7 Poemas de Gayo Valerio Catulo

III

Lugete, o Veneres Cupidinesque

et quantumst hominum uenustiorum.

passer mortuus est meae puellae,

passer, deliciae meae puellae,

quem plus illa oculis suis amabat;

nam mellitus erat suamque norat

ipsam tam bene quam puella matrem,

nec sese a gremio illius mouebat,

sed circumsiliens modo huc modo illuc

ad solam dominam usque pipiabat.

qui nunc it per iter tenebricosum

illuc unde negant redire quemquam.

at uobis male sit, malae tenebrae

Orci, quae omnia bella deuoratis;

tam bellum mihi passerem abstulistis.

o factum male! o miselle passer!

tua nunc opera meae puellae

flendo turgiduli rubent ocelli.

III

Llorad, Venus y Cupidos,

y cuantos hombres sensibles hay:

ha muerto el gorrion de mi amada,

el gorrion, delicia de mi amada,

a quien ella quería más que a sus ojos;

era dulce como la miel y la conocía

tan bien como una niña a su propia madre.

No se movía de su regazo,

pero saltando a su alrededor, aquí y allá,

a su dueña continuamente piaba.

Este, ahora, va, por un camino tenebroso,

a ese lugar de donde dicen que nadie ha vuelto.

¡Mal rayo os parta, funestas

tinieblas del Orco,

que devoráis todo lo bello!:

me habéis arrebatado tan bello gorrión.

¡Oh mala ventura! Pues, ahora, por ti,

desdichado gorrión , hinchados por el llanto,

enrojecen los ojos de mi amada.

V

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,

rumoresque senum seueriorum

omnes unius aestimemus assis.

Soles occidere et redire possunt:

nobis, cum semel occidit breuis lux,

nox est perpetua una dormienda.

da mì basia mille, deinde centum,

dein mille altera, dein secunda centum,

deinde usque altera mille, deinde centum,

dein, cum milia multa fecerimus,

conturbabimus illa, ne sciamus,

aut nequis malus inuidere possit,

cum tantum sciat esse basiorum.

V

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos,

y a las maledicencias de los viejos severos

démosles menos valor que a un as.

Los astros pueden morir y renacer;

pero nosotros, una vez que nuestra efímera luz se apague

deberemos dormir una última noche perpetua.

Dame mil besos, luego cien ;

luego otros mil, luego cien una vez mas

luego sin parar otros mil, luego cien .

Luego, hechos ya muchos miles,

revolvámoslos, para que no lo sepamos nosotros,

ni ningún malvado pueda mirarnos con malos ojos,

cuando sepa cuántos besos nos dimos.

VIII

¡Ay, Catulo, deja de hacer simplezas,

y ten lo que está muerto por perdido!

Radiantes soles te brillaban cuando,

en esos días, ibas allí donde quería la joven,

amada por nosotros como nadie será amada jamás.

Muchas fiestas celebraste allí entonces,

que tú deseabas y ella no odiaba.

En verdad, lucían soles radiantes.

Ella ya no lo quiere, no lo quieras tú, débil,

ni persigas a la que huye, ni vivas

miserable: resiste con tu mente obstinada.

Adiós, muchacha. Catulo aguanta ya,

no te rogará ni pedirá nada.

Mas sufrirás, cuando por nadie seas pedida

¡Ay, infame! ¿Qué vida te queda?

¿Quién irá a ti hoy? ¿Quién verá tu belleza?

¿A quién amarás ahora? ¿De quién

se dirá que eres? ¿A quién besarás?

¿A quién morderás los delgados labios?

Pero, ¡tú, Catulo, aguanta firme!

LXXVI

Si algún placer tiene el hombre al recordar

sus buenas acciones del pasado,

cuando piensa que él es íntegro, que no ha violado

la sagrada lealtad, ni en ningún pacto

ha hecho mal uso de la divinidad de los dioses para

engañar a los hombres, muchas

alegrías permanecen preparadas para ti a lo largo

de tu vida, Catulo, por este amor

desagradecido.

Pues todo lo que los hombres pueden decir o hacer

en favor de alguien, eso tú

lo has dicho y lo has hecho. Todo ello pereció,

confiado a un corazón desagradecido.

Por eso, ¿por qué vas a crucificarte ya más? ¿Por

qué no te consolidas en tu espíritu y te

alejas de una vez de ahí y, ya que tienes a los

dioses contra ti, dejas de ser desgraciado?

Difícil es dejar de repente un largo amor. Difícil es,

pero consíguelo como sea:

ésa es tu única salvación, ésa debe ser tu victoria;

hazlo, puedas o no puedas.

¡Dioses!, si es propio de vosotros sentir compasión,

o si a alguno alguna vez en

el instante último, ya en el momento preciso de su

muerte, le prestasteis ayuda, volved

los ojos a este desdichado que soy, y, si he pasado

mi vida honradamente, arrancadme

esta peste y esta perdición: ¡ay!, penetrándome

hasta lo más profundo de mis entrañas

Voy a probar en vuestras personas todo lo que tengo de hombre,
en la tuya, amariconado Aurelio, y en la tuya, envilecido Furio,
que juzgándome por lo licencioso de mis versos,
me habéis acusado de inmoral.
Un poeta piadoso ha de ser casto en su propia persona,
Pero no es preciso que lo sean sus versos, que justamente
Tienen sal y gracia si son licenciosos e inmorales y poseen
La virtud de excitar el prurito, no digo en los niños,
Sino en esos hombres peludos incapaces de mover
Sus atrofiados lomos.
Vosotros, solo porque habéis leído en mis versos millares de besos,
¿me acusáis de no ser un auténtico macho?
Voy a probar en vuestras personas todo lo que tengo de hombre.

LXXII

Decías tiempo atrás que tú conocías sólo a Catulo,

Lesbia, y que no querías,

cambiándolo por mí, ser dueña de Júpiter. Te amé

tanto entonces, no como uno a su

amiga, sino como ama un padre a sus hijos y

yernos. Ahora te conozco: por eso, aunque

me quemo con más vehemencia, sin embargo me

resultas mucho más despreciable y

frívola. “¿Cómo puede ser?”, dices. Porque un

engaño de esa clase obliga al amante a

estar más enamorado pero a bienquerer menos.

Si es un consuelo para el hombre recordar

las buenas acciones pasadas, y pensar

que uno no fue bueno, y que uno ha tenido

un buen corazón, y que fue sincero,

muchos goces tendrás en tu vida, Catulo,

y aun cuando fuera muy larga tu vida,

gracias a este amor tuyo no correspondido.

Porque todo lo que uno pudiera hacer

o decir, ya lo hiciste y lo dijiste tú,

y sin recompensa, porque fue para

un corazón ingrato.

¿Entonces por qué atormentas todavía?

¿Por qué no renuncias a ella de una vez?

Los dioses no quieren tu tristeza. ¿Qué

es difícil dejar de pronto un largo amor?

Es difícil… Pero tienes que hacerlo,

sea como sea.

Es de vida  o muerte. Tienes que ganar.

Lo tienes que hacer, puedas o no puedas. Oh

dioses, si sois misericordiosos, o si alguna vez

socorristeis a alguien en peligro de muerte,

tened misericordia de mí, y si yo le fui fiel,

libradme de este contagio, de esta peste,

que invadió como un letargo mis articulaciones,

y expulsó de mi corazón todas las alegrías.

Ya ni siquiera os pido que me corresponda,

y menos todavía (puesto que eso es imposible)

que me sea fiel. Sólo pido curarme de esta

fiebre maligna. ¡Concedédmelo

en premio de mi fervoroso corazón!

Mira nada más, Lesbia mía, hasta dónde

ha llegado mi corazón mi alma. Mira mi perdición

sólo por serte fiel. Ya no podría quererte,

por más que te esfuerces en ser buena

conmigo; y así hagas bueno o malo,

tampoco te dejaría de amar.

Gayo Valerio Catulo(Gaius Valerius Catullus) ( Verona, Italia, año 87 a.C. – Roma año 54 a.C.) fue un poeta latino que se destacó por ser uno de los mayores exponentes del estilo neotérico, es decir, el estilo de los denominados «nuevos poetas». Movimiento de vanguardia literaria adoptado por poetas griegos y posteriormente por poetas romanos que intentaron alejarse fuertemente de los estilos de la poesía lírica y de la épica homérica (ver La IlíadaLa Odisea)

Su familia, rica y de rango ecuestre, había ayudado a fundar la ciudad de Verona y contaba con importantes miembros dentro de la aristocracia municipal, algunos de los cuales llegaron a establecer fuertes vínculos con la nobilitas de Roma. El padre de Catulo mantuvo una relación de cercanía política y alianza con César y su entorno, una cercanía que el poeta no sólo no mantendrá sino que convertirá en profundo desprecio. Tras una infancia en este ambiente provincial, Catulo consiguió muy joven cumplir su sueño de trasladarse a Roma, donde de inmediato entró a formar parte del círculo de los llamados Neoteroi. Este término, acuñado de forma despectiva por Cicerón, agrupaba a los jóvenes poetas latinos que trataban de imitar los modelos griegos helenísticos, como Calímaco, y lograr unas composiciones de gran belleza formal y pulcro acabado frente a la dureza de la tradición latina anterior a ellos. Catulo, sin embargo, se alejó de Roma varias veces para pasar tiempo en la villa de su padre en Sirmione, en el lago de Garda, un lugar que apreciaba y celebraba particularmente por su agradable encanto, ubicado en su tierra de origen y que por esta razón indujo al poeta largos períodos de descanso.

Catulo fue testigo de algunos de los períodos más turbulentos de finales de la República romana, y debido a sus sagaces y certeros poemas se hizo tanto de amigos como de enemigos poderosos, como es el caso de  Julio César; quien, a pesar de haberse sentido atacado personalmente por el poeta intentó reconciliarse con este debido a la admiración que tenía por su obra literaria.

Poco sabemos de su vida personal más allá de su completo enamoramiento de una mujer a la que él llama en sus poemas Lesbia, como un homenaje a la poetisa Safo de Lesbos. Hoy en día, todos los críticos están de acuerdo en reconocer en esta Lesbia a la aristócrata Clodia, hija del consular Apio Claudio y hermana del polémico Publio Clodio.Lesbia, que era unos diez años mayor que Catulo, es descrita por su amante no solo elegante, sino también culta, inteligente y traviesa. La relación de Catulo y Lesbia partió de una arrebatadora pasión inicial, que pronto se vio truncada por decisión de ella, que prefirió romper todo contacto con el poeta. Fueron varias, sin embargo, las reconciliaciones entre ambos, si hacemos caso de los poemas en lo que Catulo celebra y lamenta a la vez el regreso de su amada. Parece ser que Lesbia no fue el único objeto del amor de Catulo. Sus versos también tienen como destinatario a Giovenzio, un joven de gran belleza que se ganó los favores del poeta. Esta posible relación homosexual de Catulo ha resultado muy polémica para algunos comentaristas, que han querido ver en las referencias a Giovenzio un simple juego literario que copiaría los modelos griegos sin tener una experiencia real tras ellos. Para otros, sin embargo, la relación de Catulo y Giovenzio pudo ser totalmente verídica, pues entraría de las pautas de la normalidad sexual romana.
Además de Verona y Roma, sabemos que el poeta viajó por Oriente, llegando a visitar el reino helenístico de Bitinia en el que había muerto su hermano. Catulo visitó su tumba, ubicada en la Tróade, dejando un recuerdo inmortal de este viaje en sus poemas.

EL LIBER CATULIANUS, El libro de Catulo, es la recopilación de poesías personal más antiguas que nos ha legado la literatura latina. La obra de Catulo se dividiría en tres partes, la primera con los poemas 1-60, la segunda con las composiciones más largas 61-64, y la última del 65 al 116. En el libro se suceden composiciones breves, de lenguaje desenfadado, ofensivo y mordaz y  largos poemas con versos solemnes, con frecuentes digresiones líricas y frecuente intervención subjetiva del autor.

Uno de los detalles más característicos en la obra de Catulo es el uso de la tercera persona y las constantes menciones sobre su propia vida y persona, muchas veces utilizando de manera astuta un lenguaje vulgar y grosero para burlarse de las estructuras más formales de la poesía convencional grecorromana. 

Precisamente debido a todo lo anterior las traducciones de los poemas de Catulo al español muchas veces sacrifican la bella rima de los originales para así darles a estos la literalidad necesaria para comprender el mensaje que Catulo intentaba transmitir.

Enlaces de interés :

http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080021824/1080021824.PDF http://bibliotecadelcenba.weebly.com/uploads/7/8/7/3/78737178/poesia_catulo.pdf

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