10 Poemas y un cuento de Max Aub

“La revolución, al precio de abandonar lo humano, no vale la pena”

Max Aub

Odio y amor

Uno es el odio y el amor 
-Juan, Pedro, la tierra, el sol- 
que lo otro, lo mío, es un pozo
mudo, ciego, manco, sordo,
a lo topo, 

con su música interior 
que ve sin ser visto,
habla sin ser oído,
anda sin ser sentido
y para quien todo es amor.
                                                       

De “Diario de Djelfa” 2ª edición 1970(Editorial Joaquín Mortiz, S.A. México)

Con su madre y su hermana, París, 1911.Col. Teresa Álvarez Aub

Verano

1
Igual que en amor,
lo que dieras, doy.

Después de haber dado
por nubes su nieve,
campo, espejo fiel,
por azul da verde.

Igual que en amor
lo que dieras, doy.

2
Julio dará su mies
al sol que más caliente,
voluptuosa miel
que al viento ondula y cede.
                                          18-3-42

De “Diario de Djelfa” 2ª edición 1970(Editorial Joaquín Mortiz, S.A. México)

He aqui la muerte

He aquí la muerte
que a nada se parece.
Parece, tú, perece.
Estoy frente a la muerte,
frente a frente en el frente.
¿La tuya? ¿La mía?
¿A qué se parece?
¿A la noche o al día?
¿Cómo es? ¿Qué color tiene?
¿Negra? ¿Por qué ha de serlo?A lo mejor
es igual al desierto,
pero mayor.
Como la vida misma,
pero más grande.
Tal vez muerta de miedo
viéndose en un espejo,
como yo.

Miedo

Todo está llano
oscuro solitario
solo ¿dónde está el viento?
Allí. ¿Qué ruido…? Ninguno
y de pronto agudo
fino, fino, silbo un tiro
el viento murió de miedo.
Nadie.
¿Quién va? ¿Quién viene? ¿Quién sale?
¡Madre! ¡Llévame!
¡Nunca te conocí!
Por eso estoy aquí.
¡Madre oscura, noche clara
llévame a Tel-Aviv!
¿Qué vine a hacer aquí?

Me pesa como plomo
lo que perdí.
¡Qué leve el odio!
No sirve, quiero algo más profundo,
atroz, desconocido, machacándolo todo
en ti y reducirte a lodo.
¡Estoy perdido!
(en todos los sentidos).

El viejo

El viejo está asomado en un balcón
de la Torre de Madrid
viendo la manifestación
enorme frente al Palacio Real.
Cuando empieza a disolverse,
baja. Se acerca a mirar
a los que vuelven
satisfechos, contentos
de haber visto la mano
en alto
a Franco.
La mayoría son jóvenes
de dieciocho a veinte años.
No quisiera creer
lo que está viendo:
está mirando
desfilar su pasado.
¡Haber vivido para esto!
Allá, debajo,
gris de invierno,
la casa de campo.

Max Aub y Perpetua Barjau en Santander, 8 de noviembre de 1926.(Col. Teresa Álvarez Aub)

Yo no mato a nadie

Yo no mato a nadie,
tú no matas a nadie,
él no mata a nadie,
nosotros matamos a todos,
vosotros nos matáis,
ellos se entrematan solos.

Nadie sabe por qué.

Escudriña el mar.
Espía el declinar
del sol.
Da cuenta de ti.
Sal a ver qué pasa.
Inquiere, examina, descubre,
mira a ver, atalaya.

Pide cuentas, pesquisa.
Descubre la fuente del mal.
¿Qué sabes de tu vida?
¿Vuelve la verdad por su justicia?
Examina…

Nadie sabe por qué.

Yo no mato a nadie,
nosotros matamos a todos,
ellos se entrematan solos.

Canción de orgullo


Estoy de pie
frente al mar.
Al mar
en el que nos querían echar.
…Echar a la mar…
Estoy firme,
de pie,
en las manos un fusil.
Vigilando
un campo
donde están
apiñados
los que nos querían tirar
a la mar.
Pienso en ti,
que no sé
quien
eres.
El mar,
a mis pies,
muriendo
una y otra vez,
pronuncia
tu nombre.

Edición de Pascual Mas i Usó(Ed. Visor 2008)

Max Aub en Paris años 60

Anónimo

Mordehai Mendil Ha-Leví, enfermero durante la guerra y aun meses después, periodista, 
me dio este texto. Vive en Jerusalén, trabaja ahora en un ministerio. Nunca quiso decirme nada
acerca del autor. Estos fragmentos estaban escritos en inglés en una hoja tamaño oficio, 
doblado en cuatro sin que se pudiese saber dónde empezaban. Son, sin duda, esbozos para 
un poema futuro, de ahí las repeticiones.



Destruiste mi casa
mas no lograrás
levantar la tuya
sobre sus cenizas,
esta ceniza es mía;
ceniza palestina
no es ni será judía

Cuando lo seas no será tampoco judía

¡Palestino, sin saberlo, judío!

Sin huelgo¹ lo decías
-¡ay, triste palestino!-
que, sin saberlo,
eras judío.
Cuando ceniza
seas, judío
no serás ceniza judía
sino palestina.
Me has vencido, mas no sabes por qué,
yo sí lo sé
y por qué ha sido.

Quedé con el cuidado,
abandonado.

¹ Huelgo. Aliento

De “Antología traducida recopilación de poemas creados 
por falsos autores, es decir, heterónimos que selecciona y traduce Max Aub, y que tienen en común, 
en este caso, su participación como soldados en la llamada Guerra de los Seis Días, que sucedió en el
Oriente Medio, entre el 5 y el 10 de junio de 1967

Anónimo hebreo

Evidentemente, porque estaba escrito en idioma clásico y perfectamente
caligrafiado. No sé más; me lo dieron en Genezaret.

¿Sabrá alguien qué quiere decir judío?
Ni tu ni yo…
-No es como ser francés, polaco o ruso;
Ser judío es como ser apátrida.
Ser judío es otra cosa.
Tampoco es como ser cristiano, ateo,
deísta o mahometano.
Ser judío tampoco es ser sabra¹
Ni tampoco tener un pasaporte israelí
Ser judío –ríe un sefardí- es la hostia
-a menos de ser ortodoxo
y vivir en Mea Shearim,²
haciendo el ridículo.
– Ser judío es ser hijo de Israel
y no creer en él.
-Ser judío es ser ateo
y rendir a Jehová culto
Ser judío es ser soldado a machamartillo
y pacifista al mismo tiempo.
Ser judío es ser blanco, amarillo y rojo.
-No sabe nadie qué es un judío;
ni nadie sabe en qué consiste serlo.
-Y, sin embargo, se es.
-Como se nace negro.
-Por regla de Dios.
-Por regla de dos.
-Por regla de tres.
-Pero nadie sabe lo que es.

(Porque los hay de todos colores, altos, bajos, tontos, listos,
imbéciles, inteligentes, socialistas, anarquistas, reaccionarios,
comunistas, ricos, pobres, feos, guapos, regulares, trabajadores,
gandules, dormilones, despiertos, valientes, cobardes,
repugnantes, cojos, mancos, bizcos, miopes, bien plantados,
rubios, morenos, cobrizos, alemanes, franceses, griegos, 
turcos, españoles. Todos judíos.) 

Pero nadie sabe en qué consiste serlo ni la circuncisión es una marca de fábrica.
-No somos nadie -dice la vieja- frente al ido.
Es cierto para los demás: nadie es nadie.
Sólo los judíos saben lo que son. Mas nadie sabe lo que es un judío.

¹ sabra: hijo de emigrantes nacidos en Israel. Figuradamente franco y generoso.
² Mea Shearim: barrio de Jerusalén en el que residen los judíos ultraortodoxos
llamados «haredim»: «temerosos de Dios».

De “Antología traducida recopilación de poemas creados 
por falsos autores, es decir, heterónimos que selecciona y traduce Max Aub, y que tienen en común, 
en este caso, su participación como soldados en la llamada Guerra de los Seis Días, que sucedió en el
Oriente Medio, entre el 5 y el 10 de junio de 1967
.

Ibn Al-Arrafat

Nació en las laderas del monte Ararat, vivió desde muy joven en Jerusalén, 
fue guardián del museo Rockefeller, donde sucedió días antes de morir a un 
tío suyo, herido. Farfullaba el inglés y el francés. Murió en el jardín del museo,
el primer día.

Y si soy, ¿quién soy?
Nadie lo sabe. ¿Cantan las piedras
como si fuesen viento?
Creo que sí. No. No canta nadie.
Todo está oscuro.
Pero tengo hambre, Noemí.
Hambre de ti, pero hambre sin más,
hambre sola, roedora.
Comerte poco a poco,
empezando por los labios,
comerte poco a poco
continuando por la lengua,
comerte dormido, dormida.

Mas sólo estoy aquí para matar.

De “Antología traducida recopilación de poemas creados 
por falsos autores, es decir, heterónimos que selecciona y traduce Max Aub, y que tienen en común, 
en este caso, su participación como soldados en la llamada Guerra de los Seis Días, que sucedió en el
Oriente Medio, entre el 5 y el 10 de junio de 1967
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La Sonrisa

Cuando el general Den Bié Uko se enteró que su enemigo el general Bai Pu Un había caído prisionero, se alegró muchísimo. La verdad: nada hubiera podido satisfacerle tanto. Nadie lo notó. Así era de reservado, dejando aparte que los músculos de su cara no se prestaban a la exteriorización de ningún sentimiento.

Lo mandó encerrar en la última mazmorra del fuerte de Xien Khec. La conocía de tiempo atrás, cuando los ingleses lo tuvieron allí a pan y agua, cuatro años. Hacía de eso bastante tiempo: entonces Bai Pu Un era como su hermano. Ocho barrotes a ras de tierra, cosa de veinte centímetros de alto, sitio suficiente para que corrieran las ratas, gordas, de los arrozales de la colina en declive.
Sí, había sido como su hermano. Ahora había perdido. Den Bié Uko no dudó nunca, siempre tuvo fe en su estrella, aun cuando ayudaba a su amo —¿fue su padre?— a mover aquel telar primitivo. Entonces los franceses y los ingleses enviaban agentes suicidas que se hacían matar para que sus gobiernos tuvieran pretexto relativamente valedero para ocupar militarmente el país; hacíanse llamar misioneros. Den Bié Uko los admiraba y aprendió de ellos. Ahora, con Bai Pu Un en su poder no tendría problemas, pero estuvo a punto de fracasar. La culpa la tenía su rival, en el fondo siempre lo supo: era de sangre Kuri. ¿Cómo hacerle pagar los dos últimos años de inseguridad; de correr, esconderse, pasar hambre y miedo?

No era tan fácil como pudiera parecer a primera vista. Inmóvil en su hamaca, el general vencedor rumiaba las posibles venganzas. En ningún momento se le ocurrió recurrir al tormento físico. Eso quedaba para los europeos o los mahometanos. El dolor se soporta cuando uno está decidido a ello. Lo sabía por propia experiencia, y ajena. El que quiere aguantar, aguanta.

Había traicionado a Bai Pu Un hacía tiempo y vencido. En estas condiciones no podía mostrarse generoso. Un mes antes, previendo el final dichoso le envió un emisario. Lo que le mandó decir su todavía rival no es para recordarlo. El empalamiento no era suficiente. Si lo hubiera insultado solo a él, pase. Pero tuvo a bien meterse con su madre. Ahora lo tenía enjaulado bajo tierra. Den Bié Uko sonrió teóricamente.

La idea surgió al despertar. Solo en el “pensar recto, querer recto, hablar recto, obrar recto, profundizar recto” reside la verdad. ¿Qué estaría pensando, qué estaría esperando Bai Pu Un? Pensaría en él, pendiente de su inclemencia: preparándose para el tormento, resignado a los suplicios.

Llegaban cantos de victoria apoyados en tambores.

A menos que creyera que Jembogan pudiera hacer algo por él. ¿Por qué no había de suponerlo? Pero ¿quién podía haberle puesto en antecedentes? Nadie. Jembogan, un dios. ¿Qué no podría si se lo propusiera? Si llegaba a enterarse de que Bai Pu Un había sido hecho prisionero por Den Bié Uko, intervendría, con toda su fuerza, que liberaría al preso. Bai Pu Un ignoraba el acuerdo a que había llegado con su vencedor. Si Bai Pu Un pudiera creer, hasta última hora, hasta ultimísima hora, que Jembogan lo iba a liberar. Que se iba a voltear la suerte de todo en todo…

Den Bié Uko se relame interiormente. Llama a U Ma Ni, su ayudante preferido y le da un amuleto de Jembogan, que trae atado bajo el sobaco. Le da la orden de hacerlo llegar por persona interpuesta a manos del prisionero.

Cuando supo que su orden había sido cumplida, mandó detener y ejecutar al mensajero en la plaza del fuerte para que, desde su celda subterránea, Bai Pu Un pudiera verlo. Debieron entregar el amuleto hacia las diez de la mañana, la ejecución tuvo lugar a las tres de la tarde. Den Bié Uko dejó pasar el resto del día sin hacer nada. No recibió a nadie pensando en lo que pensaba su enemigo.

Al caer la noche ordenó que al Norte, al Este y al Sur se dispararan unos cuantos tiros y, una hora después, una ráfaga de ametralladora a cosa de dos kilómetros de la fortaleza. Luego se emborrachó. Al despertar, ordenó formar lo más de sus tropas disponibles como si fuesen a entrar en combate. Luego las mandó hacer un simulacro en las orillas del río. Las dos baterías no dejaron de disparar desde las diez de la mañana. Dizque se olvidaron de dar de comer al prisionero.

Cuando el sol empezó a decaer hizo que sus tropas se replegaran hacia el recinto que las cobijaba sin dejar de disparar. De pronto dio la orden de suspender el fuego, de dispersarse en silencio, de formar el cuadro que había de fusilar a un vencido enemigo.

Por eso Jembogan nunca pudo explicarse el esbozo de sonrisa que apareció en la faz de Den Bié Uko, algún tiempo después —poco: las alianzas son frágiles— al enfrentarse al arbolón donde iba a ser, para lección de propios y extraños, colgado por los pies.

Max Aub Mohrenwitz (París, Francia, 2 de junio de 1903-Ciudad de México, 22 de julio de 1972). Poeta, novelista y dramaturgo español de origen francés y alemán.Toda su obra la escribe en español. 

Hijo de una parisina de origen sajón y de un viajante comercial de Baviera (el nombre del padre impresiona: Friedrich Wilhelm Aub Marx).

Siendo un niño, su familia se traslada a España por motivos de trabajo y en medio de la I Primera Guerra Mundial se establecen en Valencia, el niño Max, perfectamente bilingüe en francés y alemán, aprendió el español y el valenciano enseguida, y, muy pronto, lector insaciable y omnívoro, se familiarizó con la literatura de su nuevo país. Recibe una educación muy rica y cosmopolita y al terminar sus estudios, recorre el país como viajante de comercio y al cumplir los veinte años decide adoptar la nacionalidad española. Es famosa la frase de Max Aub: “se es de dónde se hace el bachillerato“.

En los años 20 es afín a la estética vanguardista y gracias a su trabajo como viajante asiste a tertulias de Barcelona de los vanguardistas de la época. Durante esta época empieza a escribir teatro experimental: El desconfiado prodigioso (1924), Una botella (1924), El celoso y su enamorada (1925), Espejo de avaricia (1927) y Narciso (1928).

De ideas socialistas, durante la guerra civil se compromete con la República y colabora con André Malraux en la película Sierra de Teruel (1945). Al terminar la contienda se exilia a París, pero preparando su marcha a México le detienen y es recluido en diferentes campos de concentración de Francia y del norte de África. Gracias a la ayuda del escritor John Dos Passos, tras tres años de encarcelamiento consigue embarcar para México.

Se gana la vida gracias al periodismo, escribiendo en los diarios Nacional Excelsior, y también en el cine ejerciendo de autor, coautor, director, traductor de guiones cinematográficos y profesor de la Academia de Cinematografía. En 1944 es nombrado secretario de la Comisión Nacional de Cinematografía. Durante estos años escribe San Juan (1943) y Morir por cerrar los ojos (1944) y estrena su obra de teatro La vida conyugal (1942) con gran éxito.

Desde mediados de los años 50 viaja por Estados Unidos y Europa pero sin poder entrar en España, desarrollando activamente en estos años su actividad literaria, periodística y cineasta. En 1969 por fin se le permite entrar en España y recupera parte de su biblioteca personal, que estaba en la Universidad de Valencia.

A su vuelta a México sigue con sus estudios de la figura de Luis Buñuel; posteriormente participa como jurado en el festival de Cannes, da conferencias por todo el mundo y, tras otro viaje a España, muere en 1972 en México.

Desde 1987 se entregan los Premios Internacionales de Cuento Max Aub, otorgados por la Fundación Max Aub y desde el 9 de junio de 2009 la Biblioteca del Instituto Cervantes de Argel lleva su nombre.

Mencion aparte merece la creación de Max Aub, inventor del poeta Luis Alvarez Petreña y del pintor Jusep Torres Campalans, personajes de acusada individualidad, que emprende una tarea aún más ambiciosa al crear una formidable Antología traducida: sesenta y nueve autores y muestras de sus obras. La edición completa fue publicada en España en 1972, incorporando la primera edición mexicana de 1963 y una «segunda entrega» que apareció en Papeles de Son Armadans en 1966.

Max Aub se inventa 69 autores, 69 heterónimos. Cada poeta está colocado en orden cronológico, con su fechas de nacimiento y muerte, y una brevísima semblanza –especie de mini-biografía, seguida de las selecciones. Manuel Durán describe el procedimiento, con referencia a Versiones y sub-versiones, pero como este libro es una versión del que estudiamos, la descripción resulta apta: «…Aub inventa un poeta; nos da una breve nota biográfica, totalmente fantástica, y luego procede a construir un texto –poesía o prosa– correspondiente a esa personalidad recién creada y a la época en que vive. Los textos son siempre habilísimos, capaces de engañar a un experto; pero, sobre todo, se mantienen con frecuencia cerca de la parodia; cerca de la caricatura, si bien en algunos casos resultan admirable». Es sorprendente la enorme diversidad de temas, países de origen, lenguas traducidas y formas literarias. Los temas incluyen el odio, los maricas, el incesto, los órganos sexuales, la mujer, la muerte, el tiempo, la historia, el lugar del bien y del mal en el mundo, el alma, los animales, la nostalgia por la patria perdida, la luna, los jardines, la literatura y la era atómica. Encontramos la jarcha, el zéjel, haikai, epigrama, prosa, poema épico, verso libre y prosa. (para saber mas…)

“La libertad no hace felices a los hombres. Los hace, simplemente, hombres”

Max Aub

Enlaces de interés:

Biografia : https://maxaub.org/biografia-max-aub/

https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/argel_max_aub.htm

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-broma-literaria-en-nuestros-das–max-aub-francisco-de-ayala-ricardo-gulln-carlos-ripoll-csar-tiempo-0/html/ff121e92-82b1-11df-acc7-002185ce6064_6.htm

https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/max_aub/marques.htm

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