“Dejadme con mis alas que a nadie le hago sombra…”
PinOjeda
Te busque por los sueños
Te busqué por la tierra, por largos
pasillos de seres. Te busqué por las noches,
por calles y sombras, por quietas esquinas
agudas. Te busqué por los días. Nadie
con carne y tacto me descubría tu nombre.
Te busqué por los bosques: altas miradas
rodaron por copas, por ramas, por quietas
palmeras, por viejos pinos lejanos. Pero nada,
nada tenía escrito tu nombre.
Te busqué por las hojas sobre vientres
de campos morenos. Te busqué por los trigos,
por valles y praderas de lirios, por montañas,
por fuentes. Por cada sendero oculto
iba gritando tu nombre.
Te busqué por los mares, por frágiles
barcas de marineros mojados. Te busqué
por algas, por peces, por rocas agudas,
por olas y anchas playas doradas.
Te busqué más abajo, en lo hondo, entre
viejas astillas de barcos remotos. Olvidadas
cartas marinas no decían tu nombre.
Te busqué por estrellas, por nubes,
por albas, por quietos celajes. Te busqué
por los aires, por la luna callejera,
por locas primaveras saltando.
Te busqué por el tiempo, por los siglos:
fríos cementerios no tenían tu nombre.
Te busqué por un signo, un signo de ave
y nadie, nadie podría encontrarte.
Te busqué por los sueños:
por los sueños, tú me estabas esperando.
(de Como fruto en el árbol)
Llama
Así eres como te amo,
tan inmenso
y de nada,
tan dentro de mis sueños
y siempre
tan perdido
y tan cercano,
tan dueño de la luz
en esta oscuridad
del alma
y tan oscuro
en esa forma
tuya
imprecisa del aire.
Así es como yo te evoco:
Pura llama entornada
que arde pero no quema,
llama sola,
absoluta,
impenetrable,
silenciosa,
suprema
(de El salmo del rocío)
Mensaje a los hombres
Yo no sé por qué los hombres, cuando caminan por la tierra y los bosques
van rumiando silenciosos sus pequeñas, bajas preocupaciones.
Ellos deberían dejar sus agrias, difíciles conciencias,
en la primera vuelta del camino donde la civilización se expresa.
Allí sobre la dura y cementada superficie gris que habla de dolor,
de sangre interminable.
Los hombres no deberían llevarse al bosque, a la tierra,
sus pesadillas nocturnas,
sus agobiadoras, durísimas contiendas.
Ellos podrían llevar arriba la misma sencilla mirada,
el mismo sencillo gesto de los seres que van a encontrarse.
Solo una mirada sin pasado, sin ayer, sin retorno.
¡Si los hombres se dieran cuenta de estas pequeñas cosas
y subieran a lo alto libres de ellos mismos,
libres de sus pobres, ligeras ansias!
Si ellos supieran rezar sin voces, dentro de sí, detenidamente, sin prisas
Si ellos lograran dejar en las ciudades
-llenas de polvo, de ruidos y fiesta-,
sus pobres, mentidas palabras.
Encontrarían allá arriba el brazo que les rodeara calladamente la espalda.
Encontrarían la voz que perdieron con el primer desperezo de hombres
Encontrarían, sí, como partiendo de su propia carne,
el camino que olvidaron cuando sus pobres corazones aprendieron
a maldecir en silencio.
(de Como fruto en el árbol)
En la ola mas blanca
Cuando pienso
que tú puedas faltarme.
Tú y yo un solo agua,
un solo cauce.
No podrás caminar
aisladamente,
ni hallar un mar oculto,
ni un sol
estremecido
donde no esté
el aura,
mi nimbo de fervor
esperándote.
Míos
son estos mares
donde tú te reflejas,
míos son porque soy
tuya y en tu unidad
unida a ti
existo,
porque habré de estar
en las formas distintas
de las olas y espumas
de tu caudal insigne.
Agilidad de peces
poseerán
mis brazos por soñarte,
cuando en noches de luna,
río abajo
tus aguas
busquen lecho y remanso,
y yo estaré en la orilla,
en la ola más blanca,
esperándote.
(de El salmo del rocío)
Míralos sin rencor
Te canto a ti, mar, como si existieras
sólo en mí, y desde mi dominio,
el convulso deambular de unos seres
clamaran mi defensa.
Ellos no son tan deleznables
como viven en tu memoria.
Ni tan inocentes cuando sus pechos
abiertos en las sales de tu vientre
buscan la caricia que tú
alegremente les ofreces.
Oh, cuánta mentira en la hermosa
sonrisa de sus labios que se acercan
frutados, redondos,
buscando el frescor de tu espejo luz.
Míralos sin rencor, mi mar.
Sé que ellos obstinadamente
desplazan barro impuro, indeseado,
donde una flor perece,
y que sólo sutil brisa de altura
podría aún salvarles.
(de Poemas para sobrevivir)
Algo, de pronto, sacude mis huesos.
Y vivamente me incorporo.
Sobre mi piel atormentada brotan
agudos tallos
que se alargan buscando
la carne donde enraizar su tristeza.
Recuerdo el rostro en la mañana,
la curva misteriosa de sus labios,
el mensaje rodeado de silencio.
Y deseo volver a contemplarlo.
Mas, ya no es posible el encuentro.
Su enigma se ha fundido con las sombras.
Ahora, luces brillantes desnudan
seres y cosas sobre las paredes
que les cobijan.
Están quietamente entregados,
sumisos para que yo les encuentre.
Qué mudos y qué iguales estos seres
que nada dicen
y nos hablan desde todos los ángulos
en que cada día perecen.
(de El alba en la espalda)
Cómo quisiera ser tus pequeñas cosas
¡Cómo quisiera ser tus pequeñas cosas!
El aire que te roza y te acaricia.
El polvo que te sigue y se te posa.
El agua que desciende y te penetra.
La ropa que te cubre y te ausenta
la carne fuerte y olorosa.
El cuello que rodea tu garganta,
yo quisiera ser.
Y quisiera ser tus manos, tus pies.
Pisar donde pisas y tocar lo que tocas.
Ser color y sentarme en tus pupilas.
Ser agua y verterme en tu boca.
Ser luz y en las mañanas
abrir mis dos ventanas
para que a la vida tú te asomes.
¡Ay, cómo quisiera ser para ti la nada
poderte ofrecer el más allá!
(de Niebla de sueño)
Todo al alcance del deseo trascendido
subiendo hasta iluminarse.
Desbordado como marea que sube y muerde
sin apenas herir
pero hundiéndose en la carne tibia de la orilla.
Todo presente.
Posible entre los dedos que se van alargando
hasta hacer brotar la llama
donde habrán de quemarse.
Qué allí todo.
Qué posible.
Lucha de ansias que se agrandan y purifican.
Lucha del amor por el amor que ya existe.
Todo viviendo.
Abrazándoles alma y materia.
Llenándoles de paz en la espera innumerable.
Qué luz en los ojos buscándose en la distancia.
Qué seguridad fluyendo por la vena
más fuerte del corazón
para que no se les destruya la esperanza.
(de El salmo del rocío)
Déjame colgar mi corazón
Déjame colgar mi corazón
en un gajo de tu cuerpo,
vieja higuera,
que ya estoy cansada de llevarlo
triste y yerto
y enfrentarlo quisiera
con tu retorcido cuerpo.
Déjame rozar su pulpa seca
en tu gajo más árido
y beber un poco
de tu savia amarga.
Después,
cuando haya sorbido tu vida
y en mis venas se paseen
tus nostalgias,
la penumbra de tus sueños,
y la amargura
blanca y seca
de tu savia,
es posible que me aleje de tu cuerpo
y del frío retorcido
de tus gajos.
Déjame sorber, vieja higuera,
el amargo de tus venas,
que yo quiero saber,
si en lo blanco de tus sueños,
hay también la amargura
seca y fría
de mis venas.
( de Niebla de sueño)
Indefensión
Como en el principio, naciendo
como la luz.
Con el balbuceo de criatura
minúscula que empieza
su andar sigiloso en el tiempo.
Con tus ojos aún cerrados
-desconocida imagen de mí misma-
ya voy a descubrirte
formar tu volumen de arcilla.
Hacer que empieces a desperezarte
ante la luz que te delata.
Ahora estás enfrente, indefenso,
moviendo tus miembros adormecidos,
dominado por unas manos
que te detienen.
No puedes hablar y tus labios
están colmados de preguntas.
Tus ojos no han visto la luz
y ya quieres desconocerla.
Qué ven más allá del silencio.
Qué paisaje entrevisto
te duele en ellos.
Por qué tu mirada absorta parece
ignorar la mía que te contempla.
Nada podrá evitar el grito de protesta.
Ya comienza tu vida.
Ha empezado tu muerte.
(de El alba en la espalda)
10
Cierro los ojos. No ambiciono nada.
Brilla el sol, agosta árboles,
destruye simientes. Mi corazón
no oye el rugir del viento.
Estoy serena, en reposo. Sonrío.
Por qué y para qué lucha,
afán y esfuerzo. Para qué
acumular riquezas, sueños, ansias.
Tan ambiciosa entrega, para qué.
Qué ciega he sido. Cómo he caminado
tras las mismas promesas ya destruidas.
Ahora puedo sonreír.
Sutiles pensamientos surgen
de la penumbra, iluminando
la agobiadora sombra.
Qué gráciles separan
verdad y sueño.
Qué intensidad en la idea.
Desde mi mente parten
tiernos coloquios que van dando
vida al silencio.
Todo tiene su valor, su equilibrio.
Nada nace ni vive por sí mismo.
Lo creo y recreo
serenamente.
Camino despacio, viendo partir
los días, tan sugerentes, tan plenos
dentro de mi dominio.
(de Árbol del espacio)
Maria del Pino Ojeda Quevedo (El Palmar de Teror, Gran Canaria, España,17 de agosto de 1916 – Las Palmas de Gran Canaria, 27 de agosto de 2002). Poeta, novelista , artista plástica y editora, formó parte de la Generación del 27. Fué la primera mujer en Canarias en fundar y dirigir una galería de arte. Firmaba como PinOjeda.
Inicia su formación de manera autodidacta en literatura, música y artes plásticas (especialmente pintura y cerámica). La temprana pérdida de su marido en 1939 en el frente de batalla de Extremadura, durante la Guerra Civil española provoca un giro radical en su vida; viuda y con un hijo, Pino tiene que salir adelante y la creación artística y literaria serán sus hilos para transitar el dolor y expresar su talento.
Su trayectoria poética se inicia en 1940, en la revista tinerfeña Mensaje –dirigida por Pedro Pinto de la Rosa–, donde da a conocer algunos de sus poemas y publica su primer libro, Niebla de sueño, en 1947. Ese mismo año, con ayuda de su cuñado, Pino abre la librería “Flores y Libros” en Las Palmas de gran Canaria. En 1951 escribe la obra de teatro El río no vuelve atrás.
En 1952 funda la revista Alisio. Hojas de poesía, en la que publicarán poetas españoles de diversas generaciones(Juan Ramón Jimenez, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Carmen Conde, Gerardo Diego, Gabriel Celaya, etc.) junto con poetas canarios del momento (Pedro Lezcano, Chona Madera, Ventura Doreste, etc.).
En 1953 obtiene el primer accésit del premio ADONAIS por su libro Como fruto del árbol, lo que le permite consolidar su trayectoria literaria fuera de Canarias realizando lecturas y recitales en ciudades como Madrid y Barcelona
Un año después logra quedar finalista en el premio Nadal de novela (Barcelona, 1954) por su trabajo Con el paraíso al fondo. En 1954 obtiene el premio de poesía Tomás Morales con el libro La Piedra sobre el Camino.En 1960 Pino abre con sus ahorros una galería de arte, en el paseo de las canteras de la ciudad, llamada “Arte”.
Pino Ojeda mantuvo una correspondencia epistolar habitual con Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas o Carmen Conde, entre otros, lo que nos da una idea de la consideración y respeto que suscitó entre los escritores y poetas de su tiempo .
A Partir de la década de 1950 su obra comienza a figurar en antologías, como Antología de poesía española(1954) de Aguilar, Poesía femenina española viviente(1954), de Carmen Conde, la segunda Antología de Adonais (1962) y la Antología general de Adonais(1969), Panorama poético español(1965) de Luis Lopez Anglada, panorama antológico de poetisas española (siglos XV a XX), de Luzmaría Jiménez Alfaro, etc… En 1991, obtuvo el Premio de Poesía Mística Fernando Rielo por su libro El Salmo del rocío.En 1993 publica El salmo del rocío . En 1997 el Gobierno de Canarias recopiló parte de su obra en una Antología Poética.
A pesar de su gran importancia como escritora sus libros han estado prácticamente descatalogados, y los publicados se encontraban apenas en algunas bibliotecas y librerías de segunda mano.
Como pintora oscila entre la abstracción y el abstraccionismo figurativo, que le lleva a experimentar técnicas variadas a lo largo de su vida, como la encáustica, el óleo-esmalte, el gouache-barniz, las lacas, etc. Obras suyas figuran en colecciones privadas de Alemania, Italia, Suecia, Japón y Estados Unidos. En 1962 recibe el Primer Premio en el Certamen Nacional de Artes Plásticas por su obra Ciudad amurallada. En 1964 expone en Mallorca, en la Galería Grifé & Escoda, en cuyo catálogo Camilo José Cela presenta la obra de Pino Ojeda. En 1966 recibe el Primer Premio de Pintura en la 12ª. Exposición Regional de Bellas Artes, por su obra Serenidad, en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria.
Pino Ojeda murió en Las Palmas de Gran Canaria en 2001 dejando 22 libros inéditos. Póstumamente se ha publicado Árbol del espacio (2007), ilustrado por Plácido Fleitas y Juan Ismael, así como el poemario El derrumbado silencio, en 2017 (escrito en 1971).
En la celebración del centenario de su nacimiento se presentó el estreno de la película documental La habitación del fondo obra de su nieto Domingo Doreste, con guion de su padre, hijo de Pino, donde se narra la vida de una mujer adelantada a su tiempo, que luchó por la liberación de la mujer en un contexto social y político rural y conservador . El cineasta recuerda cómo su abuela “se atrevió a abrir caminos que casi nadie transitaba”, y que “sin medios materiales abrió una sala de arte en tiempos difíciles, y viajó para exponer en Suecia, Alemania, Francia, Suiza y Estados Unidos”, realizando exposiciones individuales y colectivas, itinerantes y permanentes, en museos y galerías.
En el año 2000 se le concedió el título de Hija Adoptiva de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, y en 2001 fué nombrada Hija Predilecta del Municipio de Teror. Asimismo, se le ha otorgado el Can de Plata de Cabildo Insular de Gran Canaria. Actualmente, la artista cuenta con un busto de bronce, obra de Teo Mesa, en el Auditorio de Teror, así como con una calle con su nombre en el municipio que la vio nacer. El Gobierno de Canarias le rindió un emotivo homenaje en 2018, con motivo del Día de las Letras Canarias.
Enlaces de interés :
https://www.adeje.es/alcaldia/arte-en-la-calle/valientes-valiosas-visibles/4865-pino-ojeda
https://www.poesco.es/fichas-biobibliograficas/item/54-pino-ojeda-1916-2002.html
https://www.infonortedigital.com/portada/reportajes/item/70059-pino-ojeda-y-los-doreste-recuperados-para-teror
https://www.iehcan.com/wp-content/uploads/2017/01/art%C3%ADculo-1.pdf
http://www.fundacioncanariapinojeda.es/index.php?
layout=edit&id=434&fbclid=IwAR1XpSQrpOttQnIHgz9n4r_HZ1eqWA7UJ3toWIjXqgj6mZLe4QVASJLIx3w