5 Poemas de Pilar de Valderrama/Guiomar

Los ángulos de los labios


Hay muchas luces iluminando la ciudad
son las Resistencias

Nuestros ojos mirando brillantes Jas cosas
también son las Resistencias

La Resistencia es una herida que nunca cicatriza

La Resistencia no conoce los muros
ni los puños que se incrustan en los ojos

Resistencia:
palabra que impide el cerrar de las mandíbulas

Las hojas al trasluz
el tronco seco
Sola queda la rosa
solo el parque,
solo queda el camino,
yo
voy sola.

La lluvia no me empapa
la cara, ni una brizna
de yerba ni un cabello;
Sólo los píes se mojan
sin reserva
en los últimos charcos
de la tarde.

Ando mil gotas
lentamente.
Las nubes se han parado,
ya no hay prisa.
El cansancio me cala
hasta los huesos
y el otoño me pesa
toneladas.

Tejiendo estoy. Mi estancia conmovida
da forma a un corazón, punto por punto.
Ahorcada en mi laurel separo, junto,
se me escapan los hilos de la vida.

Tejiendo estoy. La prenda sostenida
se quiebra ante la pena que barrunto.
Me lastima tu ausencia y su conjunto
en la rabia que crece a mi medida.

Crece, toma la punta en su llamada,
rompe el tiempo con un chocar de agujas,
dos pinchazos de lleno en la mirada.

Crece, cunde; Mas déjame después
sola, rota, volviéndome al revés,
tiritando en la piel, desmadejada.

Aquel café de barrio, destartalado y frío,
testigo silencioso de nuestras confidencias,
extremo de rigores, conjunto de inclemencias,
que sólo caldeaban tu corazón y el mío.

Viejo café de barrio, adonde yo acudía,
donde tú me esperabas con el alma impaciente,
y cada vez, al verme, coronaba tu frente
con un halo de luz la fugaz alegría.

Con nostálgico afán en vano te he buscado
queriendo en tus vestigios revivir un pasado
que inexorablemente para mí se ha perdido.

Nadie de ti sabía, todo estaba cambiado:
tus muros, tu recinto, la sombra de Machado
como un girón de niebla han desaparecido.

Hay una ciudad que me espera en el sur
y es extraño que no tenga tu nombre grabado en las paredes

(necesito emborracharme
cerrar todas las ventanas que dan a esta tarde
necesito saber la cantidad exacta de deseperación que anida en
esta hora)

en el sur sé que hay una ciudad que me espera
es extraño nunca he vivido allí la tristeza de noviembre
no sé cómo será el rumor de los magnolios golpeados por la lluvia
cuando noviembre invada las avenidas
y sobrevivan las cúpulas solitarias sencillamente solas
bajo un cielo de invierno sin pájaros

no sé qué vibración de muerte se esparcerá sobre el río

en el sur

no sé si tus pasos sonaron alguna vez en las losas de la ciudad
(es extraño que no tenga tu nombre grabado en las paredes)
tendré que enseñar a sus habitantes
el perfil asombrado de tu rostro
tendré que asesinar sus tardes de tranvías y río
con la furia que he aprendido de tu mirada

pero en el sur  

qué extraño será atravesar parques y plazas
masticar el viento enervado de noviembre
descender a los muelles
sabiendo que siempre hay una ciudad que me espera
y que no tiene tu nombre grabado en las paredes.

Pilar de Valderrama Alday , (Madrid, 27 de septiembre de 1889 – Madrid, 15 de octubre de 1979). Poeta y dramaturga, encuadrada en el postmodernismo, conocida como Guiomar, gracias a su relación epistolar con Antonio Machado entre 1928 y 1936.

Pilar Valderrama, perteneciente a la alta burguesía madrileña, se casó a los 19 años con Rafael Martínez Romarate, ingeniero que después de la guerra dirigió la luminotecnia del teatro María Guerrero de Madrid, y con el que tuvo tres hijos.

Desde muy joven dedicó gran parte de su actividad a alternar en ambientes culturales. Fue miembro del Lyceum Club, donde se reunía la flor y nata de la intelectualidad femenina del primer cuarto del siglo XX. Formó tertulia con Concha Espina, María de Maeztu, Zenobia Camprubi, esposa de Juan Ramón Jiménez, entre otras. También montó en su casa una compañía de teatro de aficionados, bautizada Fantasio.

Pilar de Valderrama se refugió en Segovia tras la confesión de una infidelidad de su marido en 1928 y en esa primavera cenó con Antonio Machado, profesor en esa ciudad. Él le llevaba a ella 14 años de edad, y era viudo de su gran amor, Leonor. Ella estaba casada y tenía tres hijos. A partir de entonces hay una larga correspondencia y encuentros casi semanales en Madrid, hasta que la familia de ella se traslada a Lisboa al comienzo de la guerra. 

Su obra nunca le dio fama, siendo más conocida a partir de 1981, cuando se hizo pública su identidad en relación con la Guiomar de Machado. En su libro de memorias Sí, soy Guiomar, publicado póstumamente en 1981, Valderrama incluyó las cartas del poeta, 36 cartas que ella conservaba de las más de 240 que le escribió Machado. Iniciada probablemente en 1928, la extraña relación entre Pilar y el maduro poeta fue mantenida en secreto hasta 1950. En ese año, once tras la muerte de Machado, un libro de Concha Espina vino a descubrir la poética del idilio, protegiendo la identidad humana que había detrás de Guiomar. La relación, que ella afirma casta, a lo largo de los casi ocho años que duró, quedaba limitada a citas semanales en Segovia o en Madrid (primero en los jardines de la Moncloa y luego en un apartado café cerca de Cuatro Caminos al que llamaban “nuestro rincón” o el “rincón conventual”); complementándose con un correo secreto, a razón de una o dos cartas por semana. En todas sus cartas Machado se presenta como “tu poeta” y la invoca a ella como su “diosa”. Cuando no pueden verse, acuerdan mantener a hora fija una cita imaginaria llamando a ese momento de mutua comunión espiritual “el tercer mundo”, al que alude Machado repetidamente en sus cartas, y que da título a una obra teatral de Pilar (detalle que hasta que Pilar explica en sus memorias dio pie a que muchos, interpretándolas como citas reales, dudaran del carácter platónico que siempre tuvo su relación, y que de algún modo corroboran las quejas de forzada castidad que Machado hacía en sus cartas a Pilar).

Es interesante observar que Machado nunca reveló su relación, ni siquiera a su madre o hermanos. Asimismo, se ha dado demasiada importancia al detalle —quién sabe si del todo cierto y quizá insignificante, dada la costumbre de Machado de llevar los bolsillos llenos de todo tipo de anotaciones— de que en el abrigo del poeta se encontrasen, tras su muerte, un papel garabateado a lápiz con la frase de Shakespeare “ser o no ser”, un último verso alejandrino: «Estos días azules y este sol de la infancia…», y una cuarteta de Otras canciones a Guiomar (a la manera de Abel Martín y Juan de Mairena), corregida así: “Y te daré mi canción: / Se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu balcón”.

Durante los últimos años, se ha rescatado para los estudios literarios la creación poética y teatral de Valderrama, que la integra de pleno derecho entre ese grupo de mujeres españolas que durante las décadas de 1920 y 1930 colaboró con su actividad creativa al incipiente proceso de emancipación femenina en España. Cabe destacar, igualmente, su contribución a las corrientes de renovación teatral mediante la puesta en marcha de “Teatro Íntimo Fantasio” (1929-1930). “Fantasio” ha sido considerado como uno de los teatros de cámara más interesantes del Madrid pre-republicano.

Pilar de Valderrama publicó libros como Las piedras de Horeb (1923), Huerto cerrado (1928) y Holocausto (1943). Este último dedicado a su hijo fallecido. Póstumamente se publicaron sus memorias Sí, soy Guiomar (1981).

Enlaces de interés :

https://es.wikipedia.org/wiki/Pilar_de_Valderrama

http://www.abelmartin.com/critica/baamonde.html

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