15 Poemas de Rosabetty Muñoz

Oveja Anciana

Puedo decir

que he gozado mis días largamente.

He comido, bebido y bailado

sin desperdiciar minuto.

Estaré lista cuando llegue el día.

Fui feliz.

Eso es todo.

No importa que nadie lo recuerde.

La gloria también cae a la tierra

y los implacables gusanos de la muerte

no obedecen ni a los pastores siquiera.

(su mamón:

un día heredaré la fortuna de mis padres.)

De: Canto de una oveja del rebaño, (1981)

Expuesta

Prontos a herir se amontonan

en las afueras de mí.

Un ojo sobre otro.

Me voy a ellos con los brazos abiertos

no vaya a ser que no me alcancen.

No vaya a ser que el dolor de sus colmillos

me sea negado para siempre.

De: En lugar de morir, (1986)

El río de la noche 

El río de la noche es otro
atravesado y solo en la ciudad que duerme.
Le gusta que le lleve naranjas y poemas
que no le tema y le tema
arrullándome con alemanes hermosos
que miraban el cielo para construir su casa
y hombres tristes que se perdieron tierra adentro.
“La vida les debe lo innombrable”
y me abre los brazos oscuros.
“Podrías dormirte dulcemente”.
Me habla como a una amapola
que tiembla en el viento. 

Pero amanece y no es el mismo.
El río de la noche no me reconoce
entre todas las muchachas
que cruzan el puente.

De: En lugar de morir (1986)

No se crían hijos para verlos morir

Cuando el mar se llevó a sus tres hijos

ella estaba acodada en la puerta de

su casa, pensando en ollas aladas y repletas.

De pronto cayó en un vacío del que surgió

vieja y encorvada. No necesitó entrar para

vestirse de negro. Ya estaba recogiendo flores

cuando salió su hombre con la radio en la

mano, desamparado y tembloroso.

Ella es una sábana flotando sobre nosotros.

Nada detiene el remolino que alienta su vuelo.

Desde su vientre deshabitado

los ovarios violeta se abren como flores nocturnas.

La ansiedad es un arrecife

donde acerados corales hieren los cuerpos amados.

Sin hijos bajo sus ojos

quisiéramos las madres

ofrecerle un trozo de pañal

para vendar sus muñones o un arca

donde recoger los salados restos.

 De: Hijos, (1991)

Misterios dolorosos

(Verás órdenes de ángeles, ejércitos de mártires)

I

Fue violada a plena luz del día.

La oímos gritar que la dejen morir
la oímos repetir con gesto agrio
que no es suyo eso que le crece dentro.

Se golpeaba contra los muebles.

No comía para no alimentarlo.

El miedo no la dejaba hablar las piernas le temblaban.

Su novio no quiso contenerla por eso tomó el medicamento,
—uno que usan para apurar el parto de las yeguas—

Dio a luz un niño la noche del sábado
lo dejó en un balde y al otro día
lo arrojó al patio
donde los perros se dieron un festín.

II

Con diez años ya estaba embarazada,
sometida por el conviviente de la madre.

Ella sabía de los abusos
pero amenazó a su hija.

La madre sabía. La madre sabía.

Esperó que terminara de golpearla
espero que la violara otra vez
esperó a que –saciado– se durmiera
para devolver sus caricias
con el dedo filoso del hacha.

Después tomó a los niños de sus ojos
y remó hasta llegar a la única luz
prendida entre las sombras:
la casa de la madre.

El viejo fuego del hogar.

III

La mochila goteó toda la mañana
mientras estaba en la biblioteca.

Bajo la silla, un charquito de sangre.

IV

Fue así.

Abrieron mis piernas al punto.
de sentir el crujido de huesos.

Primero la espina dorsal
luego lo demás pieza por pieza.

Con mis propios ojos lo vi.

Juro que incluso
del agujero de la boca salió un grito.

V

El paisaje interior ha mudado,
como banderas gastadas las membranas
flamean sobre la huella recién abierta.

Se ha trenzado para siempre el goce
con el aliento desesperado de la muerte.

VI

Si escondo las frazadas debajo de la cama
Si tapo el colchón con el cubrecamas
Si envuelvo la guagua con una toalla
Si la meto en la mochila
Si me pongo el uniforme
Si parto a clases, como siempre
Si camino despacio
Si nadie me mira
Si.

VII

En vano la llamé en vano
esperé la leche brotando de su pecho.

Un impulso negro me arrebató la voluntad
y me abrí camino desplegando cuencas,
poros, orificios para recibir.

De un túnel a otro.

Presentí el placer de los lamidos
pero las manos de alrededor de mi cuello.

De Hijos (1991)

Doña Sebastiana I

Bajo el puente Pudeto,

en lo más profundamente azul,

hay un cúmulo de penas sumergidas.

En las tardes

varias mujeres hunden sus canastos

y el agua se escurre en el tramado.

Siempre temo que alguna 

aprisione y recupere

las miserias que me ha costado tanto

amarrar a una piedra

              y tirar desde la costa.

Doña Sebastiana II

Todos los hijos debieran ser míos 
morenos azules, de atrevidos ojos 
inquietos.
Explotando en mí a cada movimiento:
si salto, un hijo saliera despedido cielo arriba; 
levantando los brazos 
el viento se llevara un par de soplidos
crecientes y festivos.
Hijos lúcidos.
Hijos para llenar este pueblo abandonado.
Hijos confundidos de luz 
cálidos, invencibles.
Mirando caer la lluvia 
mi vientre se abultara en cada gota. 
Hijos transparentes. 
Veo a uno que me atará a su flanco 
para vadear tempestades.

De: Hijos, (1991)

Deseo

El deseo es un barco poderoso

arriando anclas y cadenas

en medio de la noche.

Estallando con el estrépito

de las posibilidades.

Bajo el silencio crispado

el ansia apenas perceptible.

Es también, el despliegue de luces

en las islas de canales tan angostos

donde un barco, más que navegar,

acaricia.

De: Baile de señoritas, (1994)

La santa de terciopelo

La Santa vestida de terciopelo

le cuelgan abalorios.

En andas.

Viaja sobre los hombros

y le agitan pañuelos blancos

Sortea temporales

inmóvil.

Fija la mirada.

Fijo el madero portentoso

de su cuerpo.

Sobrepuestos los retazos

de otros rezos.

La pueblan arañas y polillas.

Resplandeciente el rostro

policromado.

Bajo las ropas sagradas

los velos se pudren

y la madera astillada

se consume.

De: La santa, (1998)

Balbuceos

Los objetos me persiguen

arremolinados.

Se debilita mi cascada.

Balbuceo. Se agrieta la voz.

Cual caracol que rodea

su universo de dos metros

con un hilo de plata,

esta casa soy yo.

De: Sombras en El Rosselot,(2002)

Amatorio

Deslizante el aura de un tiempo de risas.
Se oyen jadeos en los rincones
estrellar de platos y bolsas de basura.

Los soldaditos que ardieron aquí
no quieren marcharse,
marcaron territorio y permanece
                  .su olor
                  .su mortecino cabalgar.

DeSombras en el Rosselot (2002)

(Finos cuchillos)

La ventana se fue incrustando 
musgosa en los bordes.
Y ahora soy cerro
     -cuerpada amenazante-
mi sexo: este río a borbotones.
Donde otrora estuvo la risa
oyes derrumbes íntimos de piedra.

Coronada, al fin, con alba joya;
nadie reverencia esta belleza.

Desde los ojos,
                            finos y helados cuchillos
                            se descuelgan.

El nuevo país
copia feliz del original
es más hondo
de gruesas fronteras.
               Ha sido lavado, llorado
corren ríos subterráneos.

Demasiados cadáveres
                        se han fundido en el suelo patrio.

Un líquido espanto
busca cauces
                        cráteres orificios de salida.

¿Y si vence el amargo?
Desconfiemos de los lunes blandos
                       y de la mesa puesta.
Este florero que aparenta inocencia
sabe cómo se ocultan las arañas
                       debajo del mantel.
Por el costado, el tiempo
avanza con su lenta carcoma.
Noche y día, el murmullo
de las faltas cotidianas
se mece, cadencioso, entre las sombras.

De: En nombre de ninguna(2008)

Viejos hermanos ciegos

Dios nos puso en un jardín  decían

Y lo perdimos

Fueron cerrando los ojos

porque no querían ver.

Vendrán otros peces

de ojos comestibles y pieles calcáreas

Tendrán escamas con mensajes cifrados

que tampoco entenderemos.

De: Técnicas para cegar a los peces(Universidad de Valparaíso, (2019)

La flor de la dicha

Aquí, a orillas de la mesa
con la ventana entreabierta
y una tetera silbando monocorde,
el instante despliega su andamiaje.

Descanso el rostro sobre el brazo
y me dejo recorrer por esta paz.
Ya antes de todo, ahí
en ese sitio
estaba concentrada la plenitud.

El fuego, la luz, los objetos amados
reunidos en capullo
se abren sin aspavientos.

Es la flor de la dicha
que estalla unos segundos
y perfuma, al extinguirse,
los demás momentos del día.

Pájaros interrumpen el silencio

Pájaros interrumpen el silencio.
Sus graznidos son como quebrazón de vidrios
desprovistos de gracia.

Un día gris recibe estos
                              . sonidos
y el árbol iluminado cruje de placer
Bulle en él la actividad.

Los menudos ires y venires
las pequeñas ocupaciones
de los pájaros.

De: Santo oficio (2020)

Rosa Betty Muñoz Serón (Ancud, Chile, 9 de septiembre de 1960)​. Poeta y profesora. En 2024 recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Desde el 2014 es miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

Inicia su formación literaria en el grupo «Chaicura» de Ancud, dirigido por el poeta Mario Contreras. Durante la década de los 80′ se traslada a estudiar a la Universidad Austral de Chile, donde se recibe como profesora de Castellano.

Es una de las mujeres poetas del sur de Chile más difundidas y su obra ha sido premiada nacional e internacionalmente. Premio Consejo Nacional del Libro por Sombras en El Rosselot, como mejor obra inédita (2002), Premio a la trayectoria 2012 que entrega el Consejo de la Cultura y las Artes de la región de Los lagos, el Premio Altazor 2013, el Premio Manuel Montt en 2018, y el Premio Neruda 2024.

Obra publicada:

Rosabetty ha publicado entre otros: Canto de una oveja del rebaño, en 1981 (Ed. Ariel); En lugar de morir, 1987 (Ed. Cambio); Hijos, 1991 (Ed. El Kultrún); Baile de señoritas, 1994 (Ed. El Kultrún); La Santa, 1998 (Ed. LOM); Sombras en El Rosselot, (2002); Ratada (2005); En nombre de Ninguna (2008);Técnicas para cegar a los peces(Universidad de Valparaíso, 2019); Santo oficio, 2020 (Ediciones de la Universidad Diego Portales); La voz de la casa (Ediciones Universidad Católica del Maule, 2022).

Además, su poesía ha sido estudiada y antologada por críticos e investigadores de renombre. Sus poemas aparecen en numerosas antologías como Polvo de huesos (Ediciones Tácitas, 2012) y Misión circular (Lumen, 2020). De la misma manera, algunos de sus textos han aparecido en recopilaciones colectivas como Un ángulo del mundo. Muestra Poética, Encuentro Iberoamericano de Poesía. RIL (1993); Veinticinco Años de Poesía Chilena, Calderón, Harris, Calderón. Fondo de Cultura Económica (1996); Antología del Poema Breve en Chile, Floridor Pérez, compilador. Editorial Grijalbo (1998); Escritoras Chilenas, Linda Koski. Editorial Cuarto Propio (1998); Antología de Poetas Chilenas, Eugenia Brito. Dolmen Ediciones (1998); Antología Poética de Mujeres Hispanoamericanas (Siglo XX), Idea Vilariño (compiladora). Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo (2001), Antología de los premios Neruda entre otras. 

El principal estudioso de la poesía de Rosabetty Muñoz, Iván Carrasco, ha señalado que «sus textos son un aporte a la poesía nacional, al presentar variaciones significativas con otros poetas de su generación, permitir diversas lecturas, incorporar elementos interculturales y explorar aspectos negados de la identidad cultural.» 

Enlaces de interés:

https://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/15/vida1e.html

http://letras.mysite.com/rmu061212.html

https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-22952006000200003&script=sci_arttext

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22952011000100016



3 thoughts on “15 Poemas de Rosabetty Muñoz

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  1. ¡Enhorabuena por esta pagina! En especial por las secciones de «Las imprescindibles y » «Sibilas de Dios». Estoy descubriendo la aportación de muchas mujeres que desconocía.
    ¡No dejen de publicar!
    ¡Gracias!

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