11 Poemas de Tamara Kamenszain

¿Ya hablé de la muerte?

murió mi hermano

murieron mis padres

murió el padre de mis hijos

tantos amigos murieron

y dije y digo que no están más.

¿Eso es hablar de la muerte?

Dejé anotado que se fueron

Les dediqué libros los nombré

por sus nombres me anoticié

de que nadie me contestaba.

¿Eso es hablar de la muerte?

Ensayé todo lo que pude

insistí con estribillos ajenos

“debajo estoy yo” “debajo estoy yo”

pero Pizarnik ya había nacido

enterrada Alejandra Alejandra

se hizo llamar desde chica

y eso sí que es hablar de la muerte.

Yo solamente la cito

porque nací en una generación

y eso no es hablar de la muerte

si el cuerpo camina solo

plegarse con otros al paso del tiempo

es un deporte literario:

“La muerte y la vida estaban

En un cuaderno a rayas”.

Destino

Dónde estará lo que sigue
me pregunto
mientras lo que quedó atrás
se parece
a un barril sin fondo
en el que es imposible buscar
un indicio para este futuro
que viene cabalgando lentamente
como una flecha de esas
que siempre van a dar en el blanco
aunque hagan un trayecto sinuoso
que a los ojos de ciertos ingenuos
puede parecer
errado.

1.

Poetisa es una palabra dulce

que dejamos de lado porque nos avergonzaba

y sin embargo y sin embargo

ahora vuelve en un pañuelo

que nuestras antepasadas se ataron

a la garganta de sus líricas roncas.

Si él me llama le dices que he salido

había pedido Alfonsina mientras se suicidaba

y eso nos dio miedo.

Mejor poetas que poetisas

acordamos entonces entre nosotras

para asegurarnos aunque sea un lugarcito

en los anhelados bajofondos del canon.

Y sin embargo y sin embargo

otra vez nos quedamos afuera:

no sabíamos que los poetas

gustan de volverse vates

mientras a las chicas en lenguaje inclusivo

la palabra vata no nos suena

porque las mujeres no escribimos

para convencer a nadie.

Por eso la poetisa que todas llevamos adentro

busca salir del clóset ahora mismo

hacia un destino nuevo que ya estaba escrito

y que al borde de su propia historia revisitada

nunca se cansó de esperarnos.

2.

Quisimos llamarnos como ellos:

por el apellido.

Rosenberg, Moreno, Bellessi, Gruss

y sin embargo y sin embargo

viene llegando la hora de los nombres

las uruguayas siempre tuvieron

nombre. Juana, Idea, Circe, Amanda.

Delmira, la primera divorciada del Uruguay.

Delmira, la primera víctima de femicidio.

Es claro que lo que empezó como poesía

tuvo que terminar como novela

porque Delmira ya se había divorciado

pero tenía cita con su ex marido

en una pensión de barrio

donde él la estaba esperando

con un revólver cajoneado en la mesa de luz.

“Él se suicidó sobre el pecho sangrante de la amada”

tituló El Día de Montevideo evitando hablar de ella.

Entre la metáfora modernista de un pecho sangrante

y la palabra femicidio que no existía

Delmira se las ingenió para hacer y deshacer con

[la lengua

lo que le quedaba por decir.

Extraño amado de mi musa extraña,

le había escrito ella a ese muso

que escarmentó el verso

hasta hacerlo sangrar.

3.

Cuando en 1999 escribí un ensayo sobre Delmira

me estaba separando después de 25 años

de matrimonio.

Lo titulé “La divorciada del modernismo”.

Me refería a ella, por supuesto,

y sin embargo y sin embargo

¿hablaba también de mí?

Lejos de querer desplegar

por la deriva de este confesionario

algún tonto guiño psicologista

mi pregunta va dirigida al corazón

de aquella vieja crítica literaria

que despreciaba la vida privada

en aras de una severa

pureza textualista.

Es cierto que el viejo biografismo

del que se reía Pezzoni en sus clases

fue un bochorno.

En el mejor de los casos resultó

en un no menos irritante

psicoanálisis aplicado.

Y sin embargo y sin embargo

los autores mientras escriben viven vidas

que valen la pena de ser leídas.

Barthes ya intuía eso que llamó

la nebulosa biográfica

volver a poner en la producción intelectual

un poco de afectividad, nos dijo mientras confesaba

“Terminé prefiriendo a veces leer la vida de ciertos

[autores más que sus obras”.

Y la vida de Delmira y la mía cuando escribí sobre ella

estaban conectadas. Mientras yo pasaba por el

[sombrío trámite

–”la sentencia de divorcio llegó por correo”, se

[queja Anne Carson–

anticipé los dolores del papeleo y puse

como epígrafe de un libro que estaba escribiendo

estos versos de Delmira:

“Ven, oye, yo te evoco.

Extraño amado de mi musa extraña”.

Y sin embargo y sin embargo

lejos de dejar que se desangre

la inspiración de la poetisa

suturé la boca de mis versos

para ofrendarle a la crítica

el producto medido callado digno

de una poeta.

Una vez más lo que empezó como poesía

tuvo que terminar como novela

porque yo solo quería que por fin

me llamaran por el apellido.

4.

“Poner una puerta en la boca de las mujeres

ha sido un proyecto importante de la cul-

tura patriarcal desde la Antigüedad hasta el

día de hoy. Su táctica principal es una aso-

ciación ideológica del sonido femenino con

la monstruosidad, el desorden y la muerte.”

Anne Carson

“Esas chillonerías de comadrita

que suele inferirnos la Storni”

escribió Borges como diciendo

los vates no gritamos

los vates no tenemos vida personal

no somos compadres de nadie

no sacamos los trapitos al sol

si nos enamoramos es del amor

y no de las personas que escondemos

debajo de la alfombra de la retórica

para evitar el escándalo.

“Me gustas cuando callas porque estás como ausente”

había escrito el joven Neruda.

Y sin embargo y sin embargo

lo que empezó como poesía

iba a terminar como novela.

Muchos años después la musa muda

que inspiró Los versos del Capitán

resultó no ser esposa sino amante.

El adúltero culposo lo confiesa en sus memorias:

para que las metáforas ilegítimas no lo delataran

decidió esconder su persona de autor

detrás del anonimato.

Pero esto no fue todo.

Para que el ardid resultara creíble

se inventó un prólogo de ficción

donde una tal Rosario de la Cerda

le envía a un editor el manuscrito

diciendo que su anónimo Capitán

lo había escrito para ella:

“Sus versos son como él mismo: tiernos, amorosos,

apasionados, y terribles en su cólera.

Era un hombre privilegiado de los que nacen para

grandes destinos. Yo sentía su fuerza y mi placer

más grande era sentirme pequeña a su lado”

dice Pablo Neruda de sí mismo

en una doble operación de vatismo extremo:

se traviste de mujer para hacerla callar

o para dejarla hablar únicamente

cuando se refiere a él.

Y sin embargo y sin embargo

para la segunda edición del libro

como el vate ya estaba divorciado

su ilustre apellido volvió a refulgir

en el esplendor de las tapas.

(Es lo que les cabe a los autores que nacen

para grandes destinos).

¿Y los críticos?

Respetuosos de la vida privada

ignoraron esta novela

y alabaron las metáforas nerudianas

aceptando que un Capitán sabe achicar

con el prodigio de su métrica

el cuerpo de ella:

“Diminuta y desnuda

parece

que en una mano mía

cabes,

que así voy a cerrarte

y a llevarte a mi boca”.

5.

La palabra femicidio

no la teníamos

la palabra muso

no la teníamos

la palabra vata

no la queremos.

Pero la palabra poetisa sí

aunque nos avergonzaba.

Yo no soy poetisa soy poeta

me dije una y mil veces a mí misma

a los 20 años

no soy Tamara soy Kamenszain

me quejé siempre que alguien por escrito

aludía a mi obra llamándome por el nombre.

Cuando las poetisas uruguayas ya eran

puro nombre

cuando en Argentina no había divorcio

cuando en Argentina todavía ni hay aborto legal

Uruguay pequeño paraíso vintage

se sigue adelantando a nosotras

porque las poetisas con nombre son

jóvenes viejas que si las leemos a nuevo

nos guiñarán el ojo más actual

para que la poesía de amor

renazca como renace

en unos versos de Cecilia Pavón que dicen:

“cuando voy en el colectivo, ex novio,

qué lindo es recordarte”.

Alfonsina volvió ex al suyo

en una operación tan coloquial

que anticipó a Pavón mientras escandalizaba

la sobriedad borgiana:

“si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido”

escribió con un pie en el mar

porque parece ser que lo que empieza como poesía

está destinado a terminar como novela.

6.

Yo siempre quise recuperar en el tango

la lírica ronca del amor

pero también la novela que les bailarines dibujan

sin soltar el ritmo implacable

de sus historias propias.

Y sin embargo y sin embargo

abusar de lo personal no me sirve

y abusar de lo político menos.

“Hoy vas a entrar en mi pasado”

dice el tango como recordando

que si el divorcio llegó por correo

ningún poema lo va a poder enmendar.

Entonces me pregunto a esta altura de mi edad

si es posible sortear las tachaduras del amor

o si es posible –como poeta como poetisa

o como lo que sea que fui soy o con suerte seré

por un tiempo más–

seguir escribiendo.

Porque si todo lo que empieza como poesía

irremediablemente va a terminar como novela

me debo estar pasando de moda

cuando creo que mi irrelevante vida

es un novelón, una de esas sagas

que leemos solo

para poder llegar al final.

Y sin embargo y sin embargo concluyo ahora

que lo que empieza como poesía

debería poder terminar también como poesía

porque si no hay nada más para contar

después de haberlo contado todo

cuando él me deje un mensaje de voz

yo voy a poder darme el lujo

de no contestar.

Chicas en tiempos suspendidos

Ana Frank

No hay sótano más oscuro
que este al que desciende el alma
para esconder con palabras
lo que debería decirse.
                               MUERTE.
Nos persiguen y por eso
dejamos constancia
de sobrevida.
Es un homenaje al ghetto
encierro precoz
donde la niña aprende a canjear
venticuatro horas en blanco
por segundo de escritura.

“¿Sucederá que vea

extenderse el desierto

hasta que también le falte

la caridad feroz de los recuerdos?”

se pregunta Ungaretti en El cuaderno del viejo

mientras mi vieja se aleja encorvada

hacia el desierto público de su desmemoria

desde la cabecera de la cama doble la interrogan dos retratos

pero ella no encuentra la contraseña

quiero guiarla pero se le suelta la lengua

es tu mamá es tu papá

¿te acordás cómo se llamaban?

Avanza protegida por lo que no dice su amnesia

y me pierde a mí en otro idioma

nos encuentran sueltas nuestras maternidades adoptivas

soy ahora por ella la hija que crece sin remedio

para dejarla decrecer tranquila entre mis brazos

así juntas nos vamos separando

trabajamos hasta el borde un abismo de sonrisas

porque hay otras fotos

y ella bien puede no acordarse de mí pero no importa

entre mi nacimiento y su muerte la de la alegría fotogénica

esa que me legó generosamente un parecido

todavía está viva y nada le impide

seguir siendo mi madre.

El eco de mi madre(2010)

Yo a esta altura de mi vida
me siento obligada a ser clara
aunque nada ni nadie me lo pida.
En un poema de 1986 me puse oscura
para decir algo que ahora
diría de otra manera.
Transcribo parte de ese poema con el único fin
de poder usar de nuevo sin avergonzarme
la palabra sujeta:
“Se interna sigilosa la sujeta
en su revés, y una ficción fabrica
cuando se sueña”.
Para mí lo urgente a esa edad era
graduarme de mí misma retener
como diploma de adulta mi nombre propio
en una celda impersonal.
Para eso tuve que recurrir a la tercera persona
como si en verdad los sueños de la otra
los pudiera descifrar Tamara.

El libro de los divanes (2014)

Cuando te casaste
atado de frente al juez en su registro
mis nervios rozaban en ramo tu antebrazo
sintonía para dos costados rumorosos
buscando por señas de nacimiento
juntar siluetas digitales en familia
reconocer a nuestros hijos
                                        por el parecido.
Cuando te casaste conmigo
                                        estábamos parados
mi edad de merecer en la cintura
y en el acento del sí colgadas las cabezas
para que los testigos, mudos de la diferencia
callaran al tiempo de copiarnos
línea por línea el rostro enloquecido
del matrimonio perfiles en un acta doble faz.

Como mi madre que a veces me trata de usted

y yo me doy vuelta para ver quién soy,

la amiga de Sylvia que perdió el voseo

la desconoce hablándole de tú.

Correctas educadas casi pomposas

estas rehenes del Alzheimer

ponen a congelar la lengua materna

mientras nos despiden de su mundo sin palabras.

Sin embargo si te canto tu canción infantil

la neurona del idisch se posa dulce sobre tus labios

y todo lo que nunca entendí en ese idioma

lo repito con vos viejita, y me queda claro.

El eco de mi madre(2010)

Poema 11

Sentada al borde de su memoria
me archivo como puedo en ese olvido que la trabaja
entre nosotras las palabras se acortan
ella no habla yo dejo de decir lo que decía
la dejo que no diga para no avergonzarla
juntas vamos armando un presente que no dura
en ese instante precoz mi madre se queda sola
porque yo como los tontos elijo seguir de largo
creo que a futuro todo me espera
mientras nadie a ella le da esperanzas
así separadas nos vamos juntando
la que oyó mi nacimiento me sienta en el borde
para hacerme escuchar por ella el anticipo de su muerte
vienen y van nuestros pasados compartidos
van y vienen nuestros futuros distanciándose
ella no sabe lo que yo no sé me pregunta ¿yo qué hago?
le contesto comé vestite dormí caminá sentate
el chirrido de su robot le hace caso por hoy
a ese minimalismo que habrá que reprogramar mañana.

El eco de mi madre(2010)

Decime quién sos vos.

No me falle mascarita

este espacio reservado

dedico, lo dejo en blanco

para que alumbre todo

pobrecita su identidad. 

Decime adónde vas.

De sus siete moradas

cuál es la que desocupa mi casa grande

con su celda adentro

vacía.

Teresa, Tamara,

qué hacés, me conocés,

no me juegue en el espejo

esta mala pasada

[. . .].

Celdas, casas, moradas

mujeres hay:

me acuerdo de tus consejos

querida amiga

en tu mesa de luz el libro

de Santa Teresa

alumbra la verdad de tu vida

el lleno sorprendente

de tu nombre colmado

como un vaso en la metáfora vacía

de reconocerse nosotras dos

idénticas.

Del otro lado del dormitorio familiar

fijo como una roca al espacio inhóspito del desalojo

ahí, más allá de los retratos de abuelos

señalando esa almohada que ya nadie usa

pegado a las valijas que esperan de pie

ahí es donde crece el fantasma del asilo

que espera paciente a mi madre para volverse real.

En puntas de pie entramos a espiarlo

detrás de un olor hay otro olor hay otro olor hay otro olor

y todavía más atrás de un quejido un ruido avanza

son sillas de ruedas que caminan solas

los desnudos y los muertos ponen el freno de sus sondas

a disposición de las enfermeras

alguien tiende la cama con fruición de sepulturero

en la sala de kinesiología inmovilizan a los inválidos en zapatillas

no encuentro la salida aunque las flechas la indican a cada paso que no doy

no la dejemos no la dejemos acá decimos a coro con mi hermana

que ella nos cuide, que ella nos proteja de lo que le toca

consolanos mamá de tu propio sufrimiento

porque el gasto de tu vida nos ahuyenta

poniéndonos como locas al borde de la salida

aunque la flecha que la señala ya atravesó tu cuerpo

y ahora todo lo que nos espera es una entrada

marcha atrás por el túnel de tu deterioro

ese que desde el primer parto programado

hasta el punto muerto de la última cesárea

va expulsándote sola suelta de tus propias hijas

afuera más afuera muchísimo más afuera todavía

de nuestro primer hogar.

Tamara Kamenszain (Buenos Aires, Argentina, 9 de febrero de 1947- Buenos Aires, 28 de julio de 2021)?.Poeta, ensayista, docente, bibliotecaria, periodista y editora . Estudió filosofía, trabajó desde muy joven en periodismo para después dedicarse a la enseñanza de la literatura . Es considerada una de las voces más influyentes de la poesía Argentina. Ha impartido cursos, seminarios, talleres y conferencias en universidades de Argentina, México y Estados Unidos. Ha sido asesora de diversas editoriales y coordinadora de actividades extracurriculares de la Universidad de Buenos Aires y asesora general de la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de Arte (UNA).Su obra poética ha sido traducida a varios idiomas,

Obra poética:  

De este lado del Mediterráneo (1973), Los No (1977), La Casa Grande (1986), Vida de living (1991), Tango Bar (1998), El ghetto (2003), Solos y solas (2005), El eco de mi madre (2010), La novela de la poesía (2012) y El libro de los divanes (2015). Chicas en tiempos suspendidos (2021)

Ensayos:

 El texto silencioso (1983), La edad de la poesía (1996), Historias de amor y otros ensayos sobre poesía(2000), La boca del testimonio (2007) , Una intimidad inofensiva (2016) y El libro de Tamar(2018)

 Premios y reconocimientos:

Premio Honorífico José Lezama Lima de la Casa de las Américas de Cuba, el Premio de la Crítica de la Feria del Libro de Buenos Aires, el Primer Premio de Poesía Latinoamericana Festival de la Lira, el Primer Premio Municipal de Ensayo, el Tercer Premio Nacional en el mismo género, la beca de la Fundación John Simon Guggenheim, el Premio Konex de Platino y la Medalla de Honor Pablo Neruda del Gobierno de Chile.

Artículos de interés :

https://www.pagina12.com.ar/359116-despedida-a-tamara-kamenszain

https://www.eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/entrevistas/item/tamara-kamenszain-no-existe-el-escribir-sin-leer.html

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