A very still life
The night after the service, his sister appears
to him. She is gathering her paintings
for the show her gallery promised: seascapes
like bowls of broth, moons like Camembert
wheels, chunked off and eaten. Her life’s work!
She asks his opinion of this one, that one.
She says, “Nobody calls me.”
He says, “How can they? You’re dead.”
She shakes her head: No.
The next night he sees her adding the last
brushstrokes to green grapes
lounging on a white platter.
They walk among the paintings,
each with its title and price.
She says, “Nobody answers my calls.”
He says, “They can’t hear you.
No breath, no heartbeat, No coming back.”
She shakes her head: No.
The third night she stands at the foot of his bed
pleading. She begs him to take the paintings.
Maybe he will have better luck.
Her death? They don’t speak of it.
She says, “Take the days as they come,
the nights as they go. Don’t forget me.”
He says, “How much of yourself you left behind!”
She says, “Look for me in the world I left
when the sun splashes its light on everything.”
Una auténtica naturaleza muerta
La noche siguiente al funeral, su hermana
se le aparece. Ha reunido sus pinturas
para la muestra que le prometió la galería: marinas
como tazones de caldo, lunas como ruedas
de camembert, mordisqueadas y comidas.
¡El trabajo de su vida!
Le pregunta su opinión sobre ésta, sobre aquélla.
Ella dice, «Nadie me llama».
Él dice, «¿Cómo iban a hacerlo? Estás muerta».
Ella sacude la cabeza: No.
La noche siguiente él la ve dar las últimas
pincelas a unas uvas verdes
en un plato blanco.
Caminan entre los cuadros,
cada uno con su título y su precio.
Ella dice, «Nadie responde a mis llamadas».
Él dice, «No pueden oírte.
Nada de aliento, de latidos, de resucitación».
Ella sacude la cabeza: No.
La tercera noche ella está a los pies de la cama de él,
suplicando. Le implora que se encargue de las pinturas.
Tal vez él tenga más suerte.
¿Que está muerta? Ni lo mencionan.
Ella dice, «Hay que aceptar los días como vienen,
las noches como se van. No me olvides».
Él dice, «¡Cuánto de ti misma has dejado detrás!»
Ella dice, «Búscame en el mundo que he dejado
cuando el sol derrama su luz sobre todas las cosas».

Photograph by Eric Lindbloom
Questions my son asked me, answers i never gave him
1. Do Gorillas have birthdays?
Yes. Like the rainbow, they happen.
Like the air, they are not observed.
2. Do butterflies make a noise?
The wire in the butterfly’s tongue
hums gold.
Some men hear butterflies
even in winter.
3. Are they part of our family?
They forgot us, who forgot how to fly.
4. Who tied my navel? Did God tie it?
God made the thread: O man, live forever!
Man made the knot: enough is enough.
5. If I drop my tooth in the telephone
will it go through the wires and bite someone’s ear?
I have seen earlobes pierced by a tooth of steel.
It loves what lasts.
It does not love flesh.
It leaves a ring of gold in the wound.
6. If I stand on my head
will the sleep in my eye roll up into my head?
Does the dream know its own father?
Can bread go back to the field of its birth?
7. Can I eat a star?
Yes, with the mouth of time
that enjoys everything.
8. Could we Xerox the moon?
This is the first commandment:
I am the moon, thy moon.
Thou shalt have no other moons before thee.
9. Who invented water?
The hands of the air, that wanted to wash each other.
10. What happens at the end of numbers?
I see three men running toward a field.
At the edge of the tall grass, they turn into light.
11. Do the years ever run out?
God said, I will break time’s heart.
Time ran down like an old phonograph.
It lay flat as a carpet.
At rest on its threads, I am learning to fly.
Preguntas que me hizo mi hijo, respuestas que nunca le di
1. «¿Cumplen años los gorilas?»
Sí. Como el arco iris, suceden.
Como el aire, nadie los observa.
2. «¿Hacen ruido las mariposas?»
El alambre en la lengua de la mariposa
zumba oro.
Algunos hombres oyen a las mariposas
incluso en invierno.
3. «¿Forman parte de nuestra familia?»
Nos olvidaron, pues olvidamos cómo se vuela.
4. «¿Quién ligó mi ombligo? ¿Lo ligó Dios?»
Dios hizo el hilo: ¡Hombre, vive para siempre!
El hombre hizo el nudo: Ya es suficiente.
5. «Si se me cae un diente en el teléfono
¿irá por los cables y le morderá la oreja a alguien?»
He visto lóbulos a los que había mordido un diente de acero.
Le gusta lo que dura.
No le gusta la carne.
Deja un anillo de oro en la herida.
6. «Si me paro sobre la cabeza
¿se enroscarán dentro de mi cabeza las legañas?»
¿Conoce el sueño a su propio padre?
¿Puede el trigo volver al prado donde nació?
7. «¿Puedo comerme una estrella?»
Sí, con la boca del tiempo
que con todo disfruta.
8. «¿Podemos fotocopiar la luna?»
Este es el primer mandamiento:
Soy la luna, tu luna.
No te postrarás ante ninguna otra luna.
9. «¿Quién inventó el agua?»
Las manos del aire, que querían lavarse la una a la otra.
10. «¿Qué ocurre al final de los números?»
Veo a tres hombres correr hacia un prado.
Al final de la alta hierba, se convierten en luz.
11. «¿Pueden acabarse los años?»
Dios dijo: Romperé el corazón del tiempo.
El tiempo iba cada vez más lento, como un viejo fonógrafo.
Está tan plano como una alfombra.
Tranquila en sus hilos, estoy aprendiendo a volar.
Versión de Jonio González . Fuente

Wo Sunflowers Move In The Yellow Room
‘Ah, William, we’re weary of weather,’
said the sunflowers, shining with dew.
‘Our traveling habits have tired us.
Can you give us a room with a view?’
They arranged themselves at the window
and counted the steps of the sun,
and they both took root in the carpet
where the topaz tortoises run.

The Vanity of the Dragonfly
The dragonfly at rest on the doorbell—
too weak to ring and glad of it,
but well mannered and cautious,
thinking it best to observe us quietly
before flying in, and who knows if he will find
the way out? Cautious of traps, this one.
A winged cross, plain, the body straight
as a thermometer, the old glass kind
that could kill us with mercury if our teeth
did not respect its brittle body. Slim as an eel
but a solitary glider, a pilot without bombs
or weapons, and wings clear and small as a wish
to see over our heads, to see the whole picture.
And when our gaze grazes over it and moves on,
the dragonfly changes its clothes,
sheds its old skin, shriveled like laundry,
and steps forth, polished black, with two
circles buttoned like epaulettes taking the last space
at the edge of its eyes.

A Wreath To The Fish
Who is this fish, still wearing its wealth,
flat on my drainboard, dead asleep,
its suit of mail proof only against the stream?
What is it to live in a stream,
to dwell forever in a tunnel of cold,
never to leave your shining birthsuit,
never to spend your inheritance of thin coins?
And who is the stream, who lolls all day
in an unmade bed, living on nothing but weather,
singing, a little mad in the head,
opening her apron to shells, carcasses, crabs,
eyeglasses, the lines of fisherman begging for
news from the interior-oh, who are these lines
that link a big sky to a small stream
that go down for great things:
the cold muscle of the trout,
the shinning scrawl of the eel in a difficult passage,
hooked-but who is this hook, this cunning
and faithful fanatic who will not let go
but holds the false bait and the true worm alike
and tears the fish, yet gives it up to the basket
in which it will ride to the kitchen
of someone important, perhaps the Pope
who rejoices that his cook has found such a fish
and blesses it and eats it and rises, saying,
«Children, what is it to live in the stream,
day after day, and come at last to the table,
transfigured with spices and herbs,
a little martyr, a little miracle;
children, children, who is this fish?»

Nancy Willard (Ann Arbor, Míchigan, Estados Unidos, 26 de junio de 1936- Poughkeepsie, Nueva York, 19 de febrero de 2017). Poeta, novelista, escritora e ilustradora de libros infantiles.
Su padre era un renombrado profesor universitario de química, mientras que su madre se aseguró de que sus hijas desarrollaran desde temprana edad un amor por las palabras, llevándolas a pasear en bote por el lago Stony, Michigan, donde la familia pasaba muchos veranos. Con frecuencia, la madre de Nancy simplemente las llevaba al centro del lago y les leía mientras el bote se deslizaba tranquilamente. «Escuché ‘Los niños del agua’ de Kingsley de esa manera, en las mejores condiciones posibles», le contó Willard a la reconocida periodista Sybil Steinberg en la entrevista que fue publicada en la revista literaria Publishers Weekly. Siguiendo también el ejemplo de su madre, Willard y su hermana comenzaron a publicar un periódico de verano, recorriendo su pequeña comunidad vacacional en busca de noticias de interés, una práctica que Willard más tarde atribuyó a haberle dado un buen oído para la oratoria y la narración.
Desde muy pequeña, Willard dibujaba y creaba sus propias historias, influenciada en gran medida por los libros que leía: los cuentos de Lewis Carroll y las fantasías de George MacDonald y L. Frank Baum. «Para mí, estos libros eran tan exóticos como las descripciones de la vida cortesana en «La Bella Durmiente» o «Cenicienta»», escribió Willard en un artículo para la revista Writer. Tomó la fantasía de sus veranos idílicos y sus lecturas y las combinó con el pragmatismo de la disciplina científica que heredó de su padre. «Crecí consciente de dos maneras de ver el mundo que se oponen entre sí, pero que pueden coexistir en una misma persona. Una es la visión científica. La otra es la visión mágica».
A los siete años, Willard ya había publicado su primer poema, y en su último año de secundaria, su poema «A Child’s Star» se publicó en Horn Book. De hecho, una de sus ilustraciones de adolescente se utilizó como tarjeta navideña de Horn Book.
Tras graduarse de la secundaria, Willard estudió en el programa de inglés con honores de la Universidad de Michigan donde se graduó en 1958. Durante sus años de estudiante, escribió e ilustró un libro infantil para la revista literaria estudiantil. Posteriormente obtuvo una maestría en la Universidad de Stanford con una tesis sobre canciones folclóricas medievales, y posteriormente completó un doctorado en la Universidad de Michigan. Luego aceptó un puesto como profesora de escritura creativa en Vassar College.
En 1964 se casa con el fotógrafo Eric Lindbloom. Nancy y Eric se conocieron a mediados de la década de 1950 durante sus años universitarios en la Universidad de Michigan, donde ambos compartían una profunda fascinación por la literatura y la filosofía. Tras nueve años de un noviazgo sólido pero paciente, la pareja decidió dar el paso definitivo de una manera romántica y decidida: se fugaron juntos para casarse el 15 de agosto de 1964. Poco después de casarse, se mudaron a Poughkeepsie, Nueva York, donde Nancy comenzó a enseñar literatura y escritura creativa en Vassar College (1965-2013). Se establecieron en una pintoresca casa cerca del campus, lugar que se convirtió en su hogar durante más de 50 años.
Publicó su primera colección de poesía para adultos, In His Country: Poems, en 1966. Inicialmente, Willard solo publicó obras para adultos: poesía, cuentos y crítica. Pero el nacimiento de su hijo James Anatole Lindbloom en 1970, inspiró a Nancy a expandir su carrera hacia la literatura infantil.
Su primer libro infantil Sailing to Cythera and Other Anatole Stories (1974) ganó el Premio Lewis Carroll Shelf en 1976. Willard continuó este éxito con más aventuras del joven Anatole como Stranger’s Bread (1977), The Island of the Grass King: The Further Adventures of Anatole (1979), and Uncle Terrible: More Adventures of Anatole (1982).
A lo largo de la década de 1970, Willard continuó creando otros libros ilustrados para niños, tanto en prosa como en verso, que abarcaban desde Christmas hasta las aventuras de otro niño llamado James, inspirado en su propio hijo como In The Snow Rabbit (1975) y The Well-Mannered Balloon (1976).
En 1978 publicó su primera novela infantil, The Highest Hit donde narra las numerosas aventuras de una valiente niña llamada Kate Carpenter, que está inspirada, en parte, en la propia autora cuando era joven.
En 1982, Willard ganó la Medalla Newbery por su libro ilustrado «A Visit to William Blake’s Inn: Poems for Innocent and Experienced Travelers»(1981) que utiliza tanto versos líricos como absurdos para narrar los sucesos de una posada encantada.
Michael Patrick Hearn en el Washington Post Book World dijo del libro: «El título no debe sugerir que este libro ilustrado sea simplemente una crónica del místico poeta y pintor inglés. En realidad, es una colección de poemas líricos absurdos inspirados en la lectura deS «ongs of Innocence» Canciones de inocencia [de Blake] cuando Willard era niña».
Donald Hall comentó en el New York Times Book Review que «en este libro, William Blake, poeta y grabador, se transforma en posadero. Estos nuevos poemas, escritos con la destreza de un adulto, plasman con éxito la visión que un niño de siete años tiene del poeta que regenta una posada para la imaginación. El color y la vitalidad lo son todo; la trascendencia, nada».
En su reseña del mismo título en School Library Journal, Peter Neumeyer calificó el libro como una «colección mágica y original» en la que poemas e imágenes, «integrados en espíritu, fluyen entre sí a lo largo de páginas dobles».
Willard publicó una serie de libros infantiles muy bien recibidos en la década de 1990, incluyendo reinterpretaciones de dos cuentos clásicos como una versión de La Bella y la Bestia (1992), ambientada a finales del siglo XIX con el padre de Bella como un rico comerciante neoyorquino y El aprendiz de brujo (1993) donde actualizó el cuento tradicional con una heroína contemporánea que monta en bicicleta y reemplaza las escobas mágicas de Disney con una máquina de coser incontrolable. Michael Dirda describió el libro como «magistral» en una reseña de Washington Post Book World.
Willard también demostró su imaginación y lirismo poético en «A Starlit Somersault Downhill» (1993), un cuento infantil sobre un oso hospitalario que invita a un conejo a su madriguera invernal, aunque el conejo pronto cambia de opinión y se marcha. En «An Alphabet of Angels» (1994) y «The Good-Night Blessing Book» (1996), Willard incorporó sus propias fotografías de figuritas y estatuas de ángeles en un alfabeto rimado y una lista de objetos cotidianos relacionados con el tema de los ángeles. Los colaboradores de Publishers Weekly elogiaron «An Alphabet of Angels» por la «belleza de su poesía críptica».
En el libro desplegable El regalo de Gutenberg (1995), Willard reinterpretó los acontecimientos que precipitaron la invención de la imprenta. Las tradiciones no solo de la Navidad, sino también de otras épocas del año, se muestran en Maíz partido y helado de nieve: Un almanaque familiar (1996), una visión nostálgica de la vida familiar en el medio oeste rural que un crítico de Publishers Weekly calificó de «exquisitamente diseñado y de lectura adictiva… Un mosaico estadounidense de hechos y sabiduría popular».
Siguió publicando títulos como The Mouse, the Cat, and Grandmother’s Hat (2003), Cinderella’s Dress (2003), The Tale of Paradise Lost: Based on the Poem by John Milton (2004), y Sweep Dreams (2005), entre otros.
Willard también publicó novelas para adultos como Things Invisible to See (1984) y Sister Water (1993).
En 1993 publicó Telling Time: Angels, Ancestors, and Stories (1993), una colección de trece ensayos, donde Willard reflexiona sobre el proceso de la escritura creativa. Mediante la poesía, la parábola y la ficción, transmite la máxima: «Muestra, no cuentes; y escribe a partir de lo que conoces». Este consejo sigue siendo valioso para los aspirantes a escritores y marcó la trayectoria de Willard tanto en su poesía y novelas para adultos como en su prolífica obra infantil.
Entre 1966 y 2018 publicó diez y ocho libros de poesía para adultos. Con algunos títulos como Carpenter of the Sun (Liveright, 1974),Water Walker (Knopf Doubleday (1989), Among Angels with Jane Yolen (Harcourt, 1995), When There Were Trees (Brighton, 1999), In the Salt Marsh: Poems (Knopf Doubleday, 2004) del cual el colaborador de Booklist, Ray Olson, reseñó cuatro de los poemas, «The Way She Left Us», «The House», «Love in America» y «The Migration of Bicycles», escribiendo que «estas cuatro obras maestras se complementan con otras muchas en esta valiosa colección». Le siguieron Diana in Sight — con fotografías de Eric Lindbloom- (Brighton, 2009), The Sea at Truro (Knopf Doubleday, 2012), Waves, poemas de Nancy Willard, grabados de Michele Burgess, y xilografías de Bill Kelly, (Brighton, 2014) y Skin of Grace, special edition (Brighton, 2016)
Recibió varios premios literarios, entre ellos el prestigioso Premio O. Henry, la Mención de Honor Caldecotty por «A Visit to William Blake’s Inn: Poems for Innocent and Experienced Travelers,»(1982) y en dos ocasiones, el National Endowment for the Arts.
Fue la primera en recibir la Medalla Newbery por un poemario. Charles Vousden y Laura Ingram han dicho de ella, en su Dictionary of Literary Biography, que «todo cuanto escribe afirma su creencia en un punto de vista mágico, es decir una visión de la vida que incorpora la imaginación y una lectura metafórica de la realidad».
Willard es capaz de recrear en su poesía un retorno a la infancia, a la inocencia que interpreta desde los ojos del niño una serie de situaciones ordinarias para el adulto, y logra a través de estas estrategias de desfamiliarización que el lector disfrute de nuevo con acontecimientos triviales que adquieren una nota de aventura y magia.
Como ella misma propone en su obra ensayística:
«Los más jóvenes y los más ancianos son narradores de historias por naturaleza. Cuando uno es muy anciano cuenta su pasado y suena como ficción. Y cuando uno es muy niño se inventa un pasado que suena real. En cualquier caso, solo hace falta un oyente para disparar la imaginación (1991: 156)».
Willard también reafirmó otro principio fundamental que ha marcado toda su obra: la magia:
«La mayoría de nosotros crecemos y dejamos la magia de lado junto con otras cosas propias de la infancia. Pero creo que todos recordamos una época en la que la magia era tan real para nosotros como la ciencia, y lo que no podíamos ver era tan importante como lo que sí podíamos ver. Creo que todos los niños pequeños y algunos adultos comparten esta visión, junto con la científica. También creo que los grandes libros infantiles provienen de aquellos autores que comparten ambas perspectivas».
Nancy Willard falleció el 19 de febrero de 2017 en Poughkeepsie, Nueva York poco antes de cumplir los 81 años. La pareja Nancy-Eric permaneció unida hasta que la muerte los separó. Nancy fué cuidada por Eric hasta el final. Tres años después, en 2020, Eric Lindbloom falleció a los 86 años. Su hijo James transformó la icónica casa familiar en el Nancy Willard and Eric Lindbloom Artist-Run Project Space, un archivo vivo y espacio de exhibición que conmemora la vida que construyeron juntos.
Algunas de las cosas que dijeron de Nancy:
El poeta Donald Hall en The New York Times Book Review en 1981: “La imaginación de Nancy Willard —en verso o prosa, para niños o adultos— construye castillos más extraños que los que jamás haya construido un rey bávaro loco. Imagina con una concreción maravillosa. Pero además, toma el lenguaje real y, con una literalidad rigurosa, lo transforma en la estructura del sueño”».
Katie Fitzgerald, de Read-At-Home Mom, quien tomó una clase de «Escritura de libros infantiles» con Nancy en Vassar en el año 2000 comentó: «Esta era una clase donde las cosas extrañas y mágicas que nos sucedían de niños no solo se apreciaban, sino que se disfrutaban y se usaban como inspiración».
El ilustrador Richard Jesse Watson, tras el fallecimiento de Nancy, autorizó la publicación de sus condolencias: “Querida Nancy. Gracias por presentarme a tus ángeles. Por visitarme en mis sueños cuando las tormentas arreciaban. Gracias por enviarme todas esas cartas y tarjetas cuando intentaba que esos ángeles se calmaran. Trajiste la ligereza de las plumas a este mundo tan pesado. Y, ante nuestros propios ojos, nos mostraste cómo convertir las palabras en fuego y el dolor en historias. Tú, la jinete de tigres ardientes en los bosques de la noche, ‘¿Qué mano u ojo inmortal
se atrevió a crear tu temible simetría?’”

Enlaces de interés :
Fuente de la bio: https://www.poetryfoundation.org/poets/nancy-willard
The Nancy Willard and Eric Lindbloom Archives
https://www.nytimes.com/2017/03/06/books/nancy-willard-dead-author.html
Archivo vivo y espacio de exhibición : The Nancy Willard Archives.
Deja una respuesta