10 Poemas de Juana Castro 

Alicia desposada

Era blanca la boda: un milagro
de espuma, de azahar y de nubes.
Cenicienta esperaba.
Las muchachas regaban cada día
los frágiles cristales de su himen.
Blancanieves dormía.
                                      Al galope
un azul redentor doraba la espesura
y la Bella Durmiente erguía su mirada.
Las vestales danzaban. Y las viejas mujeres,
en las noches de invierno,
derramaban sus cuentos de guirnaldas,
de besos y de príncipes.
Era largo el cabello, eran frías las faldas
por las calles de hombres.
Las fotos de las bodas
irradiaban panales de violines
y era dulce ser cóncava
para el brazo tajante y musculoso.
La boda les cantaba por el cuerpo
como un mar de conjuros.
Y a la boda se fueron una tarde
con su mística plena. Y cambiaron
la hora de su brújula
por el final feliz de los cuentos de hadas.

de Cóncava mujer, Córdoba 1978

Inanna 

Como la flor madura del magnolio 
era alta y feliz. En el principio 
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca, 
se amaba en la sombría 
saliva de las algas, 
en los senos vallados de las trufas, 
en los pubis suaves de los mirlos. 
Dormía en las avenas 
sobre lechos de estambres 
y sus labios de abeja 
entreabrían las vulvas 
doradas de los lotos. 
Acariciaba toda 
la luz de las adelfas 
y en los saurios azules 
se bebía la savia 
gloriosa de la luna. 
Se abarcaba en los muslos 
fragantes de los cedros 
y pulsaba sus poros con el polen 
indemne de las larvas. 
¡Gloria y loor a Ella, 
a su útero vivo de pistilos, 
a su orquídea feraz y a su cintura! 
Reverbere su gozo 
en uvas y en estrellas, 
en palomas y espigas, 
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia blanca. Sola!

de Narcisia, Taifa Poesía, Barcelona 1986

Apocalipsis

Ella no es Pomona. Ni, como las Danaides, 
una daga dorada oculta entre los senos. 
Ella no es Calíope, aunque sea la voz y la belleza. 
Y aunque, como las Náyades, ame fuentes y bosques, 
no es Estigia, ni Dafne, 
ni es la bella Afrodita 
ni el sueño de los héroes. 
Pero Ella ha nacido. 

Como ananás fragante, se levanta 
ungida de romero, 
como custodia viva, derramando 
cuatro copas dulcísimas: 
Abrazo de la tierra, 
música del aire, 
luz violenta del fuego 
y el almíbar del agua. 
Ya no habrá nunca noche, porque Ella 
se ha manifestado 
con sus cuatro trompetas y su gloria. 
Y así es la gran nueva, la alegría: 
Porque Ella ha nacido 
y esta es la señal, aleluya. 
Que su gracia 
sea con todos vosotros, aleluya. 

de Narcisia, Barcelona 1986 

Sentir el peso cálido…

Sentir el peso cálido.
Girar
previsora la vista, y saber
que no hay nadie.
Agacharse. Enrollar
el vestido, dejar en las rodillas
la mínima blancura 
de la tela, su felpa
y el fruncido que abraza
la cintura y las ingles.

Mojar
con el chorro dorado,
tibio y dulce la tierra 
tan reseca de agosto, el desamparo
sutil de las hormigas en la hollada
palidez de los henos.

Mezclar
su fragancia espumosa con el verde
vapor denso de mayo, sus alados
murmullos, la espantada
carrera de los grillos.

Y en invierno, elevar
un aliento de nube 
caldeada, aspirando el helor
de hoja fría del aire.

Orinar
era un rito pequeño
de dulzura
en el campo.

(De Fisterra, Libertarias, Madrid 1992)

Disyuntiva

La tentación se llama amor
                    o chocolate.
Es mala la adicción.
        Sin paliativos.
Si algún médico, demonio o alquimista
supiera de mi mal
                     cosa sería
de andar toda la vida por curarme.
Pues tan sólo una droga,
                     con su cárcel
del olvido me salva de la otra.
Y así, una vez más, es el conflicto:
O me come el amor,
o me muero esta noche de bombones.

de Alada mía, Córdoba 1996

Penélope

                                     Kabul

Pajarillo enjaulado, me han quitado los ojos
y tengo una cuadrícula
calcada sobre el mundo.
Ni mi propio sudor me pertenece.
Espera en la antesala, me dicen, y entrelazo
mis manos mientras cubro de envidia
las cabras que en el monte ramonean.
Ciega de historia y lino
me pierdo entre las sombras 
y a tientas voy contando
la luz del mediodía.
Noche mía del fardo
que sin luces me arroja
la esperanza del tiempo
engastado en la letra. Noche mía, mi luz
cuadriculada en negro, cómo pesa
mi manto y su bordado, cuánto tarda
la paz negra del cielo, cuánto tarda.

de El extranjero, Rialp, Madrid 2000

Mujer mirando al sur


Mi abuela se sentaba al sol 
esperando la muerte, 
al sol vestida de luto con sesenta 
años la sentaban 
en la silla de anea 
cada día a esperar 
la muerte. 
Siete hijos mi abuela pero 
no conoció varón.

Cuando quise 
preguntarle a mi madre mil pedazos 
autistas me miraban sin verme.
Madre y virgen mi autista 
rasgándose en el frío, 
estudia hija estudia, 
la mano el libro el chocolate 
el cuerpo 
el cuerpo las estrellas el bosque 
las palabras el cuerpo 
la película el vino la carne 
del melón rajando mi garganta 
relámpagos el zumo la sandía, 
no se hace eso no se hace, 
las siestas y las sábanas 
mi secreto 
pecado solitario.

La vela que en mi mesa 
se agota y se deshace 
también llega a su fin. 
Pero el cuerpo, esta savia 
venida de mi madre de mi abuela 
me explota aquí en las sienes 
en el sol y en la sangre 
la granada 
que es una y mil granadas 
licuándose 
calidoscopio azul mis dientes 
el clítoris la luna la vagina 
los limones candelas 
ese tronco de encina quemándose 
mi cuerpo 
que no se apaga nunca 
que no se acaba nunca

mi brindis 
ese brindis de autista para siempre.

De aquellas.
Por aquellas que en mi vientre se estrenan 
y en el cielo 
rieron y reirán.


          de Cartas de enero


Espejos

Baja la loba al llano, y muerde las ventanas.
No con dientes las muerde, sino con sus pupilas
agrandadas y hambrientas.
Con envidia las mira, a las ventanas,
sus lámparas, sus sombras
ocultas y encendidas.
Porque ella vaga sola, sin lugar y con frío,
y allí, tras los cristales,
se agazapa ese algo
que aún no sabe qué es,
pero que late y vive.

Baja la loba al río y mira arriba,
y aúlla a las ventanas
que brillan como soles
y taladran la noche
tan triste de la vida.
¿Quién ama? ¿Cuántos comen?
¿Cómo será la silla?

Lame la loba el suelo, y lame las ventanas
encendidas de luz,
y sus pupilas rojas
son un livor de frío.

(De Los cuerpos oscuros)

Amor mío

Antonia buena chica ingresó ya cadáver,
Carmen muy educada vaqueros blusa beis
y Raquel silenciosa es el amor.

Amor de amoratarse amor que es amoldar
y amancillar.
Amor de amenazar amor de amurallar
amor de amartillar
y de amasijo.

Amor de amortajar.
Rosa Lola María
Inés Luisa mi amor.
Compañero mi amigo
mi enemigo.

Rafael veinte años arma blanca su novia en una calle,
José Pablo dos hijos divorciado
y Raúl empresario gran sonrisa el amor.

Es el amor que amengua que amuralla
que amortece y amarra.
Amor de amuñecar amor que es amputar
amor de amilanar
y de ambulancia.

Amor de amordazar.

Manuel Félix Cristóbal
Jaime Isidro mi amor.

Mi señora mi dueña
mi rehén.

Amor mío mi amor.

El anillo no sabe no sabía.
El anillo.
El cuchillo.

Anunciación

Pues sí, he decidido que soy vieja
y he decidido además que voy a proclamarlo,
porque así no habrá malentendidos.

Soy vieja ¿pasa algo? Pasa
todo lo que ha pasado, todo pasa.
Ese momento clave
en que ellos se van con otra chica
y ellas se arman de lifting y armadura,
qué indecencia… Qué indecencia ser vieja
cuando sólo lo joven es valioso y se nombra.

Desde ahora, ya saben: Si no estoy
en la presentación o el cóctel no es por nada,
es por todo: por propia obscenidad,
es que soy vieja,
amo tanto ese hueco -mujer cóncava-,
de mi yo en la foto… Qué indecencia.
Si nadie es hoy viejo, ya me dirán ser vieja.

Perdón. Perdón por esta infame
desnudez a destiempo de los blogs
y el verano. Si no hay publicidad
que dé amparo a una vieja, me pregunto
a qué mi anunciación. Y en estas fechas.

(De La Bambola)

Juana Castro (Villanueva de Córdoba, España, 20 de febrero de 1945). Poeta, narradora, critica literaria, columnista y traductora. Profesora especialista en Educación Infantil  y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes.

Se casó con 23 años y tuvo su primera hija con 24, María. Después vinieron José Miguel y Mari Cruz. Por entonces (1972) ya vivía con su marido, Pedro Tébar, en Córdoba, estudiando también Filosofía y Letras en la recién abierta Facultad.

En 1978 publica su primer libro, Cóncava mujer, unos meses más tarde enferma su hijo José Miguel, que muere en la primavera de 1979. En 1980 nace Ángel, su cuarto hijo.

 Su primer libro Cóncava mujer (1978) supuso un revulsivo para aquellos años en los que el movimiento feminista iniciaba su andadura por Andalucía. En la Feria del Libro del aquel año, fue el más vendido según testimonio del Diario Córdoba.

Perteneció al grupo Zubia de poetas cordobeses desde 1977 hasta 1982, participando en sus diversas actividades, ediciones y lecturas.

Ha colaborado en diversos proyectos, coordinando en 1983, junto con Miguel Valle Cosano, el I Encuentro de Pintores y Poetas Cordobeses. Coordinó, asimismo, las I Jornadas Mujer y Cultura (1984) y posteriormente formó parte del equipo Mujer y Poesía. I Encuentro de Poetas Españolas(1986). III Encuentro de Poetas Andaluces. En 1986 formó parte de la “Embajada Cultural Córdoba-Córdoba Argentina” como poeta, dando una conferencia y haciendo una lectura de sus versos. Ha asistido, en Italia, al Convegnio “Poesía della Europa Latina“, celebrado en Fano en 1987, y en Bergamo al Congreso sobre “Traduzione del testo poético”, en 1988.

Juana Castro colabora en diversos medios literarios, como el Diario Córdoba, como articulista y crítica literaria, además de ser co-traductora de poesía italiana. Han salido reseñas de sus obras en “Ínsula”, “La Vanguardia”, “El Correo Gallego”, “El Sur”, “El Ciervo”, “Reseña”, etcétera. Se han recogido poemas suyos en las revistas “Hora de Poesía “, “Zarza Rosa”, “Silvestra” y “Mujeres del Sur” entre otras.

Ha obtenido importantes premios en el campo de la poesía y la narrativa, recibiendo el premio Carmen de Burgos por sus artículos periodísticos, y los premios de Periodismo del Instituto de la Mujer en Madrid (1984) y Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer por su trayectoria (1998).

Premio Juan Alcaide en 1985 por «Paranoia en otoño», Premio Juan Ramón Jiménez  por «Arte de cetrería» en 1989,   XI Premio Carmen Conde por «No temerás» en 1994, el Premio San Juan de la Cruz  por «El extranjero» en el año 2000, el Premio de la Crítica 2011 por  «Cartas de Enero», XXV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba ‘Ricardo Molina’ 2017, Premio de las Letras Andaluzas Elio Antonio de Nebrija, 2021.

En 1988 se le concedió una beca del Ministerio de Cultura, “Ayudas a la Creación Literaria-Poesía”, por el proyecto de su obra Arte de cetrería

Fundadora del Ateneo de Córdoba, recibió la Fiambrera de Plata en 1988 y fue nombrada Ateneista de Honor en 1989.

En 2007 recibió la Medalla de Oro de Andalucía.

Juana Castro es autora, entre otros, de “Arte de cetrería” (1989-2004), “Narcisia” (1986), “Fisterra” (1992), “No temerás” (1994), “Del color de los ríos” (2000), “Cóncava mujer” (1978-2003), “Del dolor y las alas” (1982), “El extranjero” (2000), “Alada mía” (1995), “La extranjera” (2006), “Vulva dorada y lotos” (2009) y “Heredad” seguido de “Cartas de enero” (2010).

Su obra ha sido objeto de una tesis doctoral y se trata de ella en el volumen Sujeto femenino y palabra poética (2002), coordinado por la hispanista Sharon Keefe Ugalde.

Su poemario Narcisia fue traducido al inglés en 2012 y Del color de los ríos en 2018 por Ana Valverde Osan, Universidad de Indiana Northwest (Ed.Uno Press- Univ. Nueva Orleans-Diálogos Books). Traducida extensamente al italiano, y parcialmente al inglés, francés, neerlandés, polaco, catalán y chino. Juana también es autora de la biografía bilingüe María Zambrano (2016).

En Villanueva de Córdoba, su pueblo, fue creado en 2014 el premio de poesía que lleva su nombre.

 

Enlaces de interés :

Juana Castro visual

https://juanacastro.es/index.php

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia-poetica–3/html/00b5ceec-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

https://cadenaser.com/emisora/2018/11/13/radio_cordoba/1542093254_525358.html

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