6 Poemas y 2 cuentos de Fernán Caballero

Romance a Delgadina

Tenía una vez un rey
tres hijas como una plata;
la más chica de las tres
Delgadina se llamaba.
Un día, estando comiendo,
dijo al rey, que la miraba:
—delgada estoy, padre mío
porque estoy enamorada—
¡Venid, corred, mis criados,
a Delgadina encerradla!;
si os pidiese de comer,
dadle la carne salada;
y si os pidiese de beber,
dadle la hiel de retama.
Y la encerraron al punto
en una torre muy alta.
Delgadina se asomó
por una estrecha ventana
y a sus hermanas ha visto
cosiendo ricas toallas.
—¡Hermanas, si sois las mías…
dadme un vasito de agua,
que tengo el corazón seco,
y a Dios entrego mi alma!
—¡Yo te la diera, mi vida.
Yo te la diera, mi alma,
mas si padre rey lo sabe,
nos ha de matar a entrambas.
Delgadina se quitó
muy triste y desconsolada.
A la mañana siguiente
asomose a la ventana,
por la que vio a sus hermanos
jugando un juego de cañas.
—¡Hermanos, si sois los míos…
por Dios, por Dios, dadme agua,
que tengo el corazón seco,
y a Dios entrego mi alma!
—¡Quítate de ahí, Delgadina,
que eres una descastada;
si mi padre, el rey, te viera,
la cabeza te cortara!
Delgadina se quitó
muy triste y desconsolada.
A otro día apenas pudo
llegar hasta la ventana,
por la que ha visto a su madre
bebiendo en vaso de plata.
—¡Madre, si que sois mi madre,
dadme un poquito de agua
que tengo el corazón seco,
y a Dios entrego mi alma!
—¡Pronto, pronto, mis criados,
a Delgadina, dad agua,
unos en jarros de oro,
otros en jarros de plata.
Por muy pronto que acudieron
ya la hallaron muy postrada.
A la cabecera tiene
una fuente de agua clara;
los ángeles la rodean
encomendándole el alma,
la Magdalena a los pies,
cosiéndole la mortaja:
el delantal era de oro,
y la aguja era de plata.
Las campanas de la gloria
ya por ella repicaban,
los cencerros del infierno
por el mal padre doblaban.

Santa Elena

Hoy que celebra la Iglesia
el misterio sacrosanto,
cuando hallara santa Elena
aquel signo consagrado,
que es el terror del infierno
y consuelo del cristiano.
Salid a coged las flores
que nacen en nuestros prados,
tejed con ellas guirnaldas
y vestid la Cruz de ramos,
cantad con el avecilla
que hace su nido en el árbol,
load al que nos creó,
y murió por salvarnos.
Coged, cristianos, las flores
y vestid la Cruz de ramos
pues os las brinda la aurora
de esta mañana de mayo.
Aquel divino trofeo,
como pronóstico santo,
el invicto Constantino
miró en el cielo estampado,
y santa Elena llegó
a los lugares sagrados,
a descubrir el tesoro
que salvó al género humano,
y halló el lugar escondido
a dónde estaba encerrado
aquel diamante del cielo
perdido por tiempo tanto.
Cantad loores a la Cruz
salid por vegas y campos;
coged las flores más bellas
y vestid la Cruz de ramos,
pues os las brinda la aurora
de esta mañana de mayo.

¿QUE DICEN LAS GOLONDRINAS?

¡

ven hacia mí!
¡Rubito y colorado
por todos deseado!
¡Ven hacia aquí
pintando los campos de colores mil!
¡Que sí, que sí!
¡Que salga el sol de abril!

COPLAS AMOROSAS

Quisiera verte y no verte,
quisiera hablarte y no hablarte,
quisiera encontrarte a solas
y quisiera no encontrarte.

A tu amor lo he comparado
a los días de invierno;
ya se aclara, ya se nubla,
ya diluvia, ya hace bueno.

Manojitos de alfileres
me parecen tus pestañas
cada vez que las meneas
se me clavan en el alma.

El río de la mancha

Yo vi un río en La Mancha,

cristalino y sereno,

donde el canto del ave

se mezcla con el viento.

Las aguas claras y puras,

reflejaban el cielo azul,

mientras los árboles se inclinan,

bañando sus ramas en su luz.

Este río, tan silente,

va arrullando mis pensamientos,

me hunde en un mundo de ensueños,

con sus susurros y lamentos.

En sus orillas de verde hierba,

reposan las flores de mil colores,

y al tomar un sorbo de agua,

se ahoga mi ser en dulces olores.

¡Oh río de La Mancha!

Tu belleza no tiene par,

mi corazón se deleita,

al verte fluir sin cesar.

En tus aguas se reflejan

sueños y esperanzas perdidas,

y encuentro paz en tu corriente,

mientras mi alma se despide.

Gracias, río de La Mancha,

por mostrarme tu sereno compás,

eres la melodía eterna,

que en mis versos siempre estará.

El duendecillo fraile (cuento)

Había una vez tres hermanitas que se mantenían amasando de noche una faneguita de harina. Un día se levantaron de madrugada para hacer su faena, y se la hallaron hecha, y los panes prontos para meterlos en el horno, y así sucedió por muchos días. Queriendo averiguar quién era el que tal favor les hacía, se escondieron una noche, y vieron venir a un duende muy chiquito, vestido de fraile, con unos hábitos muy viejos y rotos. Agradecidas le hicieron unos nuevos, que colgaron en la cocina. Vino el duende y se los puso, y en seguida se fue diciendo:Frailecito con hábitos nuevos,
ni quiere amasar, ni ser panadero
Esto prueba, niños míos, que como el duendecito hay muchos, que son complacientes y oficiosos hasta que logran un beneficio, y que una vez recibido, no se vuelven a acordar de quien se lo hizo.

El lirio azul, ( cuento)

Había vez y vez un rey que tenía tres hijos, a los que dijo que daría la corona a aquel de los tres que le trajese el lirio azul.

Echáronse los hijos cada cual por distinto rumbo a buscarlo por esos mundos.

El más chico encontró la flor y se la metió muy contento dentro de la media, por si encontraba a sus hermanos, que no la vieran. En medio de un arroyo seco se lo encontraron, y conocieron ellos que llevaba la flor, y se dijo uno a otro:

—¿Qué haremos para quitársela y ganarnos la corona?

El otro respondió:

—Matarle.

Y así lo hicieron, enterrándolo después en la arena.

Como eran dos, y una sola la flor, echaron a suertes a ver quién la ganaba, y le favoreció al mayor. Se fue muy contento a su casa, y cuando llegó y le dio a su padre la flor, el rey le declaró heredero de la corona.

En esto pasó un pastor por el sitio en que estaba enterrado el hermano más chico, y vio que salía de la tierra una cañita blanca, la que arrancó e hizo con ella una flauta. La tocó, y decía:

Toca, toca, bon pastor,
y no ennamenes
per la flor del lliri blau;
man mort en riu de arenes.

Fue tocando esto hasta pasar delante del palacio del rey, y este, habiendo oído la flauta, salió a llamar al pastor, y le dijo:

—Sube a tocarme esa flauta, que quiero oírla.

Entró el pastor y se puso a tocarla, y repitió su canción. Mandó llamar el rey a sus hijos, y le dijo al pastor que le dijere de dónde había sacado aquella flauta. El pastor los llevó al sitio donde había encontrado su flauta, y el rey dijo a sus hijos:

—¿Sois vosotros los que habéis muerto a vuestro hermano?

Pero ellos dijeron que no.

Su padre mandó que levantaran la arena en aquel lugar, y encontraron al niño vivo y sano, solo faltándole un dedo que había quedado fuera cuando lo enterraron, y era el que había servido para hacer la flauta, y el padre dio la corona al niño y castigó a sus hermanos.

Vivió y reinó muchos años, pero siempre sin un dedo.

Cuento contado, ya se ha acabado, y por la chimenea se fue al terrado.

Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea (Morges, Cantón de Vaud, Suiza, 25 de diciembre de 1796-Sevilla, España, 7 de abril de 1877).  Escritora enmarcada en la corriente del costumbrismo, que firmaba su obra con el pseudónimo de Fernán Caballero. Así, con un nombre masculino, ha sido reconocida quien fue la impulsora de la renovación de la novela española en el XIX. Dominaba varios idiomas, especialmente el alemán, lo que le permitió conocer de primera mano el trabajo de los hermanos Grimm.

Hija de madre gaditana, Francisca Larrea y Aherán (Frasquita), cuya madre era de origen irlandés y de padre de origen alemán, Johan Niklaus Böhl von Faber (castellanizado luego como Juan Nicolás) quien pertenecía a una familia burguesa de comerciantes y, como representante de los intereses económicos familiares ,fue enviado, junto con su hermano, a Cádiz; una ciudad cosmopolita y culta, enriquecida por el comercio atlántico en el siglo XVIII. Allí conocerá a la que será su esposa, Frasquita.

Frasquita es una gran lectora. En inglés lee desde Shakespeare a Mary Wollstonecraft. Será precisamente la lectura de la obra de esta, Vindication of the Rights of the Women, pionera del feminismo, la que creará una de las muchas disputas dentro del matrimonio. Porque, como demuestra Frasquita en sus cartas y en sus narraciones, es una mujer que tiene buen cuidado de pensar por sí misma, siendo ampliamente consciente de la situación desfavorable de las mujeres en la sociedad de su tiempo.

Por su parte, Juan Nicolás es un apasionado de las letras españolas.Y defenderá, en medio de una agria polémica (la llamada querella calderoniana), el legado literario barroco frente a quienes apuestan por la literatura neoclásica y su rígida preceptiva. Pero, sobre todo, Juan Nicolás será el educador y el modelo para Cecilia. El enfrentamiento de esta con su madre resulta, en ocasiones, difícil de explicar, pero lo cierto es que existió. Y prevalecieron en Cecilia las enseñanzas de su padre respecto al modelo femenino de corte roussoniano, doméstico y abnegado, alejado por tanto de las tareas del mundo, incluidas las intelectuales. Precisamente, ante los primeros escritos y el deseo de formarse literariamente de Cecilia, Juan Nicolás le escribirá: ¡Tonterías! No pierdas en esto el tiempo que debes emplear en estudiar y en coser. Mientras que la madre, Frasquita, escritora ella misma de cartas y relatos, además de traductora, siempre alentó la vocación de Cecilia. Con todo, el padre acabará reconociendo el innegable talento de Cecilia e incluso leerá con placer su novela, redactada en alemán, La familia de Alvareda.

Dadas sus desavenencias, los padres de Cecilia se separarían en 1806, permaneciendo la futura escritora, junto a su hermano, con su padre en Hamburgo. Vivió junto a él casi siete años fundamentales en su formación, de la que su padre se ocupó directamente según dan noticias las cartas que escribe en aquel tiempo sobre el desarrollo de la niña . Mientras su madre y sus hermanos quedaban en Cádiz, Cecilia compartiría en solitario con su padre la casa de Görslow hasta que se trasladó a un pensionado de Hamburgo recomendado por Campe. Aquel reputado pedagogo rousseauniano había educado a los hermanos Böhl en las doctrinas ilustradas de la filantropía e incluso escribió un difundido tratado educativo con aquellos niños como protagonistas: el Robinson, cuyo protagonista estaba inspirado en su discípulo Johann Nikolaus, fue un libro fundamental en las escuelas alemanas y conoció muchas traducciones, entre ellas una de Iriarte al español. Podemos imaginar que aquella presencia de Campe en la vida de Böhl trascendió a la primera educación de su hija e incluso fue motivo de que naciera en Morgues, Suiza, en el transcurso de un viaje planeado por el pedagogo como homenaje a Rousseau.
Pero fue también en aquellos años de estrecha convivencia alemana entre padre e hija cuando Böhl vivió la intensa crisis personal, filosófica, religiosa y estética que le llevó a romper con su educación ilustrada para sumarse a la revolución romántica capitaneada entonces por los Schlegel. Aquella confianza en las luces en las que se había educado no pudo mantenerse y las dudas de que el
progreso proyectado por la razón fuera habitable para los humanos le condujeron, como a tantos otros, al irracionalismo que defenderá en los sucesivo.
Como escribió a su amigo Julius el 24 de mayo de 1810: «El sentimiento busca una fe que la razón pone en duda» Su búsqueda de refugio en lo religioso es lo primero que hereda de él Cecilia: aquel rechazo a la filosofía positiva que tantas veces manifestó y la necesidad de buscar abrigo en una fe tan sentimental como irracional.

El matrimonio Böhl von Faber acabó reconciliándose en 1812 y Cecilia regresó a España expresándose en español con un fuerte acento extranjero. Tras la finalización de la Guerra de la Independencia y el comienzo del reinado de Fernando VII como monarca absoluto en 1814, es presentada en sociedad en un famosísimo baile al que acude el no menos famoso duque de Wellington. Una Fernán Caballero nostálgica recordará a aquella Cecilia de cabellos rubios y ojos azules, que vistió, para esa ocasión, traje blanco y rosado y unos costosísimos zapatos de encaje y satén.

A los diecinueve años , el 30 de marzo de 1816, se casó con un capitán de infantería, Antonio Planells y Bardají. La pareja se mudó a Puerto Rico, ya que su esposo había sido destinado a dicha plaza, pero ese matrimonio duraría poco por el fallecimiento del marido  y la joven regresó a España el 28 de junio de 1818. En esa época se trasladó a Hamburgo a vivir con su abuela. Algunos años más tarde se mudó nuevamente a El Puerto de Santa María, España, donde conoció a Francisco de Paula Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso.

En 1822 se casó en segundas nupcias con el marqués de Arco Hermoso, y con él vivió en sus casas de Sevilla y el campo, de donde sacó material para sus novelas y sus cuadros rurales y de costumbres. Allí sostenía con su marido una tertulia en su palacio a la que acudían representantes de la alta sociedad y personalidades extranjeras como Washington Irving (con quien mantuvo correspondencia desde 1828 y al que ayudó en algunas de sus obras). En mayo de 1835 Cecilia enviudó nuevamente.

En marzo de 1836, Cecilia viaja a Inglaterra con su hermana; durante su estancia en Londres se encuentra con un joven aristócrata inglés, Federico Cuthbert, al que había conocido en España y con quien mantiene un idilio secreto. Debido a su viaje no podrá estar presente en la muerte de su padre el 9 de noviembre de 1836. 

Posteriormente regresa a Sevilla y conoce a Antonio Arrom y Morales de Ayala, ( diecisiete años menor que ella) con quien contrae matrimonio en 17 de agosto de 1837. Este matrimonio le atrajo las críticas de los Arco-Hermoso y de la buena sociedad sevillana. Antonio enfermó de tisis y el matrimonio?atraviesa por graves problemas económicos por lo que Cecilia decide dedicarse de forma profesional a la literatura.

Como tantas otras escritoras de la época en la que no era fácil publicar bajo el nombre de una mujer, tuvo que valerse de su pseudónimo, que tomó de la población ciudadrealense de Fernán Caballero (aunque también escribía utilizando el de Corina), para que sus obras pudieran ser publicadas. Llegaron, entonces, las primeras colaboraciones en algunas revistas tan difundidas como “La Moda”, “La Ilustración” (Madrid) y “Álbum de las Bellas” (Sevilla). Mientras se hacía con un cierto prestigio literario gracias a estas colaboraciones, comenzó a ocuparse de la publicación de esas narraciones breves y novelas que había venido escribiendo, por afición, desde mucho tiempo atrás.

” Durante los años treinta y cuarenta Cecilia escribió multitud de escenas, cuadros, anécdotas, narraciones, apuntes folclóricos, y que tenía terminados La familia de Alvareda en alemán y Elia en francés; esta última novela, según escribe en la carta a Julius, había gustado mucho a su madre, y Francisca Larrea murió en 1838. En 1840 el relato Sola, que Böhl había enviado al mismo Dr.
Julius, se publicó anónimo en las Literarische und kritische Blätter der Börsenhalle, probablemente por intermediación de aquel amigo alemán. En conclusión, debemos imaginar que varias de las obras de Cecilia fueron compuestas contemporáneamente al Don Álvaro (1835), Los amantes de Teruel (1837) o El doncel don Enrique el Doliente (1834).
Las razones por las que su autora no se decidió a dar aquellas obras a luz –salvo en el caso de Sola, publicada anónimamente y en el extranjero– no podrán nunca dilucidarse completamente, pues los datos sólo nos permiten imaginar a una Cecilia con fuerte vocación creativa que reserva su pasión al
territorio privado y familiar. Pudo tener que ver en esta decisión la postura de Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco-Hermoso, o incluso se ha sostenido –apoyándose en información de la propia autora– que el propio Böhl fuera contrario a la publicidad de aquellos escritos. Lo cierto es que no se determinó a convertirse en «escritora» hasta después de la muerte de su segundo marido y
de la de su padre y después de su boda con Antonio Arrom, que, según cuenta
en varias de sus cartas, apoyó aquella vocación e incluso colaboró con ella ilustrando algunas de sus obras.
Fue durante los años de aquel matrimonio, muchos de los cuales pasó en soledad, cuando Cecilia se concentró en su actividad creativa. La vida social que llevara junto a Arco-Hermoso se había visto reducida por aquel nuevo enlace tan poco convencional y el cierto retiro en que vive le proporciona la «habitación propia» en que Virginia Woolf cifra la condición necesaria para la mujer escritora.
¿Cómo he llegado a escribir? ¿Qué me indujo a ello? No sé, pero veamos
el recuerdo. Sí: una acumulación de desgracias y contratiempos, los más
complicados y amargos, entre los que se hallaba la precisión de mudar de
domicilio, concretaron mi existencia hasta entonces sociable y expansiva y
me hicieron encerrarme y secuestrarme de todo trato. En mi soledad me
creé un mundo ficticio en cambio del que ya no veía. Agrupando mis
recuerdos en variados cuadros, repasando mis apuntes, […], rumiando sin
espíritu lo pasado, cuando el presente no me ofrecía paso, […] así creé esta
galería con mal pincel pero con exacta semejanza

La justificación que en varios casos argumentó para su salida al ruedo literario fue la económica. Distintas cartas y los estudios biográficos ponen de relieve las fuertes dificultades por las que pasó desde 1848: cambios sucesivos de domicilio para aligerar presupuestos, venta de patrimonio, vanos esfuerzos de Arrom para sacar adelante el negocio… El peor momento llega en 1853, cuando vende hasta las joyas de su abuela materna y se ve obligada a pedir un préstamo a su hermana Aurora, casada con Tomás Osborne, quien impone como condición para cualquier ayuda que Arrom se marche del país. Tras la partida de su esposo, Cecilia se concentró en el desesperado intento de buscar amigos que contribuyeran a la difusión de sus obras –que ofrece además a varios
periódicos– y son frecuentes por aquellos años las cartas solicitando recomendaciones para sus escritos. Tuvo que recurrir a colaboraciones a veces mal pagadas, como cuando publica en La Moda, periódico que según cuenta en carta a su sobrino Tomás Osborne, la trata de forma atroz, «con la más grosera impertinencia» (V 238), a cambio de ridículas sumas.
No hay que creer del todo, sin embargo, lo que escribe a la condesa de Velle en carta que Valencina piensa pudo escribir en torno a 1853, donde confiesa que fue la necesidad económica lo que le llevó a decidirse a enviar a Mora su primer manuscrito. En términos melodramáticos se compara allí con aquel personaje novelesco que ha de velar el cadáver de su amada en su buhardilla, sin dinero
para enterrarlo, mientras bañado en lágrimas escribe un artículo burlesco para
lograr el dinero del entierro: «En parecidas disposiciones se compuso La Gaviota y casi todo lo que he escrito. Por eso se hallan como gritos del corazón algunas páginas tan melancólicas en Lágrimas» (V 62). Hoy sabemos, por las cartas dirigidas a Hartzenbusch, que no pensaba cobrar nada por La Gaviota ni estuvo movida en aquella circunstancia por la necesidad acuciante que aquí describe.
Probablemente, y dada la aristocracia de aquella corresponsal, se sintió obligada a justificar su aparición en el mundillo literario con esos argumentos trágicos.”

Fuente del parrafo entrecomillado : https://web.archive.org/web/20151222142712/http://fama2.us.es/fco/digicomu/14.pdf

En 1853, Ceclia se quedó en España atareada con sus proyectos literarios, cuando Antonio Arrom fue nombrado cónsul de España en Australia y se embarcó rumbo a Sydney. En ese periodo de separación del matrimonio, escribe “Lágrimas” , “La estrella de Vandalia” y la que es considerada por críticos y lectores su obra maestra, “La gaviota”.

En mayo de 1859 regresa su esposo muy mejorado de salud, pero la felicidad durará poco. Presa de la desesperación por la traición de un socio, Antonio se suicida, dejando a Cecilia de nuevo sola y en una delicada situación económica. Los duques de Montpensier la ampararon y la propia reina Isabel II le brindó una vivienda en el Patio de las Banderas del Alcázar de Sevilla. Casa que tuvo que abandonar cuando la revolución de 1868. Se instaló entonces en una modesta casa, donde,tuvo el honor de recibir la visita de la propia Isabel II y de la infanta Luisa Fernanda, que la honró con su amistad y compañía durante sus días postreros.

La Gaviota se publicó por entregas en El Heraldo en 1849. De inmediato esta novela escrita originalmente en francés, fue considerada como digna de Walter Scott. La escribió como reacción contra los folletines sensacionalistas que eran muy populares en los periódicos; además, daba una visión muy real de cómo se comportaban y hablaban los españoles de la época. La obra trata del matrimonio fracasado del doctor Stein con la hija de un pescador, a quien llaman «la Gaviota». La mujer se enamora de un torero y abandona a su marido para convertirse en cantante profesional. El doctor Stein sale para los Estados Unidos y «la Gaviota» regresa finalmente al hogar; perdida la voz, sólo le queda casarse con el barbero. Las escenas de la vida andaluza, que son la verdadera razón de ser de la novela, son absolutamente convincentes, pero evidentemente, no reflejan la vida española, ya que la autora seleccionó lo que consideró más pintoresco.

Su novela siguiente fue Clemencia, en la que una mujer desdichada en su matrimonio acepta esa carga con resignación; Cuadros de costumbres populares andaluces (1852); La Farisea (1853); Lágrimas, novela de costumbres contemporáneas (1853); y La familia de Alvareda, novela original de costumbres populares (1856), escrita en alemán treinta años antes de su publicación en España. Otras obras suyas son Una en otra, Callar en vida y perdonar en muerte y Con mal o con bien a los tuyos te ten (todas de 1856); Un servilón y un liberalito, o tres almas de Dios(1857); Relaciones (1857) y el cuadro de costumbres breve Deudas pagadas (1860).

En 1862 publicó Colección de artículos religiosos y morales. Esta colección está dividida en dos partes; ambas de temática religiosa. La primera está compuesta de romances, fragmentos de novelas, artículos para niños y adultos y tradiciones. La segunda parte son ejemplos recogidos de la boca del pueblo, traducciones y refranes. Además añade una recopilación de pensamientos, máximas y definiciones de otros autores.

Por último, Fernán Caballero publicó La mitología contada a los niños (1867), donde la autora ofrece una síntesis de la mitología griega y romana.

Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero) moría el 7 de abril de 1877, a los ochenta años, dejando tras de sí un extenso y brillante legado literario y periodístico que la convirtió en una de las pioneras de la narrativa femenina española, y tal vez en la primera mujer que en España se dedicó profesionalmente a las letras.

Durante su larga vida (1796-1877)?es testigo de los principales episodios históricos del siglo XIX español: desde la Guerra de la Independencia que afectó directamente a las circunstancias familiares durante los años de su formación, hasta la revolución del 68 que la obligó a abandonar las dependencias del Alcázar sevillano que la reina le había cedido para su alojamiento. A esta dilatada –y en importantes episodios ignorada– trayectoria vital corresponde una producción literaria cuantiosa, de la que el capítulo epistolar solo es superado entre los españoles del siglo por Juan Valera.

El papel de Cecilia Böhl de Faber en la narrativa hispánica es clave. Ha sido considerada como la impulsora de la renovación de la novela española, que durante los siglos XVIII y primera del XIX había perdido el brillo que tuvo en la Edad de Oro.

Fernán Caballero es una autora reconocida en los manuales educativos, algo no siempre habitual con las mujeres creadoras tantas veces olvidadas y silenciadas en el canon literario. La escritora ha formado parte de las materias curriculares en los centros educativos y también en el imaginario popular. Sin embargo, su vida y su obra han quedado marcadas por los clichés que la definen casi exclusivamente como símbolo de cierta corriente reaccionaria eclipsando la relevancia de sus valores literarios. Fue un personaje contradictorio ya que, aunque rechazaba la política, escribió varias novelas tomando una clara postura política antiliberal, que rechazaba la idea de las mujeres emancipadas; asimismo, fue una escritora ambiciosa que redactó gran parte de su obra en francés, alguna en alemán y bastantes en español. Quiso crear una nueva forma de novelar en España; siendo de una severa moral, el tema principal en varias novelas era el adulterio, aparte de obviar su vida personal, ya que estaba casada en terceras nupcias con un hombre veinte años más joven, lo cual fue un escándalo en su época al ser además viuda de un marqués.

Es cierto que  fue una mujer conservadora y sus ideas tradicionales acerca del papel de la mujer la han fijado en la historia como una escritora anticuada. Sin embargo, su decidida y audaz vocación literaria la convierten en una mujer valiente, moderna y singular.

Cecilia Böhl de Faber fue designada como Autora del Año 2022 por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de España.

Enlaces de interés :

https://zaguan.unizar.es/record/97845/files/TAZ-TFG-2020-3694.pdf

https://web.archive.org/web/20151222142712/http://fama2.us.es/fco/digicomu/14.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Fern%C3%A1n_Caballero

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