de 1905 viaja con su cuñado, el poeta Spylios Pasayannis; van al monte Taigeto y viven cuarenta días en una cabaña hecha de ramas de abeto. Dedicó el poema The Stranger , publicado en la revista Numa, a su cuñado . Los años siguientes viaja por todas partes y se comprometió con la poesía.

En 1907 se casó con Eva Palmer, de origen estadounidense, estudiante de arqueología y coreografía griega  en París. Se casaron en Estados Unidos y se mudaron a Atenas en 1908. Durante ese periodo de su vida, Sikelianós entró en contacto con los intelectuales griegos, y en 1909 publicó su primer poemario, Alafroískïotos (The Light-Shadowed), en cual causó un impacto inmediato y fue reconocido por los críticos como un importante trabajo poético y hoy es considerada como una referencia imprescindible e incluso, una especie de punto de partida en la literatura griega moderna.
Siguió Epinicios, una colección en la que Sikelianós describe la larga lucha por la liberación de Grecia del poder turco y otros poemas sobre las guerras balcánicas, que contienen algunos de sus versos líricos más inspirados, por ejemplo, en el poema titulado John Keats y, sobre todo, en La madre de Danteel poema más bello que se haya escrito nunca sobre el parto de una mujer. (R. Irigoyen).

En Octubre de 1909, nació su hijo Glafkos.

En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial y Sikelianós es movilizado. Sirvió como soldado en el frente, una experiencia que inspiró varios poemas, entre ellos Guerra y oración por Ioannina 

También se hizo amigo de su colega escritor Nikos Kazantzakis, y en 1914 ambos permanecieron cuarenta días en el Monte Athos, visitando los famosos monasterios del lugar y viviendo la vida de los ascetas. Al año siguiente se embarcaron en un peregrinaje a través de Grecia. Los dos escritores eran almas gemelas, pero también muy diferentes en sus respectivas perspectivas de la vida. Sikelianós fue un hombre de mundo, lleno de optimismo, y con una fe inquebrantable en sus capacidades como escritor. Kazantzakis era taciturno y con tendencia a recluirse, siempre dubitativo, y tenía, como él mismo admitía, una tendencia a enfocar la calavera detrás de la cara. Juntos, sin embargo, compartieron la preocupación mutua de intentar refinar y elevar el espíritu humano a través de ejercicios artísticos.

A partir de 1915, en plena Guerra Mundial, se publicó el Prólogo a la Vida, cuyos versos muestran la actividad creadora y poética de sus Cinco Conciencias: de la Tierra; de la Raza; de la Mujer, de la Fe y, por último, la de la Creatividad personal.

Entre 1918 y 19, publicó La Pascua de los Griegos, un poemario que nunca llegó a completar y en el que intentaba aquella imposible fusión de las creencias antiguas con las actuales.

En mayo de 1927, con el apoyo de su esposa Eva, Sikelianós celebró el Festival de Delfos como parte de su esfuerzo hacia el renacimiento de la «Idea Délfica» convencido de que podía llegar a ser de nuevo, como en la antigüedad, un centro espiritual capaz de trascender las diferencias entre los pueblos. Eva no sólo subvenciona generosamente Delfos sino que también creó la coreografía y la puesta en escena de Esquilo “ Prometeo Encadenado” , ella se encarga de la música y teje los trajes.

Diez años antes, cuando Eva viajaba desde París a Atenas para encontrarse con Ángelos, había tirado toda su carísima ropa parisina para vestir una larga túnica al estilo de la mujeres griegas del siglo V. Nunca volvió a usar ropa occidental.
Fue ella la que se empleó más a fondo en el estudio de los antiguos modelos; montó un telar para fabricar tejidos naturales que ella misma teñía tras recolectar personalmente las plantas necesarias para obtener los colores originales y, todo ello en una casa en la que ni siquiera había agua corriente. Diseñó también las máscaras de los actores así como los escudos, cascos y lanzas de los guerreros, que hizo fundir a propósito para las representaciones. También formó y adiestró un coro de cincuenta niñas atenienses que representaron a las Danaides de Las Suplicantes. Eva era un espíritu libre y genial, además de una trabajadora infatigable. El desafío era gigantesco y las energías inagotables.

El 9 y 10 de mayo de 1927 las Fiestas de Delfos se celebran en grandes multitudes: se da la representación de Prometeo encadenado; Se organizan varias competiciones de atletismo, como el lanzamiento de jabalina y disco, así como carreras de antorchas y espectáculos de artesanía. Al final de estas fiestas, Sikelianós pronuncia un discurso en francés, luego el poeta y Eva son llevados triunfantes ante un público conquistado. El éxito es considerable, como lo demuestran las revisiones y artículos publicados en ese momento.

En 1929 circuló por primera vez en la prensa la idea de nominar al poeta al Premio Nobel de Literatura y La Academia de Atenas en 1929 concedió a Sikelianós una medalla de plata que premiaba su valeroso intento de revivir los Juegos Délficos.

Las segundas Fiestas Délficas tienen lugar en Mayo de 1930, y se organizan en tres días (1-3, 6-8 y 11-Mayo 13) cuyo programa se repite tres veces. El primer día no solo dan la representación de Prometeo encadenado , sino también de Esquilo “Suplicantes” . El trabajo preparatorio es enorme, y una vez más estas Fiestas reciben un eco internacional. Pero la pareja de Sikelianós se arruinó en este esfuerzo. En Atenas, persiguiendo la promoción de su proyecto, Sikelianós imparte charlas y conferencias; se firma el estatuto de su Unión Delfos 8 de febrero de 1931. Al mismo tiempo, estudió los misterios de Eleusis y escribió The Last Orphic Dithyrambe o Dithyrambe of the Rose , una tragedia publicada en Septiembre de 1932, y traducido al francés por el propio autor. Pero las deudas se acumulan y enfrenta serias dificultades financieras: su casa en Sykia, cerca de Corinto , está amenazada de ejecución hipotecaria. Debe renunciar a los viajes e incluso a las publicaciones.

A partir de 1933, Sikelianós alquiló una casita junto al mar, en Salamina , donde encontró un remanso de paz y donde volvería hasta el final de sus días. Eva lo dejó; regresó a los Estados Unidos donde firmó un contrato para representaciones de piezas de teatro antiguo. 

 A pesar de los problemas de salud, las conferencias y los trabajos se suceden, bajo el signo de la síntesis y la unidad entre pasado y presente, entre antigüedad y neohelenismo: en noviembre y Diciembre de 1935, evoca, en el Camino Sagrado y en el telesterion , el Testamento de Eleusis . En Abril de 1936, su conferencia titulada Kostís Palamás , ascético y místico , causó una gran impresión. En 1938 Sikelianós inició una apasionada historia de amor con Anna Kambanari-Karamani; se casan el 17 de junio de 1940 en Eleusis y pasan el verano en las montañas de Phteri, donde el poeta escribe con ardor la tragedia de La Sibylle .

 La Segunda Guerra Mundial , seguida inmediatamente por la Guerra Civil griega , transformó su sensibilidad: durante este período, la inspiración patriótica de su obra tuvo como objetivo infundir el espíritu de resistencia a través de la fuerza de la palabra poética; abandona el lirismo por una poesía de inspiración más humana. Participa por todo tipo de medios en la Resistencia griega y multiplica los pasos e intervenciones a favor de todos los que están sufriendo. En la isla de Egina , escribió la tragedia de Dédalo en Creta , aún identificando los mitos antiguos con una realidad griega viva. Y al final de este terrible año 1942, publicó la colección de Poèmes Akritiques , cuyo título evoca al héroe bizantino Digénis Akritas que había repelido a los invasores musulmanes.

Sus palabras poéticas vibran, majestuosas y solemnes, en el funeral del poeta Malakásis, el 27 de febrero de 1943 ; y en el funeral de Estado de Kostís Palamás encabeza la procesión portando el féretro, recita el poema Palamás , escrito en la madrugada del mismo día. “¡  Toquen cornetas, campanas atronadoras, hacen temblar a todo el país de punta a punta! “. El funeral de Palamás se convierte así en una impresionante manifestación de resistencia a la ocupación alemana. Fue él quien compuso la carta que dirigió el arzobispo Damaskinos de Atenas para salvar las vidas de los judíos griegos apelando directamente a los alemanes, El arzobispo protestó valerosamente ante las autoridades de la Ocupación, lo que le valió amenazas de muerte, a pesar de lo cual, dio instrucciones para que se distribuyeran certificados de bautismo falsos a los perseguidos, que permitieron salvar la vida de miles de hebreos Romaniotes en la región de Atenas. La carta escrita por Sikelianós fue firmada por destacados ciudadanos griegos en defensa de los judíos que estaban siendo perseguidos. No existe un documento igual de protesta contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial que haya salido a la luz en cualquier otro país de Europa. Hacia el final de la guerra, en un tratado sobre el contenido social del cristianismo, invitó al espíritu de pobreza de la Iglesia primitiva, uniéndose así a las críticas del arzobispo Damaskinos contra los especuladores que se enriquecieron con la desgracia de todo un pueblo hambriento.

Sikelianós fue propuesto en 1946 para el Premio Nobel de Literatura por la Sociedad Griega de Personas de las Letras, de la que asumió la presidencia en 1947. Su salud se deterioró gradualmente a partir de esa fecha: fue hospitalizado por primera vez en Febrero de 1948, y nuevamente en Mayo de 1950, por un derrame cerebral. En 1950 se publicaba su poema La muerte de Digení; su última contribución a la poesía y a la vida, que abandonó poco después.

El 4 de junio de 1951, habiendo absorbido por error un desinfectante, en lugar de su medicación, fue trasladado al hospital, donde falleció el 19 de junio .

Ángelos Sikelianós dedicó su obra a recuperar los grandes mitos clásicos e intentó resucitar el helenismo. Algunos críticos han dividido su obra en tres períodos muy marcados. El primero recoge la tradición popular griega y exalta la belleza del mundo y del hombre en una tendencia helenista muy clara. Se destaca la composición El visionario. Una segunda etapa está marcada por la idealización de la poesía como salvadora de la humanidad, al tiempo que intenta fusionar el helenismo con el cristianismo. Pertenecen a este momento los poemas Prólogo a la vidaTestamento délfico y Discurso délfico. La última etapa se caracteriza por la popularización de los clásicos griegos, con la traducción al griego moderno de Sófocles y Esquilo, así como con la promoción de la representación de las obras del teatro clásico en el teatro de Delfos.

Escribió los poemarios Visionario, 1901; Prólogo a la vida, 1915-1916; Discurso délfico, 1926- 1932; Poemas acríticos, 1943 y las obras de teatro Ditirambo de la rosa, 1932; Sibila, 1940; Dédalo en Creta, 1942  Cristo en Roma, La muerte de Digenís, 

Enlaces de interés :

https://digibug.ugr.es/bitstream/handle/10481/53857/Sikelianós_Ditirambo.pdf?sequence=1

Angelos Sikelianos Museum

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