8 Poemas de Cristina Rivera Garza

Las feministas

Pronunciaban la palabra. La escupían. La celebraban.
Corrían.

(Atrás de este vocablo debe oírse el pasar del viento.)
Hablaban a contrapelo. Interrumpiéndose.
Ah, tan descaradamente.
Vivían a la intemperie, que es el mismo lugar donde sentían.
Supongo que así nacieron.
No sabían de refugios, de techos, de amparos,
de patrocinios.
Estaban heridas de todo (y todo aquí quiere decir
la historia, el aire, el presente, el subjuntivo,
el contexto, la fuga).
Agnósticas más que ateas. Impactantes más
que hermosas. Vulnerables más que endebles. Vivas
más que tú. Más que yo. Estoicas más que fuertes.
Dichosas más que dichas.

Intolerantes. Sí. A veces.

¿Mencioné ya que eran brutales?
Caminaban en días de iracunda claridad como musas
de sí mismas
(eso ocurría sobre todo en el invierno cuando
los vientos del Santa Ana iban y venían
por los bulevares de Tijuana, arrastrando envolturas
de plástico y el polvo que obliga a cerrar los ojos
y negar la realidad)
a la orilla de todo, bamboleándose
eran la última gota que cuelga de la botella
(la mítica de la felicidad o la aún más mítica
que derrama el vaso o el sexo
impenetrable en la mismidad de su orificio)
y caían.

El colmo.
La epítome.
El acabose.

(Por debajo de estas frases debe olerse el tufo que deja
tras de sí el viento horizontal)

Supongo que solo con el tiempo se volvieron así.

Con hombres o, a veces, sin ellos, besaban
labiodentalmente.
Y se mudaban de casa y se cambiaban los calcetines
y preparaban arroz.
Y bajaban las escaleras y tomaban taxis y no sentían
compasión.
Decían: Este es el viento que todo lo limpia.
Y pronunciaban la palabra. Enfáticas. Tenaces.
Prehumanas.

Tajantes. Sí. Con frecuencia.
Conmovedoras más que alucinadas. Sibilinas más
que conscientes. Subrepticias más que críticas.
Hipertextuales. Claridosas.

Estoy segura de que ya mencioné que eran brutales.

Fumaban de manera inequívoca.
Cambiaban de página con la devoción y el cuidado
minimalista de las enamoradas.
Siempre andaban enamoradas.
En los días sequísimos del Santa Ana elevaban
los rostros y se dedicaban a ver (podían pasar horas
así) esas aves que, sobre sus cabezas, remontaban
lúcidamente el antagonismo del aire.

Y el Santa Ana (y aquí debe oírse una y otra vez
la palabra) (una y otra vez) despeinaba entonces
sus vastas cabelleras ariscas. Sus cruentas pestañas
(una y otra vez).

Despejar

No es extraño que la libertad sea a veces una gran pared blanca.

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El blanco, como se sabe, no es la ausencia de color.

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A través del disco de Newton, un viejo ejercicio escolar, los niños

aprenden que el blanco resulta de la rápida combinación de todos

los colores.

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The woman brought two glasses of beer and two felt pads. She put

the felt pads and the beer glass on the table and looked at the man

and the girl. The girl was looking off at the line of hills. They were

white in the sun and the country was brown and dry.

‘They look like white elephants,’ she said.

’I’ ve never seen one,’ the man drank his beer.

’No, you wouldn’t have.’

Todo eso en un famoso texto del escritor norteamericano Ernest

Hemingway.

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La aparente calidad de vacío del color blanco invita, por sí mismo,

a soñar.

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Las almohadas adoptan poco a poco la forma de una cabeza

apocalíptica.

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La niebla, a veces. La nube, que cae. El velo.

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Es cierto que en el sueño todo ocurre por primera vez.

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Alrededor del iris un paisaje invernal y, dentro del paisaje, un animal

antediluviano y, sobre el paisaje, un falcón de plumas blanquísimas.

Prefiero, entre muchas, la palabra súbita.

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La leve sonrisa en los labios es un signo de placer muy íntimo.

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En el 2002, alguien publicó el artículo: From Yellow to Red to Black:

Tantric Reading of «Blanco» by Octavio Paz, en el Bulletin of Latin

American Research , 21: 4, 527-44.

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La discreción suele ser una virtud.

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En lo personal, me tienen sin cuidado las virtudes.

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Frente al gran muro vacío, el cual es de color blanco, resulta fácil

preguntarse: ¿Es cierto que si corro el velo desaparece el rostro?

¿Es esta la tela del invierno más largo? ¿Cómo cae sobre tu espalda

la mano del amanecer?

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El futuro es un trazo.
El futuro me mira con sus ojos alucinados.
El futuro sabe escuchar jazz.

De repente, de la nada, la palabra cañaveral.

«Blanco» es uno de los títulos de Trois Couleurs, la triología de

Krzyzstof Kieslowski, de la cual prefiero en realidad «Azul».

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En el momento del despertar, el mundo es justo como esa gran pared

despejada.

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Empequeñecida por el tamaño del muro, pronuncio en voz baja las

palabras: la vida empieza aquí.

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Nunca he entendido lo que es un adverbio de lugar.

Tengo la impresión de que el disco de Newton es un breve estado de

gracia.

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Todos los colores están, en efecto, aquí.

Desparpajar

Hay un jardín y, en el jardín, hay un nogal de amplias ramas oscuras

cuyos frutos caen entre las hojas erectas del pasto. Alrededor de los

frutos inmóviles sobrevuelan los siete pájaros negros, parloteando.

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Es imposible saber aún de quién serán los pasos que dejarán la huella

de la que hablaré después.

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Alguien que todavía no respira hablará o parloteará, sin duda,

de todo esto.

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El que observa con cuidado el radiante plumaje del cuervo terminará

llevándose la mano hacia la cuenca de los ojos, acaso sin querer.

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En el juego se asume, no se comprueba.

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El descubrimiento de la verdad obligó a Edipo, el de los pies

hinchados, a olvidarse de la luz.

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No todas las tragedias son griegas, eso se sabe.

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Desde 1971 hay una capilla dentro de la cual cuelgan 14 lienzos

negros de Mark Rothko.

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Tuve un sueño ahí: a la vera del camino, rodeada de una vegetación

suntuosa, me esperaba meditabunda una gran ave negra.

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Me tomó tiempo darme cuenta de que no era un sueño. Enfrente

de mí y a la vera del camino y rodeada de una vegetación suntuosa

me esperaba, en efecto, una gran ave negra que daba la apariencia

de estar meditando algo sagrado o enorme o letal.

.

En un momento dado y como obedeciendo a una señal divina,

los siete cuervos del jardín emprendieron el vuelo y desaparecieron

dentro del cielo gris.

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En el interior del verbo desparpajar hay, en realidad, un pájaro

muy inquieto.

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Entre las tribus Masái el negro se asocia con las nubes de lluvia,

símbolo de la vida y prosperidad futura.

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Es común que la gente recuerde sueños en los momentos menos

pensados.

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Observar verdaderamente un jardín requiere de mucho esfuerzo.

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El término agujero negro se aplica en astronomía al resultado del

colapso gravitacional de una estrella. Según las hipótesis científicas,

un agujero negro impide totalmente el escape de materia o energía,

extremo de lo que sucede con una superficie negra sobre la que

incide energía lumínica.

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Nunca he entendido el parloteo de las aves o, en general,

su comportamiento sobre los cables del teléfono.

Pensar menos es algo que puede ocurrir, en efecto, en cualquier

momento.

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Quien desparpaja destroza y malgasta, pero también se despabila y se

sacude ese sueño muy negro.

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Un jardín bien pudiera ser un cuerpo que se extiende a la vera del

camino: lujoso, trémulo, equidistante.

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Y el cuerpo bien podría ser la huella que produce el jardín sobre la

textura del tiempo.

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Son varios los expertos que señalan que para diseñar un jardín hay

que sentarse a meditar. Lo mismo pudo haber sido dicho por Rothko

en 1964 cuando inició su trabajo con grandes lienzos negros.

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El queísmo es una enfermedad pasajera, aunque no ineludible,

del lenguaje.

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Me pregunto si al decir: “si vale la pena hacer una cosa una

vez, entonces vale la pena hacerla una y otra vez, explorándola,

probándola, demandando mediante su repetición que el público

la contemple”, Rothko alguna vez pensó, aunque fuera por

equivocación, aunque solo fuera desparpajadamente, en el amor.

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Sé ya que alguien narrará lo que ocurre hoy aquí. Aunque no sé

por qué la primera tentación es siempre narrativa.

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Tengo la sospecha de que no hay uno sino dos pájaros inquietos

en el interior del verbo desparpajar.

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Es común que la aproximación al mundo se haga a través de hipótesis.

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En el juego se asume, no se comprueba.

.

La frase «Todo lo que bajo el cielo hay» me hace pensar en los negros

pájaros del lenguaje que vuelan desaparpajadamente sobre el jardín

del nogal.

.

El ave a la vera del camino pronunció de esa manera la palabra «sí».

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Rothko, para entonces, ya se había ido.

Vapulear

La manera en que se forma la ola, como de la nada, y cómo se rompe.

Tenue aguamarina.

¿Por qué alguien se introduce repentinamente en un mar de tersas

aguas frías una tarde de mucho sol? No tengo respuesta para eso.


La idea del experimento como juego, argumenta Mathias Viegener,

evita tanto la necesidad de percibir a lo experimental como opuesto

al realismo narrativo, así como de forzarlo a que dé resultados

políticos o incluso que produzca objetos particularmente inteligibles

para que participen en alguna forma de “contrato” con el lector.


Desde otra perspectiva sólo se trataba de tres personas a medio vestir

o medio desvestir que, muy adentro del océano, gritaban y reían. Los

brazos hacia el cielo; las bocas llenas de sal.

.

Pero la luz.


La primera tentación es, ciertamente, narrativa.


Entrar en la boca del Pacífico, horizontal. Los miembros tan

extendidos como una cierta forma testaruda de. Introducirse como

quien avizora y cree en el destino y en la santa mano del azar. Nadar

ahí como quien recuerda de súbito que solía.  


En las dos perspectivas debe existir el pelícano que, a toda velocidad,

cae en línea recta sobre la marea. Visión monumental.  


La aguamarina es la variedad de color azul verdoso pálido del berilo



Pronto se sabrá que el pelícano y la marea y la velocidad forman una

trinidad santísima.



¿Y cómo no pensar en la infancia, en los veranos interminables de

la infancia, cuando los cuerpos en ebullición, tan delgados y sólidos

como astas, se deslizaban sin temor bajo las aguas en busca de algo

desconocido o algo nuevoo, cuando menos, todo aquello que todavía

no se sabía que hacía falta?


Qué alguien diga: ¡Pero la espuma: ligera, burbujeante, blanquísima!


En el experimento todo es potencial, por eso no se miden los

resultados sino el proceso.


Alguien pudo haber pensado también que se trataba de tres personas

desquiciadas mientras que otro pudo haberlas descrito como

absolutamente metafísicas.



Pocas veces bajo las olas, así, resquebrajándose. A punto de existir

y  a punto de no existir como la fe.

.

Mi vida con la ola es el título de un cuento surrealista de Octavio Paz. 


El tono azulado de la aguamarina se debe a la presencia de Fe2+;

mientras que el verdoso se debe a las inclusiones de Fe3+


Es bueno estar en la tierra, alguien habría dicho eso mientras los pies

se hundían en la arena y el sargazo se abrazaba a los tobillos como

a una última oportunidad.  


Pero el nimbo de cosa sagrada o de umbral.



Es difícil concebir que el agua, al inicio tan helada, pueda tornarse

con tanta facilidad o rapidez en una cálida mano que protege contra

el pasado y contra el futuro y contra todo lo que está.  


Siempre me he preguntado cómo pasan los días, en realidad, los que

viven dentro de la cavidad torácica de una ballena.

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El sargazo es un género de macroalgas plactónicas de la clase

Phaeophyceae (algas pardas) en el orden Fucales. Las algas, que

pueden crecer en largo varios metros,son pardas o verde negruzcas

y diferenciadas en rizoides, estipes y lámina. Algunas especies tienen

vesículas llenas de gas para mantenerse a flotey promover la fotosíntesis .

Muchas tienen texturas duras, que entrelazadas entre sí y con robustos

pero flexibles cuerpos, le ayudan a sobrevivir a corrientes fuertes.

The Waves es el título de una de las novelas de Virginia Woolf.

Leí The Waves por primera vez bajo la fronda un árbol al que

calificaría sin problema alguno de feliz.

he Waves ha sido desde entonces uno de mis libros de cabecera.

.

No cabe duda, lo propio de las olas es vapulear.



These are beautiful shores, dijo Lisa Robertson refiriéndose, sin duda,

a otras playas o a otras orillas en uno de los poemas que compone su

libro The Men.


Pero las gotas iridiscentes sobre la piel. Elegantes joyas pequeñísimas.


El Pacífico es un océano y es un hombre que se extiende

 orgánicamente a lo largo del litoral.

.

Los yacimientos de aguamarina son muy numerosos. Se pueden

encontrar aguamarinas en Italia, Sri Lanka, India y Estados Unidos.

También en bastantes países africanos, como Zambia, Nigeria,

Madagascar, Kenya, Tanzania y Malawi. Las minas más importantes

son las de Brasil: Minas Gerais, Bahía y Espirito Santo. Sin embargo,

los ejemplares más cotizados provienen de los Montes Urales,

en Rusia.


En efecto, Pacífico es también el nombre de una cerveza producida

en el norte de México.


Pero este tenue sabor a sal.


Es sólo un momento saturado de lo que los modernos llamaban totalidad

queriendo decir luz de octubre.



El aguamarina refuerza el campo magnético y trae buena suerte.

Aporta felicidad y bienestar. Se dice que provoca la sonrisa y la

alegría de las personas que la llevan. Fortalece el sistema nervioso

central, el hígado y los riñones. Cura las impurezas de la piel y es

indicado para los dolores de la nuca, mandíbulas y dientes, así como

las afecciones de la garganta. Abre los chakras del entrecejo, del

plexo solar y del bazo.

.
Desciende de algún lado, entonces, la palabra inefable.



El vaivén recurrente inacabable inconmovible de las olas me

recuerda el concepto de repetición en Gertrude Stein.


Justo como la primera, la última tentación también es narrativa.


En contra de Aristóteles, para quien ser feliz era una forma de

autorrealización humana, una postura conocida como eudemonismo,

Epicuro creía en el hedonismo, a saber, la convicción de que la

felicidad es una forma de experimentar el placer intelectual y físico.


Pero el eco del grito que escapa de la garganta.


Tengo la impresión de que el presente del indicativo es sólo una

variante de la ola original.


En el juego se asume, no se comprueba.


Y tú estabas en medio de todo eso, tocando.

Música de fondo

A veces se quitaban la piel y la colgaban

de los tendederos. Eso sucedía las mañanas

en que amanecían exhaustas, las mañanas

en que estaban a punto de decir no-aguanto-más.

Y la piel ondeaba de cara a la luz más preciada.

Y la piel se mecía en los brazos del viento, que son

los Brazos de Nadie, como si no existiera en realidad

ninguna razón para morir.

Olorosa a tacto y a pólvora y a flores de plástico

y también a limón, la piel mostraba sus cicatrices

con esa indiferencia que frecuentemente se confunde

con el orgullo.

Era un cuadro de aspiración bucólica y de belleza naíf.

Si no hubiera sabido que eran sus pieles,

sus pieles en esas mañanas en que estaban muy cerca

de sumergirse, habría podido pensar que se trataba

de un spot televisivo al que solo le faltaba la música

de violines y hachas.

Adorar

A veces es necesario confesar algo.

En ciertas iglesias antiguas los santos observan con una tristeza

infinita a los peregrinos que, exhaustos, alzan la vista hacia los

nichos dorados.

.

Yo peregrino, tú vagabundeas, él anda, nosotros nos extraviamos,

ellos merodean, ustedes viajan.

.

Nosotros nos extraviamos.

.

El olor a sudor y a rabia contenida y a muchos años juntos y a fracaso

y a mugre bajo las uñas y a pequeñas piernas entumecidas.

Los rostros se desfiguran detrás de las ventanillas de los trenes

o los autobuses.

.

El odio es, a veces, un invernadero.

.

En los momentos más solemnes, por ejemplo cuando una persona se

arrodilla, suele aparecer en el aire la mosca del presente.

El sonido de los tacones sobre el mosaico bien podría ser el de un

telégrafo exaltado.

.

En efecto, la mujer huye, despavorida.

.

Habría sido hermoso aspirar el aroma de los nardos sin la presión

en el pecho o sin preguntarse acerca de la diferencia entre confesión

y autobiografía.

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El dolor puede ser a veces un trauma semántico.

.

Yo te execro, tú me repruebas, ella te engaña, nosotros maldecimos,

ellos se enemistan, ustedes nos abominan.

.

Es posible que exista un síndrome de encono detrás de las conducta

violenta de los psicópatas y los amantes.

.

Estoy segura de haber dicho ya que nos extraviamos.

.

Peregrinar es un término que viene del latín peregrinare que significa

andar en tierras extrañas.

.

Yo te daño, tú me envenenas, él nos infecta, nosotros nos

perjudicamos, ellos nos corrompen, ustedes se drogan.

.

Habrá que repetir que fuimos nosotros los que nos extraviamos.

.

Las peregrinaciones, como las historias, pueden llevarse a cabo

por mera cuestión de fe o como método para expiar algún pecado.

.

Yo te horrorizo, tú me condenas, él se resiente, nosotros nos

vengamos, ellos nos desdeñan, ustedes nos repugnan.

.

Enunciar en serie ordenada las distintas formas de un mismo

verbo, las cuales denotan sus diferentes modos, tiempos, números

y personas, es una de las definiciones del vocablo conjugar.

.

El olor a copal suele ser asfixiante aún dentro de los espacios en

apariencia infinitos de las grandes catedrales íntimas.

.

Es cierto que la mujer huye despavorida.

.

Los tonos como el dorado no resultan de las combinaciones de

colores primarios, sino que son reflejos de estructuras metálicas

cristalinas, por eso todas las pinturas de esos colores se hacen

exclusivamente a base de polvos metálicos.

.

A quienes perdonen sus pecados, serán perdonados, y a quienes se los

retengan, les serán retenidos

.

Yo sollozo, tú gimoteas, él se aflige, nosotros chillamos, ellos lloran,

ustedes se conduelen.

.

Hay un momento en el día en que la luz se hace pequeña y uno se

detiene sobre un montículo de piedra y entiende, sin lugar a dudas,

que nada.

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Alguien se inclina bajo el peso nocturno de los insectos alados.

Alguien apaga la luz.

.

Postrarse es una forma de caer.

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¡Qué alguien recuerde el agua fría del manantial donde se congregan

los lisiados!

.

Es posible que recordar sea, sobre todo, un vaivén.

.
¿Serás tú quien mencione el olor a resina de los bosques cercanos?

.

Justo ahora una saeta de oro muy viejo, rauda, aquí.

.

Lo propio del tiempo es pasar.

.

En Elogio de la Sombra, el autor japonés Junichiro Tanizaki argumenta

que la laca dorada no debe ser vista en plena luz sino en la oscuridad,

porque es ahí que mejor recoge el tenue reflejo de las velas y las

lámparas, otorgándole así una textura única a la noche.

.

Yo recuerdo, tú haces memoria, nosotros repasamos, ellos miran

hacia atrás.

.

Nadie es feliz, se sabe.

.

Si los peregrinos levitaran no habría necesidad alguna de remendar

sus zapatos.

Ir y no venir

Ir al Ministerio Público y regresar del Ministerio

Público. Ir a la muerte.

Hacer preguntas acerca de la muerte.

Tomar fotografías de la muerte. Callarse

junto a las imágenes de la muerte. Tener frío.

Escribir sobre la muerte. Sobre las preguntas acerca

de la muerte.

Escribir: muerte. Separar las sílabas. Desentrañar

letras.

Escribir la muerte. Abrirla.

(Una lata de sardinas. Una lápida. Una ventana.)

No volver nunca de la muerte.

Quedarse en la muerte.

[testigo ocular]

Yo las vi
Las manecillas persiguiéndose una a la otra
dardos, hormigas punzando bajo las manos
una, dos, tres, cuatro, cinco, ocho vueltas
dentro de la boa circular de la mirada. El latir
de los dientes. La eternidad.
Eran las ocho de la mañana cuando la hoja de metal
rasgó la pantalla del cerebro
y casi las cuatro de la tarde cuando la aguja cosió
los jirones del miedo.
Nunca habías estado tan lejos de mí.

¿Dónde estabas cuando no estabas en ningún lado?
¿Cómo es el mundo detrás del telón de los párpados
sellados?
¿Sabía a algo la carne de la lengua?

No te vi partir. No quise.
Dijeron que yacías sobre la camilla como una hoja
recién cortada
una soga sin nudos
la fruta madura que se desparrama sobre la selva.
Fue entonces que te convertiste en un cuerpo y nada
más que un cuerpo:
dos brazos, dos piernas, una cabeza, venas.
De pronto ya no fuiste mi madre ni la madre de otra
hija muerta
lejana, perdida dentro de la noche de ti misma eras
el mecanismo descompuesto
el objeto quebradizo que se envuelve en lienzos
de papel de china
y se guarda en la caja de las palabras, la esquina
de la respiración.
Dijeron que ya no estabas ahí cuando tuzaron
el cabello
y colocaron las sábanas sobre el torso, las piernas,
los dedos.
Dijeron que no sentiste nada.
Que dentro de la anestesia no se siente nada.
Es como la niebla, dijeron. Una cortina.
Y yo la vi
mis ojos escudriñaron la blancura de su tela.
Dieron dos pasos adentro.
Temblaron.
Parecía de seda pero era de cal y sudor y adrenalina
una mortaja de autismo
una torre de marfil erguida dentro de las venas
el pasillo rectangular del sótano a donde no llega
el humo de la cabeza.
Pensé en una vida sin ti y mis ojos la vieron:
un mendigo en el centro de la ciudad en llamas
el paisaje inmóvil después de todas las batallas
un desierto sin voz y sin acacias.
Hilda, dije, no te vayas.
A cada minuto tu nombre dentro de mis labios
como un talismán de menta
el martillo que rebota una y otra vez sobre la superficie
de un reloj de arena.
No me dejes. No te atrevas.
Ocho horas con tu nombre a cuestas.

Hubo sangre, dijeron al final, una hemorragia.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco litros derramados sobre
la tierra.
Después, la irrevocabilidad de los reportes en forma
de telegrama:
Estamos tratando de salvar su vida. Con el favor de dios.
Las próximas 72 horas.
Y vi las horas y tomé sus manos y me recosté
en la cuna mullida de su regazo
tan quieta como tú, tan maltratada como tú, tan llena
de moretones como tú.
Esperaba cualquier cosa con mis ojos suspendidos
sobre las manecillas del reloj.
Eran las 3:40 del tercer día cuando tus ojos se abrieron
sobre los míos.
¿Qué hora es?, preguntaste.
Es la hora de respirar, ésta.

Cristina Rivera Garza  ( Matamoros, Tamaulipas, México, 1 de octubre de 1964) narradora, poeta e historiadora. Graduada en la UNAM en Sociología y Doctora en Historia Latinoamericana por la Universidad de Houston. Profesora asociada de historia mexicana en la Universidad Estatal de San Diego (1997-2000). Profesora del Departamento de Comunicación y Humanidades y Co-directora de la Cátedra de Humanidades del ITESM campus Toluca (2004-2008) y es profesora de Escritura Creativa en el Departamento de Literatura de Universidad de California en San Diego. Ha sido acreedora a la Beca Salvador Novo 1984-1985, en cuento; a la beca FONCA  Jóvenes Creadores 1994-1995, en novela; y a la beca FONCA Jóvenes Creadores 1999-2000 en poesía. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores Artísticos (2007).

El 16 de julio de 1990, Liliana, una estudiante universitaria de veinte años, fue asesinada por su expareja, un celoso patológico que la acosaba y solía amenazarla con suicidarse. Tras décadas de dolor y silencio, su hermana, Cristina Rivera Garza  decidió buscar el expediente policial para averiguar por qué su asesino jamás fue detenido ni condenado, por qué Ángel González Ramos siguió libre. Tras revisar  el archivo personal de su hermana escribió  El invencible verano de Liliana (Random House,2021) un libro de investigación, y denuncia sobre los feminicidios en México y también un canto y homenaje a la vida de su hermana.

Premios: Apuntes, Premio de poesía Punto de Partida 1984La guerra no importa, Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, 1987;  Nadie me verá llorar, Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, 1997;  Nadie me verá llorar, Premio Internacional IMPAC-Conarte-ITESM, 1999;  Nadie me verá llorar, Premio Iberoamericano Sor Juana Inés de la Cruz, 2001Ningún reloj cuenta esto, Premio Nacional de Cuento Juan Vicente Melo, 2001; Premio Internacional Anna Seghers, Berlin, 2005); el Internacional Roger Caillois para Literatura Latinoamericana (2013) y el Shirley Jackson (2018).

En el 2020 Cristina se convirtió en la segunda mexicana que obtuvo la prestigiosa beca MacArthur Genius Grant, que se otorga a distinguidos artistas y científicos radicados en Estados Unidos. Su obra fue galardonada con el Premio Nuevo León Alfonso Reyes 2021, por la visualización de la violencia de género y el impulso en la construcción de lazos, redes y relaciones. Su libro El invencible verano de Liliana (Literatura Random House, 2021) obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura 2022 y en 2024 obtuvo el Premio Pulitzer en la categoría de “Memoria o Autobiografía” por El invencible verano de Liliana, una obra en la que aborda el feminicidio de su hermana menor ocurrido en 1990.

Textos suyos han aparecido en antologías y diversos diarios y revistas nacionales. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, italiano, portugués, alemán, coreano, francés y esloveno.

Obra poetica publicada:

La más mía (México: Tierra Adentro, 1998)
 Los textos del yo
(México: Fondo de Cultura Económica, 2005).
Bianco, Anne-Marie, La muerte me da
(Toluca: ITESM-Bonobos, 2007

El disco de Newton, diez ensayos sobre el color. México: Dirección de Literatura, UNAM, Bonobos, 2011.

Viriditas, Guadalajara: Mantis/UANL, 2011.

La imaginación pública (2015)

Novelas publicadas:

Desconocer, finalista del Premio Juan Rulfo para primera novela, en 1994.
  Nadie me verá llorar
(México/Barcelona: Tusquets, 1999), traducida al inglés, portugués e italiano.
La cresta de Ilión
(México/Barcelona: Tusquets, 2002)
  Lo anterior
(México: Tusquets, 2004).
  La muerte me da
(México/Barcelona: Tusquets, 2007)

El mal de la Taiga (México/Tusquets, 2012)

Autobiografía del algodón (Literatura Random House, 2020)

El invencible verano de Liliana (Random House,2021), (sobre el feminicidio de su hermana Liliana)

Enlaces de interés :

http://cristinariveragarza.blogspot.com

https://gatopardo.com/revista/cristina-rivera-garza-autobiografia-del-algodon/

https://cuadernoshispanoamericanos.com/cristina-rivera-garza/

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