11 Poemas de Josefina de la Torre

Agua clara…

Agua clara del estanque.

Era un espejo del chopo

y alfombra verde del cielo

con reflejos de los árboles.

¡Oh , si yo hubiera podido

entrar con los pies descalzos

y ser el viento en el agua

y hacer agitar el chopo

De Versos y Estampas (1927)

La tarde tiene sueño

La tarde tiene sueño
y se acuesta en las copas de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

Me busco y no me encuentro

Me busco y no me encuentro.
Rondo por las oscuras paredes de mí misma,
interrogo al silencio y a este torpe vacío
y no acierto en el eco de mis incertidumbres.
No me encuentro a mí misma
y ahora voy como dormida a las tinieblas,
tanteando la noche de todas las esquinas,
y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,
que son fruto, sonido, creación, universo.
No este desalentado y lento desganarse
que convierte en preguntas todo cuanto es herida.
Y rondo por las sordas paredes de mí misma
esperando el momento de descubrir mi sombra.

Mis amigos de entonces

Mis amigos de entonces,
aquellos que leíais mis versos
y escuchabais mi música:
Luis, Jorge, Rafael,
Manuel, Gustavo…
¡y tantos otros ya perdidos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…,
¿por qué este hueco entre las dos mitades?
Vosotros ayudasteis
a la blandura del que fue mi nido.
Yo me formé al calor
que con vuestras palabras me envolvía.
Me hicisteis importante.
Con vuestro ejemplo,
me inventé una ambición
y tuve
vuelos insospechados de gaviota.
Gaviota, sí,
porque fue el mar mi espejo
y reflejó mi infancia, mis setiembres.
¡Amigos que de mí hicisteis nombre!
A la mitad vertiente de mi vida
hoy os llamo.
¡Tendedme vuestras manos!
Yo me sentí nacer,
para luego rozar de los cimientos
la certera caricia.
Pero de pronto,
un día me cubrió lo indefendible,
algo sin cuerpo, sin olor, sin música…,
y me sentí empujada,
cubierta de ceniza,
borrada con olvido. 
¿Dónde estabais vosotros, compañeros,
vuestras letras de molde, vuestro ingenio,
vuestra defensa
contra el desconocido ataque?
¡Oh, amigos!
Enrique, Pedro, Juan,
Emilio, Federico…,
nombres
que no responderán mi voz.
Manuel, Gustavo,
lejos…
Luis, Jorge, Rafael…
Que aunque el afán
vientos nos dé para encontrarnos,
ignoro en qué ciudad
y si llegará el día
en que vuelva a sentirme descubierta.

Quisiera

Quisiera tener sujeta 
la naranja de la tarde 
así entre las manos, fresca, 
sin la piel rubia y brillante, 
tirabuzón de la luna 
peinado por mi cuchillo. 
Qué sabor a fruta nueva 
ha de tener en los bordes 
el mar, la arena y el aire. 
¡Qué deseo de partir 
en dos mitades la tarde! 
Cuando la noche se asome 
a su ventanal de cobre 
se tragará la naranja. 
¡Ay, niña desconsolada!

Llevabas

Llevabas
en los pies arena blanca
de una playa desconocida.
Por eso
cuando a mí llegaste
no sentí tus pisadas.
Llevabas
en la voz desnuda
un compás de espera.
Por eso
cuando me hablaste
no pude medir tu voz.
Llevabas
en las manos abiertas
espuma blanca de aquel mar.
Por eso
de tu bienvenida
no pude conservar la huella.
Todo tú
venías en mi busca
y no pude reconocerte.
¡Arena blanca, compás de espera, espuma blanca!
¡Inquieto sueño de la verde orilla,
rizado de preguntas…!

Destino

Destino,
¿qué nombre es el tuyo,
cruel y despiadado,
que te enfrentas, altivo,
a la humanidad?
Destino,
que nos niegas el pan y la sal,
que desafías a nuestras vidas,
a nuestros horizontes,
al latido de nuestras venas.
Destino implacable,
inconmovible,
dura piedra
contra la que nos estrellamos,
pobres seres indefensos,
con las ilusiones
colgando de nuestras heridas…
Destino inhumano
que nos marcas ferozmente.
Toro asesino
que nos ensartas en tus astas
como peleles, indefensos.
¿Qué nombre es el tuyo,
granítico,
cimiento indestructible
que barres nuestros latidos,
nuestras arterias?
Ignoto destino;
a ti te son adjudicadas
todas las culpas,
todos los latigazos que recibimos
los esclavos de este mundo.
¡Ah, Destino enemigo,
rival indefendible,
adversario tenaz!
Te quisiera de frente,
cara a cara,
mis puños en tu pecho
de atleta presuntuoso
y golpearte
con mi eterna pregunta:
¿por qué?
¿Por qué esta herida
sangrante y desvelada,
vacía de respuesta?
¡Oh, Destino!
Y una y otra vez
lanzar mis puños
contra tu inexpugnable fortaleza,
hasta sentir tu sangre, ¡sangre mía!,
caliente fuego
de mi mortal miseria.

Mis años

Mis años compañeros,

años míos, inciertos,

niños desordenados

al salir del colegio…

Ya son dos y son tres,

compás del mismo tiempo,

maravilla segura

de inagotable anhelo…

Mi corazón latió

veintitrés balanceos.

Mi corazón amigo,

Buen profesor pequeño,

Y hoy no sé qué me pasa…

Y hoy no sé lo que tengo…

¿Es uno más, amigo?

¿Es uno más… o uno menos?

De Marzo incompleto(1947)

Cerca

Cerca. Palabra inutil.
Yo te busco
por donde llega mi distancia.
Cerca.
Seguro instante de sorpresas.
Dormido vuelo alzado
de mi, por mi.
Cerca.
Donde mi corazón te sienta:
pulso del mar,
tictac de la ausencia,
caminito seguro,
vaivén.
Cerca.
Donde la indecisión no deje
huella.
Donde palabra,
vuelta,
marque un signo seguro.
Cerca

De Poemas de la Isla

Poema a Benito Pérez Galdós

Yo noté al levantarme
que el día era sombrío;
sentí una gran tristeza
dentro del pecho mío.
Presentí, entonces, algo,
Y mi hermana me dijo:
—¿Sabes, hermana, sabes?
Se ha muerto don Benito.
¡Don Benito! Aquel viejo
que estaba cieguito,
aquel que me gustaba
porque me daba el cariño.
—Hermana, hermana, hermana,
¿ha muerto don Benito?
Todos, todos, lloraban,
todos, todos, los míos.
Y hasta mi pluma ahora
al escribir, sin ruido,
es como si callara:
¡Ya murió don Benito!

Compañero del alma, compañero

Allí, junto a la cama,
están tus gafas.
Sus cristales vacíos
son como dos lagunas sin orillas.
Las cojo entre mis manos
y las contemplo absorta.
Detrás están tus ojos,
los presiento,
ahondando la mirada,
y las apoyo con ternura sobre mi pecho,
como si tu cabeza reposara.
Las beso.
Son tus ojos queridos
mirándome
a través de la ausencia.
Tus ojos tan vitales,
en tus últimos días apagados,
tristes, mudos,
que me miraban en silencio,
anegándome el alma
de contenidas lágrimas.

Todos los días
llama a mi puerta el desconsuelo
Estoy vacía y su eco resuena
por todos los rincones de mi vida.
Se estremece mi sangre
que es un rio de hielo
al faltarme el calor de tu presencia.
No comprendo el idioma del paisaje;
qué quiere decir sol,
cielo azul, naturaleza,
aire.
No comprendo mi ritmo,
ni mi esencia,
ni por qué sigo andando,
respirando,
contemplando a la gente,
a los perros que pasan,
a los pájaros
que mi balcón visitan diariamente.
Ni por qué la mirada,
mis ojos,
abarcan el entorno que me envuelve.
Ya no comprendo nada.
El mundo se me ha vuelto
un compañero extraño
que camina a mi lado
y no conozco.
¿Qué quiere decir vida?
Ya no encuentro
aquel sabor que un tiempo me dejara.
Las palmas de mis manos
se cierran sin calor,
desconsoladas.
Que eran tuyos tu casa y tu paisaje;
que está en ellos la huella de tus pasos,
el hueco de tu cuerpo.
Y está la casa llena
de tu recuerdo.

(Poema dedicado a su esposo, Ramón Corroto, tras su fallecimiento)

Josefina de la Torre Millares (Las Palmas de Gran Canaria, España, 25 de septiembre de 1907 ?Madrid, 12 de julio de 2002). Poeta, novelista, cantante lírica y actriz, perteneciente a la generación del 27. Se la relaciona con el grupo de Las Sinsombreromujeres artistas y poetas adscritas a la Generación del 27, como Concha Méndez, Ernestina de ChampourcínCarmen Conde, Maruja Mallo, Margarita Nelken o María Teresa León.

Josefina nació en el seno de una de las familias mas importantes e influyentes de las Islas Canarias. Hija de Bernardo de la Torre y Comminges (hombre de negocios muy comprometido con el desarrollo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria) y Francisca Millares Cubas (hija del historiador, novelista y músico Agustín Millares Torres). Disfrutó de una infancia rodeada de cultura. Fue la menor de seis hermanos y, junto con ellos, recibió una educación basada en las artes. Aprendió a tocar el piano, el violín y la guitarra y fue su tío, el barítono  Néstor de la Torre Comminges quien descubrió la curiosa tesitura de su voz y la inició en clases de canto. Su abuelo Agustín Millares Torres había construido un pequeño teatrillo en su casa de Las Canteras, donde organizaba numerosas zarzuelas y obras teatrales en los que intervenían todos los miembros de la familia. Comenzó a escribir poesía a los siete años, y el primer poema que publicó fue a Benito Pérez Galdós, con motivo de su muerte, en La Jornada (Diario Liberal de Canarias) en 1920. Desde los trece años publicaba en revistas literarias.

Su hermano Claudio, novelista y dramaturgo gana el Premio Nacional de Literatura en 1923, y Josefina le acompaña a Madrid a recoger el premio y conoce a Pedro Salinas, Federico García Lorca, Rafael Alberti y otros intelectuales de la madrileña Residencia de Estudiantes.

En el estudio de su primo el pintor Néstor de la Torre, confluían los poetas de esta generación y se organizaban recitales y ella comenta que la acompañaba al piano Gustavo Durán, discípulo de Manuel de Falla y Joaquín Turina. Josefina llegó a publicar incluso un álbum de canciones rusas. Alli fomentó la amistad con Garcia Lorca.

Josefina publica su primer libro de poemas en 1927 bajo el título Versos y estampas, prologado por Pedro Salinas, el cual le acuñó la definición de “muchacha-isla”. En 1930 publica su segundo poemario Poemas de la Isla.

En 1931, se muda junto a su hermano Claudio a los estudios franceses de la Paramount, donde es contratada como actriz de doblaje para Un secuestro sensacional, de Alexandre Hall, donde dobla a la actriz Dorothea Wieck. Allí coincide con Luis Buñuel, que pone la voz a uno de los secuestradores del hijo de Miss Fanes. Vivió un romance con Luis Buñuel, pero, en palabras de Josefina, dice que como él estaba con otra persona, no continuaron la relación amorosa. Es también la actriz de doblaje de Marlene Dietrich. 

En 1935 regresó a Madrid, donde instaló su residencia, en un momento de su carrera en el que se quería dedicar de lleno a su carrera como soprano. En febrero de ese año da un concierto, acompañada al piano por Cipriano Rivas Cherif, en el Teatro María Guerrero que se anuncia como “Concierto de 1900”. Ingresa en la Orquesta Sinfónica de Madrid, donde llegó a ser solista, y en la compañía de zarzuelas del maestro Sorozábal. Además de intérprete, Josefina de la Torre Millares compuso sus propias partituras. La más conocida lleva por título Puerto de mar.

Durante la guerra civil volvió a su ciudad natal. Allí publicaría sus primeras novelas, algunas con estructura cinematográfica. 

Fundó, junto a su hermano Claudio y su esposa Mercedes Ballesteros (la baronesa Alverta de Codorniz), la editorial la Novela Ideal, donde se publicaban novelas cortas de amor y misterio, como un medio de solventar la crisis económica de la postguerra y firma bajo el seudónimo de Laura de Cominges. 

En 1940, se convierte en primera actriz del Teatro Nacional María Guerrero, aunque también formará parte de prestigiosas compañías como las de Ismael Merlo, Amparo Soler Leal y Núria Espert. En 1946 funda su propia compañía teatral, la Compañía de Comedias Josefina de la Torre, junto a Ramón Corroto, quien sería su marido, con la dirección artística de su hermano Claudio de la Torre. Tambien trabajó en cine y televisión . Su última intervención fue en la serie de Televisión Española Anillos de oro (1983).

También ejerce como guionista, en la película Una herencia en París, dirigida por el mejicano Miguel Pereira. En esta ocasión, Josefina elabora el guion a partir de una novela suya titulada Tú eres él, por el que recibe un accésit en los premios del Sindicato Nacional del Espectáculo .Años después publicará una novela, Memorias de una estrella, donde la protagonista es una actriz que abandona en pleno éxito “decepcionada” con un entorno que considera “frívolo” y “mezquino”.

En 1968 publica Marzo Incompleto, su tercer poemario, y en 1989 publica Medida del Tiempo, su último poemario. La muerte de su marido el actor Ramón Corroto, en 1980, se refleja en sus páginas.

En el año 2000, fue nombrada Miembro de Honor de la Academia Canaria de la Lengua.

Josefina de la Torre murió el 12 de julio de 2002 en Madrid, a la edad de 95 años. La prensa se hizo eco de la noticia, denominándola “La última superviviente de la Generación del 27”. Actualmente se considera a Josefina De la Torre como uno de los iconos de las vanguardias españolas del siglo XX. La academia española de las Artes y las Ciencias le rindió un merecido homenaje en la gala de los Premios Goya.

Enlaces de interés :

Las Sinsombrero

http://www.gobiernodecanarias.org/opencms8/export/sites/cultura/dlc2020/imagenes2020/RevistaDLC2020.pdf?fbclid=IwAR288fVMTKRIBVjifcGruVdNYVDmJwGwRkZZaH0uHkxSdFs4fjQYmIUXNLg

Josefina de la Torre: La Mujer-Isla

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