12 Poemas de Ernestina de Champourcin

La voz del viento

Búscame en ti. La flecha de mi vida  
ha clavado sus rumbos en tu pecho  
y esquivo entre tus brazos el acecho  
de las cien rutas que mi paso olvida.  

Despójame del ansia desmedida  
que abrasaba mi espíritu en barbecho.  
El roce de tus manos ha deshecho  
la audacia de mi frente envanecida.  

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte  
del silencio total. Ávida muerte  
donde renacen, tuyos, mis sentidos.  

Ahoga entre tus labios mi tristeza,  
y esta inquietud punzante que ya empieza  
a taladrar mi sien con sus latidos.

Carta al vacío

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

Soledades

Todas las soledades -grises víboras- muerden
la duda que taladra mis sienes abatidas.
Nadie finge camino en torno de mis plantas
que repliegan, medrosas, su impulso derrotado.

¡Soledad de mi frente1 Un residuo de sueños
la empolva de ceniza.
-¡Qué siniestra bandada de ideas en delirio
entrega al huracán su pálido plumaje!-.

¡Soledad de mis labios! Escondida zozobra
de los besos en flor que no abrasa el estío,
nostalgia de capullo condenado a vivir
su eterna adolescencia.

¡Soledad de mis manos! Inefable tortura
del gesto que se duerme en trance de caricia.
¿Para qué la ansiedad que entreabre mis palmas
si adhieren a su curva inútiles vacíos?

Soledades que cercan con límites de hierro
la expansión luminosa y frágil de mi vida…
¡Rompe tú las amarras que me retienen, muda,
en el hueco sombrío de mi rincón doliente!

Cántico inútil (1936) 

Tu no sabes aún

Tú no sabes aún que he cercado tu orilla,
que sueñas por la noche el color de mis ojos,
que tus manos en sombra
dirigen su tanteo hacia mi soledad.

¡Ignóralo así siempre!
Yo agolparé tinieblas en el limpio sendero
que hollan las verdades.
Plegaré la inconsciencia como una venda inmóvil
sobre tu laxitud.

Nunca sabrás que en ti la fuerza se desnuda
para erguir hasta el cielo el soplo de mi vida.
Que tus labios se mueven al encuentro de un beso
modelado en mi boca por tu ardiente obsesión.

Ignóralo, y así desechará mi gesto
la rígida cautela que detiene el impulso,
e invaderé gozosa la atmósfera profunda
que arrebata en su cauce lo más puro de ti.

Cántico inútil (1936)

Cuando llegue la noche

Cuando venga la noche 
quiero habértelo dicho; 
quiero haberlo gritado 
a través de la tierra. 
Hay cosas que no pueden 
callarse para siempre 
y júbilos secretos 
que deshacen un día 
los más íntimos nudos.

Cuando venga la noche 
quiero haberlo cantado 
para que todos sepan 
y todos me pregunten. 
Silencio prodigioso 
que ahora me florece 
como un huerto escondido 
en lo claro del alma.

Cuando venga la noche 
me encontrará dispuesta, 
pues lo habré dado todo. 
¡Qué dulzura entregarse 
en total holocausto, 
a sabiendas del grito 
que nos roba la herida!

Cuando llegue la noche 
donde todo renace, 
diré: ‘Vengo, Señor’, 
diré… no diré nada… 
pues hará mucho tiempo 
que se agotó mi canto 
y hará siglos, tal vez, 
que sellaste mi boca.

Pero antes de esa noche
déjame que les diga…
Déjame dar a otros
la gloria que me abriste.
Es tan hondo el Amor
y hay tantos que lo aguardan.

Cuando llegue la noche, 
quiero haberlo cantado.

Ernestina(izquierda)con unas amigas.Archivo gral de la Universidad de Navarra

Laxitud 

La tarde gris y triste me agobia,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar: no sé;
quiero reír: no puedo.
Los deseos
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido al peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo.
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo venzo
ya me torna a invadir
quedamente su tedio.
Luego…
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo,
exprimo el tormentoso
lagar de mi cerebro,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho…
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento;
la tarde gris y triste me agobia,
¡tengo sueño!…

En silencio (1926)

Estás

Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente, 
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.

Del vacío y sus dones(1993)

Ernestina y su marido Juan J. Domenchina

El beso

 ¡Tus labios en mis ojos!

Qué dulzura de estrellas alisa lentamente

mis párpados caídos…

Nada existe del mundo. Sólo siento tu boca

y el temblor de mi espíritu hecho carne de luz.

   Sé cruel al besarme. Desgarra mis pupilas

y arranca de su sombra la lumbre de mi sueño.

Con ella te daré mi última mirada.

   ¡Abrásame los ojos! Que el peso de tus labios

despoje mi horizonte de lo que tú no has visto.

Quiero olvidarlo todo y anularme en la niebla 

que ciñen tus caricias.

Te Esperaré Apoyada En La Curva Del Cielo

Te esperaré apoyada en la curva del cielo

y todas las estrellas abrirán para verte

sus ojos conmovidos.

Te esperaré desnuda.

Seis túnicas de luz resbalando ante ti

deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.

Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados

un látigo de niebla.

Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas

mi sien alucinada

y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto

a todo lo inasible.

Te esperaré encendida.

Mi antorcha despejando la noche de tus labios

libertará por fin tu esencia creadora.

¡Ven a fundirte en mí!

El agua de mis besos, ungiéndote, dirá

tu verdadero nombre.

Cántico inútil (1936) 

Voy a erguirme sin túnica ante tus ojos claros

que persiguen sin verme un sueño irrealizable,

quiero alzar ante ti mi desnudez intacta

como una ofrenda inútil que nunca aceptarás.

Seré tuya en silencio. Tus manos abstraídas

ignorantes del don que ha de colmar sus palmas,

se detendrán en mí, advirtiéndome apenas,

entre el vivo relumbre de un espejismo ignoto.

Me poseerás ajeno, ausente de tu abrazo,

tendido hacia otro rumbo de frágiles riberas

mientras te doy mi vida impetuosa y pura

en el breve cristal de un momento sin gloria.

De : Cántico inútil (1936)

Carta en el vacío

Es escribir a alguien

o lanzarse al silencio,

a nadar en lo oscuro,

a encender una llama

aunque ahoguen las dudas.

¿Carta a lo que no existe?

Hay buzones alados

que se disparan solos

y un correo sin pistas

ni trayecto seguro.

Eludir el camino

que todos conocemos.

Seguir hacia adelante

ruta de los que intentan

lo que nunca pensaron

y se sienten felices

porque hay algo distinto,

porque se desvanece

de pronto lo que sobra

y no existe el vacío

si queremos colmarlo.

Del vacío y sus dones (1993)

No quiero saber nada

No quiero saber nada…
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente…
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

Ernestina Michels de Champourcin y Morán de Loredo (Vitoria, 10 de julio de 1905-Madrid, 27 de marzo de 1999). Poeta, novelista, traductora, y articulista.

  Se formó en un ambiente aristocrático y cosmopolita ,su padre era barón de Champourcin, Francia, y su madre había nacido en Montevideo, Uruguay, lo que hizo que  desde joven hablara  inglés y francés. Ernestina inició sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón y cursó el bachillerato como alumna libre del instituto Cardenal Cisneros.

Publicó su primer libro de poemas, En silencio...en 1926. Ese mismo año entró a formar parte del Lyceum Femenino fundado en 1926 por Maria de Maeztu y Concha Méndez, que buscaba concienciar a las mujeres en la lucha por intervenir en los problemas culturales y sociales de su tiempo, del que fué secretaria y donde conoció en 1930 a Juan José Domenchina, secretario personal de Manuel Azaña, con el que se casó en 1936. Allí conoció también a Juan Ramón Jiménez y su mujer Zenobia Camprubí, a Concha Méndez,  María Baeza, Pilar Zubiaurre, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, María de Maeztu, Juan de la Encina y Rafael Alberti. Juan Ramón Jiménez se convirtió en su mentor e inspirador  en los caminos de la poesía pura. Mantuvo con él una gran amistad, que reflejó en su libro de memorias La ardilla y la rosa (1981). Gracias a su apoyo, Ernestina pudo integrarse en gran parte de la vida cultural que conformó la Generación del 27 y era asidua de sus conferencias y recitales. Es así como entró en contacto con otros  de los integrantes de la Generacion del 27 como  Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Vicente Aleixandre. Pronto empezó también a ejercer una labor crítica en publicaciones literarias y periódicos, en especial en La Época y La Gaceta Literaria, con la que llegó a adquirir un gran prestigio  Después de En silencio (1926),Ernestina publica Ahora (1928), La voz en el viento (1931) y Cántico inútil (1936). 

Sus obras Ahora (1928) y, sobre todo, La voz en el viento (1931), merecieron su inclusión en la segunda edición de la antología de Gerardo Diego, Poesía española contemporánea (1934),siendo junto con Josefina de la Torre las dos únicas mujeres  incluidas en esa antología ,quedando así consagrada como poeta del 27.

Poco antes del golpe de Estado de 1936 Ernestina publicó la que sería su única novela, La casa de enfrente.

 Durante la guerra civil, una de las consecuencias del trabajo de su marido Juan José, como secretario político de Azaña, fue que el matrimonio tuvo que abandonar Madrid.

El día 7 de noviembre de 1936 ,Ernestina y su marido fueron evacuados por el 5.º Regimiento, iniciaron un éxodo por Valencia, Barcelona y Francia, hasta que en 1939, gracias a una invitación de la Casa de España, llegaron a  México. Durante los primeros años de exilio su actividad creativa se redujo debido a las necesidades económicas; trabajó de traductora para el Fondo de Cultura Económica, tradujo más de medio centenar de obras, la mayoría ensayos, libros históricos o sociales (muchas de las traducciones  siguen vigentes y reeditándose a pesar del tiempo transcurrido); también hizo de intérprete para la Asociación de Personal Técnico de Conferencias Internacionales ; posteriormente colaboró en la revista Rueca y publicó Presencia a oscuras (1952), Cárcel de los sentidos (1960) y El nombre que me diste (1960).  En esos  años se acercó a la religiosidad de su infancia y se aproximó al Opus Dei. En 1959 fallece su esposo Juan José Domenchina, quien no llevó bien el exilio forzoso y la lejanía de sus raíces.

En 1972 Ernestina  regresó a España  y se  instaló en Madrid. Sin hijos y con problemas de salud, vive un “segundo exilio” en Madrid y no oculta su nostalgia por México, país  al que se adaptó sin demasiados problemas. Ya en España  publicó, Primer exilio (1978),La pared transparente,(1984), Huyeron todas las islas (1988) , Los encuentros frustrados (1991). En 1991 apareció la recopilación de gran parte de su poesía bajo el título de Poesía a través del tiempo. Del vacío y sus dones (1993) y Presencia del pasado (1996). Epistolario (1927-1995) recopila su correspondencia con la escritora Carmen Conde.

Ernestina  siguió escribiendo poesía hasta su muerte con 94 años, el 27 de marzo 1999.

Una de las características que definió a Ernestina de Champourcin como persona fue su constante preocupación por que se reconociera el valor de la mujer en el mundo cultural e intelectual. Su trabajo a favor del feminismo así entendido fue constante desde que era muy joven y se mantuvo hasta que sus fuerzas le permitieron luchar por este ideal. Y son significativos su propio interés por escribir poesía de la misma categoría que la de los hombres, su afán por colaborar en periódicos buscando explícitamente que no fuera en páginas dedicadas en exclusiva a mujeres —que es lo que le ofrecían—, o su audacia a la hora de reseñar los trabajos de los poetas.

Ernestina de Champourcin representa una de las cimas poéticas de la denominada poesía pura; quizás la más importante entre las mujeres de la generación del 27 y fue una de las miembros más destacadas del movimiento hoy conocido como “Las Sinsombrero”.

Pese a poder considerar a Ernestina de Champourcin como la única mujer que realmente estuvo, en una situación de igualdad con el resto de los poetas hoy llamados de 27, su reconocimiento en España no se produjo hasta 1989 en que se le concedió el Premio Euskadi de Literatura en castellano en su modalidad de Poesía.

Premios:

  • Premio Euskadi de Literatura en castellano en su modalidad de Poesía (1989)
  • Premio Mujeres progresistas(1991)
  • Nominación al Premio Príncipe de Asturiasde las Letras (1992)
  • Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid  (1997)

 

Enlaces de interés :

Estudio sobre su obra: http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=documento&id=32

https://www.escritores.org/biografias/200-ernestina-de-champourcin-moran https://www.elmundo.es/loc/famosos/2020/09/01/5f22987921efa0f84c8b4636.html

https://www.diariodesevilla.es/ocio/Ernestina-Champourcin-escritora-inclasificable_0_202779804.html

https://studylib.es/doc/7221355/ernestina-de-champourcin.-entrevista-realizada-por

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