12 Poemas de Rosa Chacel

La culpa

Tarde en el Zoo de La Plata

La culpa se levanta al caer de la tarde,
la oscuridad la alumbra,
el ocaso es su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos
cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles
como una pampa verdeazul, intacta,
y el silencio recorre
los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.
Antes que caiga la cortina oscura,
gritad al menos, hombres,
como el pavón metálico que grazna su lamento
desgarrado en la rama de la araucaria.
Gritad con voces múltiples,
piad entre la enredadera,
entre las hiedras y rosales trepadores.

Buscad refugio en las glicinas
con los gorriones y zorzales
porque avanza la onda de la noche
y su ausencia de luz,
y su implacable huésped
de suaves pasos, el peligro…

de Versos Prohibidos (1978)

Mariposa nocturna

¿Quién podría abrazarte, diosa oscura,
quién osaría acariciar tu cuerpo
o respirar el aire de la noche
por entre el pelo pardo de tu cara?…

¡Ah!, ¿quién te enlazaría cuando pasas
sobre la frente como un soplo y zumba
la estancia sacudida por tu vuelo
y quién podría ¡sin morir! sentirte
temblar sobre los labios detenida
o reír en la sombra, descubierto,
cuando tu manto azota las paredes?…

¿Por qué venir a la mansión del hombre
si no se es de su carne ni se tiene
voz ni se puede comprender los muros? 

¿Por qué traer la ciega noche extensa
que no cabe en el cáliz de los límites…

Desde el tácito aliento de la sombra
que la floresta tiende en las vertientes
-quebrada roca, imprevisible musgo-,

desde troncos o lazos de lianas,
desde la voz lasciva del silencio
vienen los ojos de tus alas lentas.

Da la datura su canción nocturna
que trasciende al compás que va la hiedra
ascendiendo hacia el talle de los árboles
cuando el crótalo arrastra sus anillos
y leves voces laten en gargantas
entre el cieno que nutre al lirio blanco
mirado por la noche intensamente…

Sobre montes velludos, sobre playas
donde las olas blancas se deshojan
la soledad tendida está a tu vuelo…

¿Por qué traes a la alcoba,
a la ventana abierta, confiada, el terror?…

de Versos Prohibidos (1978)

Narciso

¿Dónde habitas, amor, en qué profundo
seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.

Nuestras frentes unánimes separa
frío, cruel cristal inexorable.

Zarzas de tus cabellos y los míos
tienden, en vano, a unir lindes fronteras.

Sobre el mío y tu cuello mantenido
un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.

Silencio en que te adoro, en que te encierras,
recinto de silencio inaccesibles
y lugar a la vez de nuestras citas.

¡Siglos espero frente a la cruenta
muralla dura que lamento inerme!

Eternidades entre nuestras bocas
a cien brisas y a cien vuelos de pájaros.

¿Para qué pies que hollaban la pradera
jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?

¿Para qué brazos tallos de mis manos
si jamás alcanzarán a estrecharte?

¡Límpida, clara linfa temblorosa
jamás en nuestro abrazo aprisionada!

¿Para qué vida, en fin, si vida acaba
en el umbral de la mansión oscura
donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?

¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta
lecho para mi anhelo, eterno insomne!

Único al fin reposo de mis ojos
tu infinito vacío negro espejo!

de Versos Prohibidos (1978)

Chacel en la Escuela de Bellas Artes De San Fernando, Madrid

Una musica oscura, temblorosa…

A María Zambrano

Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.

Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.

Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seráficas legiones,
hacen pasar las hojas de la historia.

Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.

Yo me encontré el olivo y el acanto…

A Nikos Kazanzaki

Yo me encontré el olivo y el acanto
que sin saber plantaste, hallé dormidas
las piedras de tu frente desprendidas,
y el de tu búho fiel, solemne canto.

El rebaño inmortal, paciendo al canto
de tus albas y siestas transcurridas,
las cuadrigas frenéticas, partidas
de tus horas amargas con quebranto.

La roja musa airada y violenta,
la serena deidad épica y pura
que donde tú soñabas hoy se asienta.

De estas piezas compongo tu escultura.
Nuestra amistad mis mismos años cuenta:
de ti hablaban mi cielo y mi llanura.

Rosa Chacel y su marido, Timoteo Pérez Rubio

Oda al hambre

A nadie duela o pese esta cadena…
La mente, con temor iba abriendo los ojos
y ya sorbías tú las chispas sustanciales
que se unían, por ti, en un beso recóndito.
¡Oh virtud vigilante! ¡Oh nupcial luminaria!
Te obedece el rebaño de toda carne dócil..
Pero aquel que la perla de tu verdad alcanza
te eleva y te contempla, porque olvidarte es muerte,
porque en el paraíso que los párpados guardan,
en el edén secreto que los labios custodian
eres la primavera, el iris de la sangre.
Por ti el hombre abandona su soledad altiva
porque el cuerpo se pudre como un fruto cortado
sin el hilo granate con que tú lo encadenas,
le enlazas a las fuentes de potencia y dulzura.

Reina Artemisa

Sentada, como el mundo, sobre tu propio peso,
por tu falda extendida la paz de las laderas,
el silencio y la sombra de las grutas marinas
junto a tus pies dormidos.
¿A qué profunda alcoba dan paso tus pestañas
al alzarse pesadas como cortinas, lentas
como mantos nupciales o paños funerarios…
a qué estancia perenne escondida del tiempo?
¿A dónde va el camino que tus labios descubren,
a qué sima carnal desciende tu garganta,
qué lecho sempiterno da comienzo en tu boca? 

El vino de cenizas su acerbo alcohol exhala
mientras la copa orea, con su pausa, el aliento.
Dos vapores elevan sus secretas fragancias,
se contemplan y miden antes de confundirse.
Porque el amor anhela su sepulcro en la carne;
quiere dormir su muerte al calor, sin olvido,
al arrullo tenaz que la sangre murmura
mientras la eternidad late en la vida, insomne.

En el campo de guerra

Quedan charcos de sangre en el campo de guerra,
charcos donde las nubes evitan espejarse,
donde beben los cuervos y las liebres no osan,
donde las ranas lloran el inaudito engaño.
En el campo de guerra vaga una sombra y busca…
teme pisar su sangre y busca; es su propósito
plantar una columna en un espacio pulcro,
trazar una calzada teórica, ascendente…

Que la brisa dibuje alguna línea firme
sobre la noche negra, sólo en eso habrá en alba,
que el viento arranque el seco armazón de la hiedra,
que en su nido mediten los pájaros nocturnos,
y las blancas, de Venus, esponjen sus pechugas.

Sólo en esto habrá un alba sobre un dintel de mármol.
Un alba con tres faces, ecuánimes, sentada
sobre su propia luz, sobre su propia forma,
sobre su propio ser.

de Otros Poemas

La habichuela

De verdes corazones vas orlando

la caña que te rige, lentamente.

Tierna labor que bordas, si ascendente

e insensible tu tallo va avanzando.

¿Qué dulce sueño abrigas en el blando,

terso cobijo en el que fraternamente

resguardada del aire y del sol ardiente,

con tus iguales vives, dormitando?

Blanca operaria de plural empresa

que no matas un hambre por ti misma

si en nutrido escuadrón no le haces guerra.

Sólo el secreto germinal apresa

tu cuerpo cuando el surco que le abisma

dulce muerte de amor te da en la tierra.

Rosa Chacel y el poeta Rafael Alberti

Cuando la mar esté bajo tu almohada

A Rafael Alberti

Cuando la mar esté bajo tu almohada
¡Alegría de turbas infantiles!
¡Triunfo de los egregios, varoniles
pámpanos que estremece la alborada!
Frutos dará la náyade dorada
que llamea en los ínclitos candiles
y en sus perlas de amor claros abriles
hervirán al compás de tu mirada.
¡Qué ventura te aguarda en el impacto
si alcanzar logras la divina orquesta!
Tu frente surtirá con el contacto
de la escondida nuez templada y presta
que a trompa airada vibrará en el acto.
¡La vida es gracia y el reir no cuesta!

de A la orilla de un pozo(1936)

Oda a la alegría

Penetramos,
¡oh divina alegría! en tu santuario. 
Schiller
Tu santuario, ¡oh divina Alegría! se eleva
como la ola, espuma de agua sobre las aguas
del mar; arquitectura, cúpulas y arbotantes
de agua, sosteniendo a la ola, agua pura.
Así, tú, de ti misma te encrespas y susurras
soberana recubres, transportas y atropellas…
tu glorioso esplendor centellea en las playas,
en las mentes y alientos, en latidos y gritos.
Tu ímpetu te asemeja a la ola estruendosa.
La ola es un suspiro, una risa radiante,
espuma de poder rizada en espirales
que caen y se levantan: caen por su propia fuerza,
su caer es seguir para de nuevo alzarse,
es llevar mantenida la impecable voluta
de gloria geométrica –impulso y cumplimiento…
Así mismo es tu fórmula. En el crisol fundidas
van pregunta y respuesta, van petición y dádiva
fieles, indivisibles, rimando con la dicha.
Breve en tu eternidad ¡oh divina! en tu instante,
burbujas de la sangre alzan tu alcázar, súbitas.
Con llamas de la sangre inflaman tu edificio,
ígneas salas de luz rosada, primavera
de sangre en erección, en columnas y criptas
palpitantes, en sótanos en donde aún la risa
no es carcajada: es sólo tierno ovillo de sangre.
Tú, falena, aleteas ¡divina! en el plafón
de tu santuario, unánimes, galopan los caballos
con impulso gemelo. Luz roja de la sangre
tiñe sus blancos pechos, sus grupas afrodíticas.
El incienso, en tu templo, lanza aromas de triunfo
que escapan de las brasas en el botafumeiro
del corazón, que exulta y golpea los muros
con el ritmo del verso del himno a ti debido.
Canta y prodiga notas que del oro no tienen
más que el incorruptible sonido: cornucopia
que la sangre acuñada por el deseo esparce.
Tu santuario es aurora que despierta al dormido;
no hay que ir paso a paso hacia tu umbral, te ciernes
o te inflamas o estallas sobre el alma, y el alma
poseída por ti, está en ti y en sí misma…
Tu santuario, ¡oh divina alegría! se eleva
sobre la roca, torres, poterna y puente alzado
-la luz no reverbera ni hace temblar las líneas-.
Silueta que recorta la tijera de un niño
y pega en el espacio del ocaso verdoso
-turquesa exangüe, fija detrás del horizonte-
como ejercicio de hábil constructor parvular.
El recuerdo, artesano de inmarcesible infancia,
te edifica un santuario de neta lejanía,
de planos primitivos, sin ambiente, desnudos
arcos donde, al pasar, pliega el Ángel las alas.
Muro, adarve, atalaya, torre del homenaje
tu santuario ¡oh divina! ahora es fortaleza
inexpugnable –término trivial si roca fuese-,
inexorable, puesto que solamente es brillo
del diamante, del iceberg que flota como un templo
y los barcos se estrellan contra él, si pretenden
orar bajo su nave, que luz polar traspasa.
Como la ola es agua, también es agua el témpano
mas no ríe, reluce con prístina fijeza
en un mundo que niega a la vida el acceso.
Tu templo es el cristal, el prisma de carbono
purísimo, tan puro, tan duro, invulnerable
al golpe del martillo. Impasible a las lágrimas,
finge, como ellas, agua en quietud poliédrica.
Tú, lejos refulgente, eres, puesto que fuiste…
Pero la estrada asciende hacia ti, ángulo agudo
en que ruedan… rodamos los que jamás, jamás,
nunca jamás podremos llegar a los umbrales
de tu santuario, nunca penetrar en tu aurora.
¡Nunca jamás! y siempre recordando tu rostro
como un bien que tuvimos –la dracma inolvidable
que se busca a la luz de un candil de memoria.
¡Y no querer siquiera emprender el camino
hacia ti! ¡Y no dudar siquiera, gcx rata duda
oculta entre los velos de la desesperanza!
Y temer, ¡oh terror! que llegue al fin un día
en que, al oír tu nombre, pregunte: ¿De quién hablan? …

de Versos Prohibidos (1978)

En el infierno había un violoncello…

                                                                          A Musia Sackhaina

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos, de la mano,
por las venas del bosque y la corneja
cantó melancolía en nuestras almas,

si nos separa el Abrego inhumano,
no llores mi amistad hoy que se aleja,
entrega al viento el talle de tus palmas.

Rosa Clotilde Chacel Arimón  (Valladolid, España, 3 de junio de 1898-Madrid, España, 27 de julio de 1994).Poeta novelista, ensayista y traductora. Perteneciente a la generación del 27 y una de las integrantes de Las Sinsombrero.

Se crió en una familia liberal amante de la cultura, lo que incentivó en la joven un gusto y fascinación por las artes. Era sobrina nieta del escritor José Zorrilla y la mima Rosa cuenta en alguna entrevista, que ella aprendió a leer con la poesía de Zorrilla. Durante su infancia fue educada en casa por su madre, Rosa-Cruz Arimón, que era maestra, y por su padre , que la inicio en el dibujo. A los 10 años se estableció en Madrid, junto a su familia, y en 1915, ingresó a la Academia de Bellas Artes, donde comenzó a interesarse por la escultura. Allí conoció a su futuro marido, el pintor Timoteo Pérez Rubio “Timo”. En ese tiempo empezó a frecuentar la tertulias del café Granja El Henar y el Ateneo de Madrid (en este último dio su primera conferencia titulada “La mujer y sus posibilidades”). En esa época (1918-1922) comenzó a colaborar con la revista vanguardista Ultra, y trabar amistad con personajes como Ramón María del Valle-InclánMiguel de Unamuno, Ramón Gómez de la Serna, o Juan Ramón Jiménez entre otros. Tambien convivió con algunas mujeres que, al igual que ella, formaron parte del ambiente cultural español del primer tercio del siglo XX, concretamente aquellas que pertenecieron al Grupo poético del 27 : Concha Méndez, María Teresa León, Ernestina de Champourcin, María Zambrano o Maruja Mallo, entre otras. Hoy conocidas como Las Sinsombrero. Una vez casada  con el pintor Timoteo Pérez, vivió durante un tiempo en Roma y al regresar a Madrid en 1927, colaboró con varias revistas y se unió a importantes tertulias literarias como la Botillería de Pombo y el Ateneo de Madrid.

En abril de 1921 se casó con “Timo”, que posteriormente fue el encargado de proteger en la Guerra Civil Española los mejores cuadros del Museo del Prado, y se trasladó a vivir a Italia acompañando a su marido, que había obtenido una beca en la Academia de España de Roma, y desde donde Rosa comenzó a colaborar con la Revista de Occidente y La Faceta Literaria. En 1930 publicó su primera novela “Estación. Ida y vuelta”, y nació su único hijo, Carlos. Rosa envió su novela a José Ortega y Gasset, a quien aun no conocía, para pedir su opinión, y Ortega considera que es una buena novela, digna de ser publicada en Revista de Occidente y ademas convirtió a Chacel en colaboradora de la revista. A partir de ese primer contacto siempre mantuvieron una relación entrañable.

Al comenzar la Guerra Civil, Rosa se quedó en Madrid colaborando con distintas publicaciones de izquierdas y apoyó diversos manifiestos y convocatorias que se llevaron a cabo durante el primer año de la contienda. También realizó trabajos como enfermera.

  Con la muerte de su madre sufrió una crisis creativa por lo que decidió trasladarse a Berlín en 1933 donde coincide con María Teresa León y Rafael Alberti. Rosa Chacel ideó (en 1936), junto con Alberti y María Teresa León, un libro compuesto exclusivamente con sonetos de temas disparatados en forma de cartas a amigos : A la orilla de un pozo, su primer poemario.

Rosa Chacel comienza a escribir su siguiente novela Teresa por encargo de José Ortega y Gasset poco antes de 1930 pero hasta 1936 no entregó a la editorial la novela , y en ese momento no llegó a publicarse en España debido al comienzo de la guerra civil, y se publicó en Buenos Aires en 1941, antes de que Rosa llegase a vivir en Argentina. En Teresa se narra la vida de Teresa Mancha durante el periodo en que mantuvo una relación amorosa, escandalosa para la sociedad española del siglo XIX, con José Espronceda. 

A raíz de la Guerra Civil Española el matrimonio se exilió en Paris y posteriormente en Buenos Aires. En la capital argentina escribió La sinrazón, la que se ha calificado como su mejor obra literaria. También Continuó el exilio en Rio de Janeiro, donde siguió con su carrera literaria, gracias a la cual, en 1959 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim que la llevó a vivir por algún tiempo en Nueva York donde conoció a Victoria Kent, abogada y política republicana española, con la que entabló una gran amistad. Tras la finalización en 1961 viaja a España donde permaneció hasta mayo de 1963, cuando volvió otra vez a Brasil. Hasta la muerte de su marido en 1977, Rosa continua alternando su residencia entre Madrid y Río de Janeiro, finalmente en 1977 regresó a España y se estableció definitivamente en Madrid.

Con la instauración de la democracia en España se producen cambios en las esferas literarias y en la cultura, lo que produce un redescubrimiento de Rosa Chacel y su obra empieza a ser valorada pero a pesar de ello, en la década de los años 80, Chacel vivía una complicada situación económica, por lo que aceptó el encargo de realizar el guion de una serie de televisión para TVE que llevaba por título Teresa.

De su amplia obra, compuesta por novelas, cuentos, poesía y ensayos, se destacan su novela «Barrio de Maravillas» 1976, por el que obtuvo el Premio de la Crítica, «Balaam y otros cuento 1989, la novela «La Sinrazón» 1960 y la antología «Poesía» que recoge los libros de versos «A la orilla de un pozo» «Versos prohibidos» (1978) . También es importante recordar que Rosa Chacel es la traductora de La Peste de Albert Camus.

Fue galardonada además con el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1987, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Valladolid  en 1989 , el Premio Castilla y León de las Letras en 1990 y  la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1993.

En 1988 fue nombrada Hija predilecta de Valladolid, España.

Existe un consenso bastante generalizado en decir que a Rosa Chacel le faltó el premio Cervantes como reconocimiento a su trayectoria. Un premio que sí obtuvo, en cambio, María Zambrano, seis años más joven y que se refería a ella como su referente: “Eres de esas pocas personas de las que esperaba siempre no decires, sino revelación”, le escribió en 1953. Rosa Chacel también fué propuesta para formar parte de la Academia de la Lengua, pero nunca fue admitida.

Obra poética publicada :

  • A la orilla de un pozo (1936)
  • Versos prohibidos (1978)
  • Poesía (1931-1991) 

Enlaces de interés :

http://www.pilarmateos.es/entradablog.php?id=10&titulo=encuentro_con_rosa_chacel

https://www.lavanguardia.com/cultura/20151210/30702484138/rosa-chacel-en-los-tiempos-de-gran-hermano.html

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