Árboles bajo la lluvia
Abandoné tribus, religiones, amantes.
Robé en el bar de la esquina
sorbos de vino de una copa ajena
y entré en el rumor de la noche
que venía cayendo en suspiros de niebla.
Desde entonces el universo
gira demasiado lejos.
Desde entonces la vida me deja
un frío lento zurcido al cuello,
soledades que nunca
perderán su sabor a niebla,
a humo de cigarro,
a humedad poética.
Desde entonces tengo la costumbre
de ovillarme en los espejos,
de caminar sin mirar el suelo,
de contemplar cómo la vida
se va transformando en recuerdo.
Y ahora,
mientras retiro diciembre del calendario,
pienso que
nunca busqué árboles bajo la lluvia.
De: Anatomía de un insomnio ((Torremozas, 2016)

Protectora de tormentas
Quizás,
por buscar donde duermen los equinoccios
quedé huérfana de vida y tiempo,
algo-alguien atrapada en esta hora insomne
buscando nidos donde comenzar otro otoño,
algo-alguien que cercana al viento
percibió tu claridad diluida en mi sombra.
Quizás,
esta noche un gemido se salve del infierno
con sólo mirarte y reconocer tus sellos.
Bien sabes cómo es la asfixia de quien
muerde la hora maldita de los siglos,
el dilema de quien piensa
qué vida se pondrá mañana.
Quizás,
nunca fui tan sola
porque en la madrugada
solo tú esperabas mi regreso,
eras tú quien sostenía el miedo,
la otra cara de las piedras,
el peso de la noche,
el vértigo de la sangre
cuando todo es niebla.
Eras tú, Alma mía,
solo tú, quien sostiene los cirios
cuando todo es muerto.

Halito de sombras
Las sombras aparecen y desaparecen
en rituales mansos,
son prolongación de los cuerpos,
no tienen sangre,
no respiran, no laten,
solo transitan a su antojo
entre calles,
entre muros,
entre árboles.
No sé dónde se van las sombras
cuando desaparecen,
a otro lugar, a otro mundo quizás,
o simplemente duermen
en los puntos cardinales.
No sé dónde se guarda la sombra de los muertos,
en la última sábana, en algún espejo,
en la obscuridad que iluminan los cirios.
No sé.
Lo cierto es que mi sombra
en esta noche parpadeante
regresa, pero no la reconozco,
a veces, está muy pequeña, demasiado larga
muy tenue o muy negra,
sin importar que mi sombra sea una extraña,
o que siendo la misma de ayer
regrese contaminada de otro suelo,
de otras paredes,
le confieso que este insomnio
tiene tu nombre.
Ella, en ritual manso
calma los recuerdos que me cruzan la carne,
me bautiza como una sombra más y me lleva:
entre calles,
entre muros,
entre árboles.

Vagabunda de la web
Amada, crucé tu cuerpo,
corté los frutos maduros de tu boca
y esparcí la tierra de mis años
en esta sábana que aún no cubre
nuestra desnudez.
Me quedaría ovillada
en esa gota de sudor detenida en tu frente,
en el aire azul que danzamos entre caricias
y no salir a esa parte mía,
donde el miedo traza en mi cuerpo
el mismo sendero que sigue el frío.
Me quedaría en el mundo que sueñas
cuando miras por la ventana
mientras se enfría una taza de café
en tus manos.
Pero no, el refugio de tus brazos
no detiene la furia de los días,
no encuentra la vida que a veces pierdo
en deliradas luces cotidianas.
Mañana despertaré,
aunque no duerma, despertaré
entre el vértigo de la ciudad
y la náusea de mis laberintos
y no estarás para arrancar los demonios
que se despiertan a medio día.
La humedad de tu boca
se ha secado en mi espalda,
y tiemblo al saber
que pronto seré velocidad de calles
una vagabunda de la web
en busca de sentido.

Los olvidados de la noche
En esta media tarde vislumbro
otra noche vagando de hora en hora,
presiento el timbre de tu voz
buscando mi oído,
tus dedos sosteniendo mi espalda.
Te llamo.
Te busco en toda habitación
en un patio perdido,
en el jardín sin flores,
en las plazas sin palomas
Perdón, te has ido hace una hora,
una semana, un mes ¿Cuántos años?
Llevo siglos sostenida en tu aroma,
siglos en esta misma calle,
en esta misma casa que mantiene
el mismo color.
Perdón,
los árboles han crecido demasiado.
Escarbo en la raíz de mi nombre
para recordar quien fui antes de tu boca
y no me puedo ver sin tus ojos
y no me puedo ver sin tus ojos
buscando mi piel, mis caderas, mis senos
y no me puedo ver sin tu quejido
y mi gemido exhalados al unísono
en noches con o sin estrellas.
No existo.
Me habito desconocida, ajena.
Tu ausencia ha sepultado mi desnudez.
Te extraño,
ya no bramo angustiada en tu recuerdo,
pero te extraño.
Apaciento mi furia en otros hombres
y los amo por una noche,
pero te extraño.
No existo,
nada queda en esta vida,
en la penumbra de este bar oxidado:
donde beben los que sobran de la muerte
donde beben los que somos olvidados.

Me quiere puta
Y a mí, me quiere puta el caballero
una muñeca nueva para manosear,
quiere un desliz,
un si nos acostamos no me acuerdo
va a ser en un motel rapidito
o en el auto no muy lejos.
Habla de sus empresas proactivas
de compromisos sociales y políticos
de su agudeza sensorial
que aprendió las claves del éxito
que tiene influencias y asegura
que me puede ayudar.
Y a mí, me quiere puta el caballero
dice que soy diferente a las demás
que nunca había sentido esto, antes
que no se lo contará a nadie, porque
un caballero no tiene memoria.
Le digo que las mujeres
sí tenemos memoria y no olvidamos.
su rostro amable se oxida
entreabre la boca, frunce el ceño,
respira, se contiene, susurra
… l e s b i a n a …
Ya no me quiere puta el caballero
me trata de “lesbiana”
le digo que sí,
que todas las mujeres somos lesbianas
cuando no aceptamos la cama
de un mediocre mal parido como tú.

Que PERRA tan indomable soy
no existe sabueso
que atrape mi correr,
este ir y venir del submundo
al reino.
Un día como aquí, otro día
amanezco comiendo allá.
Amanezco comiendo en mesa
propia
ajena
prestada
alquilada
robada.
¡Qué importa, si al final como igual!
Un alma perra, o una perra alma
se alimenta solitaria.
No es víctima.
No llora.
No busca camadas
porque las heridas como perra
se las lame SOLA.

Ladra un perro,
un perro que se acaba
de convertir en maldito
por interrumpir la noche
donde requiero silencio absoluto
para recordar este pecado.
Estabas ahí parado en tu jardín
te sacaste la polera, sacudiste tu pelo
como si nadie te viera

Madre mía ¡qué cuerpo!
Desde entonces tengo las hormonas
saltando entre la decencia y el descaro.
Acepto ser inmoral si la forma vertical
de tu pecho yace bajo
la anatomía ardiente de mi cuerpo.
Te quiero mío, te quiero entero
te amaría por y para siempre
durante una hora y luego ¡Adiós!
Hacer borrón y cuenta nueva.
Nada de andar pensando
que donde hubo fuego …
… cenizas quedan.
Querido,
seríamos eternamente felices
durante una hora.
Piensa: una raya en el agua
es nada
y una … es ninguna

He muerto tantas veces
pero esta noche no quiero morir.
Miro en voz baja el original de mi boca
busco urgente la médula de mi sangre
antes que la noche avance
con su aroma de viña oscura
y me levanto,
y arrastro mi cadáver
sobre otros cadáveres
y me levanto
y aúllo perra,
aúllo viuda,
aúllo herida
y arranco la cruz que tiene mi nombre
y la quiebro, la parto
y la uso de leña para este invierno.
Esta noche no quiero morir
aunque mi vida sea vidrio ensangrentado
en la mano empuñada de Dios
esta noche no quiero morir.

Hay Mujeres
Hay mujeres
que no conocen el silencio
y en silencio lavan, crían, cocinan
y vuelven a lavar la ropa,
con el cansancio acumulado
en la piel de su cuerpo memoria.
Hay mujeres
que nunca se las ve pensar.
No son musas inspiradoras de un poema.
No son reinas de su propio reino.
No son guerreras, pero luchan cada día.
No son diosas, pero aun así hacen milagros.
Son mujeres que sostienen la lluvia
en tiempo de cosecha
mujeres con juventud anciana
amamantando la tierra
con el agua de su cuerpo.
Son hijas-madres-mujeres
que llenas de sabiduría
no conocen el descanso,
no conocen el silencio.

Los borrachos
Los borrachos
tienen las pupilas tapiadas
con pedazos de cielo,
caminan buscando equilibrio,
ese punto normal donde los sobrios
creen vivir.
Cristalizan sus sueños a toda hora,
y tienen fantasmas diferentes
en el mismo grito.
Los borrachos retiran las estrellas
del cielo para sacarles brillo,
por eso siempre amanecen
colgados de la noche.
Sus palabras son un laberinto de humo
siempre en dirección hacia otra copa,
buscando la fuente del eterno olvido
así como los sobrios buscan
la fuente de la eterna juventud.
A los borrachos
no les importa morir
se piensan muertos,
son ajenos a este mundo
son unos perdidos, pero
unos perdidos felices
porque ignoran que existen.

Salomé
Llevo en la sangre la venganza de Salomé
el deseo inclaudicable de intercambiar
el huésped lujurioso de tu cuerpo
con las cenizas sacrílegas de mi piel.
Todo arde en el éter de estas paredes
en las sandalias de este momento,
y es que, estamos tú y yo unidos en esta hora incierta
que me recuerda y eterniza como la más deseada
como la necesidad impostergable de tu carne.
Aún con los ocasos quebrados y arañados
por la bebida de tu vientre,
te cedo el privilegio de saciar el hambre de tus placeres
sobre el envoltorio de mi esqueleto lleno de laberintos.
Como tú otros han traído fiebres acumuladas,
demonios escondidos,
como tú otros han querido la mordida de mi beso
el castigo, un perdón y entrar en la morada
de mi insaciable locura.
Te vistes de ofrendas olvidando las deudas
que tienes con dios, y me ofreces tus suaves algas
esparcidas sobre la humedad de tu piel,
y yo compasiva lucho contra tu cuerpo
sin ser tu enemiga
con tus obsequios me siento niña y juego
sobre tus muslos, debajo de tus rodillas,
beso la constelación de tus entrepiernas,
el rebaño de tus pastizales.
Acaricias mi cabellera escondida entre tu greda blanca
tan blanca como las olas de una playa,
nacidas y muertas en la esquina de la noche.
Vienes a mí como yo voy a los sueños,
a ese soñar inocente de la desteñida infancia,
por un momento, con el escapulario escondido
anhelo ser una mujer pura y casta,
pero la imagen de mi cerebro me abraza
y me lleva al gólgota delicioso de mi cautiverio.
Soy la venganza de Salomé,
los pecados de Magdala,
soy mujer, una Venus múltiple, una virgen, una Eva.
Mil mujeres soy, mil hembras, mil demonios.
Mil seres encadenados a un mismo cuerpo.

Aquí yacen los sin deudos
Aquí yacen los sin deudos,
los indigentes, los borrachos,
por los que nadie guardará luto
ni comprará flores o
Corona del Hogar de Cristo.
Los que no se inscribieron
en la memoria de alguien,
los que no encendieron una lámpara y
nacieron con toda la soledad del universo
acumulada en el rostro.
Aquí yacen los que mueren diferente
pero tienen el mismo olvido.
Los muertos sin sepultura, los NN
que no tienen lápida ni misa
ni alguien que los llore
en su última despedida.

Madre
Llueve, la lluvia, la lluvia.
Llueve y el ruido de gotas cayendo
me habla de un brasero encendido
del aroma a café de trigo y la espera.
Llueve con luna nueva.
Llueve y una madre solitaria
recoge las migas de su pan
en silencio.
Llueve y no puedo ir a casa,
demasiada lluvia, demasiado mundo
demasiado ruido de gotas cayendo
sobre la avenida de mi cuerpo.
Cuando escampe Madre.
Cuando escampe
me arranco del cemento y regreso
a la asoleada tierra de tus manos.

Silvia Rodríguez Bravo. Seudónimo, Profeta de Bares. (San Javier, Chile, 1964). Poeta y narradora.
Silvia Rodríguez es diplomada en Humanidades de la Universidad de Talca, Chile).
En poesía ha publicado: Entre la poesía y yo (1993), Versóvulos ((Safo, 1998), Profeta de Bares (Mosquito Editores, 2002), Diario de una cesante (Lar, 2008), Año bisiesto (Mosquito Editores, 2012), Anatomía de un insomnio ((Torremozas, 2016), Ultrajada (Mago Editores, 2020).
En Narrativa: Despertar confuso (2004) (relatos), La biblia de Lilith (novela).
Antologadora Mujeres del Maule, primera antología en la VII Región de poesía sobre mujeres que abarca desde el año1800 al 1991.
Ha participado en la Región del Maule en los colectivos literarios “Voces en la ciudad”, “Entre cuento y cuento”, “Poetas del Maule”, “Travesía por el río de la niebla”, “17 escritores maulinos, Contra el olvido”, Ediciones Universidad Católica del Maule, 2021.
A nivel nacional ha sido incluida en las antologías “El lugar de la memoria”, “Voces de la memoria” “Basta”, “Ixquic” antología internacional de poesía femenina, “Procesos escriturales, Mujeres de puño y letra”, en la revista “Nueva polémica, poetas chilenos de los 90” y “50 años, voces por la memoria”
A nivel internacional ha sido incluida en las antologías: Poemarios del Centro de Estudios Poéticos “Primavera Eterna” (2002), “Penumbras y Sombras” (2003), Madrid, España, “Anthologie de la poésie chilienne: 26 poètes d’aujourd’hui”, (antología de poesía chilena, edición bilingüe) París, Francia (2021)
Obtuvo el primer lugar en el concurso Carmen Conde, (ediciones Torremozas, Madrid, España, 2016)
Incluida en la página virtual para escritores iberoamericanos “Conocer al Autor”, Madrid, España.
Con su ensayo “Despertar de un silencio” participó en el Seminario “Jornada Mujer y Literatura” celebrado en Huesca, España.
Realiza talleres de creación literaria en: Centros Penitenciarios de Mujeres y Hombres, Centro Cultural de Talca, Hospitales, Juntas de Vecinos, Liceos, Servicio Nacional de Menores y otros espacios no convencionales. Participa en forma activa en diversas actividades tanto dentro de su región como a nivel nacional.
Su temática es un abanico que se abre para hablar de la intimidad y los conflictos existenciales propios del ser humano. Cuando habla de erotismo, lo hace como una mujer empoderada de su cuerpo. Sus poemas visibilizan a los seres marginados, los solitarios y los habitantes de la noche entre otros. Tiene la capacidad de caer al abismo, para luego pararse frente al mundo y cuestionarlo, desarticularlo y luego, reconstruirlo a su imagen y semejanza.
Nota : Todo el contenido poético así como la bio y fotografías compartidas ha sido seleccionado y cedido por la poeta Profeta de Bares para su publicación en esta página.
¡Gracias a Silvia Rodríguez Bravo por su generosidad, atención y confianza!
Enlaces de interés :
http://www.letras.mysite.com/archivorodriguez.htm
https://www.poemas-del-alma.com/pdfs/134117.pdf
https://letralia.com/275/articulo11.htm
https://www.litoralpress.cl/SimbiuPDF/2026/02/14/6481420.pdf
https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2010/11/2001-silvia-rodriguez-bravo.html
https://www.elmostrador.cl/cultura/2023/07/03/lanzamiento-libro-mujeres-del-maule-antologia-poetica
https://www.sech.cl/wp-content/uploads/2022/04/Alerce-N%C2%B0-92.pdf
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