6 Poemas de Amalia Domingo Soler

Esta página es de poesía pero también queremos dar presencia a algunas mujeres que, aunque no escribieron poesía, o no destacaron por ser poetas, su voz como mujeres, pioneras, pensadoras y/o escritoras es tan importarte en la historia que creemos deben ser incluidas.

Este es el caso de la extraordinaria Amalia Domingo Soler. Feminista y referente mundial del movimiento espiritista . 

 Una de nuestras Imprescindibles.


UNA PEQUEÑA HISTORIA

Dedicada a mí querido hermano Antonio del Espino

*

Silvia era una mujer enamorada,

(pero de su marido),

el que a decir verdad no la adoraba,

y solo concedía

al amor que su esposa le ofrecía,

esa condescendencia

que en lenguaje vulgar, la llama el mundo

con sobrada razón indiferencia.

Mas cuando la mujer está ofuscada

por una de esas grandes afecciones,

su ciego entendimiento no ve nada.

¡Feliz aquel que en su ilusión hermosa

todo lo mira de color de rosa!

Silvia era muy feliz, para ella el mundo

era un vergel de purpurinas flores;

entregada a su amor grande y profundo

no sabía que existieran los dolores;

y si bien en su esposo no encontraba

más que un cariño indiferente y frío,

como ella otra afección no recordaba,

no podía comprender el gran vacío

en que su amor inmenso fluctuaba.

Silvia perdió a sus padres en la cuna,

y su anciano tutor sin duda alguna

para quitarse cargos de conciencia,

decidió que la niña consagrara

al Ser Omnipotente su existencia.

Y a la huérfana bella en un convento

la sepultó con el mejor intento,

de que ignorando la mundana historia,

en Dios cifrara su ilusión, su gloria.

Pasó Silvia las horas de su infancia

dulces, serenas, plácidas, tranquilas,

pero a los quince años

brillaron sus pupilas

con un fulgor extraño,

con un fuego sombrío;

sus mejillas de rosa

tomaron el color de la azucena,

y su nevada frente

se cubrió con el triste amarillento

que produce la fiebre intermitente.

Las madres cuidadosas

al tutor avisaron presurosas;

vino este acompañado

de un célebre doctor, el que mirando

a la linda criatura

que se iba lentamente marchitando. exclamó:

Que abandone esta clausura,

pues si se queda aquí, yo no respondo

de que este buque se nos vaya a fondo.

Dejó Silvia el convento sin tristeza,

porque ya en su cabeza

flotaban halagüeños

fantasmas de placer desconocidos,

que iban a murmurar en sus oídos

palabras incoherentes,

pero tan elocuentes,

tan llenas de pasión y de poesía,

que la niña en sus sueños presentía

que la familia humana,

está envuelta en un mágico fluido,

que ha sido, es, y será de los mortales

el Jordán bendecido,

donde reciben el bautismo santo

de un amor grande, sin rival, profundo,

que es de la vida inexplicable encanto.

Silvia era rica, inmensamente rica,

razón por que se explica

que antes que su tutor la presentara

en los grandes salones,

donde encuentran las niñas y las bellas

galantes ovaciones,

tuviera mil rendidos amadores

que le ofrecieran con afán profundo,

un amor tan inmenso como el mundo.

Su tutor era un hombre acostumbrado

a vivir sin fatigas ni cuidados,

y por esta razón creyó prudente

que Silvia se casara

antes que el huracán de las pasiones

su corazón sencillo despertara.

Y entre los mil galanes

que a la huérfana bella pretendían,

escogió un caballero

de noble cuna, y de gentil talante,

y de inmensa fortuna:

¡circunstancia feliz que aseguraba

el porvenir de Silvia! ¿quién lo duda?

Llegó esta ante el altar pura y serena;

su frente orlaban blancos azahares

y echó sobre su cuello esa cadena

de leves o pesados eslabones,

que el matrimonio por misterio eterno

es trasunto del cielo y del infierno.

Bello es vivir cuando un amor profundo

viene a buscar abrigo en nuestro pecho:

dulce es morir si horrible desengaño

nos deja el corazón pedazos hecho.

Ya hemos dicho al principio de esta historia

que Silvia en su ignorancia, no sabía

que la amarga irrisión del matrimonio

era lo que su esposo la ofrecía.

Ávida de querer, ella adoraba

a aquel que indiferente contemplaba

su espléndida hermosura;

pero que la guardaba

esas mil deferencias y atenciones,

que es el amor usado en los salones.

Mas al cumplir tres años de su enlace,

Silvia vio dibujarse lentamente

una nube plomiza

en el puro horizonte de su vida.

Aquellas deferencias y atenciones

que su esposo al principio la ofrecía,

se fueron extinguiendo cual los rayos

que lanza el sol al terminar el día.

Para hacer un análisis profundo

de lo que vale este mezquino mundo,

no es necesario más que los enojos

arranquen una queja a nuestros labios,

y hagan brotar el llanto a nuestros ojos.

Silvia adquirió esa ciencia dolorosa;

esa filosofía,

que se obtiene contando los instantes

de una noche sombría,

cuando se espera con afán amante

al ser amado que nos quiso un día.

Silvia pidió primero explicaciones,

y después prodigó reconvenciones

llenas de sentimiento y de ternura,

pero su esposo con desdén profundo

y sonrisa glacial, le dijo: “Escucha.

Ese amor que tu sueñas, no es del mundo.

Olvida esa quimera deliciosa,

disfruta los encantos y placeres

del lujo y de la moda caprichosa,

y vive como viven las mujeres

que como tú son jóvenes y hermosas.

El marido es un mueble necesario;

la mujer necesita de otro nombre:

la cruz del matrimonio es el calvario

que Dios ha dado a la mujer y al hombre.

Mas de algo ha de servir la inteligencia,

y por eso con suma indiferencia

debemos aceptar los sinsabores

que envenenan la frágil existencia.

El amor es bellísimo en teoría

mas si algo quiere el hombre es a sí mismo,

y la mutua pasión, querida mía,

es simplemente un cambio de egoísmo.

Este es el mundo, acéptalo si quieres

como lo has encontrado;

y cumple la misión de las mujeres

que es recordar el tiempo que ha pasado”.

Silvia escuchó en silencio estas razones,

ni una queja sus labios exhalaron;

pero al perder sus santas ilusiones

otra región sus ojos contemplaron.

Miró en torno de sí y horrible espanto

la hizo sentir inexplicable frío

y murmuró con voz desfallecida,

este mundo sin duda no es el mío.

¿O tal vez seré yo más desgraciada?

Misterio es este que saber ansío,

y buscó desde entonces su mirada

esa indeleble huella

que deja en pos de sí la desventura;

y encontró en su querella

que existía el sentimiento, y la ternura,

y el infortunio estaba solo en ella.

Mira y compara, dice la Escritura,

y serás consolada;

mas la débil criatura,

no se fija en los míseros que gimen

sino en aquellos más afortunados.

Esto le pasó a Silvia en su infortunio,

su historia, que es la historia de la vida,

le pareció la sola en este mundo,

¡y hay tantas ediciones repetidas!

*

¡Pobre Silvia! tan joven, tan hermosa,

tan ávida de amor, y ser dichosa…

como la sensitiva

repliega su corola,

reprimió su amoroso sentimiento

al verse triste, abandonada y sola.

Y esa tisis del alma,

ese dolor profundo

ese insomnio sin calma,

le fue robando el brillo de sus ojos

y la sonrisa de sus labios rojos.

Los médicos temieron por su vida,

diciendo a su marido:

que aquel pleito lo daban por perdido

si Silvia no dejabala mansión que habitaba,

que fuera a Italia a recobrar aliento;

pero la enferma con amargo acento

les dijo que era inútil su porfía,

que Dios había escuchado su lamento

y que tranquila y sin dolor moría.

*

Hizo venir a su tutor, que inquieto

no quería adivinar el gran secreto

que envenenó inclemente la existencia

de aquella pobre flor, sacrificada

en aras de su torpe conveniencia.

La voz de su conciencia

sin cesar, decía:

“Toda esa desventura es obra mía;

si yo hubiera estudiado,

con afán y cuidado,

lo que a Silvia mejor le convenía,

esta hubiera vivido,

mas los hechos que están ya consumados

el lamentarlos es tiempo perdido”,

y tomando un sereno continente

entró resueltamente

en la estancia en que Silvia con tristeza

echada en su diván lánguidamente,

apoyaba en sus manos su cabeza:

preguntando tal vez a su pasado

por su ensueño de amor evaporado.

*

Tosió el anciano por hacer ruido,

y Silvia le indicó que la atendiera,

diciendo con acento conmovido:

tengo que hablaros por la vez postrera.

Voy a morir. —¿Morir? ¡qué tontería!

replicó su tutor, eso es incierto;

¿qué es lo que tienes tú? melancolía,

¡pues de melancolía nadie se ha muerto!

*

—Lo mismo digo yo; dijo el marido,

que hablaba por hablar, por decir algo.

—Ninguno de los dos ha comprendido

el sufrimiento que en mi pecho guardo;

Dijo la enferma con afán creciente;

pero ahora es necesario; yo lo quiero

que sepáis el tormento de mi mente

y la causa fatal porqué me muero.

Yo no nací para el bullicio loco,

nací para querer, y ser querida;

la pompa mundanal la tuve en poco:

que era el amor el alma de mi vida.

Sin consultar mi corazón me unieron

a un hombre que por mí nada sentía:

blasones y riquezas le pidieron,

para entregarle la existencia mía.

Le di mi mano al pie de los altares,

y él en cambio me dio timbres y honores;

yo guardé mi corona de azahares

cual símbolo feliz de mis amores.

Ávida de querer, amé a mi esposo

con afán, con delirio, con locura,

por compasión quizá, fue generoso,

y celebró galante mi hermosura.

Pero un día llegó, que necesario,

juzgó decirme: “Niña, no te asombre,

la cruz del matrimonio es el calvario

que Dios ha dado a la mujer y al hombre.

Este es el mundo, acéptalo si quieres

con la fría realidad que lo has hallado,

y cumple la misión de las mujeres

que es recordar el tiempo que ha pasado”.

Desde entonces desliza mi existencia

sumida en un dolor grande y profundo,

dudando de la Santa Providencia

al ver la ingratitud que hay en el mundo.

Dudando si es delirio, si es locura

vivir a los deberes consagrada;

si más allá la dicha se asegura,

o después de luchar, solo hay la nada.

Yo necesito amar, y amor me ofrecen,

mas no es el hombre cuyo nombre llevo:

delirantes quimeras me enloquecen

y quisiera querer, y no me atrevo.

Y en esta lucha horrible de mi vida,

Dios tuvo compasión de mis amores;

voy a morir, serena y convencida

que con la muerte acaban los dolores.

Voy a morir, guardad en vuestra mente

débil recuerdo de mi amor profundo;

y grabad en mi tumba, “Ya no siente

la mujer que a llorar vino a este mundo”.

Silvia murió; y su sepulcro helado

los sauces compasivos lo cubrieron,

y en mármol de Carrara fue guardado

aquel ser que en la tierra no quisieron.

Dieron grandiosa tumba a los despojos

de la mujer hermosa, que en el mundo

no enjugaron el llanto de sus ojos

ni apreciaron su amor grande y profundo.

Esa es la ley social, cubrir de flores

las tumbas de los mártires que un día,

bajo el peso fatal de sus dolores,

murieron sin consuelo en su agonía.

Duerme Silvia, tu historia es el legado,

que tienen por herencia las mujeres,

mueren recordando su pasado,

viven olvidando sus deberes!

A la memoria de mi madre

¡Madre del corazón! cuánto he sufrido

en la triste ignorancia de mi vida;

cuando tu inmenso amor miré perdido

creyendo que era eterna tu partida;

cuando en tus sienes no encontré un latido;

cuando tu dulce voz quedó extinguida,

y en mi horrible ansiedad y en mis enojos

perdí la luz, de tus hermosos ojos.

.

¡Tus ojos…! que habían sido en mi existencia

faros de salvación y de consuelo,

destellos de la santa providencia,

luminares purísimos del cielo;

ídolos de mi fe, de mi creencia,

que yo adoraba con ardiente anhelo,

porque antes de perderte comprendía

lo mucho que me amabas, ¡madre mía!

.

¡Cuánto me amaste! sí; yo fui tu gloria,

tu ensueño de placer jamás perdido,

capítulo el más triste de tu historia

y para ti, sin duda, el más querido.

El afán de tu vida transitoria

fue evitar a mis labios un gemido;

pensar en mi dolor, fue la gran pena

que te hizo sucumbir. ¡Eras tan buena!

.

Que no es extraño que, al perderte, el llanto

fácil brotara de mis tristes ojos;

y que en mi soledad sintiera espanto,

y en mi camino hallara solo abrojos.

La vida en su terrible desencanto

¿qué le ofrece al mortal? luto y enojos;

el que fija en la tierra su mirada

¿qué ha de encontrar? El hielo de la nada.

.

Eso encontraba yo, madre querida;

por eso ante tu losa funeraria

pasaba muchas horas de mi vida

sin elevar al cielo una plegaria;

en tu recuerdo santo embebecida

mi mundo era tu huesa solitaria,

siendo todo mi afán, en mis dolores,

cubrir tu tumba con hermosas flores.

.

Una voz, un murmullo, un eco vago

resonó de la tierra en el abismo,

y un algo misterioso, en dulce halago

la frente acarició del ateísmo.

Quien dijo, que la muerte no hacía estrago,

por medio de la magia o espiritismo,

y asombradas las gentes repetían,

¡que los muertos hablaban y sentían!

.

Los unos con desdén los escucharon,

los otros de pavor se estremecieron,

algunos por reírse investigaron,

y sin saber por qué se convencieron.

Aquellos que en su mente conservaron

recuerdos de los seres que perdieron,

sintieron renacer en su memoria

de su existencia la pasada historia.

.

Yo la sentí también, brotó en mi mente

vertiginosa… delirante idea,

comprendí que había un Ser Omnipotente,

y exclamé con amor: ¡Bendito sea!

Admiré la gran causa inteligente,

miré en la ciencia luminosa tea

que nos mostraba mundos y planetas,

que nunca los soñaron los poetas.

.

Vi a hombres rudos, sencillos, ignorantes,

trazar sobre el papel rasgos extraños,

pigmeos convertidos en gigantes,

sin doblez, sin mentira, sin engaños;

yo vi la conmoción en sus semblantes

y lamenté los juveniles años,

que he perdido dudando que vivían,

que los muertos hablaban y sentían.

.

Viven, sienten, se agitan, se estremecen,

velan amantes nuestro triste sueño,

del globo terrenal desaparecen,

que así lo quiere su divino dueño.

Mas siempre en nuestra lucha nos ofrecen

de la esperanza el mágico beleño.

Por eso en mis momentos de agonía

te contemplaba siempre ¡madre mía!

.

Te contemplaba, sí; junto a mí estabas,

y yo creyendo que un delirio era,

mi frente cariñosa acariciabas

murmurando: “Prosigue tu carrera”.

Tus ojos en mis ojos los fijabas,

diciendo en su expresión sufre y espera;

y yo entre tanto en mi dolor profundo

¡me encontraba tan sola en este mundo!

.

Sola viviendo tu ¡fatal locura!

¡qué tiempo tan precioso he consumido

lamentando mi horrible desventura!

expiación que sin duda he merecido,

pero ya terminó: radiante y pura

contemplo hermosa luz, y conmovido

mi corazón se agita y en mi mente,

tres épocas se enlazan dulcemente.

.

Mi ayer con tu ternura sacrosanta,

mi presente flotando en el vacío,

mi porvenir que al cielo se levanta

exclamando, yo espero, yo confío;

y la fe racional, eterna planta

que la ciencia la sirve de rocío,

hoy me brinda el aroma de sus flores

y a su sombra se extinguen mis dolores

.

¡Espiritismo! ¡ciencia bendecida!

¡Espiritismo! ¡religión sagrada!

¡Foco del bien! ¡antorcha de otra vida!

Filosofía en la razón basada;

la ley de recompensa merecida;

la negación eterna de la nada;

el amor al progreso y a la gloria

de la creación la legendaria historia.

.

Yo reconozco tu verdad innegable,

de Dios presentas la perfecta hechura,

en sus divinas leyes inmutable,

sin preferir a nadie en su ternura:

tu doctrina es sublime, es adorable,

es practicar la caridad más pura;

¡feliz de aquel que al borde del abismo

oye tu voz, gigante espiritismo!!!

La Confesión

Tiene la Iglesia Romana

algo humillante en su rito,

que el pecador más contrito

lo tiene que rechazar.

En su culto hay servilismo,

en su dogma hay vasallaje,

y si del hombre el ultraje

a Dios pudiera llegar.

.

Ciertamente que se ofende

a la majestad divina,

con esa forma mezquina

que han dado a la religión.

De Roma, bolsín sagrado,

sale, se extiende y circula

el gran papel de la bula,

de fácil aceptación.

.

Las reliquias y rosarios,

los breves y las dispensas

reportan sumas inmensas…

a la casa del Señor.

¡Parece como imposible

que el hombre, un ser tan pequeño,

se haya convertido en dueño

del poderoso Hacedor!

.

Le asocian a sus miserias,

le unen a sus mezquindades,

a sus torpes liviandades,

y a su loca vanidad.

Esa religión cristiana

le exige al hombre un tesoro;

según ellos, con el oro,

de Dios se alcanza piedad.

.

Ministros del fanatismo,

¿por qué os dais falsos derechos,

para analizar los hechos

del infeliz pecador?

¿Y con oculto espionaje

profanáis el santuario,

y vais al confesonario

en nombre del Redentor?

.

Y absolviendo a vuestro antojo

a esos cristianos ilusos.

conseguís con vuestros usos

sus decretos sorprender.

¿Quién sois, míseros mortales,

para juzgar los pecados?

¡Ciegos por ciegos guiados,

todos tendrán que caer!

.

Dios tan solo debe oír

nuestra confesión contrita;

¡pobre humanidad! medita

y comprende la verdad.

No des a otro pecador

un espíritu divino,

no le entregues tu destino,

ni tu propia voluntad.

.

No hagas tu casa en la arena

que el mar sus cimientos baña;

edifica en la montaña

que no arrastra el aluvión.

No hay ningún hombre en la tierra

que no conozca el pecado;

a todos ha dominado

una vez la tentación.

.

Es el sublime Evangelio

la voz del Omnipotente,

en él brilla refulgente

la razón y la verdad.

Se han sucedido los siglos,

y pasó ¡oh! mundo tu infancia;

ya es tiempo que tu ignorancia

se pierda en la eternidad.

.

¡Oye, siglo diez y nueve!

Tu adelanto es poderoso;

mas te falta ¡oh! gran coloso,

ir de la verdad en pos.

Porque la ciencia no basta

para evitar pesadumbres;

moraliza tus costumbres

¡y conocerás a Dios!

La calumnia

¡Calumnia abominable!… el luto y el espanto

difundes por do quiera: ¡Fatal es tu misión!

Los ojos más serenos anublas con el llanto

y arrancas despiadada, la paz del corazón.

.

En todas partes dejas tristísima memoria;

unida estás al hombre con invisible imán.

Profanas con tu aliento el libro de la historia

y crédito los siglos a tus sofismas dan.

.

A veces el acaso te arroja de tu trono

y pierdes en un soplo tu fuerza y tu poder;

mas tornas a la lucha con implacable encono

y a la verdad humillas volviéndola a vencer.

.

La condición humana acepta a la impostura

y la verdad rechaza cual sombra que da horror,

y si al mortal no halaga la ajena desventura

escucha indiferente la queja del dolor.

.

Es triste confesarlo; mas con desdén profundo

contempla la desgracia la turba mundanal.

¡Ay!… Pobre del que llora, que le desdeña el mundo

porque sus ayes turban su impura bacanal.

.

Amaos unos a otros, nos dice la escritura,

y odiarnos mutuamente, nos pareció mejor,

la envidia y la calumnia que son de igual hechura

buscáronse y se unieron con fraternal amor.

.

¡Qué mundo tan pequeño es este que

habitamos!…

sin duda por sarcasmo se llama a esto vivir,

cobardes y mezquinos en todo nos mostramos:

la educación tan solo nos llega a corregir.

.

Mas queda la semilla del mal en nuestro pecho

y siempre fructifica con tal fecundidad,

que el más leve accidente presenta claro hecho

que el hombre lleva el germen en sí de la impiedad.

.

¿En esos otros mundos será mejor el hombre?

Sin duda debe serlo si está cerca de Dios.

¿Tendrá distinta forma…? ¿tendrá distinto nombre?

¿irá como en la tierra de su codicia en pos?

.

No, no; debe ser grande y hallarse revestido

de un algo poderoso que irradie clara luz:

debe ostentar su frente el sello bendecido

que a la virtud legara, el que expiró en la cruz.

.

¡Oh! ¡cuánto anhela mi alma llegar a esas

regiones!

aquí me falta espacio, aquí me falta fe:

pues veo luchar tan solo mezquinas ambiciones

y no encuentro los seres que en mi ilusión soñé.

.

¡Oh! Ser Omnipotente; que acabe mi destierro.

¡Qué lenta es mi agonía…! termine mi sufrir;

aquí mi frente oprime un círculo de hierro…

permíteme que muera para después vivir.

.

Vivir entre otros seres, sin que calumnia impía

arroje en mi camino su rayo destructor;

en donde siempre brille el luminar del día

en donde encuentre el alma inextinguible amor.

.

Ese amor noble y grande, inmaterial, profundo,

amor que desconoce la pobre humanidad;

¡oh! tu Dios bondadoso: arráncame de un mundo,

donde hay hombres que niegan la luz de tu verdad.

A un materialista

Dices que el espiritismo

será secta o religión;

tan solo el oscurantismo

le da tal definición.

.

Nosotros no pretendemos

formar religión ninguna,

tan solo enlazar queremos

el sepulcro con la cuna.

.

Queremos unificar

los átomos disgregados;

queremos analizar

todos los hechos pasados.

Queremos ver la razón,

la causa que efecto da;

y en la regeneración

miramos el más allá.

.

¡No abrigamos pretensiones

de tener sabiduría,

que las humanas razones

valen poco todavía!

.

Mas tenemos intuición

de la ley universal,

que es su complementación

la lucha del bien y el mal.

.

Concedemos a la vida

progreso indeterminado;

la eternidad suspendida

sobre todo lo creado!

.

Vemos a Dios en las flores,

en sus preciados aromas,

en los pardos ruiseñores

y en las cándidas palomas.

.

En el lago, en el torrente,

en el valle, en la espesura

y en el mar que sordamente

con su impotencia murmura.

.

Y en las olas que en la arena

corren tras de un algo en pos,

hallamos la prueba plena

de la grandeza de Dios.

.

Mas no le hacemos altares,

ni en ídolos le adoramos;

nuestros templos son los mares

y los mundos que admiramos.

.

Las catedrales gigantes

con sus arcadas sombrías,

con sus luces vacilantes

y sus graves melodías.

.

No son más que aberraciones

del entendimiento humano,

que hizo un Dios con sus pasiones

y le ofreció un lujo vano.

.

¿Qué son los templos de piedra

de admirable construcción?

¡Si a ellos se enlaza la hiedra

de la envidia y la ambición!

.

Es preferible la ermita

de la cumbre solitaria,

donde el creyente eremita

eleva a Dios su plegaria.

.

Mas nosotros no formamos

ningún templo en este mundo,

porque en nosotros llevamos

algo más grande y profundo.

.

Por eso el espiritismo

ni es secta, ni es religión,

es la esencia de Dios mismo

germinando en la razón.

1974

Poemas seleccionados de Ramos de violetas. Volumen 1

Miscelánea

La religión romana empequeñece al hombre,

le quita su albedrío, su libre inspiración,

y al invocar sus labios de Dios el dulce nombre,

no late conmovido su helado corazón.

.

“Sepulcros blanqueados” son esos pobres

seres que acuden a los templos lo mismo que a un festín,

y creen que ya han cumplido con todos sus deberes

si asisten a la misa que rezan en latín.

.

Lenguaje desusado que el pueblo no comprende

y que su sentimiento no puede despertar.

¿Qué ha de sentir el hombre que escucha y que no

entiende?

¿se puede acaso a un ciego la luz impresionar?

.

No basta que al creyente le digan: “Desgraciado,

un mundo de tormentos te espera, si al morir

no dejas a las almas que gimen en pecado

tus bienes que en responsos se deben consumir”.

.

No basta que a Dios pinten terrible en su venganza,

y el pecador temblando eleve una oración,

temiendo que a su muerte se incline la balanza

al lado en que se encuentra su eterna perdición.

.

Si el miedo no convence, ni juzga, ni razona,

¡si de la triste “sombra” jamás la luz brotó!

¿Puede quererse acaso a un Dios que no perdona?

Podrá inspirar espanto, pero ternura no.

.

Si ya pasó del mundo el tiempo de su infancia,

¿por qué sin causa el hombre a Dios ha de temer?

¿por qué no se le instruye, que acabe su ignorancia

para que el Evangelio lo llegue a comprender?

.

Parece hasta imposible ¡oh, siglo diecinueve!

que unido a tu adelanto y en pos de tu invención,

aún viva el fanatismo que hipócrita se atreve

a sujetar del hombre la libre inspiración.

.

Pero su afán es nulo, que el genio del “presente”,

el que a la ciencia impone la ley de su poder,

venciendo los escollos avanza lentamente,

porque el mortal no puede jamás retroceder.

.

“La libertad de cultos” nos brinda horas serenas

pero aunque dominara “la Santa Inquisición”…,

protestarían los hombres, rompiendo sus “cadenas”,

porque protesta el tiempo, protesta “la razón”.

.

Que siempre ha protestado, pero el oscurantismo

no le ha dejado al hombre pensar ni definir;

sin darse cuenta de ello pensó en el “ateísmo”

que con la indiferencia le vino a confundir.

.

Los sabios más profundos, su voz al cielo alzaron

pidiendo que imperara la ley del Redentor,

los padres de la Iglesia su audacia excomulgaron,

los débiles temieron, y dominó el “error”.

.

Pasaron luengos siglos, huyeron las edades

y siempre la teocracia dictó su voluntad,

y tuvo falsos ritos, y pompa y vanidades,

reinando la “mentira” en vez de la “verdad”.

.

El mártir de los Cielos, el héroe del Calvario,

sintió por los humildes inextinguible amor,

y en cambio, sus ministros creyeron necesario

que al siervo dominara tiránico Señor.

.

Y hasta en los cementerios les dieron a sus muertos

distinta jerarquía ¡oh humana ceguedad!

que hasta en la helada tumba comete desaciertos

y hasta el “no ser” despierta su loca vanidad.

.

¡Qué importa que la ciencia conserve a la materia!

¡que un cuerpo embalsamado no tenga corrupción!

¿circulará por esto la sangre en una arteria?

¿podrá por un momento latir el corazón?

.

Inútil es su empeño, y loca su porfía.

El siervo y el magnate, sollozan al nacer;

el prócer opulento sucumbe en su agonía

y el mísero mendigo se duerme en el no ser.

.

Y a pesar de esta “prueba” tan clara, tan patente,

¿por qué persiste el hombre en que haya distinción?

¿Por qué no te comprende? ¡Oh Ser Omnipotente!

¿Por qué? ¡Porque le falta “la luz” de la “razón”!

1874

Amalia Domingo Soler (Sevilla, España, 10 de noviembre de 1835-Barcelona, España, 29 de abril de 1909).Poeta, escritora, novelista, activista de los derechos de la mujer? y referente del movimiento espiritista español.

 De origen humilde, hija única de Manuela Soler y Pinto y Juan Domingo. Su padre las abandonó antes de que ella naciera. A los pocos días de vida le detectan un grave problema de visión que casi la deja ciega. Su madre es quien la enseña a leer y escribir desde que a niña tiene dos años, y se dedica todos los días a leer con su hija. Amalia fue una escritora autodidacta. Comenzó escribiendo poesía desde niña y publicó sus primeros versos a los 18 años.

Al morir su madre, en junio de 1860, se queda sin recursos económicos y tiene que dedicarse a la costura para vivir.  Sus amigas intentan convencerla para que se case o se meta monja ( hay que recordar que en el siglo XIX la vida de las mujeres pasaba por estas dos opciones) pero ella decide seguir su vida laica y libre. A los 25 años , después de pasar un tiempo en Tenerife, decide trasladarse a Madrid, dónde compagina su profesión de costurera con la escritura.

En medio de una crisis personal y religiosa, causada por su frágil salud, se topa en la consulta de un homeópata, Joaquín Hysern, que le salvó de la ceguera. con una revista sobre el espiritismo que le cambiará la vida. El conocimiento del espiritismo dio un sentido a su vida y se convirtió en un medio para ser respetada.

Fundó y dirigió el semanario La luz del porvenir, desde su fundación en 1879 hasta su cierre en 1900, en la que participan, en su mayoría mujeres, entre ellas Emilia Pardo Bazan.

Fue una de las fundadoras junto con Ángeles López de Ayala y Teresa Claramunt de La sociedad autónoma de mujeres de Barcelona, considerada una de las primeras organizaciones feministas que promovía la defensa de los intereses laborales y sociales de las mujeres así como su emancipación. La Sociedad tuvo un marcado carácter pedagógico como medio para transmitir las ideas y valores del feminismo, el laicismo, el librepensamiento y el espíritu cívico-republicano. Abrió escuelas para niños y niñas, y nocturnas para los adultos y utiizó el teatro para llegar a la clase obrera.

Amalia Domingo Soler cultivó tanto prosa como poesía, destacando los más de dos mil textos relacionados con el espiritismo que llegó a publicar. Sus artículos y poemas se publicaron en revistas y periódicos de España y de América Latina.

En relación a su obra en prosa Amalia cuenta que esos libros le son dictados a un médium, Eudaldo, y ella lo que hace es poner en forma literaria esas comunicaciones. Recordemos que en esa época muchos escritores y personas cultas creen y utilizan el espiritismo, como una forma de inspiración y acceso al conocimiento. Nombres como Victor Hugo y Arthur Conan Doyle, entre otros. En España, Emilio Castelar, presidente de la Primera Repúbica, apoyó la causa espiritista y el 26 de agosto de 1873 se presentó en las Cortes la proposición de ley para que el Espiritismo formara parte del sistema de Enseñanza español, pero el golpe de Estado de 1874 no permitió que siguiera adelante. A pesar de la oposición de la Iglesia y la restituida monarquía, en 1888 se celebró en Barcelona el I Congreso Espiritista Internacional.

Entre las obras de Amelia podemos destacar:

 El espiritismo refutando los errores del catolicismo (1880), Memorias del padre Germán (1900), Ramos de violetas (1903), Te perdono : memorias de un Espíritu (1904-05), Las grandes virtudes… Póstumamente se recopilaron: Sus más hermosos escritosMemorias de una mujer, Hechos que prueban

Amalia tambien tuvo una gran conciencia social y fue una gran defensora de los desheredados, los pobres, los niños y las mujeres, de modo que era conocida como la «cronista de los pobres».

 Entre los círculos espiritistas de todo el mundo es considerada una figura de referencia, y parece ser que después de su muerte siguió escribiendo a través de una médium llamada Maria, del centro espirita de Barcelona. Amalia es la única mujer que difundió la vida y obra del fundador de espiritismo, Allan Kardec.https://espiritismo.es/quien-realmente-allan-kardec/

En España la editorial la Bella Varsovia ha publicado una antología “Sea a Voz”, con versos seleccionados de los cuatro volúmenes publicados en 1903 bajo el título Ramos de Violetas.

Enlaces de interés :

https://bibliotecaespirita.es/wp-content/uploads/2019/10/Ramos-de-violetas-1.pdf

http://www.autoresespiritasclassicos.com/autores%20espiritas%20classicos%20%20diversos/mediuns/Amalia%20Domingo%20Soler/Amália%20Domingo%20y%20Soler.htm

https://prensahistorica.mcu.es/es/consulta/resultados_busqueda_restringida.do?idOrigen=27524&tipoResultados=PAG&busq_materiasumario=Espiritismo-Publicaciones+periódicas&descrip_materiasumario=Espiritismo-Publicaciones+periódicas

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