12 Poemas de Elena Anníbali

/algunitas poetas que conozco mueren por morirse

muy jóvenes,
muy putas,
y extremadamente talentosas
(pero el orden puede variar)/
/he contado:
dos que esperan meter la cabeza en el horno, una, meterse el seconal en la garganta,
otra se abre, cada tanto,
las venas
por si allí encuentra
el caudal imaginativo/
/cuando notan a fulano en una reunión, ponen cara de buey zonzo,
sofocan las risitas,
y le hablan de ‘Fucó’
o ‘Deguidá’,
por si sus reputa-
ciones
ascienden
oh, sí, de algo hay que hablar
en el poema
mucho mejor si es sobre
la Gran Tragedia de Sus Vidas,
nenas que papi abandona,
que mami desama,
que cobayo muere aplastado
por camión lechero
femmes fatales
de todas maneras/

qué pena que yo sea provinciana haga la siesta,
vea los simpsons
y que jamásmente logre comprender cómo carajo se convierte una

en poeta de endeveritas

Madre

Mi madre, la Esquiva, la Lejana,
la perra blanca con sus tetas de leche,
con sus dulces venas azules agigantándose en la noche de la fiebre,
trepando las paredes para chupar mis sombras,
con su hermoso pico rosa, con todos sus brazos.
Mi madre tiene saudade de las ciudades que ha dejado atrás,
de donde le viene el cabello negro, suoi occhi de guerra.
Viene levantándose desde el poniente,
una Galatea de las esferas, que rueda sobre el mundo,
que lo impregna brevemente de sus perfumes,
y desde entonces, nada existe, sino su raza mezcla de bestia e inglés,
nada, sino sus cacerolas trashumantes, sus estropajos,
las vendas con nuestras sangres que guarda como sudarios.
¿Será ella, ese violento olor a almizcle que anuncia la mañana?
¿Dónde se anuncia su heredad en mi cuerpo?
Y a partir de la pregunta, aparecen las cicatrices, las alas,
la sal bajo la lengua, ese como a olor a humo y a calandria,
y todo el resto, todo, como una triste Barataria de sueños.

Las madres remotas (2007)

tabaco mariposa

aprendí a fumar con rubén

enrollando tabaco mariposa en papel

de seda

lo hacíamos de noche

sentadosenunescalóndelacasilla

mientras a nuestrospies

sus lánguidos perros soñaban

con la sangre dulce de las liebres

en el monte cercano

a veces todo era oscuridad, salvo

su cara

iluminada brevemente por el fuego

como un animal

por los relámpagos

el día que se fue del pueblo

me dejó su radio

y los jabones partidos

que yo usaba pasándomelos

despacio

por el cuerpo 

con la última espuma disuelta en el agua

se fue, también, la memoria

y el deseo de él

una cosa fragante

y sutil

como los eucaliptos

cuando los moja la niebla

tabaco mariposa(2009)

Acerca de la inutilidad de una palabra

Tú crees que la muerte te sucede solamente una vez.
Que hay un signo o dos que la anticipan,
pero no.
Hay una cifra finita de actos que nos acercan al final:
cuando cruzas una ciudad silenciosa en el taxi amarillo
a las 2:30 de la mañana,
y tienes tiempo de pensar en tu cuerpo que pesa y duele por el cansancio,
y recorres con la mano la humedad de los vidrios,
la textura rota de las calles que se pierden en alguna forma de misterio.
Cuando tomas tu café, presuroso,
y lees en el diario el desastre cotidiano,
como si la guerra, la locura y el hambre fueran cosas
que sólo le pasan a otros.
Cuando amas, o crees que amas, y elaboras el complicado discurso
que te proveerá de un animal tibio en tu cama, en tu mesa,
en los sueños que otros te negaron.
Cuando decides por el vestido rojo, o el vestido negro,
cuando doblas la esquina,
o te ves en el espejo, en que algo, una mueca,
te salva del espanto otra hora más.
Cuando, distraído, eliges un kilo de manzanas,
una fecha para mudarte, la mudanza misma,
hasta el simple acto de levantar una lámpara e iluminar un cuarto,
Todo es una marcha lenta e inexorable hacia tu muerte.
¿Para qué, entonces, necesitas la palabra suicidio?

mañana de verano

a los siete, una mañana de verano,

me tiré al tanque desnuda

un verdín viejo y neblinoso

ocultaba los peces

breves y violentos

que fueron a morderme

los pies

hubo algo carnal en la manera

en que los dientes

y la sangre de todos

se mezcló

con la asfixia

con el miedo de la muerte

con el espasmo tembloroso

en que brillamos

al unísono

Cocinar es un arte-actividad

Aún no encenderé la luz.
Me basta la lumbre náufraga del cigarrillo para verla brillar y gemir.
Entretanto, saco las flores amarillas de calabaza,
las dispongo sobre una fuente junto a las zanahorias y los alcauciles.

Esta escena deberá ser de una ceguera inusitada,
y me guío por el perfume y el silencio.
La tomo de una de sus suavidades: el cuello.
De un solo tajo la parto al medio mientras una parte me muerde la mano,
y yo grito y ella ya no puede.
El agua hierve con especias, sal y hojas de laurel.
Dejo caer allí sus dos puntas,
ambas hermosas y ya de una mortalidad visible y casi triste.

Me siento a la mesa. Sirvo el vino.
Me desnudo.
Pienso que cocinar es un arte.

Nota: que la terceridad es el modo de ser de aquello que es tal como es, al relacionar una segunda cosa con una tercera cosa entre sí. Pertenece al orden del pensamiento y la representación.

la creciente

esa noche llegó la creciente y trajo

muebles viejos, mugre

de los canales vecinos

botellas

víboras

se va a llevar todo, dijo

mi madre

y me imaginé los huesitos de enzo

flotando en la corriente, al lado

de los canteros de verdura

me imaginé su ropa última

roída por las polillas y la fiebre

sus uñas crecidas

las hebritas de pelo rubio

entre los alambres del portón

entonces me apuré a encender el sol

de noche en la cocina

a tapar la puerta con las bolsas de arena

esperando que la muerte no pasara

que siguiera el curso del agua

hacia el naciente

donde las tierras son bajas

y crece el aleppo

y la enredadera azul

 tabaco mariposa (2009)

el aire, de noche, es una lástima,
no alcanza para todos

alguien debe postergar su sueño, alguien
debe levantarse y, en el medio de la noche,
tocar la dorada serpiente del corazón

ella va a despertar
entornará los soles de sus ojos
dará su pan, su veneno

la flor del cuerpo abrirá, entonces,
como una mañana
pero no será la mañana:
será su turbia claridad
el simulacro

Quince- Antología de Poetas Mujeres de Córdoba

me enamoro de ud. señor juan gelman, me enamoro,

como las maestritas lo hacen del reader’s digest y de corín tellado,

como las azafatas, de la luz violeta y las postales de rodolfo valentino

como las adolescentes de ellas mismas cuando,

desnudísimas

se miran en los espejos nebulosos de sus baños

.

me enamoro de ud. señor juan gelman, desde este pueblo enfermo

donde hiede la costra de los muertos

la fiebre de los vivos

mientras preparo el café de la mañana

y lavo el orinal de mi padre enfermo

y más tarde trabajo y a la noche escucho

big bill broonzy

poniendo en orden el huerto, quemando

las alimañas

haciendo que lo perdido valga

que la tía escolástica labore sus telares

.

si supiera señor juan gelman cómo los ojos de ud.

me parecen así de bonitos

y contando sus trapos, sus fulgores,

considerándolo a la luz amarga de mi amor

me veo no tan joven, no hermosa,

pero sí verdadera, y ya no me alcanza

el pudor mentiroso de los desnudos ante sí

o ante los otros

para callarme, señor juan gelman

para callarme

Sobre la biografía como género

Alguien más escribirá tu memoria.
Alguien que entienda que no tuvo márgenes, tu vida,
ni astillas para encender los fuegos del olvido, y los eclipses.
Abrevará en tu historia como un ciego en una casa
llena de muebles y de recuerdos ajenos, tanteando,
especulando con el tacto, manoseándolo todo,
abriendo la espesura de los recuerdos,
como quien parte una ciruela negra,
y encuentra, en su médula,
el crisol dulce de su pulpa transparente y acuosa.

Pero esa constelación de códigos perdidos
no serás tú. Será el fantasma, el gólem construido
a partir de tus pedazos, de la dispersión de tus sílabas y actos,
a partir del fragmento que afirma y niega tu unidad,
como si la imagen de lo que fuiste nos llegara
desde la visión fulgurante y triste de los espejos rotos.

No serás tú. Serás otro. Y surgirás desde el fondo de la noche
como desde el tiempo, como una isla,
con tu nombre,  tus señas,
con las criaturas de fantasía que urdieron tus sueños.
Pero habrá un detalle, un signo que te niegue,
que te acerque un poco más al silencio en que te hundes,
y te habrás perdido para siempre,
en esas zonas últimas de soledad y naufragios.

en el pavimento

en el pavimento queda

por la tarde

la sangre seca

de las perras en celo

algunos

las agarran del cuello y las hacen morir:

no soportan la libido gloriosa

que alborota los machos

los mechones de pelo en las puertas de alambre

el olor rijoso del orín

en los carteles de las tiendas

las perras son dóciles al entrar

en las bolsas de nylon

obedecen y se pliegan al tamaño

enarcan los huesos

se acomodan a la muerte

al silencio

conozco esa mansedumbre de haberla ejercido

basta tocar la marca roja en el cuello

para evocar soga y dueño

pero yo mordí la mano

y ahora tengo esta libertad

grande

en que me asfixio

 tabaco mariposa(2009)

fui a las altas oficinas del silencio

llamé
no me atendieron

llamé
tome un numerito, dijeron

tuve sed, y tomé el agua del pueblo

esperé mucho, mucho sentada
parada
acostada

vi las cortinas mugrientas
las revistas de las star
el cuadro de la amazona del siglo xix

desesperé

después de un tiempo
quise salir
gritar
espantar el oscuro pájaro de la nada

y la puerta estaba cerrada
y el cuadro como siempre
y el pájaro sombrío parado en mi pecho cenando

Las madres remotas(2009)

María Elena Anníbali (Oncativo, Córdoba,Argentina, 19 de abril de 1978) Se Licenció en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Ha publicado los poemarios  Las madres remotas (2007) y tabaco mariposa,Editorial Caballo negro, (2009),Curva de remanso,(2017) y El viaje,Ed. Salta el pez ediciones (2021). Ha aparecido varias antologías de poesía y narrativa, entre ellas: Cucrito-Antología de poetas argentinos (México, 2010); Quince-Antología de poetas mujeres de Córdoba (2010).Ha recibido diversos premios y distinciones como el Primer premio en el Primer Concurso Nacional de Poesía organizado por la Editorial Cartografías, por el poemario “Las madres remotas”. Año 2007 y el Primer premio en el concurso “Letras 2005” de poesía, por las obras “La isla”, “La imagen” y “Primer crepúsculo”.

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