9 Poemas de Nuria Parés

Sed

¿Pedir? ¿Y a quién? ¿Y qué pedimos?

sé que hubo un tiempo para pedir y para llorar,

el tiempo de la sal y de las lágrimas,

y hubo quien pidió pan

y quien pidió la paz y la palabra.

Y ahora yo pregunto

desde el oscuro borde de las ansias:

¿pedir? ¿Y qué pedimos?

¿Y a quién dirigiremos la plegaria?

Alguien cerró la espita,

la avara y torpe espita milenaria,

y cercenó las manos extendidas

y mutiló la paz y la palabra.

Están las fuentes secas,

se ha agotado el venero de las dádivas

con la última sal

o el último goteo de las lágrimas…

Manos zafias cegaron hontanares

y agostaron con fuego las gargantas:

“¡sed a los hombres de buena voluntad!”

mandaron y el destino del hombre se hizo brasa,

candente mar por donde van los sueños

dando bandazos como viejas barcas.

si es tiempo de sequía, tiempo acedo,

si a nuestro alrededor no queda nada,

si se acabó la sal

y se ha acabado el llanto, la paz y la palabra.

¿Qué podemos pedir? ¿Y a quién pedimos?

¡sólo queda la sed!… ¡La sed sin agua!

De “Colofon de Luz”

La poda

España que alborea
con un hacha en la mano vengadora…

Antonio Machado

¡Qué fe retoñaría si nosotros
pudiéramos ponernos una fecha
como una flor de luz entre los labios!
¡Marcarnos en el tiempo con la fuerza
con que el ritmo del hombre se recorta
sobre las estaciones de la tierra!…
Porque hay un ritmo viejo para todo,
un tiempo señalado en la faena:
el tiempo de sembrar o cosechar
y el hombre de la siembra o la cosecha.
Y hay también otro ritmo,
otra tarea necesaria y vieja:
el tiempo de segar o de podar
y el hombre de la poda o de la siega.
Hoy sé que si nosotros
pudiéramos ponernos una fecha
como una flor de luz entre los labios
en los días de fiesta,
yo os guardaría el tiempo de la poda:
el que presiente el retoñar y espera.
Yo os guardaría el hombre de la poda:
¡el que sabe del hacha y no se arredra!

Romances de la voz sola

Que quede grabado en mí,
que todo el momento exacto
con su plenitud perfecta
quede en mi interior vibrando…
Que nada se pierda de él,
que no tenga que encontrarlo,
pobre limosna, en el sueño,
con su perfil deformado.
Que todo el ser, blanda cera,
guarde su latido exacto,
pájaro vivo en la malla
de la voluntad apresado,
que toda el alma esté alerta
y mi cuerpo esté afilando
sus mil memorias pequeñas
dispuestas a recordarlo.

Esta voz, que no es mi voz,
con la que hablo y me río,
que habrá de seguir en mí
y habrá de acabar conmigo,
esta voz, que no es mi voz,
que está robándole el sitio
a esa voz que yo me sé
cantando sonidos vivos…
Esta voz, que no es mi voz,
¿habrá de acabar conmigo
sin que la otra voz, mi voz,
pueda surgir de su olvido?

Pero mi voz está lejos
y no siente lo que digo.
Faltas de luz mis palabras
van anegándose en ritmo
con un jadear penoso
que sabe de su vacío
y el momento está esperando
no sé que matices tibios
que hagan ahondar mi palabra
por senderos de infinito…
Pero mi voz está lejos
y no siente lo que digo.

La Semilla

Y sin embargo…
algo debe quedar, alguna rinconera
debe haber sin limpiar todavía,
algún vasar, alguna estantería,
algún bote olvidado en la despensa,
algún grano de sal o una migaja
destinada a los pájaros, sobre cualquier alféizar…

Algo debe quedar en algún lado.
Por encima o debajo de la tierra
algo debe esperar calladamente,
hinchándose de rabia o de tristeza
agazapado bajo un banco público,
escondido en el quicio de una puerta,
en los blandos repliegues de un cerebro
o en las entrañas hondas de la tierra.
Algo debe quedar… una semilla,
una sola palabra verdadera,
una gota de sangre o una gota de llanto…
algo que no se pide y que se espera.

Entrega

Apartaos de mí, que me he arrancado
esa mitad de sombra a manos llenas
para arrojarla al sol con la alegría
con que se iza al viento una bandera.

Apartaos de mí, porque he lanzado
los caballos del sueño a la carrera
y un galopar de potros se desboca
como un golpe de sangre por mis venas.

Apartaos de mí, que estoy ardiendo
con la llama agitada de una tea.
Todos mis dioses se han venido abajo:
Sólo el momento y yo como una ofrenda.

Guitarra…

Cuando yo no sea yo,

cuando sea mi cuerpo

el necesario pasto de las sombras,

cuando sobre el recuerdo

el olvido tenaz vaya elevando

su despaciosa escala de silencios

¿qué quedará de mí?

Quizás en ti, guitarra, otros dedos

se posen, otra alma joven,

viva, te busque con empeño

como yo te he buscado…

¿tú sabrás recordarme?

¿Quedará un eco

de lo que tú y yo, a solas, entonamos?

XIV

Este árbol del jardín, tan solitario,

irguiendo al cielo sus desnudas ramas

en mística actitud, desamparado

en medio de la tarde que se acaba,

tiene un pardo soñar que sólo anida

el lejano tañer de la campana.

Es su tronco rugoso y sus raíces

al enlazar las piedras de la tapia

cobran en ese abrazo doloroso

expresión de agonía atormentada.

Y en esa soledad, que sólo acoge

la angustia de la hora entre sus ramas,

el alma del paisaje se adormece…

viejo árbol del jardín: aunque mañana 

Primavera gentil venga a vestirte

y cubra de verdor tus yertas ramas,

aunque tu copa anide nuevos trinos

y a tu sombra verdee hierba blanda,

nunca serás más dulcemente bello

que eres ahora en tu invernal plegaria.

tal como estás, junto a la tapia erguido,

agigantando tu humildad callada

en esta hora triste del crepúsculo

en que perfilas tu silueta amarga,

me duele tu belleza en mi melancolía,

tu soledad me duele en mi añoranza.

De “Colofon de Luz”

Los Verdugos

A León Felipe, poeta de la desesperanza.

¡tener una misión, una respuesta

para los acertijos de este juego

en que el hombre es la prenda!

una respuesta como un clavo de luz en el cerebro,

una tea encendida que ilumine

este siniestro callejón del miedo

por el que caminamos desde el parto

con los ojos abiertos…

¿tú, como yo, quién eres?

¿Quién ha dejado el grito sin acento?

tú lo dices: “fantasma de fantasmas,

ciervo herido, girándula en el viento”,

pobre pequeña cosa desvalida

tanteando las sombras como un ciego.

Pero ¿y si fuera más, León amigo?

¿si el hombre fuera más y menos que eso?

¿si la burla sangrienta no acabara

el eterno apostar sin hacer juego?

¿si el hijo de la Luz y las tinieblas

fuera la voz y el eco,

el cántaro y el vino generoso,

la jauría y el ciervo?

¿Y si el pecado original del hombre

fuera medir el tiempo?


Medir, contar, sumar sus días

como cuenta su oro el usurero;

medir, contar, sumar cada latido,

el vacilante caminar de ciego,

hasta alcanzar la cifra pavorosa:

la eternidad redonda del Gran Cero…

¿Y si el fruto prohibido

no fuera la manzana sino el cero,

el ombligo de Dios, el solo embudo

donde verter la cuenta de lo eterno?

Yo siento como tú, León amigo,
que hay que contar de otra manera el cuento

y licenciar definitivamente

la arcilla original y el Alfarero.

Que hay que cerrar los puños

que nuestro tantear nos deja abiertos

¡y las manos vacías nos gotean

las cosas diminutas y los sueños!…

Colgar la gran incógnita

como un sucio gabán en el perchero:

el “qué” y el “para qué”, tic-tac sonoro

que nuestro mecanismo lleva dentro,

han de seguir sonando mientras dure

este reloj humano, esta bomba de tiempo

juguete de algún loco genial,

invento oscuro de un gran esquizofrénico.

Como un reloj exacto y monstruoso,

con el mirar por esfera, con el corazón por péndulo,

con la agria filosofía de la abuela repitiendo:

—“un día más, mi niño, un día menos…”—

¿será nuestra misión la de un verdugo

con un nudo de ausencia para el tiempo?

Solamente

Y tener que morir… ¡morir y solos!

Caer con la grotesca pirueta

del payaso, en el mutis final

por un oscuro corredor sin puertas…

saberse, conocerse, disgregarse

en un absurdo devenir ausencia

llevando con nosotros, sin decirlo,

el último pensar, como una rémora.

¡Y una vez desvelados los misterios

y sabedor de todas las respuestas

ser, solamente, imagen desvaída

en el frágil cristal de otra conciencia!

Nuria Balcells de los Reyes, Nuria Parés (Barcelona, 12 de mayo de 1925 – Ciudad de México, 2010). Poeta, guitarrista, ensayista y traductora. Forma parte del llamado grupo hispanomexicano, es decir, de la segunda generación del exilio republicano asentada en México. 

Hija de Concepción de los Reyes y de Ricardo Balcells Pinto (abogado y diplomático de origen canario).

Nuria Parés se crió en Madrid, donde se trasladó la familia cuando apenas tenía ella dos meses de edad. En esta ciudad se escolarizó en el Instituto-Escuela, un espacio de ideología liberal y laico donde se estimulaba a estudiantes de ambos sexos en los deportes y las artes. A los trece años ya era conocida como concertista de guitarra, y trabajó como modelo de varios pintores. En cuanto a su formación literaria, Nuria Parés reconocía la influencia de su madre, que la proveyó de las más diversas lecturas y el cultivo de la poesía que se realizaba en el Instituto-Escuela, principalmente de la Generación del 98 y del Novecentismo.

Después de pasar su infancia en Madrid, la familia salió de España durante la guerra civil, atravesando varios países europeos hasta que el estallido de la Segunda Guerra Mundial les empujó a emigrar a América, primero a Cuba y, luego, a México, donde llegaron en 1943.

Los conciertos más importantes los ofreció en varios recintos europeos, principalmente en la sala Pleyer de París, en el Teatro de la Moneda de Bruselas, en el Winter Garten de Berlín, en la Sala Europesky de Varsovia y en el Teatro Cronos de Atenas. Durante su estancia en Cuba, se presentó en el Teatro Payret de La Habana. 

En México, Nuria contrajo matrimonio en 1946 con el médico Carlos Parés, con cuyo apellido se la conoce literariamente, también refugiado español, quien la introdujo en el ambiente de los intelectuales republicanos españoles. Así frecuentó a León Felipe, Juan Rejano, Luis Cernuda, Pedro Garfias, Max Aub, Díez-Canedo y José Bergamín, entre otros.

El 8 de agosto de 1943, el diario El Nacional inauguró su sección poética con la publicación de cuatro poemas de Nuria Parés, entonces conocida como Nuria Reyes: “Míos son”, “Hoy te busco”, “Voy subiendo la loma” y “Volveremos”. Asi mismo publicó en otras revistas literarias mexicanas como  RuecaDiorama de la CulturaRevista Mexicana de Cultura

Seis años después, el 29 de agosto de 1949, el Ateneo Español organizó un recital de guitarra que Nuria Parés intituló: “Tres aspectos de la guitarra”, donde ejecutó obras anónimas flamencas, de Huelva y catalanas, así como música de Albéniz, Moreno Torroba, Granados, Tárrega, Bach, Coste, Visée y Luis Milán.

En diciembre de 1951 se editó su primer libro de poemas: Romances de la voz sola, con prólogo del poeta León Felipe. La crítica definió su poesía como una fiel continuadora de la poética de Antonio Machado, Federico García Lorca y León Felipe.

A partir de julio de 1958 escribió para el suplemento “México en la Cultura” del diario Novedades. Inició con una entrega sobre “El caso Sagan”, en el que aborda el problema de la relación entre el arte y el público.

En 1959 publicó su segundo libro de poesía Canto llano, editado por el Fondo de Cultura Económica, en la colección Tezontle. El libro fue presentado por Joaquín D’Harcourt, León Felipe y Fernando Benítez.

José Emilio Pacheco se refirió a Canto llano con estas palabras: “Los nuevos escritores mexicanos podemos recibir a esta poetisa con las mismas palabras de León Felipe: ‘Nuria, mujer de alma lírica, llena de gracia y de luz, te entendemos y nos alegra con- tarte entre nosotros“.

 Durante los últimos meses de 1959, Canto llano, de Nuria Parés y El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, disputaban las mayores ventas en las librerías de la ciudad.

En 1959 aparecieron sonorizados, en la voz de Juan Rejano, sus poemas “Entrega” y “La poda”, en la serie Voz Viva de México, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México.

En octubre de 1963, Nuria Parés, junto a Francisco Giner de los Ríos y Max Aub, participó en el homenaje a León Felipe organizado por el Ateneo Español.

En los años comprendidos entre 1964 y 1971, colaboró en la Colección Literaria Servet, en la que publicó pequeños libros que incluyeron una breve selección de textos, acompañados de un prólogo, de escritores como Rainer Maria Rilke, François Villon, Pierre de Ronsard y Edgar Allan Poe, entre otros, y en torno a la poesía persa y la literatura rusa o el haikú japonés. 

Nuria Parés también publicó diversos ensayos en torno a la creación poética de los refugiados españoles y sobre todo, gracias a su conocimiento del francés y del inglés inició una brillante tarea como traductora de poetas tan reconocidos como Francois Villon, Ronsard, Emily Dickinson, Rilke, Robert Frost, Robert Lowell, entre otros. Nuria Parés desarrolló una  brillante tarea en el campo de la traducción, recuperando para las distintas editoriales mexicanas (muchas creadas por los propios refugiados) obras maestras de la literatura mundial.

Su obra poética, íntegramente publicada en México, está constituida por tres poemarios, Romances de la voz sola (1951), Canto llano (1959) y Colofón de luz (1987) que incluye un afectuoso prólogo de Vicente Aleixandre.

Sobre el proceso de creación, sus palabras son éstas:

Tal como yo la entiendo, la poesía es un ejercicio de humildad, porque no es algo que yo me propongo escribir, es algo que alguien (el viento, diría León Felipe) me dicta, siempre por la noche, siempre a oscuras, porque si enciendo la luz, desaparece. Es una voz que viene rodando desde hace siglos, que a veces me hace escribir como hombre, que siento ajena pero familiar, y que llega y se va inesperadamente. Yo soy una caja de resonancia a través de la cual se hace oír esa voz”.

Enlaces de interés :

https://hal.science/hal-03820379/document

https://www.poesco.es/fichas-biobibliograficas/item/39-nuria-pares-1925-2010.html

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