4 Poemas de Yukio Mishima

Ícaro

¿Acaso pertenezco al cielo?
¿Por qué, de no ser así,
el Cielo me ha determinado
con su incesante mirada azul,
induciéndome a avanzar y
elevando mi mente
hasta las cúspides,
me ha lanzado
a las últimas alturas
por encima de lo humano?
¿Por qué, si el equilibrio
y el vuelo han sido estrictamente calculados
con la mejor razón,
de tal modo que por imperio de
lo correcto-
por qué, no obstante, la vehemencia
por el ascenso
parece tan cercana a la locura?
Nada me satisface. La novedad
terrena muere pronto.
Pero yo soy impulsado más alto y
más alto, en la inestabilidad, hasta
llegar al resplandor del sol.
¿Por qué esos rayos de la razón
me queman, me destruyen?
Las poblaciones
y los arroyos serpentinos,
allá abajo,
son tolerables
mientras más nos alejamos.
Porque quieren persuadirme,
me ruegan, me argumentan
para que ame a los humanos
cuando son tan insignificantes
desde lejos- si el amor
nunca será la meta,
ni lo ha sido; ¿Podría entonces
yo pertenecer al Cielo?
No envidio la libertad del ave
ni ansío la cómoda naturaleza,
tampoco busco en la nada
la salvación
ante la extraña aflicción
por las alturas; antes bien,
mientras más me elevo
entro a las inmensas profundidades
del Cielo azul.
Desprecio todas las joyas naturales
porque están muy lejanas
del supremo placer.
Me deslumbra el vértigo
incandescente
de las alas de cera.
¿O acaso, después de todo,
pertenezco a la tierra?
¿Y por qué, si fuera así,
la Tierra se afana
en hacerme caer, y
no me deja pensar ni sentir?
¿Por qué La Tierra, indolente y
blanda, me llama con golpes
de platillos de acero?
¿para mostrarme que soy blando?
La Naturaleza me lleva al hogar
para que yo caiga,
mas no para que vuele.
La Naturaleza pertenece
a las cosas ordinarias.
¿Qué es más genuino, desde lo alto,
que mi pasión imponderable?
¿El azul del Cielo
es nada más que un sueño?
¿La Tierra, a la que pertenecí,
tramó, a nombre de lo efímero,
la intoxicación blanca y caliente
que acaba en un solo momento
con las alas de cera?
El cielo me castigó
por no haber creído en mí,
o por haber creído
demasiado; me comió el ansia
por encontrar la lealtad, o por
soberbia creí saberlo todo.
¿Y sólo por que he querido volar
a los confines
de los mundos conocido y
desconocido? Mundos
que se hacen uno
en el fragmento azul
de una idea.


Morir

Morir
En el viento
Del suicida.

Morir combatiendo
La única muerte
De un guerrero.

Morir
Por el filo del sable
De muerte ritual.

Morir
Sabiendo que morir
No es más que mejorar
El instante último.

Morir de olvido
Como morimos todos
Finalmente, a los pies
De un tiempo criminal.

Morir de rosas
De crisantemos
De flores de ciruelo
Atravesadas por un grito.

Morir del otro lado
Del mundo
Donde haya un guerrero
Bajo el sol.

Morir imperial
Sin pedir perdón
Enfrentando al enemigo
Y siendo muerto por él.

Morir
Caudillo del cielo
Solitario jefe
De un idioma.

Morir
Con el sol en la frente
Como mueren los nuestros.

Morir
De rodillas al sable
Al símbolo divino
De los tiempos.

Morir
De caballos desbocados
De ideogramas en la frente
De seppuku, al amanecer.

Morir
Del otro lado
De las cosas.

Morir con honor
Por el acero entrañable
Decapitado por el camarada
Más querido.

Morir de mar
De isla
De corceles antiguos
De estampido.

Morir
De sangre nueva
Junto al escudo medieval
De los guerreros.

Morir
Y olvidarse de un mundo
Sin honor.

Morir incomunicado
Aislado por el ruido
Que el enemigo trajo
Para ayudarnos
A morir.

Morir con honor
Como un samurái
Como un poeta

Jisei no ku

“A los dioses clamo en mis últimas horas de vida en este mundo.
Mis pensamientos los entrego a mis antepasados, en los que busco cobijo.
Mi vida fue del Imperio, a él entregué mi corazón, y por él, vertí mi sangre y la de mis hombres.
Por mi pueblo, derramo hoy también mi sangre, definitivamente, con el pensamiento de que inunde las tierras por las que luché, para que crezcan fuertes, hermosas y salvajes.
Mi vida entera la ofrezco, mi muerte la acompaña; un sacrificio dispuesto para salvar lo mejor de mi mundo, de mi país y de su gente.
Deseo que permanezcan nuestras tradiciones, que surjan nuevos sensei, que instruyan, enseñen, eduquen a nuestros hijos; que les iluminen en la creencia de que algún día, un nuevo sol, más luminoso que el nuestro, acogerá a todos los pueblos en un gran abrazo.
Pido a los dioses de mi país que acojan mi alma, que la acunen entre sus brazos como hizo mi madre al nacer yo; pido alcanzar la sabiduría de mis ancestros, ser un Eirei más, recibido con alegría.
Quiero ser un espíritu más en el cielo de nuestros antepasados…”
Bajo la mirada hacia mi Wakizashi, la tomo en mis manos y la acerco a mi vientre…
En un suspiro, estaré con el Sol Naciente… Ni shuzushii kaze
El viento frío, indiferente,
pasa ante la muerte
Soy un guerrero, un soldado.
Sirvo a mi Señor desde tiempos remotos, eternos, continuando la tradición de mi familia, depositario de secretos y saberes prohibidos.
Soy un guerrero y hoy dejaré de existir.
Mi cuerpo y mi alma se forjaron bajo las enseñanzas de mi padre, samurái del antiguo clan Minamoto. Mis músculos se desarrollaron con los entrenamientos de los viejos sensei de nuestro ejército, para proteger nuestro mundo y conseguir sobrevivir a los acontecimientos, duros y oscuros que se cernían sobre todos nosotros.
Mis brazos sostienen mi katana en un último entrenamiento, en un desahogo de mi mente que espera, asustada, su final, su último combate, su encuentro con los kami, los protectores de mi hogar…
Recibo con alegría el último soplo del viento en mi cara, los últimos besos del sol, el aroma del cerezo, bendito sakura. Cierro los ojos y respiro profundamente, silenciosamente, mientras pienso en las últimas palabras que dejaré, en mi Jisei No Ku, y mis manos tiemblan…
Recuerdo a Haha susurrándome al oído:
-Hijo querido, eres el heredero de una gran dinastía, el llamado a proteger y guardar las puertas de un mundo especial, grande y poderoso; el imperio del sol naciente, sus territorios, su cielo de nubes llenas y de un sol rojo, cálido y lleno de vida. Un mundo que jamás se extinguirá…hijo mío, eres un privilegiado, guarda con tu vida a tu país y a sus tradiciones, y, cuando llegue el momento, sé capaz de morir por tu pueblo.
Vuelvo a suspirar recordando las sabias palabras de mi madre.
Ahora, en las últimas horas de mi vida pienso en lo que fue mi existencia, en las vidas que segué con Arashi, mi eterna compañera, mi fiel amiga.
La muerte me sigue adonde quiera que yo vaya. Como una fuerza de la naturaleza, no puedo evitarla. La enfrento, la esquivo, pero siempre me alcanza.
-No te quiero, no te necesito-, le digo al viento deseando que le llegue mi mensaje.
-¿Por qué insistes en viajar conmigo? si lo que deseas es hacer íntimos amigos, no me permitas intervenir, no cuentes conmigo. Si quieres almas, búscalas por tu cuenta, déjame que camine solo.

Poema que Yukio Mishima dejó escrito la noche antes de morir, cumpliendo uno de los ritos que conforman el seppuku

Las fundas de las espadas se agitan

tras años de espera.

Hombres valientes parten

a caminar sobre la primera helada del año.

(traducción de Teresa Medina Bellido)

«¡La nación carece de base espiritual! ¿Qué haréis cuando no seáis más que un arsenal sin alma?»

Yukio Mishima , ?? ???, Mishima Yukio, (Tokio, 14 de enero de 1925 – Tokio, 25 de noviembre de 1970), cuyo nombre de nacimiento era Kimitake Hiraoka. Poeta, novelista, ensayista, y crítico japonés?. Considerado uno de los más grandes escritores de Japón del siglo XX? fue reconocido como uno de los más importantes estilistas en lengua japonesa de posguerra. Autor de 257 obras, incluidas 18 obras de teatro y una película.

Nacido en una familia de burguesía media, Mishima se vanagloriaba sin embargo de pertenecer por sus antepasados a la clase de los samuráis. Criado por su abuela, realizó los estudios en Gakushüim, la escuela por tradición reservada a la nobleza. Escribió su primer cuento a los trece años y a los dieciséis su primer libro de relatos, que coincidió con su ingreso en la Facultad de Derecho, obtuvo su doctorado en 1947 y aunque trabajó un tiempo en el Ministerio de Finanzas lo abandonó pronto para dedicarse por entero a la literatura.

En junio de 1949 publicó “Confesiones de una máscara” que fué su consagración en el mundo literario;”El color prohibido” (1951) de claro componente autobiográfico; “La muerte de la mitad del verano” (1953), “La voz de la onda “(1954),en 1956 publica “El pabellón de Oro” su mayor éxito de los años 50; “Después del banquete “(1960) fue una de sus novelas de más éxito. Poco tiempo después escribió “Patriotismo “(1961)El sabor de la gloria” (1963) y Sed de amor (1964);su fascinación por los antiguos guerreros Samurais le llevo a escribir “El camino del samurai” ; en 1968 publica “En defensa de la cultura “ ensayo que enaltece la figura del emperador como máximo símbolo de la identidad de su pueblo, y funda una milicia llamada Tatenokai (Sociedad del Escudo) compuesta por un centenar de jóvenes. en 1971 publica ” Muerte en la tarde y otros cuentos“, recopilación de relatos breves muy representativos de su romántica nostalgia por una época en la que todavía se podía morir en nombre de nobles ideales. Entre su producción teatral cabe destacar Madame de Sade (1965) y Mi amigo Hitler (1968).; 

Su obra cumbre es, no obstante, la tetralogía” El mar de la fertilidad“, compuesta por las novelas “Nieve de primavera “(1966), “Caballos desbocados” (1968), “El templo de la aurora “(1970) y “La corrupción de un ángel“, completada esta última el mismo día de su muerte.

El 25 de noviembre de 1970 es el dia elegido por Mishima para hacerse el seppuku, ritual de suicidio japonés que formaba parte del busshid?, código ético de los Samurais. Ese día envía el manuscrito de su última novela a su editor, escribe un poema de despedida y acompañado por cuatro jóvenes de su sociedad se atrinchera en el despacho del general Kanetoshi Mashita, comandante en jefe de las Fuerzas de Autodefensa de Japón quien les habia invitado a su despacho en el cuartel de Ichigaya y a quien atan y amordazan; la intención de Mishima es incitar a la rebelión de los soldados pero tras un discurso fallido, ya que solo consigue que le increpen y se rían de él, después de lanzar vivas al emperador regresa al despacho del general y se hace el harakiri; solo tenía cuarenta y cinco años.

Yukio Mishima fué propuesto para el premio Nobel en tres ocasiones.

Yasunari Kawabata afirmaría: ‘Ignoro por qué me han dado el Nobel a mí, existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras’.

https://www.elmundo.es/cultura/2015/11/25/565506a0268e3ea1198b4644.html

https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2022/02/mishima.-cuentos.pdf

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