10 Poemas de Marie Gouiric

Organismo

Llegabas a las diez
la mesa estaba puesta.
En el tendal se agitaba
nuestra ropa limpia.
Hablabamos de Kristina
y del campo. Te servía más.

De postre mandarinas.

El médico dice: -Sus pulmones
ya no funcionan-.
Como mucho le dan dos años, 
lo que viven las endorfinas
en el cerebro de los enamorados.

La siesta

Benditos los piojos
que te acercan a mí y hacen que me toques.

Aunque sean tus caricias
para sacarme la menor de las pestes
no dejan de ser
caricias.

Para librarme del grito de los pibes:
–¡Ahí va la piojosa!
¡La que no la cuidan! ¡La sucia que nadie quiere!

No deja de ser ese movimiento delicado
-en el que me separás los pelos con la uña
como si abrieras el pasto seco-:
una caricia. Una excusa
para que estés conmigo.
Para que me toques.
Como a solas en el ventanal cálido
de las tres de la tarde.

Quietita. Que nada te distraiga.
Arrodillada en el piso
con la cabeza apoyada entre tus piernas.
Tu respiración caliente sobre mi nuca
como un descanso.

A mi hermano lo metieron preso

Dice papá que lo querían cagar a palo
como entre 9, eran
demasiados a la salida de Samsara
un boliche bien
cumbiero y que entonces el Matias sacó
un revolver de juguete que tenía en el auto y
los sacó a los tiros.
A los tiros falsos de amenazas y puteadas:
Vamos negros de mierda
a ver si la arrancan ahora.
La cana entonces lo agarró porque un
cagón fue de toque
a prenderles la sirena.

Ahora le llevaron una frazada y empanadas
que seguro un rasti le va a entregar con mala onda, todas
abiertas para controlar que no tengan droga.
O una gillete.
U otra gillete.
No se entiende porqué salió así si somos gente
Buena. Tiene auto. Tiene
una linda novia. Tiene
suerte, de todo. Tiene.

Mariano tiene miedo de saltar al río desde el árbol.
Quiero hacerlo. Demostrar que
puedo ser valiente como un hombre pero no me
dejan. Y lo veo a mi hermano trepar por el viril tronco con
sus piernas que tiemblan,
llegar a la cima, los cachetes colorados y mi papá:
-Saltá, no seas maricón-. Salta
y el agua le camufla las lágrimas cuando el aire
saca a flote sus 25 kilos, sus 8 años, sus incontables rulos.
Todo mojado.
Con la Griselda nos reímos
acompañamos las risa de papá.
Decimos es más cagón es.
De ese día tengo una foto con el Matías subidos en un inflable,
con los ojos cerrados por el sol,
él con un chaleco salvavidas regalo de
reyes. A mí me tapa la desnudez
una malla que me hizo mamá en sus días de
creativa resistencia.
Estamos juntos
y nos empuja el arroyo a cualquier parte.

ph Mari Lú

Bailaré por ti

En la tira de banderines que cuelga sobre la Belgrano,
de colores corrompidos por la lluvia,
del mes de mayo. Pesan las
noches de Rey Momo y los
desfiles de lentejuelas, tambores y guirnaldas,
parlantes a todo trapo, saturados
con el viento caliente lleno de interferencias y acoples,
ahora lisiados de jaranas populares, de
romances veraniegos, de
arrebatos borracheros, de
–no se le puede pedir a nadie que te ame-.

El calendario da vuelta la hoja en
la heladera con almanaque, en la gomería,
en la parrilla, en la maderera y todo indica que
–hay que irnos a la mierda-.

El aire despioja los árboles altos,
que se desarman en lluvias de papel picado,
piñatas mudas sobre
el gladiador que regresa a su casa en bicicleta
y nadie sale a su encuentro vencido.

Mientras tanto los banderines no se caen,
aunque haya aumentado la yerba, y nadie pregunta por
aquellos diskettes que se quedaron sin formato. Firmes
a la pequeña cuerda de nylon que
los une como cotorras analfabetas que esperan el atardecer para
volver a sus cuevas en las grutas que enmarcan
un tramo de una ruta cualquiera del sur.

Algo que no sé qué es no tiene imagen y
estoy tratando de sacarla
de todo esto.
De esta memoria de cartera de mujer, inventariada con
amoroso descuido.
Pero lo cierto es que no quiero que el poema me
asista en nada. Para eso está
Cerrito, la cerveza barata y ese
número en el celular que
vos marcás
y siempre está
a cualquier hora y corré por vos,
y pone me gusta en todas tus fotos de perfil.

Hay un montón de docentes
nadie los necesita, hay un montón de
periodistas. Nadie necesita. Sobran los
doctores, los rubios, los
abogados, los verduleros, los camioneros, las
prostitutas, los telemarketers, las morenas que sirven las
maquinitas de helado bicolor, las hippies que
hacen pan con cebolla y los volanteros. Lo que faltan son
sacadores de piojos, asesinos de polillas,
sepulteros de cucarachas. Patovicas piolas que
saquen a los chetos de las bailantas
que entran a ver qué onda, a mirar
a los que la mueven de verdad.
A pensar por dentro y comentar entre ellos
en batones floreados, con las piernas hinchadas
y clavos en las caderas rotas,
asomando las cataratas de sus ojos
por las hendijas de la persiana:
-Guau, que flash,
que loco, que bizarro, me siento un
Pablito Lescano-.
Los chetos a la larga son malos.

Alguien que haga que esto que no tiene imagen
vuelva a mis manos con
esos banderines recién tendidos al sol rojo
azul, amarillo, verde, verde más
clarito, verde manzana sería; con nosotros dos sacándonos fotos en
automático bajo la llovizna para hacer un .gif; con
escritos cortos con acciones y seguros remates; con
capelettinis de oferta y pelis en la cama;
la carita de la Kristina serigrafiada en
el olor del choripan que llena de humo el aire
y hace de velo de novia hermosa
a las luces del escenario,
montado como el de las
campañas evangélicas en los barrios, con
tablones ingenuos y estructuras de caño amarillo,
con macetitas blancas
con sus potus de plástico colgando a cada lado.

Que algo lo contenga, que no se escape, que no se
venga abajo aunque suba la mas gorda a cantar un tango
antes de las bandas de cumbia, el coro de niños,
el grupo de improvisación de ancianos y
el viejo que va a agradecer a los
centros culturales una
y otra y otra vez
y a las madres que le hicieron el repulgue
a trescientas empanadas de carne.

Te prometí que te iba a encontrarte

Me gusta

el chico en cuero moreno

de la tapa del libro prestado, me gusta.

Pasearlo en la mochila

por la Buenos Aires que con él se pone más linda

aunque este enquilombada, me gusta.

Y hacernos el aguante 

en  el tiempo lento de diez días

de paros de subte,

me gusta.

Pero no lo leo, al pequeño encuadernado

sólo lo llevo sostenido entre las manos,

corte estampita

 para mirarlo al pibe de la tapa. Imaginarme 

sus piernas fuertes, calientes 

de potrero embarrado, 

de carro cirujero

empujado cuesta arriba.

Pensar en el nombre de su novia que es el mío, 

en sus manos venosas calibre 22 

y su voz  de pelotas de humo

que no conoce las S

y repite que me quiere:

 -te quiero loca, te quiero-

al caer tumbado porque 

a su pecho lampiño de lujos

lo abrió un chumbazo: 

Pero tranquila, no pasa nada

las balas de la metropolitana

no entran como las de la federal.

No le cierran la jeta a nadie, menos 

al guacho que

me dice que 

me quiere banda, que

como vos no hay.

Voy a seguir insistiendo

en todo esto 

que no es la foto del libro.

Hay algo que no tiene imagen  

y se la puedo inventar

porque tampoco es la nuestra, 

aunque los dos usemos Nike

 y miremos Los Simpsons.

Voy a porfiarme,

ponerme cabeza 

en todo eso 

que a veces nos hace guardarnos 

y andar solos. Irnos al sobre temprano,

emocionarnos con una de Sin Banderas en la radio

o matarnos en  las pistas cumbieras con apenas conocidos,

quebrar las rodillas hasta abajo

y caretear los besos agradecidos 

por la birra  invitada. Mientras

en el bosillo del jean ajustado

el brip del celular jetonea

que pronta está a la puerta

-como lo está de todas las cosas-

la muerte 

de la bateria baja

y vieja. Que mantuvo encendidos

todos los sms de amor  enviados

y borrados.

Incluso los que no llegaron.

Incluso los que no eran de amor:

Que descanses. Que

linda sos. Te armás un fino? Hoy

no quiero fumar tanto. Mentime 

que me gusta. En 10

 paso. Al final reculaste. 

Decime donde 

te encuentro que voy. Estoy 

por Rivadavia y Pueyrredón

No todos desean estar 

en catálogos, ni en un libro de historia,

ni en una libreta civil,

ni en nada de nada. Mucho menos tener

una foto de parejita de perfil con 

35 me gusta

23 comentarios, que halagan 

lo lindo que se ven

lo felices que están. 

Estamos los que deseamos ser cualquiera 

y ver nuestro nombre dedicado

en un pasacalles; en la remera

bajo la camiseta azul y oro del jugador 

que la descubre dos segundos 

frente a la cámara cuando mete un gol;

o en la boca decorosa 

de un locutor contrabajo

de una am trasnochada.

Ponemos la fé 

en ver nuestro nombre como una yerra 

en la puerta del baño de una bailanta,

en la porland fresca frente a nuestras casas,

en el margen de una hoja Gloria,

o en el pino de la parrilla de la cucheta:

Hundida las letras mochas, mal talladas

en la madera blanda de la parte de abajo

de una cama 

encastrada

arriba 

de otra cama.

Somos víctimas con onda 

gustosas de la espera

de dejarlo escrito 

en un pecho de seda oscura del once

moreno, 

tirando a negro, negro azabache, sería

como el del pibe de la foto 

del libro prestado que me acompaña a pleno.

Víctimas victimarías

de querer hacer nuestro nombre ocupa 

de un pecho lampiño de lujos

a fuerza de tinta china y agujas baratas.

Imagen: Jose Nico



Que te apasiones por mí

En un toallón 

junto a cada bandera están pintadas

el número de copas que cada país 

consiguió pegar de la historia del mundial:

Argentina dos

copitas.

Brasil cinco 

copitas.

En ese pedazo de tela impresa

está la información que voy a usar

para que te apasiones por mí

(porque hallé com alegría que ya me estás mirando).

Vamos a conversar así:

Voy a preguntar: 

-Você sabe que Argentina ganó dois copas e Brasil cinco? 

Y muy entusiasmado me vas a contestar: 

-Eu sei. Mas você sabe que 

dois de essas copas gano com jogadores de Botafogo?

Boas noites hablan los letreros de los colectivos

Trae por favor la noche, 

las lucecitas navideñas sobre las palmeras. 

Ayudame a que esto sea un canto, 

que repitan las madres en las cunas

de sus recién nacidos cuando tengan miedo de dormir. 

Con silencio terminemos la cena. 

Ssssshhh, ssssshhhhh

Suave, no vayas a golpear la cuchara contra el plato. 

Salgamos andando.

Podés darme la mano, te doy permiso.

Mostrame el nombre de los árboles,

de los autos estacionados. Besémosnos.

Contame cuál es tu modelo y color preferido:

Amarelo, preto, branco, azul, vermelho, prata.

Chebrolet, Nissan, Peugeot. Citroen, Renault.

Ford, Honda, Volkswagen. Recitame 

el nombre de las estrellas, 

para que sea nuestra charla como la novela de las nueve.

Qué felicidad cuando algo bueno se repite:

Los lunares en la piel de un padre,

los lunares en la piel de un hijo.

Qué alegría cuando pasa algo parecido a otro algo que ya pasó.

porque siempre estamos extrañando, pero ahora mejor

seamos valientes y hagamos algo que sirva para algo.

Cualquier cosa. 

¡Ya sé! Tapemos los buracos de la calle con los huesos 

de pata de vaca,

que a la tarde perfumamos con limas y hervimos

con el calor de la garrafa. 

Eduquémoslos a ocupar los agujeros del suelo

encastrándolos hermosos con nuestras manos.

¡Los autos van a quedar agradecidos 

de que cuidemos sus pasos! 

Pero si los huesos no alcanzan

podemos juntar vidrios de vasos rotos

en algún festejo. Y sino encontramos nada,

podemos caminar hasta la playa

y juntar piedras y caracoles. Esqueletos de pescado. 

Escamas iluminadas por la luna.

Escamas iluminadas por los barcos.

Escamas sin iluminar.

¡Eso para después igual! Ahora vos quedá tranquilo, 

acostémonos encima de los charcos.

Sobre la lluvia quieta entre los huecos del mato, 

para pintar sobre mí –con barro-

tu color. De verdad lo necesito.

Tu color.

Y si todavía no llovió, 

volvamos a la casa y traigamos con baldes el agua enjabonada 

que brilla en el tambor del lavarropas.

Y si está desagotado 

caminemos hasta la playa

y saquemos del mar

agua salada para temperar la tierra.

Podría quedarme

Casarme 

con uno y dedicarme: 

Lavarle la ropa, cepillarle los dientes.

Lustrarle la piel con blem 

en una gamuza muy suave que no lo ralle.

¡Que brille como un cerámico encerado!

¡Que sea el tornasolado de unos lentes de sol!

Alimentarlo con las carnes más baratas, los porotos más pesados.

Arroz blanco sacado del fuego en el momento justo.

Esperarlo a que llegue del trabajo

con el deseo de tomar un baño,

para sacarle las chinelas,

y la ropa sucia de la construcción. 

Sentarlo en una silla, en el frente de la casa

bajo los árvores. En el pedazo de tierra que 

liberé del mato para él.

Ponerle los pies en una palangana con agua tibia

y con una esponja cubrirlo con espuma de jabón.

Después con un jarrita, enjuagarlo despacito,

ayudando con la manito

para que todo corra 

y no quede nada que arruine la belleza de su color. 

¡Los hombres siempre quieren algo

y en ellos está muy claro!

Puedo poner flores rojas, violetas y blancas en su almohada.

Sábanas de seda que lo abracen si un día, 

Deus não

 quera, ya no estoy.

Encender el ventilador que espante los mosquitos 

que traen el calor y la noche.

Y por si eso no alcanza, quedar a su lado besándole la espalda,

echándole aire con palmas de cocotera,

y sirviéndole vasos de agua fresca

que cuiden su sueño. 

Ellos tienen madres también negras, buenas suegras.

Como leonas me ofrecen dormir a su lado,

en camas rosadas, la siesta.

Para convencerme con novelas y cerveja fría

que me quede con su último cachorro libre: 

El más joven, el más hermoso, el más fuerte. 

-Você  pode voltar para casar com Baby. 

Você  pode. Você quer?-.




LEY 26.485

Se la bate

a todo lo que malogre tu cuerpo,

que vuelva cualquier parte de él

un ojo negro,

un estuche de puntos ciegos.

También lo que apague

como a  botellazos

tus ideas luminosas de mezquino consumo

de frágiles watts. Lámparas miedosas

que de tanto entrenamiento duro

tiemblan y bajan su tensión con la vibración

del sonido del motor del auto,

que en la puerta de la casa

amenaza que a minutos está del próximo round.

Sería que se la pone

a todo lo que pelee contra tus ideas y tus

sentimientos

en desventaja.

Para esos sentimientos hay palabras: Para la tristeza

hay la palabra tristeza,

Para el miedo

la palabra miedo,

Para el desamor,

la desamor.

Para la palabra violencia hay

imágenes:

Una cara envejecida antes de tiempo

como si un elástico le cruzara la frente;

el ruido delator de los platos rotos

y un patio que él cubrió con cemento la tierra

donde ella quería poner helechos y malvones,

gajitos que trajo del interior.

Ni cabida a todo lo que

arruine la manera que vos tenés de verte, corte espejo;

Que sea descansero, con lo que hagas. Manipulero.

Que atrevido

te malondeé con si querés terminar el secundario,

cambiar el bar por una tiendita de ropa o

salir a vender pan casero.

Eso que te quiera decir como bailar,

de lo que te rías;

que si te ponés la pollera

corta, el jean

ajustado

o la remera muy

apretadita.

Que te sargentee o te delire

si te cabe ir a la iglesia

de la pastora norma o a la misa.

Tirarte las cartas.

Prenderle una vela

a la estampita del gauchito gil

arriba de la repisa.

Que te haga callar en la mesa.

Que te haga callar en la pieza.

Que te haga callar en la vereda.

Que te haga callar delante de los chicos.

Que te haga callar cuando el partido.

Que te haga callar cuando te haga el ruido el estómago.

Que te haga callar cuando estés a solas con

esa que eras vos.

Tampoco que con la bandera del amor

te tenga chivando contra las cuerdas,

vigilanteandote con quién hablás,

a quién mirás o a dónde van tus piernas

o los mensajes de tu celular.

Permiso y plata se le pide al banco y a los viejos.

Hay cosas que son legales nomás

y más que legales divertidas

en las letras de cumbia, adentro de la boca de Dalila.

Ahí nada más se menean, ahí te excitan.

Rajá, tomátela. Plantate groso.

Parate de manos. Pirátela.

Forcejeá. Escapá. Agitá.

Cuando se te queme

el rancho

abanicá las ventanas.

Sacá el humo quilombero afuera,

disfrutá cuando el fuego infiel agarre el campo

seco desde hace años.

Mientras todo se va a la mierda,

sentate en el cordón cuneta,

como cuando el Cristo hizo sentar a

la multitud que lo seguía sobre el pasto

para organizar la comida de los panes y los pescados.

Lo primero que necesitas es descanso.

Sin culpa mirá como se viene todo abajo:

Se caen las chapas, se derriten los vasos.

El calor explota las copas en la vitrina fuera de moda.

Se incendian los tapizados de las sillas

retapizadas con la misma tela

con las que cosiste las cortinas

con tus propias manos

mientras todos dormian.

Quedate tranqui.

No sos zorra, ni putita. Ni te gusta que te

bajen los dientes. Creeme

se puede levantar una

ciudad

en ruinas.

Creeme

se puede levantar una

ciudad

en ruinas.

Creeme

se puede levantar una

ciudad

en ruinas.

Nadie es sola, ni mucho menos solita.

Lo dice la ley mamita

que no puede hacerte sentir culpable

el limón que olvidaste para las milanesas

que empanaste

con tus propias manos.

No son las que te hacen llorar,

las raíces amargas crecidas

de tu pelo teñido,

ni el esmalte que se saltó

de tus uñas escamadas.

Creeme

se puede levantar una

ciudad en ruinas.

Se puede levantar una

ciudad en ruinas.

Se puede levantar una

ciudad en ruinas.

2011

de Un método del mundo, Blatt&Ríos, 2016

Al final se me dio y amanecí negra

Preta, nega, escura, noturna.

un tronco de palmera que un bandido incendió

en un terreno fértil.

Un hermoso hematoma como cuerpo

porque la negrez es la abundancia:

El cabello más 

enrolado. La carne más

dura. Los pechos engrandecidos de leche

y un tremendo bum bum

naciendo en mis espaldas, debajo de mi pollera

sin pedir permiso

para darme la bienvenida al color que siempre baila.

Que tiene las piernas duras de bajar y subir el morro andando todos 

los días. Todos los días más probabilidades de meter un gol tiene 

ahora la superficie de mi estuche  

por negra, luminosa y brillante como sumergida

en campos prósperos de aceite de girasol.

Y con la obscuridad en mi piel surgieron los dones:

En los árboles que no dan flores

colgué flores de plástico.

Si el árbol no me da flores,

¡Yo le voy a dar flores al árbol!

Envolví en míos brazos

las ropas de todos,

y llevé a todas ellas para lavarlas

al frente de la casa.

En un lavarropas la ropa se lava.

En el otro la ropa se enjuaga.

Se doblan y se enroscan, se escurren,

pequeñas nubes de algodón, nylon y jean

para hacer llover .

Como no tengo broches, en tiernos alambres de púa 

pinché los vestuarios, para que no se caigan.

Que calvario cristiano se armó  sostenidas las prendas 

para que no se ensucien, crucificadas.

-Ahora puedo pedirles un deseo- pensé -pero cierto que ya estoy negra-.

Mi deseo ya estaba.

Cuando acabé, 

saqué el agua con un balde

para empujar, con pequeños oleajes inventados con escobas de pelo duro,

desde el suelo de cemento hasta el suelo de tierra

las hojas de los árboles  

y las manchas de aceite que desangraron 

los autos.

En mi nuevo don también saludé a puro grito

a todos los que pasaban

levantando mios brazos, con mía sonrisa blanca: 

-Paixão de mia vida! Oi meu amor! 

Apaixãonada por você  estou!-

Convidé todos beber cerveza

que cobré siete reales, la de litro. Y dejé

que me invitaran a beber con ellos 

los más hermosos albañiles que en mia vida vi.

Mios amigos para siempre.

Esos que salen del trabajo y pasan por el bar para olvidar

y poder continuar el día con alegría 

como si nunca hubiesen trabajado 

ni tuvieran que volver a trabajar.

Desarmar  la memoria con la mecánica misma 

que se ensambló un ladrillo con 

otro ladrillo en la construcción:

Una copa, otra copa.

Otra. 

Una copa, sólo otra. Una más. 

Esta bien, otra. Otra más.

Trajeron para mí pescados pequeños

más o menos de este tamaño:

………………………. 

Sentada sobre el tronco de banqueta, abiertas

mias piernas,

sostuve cada pez que limpié 

con mío cuchillo

con mía alegría:

Abrí, 

corté, 

raspé 

separé 

casi como a Dios le encanta hacerlo:

lo bueno de lo

malo. Lo feo de lo

bello. 

Igual todo es alimento. 

En la olla hirvió lo bueno, como una sopa perfumada en limones.

Un caldo que chuparemos con las manos, 

sostendremos con las lenguas y tragaremos. 

Lo malo quedará al costado de la casa

para que sean el alimento

de los gatos domésticos

que nunca se dejaron acariciar.

Esto no es apología de la negrez

pero ahora que soy negra me siento mejor.

Hasta puedo enseñar a bailar. 

Antes podía pero nadie me creía.

Você  tem que escutar a música.

Escutar, escutar, escutar.

No vale espiar  suyos pies.

Escucha y siente tu corazón.

Mirada al frente, sonrisa grande,

nada de espiar los pies

y así se baila

Cuando una lesbiana se dice lesbiana

Pasan cosas locas:

saqué provecho de quien soy 

señora adulta 

33 años 

Argentina 

se incendia 

para una huida en camioneta 

a Uruguay, 

un país con todo lo lindo legal:

onda el aborto, 

onda el porro, 

onda la Iglesia separada del Estado, 

onda la yerba sin palo. 

¡Onda la ley Trans!

Hice provecho

de andar sin esfuerzo

que sería descansar 

no pensar

con el cuello desnudo

de cualquier pañuelo. 

“Qué planchado está el mar” 

dije mirando el horizonte. 

“Es río” me dijeron 

mis amigues nuevos.

Aproveché toda esta libertad 

que no es mía

¡Es de los demás! 

Para cuando mi mamá me mandó 

un mensajito contarle 

“Tengo novia. 

Estoy contenta! 

Es buena conmigo”.

Sentime quien soy:

una seño de Parque Patricios, 

que anda en bici 

y le gustan las zapatillas caras. 

Que se adhiere a los paros

pero no siempre va a las marchas

¡Se queda calentita

abajo de sus frazadas!

¡Qué regular

para nada extraordinaria!

Pero ahora 

¡Estoy de novia!

La novia 

más linda 

que alguien con novia

pudiera abrazar:

bajita, rulitos, 

pie pequeño, 

caderas anchas

y labios gruesos.

Dientes del medio 

apenas separados,

un espacio donde guardar

una monedita de 10 centavos.

Pelos enredados,

mucha cantidad.

¿Cuánto gastará en shampoo?

Pienso con misterio

no me animo a preguntar.

Curvas poderosas.

Mi familia está dolida.

Se juntan a hacer a oraciones,

a preguntarse entre ellos

¿Qué hicimos mal?

Mis hermanos motoqueros 

se rasgan sus camisas bien planchadas

echan tierra de cartódromo

sobre sus cabezas

peinadas con gel.

Mi hermana esconde a sus hijos,

los manda a dormir

cuando escucha el teléfono

sonar con mi nombre.

¡El cielo se abre!

Es Dios quien se asoma.

Un angel baja desde una nube,

a ritmo de escalera mecánica.

Los ilumina, les dice:

Mi nombre es Gabriel

no tengan miedo

esto es bueno

Mariela fue escogida

para no ser nada,

sólo una maestra lesbiana

precarizada.

Estoy lejos

y lloro a media noche

cuando me despierta la resaca

es que soy tan regular 

¡Quisiera ser extraordinaria!

Mariela Gouiric ( Bahía Blanca,Argentina, 1985. Poeta, profesora de Artes Visuales, periodista, titiritera y feminista.

Nació en una familia obrera. Desde pequeña encontraba placer en las palabras, en la pintura, en mezclar colores. 

Es licenciada en Enseñanza de las Artes Audiovisuales. Participó en distintas muestras colectivas desde 2007. Publicó los poemarios Tramontina (ediciones Vox, 2012), Botafogo (Eloísa Cartonera, 2014), Un método del mundo (Blatt & Ríos, 2016, 2023), Este amor tan Grande (Mansalva, 2021); Las plaquetas Decime que se siente, se siente hermoso, (belleza y felicidad 2014) y pensaba que había un paisaje, pero (belleza y felicidad 2014). 

Gouric ha publicado también las novelas De dónde viene la costumbre (Random House, 2019), que obtuvo una mención especial del jurado del Premio Sara Gallardo 2021 y fue finalista del Premio Filba-Fundación Medifé, y Ese tiempo que tuvimos por corazón (Random House, 2023).

Además sus poesías han sido publicadas en distintos fanzines, revistas virtuales e impresas y en la antología 30.30 (emr). Actualmente vive en la ciudad de Buenos Aires. Integra el colectivo Serigrafistas Queer, coordina talleres de escritura y es docente de escuela primaria.

Su último libro: La verdad de la escritura, es un ensayo literario publicado por la Editorial Komuna. 

https://www.pagina12.com.ar/240659-entrevista-a-la-escritora-mariela-gouiric

https://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/la-luz-de-la-lata-sobre-los-ojos-la-poesia-de-mariela-gouiric

https://www.pagina12.com.ar/757079-escribo-contra-la-pobreza-contra-la-tristeza-contra-el-dolor

https://www.pagina12.com.ar/394661-este-amor-tan-grande-poesia-para-volar-por-los-aires

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