Escribo
Escribo a cuentagotas
la poesía es la gota
que taladra mi cráneo
Escribo como puedo
y cuando puedo
haciendo acopio de palabras
que he podido salvar
de la voz que me depreda
La voz que me depreda
devora a dentelladas
mi glotis de cristal
mi lengua de ave bífida
y mi manzana de Eva
todavía olorosa a paraíso
Escribo
trepada en mi cabeza
para así ver mejor
al hombre que incendia el horizonte
con un clavel mojado en gasolina
Escribo
guardando el equilibrio
en una sola pierna
acostada en la tapa
de un gran piano de cola
mientras un gato lame
las teclas insonoras de mi cuerpo
Escribo como puedo
y cuando puedo
sentada en mis rodillas
meciendo entre mis brazos
una piedra que lacta de mi pecho
el flujo lunar de la nostalgia
Escribo a media luz
viejos tangos del ayer
Un gato de porcelana
se acaba de romper
en el cuenco entumecido de mis manos

El poeta no debe ir a las mesas redondas
No lleven al poeta a gaguear
a las mesas redondas,
no lo lancen como a un dado
que a veces cae del lado del seis
y a veces
los cuatro, cinco y seis
que custodian el éxito de la mesa
le caen encima
como en una demostración
del salvaje fútbol norteamericano.
No le pregunten
para qué sirve la poesía
por qué y para quién escribe,
quién lo lee, quién medio lo lee
y quién no lo lee nunca,
cualquier respuesta que él dé
será para escabullirse
por debajo de las velludas piernas
de los connotativos,
aparenciales,
estructurales,
denotativos
idiotas circunstanciales.
No lo obliguen a que presente un esquema,
un cálculo topográfico,
una red alambicada e increíble
de sus alucinaciones paranormales;
no lo obliguen
a que dé forma de cubitos de pollo
a sus sopitas de tierna humanidad humeante.
No le exijan un itinerario previo,
una planificación exhaustiva
de sus dulces y precipitados viajes:
a él que siempre va y viene
y que en algún camino se detiene
sin que después atine a decir
en qué turbina de pájaro,
en qué arbolito de paisaje
o en qué asiento de atrás de un automóvil
se quedó dormido y olvidado
como un portafolio de color celeste eléctrico
que de repente se pierde
con veinte poemas nada originales.
No lo obliguen a que sude tinta china
justamente al poeta
que siempre anda a la caza de cromatismos
que no lesionen
la fronda transparente que cubre a la palabra.
No lo obliguen a que dé respuestas a
. bocajarro
a él que odia las cosas bruscamente
. violentas,
a él que escribirá un poema que
. demorará
toda su vida
y en el que finalmente no encontrará
. espacio
para enumerar las diversas maneras
con las que intensamente ha amado.
Por argumentos obvios,
porque es pecado atormentar a los poetas,
porque el poeta no se hizo
para estar sentado en medio del tira y hala
del tenis verbalístico de mesa,
porque su capacidad de aguante
ya ha sido demostrada en pruebas de resistencia
que nadie más resistiría,
Por todo eso yo les pido, encarecidamente,
«No lleven al poeta a gaguear a las mesas redondas».
De: El ave que todo lo atropella (1980)

Promesa
Si algún día me incautan las dos manos,
si decomisan los jilgueros de mi lengua,
si allanan mi huerta de ajiceros
las bandadas de cuervos picoteantes.
Si me quiebran el vidrio de los ojos
para que acepte el cristal de las renuncias,
si me amarran a la pata del silencio
para hacerme escoriaciones en el alma :
maniatada, amordazada, desnucada,
sin ninguna otra opción en la esperanza,
le causaría moretones a la angustia,
me diera con el viento de trompadas
hasta salir con los brazos más eternos
por las abiertas costuras de la noche.

Breves apuntes sobre el amor
1
Pongo la palabra amor
cerca de mi oreja
y no me dice nada
Hundo mis colmillos ansiosos
en la pulpa engañosa del amor
y su carne destila
un sabor a cenizas
Dejo que el veleidoso amor
roce con sus muslos firmes
el escudo de hielo
que protege a mis miedos
y el amor retrocede
herido por los vidrios
de mis frígidas fiebres.
Ahora
acaricio un mal recuerdo del amor
con mi mano amputada
2
Aparta de mí este cáliz
no me pidas que hable sobre el amor
no me pongas a sudar sangre grumosa
en éste por demás reseco
huerto de los olivos
Alzo mis manos en plegaria
y pido que se haga el amor
pero el amor no se hace
¿Cómo puedes pedirme
que hable de algo
que todavía no invento?
3
No quiero que el amor
vuelva otra vez a horadarme el corazón
con sus vueltas de tuerca
al rojo vivo
4
Hasta que conservé
una cierta capacidad para amar
fui una aceptable poeta
ahora soy
una sibila enmudecida
incapaz de adivinar
qué barco sin destino
la llevará a su destino

Por la simple fricción de las palabras
Por la simple fricción de las palabras
se llega al éxtasis.
En esta, mi primera relación con el texto,
textualmente me revuelco en el lenguaje.
Entreabro los labios para decir “esta boca es mía”,
pero no sé si soy yo la que por esta boca está hablando.
No importa que nadie me recuerde en este último día
tan parecido al siguiente.
Algo que no es la rosa de otros días
fluye entre los muslos,
desangra para siempre entre los labios
la rosa que no vuelve
De Full de reinas(1991)

Vaso Griego
No encuentro un fin que justifique los medios vasos
de mi absoluta euforia.
Ser feliz demanda sus esfuerzos
y la tristeza más triste
es la que no se percibe.
Alguien elige su elegía
en dulces versos yámbicos
y señala la colina
en donde no hará escala obligatoria
el pájaro parapléjico.
Pájaro migratorio
detente en Lesbos
no importa que sea extemporáneo llorar
por el suicidio de Safo.
De: Full de reinas(1991)

Trata de corza
El tacto del tratante
sopesa la dudosa turgencia de mis vidas anteriores
Y al oprimir nudo a nudo gordiano
las axiales infamias de mi nomenclatura
los dedos le quedan impregnados
de esmeraldas tardías
El tratante humedece su pulgar
y lo levanta al viento
luego rotura en línea recta
la estepa indivisible de mi espalda
hecho lo cual paga lo que peso
con perlas que escarba de su boca
Me lleva a sus dominios
me enseña el uso del cuadrante
y el uso manoseado del desuso
asignándome de una vez y para siempre
el nombre del día más largo de la Historia
El tratante lía su cigarro
y arroja sus botas un poco más allá de donde flotan
doradas moscas del más verduzco sueño
Mi uña más larga se introduce
en la cerviz aletargada del tratante
El tratante se baja de la hamaca
y me enseña el uso de la muerte
de Patente de Corza [1997]

Grulla de cabeza agachada
Sujeta a esa grulla por las patas,
sujétala en agosto
que para abril ya escapa.
Sujétale esa lengua acanelada
que endulza en su gran boca ficticia
un signo anodino que anonada.
Sujétale ese burdo desparpajo,
sujétale esa parda burlería
de querer sobrevolar siendo vil pájaro.
Sujeta su cabeza desclasada,
su clase de rosa preterida,
sus ínfulas de reina postergada.
Sujétale ese tono desabrido,
esa brida en torno de su entorno,
ese virus mordaz que la ha mordido.
Sujétale sus grullas palabrejas,
sus brejas palagrullas sin sentido,
sus torpes enredijos y enredejas.
Sujétale sus ansías nigromantes,
sus raras predicciones de otros días,
sus días de pitón adivinante.
Gongórale sus rasgos quevedianos,
quevédale sus giros gongorinos,
ruptúrale sus filtros nerudianos.
Sujétala a su pira demoníaca,
demóniala en la pira de sus iras,
sucúmbela del cuello hasta las patas.
Evítale su estilo destelado,
su tela que destila signos idos,
su yema de jilguero no cuajado.
Amórfala en fonemas infartados
infártala en morfemas atrevidos,
fonémala en sollozos sollozados.
Arrímala al rimero del arrimo,
encájala en la caja que no encaja,
verédala a la vera del camino.
Que aprenda a concebir lo inconcebido,
que sepa soportar lo insoportado,
que a fuer de ser mujer se ha malherido.
Que aprenda a morder polvo ensangrentado,
que ensangre su desierto ennegrecido
que amor respecto a ella no se ha dado.
Sumérgela en cisnes desleídos,
deslíela en flamingos desvelados,
aúllala en reptiles revertidos.
Que quiebre su servicio repetido,
que afloje su saque acalambrado,
que admita sus fracasos no admitidos.
Cavérnala en su cueva milenaria,
castiga sus miserias cavernícolas,
sentencia su tristeza sedentaria.
Entízala en un cerco caucasiano,
circúndela en un círculo de tiza,
ensártala en un símbolo bretchiano.
Conflíctala en sucesos citadinos,
sitúala en conflictos cotidianos,
espínala en la espina del espino.
Sujétala al morir cuando se mate,
sujétala en sus torpes estertores
que escapa para abril aunque hoy no escape.
De: Carcoma con forma de paloma (1986)

Antes de que me interne en tus dominios
Antes de que me interne en tus dominios
deja que aspire
una bocanada más de aire selvático
así soplaré sobre tu nuca
manojos prohibidos de floresta
y dejaré en tu espalda
gránulos de fuego verde
para que de ellos coman
las ávidas alondras de mis manos
Deja que me provea
del vestuario adecuado
para poder remontar siglos de arena
en un solo segundo de ventisca
como para poder decir
debajo de este cactus
escondo la memoria del verano
y debajo del verano
resguardo mi ternura sobreactuada
Deja que unte tus músculos funéreos
con aceites provenientes de mi origen oscuro
soberbiamente oscuro
como las vetas que jaspean
mi piel de duro jade
Con este paladar yo paladeo
los bordes azucarados de un incendio
que se ahogó en medio vaso de cenizas
Con este bisturí mojado en niebla
secciono lo mejor de tu cadáver
el que a diario yo invento
para cantar a dúo
romanzas sin palabras
embebidas en brebajes de silencios
Con este azadón que abre sus zanjas
en las áridas hectáreas de mi sangre
roturo mi lomo depredado
por los dientes omnívoros del humo
y esparzo mis semillas nocturnales
sobre un lecho con forma de sepulcro
Con este pico torvo
de ave agorera
escarbo en tu hígado de espectro
los restos del licor que no libé
por estar extrayendo
el néctar sosegado de los tedios
No constas en mis sagradas escrituras
no eres el ángel prometido
que bajará a la tierra
para limpiar con ácido
el menos original de mis pecados
Eres apenas
el leitmotiv de una poesía trasnochada
la ficción concebida en un encuentro
de torsos irreales
el salmo que ahora salmodia
mi soledad beduina
mientras quema sus naves demenciales
en el último espejismo del desierto.
De: Espalda mordida por el humo(2014)

Debo ausentarme
«Porque en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.»
(Sor Juana Inés de la Cruz)
Debo ausentarme
me toca revisar mis trampas de la fe
para saber si en una de ellas ha caído
el humo que en las noches
rebusca entre mis mieles desabridas
mi olor a mandarina desgajada.
Debo enclaustrarme
en una celda en la que quepan
mi pluma de gaviota
mi rosario de cuentas pendientes
a más de un catre dispuesto a recibir
mis líquidos humores
aquellos que la poesía vio y tocó
cuando tuvo
«mi corazón deshecho entre sus manos».
Es hora de canjear
los placeres mundanos
por el juego en solitario de escribir
hasta que sangren
las yemas de mis dedos.
Tendré que ser mi propia musa
si es que aspiro a ocupar
un sitial en las letras culteranas
aunque lo que en realidad deseo
es ocupar un sillón de miembro vitalicio
en la Plebeya Antiacadémica de la Lengua.
No soy la décima
ni la undécima
ni la vigésima primera musa
que se inspira a sí misma
para sacarse de adentro
la carne hecha verbo conjugado.
Yo soy la primera musa de mi especie
la única y la última
la que no volverá a repetirse.
En mí se apagará
entre alaridos de humo
el fuego que me trajo.

Atropellar a un pájaro
Atropellar a un pájaro
es dejar a un plumaje sin facciones,
es desfigurar el contorno
de un rosedal hecho a lápiz,
es burlarse de un retrasado mental,
es mentalizar el retraso del amor,
es retrasar la mente
hasta un segundo en el que todo gira
y uno hala el cordón plateado del servicio higiénico.
Atropellar a un pájaro
es meter la mano de un niño
en la licuadora,
es provocar un deslave
encima de una escuela,
es caerle a martillazos
a los huevos indefensos
de una granja vecina.
Es endulzar el te
con un quintal de azúcar
y con una cucharita de plata,
mientras hay quientes a falta de un terrón
te rompen a llorar frente al dilema
de ser insípido o amargo.
Atropellar a un pájaro
es meterle una patada
a la ollita con sopa de fideo
de la que come una familia,
es poner un carbón encendido
entre los pantys rotos de una costurera,
es suspender la luz
en plena operación de corazón abierto,
es abrir un horamen
en la carpa tricolor de un circo interbarrial
e interplayero.
Atropellar a un pájaro
es torcerle el brazo a una viejita
con una llave china,
es aplicarle a un inválido todo el rigor
de las muy bien llamadas artes marciales.
Es hechar un humeante abrasivo
dentro de un cantautor
especialista en componer líquidas y sentidas
canciones pacifistas,
es quitarle las tapas de las alcantarillas
de todas esas calles por las que
forzosamente van a desfilar
las Locas e Mayo
(o cualquiera de esas madres a las que el dolor
les ha brotado los ojos
y les ha contusionado la mente).
Es zurcir el logotipo de la empresa
en el dedo índice de todos los empleados,
es bordar un monograma negro, oloroso a pólvora
en el bolsillo del sueter de un muchacho
es poner como carne de cañón
a la pechuga blanda de los adolescentes.
Es aumentarle los años de cárcel
a un preso nonagenario,
es seguir haciendo «hombre a la plancha»
en una defectuosa silla eléctrica.
Es soplar granizo
sobre los pulmones del que agoniza,
es agonizar graznando
como un cuervo grueso y gris
que grazna herido.
Atropellar a un pájaro
es lanzar a unos contra otros,
es cruzar apuestas en la inconcebible pelea
de narradores versos poetas,
autores de teatro versus tratantes de autores,
coplas rimadas versus versos sin rima.
Es llamar poesía a la palabra que mata,
es rematar con palabras a verso que muere.
Atropellar a un pájaro
es pasarle por encima las llantas a un pájaro
retroceder
y volverlo a matar
atropellándolo.

Frígida la palabra
La disfunción eréctil de estas rosas
impide que las clave
en túmulos profanos
Frígida la palabra
se viste de ramera envejecida
y se sienta en el atrio de su templo
Cantando entre los muslos de la noche
pasa un cortejo de lesbianas
Algunas de ellas
las más abiertamente cínicas
llevan pulseras de plata en sus tobillos
y grifos de metal en sus pezones
En cambio las restantes
desprovistas de abalorios y nostalgias
muestran sus lenguas traspasadas
por candados que se abren
con un turbio reflujo de saliva
Pasa una legión de hombres fornidos
cuyos escudos cubren
su parte de flor vilipendiada
Alguno de ellos
quizás el menos necesario
me extiende un antifaz de vacua pedrería
para que con éste asista
al baile anual de los que no tienen rostro
La palabra no experimenta sensación alguna
La palabra ha pasado a ser
una entidad completamente frígida
Frígida la palabra
golpea el suelo con un báculo añoso
y de la tierra afloran
espadas de agua que tragaré más tarde
La palabra se avergüenza enormemente
de ya no estremecerse
ni ante la limpia desnudez
de un verso antiguo
Frígida la palabra
se mete en un barril a su medida
y por un hueco observa
la inútil esbeltez de un árbol con Alzheimer
Adelante ruge impasible la cascada

Cadáveres de flores
Flores en mis tobillos
Flores alrededor de mis muslos
Flores brotando desde todos los orificios de mi
/cuerpo
Flores anales
vaginales
lacrimales
flores de turbios colores seminales
Flores perfumando el vino en que sumerjo
trozos de carne floja que morirán conmigo
Flores regadas por mi habitación vacía
confundidas con mis prendas interiores
Flores colgando del hacha del verdugo
flores orlando las sienes del desvelo
Flores que venderé a la entrada de un cine
y que arrojaré desde una rueda moscovita
Flores de plumas
flores de pelos
flores saliendo en procesión
desde un pubis despoblado
Flores adornando la montura
de la jinetera más joven
flores de vientos encontrados
flores de vientres encontrados
Flores colgando de la solapa de una gánster
flores de tallos largos
y corolas hambrientas
El día en que me ahogue para siempre
tendré repletos los bolsillos
con cadáveres minúsculos de flores
De: Último regreso a Edén(2007)

Sonia Manzano recibiendo un premio en la FIL de Quito 201
Oh Capitán mi Capitán
. Oh Capitán, mi Capitán,
. Levántate y escucha las campanas
. Walt Whitman
1
No mastico hojas de hierba
de haberlo hecho
hace mucho hubiera escrito
un demencial canto a mí misma
por lo pronto me conformo
con oler este pañuelo
mojado en amoniaco
y manchado con los labios
entreabiertos del deseo
Necesito secuestrarme
llevarme a un sitio
no habitado por nadie
uno en el que mi sombra
encuentre la luz que la proyecte
en la pared transparente
de su habitación vacía
No fijaré el valor de mi rescate
el nudo que aprieta mi garganta
no tiene precio
es el mismo que impide
que escape por mi voz
el ave que en mi vientre se desangra
No mastico hojas de hierba
las únicas yerbas que he probado
son las que preparaba en infusiones
la vieja de mi abuela
la materna
la madre de mi madre
Tisanas que colmaron de tibieza
la taza en que bebía
el flujo dorado del ocaso
Oh Capitán mi Capitán
«escucha las campanas y levántate»
leva anclas
y enfila la proa de tu nave
hacia donde una poeta
recicla su poesía
para que esta vuelva a renacer
provista de una inédita nostalgia
Si te topas con el canto del destino
que agita su cola de sirena
esperando por los hombres extraviados
ignora sus llamados
y sigue navegando hacia la isla
en la que una mujer cargada de años
mira obsesivamente al mar
esperando que el barco que se fue
en busca de un pasado inexistente
algún día regrese
2
Oh Capitán
mi Capitán
el que surcó desiertos
en busca de un ojo de agua
para dejarlo ciego
el que arrojó al océano
una botella en llamas
con un náufrago adentro
Ahora que aún me queda
una vela por arrear
sopla en ella
el viento del ocaso
sopla con fuerza
tus últimos alientos
Es hora de que arribes
allá donde todo lo que pudo haber dolido
ya ha sido consumido
por los hornos crematorios de lo inerte
Oh Capitán
libera con cuidado
el poema que aletea
entre los dientes
de una rosa carnívora
y lánzalo a los cielos
Sí algún día regresa
acógelo en tus manos y acaricia
su plumaje agotado
solo él te entregará la prueba irrefutable
de que el diluvio ha concluido
3
Oh Capitán
mi Capitán
esqueleto de niebla
que vaga por mi mente
con su barco de espuma
déjame aquí
en esta isla solitaria
en la que habita
una mujer que escupe
por el ojo de su frente
el mosto más añejo
de sus uvas lascivas
No es necesario
que también desembarques
tu deber es retornar
allá donde te espera
un puerto anclado en pleno limbo
aquel del que ahora zarpa
un mar que no retorna
porque hay mares que se ahogan
en sus propias entrañas
y hay otros que se esfuman
después de que atraviesan
la espesa mortaja del misterio
Oh Capitán
aquí me quedo
no sé por cuánto tiempo
quizás hasta que logre
escribir sobre la arena
un epitafio en verso
tan bello y doloroso
que no habrá espuma alguna
que se atreva a borrarlo
4
Ficcioso Capitán
que se instaló en mi psiquis
un día en el que estuve
con mis defensas bajas
tan bajas
que apenas si pude recoger
del fondo de mí misma
un mosaico de mar
fraguado en vidrio líquido
Hasta que pasen siglos
no vuelvas a buscarme
no interfieras
lo que tengo que hacer
tengo que hacerlo
completamente a solas
sin que haya testigos de por medio
cosas como escarbar de mis dientes
las sobras de festines
que compartí con dioses asexuados
o como cantar a gritos
debajo de la ducha
cuando toca limpiar
las marcas indelebles
que me dejó en la espalda
el látigo de seda
de un domador de sombras
Oh Capitán
insisto
no vuelvas a buscarme
Solo a mí me compete
encontrar el peñasco desde el cual
una poeta antigua
alimentaba al mar
lanzándole sus versos más perfectos
antes de que le entregara
como su vianda última
el grito de su cuerpo
cayendo en el vacío
Solo yo estoy facultada
a recoger su túnica empapada
en ese vino inútil que es la sangre
para cubrir con esta los despojos
que devuelven las olas
a la playa tantas veces recorrida
por sandalias suicidas
De: El vino de mi sombra (2024)


Sonia Manzano Vela (Guayaquil, Ecuador, 2 7 de febrero de 1947). Poeta, narradora, ensayista y pianista. Doctora en Ciencias de la Educación, especializada en literatura.
Hija de una pianista, narradora y poeta y de un educador que fue el rector de los colegios Eloy Alfaro y Cinco de Junio. Desde pequeña le interesaba la lectura, escritura y en particular la música, influenciada por su madre y su hermana mayor, quienes tocaban el piano. Su interés por el piano la llevó a aprender a tocarlo de forma autodidacta, más tarde asistió a la Academia Santa Cecilia.
Estudió ciencias filosófico-sociales en la Universidad de Guayaquil, y se doctoró en ciencias de la educación con mención en literatura. También asistió al Conservatorio Nacional de Música Antonio Neumane, del que se graduó en 1972. Con su hermana Elina Manzano Vela, concertista y pedagoga, fundó la academia de piano Federico Chopin, que se convirtió en el primer conservatorio particular del país en 1980.
En 1970 se publicaron algunos de sus poemas en el libro Generación Huracanada, que daba nombre a un grupo literario al que pertenecía Sonia y en 1972 publicó su primer poemario El nudo y el trino.
Premios :
Primer Premio del I Concurso de Cuento Feminista Ecuatoriano (1989)
Primer Premio en la III Bienal de Novela Ecuatoriana (1993)
Premio “Joaquín Gallegos Lara” a su libro “Flujo escarlata” (1999)
También le ha sido otorgada la Medalla al Mérito Literario de la Municipalidad de Guayaquil, la Medalla al Mérito Cultural del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, y el Premio a la trayectoria en la literatura nacional en la Feria Internacional del Libro de Quito.
Obra publicada:
Poesía
El nudo y el trino (1972)
Casi siempre las tardes (1974)
La gota en el cráneo (1976)
La semana que no tiene jueves (Guayaquil, 1978)
El ave que todo lo atropella (1980)
Caja musical con bailarina incluida (1984)
Carcoma con forma de paloma (Quito, 1986)
Full de reinas (Quito, 1991)
Patente de corza (Quito, 1997)
Último regreso a Edén (2007)
Espalda mordida por el humo (2014)
El vino de mi sombra (Cadáver Exquisito, 2014)
Novela:
Y no abras la ventana todavía -zarzuela ligera sin divisiones aparentes- (Primer Premio III Bienal de Novela Ecuatoriana, Quito, 1994).
Eses fatales (2005). Considerada la primera novela lésbica escrita por una ecuatoriana.
Solo de vino a piano lento, (2013), que obtuvo una mención de honor en el Premio Jorge Icaza.
Rapsodia en seco (2024).
Cuento:
El flujo escarlata -Premio Nacional de Cuento «Joaquín Gallegos Lara» , Quito, 1999.
Trata de viejas (2015)
La obra de Sonia Manzano figura en las más importantes antologías, entre ellas: Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá, 1979), Between the Silence of Voices: An Anthology of Contemporary Ecuadorean Women Poets (Quito, 1997), Antología de narradoras ecuatorianas (Quito, 1997), Poesía erótica de mujeres: Antología del Ecuador (Quito, 2001), Cuento ecuatoriano contemporáneo (México, 2001), Casa de luciérnagas, Poetas Hispanoamericanas de Hoy (España, 2007) y Poesía ecuatoriana contemporánea(México, 2010). Ha sido traducida al inglés, japonés, francés e italiano.
Enlaces de interés :
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