Hombre
Hombre
un día llegará
que te despiertes
pensando que eres algo.
Hombre
un día llegaráque te levantes
siendo más que una cosa
siendo ya casi un hombre.
Hombre
ese día los cielos
que te esclavizan
te negarán su ayuda.
Hombre
ese día la tierra
que te malquiere
te volverá la espalda.
Tierra y cielo enemigos.
Pero ese mismo día
Hombre
sin darte cuenta
te nacerá la vida
y antes de que te duela
Hombre
te darás cuenta
que se ha muerto la muerte.
De: Poesía, Cabaret Voltaire, 2011

Deja crecer tus uñas…
Deja crecer tus uñas,
hermano;
los Otros tienen armas.
Hermano, te lo advierto:
el día que te digan
se levanta la veda
del cura y de la monja,
del militar y el carca,
del fascista y del rico
que te pille despierto;
no alegues ignorancia.
Deja crecer tus dientes,
hermano,
los Otros tienen armas.
El ojo bien abierto,
hermano, ¡y a la caza!,
el corazón cargado
de cuentas ajustadas,
el puño bien cerrado
y en alto, por derecho,
el pensamiento frío,
la oreja espabilada.
Deja crecer tu cuerpo,
hermano;
los Otros tienen alma.
Te señalo la presa
puesto que vas de caza:
el que se hace los guantes
con la piel de tu vida,
el que ríe en el cocktail
con el vaso en la mano,
mientras que tú no ríes
y votas y trabajas.
Los Otros tienen todo,
hermano;
deja crecer tu nada.
De:» Otros Poemas» en Poesias, Ed. Cabaret Voltaire

Elegía a la muerte de Celia Viñas
Yo soy aquel que clama y mi voz es desierta.
Aquí expongo mis manos para que las cortéis.
Arrancadme la lengua.
Ardedme en sal.
Convertidme en ceniza.
El grito es siempre grito mientras el cielo escuche.
Ahora, abrid el pecho.
Los poderes son altos y la carne no aguanta.
Abrid el pecho, muertos.
Es a vosotros a quienes conjuro.
.
Pues la vída es hermosa, según dogma,
pero es dura y atroz y hasta repugna
Lo digo yo y me basta
Mi palabra me guia
.
La vida era un desierto
y tu flor sucumbió sin más remedio
La sequía -¿Qué importa qué?-
O la gran esperanza de una vida suprema.
.
Te fuiste dulcemente,
mansamente tu sangre como arroyo en silencio.
Y lo supieron luego,
cuando vieron la luz perdida de tus ojos,
y el movimiento nulo de tus manos,
y tu sonrisa gacha,
y tu vientre vacío como un saco de siembra.
¡Qué soledad la tuya con tu muerte!
.
Nadie inventar pudiera,
amiga muerta, igual desolación
que tu escaparte hacia confusa orilla,
¡Oh pájaro fatal, a la deriva!
Nadie decir palabra
que supliera el silencio de tu boca.
(El silencio que se alza, se levanta
como un gigante vivo
mudo de asombro ya y sin movimiento.)
.
Yo soy aquel que clama
por tu muerte inviolable.
Yo soy quien quiere que la piedra escuche
mi mandato de acero
y en espada se torne y en cuchillo,
y desgaje las venas del mundo que te ha muerto.
Estoy lleno de odio
y quisiera saciarme con sangre de cordero.
.
(Que tú victima fuiste
en el atroz altar de lo infalible
y ahora se te consagra a la experiencia
para que el mundo aprenda que la vida es efimera
como la vida misma.)
.
¿Dónde ya la justicia.
aquello que nos hace no ser piedra y ser vuelo?
¿Dónde, dime, la gloria
de la carne sencilla, vegetal de la vida?
.
Oh muerte, muerte, muerte,
diamante inacabable, luciérnaga preciosa,
oh muerte destructora,
oh destructora vida
De: Poesía. Ed. Cabaret Voltaire. (publicado originariamente en Revista Poesía española, n.o 31. Madrid, julio 1954)

«Caronte, yo seré un escándalo en tu barca»
J. de Ibarbourou
I
Desiste, corazón. Pongo mi veto.
Contra tu sorda voz pongo mi sorda,
ciega, muda presencia
de hombre. (Ya lo ves, corazón:
sólo de hombre.)
Contra tu grito único,
tu repetido y glandulado grito,
me opongo yo, este hombre.
Ahora, corazón, si puedes, rompe
esta fibra que soy, sólo esta fibra,
con tu jactancia siempre latidora
y tu canción sirena, corazón,
estúpido, agresivo, molesto corazón
de a diario, usado, usado, usado,
corazón de trabajo y de cansancio.
Desiste, corazón. Ya ves que es tonto
discutir este asunto. Estoy ya decidido.
Ahora me compraré una dulce gaita
o una de esas armónicas tan lindas
que usan los niños, y que sólo tocan
en escala sencilla…; y si no, corazón,
te mandaré a paseo con la misma
alegría. Punto final. Desiste.
(Oh, corazón, qué pena
que agonices así, por mi capricho.
Como una suave flor.)
III
Qué terrible mi carne.
Pero tu carne, amor…
Bien, lo diré francamente:
tu carne es una llaga.
No la conozco. Sólo
-y quién sabe si en beso-
la adivino en la mía.
Nada más.
Pero diré una cosa:
esta carne terrible
-tuya en mí por misterio-
se crispa cada noche
con aroma invencible
y te ansía, te ansía
con un dolor tan recio,
tan vehemente de ti,
que no, no basta el sueño,
ni el ensueño, ni el morbo
para reconquistarme.
Y después de esa lucha,
ya sabe, lo de siempre,
la laxitud, el asco:
triste pornografía
en volumen de hombre.
Casi para quedarse
roto, deshecho, nulo.
IV
Te gritaré mi escíndalo, Caronte.
(Nuestro escándalo a solas
cuando lo conquistemos)
Y como en fuego vivo,
haré que mi pureza
se resista a tu angustia
.
(Seremos dos, un grito
de pecado glorioso
sobre la sucia estela
del pecado.) Te daremos trabajo,
te lo juro, si muero en ese día
de mi hermoso pecado.
viejo gris, te prometo
canciones y alegria.
.
Figúrate estas manos
con temblor de caricia
trenzándose en el aire.
Será un júbilo heroico, barquero.
Y ofreceré mi boca
—mi boca con su huella-
a todo ser que ansíe una gota de anhelo.
Y gritaré, ¿me oyes? Gritaré hasta saciarme
de infierno, de locura
contra tu sola angustia.
contra tu sola, eterna,
final y triste angustia.
Barquero, qué victoria
ser un triunfo en pecado
después.
(Para ti, corazón
esta triste mortaja
de ausencia que ahora tengo )
V
Di, ¿qué traje te esconde?
¿qué tela te separa
-oh, canto sexual-
de mi sexo encendido?
No sé por qué caminos
hallarte. Yerran siempre
las señales de aviso.
Y la angustia, ese saber que tú serás un eco
a un grito mío,
desconocido, extraño grito mío…
esa angustia me ahoga.
Qué paganismo, amor.
Estoy casi encendido
por saberte. Sólo tu soplo aguardo.
Ese viento,
esa voz en fluido
que será tu presencia.
Oh, nada, nada, nada,
nada como encontrarte.
Dondequiera te escondas,
cualquier forma que intentes
será herida por mí,
gritaré mi presagio
-mi pagano presagio-
y saltaré fronteras
de luz, de fuego y hambre
únicamente, amor,
por saciarte conmigo.
Dime, ¿quién te separa
de la espera que siento?
VI
Ese pagano verbo, en mí, tu voz,
tu simple
realización en voz,
tu gritar, consiguiéndome.
Insistiré despierto,
siempre vigía al grito
de tu posible entrada.
Y cuando hayas llegado, yo, de luz,
pareceré.
Un estallido mágico, glorioso.
Algo así como estar
penetrado del ángel.
Oh, ser yo verbo en tu voz,
verbo cálido y simple,
yo,
carne y palabra en ti
diciéndome.
Ser gloria, estado vivo
de corazón y ala,
con nombre que tú digas
paganamente verbo.
VII
Te aseguro, Caronte,
que haré que se deriven
timones y velámenes
de tu barca de angustia.
Mi soberbia es un viento
para tu tierno mástil.
Y tu remo, barquero,
sólo una débil fibra
sobre el agua furiosa.
Oh, laguna, mi júbilo
es voz de redención.
Como esas aves únicas
que anuncian primaveras
imposibles. Mi grito.
Es una profecía, Caronte.
De mi boca saldrán
sirenas, peces, sierpes,
inauditas palabras
a estremecerte.
Y pámpanos y flores
sobre mi cuerpo bello.
Oh, barquero, qué gozo
la pagana ocasión.
Ni campanas de bronce
servirán para herirme.
Sólo esta dulce, tierna
profesión de mi carne.
(Desiste, corazón. Mi culpa es amplia
y hermosa. Como el agua.)
VIII
Mis glándulas se yerguen
cuando en carne te pienso.
Hay un rumor de río
por la profunda sangre
igual que si encarnaran
diez mil pequeños ángeles
de lujuria. Mis glándulas
segregan esta angélica
legión de dulces ansias
en mi extensión sanguinea.
Con sólo imaginarte.
Figúrate el momento
de ser en carne tuyo,
en fiera realidad.
Gritarán estas glándulas
voces de regocijo.
Presiento la conjura.
No obstante, amor, ahora
sólo este lento mío
derramarme,
recia sangre de hormonas
buscando tu incidencia.
… Erguido en árbol vivo
este grado hemofílico
con que insisto en tu ansia.
IX
Tu piel es una flor
masculina, insistente.
Tu piel es un delirio,
un camino a mi anhelo.
Ayer, sobre tu piel,
reposé la mirada
-oh, qué boca en mis ojos,
y qué lengua, y qué labios;
cómo, sobre tu piel,
mi animal se extendía
en ausencia y ensueño-.
Y tú, ignorando el caos
de fuego de mis ojos,
sonreíste un momento
contemplando los montes.
Yo me pregunto, amor,
si acaso dejan huellas
mis ojos en tu piel.
Porque serán fantasmas
de tigres, y serpientes,
o suaves flores rojas
de contorno limpísimo.
O mordiscos.
O ráfagas
de desbocado anhelo.
Amor, tu piel parece
un lecho y una noche.
X
Ni una célula, amor,
te queda sobre el cuerpo
que no esté ya en pesquisa
ideal de mis dedos.
No te resta un cabello,
un poro, un rasgo íntimo
que ya no haya yo usado
en el sueño y la angustia.
Ni siquiera tu sombra
desconoce mi ausencia;
ni tu anhelar de noche
cuando sobre mi carne
se desliza tu ensueño.
Oh, tú no te conoces
tan fielmente como esta
carne, donde florece
la palma de tu fiebre.
No te sabes amante
de furia y de dulzura.
Yo sí. Yo te conozco.
No tu nombre o tu cara.
Te conozco. En respiro
y en ocasión de amarme.
En la alta estrella, tú
me brindas tus aristas
pendencieras, crueles
de ser que aún no es mío.
Y por la baja tierra, la sorpresa
de verte en cada rostro
se me mete en la sangre
como un pasmo.
Amor, basta, no intentes
escapar: no hay mentira.
El tiempo es como un mapa
con límite y frontera
y mi dedo se adiestra
señalando la ruta.
Ya es tiempo, amor. Llegó
la ocasión. Como el eco
de un grito viejo, antiguo,
a punto de pudrirse
en mi sangre, salvado
-amor, salvado, libre-
por ese trompeteo
de tu llegar, aun cuando
ignore todavía
qué calzado, qué ropa,
qué gestos, qué aureola
te ocultan o descubren.
Aun cuando ignore qué
fragancia te atestigua.
¿No ves que ha florecido
primavera?
¿Y es posible que tú
quieras disimularte
de abrojos y de cansancio
si eres tanto de flor
-¡amor, tanto, tantísimo!-
que me ahogas de aroma?
Oh, no, desiste, incrédulo,
amor, si tengo venas
abiertas para saciarte
y en la carne una suave,
frenética esperanza
de… Amor, quiero eludir ya tan
sublime disparate.
No tardes. Hoy te espero
con la boca en un grito.
Desecha los milagros.
Mi imposible vivir
no los espera. Tú
-tu vivir sin presencia-,
tampoco.
Hoy, 28 de junio,
el sol oculto, viento,
desesperado y solo,
yo, que intento pronunciarte,
he perdido la fe.
Dios es cruel, lo afirmo,
porque anoche recé
buscándolo -buscándote-
y me ha dado su filo más agudo. Dios
es mi mal enemigo.
Sin ilusión, sin fija
penetración en ti, sin nada,
estos versos de hoy
suponen mi renuncia.
A ti y a lo demás.
He querido ser libre
y el aire mismo, hoy
me ahoga. Reza tú,
sé otra cosa cualquiera,
no mi esperanza.
Rubrico. Mi pobre sangre queda
aniquilada. Es dogma.
XX
Cómo suena tu ausencia.
Con qué ronco ruido
me despierta y me abruma.
Qué sombras afiladas
de pájaros en fuga.
Pájaros que no son
o que ya no los veo.
Pájaros que eres tú,
tu habérteme ausentado.
Adelanto mis sienes
vacías y explosivas
para llamarte en onda
mística o cerebral.
Pero no estás. No eres
presencia en desespero
o esperanzada ausencia.
Sólo ausencia. Sin vagos
adjetivos de hambre.
Ausencia nada más.
Y suena tanto. Y grita
con tan roto gemido
de marea que huye,
que me anida en las sienes
su demencia de pájaros.
Oh, tu ausencia.
Cómo explicarte, amor,
mi desnudez y frío;
cómo decirte cuánta,
qué grande y qué pesada
siento mi lenta angustia.
Tu ausencia, amor. Tu ausencia.
De: Ocasión de paganismo(1953)

Si Te Pronuncio Rojo…
Si te pronuncio rojo
se me llena la boca
de alegría y de agua.
Y si te pienso, rojo,
se me muere lo frío
y me nace la llama.
No rojo de pasado
-el rojo de la sangre
tan larga y derramada-
sino el rojo de calles
llenas de vida rojas
que busco en la mañana.
Rojo de mi futuro
que comenzó esta tarde
de marzo, soleada,
y donde el mundo nuevo
que tú y yo conocemos
es más que una palabras.
Te describo ese mundo
donde el hombre es un hombre
y la casa es una casa.
Y pasa la consigna:
que se sepa que el rojo
hará el todo del nada.

El día que te callas, día siglos,
el tiempo se envilece: yo te llamo
pasado tumba historia, muerte hoy,
muerte mañana, muerte de la vida.
Y presiento tu grito de revuelta,
sangreducto que lleva trae extiende
algo más que la sangre de la sangre
y algo más que la vida de la sangre.
Me levanto de oídos, salgo al mundo
donde explota el silencio,
de silencio ruidoso, todo tiene
casa nombre frontera privilegio
de morirse callado, de morirse,
pero en nada está el hombre: todo falta.
Todo, como un anuncio
de nada, desinfecta recubre
esteriliza calma tranquiliza
anestesia y amputa
el no sé qué de hombre que nos vive:
ilusión de vivir, acto de muerte.
Si supieras
qué panorama blanco sin relieves
ceniza de quemarse mi esperanza
cuando de pies y de oídos
vengo a escuchar tu voz y tú no hablas.
.
Pero el día que hablas
enmudeces -día siempre-.

El General
Vengo a contar a todos
lo de mi General.
Le gustaba la guerra
para matar.
Para seguir matando
le gustaba la paz
.
General de los aires,
de la tierra y el mar,
general de la Muerte
se llama el General.
Un buen millón de muertos
en tres años de guerra,
medio siglo de paz
y siguen las tinieblas.
.
Por eso cuento a todos
lo de mi General
le gustaba la guerra
para matar.
Para seguir matando
le gustaba la paz.
_________
Acaricia la rosa
con mano que le tiembla
no le tiembla la mano
para firmar sentencias.
Al alba de los días
cuando los gallos cantan
él prefiere otra música
sinfonifusilada.
.
Sigo y sigo contando
lo de mi General
le gustaba la guerra para matar.
Para seguir matando
le gustaba la paz.
Y no digas amigo
que esto no te concierne
porque tienes partidos
y tienes presidentes,
que mientras haya un solo
general en la tierra
la cosa será clara:
morirás en la guerra.
.
Vengo a contar a todos
lo de mi General.
Le gustaba la guerra
para matar.
Para seguir matando
le gustaba la paz.
París, abril 1972

Imagina tus manos
Imagina tus manos
y mis manos,
y las manos de todos,
su multitud de dedos
para contar los muertos de mi España
y pasar la factura al Culpable.
Imagina mi boca
con tu boca
y las bocas de todos
su multitud de lenguas
para gritar venganza, no justicia,
que justicia no calma
los vencidos.
Imagina tus ojos
Y mis ojos
Y los ojos de todos
su multitud de horas
para buscar la culpa al Asesino
y mirarle la muerte
sin descanso.
Imagina la culpa
de su culpa,
su multitud de culpas,
la vejez
enterrada en el Valle de las Culpas
Valle de los Caídos
por mal nombre.
Imagina mi rabia
con tu rabia
y la rabia de todos
la multitud de rabias
para cargar fusiles y fusiles
y cargar corazones
y futuros.
De: Poesía, Cabaret Voltaire, 2011

Agustín Gómez Arcos (Enix, Almería, España, 1933- París, Francia, 20 de marzo de 1998). Poeta ,novelista y dramaturgo. Caballero en la Orden de la Artes y las Letras francesas.((Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres). Gómez Arcos es el dramaturgo de los años sesenta olvidado por sus compatriotas, el novelista exiliado enaltecido por los lectores franceses y, hasta hoy, el poeta desconocido.
Agustín nace en el seno de una familia republicana y pobre. Era el pequeño de siete hermanos. Le toca vivir la guerra civil que inicia cuando el tiene solo 3 años. En la miseria de la guerra y la postguerra, aun siendo un niño, trabaja de pastor de cabras y recolector de esparto. Autodidacta hasta que la familia se traslada a Almería donde cursa el bachillerato y conoce a Celia Viñas, profesora de literatura que le anima a escribir y a quien le dedicara en el futuro algunos poemas.
A los 20 años, tras haber finalizado su bachillerato en Almeria, se desplaza a Barcelona para estudiar derecho, pero pronto descubre que su vocación es la literatura y, su autentica pasión, el teatro. Empieza a escribir teatro, relatos (gana con El último cristo el Premio Nacional de Narrativa Breve), escribe una novela, El pan, inédita, y poesía (publicará de manera clandestina el poemario Ocasión de paganismo).
A mediados de los años 50 se traslada a Madrid donde trabaja como actor, director de teatro y traductor. Su teatro empieza a ser reconocido y, al mismo tiempo, atacado por la censura franquista. Hace adaptaciones de obras francesas, tiene un buen conocimiento del francés literario: lee literatura francesa desde muy joven. En el año 1962 recibe el Premio Lope de Vega, el más prestigioso premio de dramaturgia español, con su obra Diálogos de la herejía; pero la censura lo deja desierto. La obra se estrena en el Teatro Reina Victoria de Madrid en 1964, con innumerables cortes según el autor. También fue publicada en Primer Acto, revista teatral contestataria e introductora de la mejor dramaturgia internacional donde se elogia la obra de Gómez Arcos como «probablemente la mejor escrita y la de contenido más rico y complejo» de entre las de los autores noveles de ese momento. Gómez Arcos se perfila como una de las mejores promesas dramatúrgicas de la época.
El autor escribe unas catorce obras. Los gatos fue estrenada en el Teatro Marquina de Madrid en el 65, pero, como la anterior, solo después de pasar censura de cortes y remiendos. El mismo año queda otra vez finalista del Lope de Vega con su obra Queridos míos es preciso contaros ciertas cosas. El primer premio, que le había sido concedido, quedó desierto por miedo a la censura y la obra no fue estrenada.
Gómez Arcos ganó dos veces el Premio Lope de Vega de teatro y las dos veces se lo retiraron para impedir que se representaran sus obras, de ahí que, cansado, decidiera irse de España. Antes de irse, Agustín le envió una carta al entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, donde le decía que la censura de varias de sus obras, la anulación por dos veces del premio Lope de Vega que le otorgaron y el encargo de varios trabajos que nunca le fueron pagados eran los motivos por los cuales se tenia que ir de España. Seguramente a Fraga le dió igual pero para Agustin era una obligación dejar constancia de aquella dictadura asfixiante y castigadora que amordazaba la voz de quienes no se plegaban a sus dictados.
En 1966 se marcha a Londres. Tras dos años de trabajo precario en Londres, parte a París, en medio de la efervescencia del mayo del 68. En París consigue un trabajo de camarero y contable en el Café-théâtre de l’Odéon, donde dirige y presenta dos obras breves suyas (Pré-papa, publicada en L’Avant-Scène, y Et si on aboyait) traducidas al francés. Por fin había encontrado un país y una lengua donde expresarse en libertad. Lo dice en muchas ocasiones:
C’est qui, pour moi, la lengue français? C’est très simple: c’est la liberté d’expression, par rapport à la publication et par rapport, aussi, à la nature de la langue français, c’est-à-dire qu’il n’y a pas, pour moi, des interdits dans la langue français, tandis que dans la langue espagnole, il y en a beaucoup. (Karl Kohut: 1983, Pág. 144).
Su prime obra publicada en Francia fue El cordero carnívoro. Le siguieron María República, Escena de caza (furtiva). Todas ellas tuvieron un éxito rotundo, y entro en las listas de candidatos al Premio Goncourt –principal reconocimiento de las letras francesas– hasta en seis ocasiones, siendo finalista en 1978, (Patrick Modiano se llevo el premio con Rue des boutiques obscures), y en 1984, con Un oiseau brûlé vif, que perdió frente a El Amante, de Marguerite Duras.
Un año más tarde, Gómez Arcos fue condecorado como caballero en la Orden de la Artes y las Letras. Gómez Arcos era además uno de los escritores favoritos del presidente François Mitterrand, quien enviaba a su chófer al apartamento del escritor para recibir cada nueva publicación dedicada y firmada. Tras la muerte de Franco, Agustín Gómez Arcos vuelve a España cada verano.
Agustín, que nunca pidió la nacionalidad francesa morirá en Francia en 1998 después de haber sido varias veces finalista del Premio Goncourt, con sus obras traducidas a catorce idiomas e incluidas en los programas educativos de los liceos franceses, pero como un perfecto desconocido en España. Está enterrado en el cementerio de Montmartre, en su tumba se puede leer: “Agustín Gómez Arcos: Un hombre libre”.
Gómez Arcos es el dramaturgo de los años sesenta olvidado por sus compatriotas, el novelista exiliado enaltecido por los lectores franceses y, hasta hoy, el poeta desconocido.
Su breve obra poética está compuesta por dos poemarios, Ocasión de paganismo y Pájaros de ausencia, ambos de 1956, más una veintena de poemas sueltos. Son alrededor de sesenta poemas que datan de momentos bien concretos en la biografía del escritor: los años 1954 a 1956 en Cataluña y los primeros años de su vida en París, de 1968 hasta 1972.
Desde su exilio en 1966, sus obras no volvieron a estrenarse en un escenario español hasta 1991, cuando Carme Portaceli, directora del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), llevó a escena Interview de Mrs. Muerta Smith por sus fantasmas en la Sala Olimpia. Después estrenaría otros dos textos suyos: Los gatos, en el Teatro María Guerrero (1992) y Queridos míos, es preciso contaros algunas cosas, en el mismo teatro dos años más tarde.
La cineasta Laura Hojman reivindica su figura en el documental «Un hombre libre» estrenado el 9 de noviembre de 2024 en el Festival de Cine de Sevilla. Fué la periodista María D. Valderrama, que firma el guion con Hojman, quien le habló de la obra de Gómez Arcos.
La editorial Cabaret Voltaire, con traducción de Adoración Elvira, ha publicado ocho de sus novelas y ha compilado en un solo volumen su obra dramática completa compuesta por un total de diecisiete piezas teatrales, en su gran mayoría inéditas, que se encontraban hasta ahora dispersas en distintos archivos personales e institucionales. Entre ellas: Diálogos de la elegía, Elecciones generales, Los gatos, Balada matrimonial, Prepapá, Interview de Mrs. Muerta Smith por sus fantasmas, o Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas.


Enlaces de interés :
https://www.um.es/tonosdigital/znum15/secciones/estudios-3-agustingomez.htm
https://luisantoniodevillena.es/web/articulos/gomez-arcos-casi-tierra-nadie
https://cabaretvoltaire.es/164
En filmin podéis ver el documental sobre Agustín :
https://www.filmin.es/player?type=film&mediaId=56380
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