13 Poemas de Ana Emilia Lahitte

La niña extraña

Tenía un grillo entre las sienes

y sabía decir mariposa.

Lo demás lo ignoraba.

Un día descubrió que Dios no era una alondra.

Otro día

les dijo a las simientes

que sería más lindo brotar alas.

Al fin

se convenció de que en el mundo

hay demasiadas cosas sabias.

Y se fue despacito,

caminando,

caminando hasta el alba.

Primer universo

Margarite Yourcenar

tiende sus puentes al siglo XVII

y nos cuenta: 

“Basho dijo que en el día y la noche

somos viajeros de la eternidad”.

¿Y qué somos aquí en penumbra sin tiempo?

¿Es un peregrinaje o un destierro

el suponer estar adonde nunca llegaremos?

Este lugar no aplaca

la sed de nuestro cuerpo,

ni es morada la casa en que vivimos

sino la que amamos en el pulso desierto.

Breves eternidades se suceden,

sin regreso.

Y no es la soledad, no es el vacío.

Es la errancia final por la certeza

de haber deshabitado el primer universo.

a Daniel Ponce

La inadvertencia

Hemos hablado de los hombres y de cuanto les ocurre a los hombres,

como si la humanidad fuese un planeta inmerso en nuestra sombra.

.

Hemos creído despoblar el silencio

nombrando cada cosa, encadenándola y encadenándonos

a su significado. Sin advertir que cada ser genera mundos breves

que huyen hacia la libre prisión del universo.

a María Rosa Lojo

La jaula

Quién soy,

sola de mí, para violarme

con verdades ajenas

si aún las propias no han sido

deslindadas.

.

Quién se interna en la palma de mis

manos

luego de cercenarlas.

.

Quién me vacía, huye y no regresa

sin despojarme de la amarra.

.

Quién seduce mi cólera,

penitencia incendiada.

Me atrevo a liberar en mis arterias

los ángeles salvajes

que fueron propiedad natal del alba.

.

Enclaustrada

en una libertad que me condena

a su sed cavernaria

abruman las respuestas.

.

Entreabro la jaula.

Ana Emilia Lahitte y el poeta César Cantoni, 1978

Los chicos de la calle

Oh, niños asesinos, oh salvajes antorchas.

Cortázar

Ragazzi di vita

los llamó Pasolini

con su piedad adversa

desollada.

.

Y nos los deja así

sin otra identidad que la mugre

y la llaga.

.

Debajo

del abrigo de su costra de escaras

-cristos breves-

los chicos de la calle

no saben todavía que su sombra atrapada

crece

para la historia de la infamia.*

.

El dolor

nunca es niño.

Y en ellos ni siquiera es dolor.

.

Es una humillación

de la esperanza.

*Borges

El cuerpo

A Jorge García Sabal y Alfredo Veiravé

Asumo 

en huesos frágiles

 el esplendor del ser y su destierro 

mi médula salvaje

mi ambigüedad tajeada por las uñas de Dios.

1

El cuerpo.

.

Sólo somos

 su huésped transitorio.

.

Su más desheredado habitante

 mortal.

2

Desde 

el alba del hueso 

la carne

 es un latido anterior a sí misma.

3

La carne

 sólo piensa cuando el pulso vacila

 y en su lugar se instalan

 los enigmas.

4

Cuando la carne aúlla

 o se desangra 

el hombre resplandece en su verdad

 de sed 

de lumbre y brama.

5

Entre la carne altiva 

y sus jirones 

un cielo sumergido todavía 

sin playas.

6

La carne.

.

Su batalla

 entre la seducción y el desengaño.

.

De lo humano hereda la imprudencia y el goce 

de exponer su intemperie desnuda

 ante los astros.

.

Como único escudo la piel.

.

Ese milagro.

7

Mis pieles sucesivas

 obsesivas 

fueron aniquilándome 

devastándome

 al parecer en apariencia

 y rescatarme luego 

en carne viva.

8

Nuestros pequeños universos

 huyen 

como huyó todo lo que sombra tuvo

 y fue

bajo la piel.

9

Llevo 

en carne abierta

 los trofeos

 de la resurrección y el desarraigo.

.

Y en los cuerpos ajenos

 el gran riesgo

 de amarlos.

10

Amo 

esta carnadura

 que sigue contemplándome 

debajo de mis párpados.

 Amo

esta muerte viva 

clandestina

 que siempre se me muere antes de tiempo 

y siempre resucita.

11

Quizá 

tras evadirme de las venas 

y el tiempo 

sueñe volver a ser junto a mi sombra

el reverso del fuego.

12

El fuego. 

Siempre el fuego.

.

Nadie

 podrá jamás

avasallar 

su llama 

sin apagar el mundo.

13

La carne 

es una amante

 que hasta el fin se desnuda.

.

En ella

 hasta el dolor se asemeja

 al deseo.

14

Los instantes 

son ya evanescencia.

.

Si nos desintegramos

 es para asir mejor la madera

 infinita.

15

Agotado el combate 

la soledad nos nace como una herrumbre 

estéril abierta impredecible

 en su aire de piedra.

16

Como zona de riesgo

 elijo el espejismo de mi primera

 eternidad.

Altri tempi 

Las salas enfundadas como inmensas corolas. Y un secreto soleado:

el país de los patios. (Se decía glicina, heliotropo, diamela,

como hoy se dice ADN, sidaico). Aquel cielo privado,

con chicos y canarios y huertos y murales de macetas pintadas,

era de veras cielo. (Entonces lo ignorábamos).

Nunca imaginamos que lo fuese, hasta ahora, en que hemos

cumplido nuestros propios infiernos. Aquellos cielos

bajos, a ras de tierra, humanos. Todavía a salvo. Allí donde ser niño

era tener abuelos en la casa y amarlos,

dejándolos vivir libres de vaciaderos de viejos:

adiestrados espectros que siempre se demoran demasiado

en morir y dejar limpio el mundo,

que ya no tiene patios, ni destino, ni tiempo.

.

Ser niño era pedirles que nos dieran la mano, porque teníamos miedo.

Y volver a pedirles que nos contaran cuentos, (que eran verdad,

ahora lo sabemos). Y llorar junto a ellos penitencias y encierros:

?había que educarnos…? (Se decía señor y plegaria,

respeto, con manso olor a incienso y a sopa obligatoria,

a almidones y ungüentos).

.

Se decía Maestro y en el cuaderno único cabía el universo.

El padre, con arrestos de patriarca doméstico, tenía ?autoridá?.

Y la madre, dulzura (por amor o por tedio).

Lo cierto es que la casa nunca estaba vacía

(la mesa familiar, otra inútil reliquia) y la abuela, el abuelo

?una especie de puerto del buen regreso?

eran sencillamente viejos: con todos los derechos a morir

en su casa, en su cama, en su llaga, en su pulso, en su tiempo.

Sin adiós intensivo. Sin pactos terminales de abandono y silencio.

En fin, sólo fantasmas de cielos y otros tiempos.

El Poema

1

Amo

el dios certero

que me devora y calla

cuando pienso.

2

Un ritual obsesivo

acecha 

mis palabras.

¿Seré yo quien las mata?

3

Inmediatez

de lo indescifrable

el poema.

Lejanía de sí mismo

el poema.

Silencio

del silencio de los astros

Riqueza

de quien nunca llegará

a pronunciarlo.

4

El pulso del poema

se hace cargo de una preñez

absorta

que nadie ha fecundado

todavía.

5

El poeta

asume con gozosa ignorancia

la herida profecía

de ser

su propia presa

.6

No le basta

al poeta

vislumbrar la escritura

huyente del poema

perdiéndose en la oscuridad.

exige

el poema.

O la oscuridad.

7

Batallar del poema.

Roer

hueso por hueso

hasta morir

de hambre de universo.

8

Como

un vino de carne bello y oscuro

nos invade el poema.

Indefensos desnudos azorados

latimos en un pulso

que entreabre silencios.

Y dejamos de ser criaturas

fugaces.

La soledad se entrega.

9

Con un fulgor de parto

o de suicidio

se abre la noche.

El nombre del poema

ha sido escrito.

10

Solemos olvidar

que la poesía es un instante

sabiamente clausurado

antes de que aprendamos a pronunciar

la eternidad.

11

A la poesía y a la muerte

hay que merecerlas.

Autorreetrato

Me miro en el espejo.

Una mujer avanza

desnuda

sin heridas aparentes.

Es una hembra espléndida

en épocas de celo

tal vez.

Pero ya muerta.

En carne y sombra altiva

despoja sus silencios.

En silencio

un idioma de albatros

la sustenta.

Se yergue luego

intacta

con dignidad de hiedra.

Y asomada

a sus muros

de lumbre y soledades

espera.

Cetrería

Liebre, venado, faisán.

No me atrae la caza
ni me gusta alinear la carne roja
en bandejas de plata.

Pero el halcón
acaba de traerme tus ojos.

Amo la cetrería.

Mañana
ha de traerme tu mirada.

Los Rostros

Al fin,

se echa a rodar aquella vieja herencia

que el tiempo, indomable, les arroja a los perros.

Y había cosas bellas,

como en los basurales o en mercados de viejo.

La luz decapitada yace allí,

evanescente, pavorosa de espectros.

Todo es pasión secreta, revés del sortilegio.

Máscara descarnada y aún sangrante

del rostro verdadero.

Algunas maneras de ensayar el adiós

1

Cada latido,

pendular, descalzo, regresa al universo.

2

Somos lo que no vemos.

Somos lo que ignoramos. La sombra es la única constancia

del aún estar después de haber huído.

.

4

Amo el temblor radiante de mi propia intemperie.

.

5

La desnudez fue siempre mi guarida secreta.

.

6

Costó tanto

inventarse, cavarse, mutilarse,

antes de regresar al fondo del espejo.

.

10

Lo importante es la sed.

Ser un mismo desierto.

.

13

Fascina

. Este límite

Donde el haber vivido se desprende como la piel de una serpiente.

.

18

Sí,

las heridas son el mejor manuscrito.

.

32

Envejecer es esto,

recordar vagamente la piel de los amantes.

.

37

Sólo creo

en los ángeles heridos,

en su examen de luz en los infiernos.

.

38

La duda es un extraño paraíso

donde Dios puede al fin dejar de ser eterno.

.

42

Amo secretamente el casos que me ama.

.

44

Es difícil morir.

Mas difícil aún saber si estamos vivos.

Encrucijadas

Llamamos vida
a esta encrucijada entre la
soledad
y el universo.

Lamamos muerte
a esta insomne evidencia
del adiós.

Ana Emilia Lahitte (La Plata, Argentina, 19 de diciembre de 1921 – Íd., 10 de julio de 2013). Poeta, novelista, dramaturga y periodista. Lic. en Psicología. Fue directora del Centro de Documentación e Información Pedagógica del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires; Asesora literaria de Radio Universidad Nacional de La Plata; Secretaria técnica del Departamento de Teatro de la Escuela Superior de Bellas Artes; jurado de premios provinciales, nacionales y extranjeros.

Lahitte publicó 24 libros (poesía, narrativa, ensayo ,teatro y periodismo).

Algunas de sus obras publicadas son : 
Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), Insurrecciones (2000),Summa de poemas, 1947-1997 (antología, 2001), 
Memorias del Adiós (2004), Los abismos, El cuerpoCielos y otros tiempos, Sueños sin ecosLos dioses oscurosEl padre muere (2006), Gironsiglos (2006). 

Es importante destacar entre sus ensayos y compilaciones poéticas: Veinte poetas platenses contemporáneos (1962), María de Villarino (1966), Roberto Themis Speroni (1975),
Cinco poetas capitales (Ballina, Castillo, Mux, Oteriño y Preler, 1995).

Obtuvo, numerosas distinciones, algunas de las cuales son: Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Puma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994), Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999), Premio Página de Oro y Letras de Oro de Honorarte.

Su obra ha sido incluida en diversas antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano, catalán y portugués. Forma parte del Inventario de Poetas en Lengua Española -segunda mitad del siglo XX- trabajo de investigación realizado conjuntamente por la Universidad Autónoma de Madrid con la Asociación Prometeo de Poesía, de España y tambien  ha sido incluida en el Breve Diccionario Biográfico de Autores Argentinos -desde 1940- realizado por Silvana Castro y Pedro Orgambide, Ed. Atril, 1999.

En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre.

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