8 Poemas de Sholeh Wolpé شعله ولپی

Los Ángeles, 2007

Sentada en un Satrbucks, en la esquina 
de la calle 11 con Grand, como todos los días,
con mi triple espresso macchiatto, leo el LA Times;
un camión cubierto de espejos se para
en el semáforo y veo mi reflejo en un mundo
que parece en calma, el sol baña mis hombros
desnudos, la brisa baila en los rizos oscuros,
mi falda india, larga, estampada, me cubre delicadamente
los talones. Distraída y coqueta, como si 
leyera una novela rosa donde el apuesto héroe,
musculoso y medio desnudo, cabalgara sobre 
verdes colinas salpicadas de margaritas hacia la cabaña
donde su amada espera con suspiros hondos que amenazan
con reventar el amplio escote de su vestido azafrán.

Pero lo cierto es que estoy leyendo algo sobre un posible ataque de Estados Unidos a un país
al que todavía considero mi hogar, lloro por dentro, no por los rufianes que cultivan
sus barbas en lugar de la compasión, el respeto, sino por mis amigos, mis antiguos
vecinos, gente que crea, cocina, limpia, se gana la vida, gente 
que ríe, ama y se divierte, igual que nosotros, sí, tú y yo.

Por dentro me desespero, lloro.

Anoche, un amigo mío, pacífico, se puso a conducir como un loco,
a punto de matarnos, porque un gigante con tatuajes
lo insultó, iba muy deprisa en su cuatro por cuatro de color negro, 
el marido de una amiga, un tipo que solía ir a marchas por la paz,
le puso una almohada sobre la cara, rojos los ojos
de alcohol y furia, un mecenas de las artes me sorprende cuando 
me dice: Te considero uno de los nuestros, es decir, blanca, y entonces 
me pregunto si queda esperanza para cualquiera de nosotros.

El semáforo está en verde y el camión cubierto de espejos se va, se lleva consigo
a esa mujer serena, dulce, de ensueño, con su falda larga que flota en el viento.

CUENTA I

El hogar es un diente que nos falta.

La lengua busca

rigidez,

pero solo encuentra

ausencia.

Cuenta II

Altas, rígidas, afiladas.

Intenta llegar al otro lado

a pesar de las espinas salvajes.

Nosotros, que marchamos de casa adolescentes,

niños que cruzamos fronteras y fuimos despedazados

por mil lenguas dentadas,

nosotros, que llevamos heridas que florecen

bajo la piel cicatrizada,

¿en quiénes nos hemos convertido?

Me pregunto si casa

será mi fantasma,

si llevará mi ropa interior

guardada en la antigua cómoda

que compré hace veinte años,

si habrá anidado en mi blusa colgada

en una percha que no me atrevo a tirar.

Acaso esté extraviada entre filas de libros

ordenados alfabéticamente en un idioma

en el que no nací. O aquí, en el borde

de esta taza desportillada

que mi último amor olvidó.

Llevo semillas en la boca. Planto

cúrcuma, cardamomo y diminutos

pepinos aromáticos en el jardín.

Los riego con la lluvia que arranco

de las canciones de la abuela.

Crecerán, lo sé, por encima

de las murallas de espinos.

Se abrirán paso, ilesos.

Me fui de casa a los trece.

No había vivido lo suficiente como para saber

no amar.

Casa era el mar Caspio, los bazares bulliciosos,

el aroma del kebab y el arroz, los almuerzos

de los viernes, los picnics junto a los arroyos.

Nunca quise irme tan lejos.

Dijeron: Vuelve

y morirás.

El exilio es una maleta con el asa rota.

Lleno cien cuadernos de garabatos,

los arrojo al fuego y vuelvo a empezar,

esta vez me tatúo las palabras en la frente,

esta vez escribo solo para no olvidar.

La complacencia se contagia como un catarro.

Nado a contracorriente para dejar mis huevos púrpura.

Dicen: Saca sustento de esta tierra,

pero mira cómo cuelgan mis frutos en espiral

y huelen a cuadernos viejos y a encaje.

¿Qué es un árbol trasplantado

sino un ser en el tiempo,

resignado a la adopción?

Los espíritus apremian, los espíritus se van,

lloran y se lamentan en la puerta del templo,

donde pendo al borde de un abismo.

Tal vez los espíritus solo acuden en el exilio.

Pero incluso esto es una ilusión.

De: Ábaco de la pérdida. Memorias en verso. Editorial Visor. Traducción de Corina Oproae.

CUENTA III

Todos los viernes el abuelo nos lleva a mí y a mis hermanos a un circo lleno de tigres, elefantes, caballos y hombres sin camisetas con mallas relucientes. Hay mujeres más pequeñas que mi cuerpo de niña, animales más grandes que mi cuarto. Todo es extremadamente divertido hasta que aparece el gigante de cuatro caras. Mis brazos empiezan a temblar. Los escalofríos me recorren hasta la punta de los dedos. El abuelo me toca el hombro y me dice: Es solo una máscara en su cabeza.

Pero yo sé que no

porque todo lo que se ama

—un hermoso día con el abuelo

en aquel circo de Teherán,

el algodón de azúcar pegajoso derritiendo

su canción rosada en mi boca,

mis hermanos, traviesos, con dientes de alegría—

arde siempre hacia un futuro

aún por llegar,

fuegos artificiales en mi mente,

chispas soldadas a cada recuerdo

La escritora

El día es cálido, luminoso, me invita a salir
pero me quedo en casa, perezosamente
subo la escalera de mi torre oscura
donde me siento y espero a que el mundo
se arregle por sí solo,
a que el tiempo colapse
bajo estos dedos que golpean el teclado.

El periódico del mes pasado, rendido
bajo una taza de café—
violaciones, asesinatos, guerras, política—
es solo tinta que se desvanece.

Los narcisos amarillos tan vivos y alegres
en el jardín la semana pasada
se marchitan en un estrecho jarrón azul.

A pesar de la fuerza, de la
ternura con la que reinvento el mundo.

Traducción de Mariano Zaro y Amaia Gabantxo

Yo no elegí a mis padres

No es que estires
el delicado cuello de tu espíritu
desde el país que habitan las almas de los bebés
y señales a una pareja que se te antoja
y que en ese momento copula.

No es así como funciona.

Tú estás con los ojos vendados
y te lanzan a la vida
a través del túnel de los cielos y ahí donde caes,
donde sea, al tun tun, esa es tu casa.

La pareja judía puede estar haciéndolo
a la vez que sus vecinos musulmanes.

Adónde vas a acabar
no lo sabe ni el querubín 
que te empujó desde lo alto.

Crecemos, nos olvidamos
de nuestro origen aleatorio
y nos acostumbramos al pan,
a la religión con que nos alimentan.

Escucha,

¿De quién es la salvación
si todos piensan que es suya?

Traducción de Mariano Zaro y Amaia Gabantxo

Palafito

Acabo de llegar, el aire es húmedo.
La brisa me levanta la falda,
echa un vistazo.

Vienen los vecinos, me traen
plátano asado, pan de garbanzos,
cabra al curry, tan picante que me lloran los ojos.

Me acarician los rizos del pelo,
las largas pestañas oscuras.
Se ríen.

En la calle, los niños sisean 
a mi paso, sisean con los labios,
la lengua, el aliento. Chicos jóvenes

emergen, delgados y morenos,
de los campos de caña de azúcar,
machete en mano.
Para ti, dicen, y me ofrecen

los tallos limpios, recién cortados,
rezumantes de azúcar.

Junto al techo, los tréboles de cuatro hojas 
que forman la celosía de mi cuarto 
son ojos abiertos a las estrellas.

Las luciérnagas vienen con la brisa,
convierten mi mosquitera en un 
cielo sureño de reflejos verdes. Les hablo

de las calles de Teherán, polvorientas,
de los muros altos, de los jardines donde cada árbol
roba la inocencia de los ojos, donde cada rosa

ofrece sus espinas para coser bocas,
donde cuervos ennegrecen el cielo y se chivan de
las idas y venidas de la luna.

Dibujo en el aire la campana de cristal
donde he vivido, donde casi muero,
les muestro el cielo de mi paladar

donde un secreto crece como musgo, el
pliegue de mi ombligo donde el cordón 
que me une a mi país permanece intacto.

Traducción de Mariano Zaro, Estíbaliz Espinosa y Amaia Gabantxo

Diario de cuarentena: día 68

Él dice fresas; yo digo

semillas. Él dice iris; yo digo

sexo.

Él dice fe; yo me persigno con alcohol.

A dos meses del aislamiento Covid ya estoy metida

a fondo en esta existencia de pantalla verde Zoom y

WhatsApp, únicos testigos de mis gruñidos a pleno

pulmón,

de la ronda de moscas nerviosas

que ataco con mi raqueta eléctrica amarilla.

¡Con solo dos pilas AA electrocuto a estas plagas zumbantes!

¿Quién les dio permiso de

congregarse bajo mi fresno en este

patio de ciudad?

¿No se han enterado?

Las reuniones están estrictamente prohibidas.

Él dice, ¿no tienes compasión? Yo digo, ¡divirtámonos!

Si yo no las devuelvo a su creador, alguna otra razón lo

hará. De todos modos ya nada tiene sentido—

¿o acaso lo tiene?

Esta mosca, la que estoy a punto de aniquilar,

deambula por un impecable haz de luz.

Blanco perfecto.

Como nosotros. Ahora. Para la raqueta dorada de Dios.

¡Zas!

Él dice locura, yo digo que por

supuesto al principio siempre es algo 

insignificante,

como las gotitas de sirope de arce en la

balaustra azul que separa nuestro huerto de

frutales

del de nuestro vecino; acribillando la

línea de hormigas despistadas con el

chorro brutal de nuestra manguera— 

implacable, infinita, irracional.

Los Ángeles, Estados Unidos

Traducción: Amaia Gabantxo

Sholeh Wolpé (en persa: شعله ولپی) (Teherán, 6 de marzo de 1962). Poeta iraní-estadounidense, traductora literaria y dramaturga.

Desde los trece años que dejó su país, ha vivido de forma permanente en Trinidad, Inglaterra y Estados Unidos. Ha disfrutado de estancias y residencias artísticas en Estados Unidos, México, Australia, Suiza y España. En 2018 fue escritora residente en la Universidad de California en Los Ángeles, y en la actualidad reparte su tiempo entre la sede de la misma Universidad en Irvine y la ciudad de Barcelona.

Ha desarrollado una importante carrera como poeta, dramaturga, traductora y autora de textos y libretos para coro y ópera. Además de su trabajo como editora de poesía en ‘The Markaz Review’, que se edita en Los Ángeles desde 1920 y funciona como plataforma cultural de la diáspora de las comunidades árabes por el mundo.

Su primer libro de poemas, ‘The Scar Saloon’, se publicó en 2004, al que siguieron ‘Tejados de Teherán’ (2008), ‘Keeping Time with Blue Hyacinths’ (2013), ‘Cómo escribir una canción de amor’ (2017) Olifante ediciones de Poesía de España), o ‘The Outsider’ (2018). Su trabajo más reciente incluye Abacus of Loss (University of Arkansa Press),Abaco de Perdido (Visor Libros, 2025), Attar – The Invisible Sun (Harper Collins, Ingles 2025, Español 2026).

Su adaptación teatral ‘The Conference of the Birds (Mantiq al-Tayr)’, sobre el poema alegórico sufí de Farid ud-Din Attar, del siglo XII, se estrenó con gran éxito en el Ubuntu Theatre de Oakland, en 2018.

Ha traducido al inglés a poetas místicos persas como Attar, maestro del sufismo medieval y al rebelde Forugh Farrokhzad, lo que la ha consolidado como una de las más prestigiosas traductoras del persa al inglés.

Su antología en inglés de Farrokhzad recibió en 2010 el premio Lois Roth de Traducción, otorgado por el Instituto Americano de Estudios Iraníes. Además, su antología ‘The Forbidden: Poems from Iran and It Exils’ (‘Lo prohibido: poemas de Irán y su diáspora’) resultó ganadora en 2013 del Midwest Book Award, que concede la Midwest Independent Publishers Association, donde se agrupan las principales editoriales independientes del medio oeste de los Estados Unidos.

Este mismo año (2013),Wolpé recibió el Opera America Discovery Grant, un premio que apoya el desarrollo de nuevas obras operísticas, a su ópera colectiva ‘Nava Avaz’, escrita en colaboración con seis compositoras, donde cuenta la historia de la joven iraní de este nombre, encarcelada y torturada por el régimen islámico por no llevar el hiyab.

La prestigiosa Poetry Foundation ha dicho de Wolpé:

Enlaces de interés :

https://www.sholehwolpe.com

https://www.youtube.com/@SholehWolpe

Me Cantaron a Este Mundo — una película de Sholeh Wolpé donde podemos escuchar el recitar y el bellísimo canto de Wolpé.



Un suntuoso viaje musical y poético. Presentado en el escenario del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, Sholeh Wolpe interpreta su poema «Keeping Time With Blue Hyacinths», con música compuesta para esta pieza por Hamid Saeidi. El poema, que consta de siete movimientos, utiliza las siete fichas que los iraníes ponen en su mesa en anticipación y celebración final de cada año nuevo, como metáfora de su propio viaje lejos de su país y la inutilidad de la búsqueda de su hogar.


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