13 Poemas de Noemía de Sousa

Deja que pase mi pueblo

Noche tibia de Mozambique

los sonidos lejanos de marimba llegan a mí

–preciosos y constantes–

venidos ni yo sé de dónde.

En mi casa de madera y zinc,

pongo la radio y me dejo llevar…

muchas voces de América me sacuden el alma y lo nervios,

Y Robenson y Marian me cantan

spirituals negros de Harlem.

Let my people go

-¡oh, deja que pase mi pueblo,
deja que pase mi pueblo!-

dicen.

Y yo abro los ojos y ya no puedo dormir.

Dentro de mí suenan Anderson y Paul

y no son dulces voces de impulso.

Let my people go.

Nerviosamente,

me siento a la mesa y escribo…

(Dentro de mí

ho let my people go.)

deja que pase mi pueblo.

Y ya no soy más que un instrumento

de mi sangre en turbulencia

con la ayuda de Marian

con su voz profunda: ¡mi Hermana!

Escribo…

En mi mesa se ven inclinarse cuerpos familiares.

Mi madre de manos curtidas y rostro cansado

y revueltas, dolores, humillaciones,

tatuando de negro el virgen papel blanco.

Y Pablo, a quien no conozco

pero es de mi misma sangre y de la misma savia amada de Mozambique,

de miserias, ventanas enrejadas, adioses de magaíças,

y algodón, mi inolvidable compañero blanco,

y Zé –mi hermano– y Saúl,

y tú, Amigo de dulce mirar azul,

que agarras mi mano y me obligas a escribir

con la hiel de la rebelión.

Todos se apoyan en mis hombros,

mientras escribo, noche adelante,

con Marian y Robeson vigilando por el ojo luminoso de la radio,

–let my people go,

oh let my people go.

Y siempre que lleguen a Harlem

las voces de lamentación

y mis cuerpos familiares me visiten

en largas noches de insomnio,

no me dejaré llevar por la música fútil

de los valses de Strauss.

Escribiré, escribiré,

con Robenson y Mariam gritando conmigo:

Let my people go,

¡oh, deja que pase mi pueblo!

Sangre negra

¡Oh mi África misteriosa y natural,
mi virgen violada,
¡mi madre!

Como yo andaba hace tanto desterrada,
de ti alejada
distante y egocéntrica
por estas calles de la ciudad!
embarazadas de extranjeros

¡Mi Madre, perdona!

Como si yo pudiera vivir así,
de esta manera, eternamente,
ignorando la caricia fraterna
de mi luna de miel
(mi principio y mi fin) …
Como si no existiera más allá
de los cines y de los cafés, la ansiedad
de tus horizontes extraños, por desentrañar …
Como si tus macizos cacimbados
no cantaran en sordina su libertad,
las aves más bellas, cuyos nombres son misterios todavía cerrados! 

Como si tus hijos -regias estatuas sin par -,
altivos, en bronce tallados,
endurecido en el fuego infernal
de tu sol causante, tropical,
como si tus hijos intemeratos, sobre todo luchando,
a la tierra atados,
como esclavos, trabajando,
que, amando, cantando
¡mis hermanos no fueran!

¡Oh mi Madre África, Ngoma pagana,
En la actualidad,
mística, sortílega – perdona!

A tu hija trasbordada,
te abre y perdona.

¡Que la fuerza de tu savia vence todo!
Y nada más fue necesario, que el hechizo impar
de tus tantán de guerra llamando,
dundundundundun – tãtã – dundundundun – tãtã
nada más que la locura elemental
de tus batuques bárbaros, terriblemente bellos … 

para que vibre
para que yo grite,
para que yo sienta, funda, en la sangre, tu voz, Madre!

Y vencida, reconociera nuestros eslabones …
y regresar a mi origen milenario.
Madre, mi Madre África
de las canciones esclavas a la luz de la luna,
no puedo, no puedo repudiar
la sangre negra, la sangre bárbara que me has legado …
Porque en mí, en mi alma, en mis nervios,
es más fuerte que todo,
yo vivo, yo sufro, río a través de él, Madre!

A Billie Holiday, cantora

Era de noche y en la habitación aprisionada por la oscuridad
solo había entrado la luna, taimadamente,
para derramarse en el piso.
Soledad. Soledad. Soledad.
 
Y entonces,
tu voz, hermana mía americana,
vino del aire, de la nada, nacida en la misma oscuridad…
Extraña, profunda, caliente,
traspasada por la soledad.
 
Y así empezaba la canción:
“Into each heart some rain must fall…”
Empezaba así
y solo había melancolía
de principio a fin,
como si tus días no tuvieran sol
y tu alma, ahí, sin alegría…
 
Tu voz hermana, en su trágico sentimentalismo,
bajando y subiendo,
llorando para luego, aún trémula, empezar a reír,
cantando con tu inglés negro arrastrado
los singulares “blues”, con un fatalismo
racial que duele,
tu voz, no sé por qué magia extraña,
arrastró a mi soledad por grandes distancias…
 
¡En la habitación oscura, ya no estaba sola!
Con tu voz, hermana americana, llegó
todo mi pueblo esclavizado sin piedad
por este largo mundo, viviendo con miedo, receloso
de todo y de todos…
Mi pueblo ayudando a erigir imperios
y siendo excluido de la victoria…
Viviendo segregado una vida ingloria,
de proscripto, de criminal…
 
Mi pueblo transportando a la música, la poesía,
sus complejos, su tristeza innata, su insatisfacción…
 
Billie Holiday, hermana mía americana,
siempre seguí cantando, con tu estilo amargo
los “blues” eternos de nuestro pueblo desgraciado…
Siempre seguí cantando, cantando, siempre cantando,
¡Hasta que la humanidad egoísta nos escuche en tu voz,
 
y gire los ojos hacia nosotros,
pero con fraternidad y comprensión!

Noèmia y Alda Graça

Ábrannos la puerta, compañeros

Ay, ábrannos la puerta,
ábranla rápido, compañeros,
que afuera andan el miedo, el frío, el hambre,
y hay rocío, hay oscuridad y bruma…
¡Somos un ejército entero,
todo un ejército numeroso,
que les pide comprensión, compañeros!

Y la puerta sigue cerrada…

Nuestras recias manos negras
de talle grosero,
nuestras manos de dibujos rudos y ansiosos
ya se cansaron de tanto golpear en vano…

Ay, compañeros,
abandonen por un momento la mansedumbre
estancada del comodismo gregario,
¡Y vengan!
Si no es así,
los invitamos a tirar,
sin siquiera moverse,
la llave mágica que tanto codiciamos…
La aceptaremos igual
Si nos humillan entregándola con desdén.

Lo que importa
es que no nos dejen morir
miserables y congelados
afuera, en la noche fría poblada de xipócués…

“Lo que importa
es que nos abran la puerta.”

Canción fraterna

Hermano negro de voz caliente
la mirada magoada,
dime:
¿Qué siglos de esclavitud
generaron tu voz doliente?
¿Quién puso el misterio y el dolor
en cada palabra tuya?
¿Y la humilde resignación
en tu triste canción?
¿Y el pozo de la melancolía
en el fondo de tu mirada?

¿Fue la vida?¿la desesperación? ¿el miedo?
Me dice aquí, en secreto,
hermano negro.

Porque tu canción es sufrimiento
y tu voz, sentimiento
y la magia,
hay en ella la nostalgia
de la libertad perdida,
la muerte de las emociones prohibidas,
y la nostalgia de todo lo que fue tuyo
y ya no lo es.

Me dice, hermano negro,
que la hizo así …
¿Fue la vida?¿la desesperación?¿el miedo?

Pero incluso encadenado, hermano,
¡qué extraño hechizo tuyo!
Tu voz doliente lloró
de dolor y de nostalgia,
gritó de esclavitud y vino a murmurar a mi alma en herida
que tu triste canción dolorida
no es sólo tuya, hermano de voz de terciopelo
y ojos de luna …
Vino, de manso murmurar
que tu canción es mía.

Súplica

¡Quítennos todo,
pero déjennos la música!
¡Quítennos la tierra en que nacimos,
donde crecimos
y donde descubrimos por primera vez
que el mundo es así:
un tablero de ajedrez…
Quítennos la luz del sol que nos calienta,
su lírica de xingombela
en las noches mulatas
de la selva mozambicana
(esa luna que nos sembró en el corazón
la poesía que encontramos en la vida),
quítennos la choza — la humilde barraca
donde vivimos y amamos,
quítennos la machamba que nos da el pan,
quítennos el calor del fuego
(que nos es casi todo)
¡pero no nos quiten la música!
Pueden desterrarnos,
llevarnos a tierras lejanas,
Vendernos como mercancía, encadenarnos
a la tierra, de sol a luna y de luna a sol,
¡pero siempre seremos libres
si nos dejaran la música!
¡Allí donde estuviera nuestra canción
aun esclavos, señores seremos;
y aun muertos, viviremos,
y en nuestro lamento esclavo
estará la tierra donde nacimos,
la luz de nuestro sol,
la luna de los xingombelas,
el calor de fuego,
la choza que vivimos,
la machamba que nos da el pan!
Y todo de nuevo será nuestro,
aun con cadenas en los pies
y aun azotes en la espalda…
¡Y nuestra queja
será una liberación
derramada en nuestro canto!
—Por eso pedimos,
de rodillas pedimos:
¡Quítennos todo…
pero no nos quiten la vida,
no se lleven nuestra música!

Si quieres conocerme

Ah, ella es quien soy:
cuencas vacías de los ojos desesperadas por poseer vida.
Una boca cortada por heridas de angustia.
Levantada como para implorar y amenazar. 
Cuerpo tatuado con cicatrices visibles e invisibles.
Por los duros azotes de la esclavitud.
Torturado y magnífico,
orgulloso y místico.
África de pies a cabeza,
-ah, ella es quien soy!

Si quieres entenderme,
ven y inclínate sobre mi alma africana,
en los gemidos de los negros en los muelles,
en las frenéticas danzas de los chopes,
en la rebeldía de los shaganas,
en la extraña melancolía que se evapora de
una canción nativa, a la noche …

Y no me preguntes nada más,
si realmente deseas conocerme …
Porque no soy más que un caparazón de carne
en el que se congeló la revuelta de África.
Su grito se llenó de esperanza.

Jose-Craveirinha y Noemía de Sousa

Lección

Le enseñaron en la misión,
Cuando era pequeñito:
“Somos todos hijos de Dios; cada hombre
es hermano de otro hombre.

Le dijeron esto en la misión,
cuando era pequeñito.
naturalmente,
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer
y comenzó a conocer
mejor esta mujer vendida
? que es la vida
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente,
, dijo a un hombre y le dijo: “Hermano …”
Pero el hombre pálido le fulminó duramente
con sus ojos llenos de odio
y le respondió: “Negro”.

Imagen de Fabiana Miraz de Freitas Grecco

Ruego

¿Quién estranguló la voz cansada
de mi hermana de la selva?

De pronto su llamado a la acción
se perdió en el fluir infinito de la noche y el día.
Ya no llega hasta mi cada mañana,
exhausta tras el largo viaje,
ahogada milla tras milla
en el eterno grito: ¡Macala!

No, ya no viene más, húmeda todavía de rocío,
maniatada con niños y con sumisión…
Un hijo a la espalda, otro en el vientre
¡siempre, siempre, siempre!
Y un rostro todo contenido en una mirada suave,
cada vez que recuerdo esa mirada
siento que mi carne y mi sangre se hinchan trémulas,
latiendo ante afinidades y revelaciones…
Pero ¿quién ha impedido que su inconmensurable mirada
nutriera mi hambre profunda de camaradería
que nunca podrá satisfacer mi pobre mesa?

“Io mame” ¿quién pudo silenciar de un tiro
la noble voz de mi hermana de la selva?
¿Qué mezquino y brutal látigo de rinoceronte
la azotó hasta matarla?

—En mi jardín florece la siringa.
Pero con un presagio maligno en su flor purpúrea,
en su intenso inhumano perfume;
y el verano aguarda que el hijo de mi hermana
descanse en él…
En vano, en vano,
Un chirico canta y canta posado entre los juncos,
por el niñito de mi hermana perdida,
víctima de los nebulosos amaneceres de la selva.
Ay, yo sé, yo sé: al final había un resplandor
de despedida en esos dulces ojos,
y su voz llegó como un murmullo ronco,
trágico y desesperado….

Oh África, patria mía, respóndeme:
¿Qué le hicieron a mi hermana de la selva,
que ya no viene más a la ciudad con sus eternos retoños
(uno a la espalda, otro en el vientre)
y su eterno pregón de carbonera?
¡Oh África, patria mía,
tú al menos no renegarás de mi heroica hermana,
ella vivirá en el altivo memorial de tus brazos!

Patrón

¡Patrón, patrón, oh, patrón mío!
¿Por qué me pegas, sin lástima,
con tus ojos duros y hostiles,
con tus palabras que hieren como flechas,
con todo tu aire rico en desprecio censurador
por mis actos forzosamente serviles,
e incluso con la bofetada humillante de tu mano?
¿Pero por qué, oh, patrón? Cuéntame:
¿Qué te hice?
(¿Fue haber nacido así con este color?)

Patrón, no sé nada… Como ves
a mi nada me enseñaron,
solo a odiar y obedecer…
¡Solo obedecer y odiar, sí!
¡Pero cuando hablo, patrón, te ríes !
Y también se ríe aquel señor
patrón Manuel Soares del Rádio Clube…
Yo no me explico tu portugués,
patrón, pero conozco mi landim,
que es una lengua tan bella
y tan digna como la tuya, patrón…
¡En mi corazón no hay otra mejor,
tan suave y tan delicada como ella!
¿Entonces por qué te ríes de mi?

¡Ah, patrón, yo levanté
esta tierra mestiza de Mozambique
con la fuerza de mi amor,
con el sudor de mi sacrificio,
con los músculos de mi voluntad!
¡Yo la levanté, patrón,
Piedra por piedra, casa por casa,
árbol por árbol, ciudad por ciudad,
con alegría y con dolor!
¡Yo la levanté!

Y si tu cerebro no me cree,
pregúntale a tu casa quién fabricó cada ladrillo,
quién se subió a los andamios,
quién ahora la limpia y tanto la embellece,
quién la friega, la barre y la encera…
Además, pregúntale a las acacias rojas y sensuales
quién las plantó y las regó,
y, más tarde, las podó…
Pregúntale a todas las largas calles ciudadanas,
Simétricas y negras y resplandecientes
Quién les pasó el alquitrán,
indiferente a la malanga de sol infernal…
Y también pregunta quién las barrerá,
mañana temprano, con la cacimba que cubre todo…
Pregunta quién se muere en el muelle,
día a día, todos los días,
para resucitar en una canción…
Y quién es el esclavo en las plantaciones de sisal
y de algodón,
en este vasto Mozambique…
El sisal y el algodón que serán “pondos” para ti
y no para mi, patrón mío….
Y el sudor es mío,
el dolor es mío,
el sacrificio es mío,
la tierra es mía
¡Y mío también es el cielo!

¡Y me pegas, patrón!
Me pegas…
Y mi sangre se propaga, hasta ser un mar…
Patrón, cuidado,
que un mar de sangre es capaz de ahogar
todo… ¡también ahogarte a ti, patrón!
También a ti…

Si me quieres conocer

Si me quieres conocer,
estudia con ojos de ver
ese trozo de palo-negro
que un desconocido hermano maconde
con manos inspiradas
talló y trabajó
en tierras distantes allá en el Norte.Ah! Esa soy yo:
órbitas vacías en la desesperación
de perseguir la vida
boca rasgada y herida de angustia
manos enormes, agrietadas,
irguiéndose como quien implora y amenaza,
cuerpo tatuado de heridas visibles e invisibles
por los duros azotes de la esclavitud…
torturada y magnífica
altiva y mística,
africana de la cabeza a los pies.
Ah! Esa soy yo
Si quieres comprenderme
ven e inclínate sobre mi alma de africana,
en los gemidos de los negros,
en los batuques frenéticos de los muchopes,
en la rebeldía de los machanganas,
en la extraña melodía que vuela
de una canción nacida de la noche.Y no me preguntes nada más
si es que me quieres conocer…
no soy más que un caracol de carne
donde la insurrección de África congeló
su grito lleno de esperanza.

Poema para un amor futuro

Un día, no sé cuándo ni dónde,
de las brumas grises del futuro,
aparecerá, envuelto en misterio y magia,
el hombre que amaré.
No será un héroe de libros de fantasía, un
príncipe ruso,
un actor de cine
o un millonario con saldo bancario.
No.
El hombre al que amaré
será como yo, en el fondo.
Tus manos, como las mías,
estarán callosas de día a día
y tus ojos tendrán reflejos de acero
como los míos.
Tu alma será mi hermana
con la misma angustia y el mismo amor,
con el mismo odio frío y la misma esperanza.
Y de su cuello se suspenderá, como el mío,
el marfil del mismo amuleto.
Ah, será humano, como yo,
y de la misma savia generosa.
Completamente humano y verdadero,
sólo entonces podré amarlo.
Y sólo será perfecto cuando nuestra condición lo permita,
para que en la vida seamos lo que ella nos pide:
compañeros,
juntos en la misma barricada,
luchando en un mismo ideal.
Ah, sí,
cuando la paz descienda sobre el campo de batalla,
finalmente podré
entregarme por completo.
Mi alma, finalmente,
podrá llenarse como una caracola, con la música de la luz de la luna
y el murmullo del mar.
Y mi cuerpo, lleno de ansias, se
abrirá al arado de tu deseo,
a la semilla de tu amor.
Entonces seré la hermana gemela de la Tierra,
llevando en mí el misterio de la vida,
campo abierto a la lluvia benéfica
y al sol fecundo de su amor.
Y cuando el milagro me sea hecho,
cuando mi grito de muerte
llegue a la máxima victoria de la vida,
entonces estaré completo.
Pero solo después de que la paz descendiera sobre mi campo de lucha,
antes de eso, no.
Más bien, seremos compañeros en el mismo trabajo,
trabajadores que construyen nuestro mundo.
Por eso, amor que no conozco, no
me pidas nada más hasta que el trabajo esté terminado.
Mientras dure,
no puedo ser tuyo por completo,
porque me entregué,
de una pieza, a este sueño que todo se desmorona.
Para ti, solo se irán los breves momentos de tregua,
el calor que sobró del fuego de todos.
Pero cuando
llegue la noche inhumana, la mañana que construimos, uno al lado del otro,
cuando nuestra Madre África nos extienda sus muñecas libres
cuando la calma descienda sobre la casa que construimos,
entonces seguiremos, a la clara luz de este maravilloso Sol,
nuestro destino natural del Hombre y Mujeres
y su llanto de muerte,
nuestros hijos podrán nacer entonces,
en un mundo de justicia.

Por mi amor futuro, que me completará,
por este amor lejano
escribí este poema.
¿Puedes leerlo algún día, amor que no sé?
cuando te apareces, envuelto en misterio,
y mi alma y mi cuerpo
palpitan con el reconocimiento, ¡eres tú!
Deja que el que amo me lea
y me lea, en este poema que te escribí.

Nuestra voz

Nuestra voz se irguió consciente y bárbara
sobre el blanco egoísmo de los hombres
sobre la indiferencia asesina de todos.
Nuestra voz mojada por la cacimba del sertón
nuestra voz ardiente como el sol de las malangas
nuestra voz atabaque llamando
nuestra voz lanza de Maguiguana
nuestra voz, hermano,
nuestra voz traspasó la atmósfera conformista de la ciudad
y la revolucionó
la arrastró como un ciclón de conocimiento.

Y despertó remordimientos de ojos amarillos de hiena
y con ella se escurrieron sudores fríos de condenados
y encendió luces de esperanza en almas sombrías de desesperados…

¡Nuestra voz, hermano!
Nuestra voz, atabaque llamando.

Nuestra voz luna llena en la noche oscura de la desesperanza
muestra voz faro en el mar tempestuoso
nuestra voz limando los barrotes, barrotes seculares
¡Nuestra voz, hermano! ¡Nuestra voz miles,
nuestra voz millones de voces llamando!

Nuestra voz gimiendo, sacudiendo bolsas inmundas,
nuestra voz gorda de miseria,
nuestra voz arrastrando grilletes,
nuestra voz nostálgica de ímpis,
nuestra voz África
nuestra voz cansada de la masturbación de los batuques de la guerra
¡Nuestra voz negra gritando, gritando, gritando!
Nuestra voz que descubrió lo profundo,
donde croan las ranas,
la amargura inmensa, inexplicable, enorme como el mundo,
de la simple palabra ESCLAVITUD:
Nuestra voz gritando sin cesar,
nuestra voz señalando caminos,
nuestra voz xipalapala
nuestra voz atabaque llamando,
¡Nuestra voz, hermano!
¡Nuestra voz millones de voces clamando, clamando, clamando!

Carolina Noémia Abranches de Sousa Soares (20 de septiembre de 1926, Lourenço Marques, hoy Maputo, Mozambique-4 de diciembre de 2002, Cascaes, Portugal).Poeta, pionera de la poesía de su país, está considerada como una de las más grandes poetas de África. Su producción poética ha influido en toda una generación de escritores y poetas. Siempre prefirió publicar sus poemas en periódicos, semanarios, revistas, folletos políticos… porque publicar sus poemas de forma esparcida suponía que llegaran a manos de los mozambiqueños negros, a los que quería despertar y abrir los ojos. Quería que sus poemas fueran fotocopiados, sueltos, de mano en mano. De hecho, su obra tuvo una amplia difusión de forma manuscrita y fotocopiada , llegando a ejercer una influencia vital en la formación de la conciencia nacional de Mozambique. En su poesía se reflejan sus raíces africanas y la exaltación de África y sus valores, la protesta, la denuncia de la esclavitud, la cosificación de la gente africana por los poderes coloniales, los deseos de rebelión y la esperanza de cambio.

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