“De tanto repetir el gesto, algún día seré como parezco”
I. Escudero
Al paraíso perdido
se llega tras mucho andar
un pasito hacia adelante
y otro pasito hacia atras.
Cuanto te digo «te quiero»,
lo que te quiero decir
es que aún me lo creo.
Manos,
manos obscenas
para las niñas buenas.
El azafrán que llevas
en la carita
uno te lo pone
y otro te lo quita
y loquita, loquita estás
por ese poquito
que uno no te da.
¡Qué música tan fina,
en el pentagrama eléctrico,
las golondrinas!
El árbol me llama.
¿Qué querrá de mí?
Si no tiene hojas,
si no tiene flores,
si no tiene frutos,
¿qué querrá de mí?
El árbol me llama.
¿Qué dice su rama?
¿Qué querrá de mí?
Como Dios manda:
tú tan duro,
yo tan blanda.
En el Amor siempre hay una queja:
PAREJA.
¡Qué cruel encarnadura,
la de mi vida en la tuya!
¡Qué lírica ideología,
la de la tuya en la mía!
Y el resultado perdura:
¡Qué buena literatura!
Cuando se vaya el Amor,
me haré a la mar, corazón;
que en el hombre hay dos empeños:
despierto, el Mar,
y el Amor, en sueños.
De: Coser y cantar (1984)

La tierra helada:
la escarcha ha escrito
lo que yo pensaba.
Acérquense a beber:
esta fuente no es de agua:
es de sed.
Mono pensativo,
no olvides eso:
si se te va la mano
pierdes el seso.
Lo que no se vive,
se escribe.
Amor,
ni semilla, ni fruto
en flor.
Baile de máscaras:
tú y yo danzando
entre palabras.
Mil y una maravillas,
son al caer en mis manos,
inventario de cenizas.
Ahora que no te quiero
de lo mucho que te quería
¡cuánto me acuerdo!
Baila, niña, baila,
y que se vea el caos
bajo tus faldas.
Mariposa en el almendro:
yo no sé
si voy o si vengo.
De: Cifra y aroma. Editorial Hiperión (2002)


Isabel Escudero y su compañero Agustin Garcia Calvo
¡Morir por las ideas!:
eso le pasa
a cualquiera.
Monigote de mi infancia:
al pintarle los ojos,
¡ya tiene alma!
Adiós, mundo,
que ya me muero:
ahí te quedas
conmigo dentro.
De: Fiat Umbra. Pre-Textos(2008)


Gorrión, migajas,
apenas si da
para una mirada.
Pájaro salobre.
Ni canta
ni sé su nombre.
Ven a jugar, ¡ea!,
el gorrión
no tiene escuela.
De: Gorrión, migajas… Ed. Pre-Textos(2008)


Palabrita tú, palabrita yo:
ahora que no nos oyen,
tanto mejor.
Ropita tendía:
adiós me dicen las mangas
de las camisas.
No eras tú el que llamaba
ni era yo la que te abrí,
pero sonó la aldaba:
eso sí.
De: Nunca se sabe. Ed. Pre-Textos (2010)

Fuera muge el viento sordo,
y yo aquí con mi trapito
quitando el polvo.
Cada copla una flecha
la que no te toque
que se pierda.
Que sean muchas
a ver si de tantas
te acierta alguna
Tu dispara al aire
que Dios esta
en todas partes
Alfileritos te clavo
sin que lo sepas
debajo de las palabras
se hace la guerra.
La fe, prendida
con alfileres,
pa que cuando sople el aire,
se me la lleve.
De: Alfileres (Coplas libertarias) (2014)


Cae la tarde
Toquetean el piano
los dedos del sol:
No hay música
como la que nunca sonó.
Misterio de no saber
para qué valen las cosas:
el cardo, el azul,
la brizna de avena loca,
el aire que no se ve,
el libar de la mariposa.
No quieras tú saber
lo que la hermosura ignora.
Dejarlas, hombres,
que sin nombre vivan
las cosas diosas.
Nosotros presos del alma
y de sabernos de sobra,
perdimos la libertad
y su gracia anónima.
Banda de estorninos:
Aprendan, humanos,
a manifestarse
con gracia y tino.
Vuestro es el vuelo,
por no ser vuestro:
nunca pidan a lo Alto
lo que no es de nadie:
el cielo infinito
la luz y el aire.
De: «Tinta Robada«(2018), Pre-Textos.


ANTONIO SELFA canta a ISABEL ESCUDERO
Despersonalización de la flor (1)
Isabel Escudero
Diálogo entre las ánimas de María Zambrano y Simone Weil.
Puestos a imaginar, vamos a imaginar un diálogo póstumo entre María Zambrano y Simone Weil. Dos mujeres raras y singulares. Ambas tocadas del pensar filosófico, heridas de la razón y de la tisis… Ellas se vieron una sola vez. Fue en 1937, en plena guerra civil española, en Valencia. María, impecablemente vestida (como era habitual), Simone, vestida de miliciana. María había regresado de Santiago de Chile donde residía con su marido. A la pregunta de un periodista acerca de por qué volvían si la guerra ya estaba perdida, María le contesto: “Precisamente por eso”2. La Zambrano ocupa en esos momentos el cargo de Consejero Nacional de Propaganda y de la Infancia evacuada y la Weil –ya enferma y soltera de sí misma- viene escopeta en ristre a luchar por el Bando Republicano.
Ahora, de nuevo, las ánimas de María y Simone se vuelven a encontrar. Es cielo de nadie, una especie de limbo donde esperan el advenimiento de los Santos Padres. Desde allá se puede ver lo que pasa por acá abajo. Están como en el momento del despegue de este Mundo, el ánima de Simone casi una muchacha todavía, pálida y flaca, mira atenta tras los cristales de sus gafas. El ánima de María, anciana, sentada y elegante, se entretiene en echar invisibles miguitas a imaginarios gatos.
María.- ¿Has visto, Simone, cuanto personal por ahí abajo rebullendo de acá para allá?
Simone.- Perdona, María, pero no veo mas que autos…
María.- Claro, hija, autos, pero cada uno lleva una almita dentro, una persona libre que…
Simone.- Pero María, todavía sigues con las mismas, desengáñate, no hay nada dentro diferente a lo de afuera: el auto ese que ves, esa es la persona, esa cáscara es su alma personal… Ya sé que antaño hacías distingos entre “individuo” y “persona”. Pero con la que ha caído desde entonces… ¿No eras tú la que decías que la persona es la parte del individuo que se resiste al sacrificio de asimilación del Estado?… Pues, toma, ahí la ves, ahí tienes el ejemplo más eximio de la persona esclava que encima está convencida de que eso es la libertad y que todo ese tráfico insensato en el que se le va la vida ella lo ha elegido libremente por gus- to personal…¡Ni siquiera los dioses más fieros exigieron tan sangriento sacrificio!
María.- ¡Ay, Simone! Tú siempre tan desconfiada…Y un poquito luciferina con tu aire de monjita. ¡Qué soberbia tiene la niña! Querías acabar con las palabras en cuanto se te volvían turbias. Sí, recuerdo, ya entonces eso de la Persona te resultaba sospechoso…para ti lo sagrado era precisamente lo impersonal… Hermosas tus palabras, Simone, pero terribles. Recuerdo cuando proclamabas con el gesto de adolescente airada: “Quien ha penetrado en el dominio de lo impersonal encuentra allí una responsabilidad hacia todos los seres humanos. La de proteger en ellos, no la persona, sino todo lo que la persona reviste de frágiles posibilidades de pasaje a lo impersonal…Todo aquello que es impersonal en el hombre es sagrado, y sólo eso”.
Pero, mira niña, eso que tu atacabas es el individuo, la persona es algo más que el individuo; es el individuo dotado de conciencia, que se sabe a sí mismo y que se entiende a sí mismo como valor supremo… El ser individuo comenzó por ser un privilegio que hundía sus raíces en lo sagrado. Se era uno por privilegio divino y, por tanto, un ser aparte…Pero después con los griegos, ya sabes, ese carácter descendió al común, se encarnó en cualquier ciudadano libre…
Simone.- Pero ¿qué ganas con hacer esos distingos entre individuo y persona? Por qué querer salvar a la Persona por medio del distingo. Cuando se ataca la Realidad – y tú fuiste brava en eso- hay una diferencia esencial entre decir No a secas, sin condescendencia alguna, y la contemplación conservadora -por muy bien intencionada que sea-, de salvarla y de paso de salvarse uno, eso no deja de ser un apaño personal, y por tanto un engaño. Mira, María, cuando las palabras se pudren, o las toma el enemigo, hay que dejárselas e inventar otras o usar otras menos prostituidas. (No han de dolernos prendas). Y ya ves, una de esas palabras -cada vez más falsa- es la de Persona, otra la de Democracia… Si el elemento está dañado ¿qué se puede esperar del conjunto?. Multiplicación del daño y el error. Ya cuando nos encontramos en vida tú y yo en aquella triste guerra española, el error ya venía implantándose en todo Occidente. Claro que con tanta catástrofe amenazando, cualquiera se acogía a un ideal tranquilizante. Pero hasta ya empezaban a ser términos sospechosos, y no digamos, ahora bajo unas cuantas décadas de consolidación del Régimen del Bienestar, en qué han ido a parar eso de Persona y Democracia… Asómese, asómese ahí abajo, señora: en nombre de la Democracia se siguen produciendo idénticos desmanes que bajo las Dictaduras, pero encima por consenso y votación popular… Y la Persona, desengáñese usted, Marie, la Persona es eso que vemos bullir entre el ruido por allá abajo: autos personales, móvil personal, ordenador personal, el Mercado bien lo sabe y todo son “atenciones personales” para venderte lo mismo que a tu vecino…Esas son las personas, como su nombre dice: máscaras…
María.- Sí, esos son las máscaras, Simone, las máscaras protectoras del miedo. La Democracia como régimen ha de ser la expresión, la resultante de la sociedad democrática. Sociedad que se irá logrando en la medida en que la visión del hombre vaya adquiriendo una visión más justa de su propia realidad y, a través de ella, de la realidad toda, le vaya perdiendo el temor. Pues se diría que la necesidad de descubrir lo real y de enfrentarse con ello, ha tenido que luchar desde siempre con un pánico a la realidad. En todo hombre se libra esa batalla y en toda sociedad también…Y hasta ahora el proyecto de vida democrática es el que entre todos aparece más libre de este temor ancestral…
Simone.- O sea, que usted también –como decía el otro- lo reconoce como el mal menor. (Ese es el peor oficio de las Dictaduras, el hacer luego soportable cualquier tipo de gobierno). Que digan eso los políticos a los que el cargo y la figura dependen de esa fe, vale, pero usted señora, comadre de Antígona y de Diotima de Mantinea y de Eloisa, que usted espere de ese mal algo bueno, usted que tan astutamente hurgó en los recovecos del alma… No siente usted, como yo, que la Realidad toda es falsa, al menos por su pretensión de ser todo lo que hay, y que desde ahí dentro, desde la realidad no hay más remedio que ser “realistas” y en el mejor de los casos no se pueden hacer más que reformitas bienintencionadas que van a servir fundamentalmente para que perdure más el Régimen…Que hay que abandonar todo eso, María, y ya veremos a ver qué pasa… Que no hay otra Democracia buena, otra Per- sona buena, otra Realidad verdadera…Que nuestra esperanza y nuestro miedo se aferran a ese mal imaginado como menor porque le tenemos miedo a lo desconocido…Lo desconocido de verdad, eso quizá eso sea lo bueno. Sencillamente lo desconocido, sin amenazas de caos ni de ancestros fatales; que no nos atemoricen con otros males, con fantasmas lejanos, con otras épocas históricas, bastan los que padecemos aquí y ahora. El miedo peor es a esto que conocemos. A eso que ve usted ahí abajo y que a trece años ya de su muerte y a sesenta de la mía, es el progreso de la administración de muerte y el florecimiento de la mentira…
María.- Dices bien, pero no hay por qué entregar el término al enemigo, hay más bien que limpiarlo de la cizaña: iluminarlo. La cuestión no es la de aceptar o no esta situación de vivir prisionero de la Historia. Se puede decir sí, pues que a todo es posible decirlo en efecto. Se trata de ver si este “sí” corresponde a la realidad de la vida humana. Y aún la queja angustiosa de alguien que dijera: “en ese caso la persona quedaría asfixiada, y el hombre separado de sí mismo, deshumanizado”, cabría contestar que se trata de una presuposición: que la persona humana no existe y que, por tanto, su suerte no debe de preocuparnos; o bien que existe, y que es renunciable.
Hasta cuando se pide el sacrificio de la individualidad y no sólo de la vida, se reconoce el valor del individuo como tal. Y cuando se fabrica una máscara, una figura con ciertas características, un personaje cargado de ciertas culpas, una máscara en efecto, se le concede la existencia de la persona humana, en su doble sentido: en el sentido de que la persona existe como figura actuante, y de que existe moralmente, pues se carga de faltas, se le hace responsable y digna de ser castigada: se le reconoce y se le eleva a la categoría de culpable. Y todavía más: se hace apelación a ella cuando se le pide que se sacrifique, pues sólo la persona es capaz de sacrificio… Pues siempre que se exige un sacrificio se reconoce y afirma lo sacrificado. Y se reconoce depender de ello en alguna forma…Si los dioses de las religiones de sacrificio humano hubieran sido dioses de verdad, ese su exigir hubiera sido “descender”. Y así cuando el sacrificio lo pide el Dios verdadero, es él quien desciende. (Él se hizo hombre en la persona de Cristo, descendió y se encarnó en mortal)…
¿Qué es lo que hay en la persona humana para que el Estado y la Sociedad exijan su sacrificio? Al exigirlo, reconocen su existencia y su supremo valor, más radicalmente aún, su realidad. Mas lo hacen de una forma extraña: a la inversa…En todo sacrificio hay inversión: lo que más vale se sacrifica: lo real se sacrifica por algo que al necesitarlo no es real en ese sentido. En los Dioses que devoraban el corazón humano y necesitaban el cráneo como blasón de su imagen se trataba de una humanización de lo divino. Solamente cuando se revela lo divino como persona, el sacrificio humano cesa. El hombre comienza a ser libre. Y los dioses griegos que pedían tan parvos sacrificios se revelan en la tragedia, lugar del sacrificio en Grecia, como impotentes. El oráculo de Apolo anuncia el destino de Edipo, que es sacrificado o acabará en sacrificio. ¿A qué va dirigido ese sacrificio?. A algo más hondo, a un abismo sobre el cual los dioses danzaban sin poder descender. El hombre estaba solo. También hay un carácter invertido de los sacrificios de nuestros días. Pues se exige aquello que se niega: la persona, cuya existencia se desconoce… Simone.- Pero cuando Cristo clavado en la Cruz, descendido por amor a los hombres, desde lo divino, verbo encarnado, grita: ¿por qué se me hace mal? lo hace desde el corazón mismo de la desgracia, que es el corazón común en soledad y abandono del Padre, y donde él ya no es ni persona ni hijo de Dios. Su grito es impersonal. No brota por una agresión a su persona, brota del padecimiento de una injusticia, brota del dolor de un daño sin razón, de un sacrificio inútil…
María.- No tan inútil, Simone, es un sacrificio de Amor al Padre. Acatar su voluntad y su ley.
Simone.- Maldito el Amor que se alimenta de la muerte de la vida, maldito el Amor que no llora del mismo dolor, como Antígona, al hermano traidor y al hermano patriota…
María.- Sí, niña, ya siento que tal como ella sufría, tu impía piedad tampoco te deja consuelo ni te permite distracción alguna. Pero la vida es dramática. La vida humana es la entrada en la máscara, es la entrada en un papel. Lo primero que al hombre se le parece haber concedido es una especie de vocación, para darse a conocer; una salida por donde asomarse a tener un nombre; un tiempo para buscarse, una pausa para reconocerse y reconocer, para identificarse. Un tiempo y un lugar sobre la vida animal y vegetal que no tolera pausa, ni salida. Y esa necesidad de identificación y enmascaramiento la proyectamos en todo lo que ven nuestros ojos. Incluso cuando asistimos a el espectáculo de una planta que pierde sus flores y hojas, es como si viéramos el de la caída de las máscaras y el desceñirse las vestiduras de los actores de un drama. Un juego que acaba: una magia que se desvanece.
Simone: Sí, el miedo de la muerte futura, esa que no está nunca ahora, ese miedo es el de que de verdad nos paraliza, nos mata y no nos deja ver limpiamente. Y llegamos a atribuirle a los desconocido, hasta a las plantas y flores, nuestros miedos y nuestras pobres ideas. Y quizá justo sea al revés, querida María, que la despersonalización de la flor sea precisamente la vida de la flor.
………
Y aquí las dejamos a las dos, María y Simone, enzarzadas en un diálogo interminable, desde más allá de la Realidad, dando viva voz a la contradicción.
Fin
1 Hemos tomado para la reconstrucción de este diálogo fragmentos de “Persona y Democracia”. Fundación María Zambrano. 1958 y Editorial Siruela, 1996 y de “La persona y los sagrado” de Simone Weil, Cuadernos de Londres. Ediciones Gallimard y Editorial Trotta, 2001.
2 Cronología de Jesús Moreno Sanz en “La Razón en la sombra”, (Editorial Siruela, 1993) de donde tomamos algunos datos biográficos.

Isabel Escudero Ríos (Quintana de la Serena, Badajoz, España, 19 de mayo de 1944-Madrid, España, 7 de marzo de 2017). Poeta, ensayista y narradora. Doctora en Psicología y Filosofía, profesora honoraria de la UNED. Considerada referente de la poesía basada en la tradición, la oralidad y el folclore.
Isabel comenzó a escribir versos desde niña aunque no publicó su primer poemario hasta 1984, ‘Coser y cantar’ (Editora Nacional).
Isabel fue codirectora y una de las impulsoras de la revista de pensamiento «Archipiélago» y con su pareja el catedrático y también poeta, dramaturgo y pensador Agustín García Calvo, fueron activos participantes en la Tertulia Política del Ateneo de Madrid.
Isabel Escudero y Agustín García Calvo dieron muchos recitales juntos y solían decir que si los poemas o textos que leían no nos decían nada entonces los habían escrito ellos, el yo particular de cada uno, pero que si, por alguna razón, algo de lo leído conseguía herirnos, entonces eso significaba que quien lo había sacado de la nada o cazado en el aire no eran ni el uno ni la otra, sino algo misterioso, imposible de cuantificar, que corre siempre por debajo y que quizá pudiera denominarse pueblo.
Su relación duró casi cuatro décadas y se convirtieron en todo un icono de intelectualidad transgresora, poética y lúcida rebeldía.
Agustín falleció el 1 de noviembre de 2012.
Isabel Escudero falleció en Madrid, el 7 de marzo de 2017.
Como nos dejó escrito:
«Yo sé que me moriré algún día/ Si no lo supiera/ no me moriría»
Obra publicada:
Coser y cantar (1984) Prólogo de Agustín García Calvo. Editora Nacional. Ediciones posteriores en Lucina.
Razón común = Razón poética (1994), UNED; reedición con CD en [2007].
Digo yo. Ensayos y cavilaciones (1997), Ediciones Huerga y Fierro.
Cancionero didáctico: Cántame y cuéntame (1998)UNED y Ediciones de la Torre. Reedición con CD en [2003] UNED y Ediciones de la Torre. Cuarta edición con DVD (2009), UNED.
Contra el hombre —colaboración con Agustín García Calvo— (1998). Fundación de EStudios Libertarios Anselmo de Lorenzo.
¿Quién dice no?: en torno a la anarquía —colaboración con Agustín García Calvo— (1999). Fundación de Estudios Libertarios Anselmo de Lorenzo.
Cifra y aroma (2002 y 2008) Hiperión, Poesía. Prólogo de Luis Mateo Díaz, introducción de Agustín García Calvo y epílogo de Víctor Erice.
Fiat umbra (2008), Pre-Textos.
Gorrión, migajas… (2008), Pre-Textos.
Nunca se sabe (2010), Pre-Textos.
Alfileres (Coplas libertarias) (2014)
Tinta robada (2018), Pre-Textos.
Como crítica de cine Isabel ha colaborado en las revistas especializadas como Cinema 2002 y Banda Aparte. Sus críticas están recogidas en el volumen Digo yo: ensayos y cavilaciones (1996).
Sus poemas y coplas han sido musicados y cantados por artistas como Amancio Prada, Quesia, Antonio Selfa y otros.
Enlaces de interés:
Poemas recitados por la misma Isabel Escudero:
http://antonio-selfa.blogspot.com/2011/07/poemas-de-isabel-escudero.html
«De la mano del alba»
Letra: Isabel Escudero
Música: Antonio Selfa
Homenaje a I. Escudero. Salón de actos de la UNED, Madrid, abril 2018.

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