15 Poemas de Marina Aoiz

Penélope y su mudanza

I

¡Ay, Ulises, cómo duelen

los silencios del agua!

Besa el sol una caracola

abandonada en la playa.

En su espiral

se enredan cada tarde

las sombras de tu ausencia.

Cuando otros brazos

te hacen la noche menos larga,

crece mi tela de araña.

Yo bebo una pócima amarga

y las espinas de mis dedos

destejen la distancia.

Ulises, qué dolorosos

los silencios del agua.

II

He representado mi papel con dignidad.

Abandono entre las matas de ilagas

el vestido de seda salvaje,

el de Mujer Araña. Ahuyento a pedradas

la caterva de sarnosos pretendientes.

¡Al fin libre! Ya no espero nada.

Ni a nadie.

La tarde lame mi piel salada.

Ser sola es mi auténtica odisea. 

(Publicado en Fragmentos de obsidiana. Edición Fundación María del Villar Berruezo. Tafalla, 2001 y en varias antologías de cultura clásica y mitología). 

Llueve sobre París

Marguerite 

se sabe más escritora 

que ser vivo. 

No perece 

entre los brocados ruinosos 

de la palabra falsaria. 

Su copa de vino 

refulge en la oscuridad. 

Fiera de brillante pelaje, 

elástica 

maneja 

primitivos rudimentos de la escritura 

inmersa en interminables arrozales. 

.

La luz se lleva 

a su niño muerto 

a los reinos insondables 

de las letras infinitas. 

A lugares inhóspitos 

llega su búsqueda. 

.

Detrás de las cortinas 

no hay límites de espacio y tiempo. 

Palabra-espada. Palabra-fuego. 

Los cristales penetran en las vísceras 

y arrancan un grito de luceros. 

.

Llueve sobre París 

y el Sena es una lágrima gigante.

Publicado en Códigos del instante. Ed. Edelphus, Tafalla, 2009

La bandada

El sueño de Alejandría

aleja a la bandada

de mujeres-pájaro.

.

Triunfantes

en sus ebúrneas naves fugitivas,

su plumaje dará vida

a la poesía

del nuevo trazado del horizonte.

.

Han mudado la tristeza

por vientos algodonosos

rumbo a insospechados universos.

.

Entregadas al azar,

por encima de litorales y mesetas,

traspasan la barrera

del espacio y el tiempo

en un lenguaje mítico y secreto.

.

Desde la tierra de musgo de esmeraldas,

caballos lustrosos relinchan a su paso.

Publicado en Códigos del instante. Ed. Edelphus, Tafalla, 2009

El viaje

El viaje al amor

es tarea ardua. Primero

hay que trazar

las líneas de cada mano

en una remota estrella, que arde.

Allá te abrasas y retornas a la tierra

con la mirada calcinada,

ávida de bienaventuranzas y fruta fresca.

Además, eres cada día más pequeña

en esa ruta al amor y la transparencia.

Debes acallar

a la multitud de voces internas

que susurran palabras como miedo,

peligro o enemigo. Parte de la tarea

es padecer la lepra con el leproso

o ser la enfermedad del olmo enfermo.

.

A veces, las lágrimas se secan

a mitad del trayecto

y el dolor, animal, vegetal o mineral,

sólo es soportable en la cima de un verso.

.

La máscara que nos protege

va filtrando poco a poco

su tenacidad corrosiva hacia la piel

hasta que, agrietada,

cae como las hojas en otoño.

.

En ocasiones,

nuestro rostro de luz apagada

conserva

una diminuta fosforescencia de luciérnaga.

Suficiente para iniciar de nuevo el trayecto

hacia la luz amorosa.

¿Cuántas veces

perecemos en el camino?

Incontables.

Tantas como renacemos

en un charco iridiscente

o en el arco central

de cada puente que atravesamos.

.

En el viaje al amor,

mutamos de áspid a mariposa.

Y ya podemos

abrazarnos a la muerte verdadera.

Incandescentes.

Publicado en Códigos del instante. Ed. Edelphus, Tafalla, 2009

La fuente del desdén

Todavía hay vino azul en la alacena

y frío en los ojos del olvido. Las yeguas

de la niebla revolucionan el bosque y sus estrellas.

.

Las rodillas protegidas por un manto de nostalgia.

Una fiesta de azafrán en la memoria

y la calma del agua

provocan el deseo de la huida. Los pájaros

del vacío recorren las hogueras de los hombres

a la búsqueda de frutos fermentados.

.

El corazón del muérdago 

sincroniza su latido con el viento

ante el temor de la desbandada.

La herida del bosque ruge en la placenta del arroyo.

Ni borrachas podremos atravesar

esa sombra de infinita melancolía. El miedo

y el silencio, hipnóticos destinos

en la región de las máscaras de labios de platino. Cuchillos,

desafíos, escondrijos para la miel y los gemidos.

.

Cervatillas extraviadas en la espesura, olisqueamos

la tierra: su alma de lombriz 

anuncia la sed de vívidas sustancias. 

Publicación: Islas invernales. Colección Daniel Levi. Córdoba, 2011. Premio de Poesía “Leonor de Córdoba

Revelación del acero

En un torpe abismo culinario

se desangra la luz de la granada.

El itinerario del estaño

persevera en el trazado de la tierra,

hurga en la herida de la noche

rumbo a la brevedad de la caricia.

.

Un destello muere bajo el enebro.

.

En el paladar,

el licor de la memoria

fogoso serpenteo,

espinoso 

penetra en las entrañas

de una fruta sin banderas.

.

Alimento solar

para la estirpe que nada espera

del cristal de la nieve y su estallido.

.

Pulsión de luciérnagas

atentas a la vegetación de la piedra.

.

Otro aire nos acecha.

Publicación: Islas invernales. Colección Daniel Levi. Córdoba, 2011. Premio de Poesía “Leonor de Córdoba

La ley de los líquenes

El clamor del viento

penetra por todos los resquicios; sus manos

invisibles pertenecen al metal de los peligros, 

aprenden de las encrucijadas de la noche,

y al atrapar los pliegues de la luz,

reconocen el temor antiguo del invierno.

.

El jardín inicia sus ritos. En la desnudez

alberga un mundo muy pequeño

que se quiebra en cada hoja, en cada guijarro,

en cada gota de fría lava. Música del silencio.

.

Yo araño la almohada de líquenes y agua.

Naufrago en los temblores de la tela.

Al aire que acecha, espero. Y a la extraña

que a grandes zancadas camina por la nieve.

.

Trae agujas, pepitas de oro, el tamaño de la noche

tatuado en la espalda, la matriz de la escarcha. 

.

Quiero el alivio de los hilos

enredados entre las ramas. Sus hebras de luz

derramándose en la oquedad de esta rezagada belleza. 

.

Con los ojos fatigados

de tanta blancura

la visitante

despliega sus alas. Alas de la noche.

Enormes alas de cobre y plata, sin raíces.

Publicación: Islas invernales. Colección Daniel Levi. Córdoba, 2011. Premio de Poesía “Leonor de Córdoba

Palabra viva

Escucha mi palabra, soy Lilith,

indómita, impetuosa,

he atravesado los pantanos malolientes

de los siglos hasta alcanzar el planeta

de luz plateada donde las diosas

de cuerpos turgentes y tiernos corazones

reciben las caricias de un sol atemperado

.

un sol-ciervo que brama su armonioso celo

entre una niebla de minúsculas partículas

de pólenes y néctares. Soy de miel y de veneno.

Lilith me nombraron en Babilonia. Escucha

este cántico que arrasa todas las rutinas

y ven conmigo a la morada de las diosas

de carne satinada. Te espero entre los brazos

.

de un ignudi de Buenarroti. Soy palabra

viva: escucha la música que brota de mi sexo.

La música dulce de las manzanas asadas

y las tartas de manzana de las celebraciones

sagradas. Convoca a Gilgamesh y en el jardín

de la ciudad de Uruk, brotará la fiesta más hermosa

de la historia. Soy Lilith, la de rojos cabellos.

De : Génesis. Editorial Javier Gálvez. Quito. Ecuador, 2011

Abejas

En el complejo engranaje de sus brazos

anidan aves somnolientas. 

Ocultan con sigilo azules huevos en grutas terrosas. 

Ella recoge las cáscaras de zafiro

y en su pecho crece una penumbra

de extraña savia. Cuando saluda al mundo,

muy de mañana, una tórtola de nieve

acerca a la ventana la centella del bosque.

.

En el espejo de azogue nebuloso, los ojos de Gertrurd,

iguanas marinas en gala nupcial verde malaquita*,

ofrecen al día un brillo saturado. ¡La buena amiga!

.

La poeta Gertrud Kolmar escribe: 

Cuando mi cuchara, tallada por mano experta probó 

la sopa humeante,

sobre el humilde tejado creció de nuevo una rama de tilo,

en flor, rodeada por coros de abejas. La escritura

la hizo tan dichosa que convirtió su cocina 

en un palacio de Bohemia 

de cánticos cristalinos y alboroto de cortinajes púrpuras.

.

Pero llegó la noche tísica y entonces logré divisarla, 

aprisionada diez horas diarias en una siniestra fábrica. 

Embalando en cajas de cartón granadas para la guerra, 

a más de 50º C, entre ruidos insoportables y polvo maligno. 

Sobre su abrigo raído recosida la estrella amarilla. 

.

Ahora la pierdo de vista en un infame tren a Auschwitz.

Sé que se ahoga y en el palacio de Bohemia,

lleno de sanguijuelas, pasa hambre y sed, resiste,

llora cubierta de polvo, muere en la soledad glacial.

¡La buena amiga viene de la oscuridad y a ella retorna! 

.

*Los versos en cursiva son de la poeta Gertrud Kolmar.

Publicado en el libro Embalaje. Ed. Letras cascabeleras, Cáceres 2017

Corazón de caucho 

Di algo hermoso y en el corazón de caucho

habrá nacido un pájaro. Nido de nadie.

Asombro del círculo pactado con la seda.

Intercambio de versículos antiguos.

Ser nadie y confluir en el agua densa.

Cuervo con pico de coral. Pájaro negro.

.

El mundo está mal. Todo está mal

en esta oxidada infancia acosada de fronteras.

Nadie agita la bandera del trigo y los cuervos.

Excepto el pintor de cabeza de fuego.

Excepto el poeta de versos ensangrentados.

El mundo enrojece y no es de vergüenza.

.

Di algo hermoso y en la pierna de palo

habrá nacido un lirio. Jardín de nadie.

Pasadizo secreto al planeta de berilos. 

Llega el mensajero de la palabra precisa

y reza a la sombra del árbol del silencio.

Nadie despierta de su cautivo letargo.

.

Di algo hermoso como amor o tierra secreta

y en el corazón de caucho habrá pájaros y lirios.

El mundo amplía sus cercados de alambre.

Nadie se alimenta del éter de las rosas.

El azul no prospera. Un dolor oscuro,

insoportable, reproduce sus espinas. 

.

Calla, no digas nada y escucha la lluvia.

Su lenguaje sencillo desata pequeños nudos

en el alma del otoño. Pronuncia en un susurro

la palabra gota y comienza tu camino por el río.

Con el corazón de caucho y la pata de palo.

Con un cuervo sobre el hombro y con los higos.

.

El mundo está mal. Los pobres diablos

mastican chicle en los aeropuertos de amplios pasillos.

Los tacones suenan invencibles en los acantilados.

Al fondo del poema hay un miedo mineral.

Amasijo de plumas de azabache y cristales de amatista.

La lluvia lo limpia todo. Hasta las ratas se animan.

.

Di algo hermoso más allá de los rascacielos

y los árboles catalogados. Dilo y habrá nacido un pájaro.

El pájaro extenderá el encaje de sus alas tornasoladas

sobre el dolor de las gentes. El del poeta atormentado.

El del pintor de cabello escarlata. Todos los dolores incurables

enganchados al alambre como trapos descoloridos.

.

El escultor del vacío. La damita sin gatos. 

La criatura de los piojos. Todos Nadie en esta pena. 

Jardín de penas en la niebla de las calles obtusas.

La intemperancia es el secreto compartido. Sin dueño.

Di san Juan y escucha crujir las hojas en la noche oscura.

Pájaro azul, acércate, vuela sobre nosotros. Es la hora.

Publicado en Embalaje. Ed. Letras cascabeleras, Cáceres, 2017 y en La Galla Ciencia. Murcia 2014.

Una llama de oro, un resplandor que vence a todo abismo*

una hija malcriada en los arrabales de la palabra

hija monstruosa de Melusina con un cuerno en la frente

y un ojo de luz que deslumbra a los sonámbulos

.

hija desposeída

errante criatura del bosque

pequeña buscadora en la espesura de la noche

llama de oro en el tedio de los días regulados

guía circunstancial de la bandada de grullas

.

hija perturbada por un sueño

un solo sueño

inconfesable

o sí

a ti que eres el padre de las ofrendas

padre del hada furtiva de Bretaña

mulato raro y alegre pájaro de la isla alegre

.

en el castillo del rey Dragoberto

brindamos por los esclavos libres del país oculto

padre e hija en un baile de máscaras

padre e hija proscritos 

desheredados

firmes camellos en pos de un río sin tumultos

en ceremonias áulicas sin ahogos

.

hermanos del riesgo

hija del padre-trigo 

porteadora de sucias reliquias

padre del linaje de los caballeros

hija adicta a la fragancia de las rosas

devoradora insaciable de su carne secreta

la de lúbrica cola de sirena

la de elástico canto sobre el océano

la hija del padre de amores prohibidos

niña de los satélites rojos

padre meteoro con infancia de primavera

a ti te agarro de la mano

para regresar contigo a la eternidad de las aguas

al regazo de Safo

a la república de las sílfides

a las diáfanas selvas

a los maestros chinos 

persas 

griegos

al abandono de toda auto conmiseración

.

perdidos en este mundo

rezagados por los cielos

.

padre e hija de la mano

cautivos bajo la lluvia

liberados bajo la lluvia

.

desesperados

amables

con lámparas de ónix en las manos

con soberbios alacranes en las pestañas

.

extraviados 

cándidos muy cándidos,

*Verso de Gastón Baquero

Poema del libro El cuerpo secreto de la rosa

¿Para qué quiero ser rica si puedo ser poeta?* 

¿Por qué me apartas del ánimo terrestre,

y me muestras la clara voluntad del espacio?

Eunice Odio

Para que Ella no huya de mi lado

arrastro esta maleta con las obras completas

de Shakespeare y Quevedo; los libros 

de san Juan de la Cruz, Góngora, Vallejo, Salinas…;

varios vestidos de colores y un traje de lino blanco. 

Camino por la Habana enraizada en la palabra.

Con el áncora firme, me despreocupo de la corriente.

.

De dones terrestres estoy colmada. Al borde de mi muerte

crecen lirios de luz que abrazan a los pájaros perdidos.

Escuché la voz desde niña: todo es según su vocablo.

Me dejé llevar por Ella, sola, agua sin ruido. Sí, soy el Otro.

El que nombra y calla. El ángel náufrago asido a la rosa de fuego.

El fruto maduro del asombro. Las alas heredadas. 

La extranjera desde la tumba con ojos deslumbrados.

.

¿Para qué quiero ser rica si poseo las islas boreales,

los palacios solitarios, los cuerpos metalizados 

de los escarabajos del sueño, a San Miguel en la almohada,

verdes caballos trotando por los ríos de la vida

y los poemas del desdichado Vallejo adheridos a la frente?

Para qué si el abrazo de los árboles y los ruiseñores y la plata

y la noche y los manojos de alegría y la luz, y la luz…

.

*Verso de Eunice Odio.

Publicado en Eunice, cien veces 100. Antología en recuerdo de Eunice Odio. Salamanca, 2019

Ritual

Quién es esa mujer frutal

de ojos glaucos

y verde melena

que te observa

desde el otro lado del cristal.

Perla de los días añiles

las azucenas

embriagan los recuerdos

cercando de abrojos

los sueños renacentistas.

Ella inventa para la muerte

una biografía imposible:

la diosa de los elefantes

erguida sobre el patriarca

proclama aires de libertad

en los surcos más castigados

de la tierra.

.

Despierta la filósofa

al pie de la palmera. Crecen

los limos, el hedor, las heridas

en las bellas espaldas

de las esclavas nubias.

Los recipientes de oro

se despeñan abollándose

por el abismo rocoso. Adiós

al ajuar y al infiel destino.

.

El día amargo

se soplan semillas de diente de león

y se entierran papiros

en los estómagos de pavos reales

y faisanes. Luego

una u otra

los hallarán

en su búsqueda de fragmentos

y momias.

.

Versos de Safo

embellecerán una vez más

su cuello

igual que un collar de ámbar.

.

Volverá la mar

con su cadencia incierta

a lamer los pechos, a traer

claveles náufragos

y los maltrechos ropajes

de la niña muerta.

.

Quién es esa mujer mineral

de ojos tibios

y cabello de esmeralda

que te observa

al otro lado del cristal.

Es la que despierta

del sueño de los enebros.

.

Teje sin tregua

un tapiz de hilos rojos y violetas.

Lanas y algodones

conforman el paisaje

que la abriga y la convoca

a ignotos ritos.

Su misión

es el descenso

a las más arcanas simas.

A los cantos griegos.

Al rojo de almagra.

Al río de nenúfares.

.

La miras caminar hacia el verdor

de las palabras puras

con una ramilla

de olivo en la boca.

.

La alquimista

de los instantes oro

fertiliza con sagradas cenizas

los yermos de la ladera.

Brotan nuevos,

pequeños enebros

con sus dagas

y flores escondidas.

.

Quién es esa mujer vegetal

que duerme

al otro lado de la orilla.

Poema publicado en la antología Naturaleza Versal

Marina Aoiz junto a sus compañeras poetas de la antología Naturaleza Versal, Teresa Ramos, Inma Biurrum, Isabel Blanco, Blanca Eslava, Socorro Latasa y Cristina Liso

Alma de pájara

Cuando la poeta se despoja

de la blanca voz de la esperanza,

una avalancha de luz brava y suntuosa

arremete contra su espalda.

.

Es entonces animal malherida

que vaga por el bosque

a la búsqueda de silvestres frutos.

.

De luna y agua de lluvia se alimenta

preparándose para la lucha con su sombra.

.

En los claroscuros de la espesura

recompone

el destrozado mapa de su geografía.

.

Hasta que otra vez

el albo susurro de la nevada,

le devuelve su alma de pájara,

guardiana de la montaña.

Este poema pertenece al libro Códigos Del Instante (2009). Publicado en la antología Naturaleza Versal

Mamá, los bárbaros se han instalado

en el primer piso de mi corazón.

Cometen atrocidades cada mediodía

mientras abrasan la comida

y el humo penetra por los pulmones

sin dejarme respirar.

El humo oscuro de las palabras renegridas

que pronuncian los bárbaros.

.

Mamá, ellos gritan, amenazan. Mienten.

Atosigan, invaden, perturban

la paz de esta comunidad de vecinos.

Quisiera echar a volar por la ventana,

mamá, con alas de alondra tímida.

Cada resquicio, cada apertura

está clausurada. Se desmorona

el edificio del corazón, mamá,

y quiero poner a salvo a los bárbaros.

Sus inquinas, sus barbaridades… ¡Mamáaa!

también yo habito ahora

el espacio de los bárbaros.

Quemo la comida con la madera de los muebles

y grito palabras terribles por las rendijas de la celda.

Pretendo domar el recuerdo de la intemperie,

asesinar a las negras mariposas del presagio,

reconducir el arroyo de los desagües,

sangrar al drago, tatuarme el alma.

.

Bárbaramente consumo amargos brebajes,

desperdicio los segundos sin oficio ni beneficio,

recorro a brincos las tapias del inmueble en ruinas:

la catedral del silencio.

En las lindes de los bárbaros adoramos al fuego.

Quemamos. Todo lo quemamos.

Cauterizamos las heridas del corazón

con puras brasas y luego

ya no sentimos los arañazos del hambre.

.

Los bárbaros, mamá,

chupamos limones bien ácidos

después de los incendios.

En el rumor de la noche

cada una de las barbaridades

suena a estridulación

de negros ángeles escapados

de los grafitis de las calles grises.

Estoy con ellos, con los bárbaros,

yo quiero quemar los restos del día,

los restos de este dolor antiguo

creciente de cenizas.

Publicado en Odola, Colección de Poesía Panhispánica. Santa Rabia Poetry, Chimbote, Perú, 2022

Marina Aoiz Monreal. (Tafalla, Navarra,España, 11 de julio de 1955). Poeta, narradora, periodista y orfebre.

Licenciada en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra, estudió Mitología en la Universidad de los Andes en Venezuela y Gemología en la Universidad de Barcelona, entre otros aprendizajes.

Ha publicado los poemarios La risa de Gea (1986); Tierra secreta (1991); Admisural (1998); Fragmentos de obsidiana (2001); El libro de las limosnas (2003); Edelphus (2003); Hueso de los vientos (2005); Don de la luz (2006); Donde ahora estoy en pie frente a mi tiempo (2007); Hojas rojas (2009); Códigos del instante (2009); El pupitre asirio (2011); Islas invernales (2011); Génesis (2011); la antología bilingüe Mirar el río/ Ibaiari begira (2015); Embalaje (2017); Sarcófagos (2019); y Odola (2022).

Parte de su obra poética está recogida en una treintena de antologías y otras publicaciones colectivas editadas en España, Alemania, Argentina o México, y ha sido traducida al alemán, árabe, euskera, inglés, italiano, náhualt y portugués.

Ha recibido premios literarios en Andalucía, Aragón, Asturias, Extremadura, Euskadi, León o Navarra.

Forma parte de la Fundación María del Villar Berruezo; desarrolla Talleres de lectura y escritura en distintas localidades navarras; coordina varios Clubes de lectura; y participa en actividades culturales de diversa naturaleza.

” Escribir. Respirar al ritmo de las estaciones y reconocerse en el lenguaje. Para atravesar el universo de la palabra apenas un lápiz, un cuaderno y un almendro florecido. Somos naturaleza exuberante o desnuda. Nuestra esencia alberga durmientes semillas. Germinamos agradecidas a la lluvia, la tierra y el sol.”

Marina Aoiz Monreal


Nota : Todo el contenido poético así como la bio y fotografías compartidas ha sido seleccionado y cedido por la autora para su publicación en esta página.  Poiesis https://poetryalquimia.org/

¡Gracias a Marina Aoiz por su generosidad, atención y confianza!


Enlaces de interés :

Página de Marina Aoiz : http://marinaoiz.com

https://es.wikipedia.org/wiki/Marina_Aoiz_Monreal

https://www.poesco.es/fichas-biobibliograficas/item/68-marina-aoiz-monreal-1955.html

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