7 Poemas de Jenny Londoño 

Vengo del ayer

Vengo desde el ayer
desde el pasado oscuro y olvidado
con las manos atadas por el tiempo
con la boca sellada desde épocas remotas.

Vengo cargada de dolores antiguos,
recogidos por siglos, arrastrando
cadenas largas e indestructibles.

Vengo desde la oscuridad, del pozo del olvido
con el silencio a cuestas,
con el miedo ancestral que ha corroído mi alma
desde el principio de los tiempos.

Vengo de ser esclava por milenios,
esclava de maneras diferentes:
sometida al deseo de mi raptor en Persia,
esclavizada en Grecia bajo el poder romano,
convertida en vestal en las tierras de Egipto,
ofrecida a los dioses en ritos milenarios
vendida en el desierto
o canjeada como una mercancía.

Vengo de ser apedreada por adúltera
en las calles de Jerusalén
por una turba de hipócritas,
pecadores de todas las especies
que clamaban al cielo mi castigo.

He sido mutilada
en muchos pueblos
para privar mi cuerpo de placeres
y convertida
en animal de carga,
trabajadora y paridora de la especie.

Me han violado
sin límite
en todos los rincones del planeta
sin que cuente mi edad madura
o tierna
o importe mi color
o mi estatura.

Debí servir ayer a los señores,
prestarme a sus deseos,
entregarme,
donarme,
destruirme,
olvidarme de ser una entre miles

He sido barragana de un señor en Castilla,
esposa de un marqués
y concubina de un comerciante griego,
prostituta en Bombay y en Filipinas
y siempre ha sido igual mi tratamiento.

De unos y de otros
siempre esclava,
de unos y de otros
dependiente,
menor de edad en todos los asuntos,
invisible en la historia más lejana
y olvidada
en la historia más reciente

Yo no tuve la luz del alfabeto.
Durante largos siglos
aboné con mis lágrimas
la tierra que debí cultivar
desde mi infancia.

He recorrido el mundo
en millares de vidas
que me han sido entregadas
una a una.

Y he conocido a todos los hombres
del planeta.
Los grandes y pequeños,
los bravos y cobardes,
los viles, los honestos,
los buenos,
los terribles.

Mas casi todos llevan
la marca de los tiempos.
Unos manejan vidas
como amos y señores,
asfixian, aprisionan y aniquilan.

Otros dejan almas,
comercian con ideas,
asustan o seducen,
manipulan y oprimen.

Yo los conozco a todos,
estuve cerca de unos y de otros,
sirviendo cada día,
recogiendo migajas,
bajando la cerviz a cada paso,
cumpliendo con mi karma.

He recorrido todos los caminos
he arañado paredes y ensayado silencios
tratando de cumplir con el mandato
de ser como ellos quieren
mas no lo he conseguido.

Jamás se permitió que yo escogiera
el rumbo de mi vida.
He caminado siempre en una disyuntiva,
ser santa o prostituta.

He conocido el odio de los inquisidores
que a nombre
de la santa madre iglesia
condenaron
mi cuerpo a su servicio
y a las infames
llamas de la hoguera.

Me han llamado
de múltiples maneras:
bruja, loca,
adivina,
pervertida,
aliada de satán,
esclava de la
carne,
seductora,
ninfómana,
culpable
de los males de la tierra.

Pero seguí viviendo, arando,
cosechando, cosiendo,
construyendo, cocinando, tejiendo,
curando, protegiendo, pariendo,
criando, amamantando, cuidando
y sobre todo amando

He poblado la tierra de amos
y de esclavos,
de ricos y mendigos,
de genios y de idiotas,
pero todos tuvieron
el calor de mi vientre,
mi sangre y su alimento
y se llevaron un poco de mi vida.

Logré sobrevivir a la conquista
brutal y despiadada de Castilla
en las tierras de América
pero perdí mis dioses y mi tierra
y mi vientre parió gente mestiza
después que el amo
me tomó por la fuerza.

Y en este continente mancillado
proseguí mi existencia
cargada de dolores cotidianos,
negra y esclava en medio de la hacienda
me vi obligada a recibir al amo
cuantas veces quisiera
sin poder expresar ninguna queja.

Después fui costurera,
campesina,
sirvienta,
labradora,
madre de muchos hijos miserables,
vendedora ambulante,
curandera,
cuidadora de niños
o de ancianos,
artesana de manos prodigiosas,
tejedora,
bordadora,
obrera,
maestra,
secretaria,
enfermera.

Siempre sirviendo a todos,
convertida en abeja o sementera
cumpliendo las tareas más ingratas
moldeada como cántaro por las manos ajenas.

Y un día me dolí de mis angustias
un día me cansé de mis trajines,
abandoné el desierto y el océano,
bajé de la montaña,
atravesé las selvas y confines
y convertí mi voz dulce y tranquila,
en bocina del viento
en grito universal y enloquecido.

Y convoqué a la viuda, a la casada,
a la mujer del pueblo, a la soltera,
a la madre angustiada, a la fea,
a la recién parida, a la violada,
a la triste, a la callada, a la hermosa,
a la pobre, a la afligida, a la ignorante,
a la fiel, a la engañada, a la prostituida.

Vinieron miles de mujeres juntas
a escuchar mis arengas,
se habló de los dolores milenarios,
de las largas cadenas
que los siglos nos cargaron a cuestas.

Y formamos con todas nuestras quejas,
un caudaloso río
que empezó a recorrer el universo
ahogando la injusticia
y el olvido

El mundo se quedó paralizado
los hombres y mujeres no caminaron
se pararon las máquinas, los tornos,
los grandes edificios y las fábricas
ministerios y hoteles, talleres y oficinas,
hospitales y tiendas, hogares y cocinas.

Las mujeres, por fin, lo descubrimos.

¡Somos tan poderosas como ellos
y somos muchas más sobre la tierra!
¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!
¡Más que la infamia y más que la miseria!

Que este canto resuene
en las lejanas tierras de Indochina
en las arenas cálidas del África,
en Alaska y América Latina,
llamando a la igualdad entre los géneros
a construir un mundo solidario
–distinto, horizontal, sin poderíos
a conjugar ternura,
paz y vida,
a beber de la ciencia sin distingos.

A derrotar el odio y los prejuicios,
el poder de unos pocos,
las mezquinas fronteras,
a amasar con las manos de ambos sexos
el pan de la existencia.


(otra versión)

Vengo desde el ayer, desde el pasado oscuro,

con las manos atadas por el tiempo,

con la boca sellada desde épocas remotas.

Vengo cargada de dolores antiguos

recogidos por siglos,

arrastrando cadenas largas e indestructibles.

Vengo de lo profundo del pozo del olvido,

con el silencio a cuestas,

con el miedo ancestral que ha corroído mi alma

desde el principio de los tiempos.

Vengo de ser esclava por milenios.

Sometida al deseo de mi raptor en Persia,

esclavizada en Grecia bajo el poder romano,

convertida en vestal en las tierras de Egipto,

ofrecida a los dioses de ritos milenarios,

vendida en el desierto

o canjeada como una mercancía.

Vengo de ser apedreada por adúltera

en las calles de Jerusalén,

por una turba de hipócritas,

pecadores de todas las especies

que clamaban al cielo mi castigo.

He sido mutilada en muchos pueblos

para privar mi cuerpo de placeres

y convertida en animal de carga,

trabajadora y paridora de la especie.

Me han violado sin límite

en todos los rincones del planeta,

sin que cuente mi edad madura o tierna

o importe mi color o mi estatura.

Debí servir ayer a los señores,

prestarme a sus deseos,

entregarme, donarme, destruirme

olvidarme de ser una entre miles.

He sido barragana de un señor de Castilla,

esposa de un marqués

y concubina de un comerciante griego,

prostituta en Bombay y en Filipinas

y siempre ha sido igual mi tratamiento.

De unos y de otros,  siempre esclava.

de unos y de otros,  dependiente.

Menor de edad en todos los asuntos.

Invisible en la historia más lejana,

olvidada en la historia más reciente.

Yo no tuve la luz del alfabeto

durante largos siglos.

Aboné con mis lágrimas la tierra

que debí cultivar desde mi infancia.

He recorrido el mundo en millares de vidas

que me han sido entregadas una a una

y he conocido a todos los hombres del planeta:

los grandes y pequeños, los bravos y cobardes,

los viles, los honestos, los buenos, los terribles.

Mas casi todos llevan la marca de los tiempos.

Unos manejan vidas como amos y señores,

asfixian, aprisionan, succionan y aniquilan;

otros manejan almas, comercian con ideas,

asustan o seducen, manipulan y oprimen.

Unos cuentan las horas con el filo del hambre

atravesado en medio de la angustia.

Otros viajan desnudos por su propio desierto

y duermen con la muerte en la mitad del día.

Yo los conozco a todos.

Estuve cerca de unos y de otros,

sirviendo cada día, recogiendo migajas,

bajando la cerviz a cada paso, cumpliendo con mi karma.

He recorrido todos los caminos.

He arañado paredes y ensayado cilicios,

tratando de cumplir con el mandato

de ser como ellos quieren,

mas no lo he conseguido.

Jamás se permitió que yo escogiera

el rumbo de mi vida

y he caminado siempre en una disyuntiva:

ser santa o prostituta.

He conocido el odio de los inquisidores,

que a nombre de la “santa madre Iglesia”

condenaron mi cuerpo a su sevicia

o a las infames llamas de la hoguera.

Me han llamado de múltiples maneras:

bruja, loca, adivina, pervertida,

aliada de Satán,

esclava de la carne,

seductora, ninfómana,

culpable de los males de la tierra.

Pero seguí viviendo,

arando, cosechando, cosiendo

construyendo, cocinando, tejiendo

curando, protegiendo, pariendo,

criando, amamantando, cuidando

y sobre todo amando.

He poblado la tierra de amos y de esclavos,

de ricos y mendigos, de genios y de idiotas,

pero todos tuvieron el calor de mi vientre,

mi sangre y su alimento

y se llevaron un poco de mi vida.

Logré sobrevivir a la conquista

brutal y despiadada de Castilla

en las tierras de América,

pero perdí mis dioses y mi tierra

y mi vientre parió gente mestiza

después que el castellano me tomó por la fuerza.

Y en este continente mancillado

proseguí mi existencia,

cargada de dolores cotidianos.

Negra y esclava  en medio de la hacienda,

me vi obligada a recibir al amo

cuantas veces quisiera,

sin poder expresar ninguna queja.

Después fui costurera,

campesina, sirvienta, labradora,

madre de muchos hijos miserables,

vendedora ambulante, curandera,

cuidadora de niños o de ancianos,

artesana de manos prodigiosas,

tejedora, bordadora, obrera,

maestra, secretaria o enfermera.

Siempre sirviendo a todos,

convertida en abeja o sementera,

cumpliendo las tareas más ingratas,

moldeada como cántaro por las manos ajenas.

Y un día me dolí de mis angustias,

un día me cansé de mis trajines,

abandoné el desierto y el océano,

bajé de la montaña,

atravesé las selvas y confines

y convertí mi voz dulce y tranquila

en bocina del viento

en grito universal y enloquecido.

Y convoqué a la viuda, a la casada,

a la mujer del pueblo,  a la soltera,

a la madre angustiada,

a la fea, a la recién parida,

a la violada, a la triste, a la callada,

a la hermosa, a la pobre, a la afligida,

a la ignorante, a la fiel, a la engañada,

a la prostituida.

Vinieron miles de mujeres juntas

a escuchar mis arengas.

Se habló de los dolores milenarios,

de las largas cadenas

que los siglos nos cargaron a cuestas.

Y formamos con todas nuestras quejas

un caudaloso río que empezó a recorrer el universo

ahogando la injusticia y el olvido.

El mundo se quedó paralizado

¡Los hombres sin mujeres no caminan!

Se pararon las máquinas, los tornos,

los grandes edificios y las fábricas,

ministerios y hoteles, talleres y oficinas,

hospitales y tiendas, hogares y cocinas.

Las mujeres, por fin, lo descubrimos

¡Somos tan poderosas como ellos

y somos muchas más sobre la tierra!

¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!

¡Más que la infamia y más que la miseria!

Que este canto resuene

en las lejanas tierras de Indochina,

en las arenas cálidas del África,

en Alaska o América Latina.

Que hombre y mujer se adueñen

de la noche y el día,

que se junten los sueños y los goces

y se aniquile el tiempo del hambre y la sequía.

Que se rompan los dogmas y el amor brote nuevo.

Hombre y mujer,  sembrando la semilla,

mujer y hombre tomados de la mano,

dos seres únicos, distintos, pero iguales.

Con este poema ganó el primer premio del Concurso Nacional de Poesía “Gabriela Mistral”, en Quito (Ecuador) en 1992, por la capacidad de traducir en este poema la historia de las mujeres.

7 Poemas de Jenny Londoño 

Partida de Nacimiento

Vine de no sé dónde, me alumbraron las olas.

Traje genes y señas de sangres ancestrales.

Una luna de octubre acunó mi llegada

y presidió curiosa mi arribo a este planeta.

Entre albatros y barcas desplegué mi crisálida

y el planeta Mercurio me dio la bienvenida.

He andado dando tumbos sobre olas encrespadas,

endureciendo el alma de fuegos y combates.

No sé si tengo el alma marcada por un sino

Si me escapé de manos de algún titiritero,

Si forjaron mi cuerpo de barro o de madera,

Si me escurrí de un sueño o soy un espejismo.

Solo sé que muy pronto quise levar mis alas,

estiré mis cartílagos por fuera de la sábana

batallé, desplegando mis huesos inmaduros

y terminé deshecha notando mi torpeza.

Desde entonces, bebí la incertidumbre

de ser rehén de un hado misterioso,

que encadena mi cuerpo a lo profundo,

mientras yo me empecino en llegar a las nubes.

De: “Desafiando al Olvido”, 2003

7 Poemas de Jenny Londoño  (2)

Las palabras perdidas

Esta noche vinieron los fantasmas,

trajeron la hojarasca de palabras perdidas,

y en gritos y susurros el eco del pasado.

Cuelgan los alerones, catedrales de musgo,

ventanales que husmean el sudor de la tarde

corredores que acechan,

ladrando a los candados.

Espío la rutina temprana de mi madre:

descuelga sus saberes repetidos por siglos

y musita una extraña liturgia de palabras.

Luego escapa, sin que la pueda detener mi grito.

La escuela suburbana se bebe su paciencia.

y la devuelve, mustia, en el crepúsculo.

Yo aprendo las lecciones con muñecas de trapo,

vajillas diminutas, pañales, biberones,

los roles que mi madre aprendió con el látigo.

Del poemario “Desafiando al Olvido”, 2003

7 Poemas de Jenny Londoño  (3)

Mea culpa, mea gravísima culpa

I

Desde el principio de todos los principios

aceptaste la culpa, cargaste maldiciones,

Fuiste la recatada mujer de escapulario,

con su vetusta suma de desfalcos y engaños,

de supuestos que acrecen un mito milenario.

Te diste por entero, a plazos o a pedazos

cercenando la vida que no pudiste gozar a borbotones.

Fuiste un ventarrón chocando con las rejas,

una sombra estirándose detrás de las ventanas

para mirar el fuego robado a Prometeo.

II

Ser o no ser. Esa es la cuestión.

¿Una exótica rosa que exhala sus aromas?

¿Ilusión de poetas que recrean un mito?

¿Cuerpo de angustia y miedo trastocado en destino?

¿Imagen fantasmal que desliza su tedio por la casa,

eternamente ausente del grave discurrir de la política,

cosiendo los silencios y sus trampas?

III

¿Qué identidad, qué nombre, qué certezas?

¿La que llegó sin fiesta y sin banquete?

¿La que bebió las hieles para parir los días

y enajenó su canto sin derechos ni halagos?

¿La autómata que calla y ha perdido sus alas?

¿La madre que se inmola en espiral creciente?

¿La que miente y silencia las voces de la ira?

¿La que nunca se queja y un día al fin se escapa?

¿La que resurge siempre del fondo del abismo?

¿La que arma sin saberlo menudas tempestades?

¿La que trueca dolores en placeres prohibidos?

¿La que rompe los muros con sueños y palabras?

IV

Princesa que defiende su reino de oropeles.

Roedora de anhelos,

marchante de ansiedades,

Las horas amasadas en tropeles,

enhebrando en las noches la lista del mercado,

palideciendo auroras

sobre blancos cordeles que orean la rutina,

respirando un oxígeno ajeno,

bebiendo a pesadillas el ajenjo del otro,

resintiendo el descanso que se escapa de nuevo

como un amante esquivo.

V

Aferrada al olor de las especias,

al blanco de las sábanas,

a la sal suficiente,

a la mesa que se arregla y se deshace

una vez y dos veces y mil veces

y tantas, que termina reventando la palabra infinito,

se enajena, se dona, se olvida de vivir.

VI

Una sombra que pasa corriendo temerosa,

desdibujando el nudo de las horas inertes,

cargando sobre el lomo de los siglos

una jaula dorada o herrumbrosa.

Castigos y torturas, perversión de los géneros,

se enredan en el nudo carceleros y víctimas,

se entrampan en un juego que les roba la savia

se queman en el fuego sagrado del abismo.

Una llama que apagan para evitar la hoguera.

Una voz que silencian para matar el miedo

ante la hembra rotunda que temen y desean,

que rechazan y aman, que necesitan y odian.

VII

Mariposa que danza con las alas trizadas,

Estrujando el deseo que nos muerde la carne

como boa tres equis,

apretando los labios,

cancerberos de fuego,

cerrando las compuertas contra los huracanes,

conjurando retruécanos,

de los que ofrecen quemarnos en el horno

para purgar la culpa,

más larga que la vida:

Mea culpa, mea culpa, mea gravísima culpa!

Poema que ganó el concurso de poesía Fanny León Cordero, Quito, 2004.

7 Poemas de Jenny Londoño  (4)

Con los sueños atados

A Fabio Londoño

Mi padre hila palabras,

cadena interminable de su ausencia.

Me entrega un mundo roto

que derrama su llanto por los poros.

Me enseña un catecismo que se estrella

contra la angustia urgente del olvido.

Se queja, eternamente,

de la fatal cojera de la ética,

del silencio con que sordos y mudos

nos arrojan al borde del abismo.

Me multiplica el hambre de las letras

que cuelgan de los libros en racimos.

Me empuja al laberinto de la vida

que florece en sus hojas.

Por eso yo lo llevo a lomo de mis versos,

y lo evoco con fuerza cuando la tarde cae,

con los sueños atados a ese extraño silencio

de su filial afecto, repleto de palabras.

De: “Desafiando al Olvido”, 2003

7 Poemas de Jenny Londoño  (5)

Lujuria De Corales

Tengo un hombre de ébano,

piragua que navega sobre mis muslos cálidos.

Mi cuerpo se revuelve inquieto en su atarraya

cuando el mar busca, loco, llegar hasta la luna.

A fuerza de sentirlas conozco sus dos manos:

negras, rosadas, ávidas,

a ciento treinta grados centígrados me abrasan

y transcriben poemas sobre mi piel de azaleas.

Tiene espalda perfecta,

nacida de una noche de aquelarre y macumba.

Su cuerpo de azabache es sol que se desangra,

cuando inicio en un trance mi ardiente cabalgata,

sin bridas ni aparejos, sin cabestros ni látigos.

Tengo un hombre que es noche,

oscuridad felina de ardientes tempestades,

suavidad de murciélago, humedades de algas,

mitad pez, mitad pájaro.

Aletea en mis vértices, resbala en mis estambres

y derrama corales sobre la espuma pálida

de mi cuerpo que sueña

y a fuerza de soñarlo lo inventa cada noche!

En Antología “La voz de Eros” dos siglos de Poesía Erótica Ecuatoriana. Compiladora: Sheila Bravo.

7 Poemas de Jenny Londoño  (6)

Jenny Londoño Lopez (Guayaquil, Ecuador, 25 de octubre de 1952). Poeta, activista por los derechos humanos. Es Magistra en Ciencias Sociales con Mención en Género y Desarrollo por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, Ecuador, (2008) de la cual fue becaria. Obtuvo la Licenciatura en Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Central del Ecuador, Quito, (1995). También fue becaria de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos en Sevilla, España, (1996).

Hija de la maestra Paula López Ríos y del médico Fabio Londoño González. En 1960 la familia se traslada a Colombia instalándoselas en Medellin. Cuando Jenny tiene 11 años, muere su madre de un cáncer fulminante, lejos de sus hijas ya que la madre sintiéndose enferma decidió viajar al Ecuador y realizó un recorrido por todas las ciudades en donde tenía familia, llegando a morir en su ciudad natal, Guayaquil. Jenny, como hija mayor, debe hacerse cargo de sus 4 hermanas menores. Jenny, se convierte en una niña y adolescente rebelde y muy crítica de la sociedad en la que vive, de la dureza del sistema educativo, de la intolerancia religiosa y otros temas relacionados con las siempre presentes discriminaciones de género.

A los 15 años viaja a Ecuador para reencontrarse con su familia materna y conocer la tumba de su madre, en Guayaquil. Vuelve a Colombia y ya en la Universidad de Antioquia se vincula a las movilizaciones propias de la época y a las reivindicaciones del estudiantado, participa de las marchas contra el gobierno del Dr. Carlos Lleras Restrepo y de las protestas contra la intervención imperialista en Vietnam.

Vuelve a vivir en Ecuador durante dos años y regresa a Colombia. Se vincula al Movimiento político «Bloque Socialista», dirigido por Camilo González y Ricardo Sánchez, en aquella época publicaban la Revista «Ideología y sociedad» dirigida por el destacado intelectual, Salomón Kalmanovitz, y el periódico Revolución Socialista. En esta organización militaban importantes intelectuales de izquierda y algunas mujeres destacadas como la escritora Laura Restrepo y Gladys Ximeno. feminista.

Paralelamente trabaja y estudia en la Universidad Autónoma Latinoamericana la carrera Sociología.

Es destituida de su trabajo en la Empresa ERECOS S.A., por su participación en el Primer Paro Cívico Nacional y por la organización de una nueva dirigencia sindical. Trabaja después en el Liceo Concejo Municipal de Itagüí, en donde se incorpora a la Asociación de Institutores de Antioquia ADIDA, llegando a ser delegada sindical en el Municipio de Itagüí. Varios años después es destituida de su cargo en el magisterio, por liderar el Paro del Liceo Concejo Municipal de Itagüí y el Paro Cívico del Municipio de Itagüí, en 1981.

En 1982, ante la grave situación de violencia política en Antioquia y los asesinatos de varios de sus compañeros dirigentes sindicales y del PST, además de un atentado violento sufrido por ella, vuelve a residir en Ecuador y se inscribe en la Facultad de Sociología de la U. Central para terminar sus estudios, hasta graduarse. Trabaja en varios empleos y labora en un colegio privado, estableciendo contacto con organizaciones laborales, políticas y sociales en Quito. Fue delegada a la Federación de Trabajadores de Pichincha. Militó en el Movimiento socialista de los Trabajadores, MST y luego en la Juventud socialista Revolucionaria del Ecuador, JSRE.

Entre 1988 a 1993, fue Directora de Promoción y Difusión del Instituto Andino de Artes Populares y planificadora de programas de capacitación y promoción de las artes populares de los centros de trabajo artesanal del Ecuador, Esmeraldas, Olón, Montecristi, Imbabura, Salasaca y Tena. Trabajó también en la Comisión de Presupuesto del Congreso Nacional (1993-1994) y fue Directora Nacional de Artesanías en el Ministerio de Industrias y Comercio Exterior. (1996-97).

Ha militado de manera permanente en varias organizaciones de mujeres, entre ellas: el Frente Continental de Mujeres contra la Intervención Imperialista, dirigido por la destacada revolucionaria Nela Martínez y del cual fue secretaria, el CIAM, el CEPAM, la fundación Manuela Sáenz, de la cual, también fue secretaria, Acción por el Movimiento de Mujeres, de la cual fue cofundadora y coordinadora, Mujeres por la Democracia, y la Coordinadora Política de Mujeres Ecuatorianas, de la cual fue una de las fundadoras, a fines de 1995 y ha sido una de sus coordinadoras nacionales en dos períodos.

En todo este tiempo, desarrolló un importante trabajo de ejecución de proyectos de género y capacitación a mujeres de todo el país, en temas como Derechos Humanos, participación ciudadana, Género y desarrollo, violencia intrafamiliar y de género, políticas públicas para la equidad de género, mujeres, migración y refugio, Enfoque de género en la educación, impulso a las leyes de equidad de género como la Ley de Cuotas, en talleres impulsados por la CPME, el CONAMU, el AMJUPRE, la Comisión de la Mujer, el Niño y la Familia del Congreso Nacional, y otras.

Su interés en la investigación sobre los aportes y la presencia de las mujeres en la Historia la llevó a continuar sus estudios y lo hizo ingresando a una Maestría en Ciencias Sociales con Mención en Género y Desarrollo, en la FLACSO, en donde obtiene una beca.(2.000) En 1996, había viajado con ayuda de una beca de estancia otorgada por la Escuela de Estudios Hispanoamericanos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España para investigar en el Archivo General de Indias de Sevilla. Con su esposo, el historiador Jorge Núñez Sánchez hacen varios viajes a España para realizar labores de investigación histórica en los archivos españoles y recorren lugares como París, todo el norte de Italia, Madrid y el Sur de España, Moscú, entre otros lugares. Entre 2000-2001, Jenny fue Asesora de la comisión Permanente de Derechos Humanos del Congreso Nacional.

Jamás se desconectó de la situación política de Colombia, a la que viaja con asiduidad para visitar a su hijo, que reside en Medellín y a su familia paterna.

En el 2000 participa en el III Foro Humanitario: Ecuador y Colombia por una frontera de paz para nuestros niños», en Puerto Asís, Putumayo. En 1992, presentó la ponencia: La Etnoliteratura en el Ecuador contemporáneo, en el I Congreso Internacional de Investigadores y V de Etnoliteratura, en Pasto. En el mismo año asiste como dirigenta de una delegación ecuatoriana al XX Festival del Folklor, en Ibagué, que lleva danzas y música y participa con una ponencia: La Cultura Popular en el Ecuador.

A lo largo de su vida en Ecuador, Jenny, ha tenido una activa participación en los movimientos sociales y en la vida política del Ecuador, en las luchas de los trabajadores/as ecuatorianos y en los levantamientos populares contra los presidentes corruptos que han sido destituidos por el pueblo ecuatoriano. Algunas compañeras la recuerdan con el megáfono al hombro, agitando consignas en las mil y una marchas, en las que ha participado por los Derechos de las mujeres, por los derechos del pueblo, firmando una demanda contra la Base de Manta ante el Tribunal Constitucional, contra las violaciones a la Constitución y la corrupción de muchos gobernantes, por el impulso a leyes de equidad y contra la violencia de género, y la igualdad de oportunidad en las elecciones, etc.

La investigación histórica sobre las mujeres en la época colonial, republicana y contemporánea, se ha ido plasmando en varios libros, ponencias, ensayos y artículos, algunos de los cuales han sido publicados y en otros, libros institucionales, realizados en coautoría con su esposo Jorge , con quien ha participado presentando ponencias en numerosos encuentros de Historia en países latinoamericanos como México, República Dominicana, Argentina, Venezuela, Colombia, Perú y otros.

Adicionalmente, Jenny ha incursionado en la literatura y asistió al Taller Literario que dictaron los escritores cubanos: Chely Lima y León Alberto Serret, quienes residieron varios años en el Ecuador; asistiendo luego a un diplomado en Literatura, en la Universidad Andina.

Ha publicado dos libros de poesía y uno de cuentos. Su poesía aparece en varias antologías poéticas del Perú y en antologías latinoamericanas publicadas en Internet. Su poema «Reencarnaciones» ha dado la vuelta al mundo por comunicación virtual y mereció el Premio Gabriela Mistral del Ecuador, del año 1992.

Desde el 2007, se mantiene estrechamente ligada a la Academia Nacional de Historia del Ecuador, desde donde promueve el ingreso de otras mujeres académicas, porque considera que las mujeres deben participar en todos los ámbitos del conocimiento y de la vida pública.

En el año 2011 fue invitada a la Unión de Mujeres de Colombia a un recital. En el mes de agosto de 20102, Jenny Londoño ha viajado con su esposo y el Director de la Academia Nacional de Historia del Ecuador a Boyacá-Colombia para ser incorporados como miembros extranjeros correspondientes a la Academia de Historia de Boyacá y a la Academia Antonio Nariño, en Bogotá.

Obra publicada:

  • «Las Mujeres en la Economía Colonial”, 2da. Edición, Casa de la Cultura Ecuatoriana, marzo 2010.
  • «Propietarias y trabajadoras, Las Mujeres en la economía colonial”, Secretaría de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación Ciudadana, Editorial PPL, Diciembre, 2009.
  • «Las Mujeres en la Independencia”, Campaña Nacional Eugenio Espejo, del Libro y la Lectura, Quito, mayo 2009.
  • «Programa Andino, Derechos Humanos y Democracia”, Plan País, Coordinadora Política de Mujeres Ecuatorianas, CPME, Quito, agosto de 2005.
  • «Entre la sumisión y la resistencia, las Mujeres en la Real Audiencia de Quito”, Edit. Abya-Yala, Quito, 1997.
  • «Ángeles o Demonios? Las mujeres y la Iglesia en la Audiencia de Quito”, U. de Bolívar, Ediciones CDS, Quito, 1995.

Poesía y narración

  • Desafiando al Olvido, poemario, Ed. PPL, Quito, nov. 2003.
  • Los últimos Destellos del Crepúsculo, Cuentos, Ed. Letramía, Quito 2004.
  • De Nostalgias y Sueños, poesía.1° ed., Quito, 1992. 2° ed., 2001, 3a ed. 2003.

Ha participado en antologias como :

Antología del Cuento Ecuatoriano, de Antonio Sacoto, 2004.

Selección de Poetas Latinoamericanos, de Horacio Hidrovo, Portoviejo, 2004.

Las Mujeres que yo Amo, recopilación de José Vargas, Lima 2002.

Antología de poetas del mundo, Encuentro Internacional de Poesía, Chiclayo 2002.

Antología del Cuento Ecuatoriano, de Eugenia Viteri, 1998.

Ha escrito múltiples artículos publicados en libros y revistas y ha participado como ponente en congresos y encuentros alrededor del mundo.

Enlaces de interés :

Fuente de la bio:

https://biblioteca-virtual.fandom.com/es/wiki/Jenny_Londoño_López

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