15 Poemas y un texto de Irene Gruss 

Lejos de la palabra

Estoy lejos de la palabra.

Vuelvo de asombrarme y empezar

a amar lo maltrecho, lo trunco,

y sin embargo, ya ni siquiera puedo decir

que estoy tan lejos,

que reniego

de la palabra y el presente;

ahora

la luz me denuncia

como a la sombra.

De: La luz de la ventana(1982)

Variación Con Forma De Tango

En la ficción ella tiene que morir;
sólo
en la ficción.
En la ficción él será
el único,
el vapuleadamente
verdadero, no el enamorado.
Y ella tiene que morir,
porque si no…

Mientras Tanto

Yo estuve lavando ropa 
mientras mucha gente 
desapareció 
no porque sí 
se escondió 
sufrió 
hubo golpes 

ahora no están 
no porque sí 
y mientras pasaban 
sirenas y disparos, ruido seco 
yo estuve lavando ropa, 
acunando, 
cantaba, 
y la persiana a oscuras.

De: La luz en la ventana(1982)

Buenas Palabras

Por caridad
aquí se mueren todos
de amor,
por caridad. 
Por piedad, aquí 
se muere de amor,
por piedad.
Por fortuna, aquí
todo se mueve
como un magma
insólito, indescriptible
pero
vivo,
finalmente vivo.


De: El mundo incompleto (ed. Libros de Tierra Firme, 1987)

Mutatis Mutandi

Por favor no sufran más

me cansa,

dejen de respirar así,

como si no hubiera aire

dejen el lodo, el impermeable,

y el vocabulario,

me cansa,

la mujer

deje de tener pérdida     ese chorro sufriente,

los padres dejen el oficio de morir,

el daiquiri o el arpón

en el anca, y aquel perfume matinal,

la Malasia,

y el Cristo

solo como un perro,

y al amor como

un fuego fatuo, y a la muerte,

déjenla en paz,

me cansa,

(¿algo ha muerto en mí?:

tanto mejor).

Así que,

valerosos,

amantes,

antiguos,

huérfanos maternales que acurrucaron

al mundo

después

de la guerra,

dejen el rictus,

oigan

y despídanse,

por primera vez

sin grandeza.

Lo destacado en cursiva pertenece a Simone de Beauvoir. De: El mundo incompleto (ed. Libros de Tierra Firme, 1987)

Conté…

Conté con los dedos de mi mano
las veces que tuve, no las que amé.
Las yemas de los dedos
se quedaron mirándome, las líneas
de la mano rieron (¿amé
lo que tuve? ¿Quise decir
quiero un poco
de esto o de aquello,
gané, perdí semejante
generosidad?).
Ahora que me aferro
a lo que tengo -como a un poco
de nada-,
veo líneas que una burla desecha,
y lenta, tiernamente abro
el puño, dejo caer
la arena, vuelvo a tomarla

Hoja en la tormenta

Un relato no necesita heroínas.
Mónica Tracey

No me vengan a hablar de
desolación, una hoja en la tormenta
hoja infante, de quién va
a cubrir a esta hoja –no de papel, no de tinta–
ni hoja pequeñita, desvalida en
la tormenta. Arrecia, arrecia
tempestad, lastima
ya no la raíz, la nervadura,
marca que carga la hoja
como genealogía o simple adorno. No
me vengan a hablar de fortaleza, firme la caída
el vuelo hacia arriba hacia abajo
el concienzudo tocar tierra (ni siquiera
fondo) de la hoja. No me vengan con
el gris dorado verde
de la vida, pavana para una hoja, corcel
que va a salvarla, no me vengan a hablar de
la canción de la intemperie, de que de esto
se trata ni vengan a decir, declinar
en subjuntivo la memoria o la falta,
ni a clamar declamando la hoja se cae por sí sola,
arrecia tempestad, fulmina de una vez
con la luz la electricidad
de un rayo, arde de impaciencia el objeto
aquí tomado, ardería aún más si
algo –un roce– pero no, la hoja
elige no me vengan a hablar
de destino pagar caro el precio la responsabilidad

(largo
invento)
la omnipotente la débil como una
hoja en la tormenta ni mencionen al viril
árbol que muere de pie, ella ha visto caer
árboles hojas sostenerse de la nada desprenderse
ahora sí de la raíz de la razón del sexo
tiemblen ciudadanos, nunca de la historia
el mundo alrededor y ella no en el centro,
quizás en el borde, andar doble filo doble juego
de la hoja
haciendo –mal gerundio– mal y bien
cortó el pan y la carne no me vengan a
hablar de
inocencia, más quisiera la infanta
ni vengan a decir
la perdida o
la que perdió ni
se sufre se sufre demasiado
no vengan a bailarle encima ni a
quitarle el baile, bamboleo embriagador,
faltaba el amor, no me vengan
con el cuento hoja en la
tormenta, arrecia la furia
la iniquidad el asombro no vengan con
que de esto no se habla con que de esto
ni hablar no me vengan con el sol
otra vez y aquí no ha pasado
nada la nada la trascendencia lo que queda es la obra,
el devenir circunstancia causa-efecto ensayo-error
de la hoja
qué le pasa qué pretende
por qué no lo consigue no me vengan
a hablar no me vengan a hablar
la hoja es
una hoja, suave
objeto, tema
con tormenta.

Movimiento

Una mujer sola frente al mar
es más majestuosa que él.
Puede pasar una gaviota
augurando la muerte
o puede caer el sol humedeciendo
las lonas de las carpas
hasta apagarlas,
pero una mujer
frente al mar
mece su soledad como una dueña
y no se estremece.
La luz
del mar tiene la importancia
y el movimiento de su ánimo, de su alma.
El viento suena alrededor
de la mujer
y la despierta:
ahora se trata de la playa sin luz, una mujer,
el sol caído, el sonido del mar,
carpas levantadas,
el viento que lo da vuelta
todo.

Milonga entrecortada para Madame Bovary 

Quiso vivir sus sueños.
Gustave Flaubert

No me acusen de extravío
porque en todo lo soñado
fui erudita
y si lo vivido fue
mentira y
vano
el cortejo que me gano
sirvió para ser bendita.

Ni lo acusen al autor
de haber abierto la boca
tanto él como esta loca
nos han dado la razón.

Así que descanse en paz
mi cabeza bien amada
y el cuerpo, desarropada,
no les llame la atención:

el frío que yo viví,
el calor de la mentada
sólo quedó para mí,
del dolor no quedó nada, casi
nada.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991)

Algo de armonía

Hay cierto olor dulce en el aire
y en el cielo
cierta mentira
en el mundo,
una sonrisa de mujer recién muerta, plácida,
hay un estudio a dos voces,
y el coro que funciona.
El ciego despertó, dejó de desparramarse
en el suelo
algo de armonía
intuyó
en el aire que truena y revienta.

De La calma, (Libros de Tierra Firme, 1991)

La gallina

Vengo a llorar la carta, el puchero

 de gallina, el

 líquido caldo que acostumbra mojar

 _¿es que aquí no hay repasadores?_

 llorar con gotitas de grasa el

 menú, la carta, cacareo caro

 a la diestra, y

 a siniestra, puchero

 de gallina quiero poner

 los huevos, emplumar con calorcito

 alborotar con ruido

 clueco y que no espante, ni

 al zorro viejo que mira

 a este

 gallo montarse sobre mí

 (¡señora, las gallinas!)

 maíz va, maíz viene,

 harta

 de cacarear, vengo a poner

 los huevos que me diste, la pluma

 dura la carne, tarda

 en caer, en gotitas

 el caldo, la grasa

 de mi llanto, en la cara,

 vengo a poner

 la carta, o el menú,

 la letra que me diste no la pongo, tu abrazo

 quiero, con calorcito, harta,

 vengo a llorar.

                                                   para María del Carmen Colombo

 

De: Solo de contralto(1997)

El viaje

No me puedo quejar: he conocido
demasiado, con humildad,
la humanidad, parece un juego;
he visto el paisaje tan bello
desde una butaca, viajar
me produce pereza, y
sin embargo, he visto
demasiado me quejo
celebro la pereza
la lástima
mi lastimadura. Velas
enciendo para festejar
la conjura, parece
un juego, un espejismo
de fuego en el agua, celebro
la lágrima, y me río
por puro contraste,
por conocimiento, con humildad,
¿debería estar agradecida
por la respiración?
Resentir
es un nombre ambiguo, he tocado
de todo un poco,
ambigua humanidad, la conclusión
es una sola, la misma
quemadura
en un océano
cuyas olas repiten es aquí, es aquí,
y el fuego es fatuo, y
el agua
es el viaje que no hace
falta.

De Solo de contralto (Galerna, 1997)

Escucha

Escucha, escucha los grillos de la noche.

Avisan algo de belleza, algún esplendor sin simulacro. 

De: La dicha (Bajo la luna editorial, 2004). Recopilado en La mitad de la verdad (Bajo la luna editorial, 2008)

Una partida es mutua

A mi hija

Camina sin mí,
tiene un sudor distinto
del mío. Ese vago desprendimiento
como una desfloración:
vive sin mí, parte el pan,
lo come sin mí.
Ahora veo cómo sube
una escalera mecánica, se aleja.
Una partida
es mutua.
Amo su saludo,
ese vago desprendimiento
en el agitar nuestras manos, irse.



De: La dicha (bajo la luna editorial, 2004)

El rito

Levanten sus cosas,
sus muslos firmes, el canasto cargado
hasta el tope, todo para mantener
el agua fresca y caliente la leche,
todo guardado fuera de lugar ya;
cubran a sus niños del frío
y del ocaso,
levanten las reposeras, los detalles,
y dejen hablar al mar conmigo.
Las várices de las viejas
sufrientes o luchadoras o satisfechas
por lo que han hecho al cabo con sus vidas,
recójanlas
así como los hombres recogen menudencias
de su mediomundo,
esos que pescan con red,
y los bravíos que llevan el sedal lejos, lejos;
levanten,
hombres morenos de vellos tan rubios, las carpas, 
aten las sogas con un lamento parecido a
hoy  no me he hecho a la mar, tampoco hoy, y dejen hablar
al mar conmigo.
Chicos aturdidos por su rutina sonora,
levanten sus juegos, miren una vez más hacia la playa,
vuelvan,
vuelvan al hogar,
a la montonía, a los detalles.
Parejas silenciosas, levántense a caminar,
a que la luna corrompa
la boca de cada cual,
el pecho de cada uno,
hagan que las aguas por fin se abran,
como si nada,
levanten y huyan
amable, cuidadosamente
del ocaso,
de la espuma estéril que queda en la orilla,
y dejen conversar al mar conmigo.


De: La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

Ella lo levantó en brazos y se puso a gritar “¡Asesinos!”

9

Aparecieron unos tanques por la avenida. Los tanques son peores que el viento cuando quiere romper todo. Pasan y hacen un ruido que tapa hasta los oídos. Mi madre nos agarra como abrazándonos y nos tira a Selva y a mí por atrás del tapado. Mi hermano se escapó corriendo y volvió llorando. Ella lo levantó en brazos y se puso a gritar “¡Asesinos!”.
Selva se ríe de nervios y yo me asusto por los tirones. Ahí me doy cuenta de que mi madre también está nerviosa; tiene ásperas las manos y están sudadas. Cuando llegamos a casa, le pide a Selva que ponga Radio Colonia, así se entera mejor. Con la cartera todavía colgada del brazo, agarra el teléfono y llama a la tía Aída. Gritando dice: “Aída, no sabés. ¿Qué cosa?, ¿libertadora, qué libertadora? ¡Dios mío!, hay que terminar esos vestidos, mañana mismo termino las costuras y te veo. Chau.” Y yo sé que hablan de algo que no es eso. ¿Qué vestidos?, si ella no cose y tiene la máquina de la abuela Sara de posaflorero. Ahora dice que vayamos a jugar al jardín y eso quiere decir que se va a poner a anotar unos papeles que siempre terminan en el cesto. O se le caen o los tira hechos un bollo. En el jardín agarré un palito para anotar las letras en la tierra del cantero pelado pero no tuve ganas. Todavía me hinchan los tirones, como si tuviera el tapado puesto y estuviésemos en la avenida. 
A la hora de la cena mi padre casi no habló. Coman, decía ella nada más. Mi padre puso un disco, tiene cara seria o de enojado, si no, no hubiese puesto esa música. Igual, el ruido de las cucharas es más fuerte. Comemos mirando el combinado.

De Una letra familiar, bajo la luna editorial, 2007.

Pero el arte

Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte

sino malentendidos: no saber oír,

trastabillarme;

raro cansancio hacía que diera cosas

por sentado: el abrazo;

hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas,

ya fuera por bueno, 

o malo, sin arte alguna, me equivocaba.

Tarde descubrí que el errar,

el perderse,

podían ser lo mismo, un oficio

extravagante. Pero el arte,

ah el arte, no es oficio

sino servir un simple puré de papas, ni muy caliente

ni tibio.

A Mirta Rosenberg, a Elizabeth Bishop 

De: Piedad vine a sentir, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019


 

Irene Gruss (Buenos Aires, 31 de agosto de 1950-25 de diciembre de 2018). Poeta y profesora.

Desde pequeña ya era una gran lectora. A los 14 años ya había leído Balzac, Tolstoi, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Pablo Neruda, entre otros. Una figura referente para Irene era abuela paterna, porque ella, además de ser escultora fue una de las pioneras en la fundación del Partido Comunista, y una de las primeras mujeres separadas con independencia económica. Y su madre heredó la fortaleza y determinación de la abuela. Dedicó su vida a la militancia política en el partido comunista con todo lo que eso significaba en la Argentina de los 50 y años posteriores.

Gruss cursó estudios universitarios, de manera incompleta, de Medicina (Universidad de La Plata), Biología (UBA) y Letras (UBA). Desde los 8 hasta los 21 años participó en coros bajo la dirección del maestro Antonio Russo.

A lo largo de su vida trabajó como docente primaria, secundaria y universitaria.

Formó parte del grupo de poetas (Lucina Álvarez, Rubén Reches, Marcelo Cohen, Jorge Asís, Daniel Freidemberg, Jorge Aulicino, Alicia Genovese, Leonor García Hernando) junto a los que fundó, a comienzos de los años ’70, el Taller Mario Jorge De Lellis.

Integró las redacciones de las revistas literarias El escarabajo de oro, El ornitorrinco, El juguete rabioso; asimismo, colaboró en distintas revistas literarias como El lagrimal trifulca (Rosario, Santa Fe), Crisis, Diario de Poesía, La danza del ratón, Plural (México), así como el suplemento cultural del diario El País de Montevideo, Uruguay.

Coordinó talleres y clínicas de poesía desde 1986; bajo el auspicio del Fondo Nacional de las Artes.

Desde 1986, también ejerció el oficio de correctora y productora editorial.


En 1975, recibió el primer premio a obra inédita, otorgado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
En 1986, le otorgaron el primer premio “José Hernández”, en el concurso organizado por la Biblioteca “Cornelio Saavedra” y auspiciado por Eveready.

Editaba los blogs elmundoincompleto.blogspot.com y lamitadelaverdad.blogspot.com

Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, ruso, croata, portugués, italiano y sueco.

Se declaró feminista pero también se desmarcó de las convenciones en torno a la literatura de mujeres. “No escribo con el cuerpo sino con la mano y un lápiz”, se burló de algunas derivas teóricas; “me interesa la escritura, no el tema de género como enfoque, como etiqueta”. Sus referentes en ese marco fueron escritoras excéntricas y tan incómodas como ella misma: Juana Bignozzi -“tiene un punto de vista de mujer fundamental, que me marcó, la cosa de reírse de sí misma”- y Hebe Uhart, quien según anotó en el último texto de su blog “pagó el precio de no ser del palo, mucho menos pituca, muchísimo menos del canon”.


Irene Gruss falleció en Buenos Aires en 2018. Tenia 68 años.

En el prólogo del libro La Pared(2012) Jorge Aulicino describe:


Obra poética:

La luz en la ventana(El Escarabajo de Oro, 1982);
El mundo incompleto(Libros de Tierra Firme, 1987);
La calma(Libros de Tierra Firme, 1991);
Sobre el asma(edición de la autora, 1995);
Solo de contralto(Galerna, 1998);
En el brillo de uno en el vidrio de uno(La Bohemia, 2000);
La dicha(Bajo la Luna, 2004);
Poetas argentinas (1940-1960)Selección y Prólogo (Ediciones Del Dock, 2006)
Una letra familiar(Nouvelle) (Bajo la Luna, 2007).
La mitad de la verdad, Obra reunida (1982-2007)(Bajo la Luna, 2008).
La pared(ediciones Nudista, Córdoba, Argentina, 2012);
Música amable al fin(Mágicas Naranjas, 2012);
Notas para una tanza(Gog y Magog, 2012);
Pasajera del viento, antología de poemas de Irma Cuña, Selección y Prólogo (FCE, 2013).
Humo -Antología personal(Ruinas Circulares, 2013; Eme- La Palma, Madrid, 2014);
Entre la pena y la nada(Ediciones Del Dock, 2016);
Piezas mínimas(2017) (Córdoba, Buena Vista Editora, 2017) Piedad vine a sentir, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

Enlaces de interés :

https://elmundoincompleto.blogspot.com

https://lamitadelaverdad.blogspot.com/search?updated-max=2015-08-01T14:51:00-03:00&max-results=9&start=18&by-date=false

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