15 Poemas de Rafael Cadenas

“No teníamos nada y éramos magníficos”

R. Cadenas

Vengo de un reino extraño… 

vengo de una isla iluminada, 
vengo de los ojos de una mujer. 
Desciendo por el día, pesadamente. 
Música perdida me acompaña. 
Una pupila 
cargadora de frutos 
abandonados 
se adentra 
en lo que ve. 
Mi fortaleza, 
mi última línea, 
mi frontera con el vacío 
ha caído hoy.

Música entregada en el desastre.
Mis manos han sentido crecimientos puros.
El amor ya no avanza ahogándose en preguntas.

Claridad sin quimera se insinúa, lenta.

De” Una isla” (1958)

He entrado a región delgada.
Todo lo que canta se reúne a mis pies como banderas que el tiempo inclina.
Aquí el mundo es una estación amanecida sobre corales.
Ésta es la morada donde se depositan los signos de las aguas, el légamo de los navíos, 
los mendrugos cargados de relámpagos.
Éste es el huerto de las especias clamorosas, la temporada de arcilla que el océano erige.
Ésta es la fruta de un piélago muerto, la columna desesperada del hambre.
Ésta es la salobre campana de verdor que el fuego crucifica, la tierra donde una  tribu oscura
embalsama un clavel.
Ésta es la tinta trémula del día, la rosa al rojo vivo inscrita en los anales de la selva.

De “Los cuadernos del destierro“( 1960)

Rutina

Me fustigo.
Me abro la carne.
Me exhibo sobre un escenario.
Allí no ofrezco el número decisivo.
Devorarme ¡mi gran milicia!, pero soy también un armador tenaz.
Sé reunirme pacientemente, usando rudos métodos de ensamblaje. 
Conozco mil fórmulas de reparación. Reajustes, atornillamientos, tirones, las manejo todas.
A golpes junto las piezas.
Siempre regreso a mi tamaño natural.
Me deshago, me suprimo, displicente, me borro de un plumazo y vuelvo a montar, 
                                                                                                                                   montar al carafresca. 
(No se trata de rearmar un monstruo, eso es fácil, sino de devolverle a alguien 
                                                                                                                                   las proporciones.)
Planto mi casa en medio de la locuacidad.
Me reconstruyo con un plano inefable.
Calma. Ya está. Entro a la horma.

De “Falsas maniobras” (1966)

He resuelto mis vínculos.
      Ya soy uno.
 

Porque ésta que ahora comienza es la temporada magnífica de la claridad donde sólo

existe el haz indivisible de la amorosa conjunción. Ahora mi corazón silbante, clarividente

y numeroso riega sus sentencias prenatales, sus aromas yodados, sus impaciencias

pueriles, sus rumores de moscardón sobre la cebada, sus tinieblas fieles en la crueldad

de estos parajes poblados por oscuros habitadores que suelen entregarse con frenesí a

los desapacibles dioses de la espuma.

No obstante me irrita el tardío lienzo de los alcatraces porque no puedo descifrar su

idioma. En cambio me place el jardín de los soberanos donde habitan en espejos

incomunicables los que han sido desterrados del amor.


      Fatídico, doble, sensual, echadas ya las cuentas para mis logros futuros, me he

desposado con un nuevo esplendor.

Fue el reino de las aguas.
      Hice mis particiones.
   Aguas en la memoria, absolutas como los desiertos, solamente el silencio del oro en el

follaje puede compararse con su espíritu.
      Osaré recrearme en la evocación.
      Isla, deleitable antífona.
      Horma de los cuatro puntos.
      Asilo de los vientos sin paz.
     Adelantándome y retrocediendo como un preludio abro las tierras moradas.
    Una naranja resplandeciente, sola, sobre un lienzo como un deseo.
      La rama menos transparente de una constelación.
      Un vaso de ron en las manos de un galeote. 
      Un viaje.
      El monumento de la sal.
      Una flecha que se dispara sola.
      El beso, el ayuntamiento, el éxtasis y la culminación.
      Los supremos vaivenes de las aguas irredentas.
      Una colmena donde se oculta un arcoiris.
      El rebaño de los puentes cuando el día cesa.
      Nuncios de autodestrucción.
      Un final.
      Aquel alocado parloteo de los loros. 
      Las salpicaduras de los bañistas. 
      La hamaca que se balancea. 
      Tomorrow.
    “Yo quería separarme de él. Te lo juro. Amenazó con matarme. No me dejes.” 
      Los dados de la noche.
    Danzas frenéticas de seres que olvidaban 362 días del año. 
      Sofocos de bailarines.
    Horóscopo. Aries. Persona hiperestésica, desconfiada, buen natural, deshilvanada.
      Una mano que se tiende.
      Alambradas. En torno el Orinoco. Impasible vampiro.
      Una carta que promete ventura.
      Gloria con un conejo sobre el regazo.
      Kid.
      Otros.
      Mi frente que se enferma en los ojos de los ciegos. 
      Drop me by the corner.
      Calles zumbantes. 
      Civiles multicolores. 
      Dominio del verde.
      El rostro de un verdugo en la taza de té. 
      Aves, aves, aves celéreas, breves, intonsas. 
      Adolescentes como lanzas de ébano. 
      Una ciudad arrojándome del amor.
     No maternal, pero ama de llaves órficas y otras filiaciones.
      Gobernadores de las ciénagas.
      Ablaciones.
      Lutos seminales.
      Torres de caoba.
      Jazz bajo la noche blanca del Mar Caribe. 
      Carrousel.
     Un lugar donde las brujas entierran a los niños abortados. 
      Tabletas para matar.
      Pero allí hay, sin duda, un lugar bondadoso.
      Calles manchadas de fluidos vegetales, de baba ebria, de sexo negro, de mugres

provisionales, de hálitos sacros, de africanas flexiones, de alas de loto, de mandarines

venidos a menos, de dragones rotos, de fosforescencias de tigra, de aires balsámicos de

amplios valles búdicos.


      Una mezquita que se baña al sol en las colinas.
     Aguas lustrales de una edad sólo divisible por potestad sin denominación.
     Armaduras de guerreros ya superados, en un museo.
    Salvation Army. Ellos nos salvarán de la misericordia divina, de estos jirones de sangre

al mediodía, de este violento traje de días blancamente feroces, de la hoja de puñal, de

las vestimentas crueles, del falso amor, de la pupila fija de los ahorcados, de la pieza no

cobrada, de la sangre en la camisa, de la tierra que sube un milímetro cada día como

cicuta, de los buques fantasmas, del santo suicidio, de la prostituta coloreada hasta las

doce y luego carne fláccida de recién nacido, de la media luz o media oscuridad, de las

auroras débiles, de los ídolos de bronce sobre el mar, de las respuestas a las

interrogaciones y viceversa, del sueño donde se hunden bajeles blancos, de las

profecías, encantamientos, idus, dilapidaciones.

De “Falsas maniobras” (1966)

Al que apenas
Vive
le está vedado
tomar la palabra
en esta reunión.
Es carne de urbe, 
de historia,
de fin.
Le toca la parte recia
del trabajo.
Desde un apartamento
de suburbio
ve pasar los días
como cortinas que se abren 
sobre tiendas devastadas.
No puede sentarse
junto a los otros.
Su vino es pobre,
pero también agradece,
también acata,
también entreoye,
y no espera,
le basta
este sorbo
de existencia 
que manos inalcanzables
llevan a su boca
El misterio es insuficiente;
lo hechiza,
y humilde ante él
balbuce a diario
las palabras que otro realza
en honor de ella
y del amante. 
Sólo quiere 
una voz 
sin tretas.

De “Amante“(1983)

Cadenas y su hija Paula

El argumento

Por la mañana
leemos anestesiados
las noticias
de la guerra (cualquier guerra),
un titular
bien merece algunos combates;
cada bando
desea demostrar que Dios
está de su parte
con el argumento definitivo;
nuestros ojos recorren
las páginas 
-buscamos más confirmaciones
de nuestra derrota 
y el periódico trae lo que esperamos encontrar.

De “Memorial” (1977)

Derrota

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme 
                                                                                                   es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces 
                                                                   más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo 
                                                         (“Ud. es muy quedado, avíspese despierte”)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras 
                                                           cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas 
                                               haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, 
                                               barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación, 
                                               mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente 
                                               me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
                                               y de mí hasta el día del juicio final.

De “Obra Entera, poesía y prosa” (2000)

1. Lo que miras a tu alrededor 
no son flores, pájaros, nubes,
sino
existencia.

No, son flores, pájaros, nubes.

* * *

2. ¿ Quién es ese que dice yo
usándote
y después te deja solo?

No eres tú,
tú en el fondo no dices nada.

Él es sólo alguien
que te ha quitado la silla,
un advenedizo
que no te deja ver,
un espectro
que dobla tu voz.

Míralo
cada vez que asome el rostro.

* * *

3. Matrimonio

Todo, habitual,
sin magia,
sin los aderezos que usa la retórica,
sin esos atavíos con que se suele recargar el misterio.

Líneas puras, sin más, de cuadro clásico.
Un transcurrir lleno de antigüedad,
de médula cotidiana,
de cumplimiento.
Como de gente que abre a la hora de siempre.

* * *

4. Tú
dependes
pero
¿lo sabes
a fondo,
con tu cuerpo,
lo puedes vocear,
se ha vuelto carne fascinada?

* * *

5. ¿Quién deja de oponerse?
¿Quién se sale del juego?
¿Quién se vive en el vacío?
¿Quién hace del desabrigo refugio?
¿Quién se disuelve en el percibir?
¿Quién se expone sin arrimo al descampado?
¿Quién abandona el trajín por la hora solitaria?
¿Quién puede comer con tenedores de absoluta piedad?
¿Quién accede a trocar su día por un rostro que no ha de ver?

De “Gestiones” ( 1992)

Pero el tiempo me había empobrecido

Mi único caudal eran los botines arrancados al miedo.
De tanto dormir con la muerte sentía mi eternidad. De noche deliraba en las rodillas de la belleza. Presa de tenaces anillos, 
a pesar de mi parsimonioso continente de animal invicto me guardaba de la transitoriedad ínsita a mis actos.
Magnificencia de la ignorancia. Brujos solemnes habían auscultado mi cuerpo sin poder arribar a un dictamen. Sólo yo conocía 
mi mal. Era -caso no infrecuente en los anales de los falsos desarrollos- la duda.
Yo nunca supe si fui escogido para trasladar revelaciones.
Nunca estuve seguro de mi cuerpo.
Nunca pude precisar si tenía una historia.
Yo ignoraba todo lo concerniente a mí ya mis ancestros.
Nunca creí que mis ojos, orejas, boca, nariz, piel, movimientos, gustos, dilecciones, aversiones me pertenecían enteramente. 
Yo apenas sospechaba que había tierra, luz, agua, aire, que vivía y que estaba obligado a llevar mi cuerpo de un lado a otro, alimentándolo, limpiándolo, cuidándolo para que luciera presentable en el animado concierto de la honorabilidad ciudadana.
Mi mal era irrescatable.
Me sentía solo. Necesitaba a mi lado una mujer silenciosa, paciente y dúctil que me rodease con una voz.
Yo era un rey de infranqueable designio, de voluntad educada para la recepción del acatamiento, de pretensiones que hacían sonreír a los duendes.
Un rey niño.
Cuando advino, inopinadamente, una era de pobreza, perdí mi serenidad.
Mis pasiones absolutas -entre ellas el amor, que para mí era totalidad- fueron barridas.
En suma, yo era una pregunta condenada a no calzar el signo de interrogación. O un navío que se transformaba en fosforescente penacho de dragón. O una nube que se demudaba conforme al movimiento.
Habitaba un lugar indeciso.
Mi historia era un largo recuento de inauditas torpezas, de infértiles averiguaciones, de fabulosas fábricas.
Un dios cobarde usurpaba mis aras.
Él había degollado el amor frente a una reluciente laguna, en un bosque de caobos. Huía mugiendo sábanas ensangrentadas. Escapaba del recinto feliz. Las nubes eran símbolos zoológicos de mi destierro.
El amor me conducía con inocencia hacia la destrucción.
El odio, como a mis mayores, me fortalecía.
Pero yo era generoso y sabía reír.
Como no soportaba la claridad, dispuse entre anaranjados estertores de sol mi regreso hacia el final. Las aguas me condujeron como el sensitivo lleva la pesadilla. Volví insomne al lugar de la ficción.

De “Los cuadernos del destierro” (1960)

Ars poética

Que cada palabra lleve lo que dice.

Que sea como el temblor que la sostiene.

Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir brillos a lo que

es.

Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.

Somos reales.

Quiero exactitudes aterradoras.

Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me

poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura,

restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.

Enloquezco por corresponderme.

Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

De “ Intemperie” (1977)

A Ajmatóva

Ya en Moscú olvidaron
al último zar, no así
los versos de la suplicante,
la que aulló frente al verdugo
para atajar su mano,
la que creció a expensas
del vivir, la que pudo quitarse
de la memoria, hoy
sus escuetas líneas permanecen
y ella recobra su porte helénico.

Tal vez  algo queda en pie

Los poetas
levantan
espléndidas construcciones.

Ninguna acritud.
Sólo templanza.
Sólo la limpia obra.
Sólo el escondido esplendor.

No se engañan;
pero me asombra que sigan
trabajando
en la casa del idioma.

 

Ellos dicen
o entredicen, más bien.

Cuidan la hierba
que dejan los bárbaros.

Andan errantes por sus habitaciones, pero
sostienen la torre del idioma.

Hoy los poetas
sólo pueden ser
irónicos.
Subafirmaciones,
contrastes,
paradojas
los delatan.
Eran diferentes
los antiguos.
Tenían de su parte
un dios
o una diosa
cuando no perdían su favor
siempre incierto.
Repetían:
aere perennius.
¡Cuánto orgullo!
Nada
previeron.
Ahora
se encuentran con la orden
de tierra arrasada
(que se cumple
puntualmente),
el viejo recomenzar
y una hoja
en blanco.

De Gestiones” (1993)

Fracaso

Cuanto he tomado por victoria es sólo humo.

Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más exigente, 
              difícil de entreleer es tu letra.

Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje 
              que traías, más precioso que todos los triunfos.
Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para 
              salvarme.
Por mi bien me has relegado a los rincones, me negaste fáciles 
              éxitos, me has quitado salidas.
Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo.
De puro amor por mí has manejado el vacío que tantas noches 
              me ha hecho hablar afiebrado a una ausente.
Por protegerme cediste el paso a otros, has hecho que una mujer 
              prefiera a alguien más resuelto, me desplazaste de oficios suicidas.

Tú siempre has venido al quite.

Sí, tu cuerpo llagado, escupido, odioso, me ha recibido en mi más 
              pura forma para entregarme a la nitidez del desierto.
Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra tí.

Tú no existes.
Has sido inventado por la delirante soberbia.
¡Cuánto te debo!
Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja 
              áspera, lanzándome a mi verdadero campo de batalla, 
              cediéndome las armas que el triunfo abandona.
Me has conducido de la mano a la única agua me refleja.
Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, 
              mantenerme a la fuerza en un escalón, trepar con esfuerzos propios, 
              reñir las jerarquías, inflarme hasta reventar.
Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.
Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado 
              ser. Por no darme otra vida. Por haberme ceñido.

Me has brindado sólo desnudez.

Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú misma traías el cauterio!, 
              pero también me diste la alegría de no temerte.
Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.
Gracias a ti, que me has privado de hinchazones.
Gracias por la riqueza a que me has obligado.
Gracias por construir con barro mi morada.
Gracias por apartarme.
Gracias.

Despedida

Nuestras inscripciones fueron barridas,
nuestros lugares devorados por la arena,
nuestras fiestas convertidas en fogatas que avientan 
    su ilusorio mediodía. 
Contemplamos la devastación. 
Todas las creaciones de nuestros ojos 
se hunden. 
Respiramos 
separación. El cisma 
es nuestro 
refugio.
No hay luz que nos enlace 
pero una vez
corrió el licor abandonado, 
desconocidas fuerzas de unión 
manaron para marcar a fuego 
toda la vida. 
Ahora
quiero sentir sobre mí la alianza
que anonadó nuestros rostros.
Devuélveme el fulgor
y los ojos que le pertenecen.
El vino se ha eclipsado.
Los días de los amantes también pasan.
Excelencia de lo vivo sobre lo vivido.
Costa que se aleja,
puedes
darme el poder
de vivir en otra parte.

Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, Venezuela, 8 de abril de 1930). Poeta, traductor, profesor universitario y ensayista. Su obra le sitúa como uno de los grandes exponentes de la poesía modernista  hispanoamericana. 

Es profesor jubilado de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, donde dio clases principalmente de poesía española y norteamericana.

Después de haber cursado el bachillerato en los institutos Lisandro Alvarado de Barquisimeto y Pedro Gual de Valencia, Cadenas había iniciado la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Venezuela cuando su militancia comunista le valió cinco meses de presidio y luego la expulsión hacia Trinidad y Tobago, donde vivió exiliado cuatro años. De esa estancia, el poeta ha dicho que vivió como “súbdito de la corona británica” y que se inició en los estudios de la lengua y la literatura inglesas. Allí escribió, precisamente, Una islaque se reconoce como su primer libro, finalmente publicado en 1958, y comenzó Los cuadernos del destierro, que se terminó editando en 1960. A su regreso  se inicia como profesor y asume la cátedra de literatura española en la Escuela de Letras. En esa época Cadenas es influenciado por el pensamiento del filósofo y teólogo Alan Watts, por el psicoterapeuta Rafael López Pedraza y por el filósofo  J. R. Guillent Pérez lo que se refleja en su poesía. Durante esos años forma parte del grupo de debate político y literario «Tabla redonda», junto con Manuel Caballero, Jesús Sanoja Hernández, y  Jacobo Borges, entre otros. El estilo de Cadenas se vincula con el pensamiento filosófico y se lo compara con autores como Hölderlin y  Rilke . 

Contrajo matrimonio con Milena González Carvallo, de quien enviudó en 2017. 

Cadenas ha recibido importantes premios como el Premio Federico García Lorca de Poesía en 2016, el Premio Nacional de Literatura de Venezuela en 1985, o el Premio de Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2009, Premio San Juan de la Cruz, 1992, XXVII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2018, y el Premio Cervantes 2022, entre otros.

Obra poética :

 Cantos iniciales (1946); Una isla (1958); Los cuadernos del destierro (1960 y 2001); el poema “Derrota”(1963); Falsas maniobras (1966); Intemperie (1977); Memorial (1977); Amante (1983 y 2002); Dichos (1992); Gestiones (1992); Antología (1958-1993) (1996 y 1999)Poemas selectos (2004, 2006, 2009); El taller de al lado (2005); Sobre abierto (2012); la edición de su obra completa, tanto en poesía como en prosa (2000 y 2007); En torno a Basho y otros asuntos (Pre-Textos, 2016) y Contestaciones (Visor Libros, 2018).

Ensayo: 

Literatura y vida (1972)Realidad y literatura (1979)Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística (1977, 1995)La barbarie civilizada (1981)Anotaciones (1983)Reflexiones sobre la ciudad moderna (1983)En torno al lenguaje (1984)Sobre la enseñanza de la literatura en la Educación Media (1998).

Cadenas ha sido traducido al francés, italiano e inglés y ha hecho lecturas en Estados Unidos, España, Portugal, Italia, Francia, Inglaterra, Austria, Alemania, México, Santo Domingo, Costa Rica, Colombia y Argentina.

Rafael Cadenas tiene mucho interés en la filosofía, en el estudio de la psique y, durante muchos años, en concepciones como el Zen, el taoísmo, el hinduismo y algunos místicos occidentales. En política, le preocupan los nacionalismos, las dictaduras de cualquier signo y las ideologías; en fin, está en contra de la destructividad humana, detrás de la cual están las desmesuras del ego. Aunque se sobrentienda con lo dicho anteriormente, defiende la democracia, la pluralidad y la convivencia, factores civilizatorios imprescindibles.

Enlaces de interés :

https://www.rafaelcadenas.org

http://seamosreales.blogspot.com

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/338-189-rafael-cadenas?showall=1

https://revistaestilo.org/2021/08/11/rafael-cadenas-vida-literaria/

Nota : Esta entrada ha sido actualizada el 11 de noviembre de 2022 debido a que Rafael Cadenas ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2022, el máximo reconocimiento de las letras en español.

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