ندانی که ایران نشست منست
جهان سر به سر زیر دست منست
هنر نزد ایرانیان است و بس
ندادند شیر ژیان را بکس
همه ی یک دلانند یزدان شناس
به نیکی ندارند از بد هراس
چنین گفت موبد که مرد بنام
به از زنده دشمن بر او شاد کام
اگر کشت خواهد تو را روزگار
چه نیکو تر از مرگ در کار زار
همه ی روی یکسر بجنگ آوریم
جهان بر بد اندیش تنگ آوریم
¿Acaso no sabéis que Irán es mi morada?
El mundo entero está bajo mi dominio.
El arte pertenece a los iraníes, y con eso basta;
No cedieron la mayor parte a nadie.
Todos son de un mismo corazón, temerosos de Dios,
hacen el bien y no temen al mal.
Así habló el Mobed (sumo sacerdote) cuyo nombre era famoso:
Mejor es morir que vivir con un enemigo victorioso.
Si el tiempo quiere matarte,
¿Qué mejor que morir en el campo de batalla?
Luchemos todos unidos,
Hagamos que el malvado pensador se sienta cohibido.
(Poemas)

به یزدان چنین گفت کای دادگر
تو دادی مرا دانش و زور و فر
چو دیدار یابی به شاخ سخن
بدانی که دانش نیاید به بن
اگر چند بخشی ز گنج سخن
بر افشان که دانش نیاید به بن
Así le dijo el justo a Dios:
Me has dado conocimiento, fuerza y sabiduría
¿Como puedes acompañarme en medio de la tormenta?
Cuando alcanzas a vislumbrar la rama del conocimiento
Sabrás que el conocimiento no puede limitarse a una sola raíz.
Aunque compartas porciones del tesoro de la sabiduría,
debes saber que el conocimiento no puede limitarse a una simple raíz.

اگر دانشی مرد گوید سخن
تو بشنو که دانش نگردد کهن
به رنج اندر ار تنت را رواست
که خود رنج بردن به دانش سزاست
بیاموز و بشنو ز هر دانشی
بیابی ز هر دانشی رامشی
ز خورد و ز بخشش میاسای هیچ
همه ی دانش و داد دادن بسیچ
Si un sabio habla escucha,
pues el conocimiento no envejeze
Es justo sufrir en tu cuerpo
pues el sufrimiento mismo es digno de conocimiento
Aprende y escucha todas las ramas del saber
encontrarás una lección en cada una
No descuides el aprendizaje ni el perdón
todo conocimiento y generosidad son un deleite.

Descripción de Rudabeh
“De pies a cabeza se diría de marfil, su cara de paraíso, y es esbelta como la teca. Por su plateado cuerpo discurren los lazos negros de sus cabellos, que, al fin, son como una argolla de pie. Su cara es como la flor del granado, y de granate son sus labios. De ese blanco cuerpo emergen dos delicadas dunas. Sus dos ojos son como dos narcisos del jardín. El negro de sus pestañas, como la pluma de cuervo. Sus dos cejas, como dos hermosos arcos que han cubierto la piel con aroma de almizcle. Toda ella es un cielo lleno de tal belleza y gracias que despierta los anhelos.
(pag. 35) (Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí para el Libro de Bolsillo de Alianza Editorial).

Vaticinio de los astrólogos sobre la pareja Zal – Rudabeh y nacimiento de Rostam
“De esta pareja sagaz nacerá un hombre fuerte como un elefante, que será en todos y cada uno de los momentos de su vida un héroe. Con su espada dominará el mundo. Colocará el trono del rey por encima de las nubes. Cortará de raíz el mal, acabará con los perversos y en la tierra no quedará bajeza. Será la esperanza de los iranios, la alegría y la bienaventuranza de todos los héroes. Afortunado aquel en cuya época el mundo lo llame rey.”
(pag. 52)(Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí para el Libro de Bolsillo de Alianza Editorial).

Campo de batalla
“De ambas partes se elevó el sonido de trompas y tambores. El cielo era azul y la tierra oscura. Como los rayos que salen de una nube negra se veían fuegos despedidos por las espadas y mazas. El espacio se llenó de rojo, negro y violeta, de tantas lanzas y banderas como se agitaban. La tierra parecía el Mar Negro, con olas de mazas, dagas y espadas. Los caballos se movían veloces, como barcos en el agua, como si todos estuvieran mezclándose con las aguas. Era una lluvia de mazas contra las armaduras, y los cascos caían como las hojas del sauce azotadas por un viento otoñal.”
(pag. 173)(Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí para el Libro de Bolsillo de Alianza Editorial).

Los Shas de la Antigüedad
Kaiumers se sentó primero en el trono de Persia y fue amo del mundo. Fijó su residencia en las montañas y se vistió a sí mismo y a su pueblo con pieles de tigre, y de él surgieron toda la bondadosa crianza y el arte de la vestimenta, hasta entonces desconocidos. Hombres y bestias de todas partes de la tierra acudían a rendirle homenaje y recibir leyes de sus manos, y su gloria era como el sol. Entonces Ahriman
el Maligno, al ver cómo aumentaba el honor del Sha, sintió envidia y buscó usurpar la diadema del mundo. Así que ordenó a su hijo, un poderoso Deev, que reuniera un ejército para ir contra Kaiumers y su amado hijo Saiamuk y destruirlos por completo. Ahora bien, el Serosch, el ángel que defiende a los hombres de las trampas de los Deevs, y que cada noche da siete vueltas alrededor de la tierra para velar por los hijos de Ormuz, al enterarse de esto, se apareció como un Peri y advirtió a Kaiumers. Así, cuando Saiamuk partió al frente de sus guerreros para enfrentarse al ejército de Ahriman, supo que luchaba contra un Deev, y desplegó todas sus fuerzas. Pero el Deev era más poderoso que él, y lo venció y lo aplastó bajo sus manos.
Cuando Kaiumers oyó la noticia del duelo, se postró en tierra.
Durante un año lloró sin cesar, y su ejército lloró con él; sí, incluso las bestias salvajes y las aves del cielo se unieron al lamento. Y la tristeza reinó en la tierra, y el mundo entero se oscureció hasta que el Serosch ordenó al Sha que levantara la cabeza y pensara en la venganza. Y Kaiumers obedeció y ordenó a Husheng, hijo de Saiamuk: «Toma la delantera del ejército y marcha contra los Deevs». Y el Rey, debido a su avanzada edad, fue en la retaguardia. Ahora había Peris en el ejército; también tigres, leones, lobos y otras criaturas feroces, y cuando el Deev negro oyó sus rugidos, tembló de miedo. No pudo contenerse, y Husheng lo derrotó por completo. Entonces, cuando Kaiumers vio que su amado hijo había sido vengado, lo entregó a la muerte, y el mundo quedó vacío de él, y Husheng reinó en su lugar.
Husheng era un hombre sabio y justo, y los cielos giraron sobre su trono durante cuarenta años. Derramó justicia sobre la tierra, y el mundo prosperó gracias a su reinado. Pues primero dio a los hombres el fuego y les mostró cómo extraerlo de la piedra; y les enseñó cómo conducir los ríos, para que regaran la tierra y la hicieran fértil; y les ordenó cultivar y cosechar. Y dividió a los animales, los apareó y les puso nombres. Y cuando pasó a una vida más brillante, dejó el mundo vacío de un trono de poder. Pero Tahumers, su hijo, no era indigno de su progenitor. Él también abrió los ojos de los hombres, y aprendieron a hilar y tejer; y reinó sobre la tierra larga y poderosamente. Pero los dioses también le tenían envidia y buscaron destruirlo. Sin embargo, Tahumers los venció y los arrojó a la tierra. Entonces algunos imploraron clemencia y juraron que le enseñarían un arte si los perdonaba, y los Tahumers escucharon su voz. Y le enseñaron el arte de la escritura, y así, de los malvados Deevs, vino una bendición a la humanidad.
Sin embargo, cuando Tahumers se sentó en el trono dorado por espacio de treinta años, falleció, pero sus obras perduraron; y Jemshid, su glorioso hijo, cuyo corazón estaba lleno de los consejos de su padre, vino después de él.
Ahora Jemshid reinó sobre la tierra setecientos años, ceñido de poder, y Deevs, aves y Peris le obedecieron. Y el mundo fue más feliz por su causa, y él también se alegró, y la muerte era desconocida entre los hombres, quienes no sabían de dolor ni pena. Y primero dividió a los hombres en clases: sacerdotes, guerreros, artesanos y agricultores. Y el año también lo dividió en períodos. Y con la ayuda de los Deevs, realizó obras poderosas, y construyó Persépolis, que hasta el día de hoy se llama Tukht-e-Jemsheed, que traducido significa el trono de Jemshid. Entonces, cuando estas cosas se cumplieron, hombres acudieron de todos los rincones de la tierra alrededor de su trono para rendirle homenaje y ofrecerle ofrendas. Jemshid preparó un banquete y les ordenó celebrarlo, y lo llamó Neurouz, que es el Nuevo Día, y el pueblo de Persia lo celebra hasta hoy. Y el poder de Jemshid aumentó, y el mundo estaba en paz, y los hombres solo veían en él lo bueno. Entonces sucedió que el corazón de Jemshid se enorgulleció, y olvidó de dónde provenía su riqueza y la fuente de sus bendiciones. Solo se contempló a sí mismo en la tierra, y se autoproclamó Dios, y envió su imagen para ser adorada. Pero cuando habló así, los Mubids, que son astrólogos y sabios, inclinaron la cabeza con tristeza, y nadie supo cómo responder al Sha. Y Dios retiró su mano de Jemshid, y los reyes y los nobles se alzaron contra él, y expulsaron a sus guerreros de su corte, y Ahriman tenía poder sobre la tierra.
Ahora bien, en los desiertos de Arabia habitaba un rey llamado Mirtas, generoso y justo, y tenía un hijo, Zohak, a quien amaba. Y sucedió que Ahriman visitó el palacio disfrazado de noble y tentó a Zohak para que se apartara de los caminos de la virtud. Y le habló y le dijo: «Si me escuchas y haces un pacto, haré que tu cabeza se eleve por encima del sol».
Ahora bien, el joven era inocente y sencillo de corazón, y juró al Deev que le obedecería en todo. Entonces Ahriman le ordenó matar a su padre, «porque este anciano», dijo, «satura la tierra, y mientras viva, permanecerás en el anonimato». Al oír esto, Zohak se llenó de dolor y quiso romper su juramento, pero Ahriman no se lo permitió, sino que le obligó a tenderle una trampa a Mirtas. Zohak y el malvado Ahriman guardaron silencio, y Mirtas cayó en la trampa y murió. Entonces Zohak le colocó la corona de Thasis en la cabeza, y Ahriman le enseñó las artes de la magia, y gobernó a su pueblo en el bien y en el mal, pues aún no se había entregado por completo a la astucia. Entonces Ahriman imaginó una estratagema en su oscuro corazón. Tomó la forma de un joven y anheló servir al Rey como cocinero. Y Zohak, que no lo conocía, lo recibió bien y le concedió su petición, y le fueron entregadas las llaves de la cocina. Hasta entonces, los hombres se habían nutrido con hierbas, pero Ahriman preparó carne para Zohak. Le presentó nuevos platos, y el favor real se concedió a sus sabrosas carnes. Y la carne infundió al Rey coraje y fuerza como los de un león, y ordenó que trajeran a su cocinero ante él y le pidieran una bendición. Y el cocinero dijo: «Si el Rey se complace en su siervo, concédele que le bese los hombros».
Entonces Zohak, que no temía mal alguno, concedió la petición, y Ahriman lo besó en los hombros. Y cuando lo hizo, la tierra se abrió bajo sus pies y cubrió al cocinero, de modo que todos los presentes quedaron asombrados. Pero de su beso surgieron serpientes silbantes, venenosas y negras; Y el Rey tuvo miedo y deseó que las cortaran de raíz. Pero cada vez que las serpientes eran cortadas, volvían a crecer, y en vano los sabios y los médicos buscaban un remedio. Entonces Ahriman volvió disfrazado de erudito y fue llevado ante Zohak, quien habló diciendo: «Esta enfermedad no se puede curar, ni se pueden arrancar las serpientes. Preparadles alimento, por tanto, para que se alimenten, y dadles para su nutrición cerebros humanos, pues tal vez esto pueda destruirlas».
Pero en lo más profundo de su corazón, Ahrimán deseaba que el mundo quedara desolado; y a diario se alimentaban las serpientes, y el temor al Rey era grande en la tierra. El mundo se marchitó bajo su dominio, las costumbres de los buenos fueron olvidadas y los deseos de los malvados se cumplieron.
Ahora se difundió en Irán que en la tierra de Thasis reinaba un hombre poderoso y temible para sus enemigos. Entonces los reyes y nobles que se habían retirado de Jemshid por haberse rebelado contra Dios, se volvieron a Zohak y le suplicaron que fuera su gobernante, y lo proclamaron Sha. Y los ejércitos de Arabia y Persia marcharon contra Jemshid, y él huyó ante sus ojos. Durante doscientas cincuenta años nadie supo adónde había ido, pues se ocultó de la ira del Rey Serpiente. Pero con el tiempo, ya no pudo escapar de la furia de Zohak, cuyos sirvientes lo encontraron vagando por la costa de Catay, lo aserraron en dos y enviaron noticias a su señor. Y así perecieron el trono y el poder de Jemshid, como la hierba que se seca, porque se había vuelto orgulloso y se había ensoberbecido por encima de su Creador.
Así, el amado de Ahriman, Zohak la Serpiente, se sentó en el trono de Irán, el reino de la Luz. Y continuó acumulando mal sobre mal hasta que rebosó, y toda la tierra clamó contra él. Pero Zohak y sus consejeros, los Deevs, hicieron oídos sordos a este clamor, y el Sha reinó así durante mil años, y el vicio acechaba a la luz del día, pero la virtud permanecía oculta. Y la desesperación llenó todos los corazones, pues era como si la humanidad debiera perecer para calmar el apetito de aquellas serpientes surgidas del Mal, pues a diario dos hombres eran masacrados para satisfacer su deseo. Zohak no tuvo piedad de nadie. Y la oscuridad se extendió sobre la tierra a causa de su maldad.
Pero Ormuzd lo vio y se compadeció de su pueblo, y declaró que ya no sufrirían por el pecado de Jemshid. E hizo que Jemshid tuviera un nieto, y sus padres lo llamaron Feridoun.
Y sucedió que, al nacer, Zohak soñó que veía a un joven delgado como un ciprés, que se acercó a él portando una maza con cabeza de vaca, y con ella derribó a Zohak. Entonces el tirano despertó y tembló, y llamó a sus Mubids para que le interpretaran el sueño. Y se turbaron, pues previeron el peligro, y él los amenazó si le pronosticaban algo malo. Y guardaron silencio por miedo durante tres días, pero al cuarto, el que tuvo valor habló y dijo: «Se levantará uno llamado Feridoun, que heredará tu trono, cambiará tu suerte y te abatirá con una maza con cabeza de vaca».
Al oír estas palabras, Zohak se desmayó, y los Mubids huyeron ante su ira. Pero al recuperarse, ordenó que el mundo fuera destrozado por Feridoun.
Y desde entonces, Zohak se consumió de amargura, y no conoció ni descanso ni alegría.
Sucedió que la madre de Feridoun temía que el Sha matara al niño si se enteraba de que descendía de la raza de Jemshid. Así que lo escondió en el espeso bosque donde habitaba la maravillosa vaca Purmaieh, cuyo pelo era como las plumas de un pavo real por su belleza. Y rogó al guardián de Purmaieh que cuidara de su hijo, y durante tres años lo criaron en el bosque, y Purmaieh fue su nodriza. Pero cuando llegó el momento, la madre supo que las noticias de Purmaieh habían llegado a oídos de Zohak, y temió que encontrara a su hijo. Por lo tanto, lo llevó lejos, a la India, a un piadoso ermitaño que habitaba en el monte Alberz. Y rogó al ermitaño que protegiera a su hijo, quien estaba destinado a grandes hazañas. Y el ermitaño le concedió su petición. Y sucedió que, mientras ella residía con él, Zohak encontró al hermoso Purmaieh y supo de Feridoun, y al enterarse de que el niño había huido, se puso furioso como un elefante. Mató a la maravillosa vaca y a todos los seres vivos de los alrededores, y convirtió el bosque en un desierto. Luego continuó su búsqueda, pero no pudo obtener noticias ni vistas de Feridoun, y su corazón se llenó de angustia.
En este año, Zohak reforzó su ejército y exigió a su pueblo que certificara que siempre había sido un rey justo y noble. Y obedecieron por puro temor. Pero mientras juraban, se oyó a las puertas del Sha el grito de alguien que exigía justicia. Zohak ordenó que lo trajeran, y el hombre se presentó ante la asamblea de los nobles. Entonces Zohak abrió la boca y dijo: «Te ordeno que le des un nombre a quien te ha hecho daño». Y el hombre, al ver que era el Sha quien lo interrogaba, se golpeó la cabeza con las manos. Pero él respondió y dijo: «Soy Kawah, herrero y hombre intachable, y pido justicia, y es contra ti, oh Rey, contra quien clamo. Diecisiete hermosos hijos he llamado míos, pero solo me queda uno, pues sus hermanos fueron asesinados para calmar el hambre de tus serpientes, y ahora me han arrebatado también a este último hijo. Te ruego que lo perdones, y que no acumules tus crueldades sobre una tierra insoportable».
Y el Sha temió la ira de Kawah, al ver que era grande, y le concedió la vida de su hijo y trató de ganarlo con palabras suaves. Luego le rogó que también firmara el testimonio de que Zohak era un rey justo y noble. Pero Kawah gritó: «¡No, hombre malvado e innoble, aliado de los Deevs! No cederé ante esta mentira». Tomó la declaración, la rompió en fragmentos y los esparció por el aire. Y, hecho esto, salió del palacio a grandes zancadas, y todos los nobles y el pueblo quedaron atónitos, de modo que nadie se atrevió a levantar un dedo para detenerlo. Entonces Kawah fue al mercado y relató al pueblo todo lo que había visto, recordándoles las maldades de Zohak y los agravios que habían sufrido a manos suyas. Y los incitó a sacudirse el yugo de Ahriman. Y quitándose el delantal de cuero con el que los herreros se cubren las rodillas al martillar, lo alzó sobre la punta de una lanza y gritó: «Que este sea nuestro estandarte para marchar en busca de Feridoun y suplicarle que nos libre de las manos del Rey Serpiente».
Entonces el pueblo lanzó un grito de alegría y se reunió en torno a Kawah, y él los condujo fuera de la ciudad, portando en alto su estandarte. Y marcharon así durante muchos días hasta el palacio de Feridoun.
Estos acontecimientos ocurrieron en la tierra de Irán después de que transcurrieran ocho años sobre Feridoun. Y cuando se cumplió ese plazo, él descendió del Monte Alberz y buscó a su madre, preguntándole sobre su linaje. Ella le contó que descendía de la raza de Jemshid, y también de Zohak, y de sus malvadas acciones.
Entonces Feridoun dijo: «Arrancaré a este monstruo de la tierra, y su palacio lo reduciré a polvo».
Pero su madre habló y dijo: «No, hijo mío, no dejes que tu ira juvenil te traicione; ¿cómo podrás enfrentarte a todo el mundo?». Sin embargo, no por mucho tiempo sufrió que la dura tarea lo obstaculizara, pues pronto una poderosa multitud se dirigió al palacio, encabezada por alguien que llevaba un delantal levantado sobre una lanza. Entonces Feridoun supo que había llegado el socorro. Y tras escuchar a Kawah, se presentó ante su madre con el yelmo de los reyes sobre la cabeza, y le dijo: «Madre, voy a la guerra, y te corresponde a ti rogar a Dios por mi seguridad».
Entonces mandó que le fabricaran una poderosa maza y trazó su diseño en el suelo, cuya parte superior era la cabeza de una vaca, en memoria de Purmaieh, su nodriza. Después, revistió el estandarte de Kawah con ricos brocados de Roum y le colgó joyas. Y cuando todo estuvo listo, partieron hacia el oeste en busca de Zohak, pues desconocían que había ido a India en busca de Feridoun. Al llegar a Bagdad, a orillas del Tigris, se detuvieron, y Feridoun ordenó a los guardianes de la inundación que los condujeran al otro lado. Pero estos se negaron, diciendo que el Rey había ordenado que nadie pasara, salvo quienes llevaran el sello real. Al oír estas palabras, Feridoun se enfureció, y no le importó el caudal del río ni los peligros que acechaban en sus aguas. Se ciñó los lomos y se lanzó con su corcel a las aguas, seguido por todo el ejército. Lucharon con ahínco contra la impetuosa corriente, y parecía que las olas los arrastrarían. Pero sus valientes caballos superaron todos los peligros y llegaron sanos y salvos a la orilla. Entonces se volvieron hacia la ciudad que ahora se llama Jerusalén, pues allí se alzaba la gloriosa casa que Zohak había construido. Y al entrar en la ciudad, todo el pueblo se unió en torno a Feridoun, pues odiaban a Zohak y esperaban que Feridoun los liberara. Y él mató a los deevs que custodiaban el palacio y derribó el talismán maligno que estaba grabado en los muros. Luego subió al trono del idólatra y colocó la corona de Irán sobre su cabeza, y todo el pueblo se inclinó ante él y lo llamó Sha.
Cuando Zohak regresó de buscar a Feridoun y supo que estaba sentado en su trono, rodeó la ciudad con su ejército. Pero el ejército de Feridoun marchó contra él, y los deseos del pueblo los acompañaron. Y durante todo ese día cayeron ladrillos de los muros y piedras de las terrazas, y llovieron flechas y lanzas como granizo cayendo de una nube oscura, hasta que Feridoun venció el poder de Zohak. Entonces Feridoun alzó su maza con cabeza de vaca para matar al Rey Serpiente. Pero el bendito Serosch descendió y gritó: «¡No, no golpees, porque la hora de Zohak aún no ha llegado!». Entonces el Serosch ordenó al Sha que atara al usurpador, lo alejara de los hombres y lo sujetara a una roca.
Y Feridoun hizo lo que se le ordenó y condujo a Zohak al Monte Demawend. Lo ató a la roca con poderosas cadenas y clavos clavados en sus manos, y lo dejó morir en agonía. El sol abrasador brillaba sobre los áridos acantilados, y no había árboles ni arbustos que lo protegieran, y las cadenas se le clavaron en la carne, y su lengua se consumió de sed. Así, después de un tiempo, la tierra fue liberada de Zohak, el maligno, y Feridoun reinó en su lugar.

Feridoun
Quinientos años gobernó Feridoun el mundo, y el poder y la virtud aumentaron en la tierra, y durante toda su vida hizo el bien. Y vagó por todo el reino buscando lo abierto y lo oculto, y el mal fue corregido por sus manos. Con bondad frenó el dominio del mal. Ordenó el mundo como un paraíso, plantó el ciprés y la rosa donde había brotado la hierba silvestre.
Después de muchos años, le nacieron tres hijos, cuya madre era de la casa de Jemshid. Y los hijos eran de hermoso semblante, altos y fuertes, pero sus nombres eran desconocidos para los hombres, pues Feridoun no había probado sus corazones. Pero cuando vio que habían alcanzado la edad de fortaleza, los convocó a su trono y les ordenó que buscaran al rey de Yemen, quien tenía tres hijas, hermosas como la luna, para que las cortejaran. Y los hijos de Feridoun obedecieron la orden de su padre. Partieron hacia Yemen, y con ellos partió una hueste incontable como las estrellas. Y al llegar a Yemen, el Rey salió a recibirlos, y su cortejo era como el plumaje de un faisán. Entonces los hijos de Feridoun se hicieron con las hijas de Serv, rey de Yemen, y partieron con ellas a su tierra. Y Serv dio a sus nuevos hijos abundantes tesoros colocados sobre lomos de camellos, y también les dio paraguas en señal de realeza.
Y sucedió que cuando Feridoun supo que sus hijos regresaban, salió a su encuentro para probar sus corazones. Así que adoptó la forma de un dragón que echaba espuma por la boca con furia, y de cuyas fauces brotaban poderosas llamas. Y cuando sus hijos se acercaron al paso de la montaña, se abalanzó sobre ellos repentinamente, como un torbellino, y levantó una nube de polvo con sus retorcimientos, y su rugido llenó el aire de estruendo. Entonces se abalanzó sobre el primogénito, y el príncipe dejó su lanza y dijo: «Un hombre sabio y prudente no lucha con dragones». Y dio la espalda y huyó ante el monstruo, dejándolo caer sobre sus hermanos. Entonces el dragón se abalanzó sobre el segundo, y este dijo: «¿Debo luchar? ¿Qué importa si se trata de un león furioso o de un caballero valiente?». Así que tomó su arco y lo tensó. Pero el más joven se acercó a él y, al ver al dragón, le dijo: «¡Reptil, huye de nuestra presencia y no te pavonees en el camino de los leones! Si has oído el nombre de Feridoun, ten cuidado de no hacerlo, pues somos sus hijos, armados con lanzas y listos para la lucha. Abandona, pues, te aconsejo, tu mal camino, no sea que plante sobre tu cabeza la corona de la enemistad».
Entonces el glorioso Feridoun, tras haber puesto a prueba sus corazones, desapareció de su vista. Pero pronto regresó con el rostro de su padre, y muchos guerreros, elefantes y címbalos lo acompañaban. Feridoun llevaba en la mano la maza con cabeza de vaca, y el Kawanee, el delantal de Kawah, el estandarte real, ondeaba sobre su cabeza. Cuando los hijos vieron a su padre, descendieron de sus monturas y corrieron a saludarlo, besando el suelo a sus pies. Los címbalos resonaron, las trompetas resonaron y se oyeron gritos de júbilo. Entonces Feridoun levantó a sus hijos, les besó la frente y les rindió honores según su deber. Y cuando llegaron a la casa real, oró a Dios para que bendijera a su descendencia, y llamándolos a su alrededor, los sentó en tronos de esplendor. Entonces abrió la boca y les dijo: «Oh, hijos míos, escuchen las palabras que les diré. El dragón furioso, cuyo aliento era peligro, no era más que su padre, quien buscó probar sus corazones y, tras aprenderlos, cedió con alegría. Pero ahora les daré nombres apropiados para los hombres.
El primogénito se llamará Silim (¡que se cumplan tus deseos en el mundo!), porque buscaste salvarte de las garras del dragón, y no vacilaste en la hora de la huida. A un hombre que no huye ni ante un elefante ni ante un león, llámalo más temerario que valiente. Y al segundo, que desde el principio demostró su coraje, ardiente como una llama, lo llamaré Tur, el valiente, a quien ni siquiera un elefante enloquecido puede intimidar. Pero el más joven es un hombre prudente y valiente, que sabe apresurarse y demorarse; eligió el punto medio. La llama y la tierra, como corresponde a un hombre de consejo, y ha demostrado ser valiente, prudente y audaz. Se le llamará Irij, para que la puerta del poder sea su meta, pues primero mostró gentileza, pero su valentía brotó a la hora del peligro.
Cuando Feridoun abrió así sus labios, pidió el libro donde están escritas las estrellas y buscó los planetas de sus hijos. Y descubrió que Júpiter reinaba en el signo del Arquero en la casa de Silim, y el sol en el del León en la de Tur, pero en la casa de Irij reinaba la luna en el Escorpión. Y al ver esto, se entristeció, pues sabía que a Irij le aguardaban dolor y calamidad. Entonces, tras leer los secretos del Destino, Feridoun dividió el mundo y entregó las tres partes a sus hijos en soberanía. Rum y Khaver, que son las tierras del sol poniente, le dio a Silim. A Tur le dio Turan y Turkestán, y lo hizo señor de los turcos y de China, pero a Irij le dio Irán, con el trono del poder y la corona de la supremacía.
Durante muchos años, los hijos de Feridoun se habían sentado en sus tronos dorados en felicidad y paz, pero el mal se ocultaba en el seno del Destino. Pues Feridoun había envejecido, y su fuerza se inclinaba hacia la tumba. Y a medida que su vida se desvanecía, las malas pasiones de sus hijos se intensificaban. El corazón de Silim cambió, y sus deseos se volvieron hacia el mal; su alma también estaba sumida en la codicia. Y reflexionó en su espíritu sobre la separación de las tierras, y se rebeló ante ello en sus pensamientos, porque el más joven ostentaba la corona de la supremacía. Entonces ordenó a un mensajero que lo montara en un dromedario de pies ligeros y llevara esto a Tur: «Oh, rey de Turan, tu hermano te saluda, y que tus días sean largos en la tierra. Dime, te lo ruego, pues tienes poder y sabiduría, si debemos permanecer así siempre satisfechos, pues ciertamente a nosotros, no a Irij, nos pertenece el trono de Irán, pero ahora nuestro hermano está por encima de nosotros, ¿y no deberíamos luchar contra la injusticia de nuestro padre?». Cuando Tur escuchó estas palabras, sintió un tremendo dolor en la cabeza y le dijo al mensajero: «Dile a tu señor: «Oh, hermano mío, lleno de valor, ya que nuestro padre nos engañó cuando éramos jóvenes y sin astucia, con sus propias manos plantó un árbol del que debe brotar sangre y hojas venenosas. Reunámonos, pues, y deliberaremos juntos sobre cómo librarnos de nuestro mal destino».
Al oír esto, Silim partió de Roum, y Tur también abandonó China, y se reunieron para deliberar sobre cómo actuar. Entonces enviaron un mensajero a Feridoun el glorioso, y le dijeron:
“Oh Rey, anciano y grande, ¿no temes volver a casa con tu Dios? Porque has cometido maldad e injusticia has dejado tras de ti. Has repartido tu reino con iniquidad y has tratado con desprecio a tu primogénito.
Pero nosotros, tus hijos, te rogamos que antes de que sea demasiado tarde escuches nuestra voz.
Ordena a Irij que descienda del trono de Irán y lo escondas en algún rincón de la tierra, para que sea débil y olvidado como nosotros. Pero si no cumples nuestra orden, traeremos jinetes de Turkestán y Khaver llenos de venganza, y destruiremos por completo a Irij y la tierra de Irán”.
Cuando Feridoun escuchó estas duras palabras, se enfureció y dijo de inmediato:
Hablad a estos hombres, insensatos e impuros, estos hijos de Ahriman, perversos de corazón, y decidles: «Feridoun se alegra de que hayan expuesto sus corazones ante él, pues ahora sabe qué clase de hombres son. Y os responde que ha repartido su reino con equidad. Buscó a muchos consejeros, y día y noche lo meditaron, y dieron a cada uno lo que mejor les pareció. Y ahora os dirige una palabra que os pide que atesoréis en vuestros corazones: «Como sembréis, así cosecharéis, pues hay para nosotros otro, un hogar eterno». Y esta es la advertencia que os envió un anciano: quien traiciona a su hermano por avaricia no es digno de provenir de una raza noble. Así que rogad a Dios que aparte vuestros corazones del mal.
Al oír estas palabras, el mensajero partió. Entonces Feridoun llamó a Irij ante él y le advirtió contra la astucia de sus hermanos, y le ordenó que preparara un ejército y saliera a su encuentro. Pero Irij, al enterarse de los malos pensamientos de sus hermanos, se conmovió y dijo: «No, oh padre mío, no permitas que salga solo a hablar con mis hermanos, para calmar la ira que sienten contra mí. Les suplicaré que no depositen su confianza en la gloria de este mundo, y les recordaré el nombre de Jemshid, y cómo su fin fue malo porque se enalteció en su corazón». Entonces Feridoun respondió y dijo: «Ve, hijo mío, si tal es tu deseo.
El deseo de tus hermanos es la guerra, pero tú buscas los caminos de la paz. Sin embargo, te ruego que lleves contigo caballeros dignos y regreses a mí pronto, pues mi vida está arraigada en tu felicidad».
Y le dio una carta firmada con su sello real para que la llevara a los reyes de Rum y China. Y Feridoun escribió que era anciano y que no deseaba ni oro ni tesoros, salvo que sus hijos se unieran.
Y les encomendó a su hijo menor, quien había descendido de su trono y había salido a recibirlos con paz en su corazón.
Cuando Irij llegó al lugar donde acampaban sus hermanos, el ejército lo vio y se llenó de asombro ante su belleza y su figura regia, y murmuraron entre sí, diciendo: «Seguramente solo este es digno de llevar el cetro». Pero cuando Silim y Tur oyeron este murmullo, su ira se agudizó y se retiraron a sus tiendas, y durante toda la noche deliberaron sobre cómo hacerle daño a su hermano. Cuando se levantó la cortina que ocultaba el sol, los hermanos salieron a las tiendas de Irij. Irij quiso saludarlos, pero no se lo permitieron, sino que inmediatamente comenzaron a interrogarlo y a amontonarle reproches.
Y Tur dijo:
«¿Por qué te has ensalzado por encima de nosotros? ¿Es justo que tus mayores se inclinen ante ti?»
Cuando Irij oyó sus palabras, respondió: «Oh, reyes ávidos de poder, les digo que si desean la felicidad, busquen la paz. No codicio ni la corona real ni las huestes de Irán; el poder que termina en discordia es un honor que lleva al llanto. Y renunciaré al trono de Irán si esto fomenta la paz entre nosotros, pues no anhelo poseer el mundo si se sienten afligidos por su presencia. Porque soy humilde de corazón, y mi fe me impulsa a ser bondadoso». Tur oyó estas palabras, pero no ablandaron su espíritu, pues solo conocía el mal y desconocía que Irij decía la verdad. Y, furioso, tomó la silla en la que estaba sentado y se la arrojó a su hermano. Entonces Irij imploró clemencia, diciendo: «Oh Rey, ¿no temes a Dios ni sientes compasión por tu padre? Te ruego que no me destruyas, no sea que Dios venga mi sangre. Que no se diga que tú, que tienes vida, le quitas ese don a otros. No hagas este mal. No aplastes ni siquiera a la pequeña hormiga que da un grano de maíz, pues ella tiene vida, y la dulce vida es una bendición. Desapareceré de tu vista, viviré en soledad y secreto, si me concedes que aún pueda contemplar el sol».
Pero estas palabras enfurecieron aún más a Tur, quien sacó de su bota una daga envenenada y afilada, y la clavó en el pecho de Irij, el cedro real. Y el joven señor del mundo palideció y murió. Entonces Tur cortó la cabeza del tronco, la llenó de almizcle y ámbar gris y se la envió a su padre, el anciano que había partido del mundo, diciendo: «Contempla la cabeza de tu amado, dale ahora la corona y el trono».
Y tras cometer esta maldad, los hermanos recogieron sus tiendas y regresaron a las tierras de Roum y Catay.
Feridoun mantenía la mirada fija en el camino por el que Irij se había ido, y su corazón lo anhelaba. Y al oír que había llegado el momento de su regreso, ordenó a un ejército que saliera a su encuentro, y él mismo partió en su busca. Cuando se habían alejado un poco, vieron una imponente nube de polvo en el cielo. La nube se acercó, y de ella salió un dromedario sobre el cual iba sentado un caballero vestido con la ropa del dolor. Llevaba en sus brazos un cofre de oro, y en el cofre había ricas telas de seda, y en las telas estaba envuelta la cabeza de Irij. Cuando Feridoun contempló el rostro del mensajero, su corazón se llenó de miedo, pero al ver la cabeza de su hijo, cayó del caballo con tristeza. Entonces un grito de lamentación rasgó el aire, y el ejército gritó de dolor, y las banderas se rasgaron, y los tambores se rompieron, y los elefantes y címbalos adornaron los colores del luto, porque ese Irij había partido del mundo.
Y Feridoun regresó a pie a la ciudad, y todos los nobles lo acompañaron, y desandaron sus pasos entre el polvo. Al llegar al jardín de Irij, Feridoun, abatido por la tristeza, apretó contra su pecho la cabeza del joven rey, su hijo. Arrojó tierra negra sobre su trono, se arrancó el cabello y derramó lágrimas, y sus llantos se elevaron hasta la séptima esfera. Y habló con dolor y dijo: «¡Oh, Señor del mundo, que impartes justicia, te ruego que mires a este inocente a quien sus hermanos han asesinado vilmente! Quema sus corazones para que la alegría no entre, y concédeme mi oración. Permite que viva hasta que un héroe, un guerrero poderoso para vengar, surja de la descendencia de Irij. Entonces, cuando haya contemplado su rostro, me iré como me corresponde y la tierra cubrirá mi cuerpo».
Así lloró Feridoun con la amargura de su alma; no buscaba consuelo día ni noche, ni abandonaba el jardín de su hijo. La tierra era su lecho y el polvo su lecho, y regaba la tierra con sus lágrimas. Descansó en este lugar hasta que la hierba creció sobre su pecho, y sus ojos se cegaron de llanto. Sin embargo, su lengua no cesaba de lamentarse ni su corazón de tristeza. Y gritaba continuamente: «¡Oh, Irij, oh, hijo mío, hijo mío, ningún príncipe murió como el tuyo! Ahriman te cortó la cabeza, los leones desgarraron tu cuerpo».
Así lloró Feridoun, y la voz del lamento se extendió por todas partes.
Entonces, después de muchos años, Feridoun recordó a la hija de Irij, y cómo los hombres decían que era hermosa. Y la buscó en casa de las mujeres; Y cuando supo que era realmente hermosa, deseó encontrarle un esposo y la casó con Pescheng, un héroe de la raza de los Jemshid. Y les nació un hijo hermoso y fuerte, digno del trono. Y cuando era aún un tierno bebé, lo llevaron ante Feridoun y exclamaron: «¡Oh, Señor de la tierra, que tu alma se regocije, contempla a este Irij!».
Entonces los labios de Feridoun se llenaron de sonrisas, y tomó al niño en brazos y clamó a Dios: «¡Oh, Dios, concédeme que me sea devuelta la vista, para que pueda contemplar el rostro de este bebé!».
Y mientras oraba, sus ojos se abrieron y su vista se posó en su hijo.
Entonces Feridoun dio gracias a Dios. E invocó bendiciones sobre el niño y oró para que el día también fuera bendecido y que el corazón de sus enemigos se desgarrara de angustia. Y lo llamó Minuchihr, diciendo: «Una rama digna de un noble linaje ha dado fruto». Y el niño fue criado en la casa de Feridoun, y no sufrió que le sobreviniera ningún mal, y aunque los años pasaron sobre su cabeza, las estrellas no le trajeron ningún mal. Y cuando llegó a la madurez, Feridoun le dio a Minuchihr un trono de oro, una maza, una corona de joyas y la llave de todos sus tesoros. Entonces ordenó a sus nobles que le rindieran reverencia y lo saludaran como rey. Y se reunieron alrededor del trono Karun, hijo de Kawah, y Serv, rey de Yemen, y Guerschasp el victorioso, y muchos otros príncipes poderosos incontables. Pero el joven Sha los eclipsó en fuerza y belleza, y la alegría volvió a reinar en la tierra.
Pero las noticias del esplendor que rodeaba a Feridoun llegaron hasta las tierras de Roum y China, y sus reyes se sintieron turbados y abatidos. Entonces deliberaron sobre cómo recuperar el favor del Sha, pues temían a Minuchihr cuando alcanzara años de poder. Así que enviaron un mensajero a Feridoun con ricos regalos y le pidieron que hablara con su padre y le dijera: «Oh Shah, vive para siempre. Traigo un mensaje del más humilde de tus esclavos, quienes, postrados en tierra con contrición, no se han atrevido a presentarse ante ti. Y te ruegan que perdones su maldad, pues sus corazones son buenos, y no lo hicieron por sí mismos, sino porque estaba escrito que harían esta maldad, y lo que está escrito en las estrellas sin duda se ha cumplido. Y por eso, oh Rey, sus ojos se llenan de lágrimas y te ruegan que les prestes atención. Y como señal de tu gracia, envíales a tu hijo Minuchihr, pues sus corazones anhelan contemplar su rostro y rendirle homenaje». Cuando Feridoun escuchó las palabras de sus hijos, frunció el ceño con ira, pues sabía que solo buscaban engañarlo.
Y le dijo al mensajero: “Ve, diles a tus amos que sus palabras engañosas no les servirán de nada. Y pregúntales si no les da vergüenza pronunciar palabras blancas con lenguas de negrura. He escuchado su mensaje, escucha ahora la respuesta que te envío. Me dices que deseas el amor de Minuchihr, y yo te pregunto: ¿Qué hiciste por Irij? Y ahora que te has librado de él, buscas la sangre de su hijo. En verdad te digo que nunca volverás a mirarlo a la cara, salvo cuando lidere un poderoso ejército. Entonces serán regadas con sangre las hojas y los frutos del árbol que brota de la venganza debida. Porque hasta el día de hoy la venganza ha dormido, desde que me correspondió no extender mi mano en la batalla contra mis hijos; pero ahora ha brotado una rama del árbol que el 17 Enemigo desarraigado, y vendrá como un león furioso, ceñido con la venganza de su progenitor. Y os digo: recuperad los tesoros que me habéis enviado, pues ¿pensáis que por juguetes de colores abandonaré mi venganza y borraré por baratijas la sangre que habéis derramado, o venderé por oro la cabeza de mi descendencia? Y decid una vez más que mientras viva el padre de Irij no abandonará su propósito. Y ahora que habéis escuchado mi mensaje, guárdalo en vuestro corazón y salid de aquí cuanto antes.
Al oír estas palabras, el mensajero partió a toda prisa. Y al llegar a Silim y Tur, les contó cómo había visto a Minuchihr sentado en un trono de oro, y cómo su fuerza era comparable a la de Tahumers, que había dominado a los Deevs. Y contó cómo lo rodeaban héroes con nombres que maravillaban al mundo: Kawah el herrero, Karun su hijo, Serv, el rey de Yemen, y el siguiente en poder después del Sha era Saum, hijo de Neriman, el invicto en la lucha, y Guerschasp el victorioso, su tesorero. Luego habló de los tesoros que llenaban la casa de Feridoun y del gran ejército, tan numeroso que los hombres de Roum y China no pudieron hacerles frente. Y contó cómo sus corazones estaban llenos de odio hacia los reyes a causa de Irij. Los reyes, al oír esto y el mensaje de su padre, temblaron de miedo. Y Tur le dijo a Silim: «De ahora en adelante debemos renunciar al placer, pues nos corresponde apresurarnos y no esperar hasta que los dientes de este joven león se afilen y crezca alto y fuerte».
Entonces prepararon sus ejércitos, y el número de sus hombres era incontable. Yelmo a yelmo se unía, lanza a lanza, y joyas, bagajes y elefantes incontables iban con ellos, y se habría dicho que era una hueste incomprensible. Y marcharon de Turan a Irán, y los dos reyes cabalgaban delante de ellos, con el corazón lleno de odio.
Pero la estrella de estos malvados se hundía. Porque Feridoun, al enterarse de que un ejército había cruzado el Jihun, llamó a su hijo Minuchihr y le ordenó que se pusiera al frente de los guerreros. Y el ejército del Sha era imponente, grande y fuerte, y cubría la tierra como una nube de langostas. Marcharon desde Temmische hacia el desierto, y Minuchihr los comandaba con poder. A su derecha cabalgaba Karun el Vengador, y a su izquierda Saum, hijo de Neriman, y sobre sus cabezas ondeaba la bandera de Kawah, y sus armaduras brillaban al sol. Como un león que sale de la selva para atrapar a su presa, así se lanzó este ejército para vengar la muerte de Irij. Y la cabeza de Minuchihr se alzó por encima del resto como la luna o el sol cuando brilla sobre las montañas. Y los exhortó con palabras de fuego a que no descansaran ni se cansaran hasta que hubieran quebrantado el poder de estos hijos de Ahriman.
Tur y Silim, al ver que los iraníes habían salido contra ellos, organizaron su ejército. Y cuando el día desgarró la noche, los dos ejércitos se enfrentaron en batalla, y la lucha se prolongó con fiereza hasta la puesta del sol. La tierra era un mar de sangre, y las patas de los elefantes eran como columnas de coral. Y cuando el sol se puso en su ocaso, Tur y Silim consultaron cómo podrían apoderarse de Minuchihr mediante engaño, pues vieron que su brazo era fuerte y su coraje inquebrantable. Así que Tur partió al frente de un pequeño grupo para sorprenderlo en sus tiendas. Pero Minuchihr, consciente de sus malvados planes, se abalanzó sobre él. Y cuando Tur iba a huir, Minuchihr lo siguió y le clavó una lanza en la espalda. Y tras matarlo, le cortó la cabeza del tronco, y entregó el cuerpo a las fieras, pero envió la cabeza a Feridoun. Le escribió un saludo y le contó todo lo sucedido, y cómo no debía descansar ni demorarse hasta que la muerte de Irij fuera vengada.
Silim, al enterarse del destino de su hermano, sintió un gran temor y buscó un aliado a su alrededor. Y llegó a él Kakoui, de la estirpe de Zohak.
Pero Minuchihr luchó con él durante una mañana y también lo venció, a pesar de que el Deev era fuerte y poderoso en la lucha. Entonces Silim se sintió aún más abatido, y trató de esconderlo a la orilla del mar. Pero Minuchihr le cortó el paso y lo alcanzó, y con su propia mano lo mató, decapitando al tronco. Y levantó la cabeza sobre su lanza. Y cuando el ejército de Silim vio esto, huyeron a las colinas y desaparecieron como ganado al que la nieve ha expulsado de sus pastos. Entonces, deliberaron y eligieron a un hombre de entre ellos, uno prudente y de palabras amables. Y le ordenaron que se presentara ante el Sha y dijera: «Ten piedad de nosotros, oh Sha, pues ni el odio ni la venganza nos impulsaron a ir contra ti, sino solo esto: que obedecimos la voluntad de nuestros señores. Pero nosotros mismos somos hombres pacíficos, labradores de la tierra y pastores, y te rogamos que nos permitas regresar sanos y salvos a nuestro lugar de origen. Y te reconocemos como nuestro Sha, y te rogamos que hagas saber a tus siervos tus deseos». Al oír estas palabras, Minuchihr habló y dijo: «No deseo a estos hombres, ni anhelo sangre, sino misericordia. Que cada uno deponga las armas y siga su camino, y que la paz reine en la tierra y la alegría los acompañe».
Al oír esto, los hombres alabaron al Sha e invocaron bendiciones sobre su cabeza. Se presentaron ante él, cada uno portando su armadura y las armas de batalla. Las depositaron a sus pies, y de las armas se alzó una imponente montaña, cuyo acero azul resplandeció al sol. Entonces Minuchihr los despidió con gracia. Cuando el ejército se dispersó, envió un mensajero a Feridoun con la cabeza de Silim y un escrito. Y tras ordenarlo todo, partió al frente de sus guerreros hacia la ciudad de Feridoun. Su abuelo salió a recibirlo, y con él llegaron muchos elefantes envueltos en oro, guerreros ataviados con ricos atuendos y una gran multitud vestida con ropas de brillantes colores. Las banderas ondeaban sobre ellos, las trompetas bramaban, los címbalos resonaban y el regocijo llenaba el aire. Pero cuando Minuchihr vio que su abuelo venía hacia él, se bajó del caballo y corrió a su encuentro, postrándose a sus pies y pidiendo su bendición. Feridoun bendijo a Minuchihr y lo levantó del polvo. Le ordenó que volviera a montar en su caballo y lo tomó de la mano, y entraron triunfantes en la ciudad. Cuando llegaron a la casa del rey, Feridoun sentó a Minuchihr en un trono de oro. Entonces llamó a Saum, hijo de Neriman, y le dijo: «Te ruego que críes a este joven, lo alimentes para el reino y lo ayudes con tu fuerza y tu mente». Y tomó la mano de Minuchihr y la puso en la de Saum, y dijo: «Gracias a Dios, el misericordioso, que ha escuchado mi voz y ha concedido los deseos de su siervo. Porque ahora me iré, y el mundo no será una carga para mí».
Luego, tras entregar los regalos a sus siervos, se retiró a la soledad y contempló sin cesar las cabezas de sus hijos, sin dejar de lamentar su mal destino y el dolor que le habían acarreado. Y cada día se desvanecía más, y finalmente la luz de su vida expiró, y Feridoun desapareció de la tierra, pero su nombre permaneció tras él. Y Minuchihr lamentó a su abuelo con llanto y lamentación, y erigió sobre él una majestuosa tumba. Pero cuando terminaron los siete días de luto, se puso sobre la cabeza la corona de los Kaiánidas y ciñó sus lomos con un cinturón rojo de poder. Y la nación lo llamó Sha, y fue amado en la tierra.

Hakim Abol-Qasem Ferdousí-e Tusí (en persa: حکیم ابوالقاسم فردوسی توسی)normalmente abreviado como Ferdowsi, Ferdousí o Firdawsi (Tus, antigua Persia, hoy Irán, 935-Mazandarán, antigua Persia, Iran, 1020). Poeta . Es considerado el escritor más importante de la lengua persa y uno de los más célebres de la literatura universal. Es universalmente conocido por ser el autor del inmortal Shāhnāmé o Libro de los Reyes, epopeya nacional de Persia, hoy Irán, y la mayor epopeya jamás escrita por un solo autor. Llamado «El Señor de la Palabra».
Ferdowsi nació en el seno de una familia de ricos nobles terratenientes iraníes (dehqans) en el año 940 en la aldea de Paj, cerca de la ciudad de Tus, en la región del Jorasán del Imperio Samaní, situada en la actual provincia de Razavi Jorasán del noreste de Irán.
Poco se sabe sobre los primeros años de la vida de Ferdowsi. Se carece de datos sobre la educación de Ferdowsi. A juzgar por el Shahnameh, no hay pruebas de que conociera ni el árabe ni el pahlavi.
El poeta tuvo una esposa, que probablemente sabía leer y escribir y procedía de la misma clase dehqan. Tuvo un hijo, que murió a los 37 años y al que el poeta lloró en una elegía que incluyó en el Shahnameh.
Abu Mansur Muhammad, dehqan y gobernador de Tus, había ordenado a su ministro Abu Mansur Mamari que invitara a varios eruditos locales a compilar un Shahnameh («Libro de los reyes») en prosa, que se terminó en 1010. Aunque ya no se conserva, Ferdowsi lo utilizó como una de las fuentes de su epopeya Shahnameh.
Ferdowsi recibió el generoso patrocinio del príncipe samánida Mansur y completó la primera versión del Shahnameh en 994. Cuando los turcos gaznávidas derrocaron a los samánidas a finales de la década de 990, Ferdowsi continuó trabajando en el poema, reescribiendo secciones para alabar al gaznávida Sultán Mahmud. Se cuenta que cuando Ferdowsi apareció en la corte del gran sultán Mahmud de Gazni no fue bien recibido, ya que alababa a una dinastía que no era la suya y del pasado, algo políticamente incorrecto. El héroe del poema Rostam es persa, noble; el sultán era de origen humilde y no se podía identificar con él, con su linaje, con sus costumbres, con su lengua; además, los turanios (turcos de Asia Central) quedaban en mal lugar en la obra, y aunque el sultán le prometió a Ferdowsi un dinar de oro por cada verso (60 000), al pagar le dio un dírham de plata por cada verso; ofendido el poeta, salió del palacio y según la leyenda dio todo el dinero a un vendedor ambulante. Para colmo el sultán era suní y Ferdousí chiita; el poeta dedicó al sultán versos burlescos sobre su origen humilde de hijo de cocinero de la corte samaní. Temeroso de que se enterara, huyó a Herat y unos meses después a Tus, y de allí a Mazandarán. En esta última provincia fue donde encontró a un mecenas en el rey local de la región, Shariyar, que sí era persa, aunque le pidió que destruyera sus versos satíricos contra el sultán.
El trabajo de recuperar todo el pasado, historia, mitos y leyendas de Irán en esta gigantesca epopeya le absorbió durante treinta años y tanto que descuidó sus quehaceres como terrateniente y se vio abocado a vender muchas de sus tierras. Las últimas secciones del Shahnameh tienen pasajes que revelan los estados de ánimo fluctuantes de Ferdowsi: en algunos se queja de la vejez, la pobreza, la enfermedad y la muerte de su hijo; en otros, parece más feliz.
Ferdowsi terminó su epopeya el 8 de marzo de 1010. No se sabe prácticamente nada con certeza sobre la última década de su vida.
Se desconoce la fecha exacta de su muerte, que pudo acontecer entre 1020 y 1025. Una fuente de mediados del siglo XII afirmaba que se le había negado el entierro en el cementerio musulmán por ser un «hereje». En efecto, Ferdowsi fue enterrado en la finca familiar, donde actualmente se encuentra su mausoleo, construido en 1925.
Ferdowsi mantuvo la pureza de la lengua persa en la cual escribió sus obras y aunque se islamizó, no arabizó sus costumbres ni su lengua: los dehqans en particular guardaban más estrechamente que el pueblo las antiguas tradiciones orales, los mitos y leyendas persas antiguos. Ferdowsi supo aprovechar esta circunstancia para escribir su epopeya y elaborar un monumento literario con lo que vio que se estaba empezando a perder. Aprovechó el trabajo de los poetas épicos de la generación anterior, como el del bardo de la corte samaní y poeta zoroastriano Daqiqi, autor de una obra inacabada, y la prosiguió, de forma que esos mil versos más o menos quedaron incorporados a su gran epopeya Shāhnāmé, que cuenta con 60 000 y es la epopeya más larga de la literatura tras el Mahabharata.
Algunos expertos creen que la principal razón por la que hoy el Idioma persa es más o menos el mismo lenguaje que el de la época de Ferdowsi, hace 1000 años, se debe a la existencia de obras como el Shâhnameh de Ferdowsi el cual ha ejercido una influencia cultural y lingüística profunda y duradera. En otra palabras, el Shâhnameh en sí mismo se ha convertido en uno de las principales pilares del lenguaje persa moderno. El estudio de la obra maestra de Ferdowsi convirtió en un requisito para alcanzar maestría en el dominio de la lengua persa por parte de los poetas que le sucedieron, lo cual queda demostrado por las numerosas referencias que hacen al Shâhnameh en sus obras.
Cada 15 de mayo, Irán celebra el Día de la Preservación de la Lengua Persa, una fecha consagrada a honrar el legado del gran poeta Ferdowsi, considerado el salvador de la identidad cultural iraní y el padre de la poesía épica persa.
Cuando se le preguntó a un destacado historiador egipcio por qué la gran mayoría de los egipcios, herederos de una gran civilización preislámica, hablan árabe en lugar de copto, el historiador respondió: «Porque no tuvimos a Ferdowsi».

Shâhnameh
El Shâhnameh relata la historia de Irán, comenzando con la creación del mundo y la introducción de las artes de la civilización (el fuego, el cocinar, la metalurgia, la ley) a los Arios – pueblos iranios y concluye con la conquista de Persia por los árabes dentro del esquema de los reinados de cincuenta reyes, desde el primer hombre-rey Garyumerth al último soberano histórico sasánida, Yezdegerd III, bajo el cual se derrumbó el estado nacional iránico, que quedó bajo el dominio de los árabes y el Islam. La epopeya irania que relata el Shâhnameh (Libro de los Reyes) de Firdusi abarca, como ha señalado el orientalista francés Henri Massé, «cuatro dinastías de monarcas anteriores al Islam : los reyes justicieros(pishdadianos),los reyes Kayánidas(palabra derivada del antiguo iranio Kavi, monarca),los Ashkánidas(también llamados los Arsácidas)y los Sasánidas.
La obra no es estrictamente cronológica, aunque existe un cierto flujo de acontecimientos a través del tiempo. Algunos de los personajes viven por cientos de años (al igual que algunos de los personajes de la Biblia), pero la mayoría viven vidas de duración normal. Hay muchos shāhs que aparecen y se eclipsan, al igual que héroes y villanos, que también transcurren por los relatos. Las únicas imágenes que subsisten a lo largo de la obra son las del Gran Irán, y una sucesión de amaneceres y puestas de sol, ninguna de las cuales es exactamente igual a la otra, y que ilustran el paso del tiempo.
El Padre Tiempo, una imagen símil a Saturno, es un recordatorio de la tragedia de la muerte y la pérdida, a la que le sucede un nuevo amanecer, trayendo consigo la esperanza de un nuevo día. En el primer ciclo de la creación, la maldad es externa (el demonio). En el segundo ciclo, se observa el comienzo del odio familiar, el mal comportamiento, y la maldad penetrando la naturaleza humana. Los dos hijos mayores del Shāh Fereydūn siente avaricia y envidia hacia su hermano más joven el cual es inocente y, pensando que su padre lo favorece a él, lo matan. El hijo del príncipe asesinado venga la muerte de su padre, y todos se ven inmersos en un sangriento ciclo de muerte y venganza.
En el tercer ciclo, se presentan una serie de shahs con debilidades y fallas. Hay una historia como la de Fedra en la mitología griega del Shāh Kay Kāūs, su esposa Sūdāba, y su pasión y rechazo por su hijastro, Sīyāvash.
En el próximo ciclo, todos los personajes son egoístas y malvados. Esta épica es la más oscura de todas las épicas, mucha de la cual posee algún tipo de resolución y catarsis. Este tono parecería ser reflexivo de dos temas: la conquista de Persia por los árabes, y los últimos días del zoroastrismo persa. La religión antigua está plagada de herejías, y de alguna forma la visión optimista de Zoroastro sobre la habilidad del hombre para elegir le ha dado la espalda a la vida y al mundo. Aquí hay abundancia de mala suerte y malhadado destino.
Es en la caracterización de las numerosas figuras de la obra, tanto masculinas como femeninas, donde se manifiesta la visión de Zoroastro sobre la condición humana. Zoroastro enfatiza el libre albedrío de los humanos. Todos los personajes de Ferdousí son complejos. Ninguno es un arquetipo o una marioneta. Los mejores personajes poseen fallas, y los peores tienen destellos de humanidad.
El Shâhnameh contiene 62 historias, 990 capítulos, con un total de 60 000 versos acoplados, por lo que su extensión es siete veces mayor que la de la Ilíada de Homero, y aproximadamente doce veces el tamaño del poema alemán Cantar de los nibelungos.
Existen varias traducciones al inglés, casi todas resumidas. En 1925, los hermanos Arthur y Edmond Warner publicaron la obra completa en nueve volúmenes.
En español gracias al esfuerzo de los traductores Clara Janés y Ahmad Taheri podemos disfrutar de los capítulos dedicados a Zal, Rostam y Sohrab, los más populares entre los lectores iraníes.
Clara Janés, en la introducción, nos dice que uno de los temas del poema es analizar una relación injusta de sumisión a un superior incompetente -una situación tan humana como insoportable- que comporta la voluntad del héroe de defender, o establecer, una ética diferente al oficial.


Enlaces de interés :
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000053899_spa
https://es.wikipedia.org/wiki/Ferdous%C3%AD
https://www.google.com/search?q=Ferdowsi&client=safari&hs




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