15 Poemas de  Patricia Karina Vergara Sánchez

Legado

Hombre que llegaste del viejo mundo,

fuiste tú quien violó a mi madre.

Cierto es que vengo de una lucha primigenia

entre el semen invasor y la sangre que resiste.

Eso no te convierte en mi padre.

No te reconozco.

Solamente eres el maldecido de estos labios.

Tú, has puesto triste huella en esta tierra, 

has mordido estos frutos y robado las semillas, 

has traspasado al jaguar con tu espada.

Eso no te convierte en el amo,

tan sólo eres el ambicioso agricultor de destrucción.

Por ello, es horror lo que se cosechó de tu siembra.

Tú, que naciste en siglos más recientes,

pero que, tambièn, te apropias de estos “exóticos” saberes,

que dices traducir, difundir, acercar, interpretar mis palabras

y que, sin embargo, terminan en un libro firmado con tu nombre;

sigues construyendo catedrales, sobre sitios sagrados.

“Mestizaje”, “unidad nacional”, “culturas hermanas”…

El discurso generoso de quien de todo se ha apropiado.

Mientras tanto, 

los niños blancos juegan en el Mcdonalds de las colonias de lujo

a ser, creen que serán, los dueños de todo.

Mientras tanto,

miles de niñas y viejos color de tierra han muerto de hambre, 

millones de injusticias sobre esta piel van ocurriendo a diario.

De la invasión, más de cinco siglos hace.

Sin embargo, es apenas un soplo de historia.

Hay pueblos que más de cien décadas resisten.

Hay pueblos que un día vuelven a ser libres.

Desde aquí, miro a mis hermanas, a mi gente, a las abuelas,

danzando, pies desnudos, a la Tonanzin Tlalli, Coatlicue.

Sobre el asfalto, desafiantes, ante los edificios del invasor.

Memoria valiente de quien sabe el lugar de los antepasados.

Pese a la mirada atónita del gringo y su foto del recuerdo.

Pese al empresario que se imagina cómo hacer negocio

de una invocación intocable.

Pese a todo,

cada danza sagrada arranca una piedrecilla, 

apenas imperceptible,

desmorona, lentamente -canto a canto-, 

la fachada del poder de los templos coloniales.

Cada latido, labor de pequeñas hormigas pacientes.

Trabajo de artesana espléndida que hilo a hilo, 

desde el telar, nace otro mundo colorido.

Cada ráfaga de aroma proveniente del popochcomitl 

despierta la memoria colectiva, combatiente.

Cada grito de atecocolli, es una promesa:

Vive la resistencia. 

Un día, se hará justicia.

Palabra

Me niegas el derecho al nombre. 
No puedo llamarme “poeta”. 
No lo merezco. 

Dices que no soy buena, 
que no tengo técnica, 
que no cumplo reglas 
ni estándares académicos. 

No te declares mi enemiga. 
Estamos de acuerdo. 
No soy buena, 
no tengo técnica, 
no cumplo reglas 
ni estándares académicos. 

Mira, que a mí no me sirven las palabras constreñidas, 
las que están encerradas en un aula 
o en el salón de los reverenciados. 
No busco, 
no quiero, 
no necesito 
los premios y reconocimientos que son todos tuyos. 
Los otorgan los hombres en el reino de los hombres, 
no soy yo quien vaya a intentar complacerlos. 

Estoy en otro sitio. 
Desde aquí escribo del lenguaje del vientre nuestro. 
De esa palabra secreta y obvia, 
de aquello de lo que el patriarcado no entiende nada. 
Ni metáforas complejas 
ni polisemias 
ni adornos dorados en salas iluminadas. 

Mi palabra es la que late con nuestras voces. 
El canto sencillo de la niña, 
el aullido de la madre, 
la furia contra el canalla. 
Esas cosas que a ellos no les importan, 
mucho menos les significan.

Soy, apenas, un grito en la marcha, 
un verso pintado en la pared de una villa, 
una lectura con el megáfono en la boca, 
un acto callejero de quien busca sanar, 
el alarido de una garganta agotada. 

No pierdas la paz conmigo. 
Mis letras son humildes, 
palabras desde la insignificancia. 
Si no te gusta llamarme “poeta”, no pasa nada. 
Mira, que soy tan pequeñita 
que no necesito tener nombre autorizado, 
Puedo llamarme de cualquier modo y seguir aullando. 

Me gusta, por ejemplo, 
cuando me llaman “panfletaria”. 
Me visto de consigna política y voy versando por los barrios. 
Cuando me nombran “loca”, 
por las noches, 
mis gritos psiquiatrizados les erizan de miedo la piel 
sin que puedan evitarlo. 
Y, cuando me dicen “desadaptada”, 
me les carcajeo a boca abierta 
para salpicarles de saliva toda la cara. 

Arte popular, si así más te gusta. 
Podría ser yo una artesana de versos. 
Fábrica de jicaritas para contener 
agua de palabras, 
para la sed de otra munda 
que es con las que me acompañan. 

Lo cierto, señora, es que tienes toda la razón. 
Brillante como la razón pura. 
Habita el Olimpo, disfruta. 
No te lo disputo. 
Me quedo en donde estoy, a mí me basta. 
Me gusta ser ésta, 
apenas una escribana de mi rabia 
y de unas cuantas victorias de mis revoluciones ya logradas.

Te observo

¿Cómo será vivir con la piel hermosa e inmaculada?
¿Cómo será portar el color de la harina de trigo
y que nadie, nunca, te llame fea, sucia o pobre
con gesto de desprecio? 

Cómo será crecer con la cotidiana alabanza
a tus ojos despigmentados.
A tu cabello de rayos de sol del mediodía.
A tu cuerpo hecho de los mejores alimentos,
cubierto de telas 

que se pagan con un mes del salario de nosotras.

Olor a jabones exóticos.
Confianza sin límites en cada gesto propio.
A sabiendas de que cada error puede ser reparado.
O, siempre se sugiere, negar que sucedió.
Cada inconveniente puede ser cubierto,
para eso son las montañas de dinero.

Dormir sabiendo que nadie puede arrancarte el abrigo.
Ni despojarte del techo que te protege.
Tener títulos y propiedades.
Que nadie pueda robar la tierra que pisas.
Que la nevera esté llena de manjares.
Que el médico venga hasta tu puerta.

Cómo será poder narrar, con un poco de hastío,
las historias de tus viajes por el mundo
y cómo has extraído lo mejor de cada sitio.

Cómo será nunca haber caminado las calles
sin tener una moneda para el bus,
con hambre,
con dolor por dentro,
con terror a los pasos que te persiguen.

¿Cómo será habitar ese cuerpo y esa vida?

Portando esa piel tuya, tu cabello, tu olor,
tu estómago satisfecho;
eliges -en sofisticado buffet-
qué saberes saquear,
de qué creaciones apropiarte,
cuánto trabajo explotar,
cuánta sangre exprimir.
Entre brindis y sonrisas,
acumulas una jornada más de abundancia.

¿Qué se sentirá ser tú?
No lo sé.
Tú y yo habitamos en esta era
y estamos en lugares distintos del tablero.

Mis saberes y mis haceres
son muy capitalizables en tu academia
y en la teoría que todo lo exotiza.

Mi voto
te sostiene habitando en un palacio de gobierno lujoso.
Quedas muy bien en la foto,
portado mi huipil y sonriendo a mi lado.

Mi trabajo, mi inteligencia y mi sudor
se vuelven riqueza y sostén de tus empresas.

De mi útero arrancas a mis hijos,
hijos que tú no gemiste.

Mi vida, la miseria, mi sexo y mi dolor,
son placer para tu perversión necrófila
en los mercados de la sexualidad.

No logro saber qué se siente ser tú,
ni siquiera puedo imaginarlo.

Sin embargo, estoy mirándote.
y, ahora, puedo ver atrás de tu sonrisa amigable.
Te estoy descubriendo los colmillos.
Tus acercamientos son fauces abiertas,
deseosas de masticar mi carne.

Mujer Rio

Ella era
mujer tierra,
mujer torrente de agua limpia,
mujer palabra lenca,
mujer resistencia.

Hace un año, ya, que la asesinaron.
Las balas son mensajes hechos plomo
de la maldad de los dueños
de las hidroeléctricas,
de las mineras,
de los madereros,
de los gobiernos;
de todos los que venden 
éste, nuestro mundo,
como si fuera suyo.

Sin embargo, 
la tierra regada de injusticia, 
florece rebeldía
Aquellas palabras que intentaron silenciar,
resuenan en ecos poderosos e inasibles.
El temblor del miedo primero,
se convierte en cientos de rabias organizadas.
Berta vive.
Berta renace en dignidad colectiva.
Berta tornó
en caudaloso río, imparable, de agua insurrecta.

Agua que no se derrama

Desmoronas al mundo,

en tu hacer de cada día.

Parece que sabes que es tu tarea,

más importante que cualquier otra.

Como si al amanecer enumeraras los deberes:

Lavar la ropa.

Patear al patriarcado.

Alimentar a las gallinas.

Acompañar a una amiga.

Traer los víveres.

Silenciar a un misógino.

Coser la falda roja.

.

Vas por la calle, para el mercado,

detienes, retadora, la mano del acosador

antes de que toque a la niña.

.

Confrontas

a la que se ha pintado de rubio el cabello,

le preguntas que si no se mira morena en el espejo.

.

Asistes a misa y le dices al curita ese

que qué panzón está hoy

y qué flacos andan los niños.

.

Cuando te señalan los corrillos

que por qué eres madre sola

contestas que te tienes contigo.

.

Cuando te pregunto

que por qué te llamas feminista

qué entiendes tú de la palabra esa,

en esta provincia escondida

.

Tú me dices que te imaginas,

que tal vez, que ha de ser,

como cuando hay sed en este pueblo.

Cuando las mujeres acarrean las cubetas de agua,

se ayudan, todas juntas, todos los días

… por el mismo camino.

Retumba

Un hombre asustado

dijo que mis versos sonaban a tambores de guerra.

Habría que considerar que en ese entonces

todavía no había juntado tanta ira,

como la que hoy tengo lista.

Yo no creo en las guerras,

pero sí en detener el golpe, en la acción constante, directa,

en mirar a los ojos del agresor, en no permitir más heridas.

Dicen que, entonces, mis versos son provocaciones peligrosas,

confrontación abierta.

Como si el calificarlos lograra hacer que guardaran silencio.

Como si las palabras pudieran ser arrancadas de la ignominia,

cuando la nombran.


No hay silencio posible. No pueden hacerme muda.

Mis versos resuenan con la fiereza de esta insolente

mujer, lesbiana, otra

que se declara insumisa, desobediente.

Que se reconoce en desacato permanente ante la injusticia.

El hombre tiene un palo y golpea a la niña.

El hombre tiene un arma y asesina a Marisela.

En Coppel encierran a seis mujeres,

las queman vivas.

Los policías reprimen y persiguen a las que se manifiestan.

El comisario tiene dinero y da su versión en la prensa de la verdad,

y de lo que se le da la gana.

La gente tiene dos pesos que gasta con angustia

y pone bajo el tapete, para luego, para nunca;

a las asesinadas, a las heridas de hoy.

Yo tengo poca cosa, pero me basta.

Tengo boca, tengo puños, tengo versos.

Tengo memoria de tantos agravios.

Tengo estos tambores de vida que claman por vida.

Que cantan mientras marcho buscando veredas.

Que proclaman a cada golpe de baqueta

un latido único, constante, urgente.

Ya no más. Es la hora:

Autodefensa

La fea

Me avisas que soy fea.
Lanzas tu voz con intento de dañarme,
como grito que debería volverme sorda.
Pretendes que me duela saber lo horrible que soy
y que me quede sin aliento por el golpe de tus palabras.
Tratas de que, así, me silencie.

Vienes a nombrar el tono de mi piel,
piel color de barro.
Los rasgos de mi rostro,
los mismos de mi madre fuerte,
de mi abuela digna.

Nombras mi cuerpo gordo.
Mi cuerpo enorme,
que ocupa su lugar en el mundo.
Las enredaderas que crecen en mis piernas.
Los nidos de golondrina bajo mis brazos.
Mi cabello desordenado y vivo,
Medusa que te aterroriza.

Ciertamente, soy desagradable,
terrible, horripilante y andrajosa.
Soy un espanto, no me cuentas nada nuevo.
No me parezco al objeto de tu deseo,
y me alegro.

Tú vienes a señalar lo obvio,
esta ridícula que soy.
Yo carcajeo con mi boca desdentada,
con las manos sobre mi vientre gigantesco,
con mi desagradable gruñido nasal.

Noticias:
Lo he logrado.
Soy Gorgona,
Ixtabay,
la mantis a la que temes.
Me amo.
No puedes poseerme.

Violación


Aullaban los perros el mal presagio, 
vino el monstruo a buscarme. 
Traía consigo una promesa de destrucción. 
No tenía ojos, pero supo esconder su rostro. 
Por eso no sospeché, hasta que fue tarde. 

Esa noche conocí a qué huele el horror. 
No podía mover mi cuerpo, temblaba espanto. 
Metió sus dedos-garras en mi vagina. 
Yo gritaba, pero no paró. 
No entendía de piedad. 

II
Mil veces me pregunté por qué 
¿De qué cosa sagrada me quería despojar? 
¿Del útero de mi creación?, ¿qué intentaba llevarse de mí? 
¿Qué fue lo que sus garfios pretendieron arrancar? 

¿Habría podido devorarme? 
¿Creyó que podía sustraer la luz que me sostiene? 
¿Creyó helar el calor de mis entrañas?
¿Apropiarse de un pedazo de mí, para sí? 

¿Fue ese zarpazo un intento de llevarme a pedazos? 
O, por el contrario, 
el hedor que le carcome es tanto, que le desborda. 
Quería dejar algo de ello en mi cuerpo; 
hacerme compartirlo, también llevarlo. 
Insecto que deposita su larva siniestra en ser viviente, 
para que le coma por dentro. 
Dentellada envenenada de muerto en vida, 
que pretendía expandir su maleficio. 

¿Qué fue, por qué la pesadilla? 

III 
Después, 
todo era silencio. 
Grité con la boca abierta, 
pero todo fue silencio. 
Cielo gris. 
El cuerpo aterido de frío. 

IV 
Sin embargo,
nada fue transformado. 
El monstruo sigue siendo monstruo. 
Finge de día ser pobre diablo. 

La carne que arrancó de mi cuerpo 
es ahora polvo que ya no le nutre. 
Esa es su tragedia, 
su peste sigue contaminando todo.

Monstruo sigue siendo monstruo. 
Haga lo que haga. 
Se disfrace como se disfrace. 


Yo fui remolino de dolor, 
pero como estoy hecha de viento, 
torné ráfaga. 
Como soy agua, 
evaporé hacia el ocaso azul violeta. 
Como soy fuego, me guardé, 
ceniza silenciosa-espera. 
Como soy tierra, 
recorrí caminos nunca antes transitados 
-a pesar de quien quisiera pisarme-. 
Como soy éter, 
disolví el tiempo hasta otro tiempo. 

VI 
Así, ahora lluevo, 
soy agua risueña con tintes de atardecer. 
Tierra roja siempre renovada y fértil, 
abierta a nueva semilla. 
Éter transmisor de energía inasible. 
Carbón ardiente que resiste cualquier tormenta. 

Sobre todas las cosas, 
me descubro viento. 
Soy mujer viento, 
estoy hecha de viento 
que embravece al mar, 
que aviva el fuego, 
que transforma la tierra, 
que danza en abrazo esencial con el universo. 

¿Qué pueden las garras malignas contra el viento? 

No pueden atraparme, 
no pueden tocarme.
Me elevo, 
me limpio. 

VII 
Soy mujer viento. 
Voy girando. 
Un día seré huracán.

Desde la insignificancia

¿Cómo te atreves?

Insolente.

Pretendes calificarme

sin saber cómo se vive

desde la orilla del acantilado.

Tú, ostentando propiedad

del mundo

de su idea moral

y del buen proceder.

Te estorbo tanto,

que sería largo

tratar de enumerar,

en exacto,

aquello que juzgas.

Que me he negado

a ser tu musa

o la imagen étnica

que te justifica.

Que me he cansado

de la servidumbre.

Que estoy harta

de la incondicionalidad absurda.

Probablemente,

es porque tomé la opción

de abrir la mirada,

de escuchar mi voz,

de nombrar a mi hermana,

y hube de apropiarme

de mi hacer autonomía.

Entonces, me acusas:

Que soy vanidosa.

Que me falta sabiduría

– para entender tus reglas.

Que de mi boca salen mentiras

– porque no me puedo tragar tus verdades.

Porque tomé la palabra.

Porque inventé mi camino.

Me llamas infiel.

Otra vez soy la hereje.

Nuevamente, la pecadora.

Tú, desde la altura iluminada,

sentencias, como si pudieras,

sobre el alma mía,

y me llamas mujer de oscuridad.

Desde tus altares,

ante tus tribunas,

empuñando tu cetro.

Has ordenado desfigurar

la imagen de mi rostro.

Has intentado borrar mi nombre

de los testimonios.

Pero,

no logras el olvido

de mi existencia.

Déjame, déjame.

Elijo ser la paria.

La infecciosa.

La insuficiente.

Me quedo aquí,

vanidosa,

instintiva,

con mi inteligencia poca,

con mi verdad sombría.

Me quedo aquí,

sentada en mi soberbia.

Ya que una cosa entiendo.

Una sola, es cierto:

Si ando tan errada;

Si tengo el camino tan perdido;

Por qué insistir en negar

lo que no cuenta.

Por qué tú, desde el poder

te ocupas de contenerme,

de acosarme, de acorralarme.

Por qué, si soy apenas nada.

Por qué, entonces,

mis preguntas abren grietas.

Por qué, si cuestiono yo,

tú y tus jerarquías remojan cimientos.

Por qué, si abro yo la boca,

tú tiemblas

Ex-céntrica

Tam Tam.

Tam, Tam.

Tam, Tam.

-Golpe de baqueta sobre tambor-.

Compañeras:
Las invito, guardemos la cordura.
Tam, Tam.

Tam, Tam.

Tam, Tam.

Por favor, sí, guardémosla bien,
en un cofre y con dos candados.

Para hablar, imaginar, construir,
hacer, nacer, entre éstas,
feministaspeligrosasradicales,
en la raíz de este amar a las otras,
a ti, a mí y entre nosotras.

Propongo, hagamos acta de cenizas
usemos esta suave fuerte lengua
de poca validez objetiva y ecuanimidad,
que sólo de afecto y caricias entiende.

Pongamos esta cuerpa, que vibra
con la cercanía de las cómplices,
que hierve furiosa ante lo injusto,
que acompaña desde la ternura.
Sintamos como late así, así
esta matriz nuestra, acogedora.

¿Qué tiene de malo, qué tiene,
qué tiene, la cordura insuficiente?

Tam tam.

Tam, Tam.

Tam, Tam.

Desde este lugar…
desde esta dicha…
sin grandes y lujosos edificios,
ni fotos y titulares en periódicos
ni diplomas en papel moneda
desde el instituto, en la academia,
en la ONG, en el cargo -todo-
con perspectiva de género;
por cuotas o por la nueva ley
que no incomoda, corrompida,
antes de estar en papel.

A mí me queda esta locura,
Semi-locura, locura total, loca furiosa,
loca de atar, insalubre, ex– cén– tri- ca.

Demencia
que se niega a padecer diagnóstico.

La risa abierta, incontrolada, la sinrazón.
Promesas de bailar bajo la lluvia,
de la utopía…
de la peligrosísima utopía.

Es este mundo cierto que construyo
todos los días, a cada hora, lo respiro.

Es la complicidad con otras despojadas
de la buena y burguesa razón moderna,
de la astucia comodona postmodernista.
Sobrevivientes, nosotras, herederas de Meztli.
Con esta intacta rabia insumisa.

A cada minuto, a cada segundo
de alegre, plena, existenciaaaa

Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.

…extravagante…
…en completa extravagancia…

¿Cuando?

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo? 

Sobrevivir al desencanto de papá 
cuando supo que no serías varón.
Sobrevivir al tío, al primo, al vecino 
que te tocaba la vulva cuando tenías cuatro años.
Sobrevivir al pedófilo que te acechaba camino al colegio.
Sobrevivir al susto de ver al primero que se masturbó 
en la calle frente a ti, cuando tenías 9 años.
Sobrevivir al que te violó y sigue impune 
habitando en la misma calle que tú, desde siempre.
Sobrevivir al maestro de educación física 
que miraba tus nalgas en la secundaria.
Sobrevivir a todos los que han hablado de tu cuerpo, 
tocado tu cuerpo porque sí, porque pueden hacerlo.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos. 

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo? 

Del médico que te manoseo los senos.
Del otro médico que te manoseo toda y te quedaste quieta 
porque iba a realizarte un aborto.
Del aborto clandestino.
Del acoso laboral.
De las regalonas del patriarcado 
compitiendo por la aprobación de un macho.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.
Y no dejar que te mate tanto peso. 

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo? 

De la violencia obstétrica que casi acaba contigo cuando pariste.
De las cicatrices que te dejaron por todo el cuerpo.
De la violencia obstétrica que casi mata a tu cría.
De la soledad a que te obliga la vida contemporánea.
De los salarios injustos y las triples jornadas de trabajo.
De los salarios desiguales y de las montañas de platos sucios
y de las montañas de ropa por lavar.
De los salarios miserables y del jefe que exige uses tacones 
y te pintes los labios.
Del macho desleal 
que usa la infidelidad como una forma más de herir.
Del macho poliamoroso, 
que discursa bonito, pero sólo traiciona confianzas.
Del marido que vuelve borracho, del que pega,
del que no pega, pero insulta.
Del monstruo que te tomó por el cuello y no te dejaba respirar.

Del despecho convertido en ácido que te arrojaron al rostro.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y, de milagro, no ser asesinada por alguno de ellos.
Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto. 

¿Por qué las mujeres tenemos que sobrevivir a todo? 

Sobrevivir a las pisadas que vienen detrás de ti 
en las calles oscuras
Sobrevivir a los amigos borrachos, 
que se olvidan de que eres su amiga.
Sobrevivir al novio que no se detuvo cuando dijiste no, 
ni cuando lloraste.
Sobrevivir al asaltante y al secuestrador, 
a sus armas, a sus gritos, al miedo.
Sobrevivir a la académica soberbia que te acosa 
porque no le rindes culto.
Sobrevivir a la droga vertida en tu copa 
el día en que te sentías en confianza.
Sobrevivir a la lesbiana que te viola 
y al silenciamiento cómplice de otras feministas.
Sobrevivir al desempleo 
porque eres demasiado joven y no tienes experiencia.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por algune de elles.
Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto. 

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo? 

Del despido laboral 
porque ya no eres la joven de cuerpo deseable.
Del abandono por ser la vieja bruja.
Del abandono por ser pobre o no ser blanca 
o por ambas cosas.
De la imagen en el espejo arrugada, calva, desdentada.
De cambiarle los pañales al marido que volvió a casa 
cuando necesitó niñera.
De la amiga que traiciona, por tres pesos o por nada.
De tener a los hijos secuestrados por el patriarcado 
y que estén en otro lugar, lejos, a saber dónde.
Del hijo que repite sobre ti, o sobre otra, el lenguaje de golpes 
que le enseñó el padre.

Del marido-exmarido que te prendió fuego mientras dormías.
De la hipoteca vencida y que te rematen la casa, 
de quedarse sin nada.
De tener que usar andadera
porque los tacones que exigía el jefe destrozaron tu espalda.
De no poder respirar
porque los químicos del trabajo en fábrica acabaron con tus pulmones.
De los sueños que no fueron, del tiempo que se acaba.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.
Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto. 

¿Por qué tenemos que estar siempre sobreviviendo?
¿Cuándo, en qué era, a qué hora te toca estar viva? 

Tan insuficiente

Esta es mi furia, color verde ocre, amarga.
Esta es mi rabia, que punza, inclemente,
que se ofende contra estas letras indignas.
Palabras torpes para nombrarlas.

Por que Du’a, era muy joven y estaba sola.
Eran cuarenta, cincuenta hombres que la rodearon.
La golpearon, arrancaron su ropa, lanzaron rocas a su rostro.

Porque cuando dejó de respirar, ellos gritaron triunfantes.
Grabaron en video, con teléfono celular,
el hilillo de sangre que corría sobre el pavimento.

Porque Sali era una viajera, con su andar libre por la tierra,
pero ese hombre hirió su cuerpo y detuvo su paso en el tiempo.

Porque hace tres días Alí fue asesinada.
Usó un cuchillo contra ella, ése, que decía amarla.

Porque Iris tenía siete años cuando se la llevaron.
Porque su madre encontró el cuerpecito de su niña
en un bote para basura.

Esta es mi furia tonta; mi rabia negra, roja, que no basta.

Porque son, porque somos, demasiadas.
La cercanas, las que están lejos, las amigas, las cómplices,
las que hacen, las que rompen, las compañeras y las que no.

Porque es una muerte infame.
Tres minutos indignos en el noticiero de hoy.
Un par de días, la indiferencia, la injusticia absoluta.

Quién fuera el aullar resonante en todo espacio acústico.
Quién que llame en el viento, con voz potente,
a todas las que nos faltan: a Marisela, a Leticia, a Marcia, a Sara.
Hasta que nadie pueda negar la escucha.
Hasta que nadie pueda continuar viviendo, como si nada hubiera ocurrido.

Quién fuera el puño que se estrelle contra la roca, poderoso, incansable.
Quién que grabe, imborrable, a golpe de presente constante,
los nombres de Victoria, de Emilia, de Martha, de Jasmín, de Natalia.
Quién la fuerza para el combate contra el olvido.
Quién el castigo a todos los malditos.

Sin embargo, respiro esta furia,
sin embargo, me alimento de esta rabia,
porque este oficio de escribana a penas alcanza,
para este humilde dar testimonio de la pesadilla cotidiana. 

Parir

(Porque hoy, hablar/escribir de nuestra capacidad paridora es pronunciarse políticamente)

Parir.

Parirte.

Parirnos.

Te estoy pariendo, 

hija mía.

Soy,

somos,

todas las que caminaron ya estos senderos,

también, todas las que andarán paisajes nuevos.

La abuela de mi abuela canta hechizos

transmutados en los sonidos que de mi boca nacen.

La madre de mi abuela danza

en cada latido de este vientre de animala indómita.

Mi abuela sostiene mi mano y bendice mi frente.

Soy, hija mía.

Somos

todas nuestras ancestras.

Mi madre,

mi hermana,

tu hermana,

nuestras hermanas.

Pariendo,

pariéndome,

pariéndote,

pariéndonos.

Mi cuerpa es esta montaña que vuela nube.

Mi cuerpa es este alarido de viento remolino.

Mi cuerpa es esta cueva que se abre desde el centro de la tierra.

Tiemblo en trance, tiemblo, murmuro, tiemblo. Todo se cimbra.

Somos, es este instante único, irrepetible.

Es el momento cero, la magia cuántica.

En el universo y en el caos,

el batir de todas las alas de todas las mariposas,

de todos los tiempos, de todas las ensoñaciones.

Es aquí que somos ellas y somos nosotras 

y somos todas en esta cuerpa misma.

Cuerpa salvaje,

cuerpa sagrada,

cuerpa libre que se expande infinita. 

En este instante, 

en donde tu cuerpo ocupa el sitio propio de mi cuerpo,

hemos encarnado en un mismo tiempo, 

en un espacio uno y dimensión una.

Historias, sangre de esta sangre, ADN, memoria molecular.

Las que fueron y las que -si lo eliges- serán.

Somos, nosotras, todas.

Parir.

Parirte.

Parirme.

Parirnos.

La abuela de mi abuela en ti.

La abuela de mi abuela en mí.

Mi madre en otras que serán.

Las que vendrán y las posibilidades.

Y las imposibles y los sueños. 

Y los haceres y los saberes.

Y las lágrimas y las alegrías.

Cantan, danzan, rezan, sonríen,

mientras yo gimo,

mientras mi cuerpa es travesía tremenda;

en tanto tú viajas hacia esta existencia terrena.

Cantan, danzan, sonríen, esperan.

La partera que nos acompaña nos mira a todas,

a esta multitud de vientres que se replican

en dimensiones de vía láctea.

Ella sonríe y sonríen ellas.

Sus manos nos acarician.

Sus manos te reciben.

Nos invocamos en el grito tuyo

y en el grito mío,

y nos despeñamos en cataratas amnióticas

y  nos encontramos en el mar leche 

que emerge tibio de mis senos.

Bienvenidas a todas, 

Bienvenidas nosotras.

Bienvenida vida.

Estamos vivas.

Basta

No supliques, no gimas, no exijas más.

No habrá justicia.

Nadie tendrá misericordia para ti.

Aun cuando te saquen los ojos, como a Nabila,

los aliados del agresor declararán que lo mereces.

Nadie tendrá piedad de tu madre,

aun cuando pase décadas implorando saber,

preguntando por el cuerpo de su niña muerta.

La gente dirá que te fuiste de puta y serás olvidada.

Nadie tendrá caridad para tu hija

que crecerá con hambre de tu abrazo y de todo.

En la sospecha de los demás, “algo” habrás hecho; 

la mirarán en desamparo y encogerán los hombros, 

tan ínfima como la madre, sentenciarán. 

Ella pagará tu karma.

Nadie se conmoverá por tu sufrimiento,

ridiculizarán tu llanto,

reirán sobre tu grito de angustia.

Cientos de lamentos de mujeres,

miles de carcajadas de ellos, a diario.

No habrá clemencia para tu alma doliente,

ni para tu razón confundida por verdades a medias.

Juzgarán cada gesto para inventar tus desaciertos.

Por qué te marchaste, te quedaste, silenciaste o gritaste.

Mientras, tú extenderás la mano mendigante 

de una fraternidad mentirosa que te enseñaron,

tan falsa como el amor y como su dios tan invocado.

Aun cuando desfiguren tu rostro,

aun cuando transgredan tu cuerpo,

aun cuando arranquen tu piel a tiras,

aun cuando te asesinen,

aun cuando arrojen tus despojos al basurero;

ellos seguirán impunes, las leyes les pertenecen.

Nadie se inquietará por el eco de tus lágrimas.

Esta guerra comenzó hace mucho,

hace tanto, que no recordamos

porque somos las que nacimos en cautiverio.

Ahora, los torturadores,

hasta de tu nombre quieren despojarte.

…y tú…atada a ellos,

sigues solicitando tratos de dignidad, de igualdad, 

agradecida de algún acto que imaginas de empatía.

Seca tus mejillas y escucha, levanta el rostro.

No hay justicia que no hagas por ti misma.

Es mejor que comiences a prepararte.

Aquí estamos otras,

nosotras,

clandestinas,

soterradas,

silenciadas,

Sin embargo, estamos:

Inventando cómo descorrer el cerrojo,

afilando la lanza,

aprendiendo a tirar piedras a sus cabezas,

a patear genitales.

Ármate, mujer.

Es preciso estar listas para la revuelta.

Soy india

Soy india.
Morena, chata de la cara,
en un país
obsesivamente racista.

Soy lesbiana,
en una nación
que compulsivamente me persigue.

Insisto,
en la libertad de decidir sobre mi cuerpo,
en territorio
de quienes realizan leyes
que buscan doblegarme.

No creo en su dios,
aun cuando habito un Estado
opresivamente católico.

Invoco a las diosas,
dentro de un patriarcado
que hace miles de años intenta ocultarlas.

Participo en la lucha laboral,
de un pueblo
ya comerciado y en las manos del patrón.

Conozco la importancia
de la labor contestataria,
cuando en mi patria
se encarcela a quien disiente.

Soy antiimperialista,
viviendo al lado de Bush.

Soy gorda,
en la cuna
de la tortura estética,
de la anorexia y de la bulimia.

He dado a luz,
en una era
que acabó con la esperanza,
ya hace tiempo.

Le apuesto a la lucha libertaria,
en el reino del televisor.

Soy pobre,
en un planeta
en donde comen migajas
tantos millones de pobres.

Soy feminista,
en una tierra hostil
a la palabra mujer.

Soy mujer.
En un tiempo
en que el feminicidio
nos ha vuelto desechables.

Por supuesto,
dicen que estoy loca,
extremadamente loca.

Que soy rara, que me he vuelto extraña.
Que no tengo lugar en el mundo.

Entonces, no me queda de otra:
Tengo que darle nombre al racismo,
que señalar el desprecio,
que elegir sobre mi vida,
que armarme antipatriarcal,
que inventar la fe para dársela a mi hija,
que rebelarme contra el patrón,
que escribir por la libertad a las presas políticas.
que denunciar al imperio,
que amar mi cuerpo,
que apagar el televisor,
que mostrar mis bolsillos,
que actuar contra la misoginia,
que buscar justicia para las mías,
que demandar castigo a los asesinos.

Es por todo ello,
que no tengo más remedio
que darles la mala noticia
a las buenas y tranquilas conciencias:

Estoy aquí.
Exigiendo a gritos,
la parte que me corresponde del mundo.
Y no voy a callarme la boca, ni a desaparecer.

Patricia Karina Vergara Sánchez (Ciudad de México en 1974). Poeta, lesbofeminista, activista, periodista y profesora. Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UNAM y es Diplomada por la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPAL), en “Mujer y Participación Política”

En 2018 publicó su poemario Indómita versa.

Karina es reconocida por su activismo lesbofeminista comprometida en la lucha en contra la opresión y violencia contra las Mujeres. Así, desde hace años participa en “Lunas, Lesbianas Feministas” en la CDMX.

Enlaces de interés :

http://estabocanecia.blogspot.com

http://cuentitospallevar.blogspot.com

Elección de vida [Fragmento autobiográfico]

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2 thoughts on “15 Poemas de  Patricia Karina Vergara Sánchez

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    1. Gracias por tu comentario Maria Constanza!. Saber que nuestra labor de dar a conocer las voces poéticas ,sobre todo de mujeres, llega a lectores como tu, nos da aliento para continuar con la tarea.¡ Saludos afectuosos!

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