Ombligo
Inventé soledades que crecieron como hierba fresca
en mi ombligo,
árboles para moverme como serpiente milenaria,
excusas para llegar a tiempo a mi encuentro,
mapas hechos a base de espejos en mi cuerpo.
Inventé un laberinto de líneas violetas para seguirlas,
espacios en blanco para llenarlos de divinidad,
aire por el que evaporarme,
lunas que ovulen mi espíritu,
ríos caudalosos,
vaginas de la mujer bendita que hace crecer los campos.
Inventé sonidos chamánicos para escuchar la voz
del indio sabio,
esencias rítmicas que aviven mis ancestros,
desiertos para habitarlos,
cielos en la tierra,
cielos en el infierno.
Inventé movimientos que se funden con el agua,
olas que son caderas de mulatas absorbidas por la arena,
lágrimas que fecundan la tierra virgen,
fuegos invisibles que no me queman,
pero que me elevan.
Inventé muertes para vivirlas,
vidas para perderlas en un suspiro.
Allí me encontré,
naciendo en mi ombligo.

Aromas de luz
Son los aromas ensordecedores,
los silencios visuales,
El sabor a mar, el sabor a menta,
Los colores y formas inexplicables.
Los suspiros vagabundos, los miedos y esquizofrenias.
La mirada intrigante que no escapa de las trampas.
El teatro de un hombre sentado en la butaca.
La hoguera ardiendo detrás de las palabras.
Tal vez son las depresiones, las angustias y el desconcierto.
Los enemigos y los opuestos.
O quizá,
los compases de la espera que rompe los cristales.
Son las bendiciones y maldiciones que inventamos.
El despertar salvaje de los océanos.
La lágrima que humedece los desiertos y alimenta los mares
La canción desconocida que se canta muriendo.
Es temor.
Es ira.
Es ficción.
Son invisibles.
Son pieles que huelen a tierra.
Amores que se unen
cuando el sol aparece

Teclas
Un piano se hunde mansamente en el río.
Como las piedras cuando tocan el agua,
las teclas burbujean bajo la superficie.
Las miro con la ingenuidad del niño que pide un deseo
y las pompas vuelan hasta explotar en su nada,
ante mis ojos.
De: ‘Pájaro, vértigo’. Huerga & Fierro editores, (2014)

Arroz con leche
En el patio, bajo la sombra del palo de mango
la abuela deja pasar el arroz entre sus dedos negros.
Una cascada blanca invade la olla.
La caída del grano produce un sonido de maracas,
un Lumbalú* rutinario que crece con la llama del fogón.
La abuela trocea el mango.
Leche y limón se mezclan.
Un golpe de azúcar y otro de canela.
Habla consigo misma, mueve pausadamente los labios.
Hay ardor en su rostro
y una lágrima hierve bajo sus ojos.
En la casa no se oyen pisadas.
Reina el origen.
* Lumbalú es un ritual funerario de la cultura palenquera en Colombia, en la que intervienen danzas, cantos, música y actuaciones.
De: ‘Pájaro, vértigo’. Huerga & Fierro editores, (2014)

Hija mayor
Soy la hija mayor, la que fue parida malamente.
La melancólica, acatarrada, de sangre débil.
La niña que jugaba con la sombra de la mecedora,
mientras una canción moría de tristeza
en la habitación de las cortinas cerradas.
Soy la hija mayor de dos niños de corazón ciego,
dos temerarios que hurgaban en la llaga
hasta la saciedad del escándalo.
De la profundidad de esa llaga nací yo, su víctima mayor.
Como tal conocí el sabor de la comida fría
tras lánguidas horas frente a un televisor dañado,
inquieta por los agigantados pasos de mi padre
acercándose a la mesa.
Soy la hija grande y la hermana mayor, la que jugó a ser la madre,
la protectora, la que muerde, la flaquita con las piernas cortas.
Aquella que con los calzones grandes cargaba a su hermana pequeña
con una cínica sonrisa en la boca.
Ser la hija mayor es como ser el invitado más esperado de la fiesta.
Con el paso de las horas y las copas se vuelve muy visto, pero invisible,
como las huellas de los dedos en los viejos álbumes familiares.
Irremediablemente soy la hija y la hermana mayor,
la madre postiza de mi hermana menor, la niña querida entre las queridas,
la primera nieta con el pulso inquieto, el fantasma recién
nacido, la primera en abrir la puerta, la última en saber de mí.

Reptil agónico
Mientras no era, ya estaba.
Eso era todo.
Un resumen de mi existencia postergada.
Depredadora idea multiforme de versos raquíticos.
Flaqueza racional desparpajada.
Sonrisa,
disimulo de una pared sensible
agotada de manchas de una caravana de mundos.
Rasquiña inocente.
Viajera de mi piel húmeda y escamosa.
Alimento,
Imagen de instantes perturbados.
Animal nacido de mí.
Reptil agónico.
Rayas y curvas desequilibradas de un deseo.
Tierra movediza.
Patas ancladas.
Sobrevivencia,
me arrastro en su palabra.
Postergada…
Revivo el tiempo, crucifixión del no tiempo.
Ciudad,
territorio salvaje de proezas que crecen en algún Amazonas.
A pesar,
sin embargo y.
todavía
persisten en mí la mirada de la iguana,
la agilidad de la salamanqueja,
la ferocidad del cocodrilo y
el mito de la serpiente que me tienta a no avisar
cuando me ataco.

Agita flamenco
Con las uñas largas pintadas de rojo,
te espero.
La fina y sutil salida.
El afilado índice señala la ventana.
Es tarde
y la ciudad no tiene piedad.
Soplo el cristal,
creyendo que así se esfuma el demonio,
más sigue vivo, deseando devorarse en el polvo.
Adentro la música suena.
Es flamenco sensual y ligero.
Danzo en sombras proyectadas
en el techo que se rompe.
La humedad y sus grietas,
mapas de un silencio enorme.
Embrionario el movimiento,
el ritmo.
¡El zapateo repica decidido!
Malecón del pecho,
el olvido
como algas en los mares.
Llora la guitarra y con ella lloro yo.
Sonido de cuerdas que dilatan las almas.
Lamento gitano.
Palma soy.
Línea que une el aire, el cante y el baile.

Cuerpos de agua
Cómo decirte que no quiero
si mi boca lo grita con las voces de Neptuno.
Con esa fuerza onírica que hace derramar mis ansias
en la agitada noche de los cuerpos de agua.
Cuerpos de agua
Cuerpos de agua.
Este instante profundo que anhela el deseo
de morirme contigo en los ojos de una lechuza,
enreda mi piel en el murmullo de tus cabellos,
de tus dedos, de tus sueños.
Soñarte es soñar con los actos creadores,
con los roces más sensuales de tu ambivalencia.
¡Tanta franqueza!
¡Tanta irrealidad!
Contienen mi aliento en la sublimación de una caricia.
Es imposible, sí, es imposible.
No puedo evitar dejarme arrastrar
por las innumerables Islas estrellas
en las que tu mirada húmeda implora la
lagrima que la lluvia desata.

No duele nada
No duele nada, porque nada existe,
sin embargo, duele todo,
la última hebra de mi cabello,
el hilo suelto de mi vestido,
el poro reseco de mi piel.
Duele el aire, el piso, mi almohada,
me duele la resistencia,
me duele hasta el dolor de la presencia.
Me duele el vientre de mis antepasados,
la pesadilla que nunca sueña,
el cuadro desbalanceado de la esquina,
la primera cana de mis ideas,
la amnesia de los recuerdos.
Me duele la fatiga,
me duele el hambre,
me duele fastidiarme.
Le temo a las ausencias que me distancian,
a mi resequedad y a mi histeria;
al vino de esa vieja botella,
a las intensiones y a las palabras.
Es esto lo que me condena a sentarme en el banquillo
de mis emociones.
Me duele estar sin mí,
me duele Dios sin ti,
el limite místico de la razón.
Me duele la sangre, la carne y el alma,
los huesos que lame el perro,
la hormiga del cenicero,
la inexactitud de las mentiras.
Me duelen la tierra y sus gusanos.
No duele nada, pero duele todo,
el sonido de los sordos,
la garganta del difónico,
la mirada de los ciegos,
la luna moribunda,
el infarto de los invisibles,
el agua hirviendo, la humedad latiendo,
mi sensibilidad escupiendo.
Le temo a la malicia de este poema,
al teléfono, estafa que condena,
le temo a la noche de los susurros,
a la cicatriz descosida, al morbo y a la adrenalina.
Temo extrañarme hasta acabarme,
temo escapar de mi y de allí.
Es esto lo que me libera de ser mi propia trampa.

La Le La
La inconstante forma y la constante esencia.
La flotante armonía de delirios contenidos en una botella de vino.
El beso en suspenso del cuadro del hombre sin boca.
El húmedo tacto de los pies hundidos en el barro.
La Le
La sugestión de las hormonas en tendederos femeninos.
La lamida de los dedos en atómico mordiscos.
El instante de los amantes en el último fotograma de la luna.
El estornudo que se anticipa al deseo, el deseo que se anticipa a la duda.
La Li Lo
La mirada microscópica de un ser gigante atrapado en una arteria.
La desnudez de la poesía cuando se desviste de las palabras.
La Le La Li Lo La LUZ.

Compasión
Veo llorar a la niña que fui.
Está esperando en la cocina a que su madre llegue,
mientras borracho su padre escucha rancheras.
A oscuras, estrenando su ropa del siete de diciembre, sabe
que no encenderá las velas ni jugará a las chispitas mariposas,
que cuando la canción acabe tendrá que poner otra
y servir un trago más de ron.
Por eso
a escondidas, detrás de la nevera,
sin que él la vea, prueba un sorbo.
Cree así mitigar el sufrimiento
de quien se siente cómplice.
En su corazón sabe que su madre no volverá.
Quiero abrazar a esa niña y secar sus lágrimas.
Pero ella tiene que ser fuerte
y mantenerse en pie toda la noche
hasta que la cabeza de su padre caiga al suelo.

Libre
Nomás quieren mi dinero mi concha mi sangre
De Morgan Parker
Soy libre bajo las siguientes condiciones:
cuando quiero amar amo.
Soy india, negra y blanca,
abre la puerta my love.
Amo la fruta y tengo la cintura caliente.
Un río de agua turbia se desborda por mi boca.
Lo digo porque es tarde
y las mujeres como yo salimos a pensar.
Sé que mi coño es una papaya jugosa y fresca.
Sé que por dentro soy un velón de siete mechas.
A mi marido blanco le confieso que quiero follarme a un negro.
Escucho la voz poderosa de Nina Simone,
Hacen el amor los hombres que amé.
La muerte no es tan distinta.
Todos miran hacia la ventana.
Todos esperan que la lluvia caiga,
hombres tristes niños solitarios.
Todos heridos por la misma mujer.
En la plaza los negros venden marihuana.
Me saludan y les digo hola con la mano abierta.
Tengo pezones duros y la cartera sin blanca.
Me llaman como si fuera una perra obediente,
con señas y sonidos de manada salvaje.
Así tratan a sus mujeres en África.
En España no es tan diferente.
La policía les pide papeles.
El senegalés me guiña un ojo.
En su sonrisa suena un djembé,
la patrulla se lleva a los míos.
Un borracho me grita sudaca.
Luna azul de julio, ¿a dónde vas?
en casa me espera mi marido sueco.
Tiene el pene erecto pintado de negro.
Me invita a seguirle hasta la cocina.
Solo deseo que me penetre todo el tiempo.
Gemir hasta que llegue el desayuno.
En cuestión de orgasmos, los prefiero mestizos.
¿Por qué coño hago sufrir a los hombres?
Whatever.
Soy libre bajo las siguientes condiciones:
cuando quiero llorar lloro.
Mi corazón tiene un agujero negro.
Sangra, lo sé.
Hablo de él para que sepan que existe,
que quiero amar.
Mis padres nunca lo hicieron.
Estoy sentada en la plaza.
Soy tierra que tiembla en la soledad de la noche.

Lilián Pallares Campo (Barranquilla, Colombia, 22 de julio de 1976). Poeta, escritora, actriz y creativa audiovisual. Estudió Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad del Norte en Barranquilla, Colombia y Creación Literaria en la Escuela de Letras de Madrid.
La primera persona que acercó a Lilián a la lectura fue su abuela Irene Campo, quien le enseñó a leer y escribir mientras muchas veces, sentada en la mecedora bajo el palo de guayaba, masajeaba su cabeza para que le creciera el pelo. Fuente
En 1999 ganó en Barranquilla el Concurso de Poesía inédita de la Universidad del Norte. En el 2017 recibió la XIV distinción Poetas de Otros Mundos concedida por el Fondo Poético Internacional en reconocimiento la alta calidad de su obra poética. Seleccionada entre los diez mejores escritores jóvenes de Latinoamérica por About.com, New York, 2011.
En el 2020 fue distinguida con el premio ‘10 colombianos’ por la Embajada de Colombia en Madrid por su trayectoria artística y personal que ha contribuido a fortalecer la imagen de Colombia en España y el premio ‘Mujer migrante’ otorgado por la Asociacion Rumiñahui por su aportación al mundo del arte y la cultura en España. El mismo año formó parte del elenco de actores de la zarzuela cubana Cecilia Valdés en el Teatro de la Zarzuela, Madrid, dirigida por Carlos Wagner.
En el año 2020 fue becada junto al poeta y artista neozelandés Charles Olsen de una Residencia Creativa en el Matadero Madrid sobre ‘Infancia, Juego y Espacio Público’. Juntos han dirigido talleres de escritura para niños y adultos de la tercera edad, y talleres de pintura en escuelas infantiles con el programa del ayuntamiento ‘Madrid, Un libro abierto’. También participó como guionista en los cortometrajes poéticos “Llanto Congelado” y «La danza de los pinceles«, el cual fue premiado en el “Festival Flamenco de Cortometrajes FFLAC” en Madrid y presentado en el “XX Festival Flamenco de Nîmes-Francia (2011).
En 2022 y 2023, Lilián y Charles recibieron el Our Little Roses Poetry Fellowship en San Pedro Sula, Honduras, donde impartieron talleres creativos de poesía, durante un mes cada año, en el orfanato de niñas Nuestras Pequeñas Rosas. Crearon con las niñas el videopoema Silencio gris que fue seleccionado, en 2023, para ZEBRINO—concurso internacional de videopoesía para niños y jóvenes—del festival ZEBRA Poetry Film Festival, en Berlín, Berlín—y En una casa flota una nube que se estrenó en el festival Centroamérica cuenta en Casa de América, Madrid en 2024.
Desde el 2024, ha sido invitada por Tufts-Skidmore—universidad de Boston, Massachusettes en Madrid que tiene un premiado programa de educación global con enfoque en la diversidad, los derechos humanos y la consciencia intercultural—para compartir su literatura y videopoemas en la asignatura ‘Leer en los cruces’.
En 2025 ha llevado junto a Charles Olsen talleres de videocreación poética para niños en el Museo Ralli Marbella, para mujeres migrantes venezolanas en la asociación Medanos En Sanse, y para mujeres víctimas de la violencia armada con el Consulado de Colombia en Madrid. También, de la mano del Ministerio de Cultura de España, han impartido talleres de videopoesía en Madrid a niños y niñas de familias migrantes en el Museo Cerralbo, jóvenes en riesgo de exclusión social en el Museo de Artes Decorativas, y con mujeres gitanas en el Museo Sefardí en Toledo.

Ha publicado los libros Ciudad Sonámbula (2010), Voces Mudas (2011), un “Poemario-Disco” a ritmo de tambor, en cuya producción musical participaron los reconocidos percusionistas Shangó Dely, Alvaro Llerena y Yuvisney Aguilar. Le siguieron Pájaro, vértigo (2014) y Bestial (2018) y ha participado en diversas antologías.
Con su compañía de investigación teatral Afrolyrics ha creado junto al director Daniel Aguirre su nuevo espectáculo Bestial ‘el espíritu de Lilith‘, donde se entreteje la poesía, narración oral, danza, visuales y tambores en una atmósfera mística, erótica y sensual en un contexto africano. Sus espectáculos escénicos Palabra Azul – Poesía del agua y Cuentos Bajo el Sol van dirigidos a público familiar.
Enlaces de interés :
Fuente de la bio: https://www.lilianpallares.com
https://ciudadsonambula.blogspot.com/2023/05/cena-de-gala-en-el-palacio-real.html
Recital de Lilián Pallares
La actriz Y poeta Lilián Pallares presenta: »Bestial: El Espíritu de Lilith.




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