Poemas de Marga Gil Roësset

Aurora

Estará auroreando, primero, sobre ti
el campo seco. Guadarrama rosa;
aún soñará tu tierra gris en esa lucha dulce
del sol que viene y la huidera sombra;
el gorrión accidental, la fija esquila
gotearán su son, su pío de la hora.

¡Qué plenitud, tú en lo definitivo,
fundida a lo que nunca cambiará ya la historia;
extensión de tu yedra, tu nueva vida solitaria
por lo real profundo sin pasadiza forma;
semilla verdadera de lo fijo, escultura, conciencia
enquistada en la tierra que no de desmorona!

(Un momento, en su riel, el alto tren del alba
conducirá sus deslumbrados presos de una pena a otra.)

..¡Tú dentro ya, tú fuera, tú ya libre,
el vivo muere, el muerto es inmortal,
sustancia voluntaria para más alta obra!

Busto de Zenobia Camprubí realizado por Marga Gil Roësset,1932

Marga Gil Roësset, ilustración del cuento Rose des Bois, 1923

 A Juan Ramón Jiménez

“…Y es que…

Ya no puedo vivir sin ti

…no… ya no puedo vivir sin ti…

…tú, como sí puedes vivir sin mí

…debes vivir sin mí…”.

Adan y Eva de Marga Gil Roësset

«Pero en la muerte, ya nada
me separa de ti… sólo la muerte
sólo la muerte, sola… y,
es ya… vida ¡tanto más cerca así
…muerte… cómo te quiero!»

Marga, el diario secreto de Marga Gil Roësset

El diario de Marga, 68 páginas escritas a lápiz, con letra grande, sin apenas fechas, con frases inacabadas e indescifrables algunas, regado de puntos suspensivos y ahogado en tristezas, lo dejó Marga en casa de Juan Ramón Jiménez la mañana misma que se mató. Tal vez para que el poeta lo leyera y se diera cuenta de su amor desesperado, o para que lo guardara para siempre. El caso es que Juan Ramón, ay, no creyó que fuera nada importante, y no lo abrió hasta el día siguiente, cuando ya Marga se había pegado un tiro en la casa de sus tíos en Las Rozas, después de pasar por el cantero y destruir todas las esculturas que allí tenía.

El diario lo debió escribir Marga en el último mes de vida, cuando sus visitas a casa de Juan Ramón se iban convirtiendo en habituales porque esculpía con vigor un busto de Zenobia -ella, que era una artista total, pintora desde los ocho años, delicada, fuerte y viril escultora después, insegura y, al tiempo, de una personalidad y un atractivo extraordinarios-. Lo empezó a escribir cuando ya sabía el final. Y es tan poético y tan explícito, que estremece:

“… Y es que… 

Ya no quiero vivir sin ti

… no… ya no puedo vivir sin ti…

… tú, como sí puedes vivir sin mí… 

… debes vivir sin mí…”

“Mi amor es infinito!…La muerte es… infinita… el mar es infinito… la soledad infinita… yo con ellos… yo… con lo infinito…”

“Qué dulce es el amanecer del día último…”

“Noche última… que querría tanto a tu lado… y estoy sola… …sola… Yo así en la vida estoy, pero en la muerte ya nada me separa de ti… muerte… cómo te quiero!”

Tú Absorto en lo inmenso…

Porque la obsesión, la desilusión y la tristeza van creciendo en el alma de Marga sin compasión. Juan Ramón quiere ayudarla en su formación como artista. “Tienes que irte a París o Londres, le dice el poeta, y conocer a los grandes artistas, y aprender de ellos”. “¿De verdad quieres que me vaya?“, responde, desolada, y escribe en su diario:

Si tú, espontáneamente, me dieras un beso… y me atrajeras… así… estrechamente… dejándome… oír en tu pecho latirte el corazón… y un poco también la plata de tu voz… Sería glorioso”. 

Pero nada. Juan Ramón no quería, no quería que le quisiese, no quería que descompusiese su vida. “Tú absorto… concentrado en lo inmenso”, escribía la pobre Marga. … “Me parece que tendré que morirme triste … sin beso … ni corazón … ni voz de plata … ni versos … ay!

Imaginar … siempre imaginar… y yo no sé si en ese momento sabré engañarme aún … o me moriré de pena”.

Juan Ramón guardó esta hojas estremecedoras durante años. Las leía, corregía, agregaba fotos y dibujos de Marga

Otros días, pocos, Marga se siente exultante, y escribe:

“Esta tarde has venido… viva, qué alegría me has dado… Juan Ramón… … Estabas… eres tan, no te enfades, comprende que soy artista… y claro, me fijo… tan guapo, no, no es esa la palabra: …sujestivo, persa… ojos, qué ojos… ¡dios, qué ojos! … nariz, boca, ¡labios!… dientes … pómulos nobles … expresión … Todo tú … desde todos los aspectos… cómo me gustas, ¡y cómo te quiero!

La pobre Marga 

Desde aquel 30 de julio de 1932, y más aún desde el día siguiente, cuando leyó el diario que Marga le había dejado encima de su mesa, el estupor, la amargura y el silencio, sobre todo el silencio, se adueñaron del poeta, podríamos decir que para siempre. Se ha comentado que Juan Ramón dejó a Zenobia esta nota escrita a mano: “Este manuscrito me lo dejó la pobre Marga la mañana del día que se mató. Como yo estaba esa mañana abstraído en mi trabajo y creí que lo que me dejaba Marga era algún poema para que yo se lo repasara, no lo miré ese día. Además, ella me dijo: ‘No lo leas ahora’. No te lo he dado porque creo que es mejor no dártelo.Tampoco puedo romperlo; sentiría como si rompiera a Marga muerta. Puedes leerlo. Pero no varíes de sentimiento por Marga, ni pienses mal de ella”. 

Hoy se sabe,según comenta la investigadora Ana Serrano, estudiosa de la obra de Marga, que Juan Ramón no llegó a darle a Zenobia el diario con esa nota. Tenía preparado un sobre, donde había escrito “Lo de Marga” con sus poemas, fotos y el diario, pero nunca llegó a dárselo a Zenobia. Además de saberlo por la persona que vivía con ellos, queda claro en los diarios de Zenobia, publicados recientemente.

Juan Ramón guardó estas hojas estremecedoras durante años dentro de una carpeta amarilla. Las leía, corregía, agregaba fotos y dibujos de Marga, poemas suyos… Decidió desde el principio que publicaría un libro conjunto en memoria y homenaje a Marga que se llamara así, Marga, “porque quiero que Marga quede incorporada a mi obra”, le dijo a su buen amigo José Guerrero Ruiz. Pero las circunstancias políticas de España, la guerra, el exilio de Zenobia y Juan Ramón en Puerto Rico, y, especialmente, el robo por parte de Martínez Barbeiro, Félix Ros y Carlos Sentís de muchos de los papeles y objetos que el poeta había dejado en su casa madrileña de la calle Padilla… contribuyó a que “lo de Marga” permaneciera fuera del control del poeta durante lustros.  

Quiero contar tu historia 

Juan Ramón ya había empezado a hablar y escribir sobre ella, primero sin mencionar su nombre y luego ya, en los años 40, más abiertamente. Marga era de verdoso alabastro, con ojos hermosos y tristes, y pelo liso castaño… Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro…” decía en las primeras versiones todavía mutiladas de su libro Españoles de tres mundos. Hasta 1997, como la propia historia de Marga, no vió la luz el texto completo, que termina así: “Si pensaste al morir que ibas a ser recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida”.

El libro que publicó la Fundación Lara incluye, además del diario tal y como lo dejó editado Juan Ramón, es decir, con los subrayados de Marga y las correcciones del poeta, que aparecen en el texto en cursivas, otros textos, algunos de ellos inédito de Zenobia Camprubí referentes a Marga. Cuenta Zenobia cómo entró “la niña en nuestras vidas” y muchas de las conversaciones que tuvo con ella. Rezuman sus textos cariño y compasión. “Marga -comienza uno de ellos- quiero contar tu historia, porque tarde o temprano la contarán los que no te conocieron o no te entendieron. Quiero decir las cosas como fueron, sin añadirle ni quitarle lo más mínimo a la verdad, para los que lean las falsedades puedan referirse a lo mío y separar lo falso de lo cierto de modo que figures como eras: apasionada y sana, insegura y heroica“.

Y va refiriendo Zenobia cosas y sensaciones de la vida de Marga desde que la conoció hasta el último día de su vida. No se notaba el brillo de Marga inmediatamente, cuenta Zenobia, pero cuando se marchaba “estábamos impregnados de su presencia“. “¿Puedo ver tus pinturas?”, le preguntaba. “No, no pinto ahora. Hago esculturas, ¿no ves mis manos? Es un trabajo duro, pero lo amo”. Escribe Zenobia también que en otra ocasión Marga les confesaba que detestaba las esculturas que hacía, sugeridas la mayor parte por su madre, y que al terminarlas las despedazaba a martillazos. “¿Has hecho alguna vez algo que te guste, Marga?”, le preguntó el poeta. “Sí, hice una cabeza de mi madre y me pareció muy buena, pero el que la despedazó fue mi padre”.

Demasiado silencio

Con lo que no contaba Zenobia es que nadie iba a tener acceso a ese diario hasta pasados casi setenta años. No ha habido pues malentendidos ni falsedades. Pero tampoco el reconocimiento a su tiempo de la artista Marga Gil Roësset. Por eso comparto la perplejidad que siente todavía hoy su sobrina Marga Clark y las mil preguntas que se debió de hacer su familia cuando vieron la historia de su tía Marga publicada en el periódico. El porqué de ese silencio atroz “al que mi tía Marga había sido sometida”durante tanto tiempo, por qué no supieron hasta 1997 que se había suicidado por amor a Juan Ramón Jiménez, ni que había un diario escrito, ni que el poeta le había dedicado un puñado de versos bellísimos, ni que su tía había sido una artista de personalidad extraordinaria… ni… “Sin pretender pedir cuentas al pasado -escribe Marga Clark en el prólogo de Marga- me pregunto si el legado artístico de la singular creadora habría sido más justo y reivindicativo si el Diario donde Marga se sinceró hubiera sido devuelto a la familia a su debido tiempo. Para mí, este hecho todavía sigue siendo algo enigmático”. 

Marga Gil Roësset (Las Rozas de Madrid, España, 3 de marzo de 1908 – Las Rozas de Madrid, 28 de julio de 1932) Escultora, ilustradora y poeta.

Marga Gil Roësset tan débil que los médicos le dijeron a su madre que no sobreviviría. Sin embargo, Margot Roësset estaba convencida de que el amor la salvaría, y tuvo en brazos a su hija durante meses, hasta que la niña salió de peligro. La familia de Marga era excepcional. Descendían de dos hermanos nacidos en Francia de ascendencia polaca, León y Eugenio Roësset, ingenieros e inventores que se hicieron inmensamente ricos en España y se casaron con dos hermanas de la burguesía gallega, muy cultivadas, en una época en la que la mayoría de las mujeres eran analfabetas.

Entre la descendencia que tuvieron las dos parejas estaba Julio, abogado, farmacéutico y director de cine que se dedicó a hacer películas pornográficas para su amigo Alfonso XIII. Otro de los descendientes, León, general del Estado Mayor, desertó, abandonó a su familia y se dedicó a escribir las letras de los cuplés de Celia Gámez. Leon tuvo una hija Luisa que se caso a los 15 años, se quedo viuda a los 16 y se metió monja, con la condición de salir todos los años de la clausura para hacerse una foto, ya que según creía ,era tan bella que no podía ocultar su belleza al mundo sin ofender a Dios. Otro más de la familia, Mauricio, que fue novio de la pintora surrealista Maruja Mallo, sufrió un accidente de tráfico con ella y al verla inconsciente y cubierta de sangre pensó que había muerto y, en estado de shock, se fue a su casa y se disparó un tiro en la cabeza.

Las mujeres de la familia eran muy bellas y también muy creativas. Una de ellas, María, fue pintora y sus cuadros se conservan en las colecciones de diversos museos. Y por último, Margot, la madre de Marga y Consuelo, cuya elegancia era tan célebre que las mujeres esperaban en la ópera que apareciera para admirar sus espectaculares vestidos. Marga era la segunda de cuatro hermanos: Consuelo (1905), Marga (1908), Pedro (1910, murió prematuramente) y Julián (1915). Al igual que su esposo, Margot consideraba que sus hijas e hijos debían recibir la mejor educación. A las niñas les ofrecía premios a cambio de que escribieran y dibujaran cuentos para estimular su creatividad desde muy pequeñas. Hablaban idiomas, asistían a conferencias, iban a exposiciones y conciertos. En 1920 Marga ilustra, con 12 años y absoluta maestría, El niño de oro, escrito por su hermana mayor Consuelo. Sus últimos dibujos publicados aparecen en un libro titulado Canciones de niños de 1932, con canciones de su hermana Consuelo y libreto musical de su cuñado José María Franco. Al contemplarlos nos recuerdan a las ilustraciones de El principitode Saint-Exupéry… Hoy los expertos se preguntan si el autor de El principito conocía estas ilustraciones, lo que es probable y se inspiró en ellos para realizar sus dibujos.

A los quince años decidió dedicarse a la escultura, especialmente en piedra, y los críticos de la época hablaban de su “exaltación agresiva del arte”, del “implacable rigor sarcástico de sus estatuas”, de una artista “pura, exacta, que no debía nada a profesores y maestros”. Marga fue considerada una niña prodigio. Marga fue alumna de Victorio Macho, escultor español, precursor de la escultura contemporánea española, que se negó a darle clase por miedo a estropear su talento. Fue, por tanto, completamente autodidacta y quiso reconducir su arte hacia senderos menos convencionales.

En junio de 1930 fue entrevistada gracias al protagonismo de su escultura Adán y Eva en la Exposición nacional de Bellas Artes. Marga Gil Roësset argumentaba sobre su manera de trabajar: “Yo siempre intento operar sobre mis esculturas de dentro afuera. Es decir, trato de esculpir más las ideas que las personas. Mis trabajos, en cuanto a la forma, podrán no ser muy clásicos; pero, por lo menos, llevan el esfuerzo de querer manifestar su interior”.

En la misma entrevista en la que se define como precursora (“trabaja sin recibir influencias de nadie”), declara no creer “en el amor simultáneo de dos corazones”. Afirma que puede enamorarse pero le parece difícil coincidir con una persona que le corresponda y complete el amor. Le parece que “en esto hay siempre un sacrificado” que acepta la ofrenda de amor del otro. “Ella no espera hallarlo”.

Se trata de una entrevista con Rosa Arciniega de Granda, publicada en el semanario “Crónica” en junio de 1930. Sus palabras sobre el amor parecen premonitorias.

 En 1931, concurre a la exposición anual del Círculo de Bellas artes, al Concurso Nacional de Escultura y sus libros y dibujos se expusieron en la Exposición Internacional del Libro de Arte, organizada por la Asociación Internacional del Libro de arte francés en el Petit Palais de París.

En 1932 conoce a Zenobia Camprubí y a Juan Ramón Jiménez, con quienes establece una profunda amistad, Marga queda fascinada con Zenobia y realiza un busto de ella y también se enamora sin esperanza del poeta. El poeta tenía 51 años y estaba casado con una mujer a la que la joven admiraba y respetaba. Era un amor prohibido e irracional, como Marga escribe en su diario: “… Qué sé yo por qué te quiero tanto … vamos … sí sé … comprendo muy bien que se quiera así … pero … querría no quererte tanto … aunque mi única razón de ser … es esa… y también mi única razón de no ser … … En amor … no cabe una intervención razonada… quieres o no quieres”.

La mañana del 28 de julio acude a casa de Juan Ramón, que luego recordaría  que “Llevaba un paquete en la mano , parecía que contenía algo metálico, y ahora pienso que tal vez era un revólver, que tal vez Marga esperaba que yo me diera cuenta y tratara de evitar lo que pensaba hacer. Dejó el paquete sobre el velador . Estaba triste. La criada me dijo que la vio llorar” Lo que Marga dejó en la casa de Juan Ramón era su diario, pero en aquel momento el poeta no lo abrió, no creía que fuera algo importante . Así se lo contaba luego en una carta Juan Ramón a su mujer Zenobia “Este manuscrito me lo trajo la pobre Marga la mañana del día que se mató. Como yo estaba esa mañana muy abstraído en mi trabajo , y creí que lo que me dejaba Marga era algún poema para que yo se lo repasara , no lo miré ese día. Además , ella me dijo “No lo leas ahora” Aquella tarde la madre de Marga estaba muy preocupada y cuando el amigo de Juan Ramón, Juan Guerrero, que ya no era su secretario,  se entera casualmente de ello por una doncella se lo comunica a Zenobia y ambos salen a buscarla por las calles de Madrid. “Salimos en su busca -escribe Juan Guerrero- . Zenobia y yo anduvimos de un lado para otro, fuimos al cantero donde Marga trabajaba y el cantero nos dijo que Marga había estado  allí esa tarde para romper todas las esculturas que allí tenía” Poco después se encuentran con una prima de la escultora que les da la funesta noticia “Marga se ha matado. Marga tomó un taxi , fue a casa de mis padres en Las Rozas, le pidió las llaves a la guardesa, subió al dormitorio, escribió unas cartas y se pegó un tiro”

Marga, el 28 de julio de 1932, a las seis de la tarde, se pegó un tiro en la sien. Tenía 24 años.

Dentro de la carpeta que le había dejado Marga, Juan Ramón encontró el diario en el cual le confesaba su amor por él.

La última anotación de su diario decía:

«… Y es que… Ya no quiero vivir sin ti… no… ya no puedo vivir sin ti… tú, como sí puedes vivir sin mí… debes vivir sin mí…», «Mi amor es ¡infinito…… La muerte es… infinita… el mar… es infinito… la soledad infinita… … … yo con ellos… ¡contigo!… Mañana tú ya sabes… yo… con lo infinito… lunes, noche», «Pero en la muerte, ya nada me separa de ti… solo la muerte… … solo la muerte, sola… y, es ya… vida ¡tanto más cerca así… … muerte… cómo te quiero»

Aquellas páginas no se conocieron hasta 1997, cuando Blanca Berasátegui publicó, en el ABC Cultural, facsímiles de algunas de ellas, en un reportaje titulado “Historia de Marga”. Están escritas a mano, con letra grande, a lápiz, algunas indescifrables, llenas de puntos suspensivos, de frases inacabadas”. En el manuscrito la joven mezclaba amor, vergüenza, culpa y dolor a partes iguales. Así se disculpa con Zenobia: “Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón! Y aunque querer… y enamorarse es algo que te ocurre porque sí, sin tener tú la culpa… a mí al menos, pues así me ha pasado…”. Tras el suicidio de “la niña”, como llamaban a MargaJuan Ramón y Zenobia quedaron muy afectados y encargaron un aparador de roble sobre el que pusieron el busto de Zenobia esculpido por “la niña”. Y, en su comedor de Maryland, en el exilio, un retrato de Marga presidía el comedor de la pareja.

Tras la muerte de Marga, su hermana publicó en 1933, un libro de canciones que Marga también había ilustrado y que se considera precedente de las ilustraciones de “El principito” de Saint-Exupéry.

El escultor Juan de Ábalos la había conocido porque trabajaron en el mismo cantero y la define como: «la única mujer que esculpía la piedra en España, en talla directa, con una fiereza como de iluminada».

Marga Gil solo vivió 24 años, pero dejó una huella imborrable en quienes la trataron y una obra inmensa para tan corta vida. Tres escritos que, junto al diario y las dieciséis esculturas originales se salvaron de la destrucción ya que la propia Marga destruyó una gran parte de ellas antes de quitarse la vida. Además, otras diez esculturas que son réplicas, y unos cien dibujos constituyen el legado de una mujer genial que asombró al mundo del arte. Una mujer que hasta hace poco agonizaba en un injusto olvido.

Su sobrina, la escritora y fotógrafa Marga Clark ha recuperado su figura y ha roto el silencio familiar devolviendo a su tía toda la justa memoria que merecía una mujer como ella. El libro “Amarga luz” escrito por ella, es una versión novelada de unos hechos reales que la autora utiliza como fuente de inspiración. 

 El crítico de arte José Francés dijo en referencia a Marga Gil Roësset, cuando esta tenia 22 años :

“De ahora en adelante, cuando se hable de la escultura española, hay que citar el nombre de Marga y el arte de Marga. “

Enlaces de interés :

http://www.m-arteyculturavisual.com/2015/04/02/diario-de-marga-gil-roesset/

https://www.65ymas.com/sociedad/cultura/clark-reivindicar-figura-tia-escultora-27-marga-gil-roesset_2268_102.html

https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2016/03/marga-gil-roesset-18174.html

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20150116/noche-infinita-marga/3750015_0.html

https://masticadoresfem.wordpress.com/2021/05/29/miscelanea-en-rojo-de-marga-gil-roesset-a-marga-clark/

https://gentedelasafor.es/art/4169/marga-gil-roesset-la-mujer-cuya-genialidad-no-cabia-en-el-mundo

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