Sapikuna
Urku sisaku,
ñuka wawakunata hambiway
allpa sapiku,
ñuka wawakunata jatarichi,
paykunami ñuka shungu
jambiway,
jambiway jambi yakuku
Sapikuna
Florcita del monte,
cura a mis hijitos
raicita de la tierra,
levanta a mis hijitos
ellos son mi corazón
sana,
sana agüita medicina.

Ella
Nace, en una tierra descontenta
y un insatisfecho frío,
entre ovejas y rastrojo de trigo
teje la vida, con alma color de paja,
fuerte y curtida por el viento.
Camina de punta a punta,
de cerro a cerro,
levantando las flores
que deja su madre con el azadón,
siente la vida como una guerra,
pequeña y fatigosa es la esperanza,
que abrazan sus pequeños huesos.
Contar sus penas no sabe,
pero sí sabe que el dolor
es un rebozo pesado de sal,
que no viene del mar.
Trabaja y mientras trabaja
apresuradamente sueña,
le urge llegar al fuego
el fuego escucha,
el fuego sana.
Fuerte, a fuerza de sol
con ambición de un mañana justo,
reparte un pan para todos.
Cada nuevo día es más raíz,
menos miedo,
escucha bajo sus pies
la voz de alguna esperanza.
Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente,
para que la tierra se inunde
de paz y pan para todos.
La veo arar sus rastrojos,
devorar los llantos
y declarar con esos mismos ojos,
que mañana será mejor.
Su mirada triste me lastima en el pecho,
sus años se me incrustan en la garganta,
lloro, viendo su inocente sonrisa
tan grande como el cielo.

Mis abuelas esclavizadas,
abuelas de manos callosas y mirada tierna
ellas fertilizaron la tierra
para que crezca esta flor.
Mi madre fue esclavizada también,
horizonte prohibido fue la escuela,
madre de manos callosas y mirada tierna
de allí he surgido yo, la poeta.
Navegando libros y cielos,
en este tiempo,
he derribado fronteras
desde la mitad del mundo.
Donde las sombras se extienden
por las tierras de mis abuelas,
pretendiendo enterrar nuestra presencia;
más que invisibles, las kayampi somos invencibles.
Tal vez,
tan solo a contar esta historia
he llegado al mundo,
templando el tambor de mis venas.

Sin Brújula
Viento solitario y desvanecido
viento triste, triste y helado
viento que solloza quedante, que no deja de sollozar
en el horizonte, bailan demonios necrófagos.
La sangre yace dormida
entre la vida y la muerte
aquí, mi palabra es estéril
son hojas que caen sin brújula,
apenas un relámpago burla la oscuridad.
Si, la vida dejó de remar
encarcelaron el tiempo
ven, sentémonos a orillas del dolor,
hasta que los conjuros del silencio,
destierre las heridas.
Vengo desprovista de pensamiento
no traigo respuestas, no traigo soluciones
tampoco traigo la llave para liberarte,
solo traigo un abrazo.
Deja que te abrace con la brisa fresca de abril
deja que te abrace con la memoria silenciosa de las piedras
confía en tus sueños,
ellos te conducirán al lado azul de la felicidad.

Si un runa cae, mil llegamos
¡Bajen las armas!
Somos, la quinua de Dolores Cacuango
somos la paja de Tránsito Amaguaña
somos, los millones que prometió Tupak Amaru
somos el ejército de Rumiñawi.
¡Bajen las armas!
Tus estruendosos disparos, desgarran la vida
no la esperanza,
no el sueño de libertad
no la dignidad.
¡Bajen las armas!
Somos tu color de piel,
somos tu barrio,
somos tu comunidad
somos tu familia.
¡Bajen las armas!
Nosotros somos la dignidad,
esa que se te extravío,
en tu entrenamiento
nosotras somos las sobrevivientes,
de los 527 años de represión.
¡Bajen sus armas!
Si un runa cae,
mil llegamos
kaymi kanchi
¡Kaypimi kanchi runakuna karaju!
¡Bajen sus armas!
No volveremos a ser esclavos,
peones, ni sumisos,
de un puñado de corruptos a los que tú, defiendes.

Mujer de luna llena
Ama con tus formas, figuras,
con tus colores y sabores.
Ama con tu latir, tu respirar,
con tus pechos, gemidos y caderas.
Declárate, libre, no le perteneces a nadie
y nadie te pertenece a ti.
Niégate, al vicio del ego
el apego hace nido en él.
Sé ligera como el aire,
dispersa como la tierra,
fluida como el agua,
ardiente como el fuego.
Apasiónate, con las melodías sincrónicas
tú, eres el más agudo sonido fractal.
Reinvéntate, a la esencia en cada amanecer
que el atardecer te encuentre lúcida.
Reconéctate, con la divinidad de tu diosa
dadora de vida y fuente de amor puro.
Suéltate, de lo que no sirve
que tus alas sean libres.
Ámate en todas tus extensiones
versiones y ficciones.
Sánate con tu amor propio
eres medicina sagrada.
Vuela, por tus visiones
que el espiral de vida resuene en tu corazón.
Trasciende, más allá de las mortalidades
que tu humanidad se desprenda.
Disfrútate en soledad
Si en soledad eres fuerte, nada te hará débil.

Sarawi Andrango Titumaita (El Caupi, sierra central de Ecuador, 1983). Poeta, escritora, agricultora, orfebre, mujer medicina y gestora cultural. Perteneciente al pueblo Cayambi. Hablante Kichwa.
Egresada de la carrera de abogacía en la Universidad Técnica Particular de Loja; posteriormente realizó estudios de Política y Gobierno en el Instituto de Ciencias Sociales ILADES, Directora de la Organización Cultural Mushuk Nina, Directora artística en MinkayCosmunidad Productora Artística.
Hija de Luisa Titumaita y Jorge Andrango, última de entre siete hermanos y hermanas. Su niñez transcurrió entre cerros, animales y juegos . Comenzó a escribir poesía a los ocho años.
Participa regularmente en ferias internacionales del libro y festivales de poesía, por ejemplo en Venezuela, Perú, Bolivia, México y Ecuador.
En el 2017 publicó su primer libro Vibraciones. Le siguieron: Donde duermen las nubes y Si un runa cae mil llegamos(2019),entre otros.
Enlaces de interés :
https://sarawiandrango.bandcamp.com/album/somos-poes-a-comunitaria
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