11 Poemas de Aurora Reyes

 “Soy completamente primitiva y salvaje. Amo por encima de todo la libertad”

Aurora Reyes

Madre nuestra la tierra

A ti, Coatlicue, Madre omnipresente;
principio y fin de todo ser terrenal.

Cuando dormías, Madre
?elásticas hamacas mecidas por el tiempo?,
halo de niebla apenas
en la blanca serpiente de tu órbita,
un diamante de labio transparente
cristalizó la sombra de tu cuerpo.

Tu corazón fue líquida mirada,
juventud sideral enamorada.
En tu vientre, la rosa giratoria congregando vertientes,
igniscentes anillos, vorágines en danza;
caos elementales de esférica alegría…

Y tu piel invisible se fue haciendo manzana.

Primavera terrestre en los cielos nupciales:
manto de aérea nube, satélite de plata,
lenta falda de víboras sedientas,
germinal atributo de oscuras dinastías
entrelazado génesis mortales.

Aprendiste en silencio el secreto profundo;
los varones del sol te lo dijeron
luz a luz, rayo a rayo, en las entrañas.

Fueron en ti las duras raíces de las piedras,
las estaciones broncas, las causas vegetales,
metrópolis enhiestas de verde muchedumbre,
litorales de sílabas cautivas
en los ojos de luces minerales.

Amaneceres, muertes, nacimientos.
Borbotaron fecundos manantiales
al áspero pezón de la montaña
y juntaste en el cuenco de la mano
los mares verticales de tus lágrimas.

Un día primordial edificaste
la arquitectura grácil del poema
?¡almendra del anhelo!?
y el Hombre fulguró en la superficie
del frutal paraíso de tu sueño;
en la espina y la roca conmovida,
en el ala tendida del relámpago,
en la cuna solar de las crisálidas,
en el vértigo vivo del océano.

Le llamaste con todos los nombres de los seres:
pétalo rojo, sorprendido insecto,
fosforescente fiera del corazón del monte
y pájaros y peces de dorada centella.

Horas de soledad y fantasía
ensayando contornos, volúmenes, colores,
en el fruto esperado de la siembra:
¿Cómo será el delirio como espuma?
¿Y la mano del viento como ola?
¿Y la noche en el ojo de la estrella?

El amor con los dedos del silencio
construía la tela de tus cielos…

Apareció la imagen bajo perfil humano:
¡Niebla y polvo cayeron en su mínimo espejo!

Surgió para decir las formas nuevas
que no alcanza tu mano de inocencia,
para viajar tus signos infinitos,
multiplicar por dos tu pensamiento,
escuchar tu canción en su palabra
y poder abrazar tu propio pecho
cuando en ti se desnudan los amantes.

Y abarcar tu destino, poseído
en la suma total de las presencias:
amar tu amor en el espacio abierto,
en el fondo marino de la sangre,
en el barro que anuda las distancias,
en la perla de sal que nos dejaste;
repetir tu latido en la tiniebla
de la frente quebrada del cadáver.

Ahora estás mirándome en mí misma
como el eco insondable del espejo:

Inmensurable Madre,
sembradora
pasión desesperada,
hacedora implacable,
grano a grano preñada,
gigante paridora.
Cosechera,
mandíbula feroz,
ávida espiga,
grávida golosa,
volcánica, tenaz,
Diosa legítima,
Coatlicue sin quietud,
¡Devoradora!

Madre nuestra La Tierra
que fluyes en el poro de todo lo viviente,
reflejas tu emoción en los plurales,
caminas desde el centro de lo Uno,
prologas el hechizo de los números pares;
que rondas en el paso y la caída,
respiras en el hueco sonoro de la noche,
sonríes en el astro de fuegos tutelares
y en los trémulos cauces del verbo de la leche.

Mueren las extensiones en tus brazos,
de ti nacen honduras y pilares;
¡Qué sabor de granada turbulenta!
¡Qué perfume colérico de sangre!
Eres punto y esfera, muslo de agua,
nido y fosa y atmósfera radiante,
y todas las palabras y los niños
y los gajos de todas las naranjas.

Gravitas en los cálices ocultos,
en la rama calcárea de mis huesos,
en mi vientre de sombra sacudida,
en la memoria de algo
que de ti se desprende y conmigo comienza.

Turba mis continentes tu frescura entrañable
transitada del río callado del misterio,
húmeda de esqueletos y yerba derretida,
devastados veranos y pétreos yacimientos.
¡Tierra de sumergido paraíso
en donde no hay lugar para el destierro!

Ante los horizontes del abismo
en que vierte universos lo perpetuo,
interrogo a la luna de mi muerte:
¿Cómo será la luz como semilla?
¿Y la raíz profunda como vuelo?
¿Y el pacto del silencio y el silencio?

Cuando tomo en mis manos un puñado de tierra
y resbalan sombríos planetas por mi tacto,
me ahoga una ternura dolorosa de niebla,
derrúmbanse los arcos de mi nombre
y ruedo hasta los últimos paisajes
de la tierra que sube por mis labios.

Magnolia

Hoy, blanca y luminosa,
naciste Yololxóchitl:
magna flor de las flores.
La luna es tu diadema cuajada de diamantes.
Hoy, blanca y luminosa,
naciste, Yololxóchitl.

Recóndita espiral

Aérea faz de roca construida,
suspendida en la noche de la infancia.
Recuerdas idolátricos perfiles
de inarmónica danza.

¿Eres diáfana sombra o luz caída,
anticipada muerte rescatada,
perímetro de ausencia o invadida
forma de realidad acumulada?

Entre muros de angustia vacilante
y estatuas calcinadas
húndese el horizonte de mi frente
en colérica sal desparramada.
¿Cuál fragmento de espejo
se quedó con mi cara?
El sueño gira lenta, lentamente,
repitiendo sin voz una palabra:

Espiral, espiral,
flor infinita…
¡Cuántas estrellas desprendidas,
cuántas!

No interrogues al cardo,
no te asomes al río,
no llames al secreto.

¿Has oído cantar la tierra húmeda
bajo tu corazón?
¿Has visto la tormenta crecer y hacerse múltiple
en las alas del árbol?
¿Has palpado el amor en el recóndito
ruiseñor de los huesos?

Mira subir la lluvia por los tallos
y retornar el cielo.
Elévate en los pétalos azules,
en las trémulas manos de las hojas,
en la cifra total de los sentidos.
La ascensión te reclama las raíces,
la sombra, la garganta, los cabellos.
¡Líbrate, rompe todo, desángrate, agoniza!
pero no te ciña el pensamiento.

Los corales del tacto, los corales.
Los caminos del viento…

Una sola palabra de tus ojos
despertará la muerte que perdió tu mirada,
la muerte que circunda tu contorno de niebla,
la que habita detrás de cada párpado
en las cuencas de todas las preguntas
que anidaron las fieras subterráneas.

Crece, silencio. Crece con los barcos,
con el fuego y el mar y la distancia;
trasciende los lamentos impotentes
de las últimas playas.
Crece el cielo más alto
del amor sin sonrisa,
sin rostro, sin espejo,
sin arena, sin agua…

Aurora Reyes y Frida Kalho

La palabra inmóvil

Amor, fuera olvidarte como perder los ojos,
cegar frente a los verdes más claros de la vida,
caer en el invierno con un sueño encerrado
sepultando los brotes de la flor del prodigio.

Desconocer las formas que anidaron el tacto,
ignorar la sonrisa que prepara la aurora
en los húmedos labios terrenales;
no haber sentido nuca ese punto celeste
en el que culminaron los pasos de la sangre.

Amor, fuera olvidarte como abrazar un río desde su nacimiento,
y sólo rescatar para la muerte una frente de polvo,
una carta perdida o el cadáver de un árbol.

En el pecho inocente del amor cabe todo:
ángeles y demonios, rosas y lejanías,
resurrecciones tristes y el crimen y el milagro.

Todo cabe en su hondura,
menos esa palabra de sueño sin columnas,
?desierto sin arenas, mar sin agua?
palabra inmóvil de vacía muerte:
ni ausencia, ni dolor, ni abismo…¡nada!

El olvido, amor mío, es palabra maldita,
que retorna a lo informe, al origen de la sombra,
disolviendo la huella de la luz traicionada.

¿Cómo olvidar el aire y el agua de tu nombre?
¿Cómo olvidar la tierra y el fuego de tus manos
y el rostro de la piedra de tu rostro?

No importa la presencia, la soledad no importa,
ni los arcos de niebla que crucé por hallarte.
Amor, el victorioso latido de tu esencia
desde lo más profundo de mi ser se levanta.

Códice del olvido

Penumbra de órbitas azules
trajo mirada de barro, de madera, de humo.
Acá, desde la tierra ?piel amada?
descubrí los espejos de opuestas diagonales
en la geometría dualidad del principio.

Verte fue comprenderlo todo;
los iniciales reinos del asombro,
la noche giratoria
danzar medusa y liquen
y caracol y grito,
el áspero latido de la roca
y el vértigo, el polvo… y el olvido.

Viaja mi amor los filtros de la vida
y proyecta la esfera de frutos cardinales,
la herencia vegetal de la semilla
abierta en rosas de diamante y fuego,
por la estrella que adivinó su casa,
por el ídolo niño, bisexuado y eterno.

Exactamente la mirada del éxtasis
presidiendo el milagro del verbo en movimiento,
rodando por los siglos del ritmo de la piedra
a devorar la manzana iluminada,
cifrada de serpientes
¡más allá de infierno y paraíso!

Te reconocería entre los muertos
por el cauce anterior a la memoria,
por el signo perdido en la espiral onírica
que siempre se repite
y culmina en sílaba redonda.

Dime en la dimensión de este sueño
quién eres en mi sombra,
en la clara pupila de mi sangre,
en la luz que conduce los hilos del misterio:
¿El sentido indivisible?
¿Lo que sostiene y rompe el equilibrio?
¿La caótica ola del destino?
¿La inasible potencia
que enlaza muerte y nacimiento?

Entrego a ti los nombres que la infancia
dibujara en el cielo,
el sitio que reclaman los sentidos
en el orden de los elementos,
la posesión del mundo de la magia,
el dinámico cero del principio
y la desnuda verdad del esqueleto
que forja lo perpetuo
y cultiva el aéreo licor de la esperanza;
porque desde el olvido
el amor testifica
las antiguas moradas del prodigio.

A veces hago un viaje

Ciego pie de tiniebla, vacilante, 
avanza en el desierto de mi pecho.
Seguramente es el infierno.

Aquí dentro, convulso, 
desbordando metales por mis ojos abiertos, 
levantando mareas de veneno, 
girando mariposas de cal y de ceniza; 
frías caricias lentas estrellando mis huesos.

No sé si será el grito anudado al origen 
que ha crecido gigante y le ha trascendido, 
no sé si aquella niña en asombro que llevo 
o una fotografía de lo que nunca he sido.

El ángel de la ausencia preside la agonía.

Tal vez sean los árboles que viven en mi sangre 
o colores inéditos,
o voces que no quieren apagarse conmigo.

Si hubiera luz, ascendería.

Mano de sombra danza por mi frente 
más allá de la sed y del sueño. 
Me protege un paisaje de pájaros inmóviles. 
Si supiera tu nombre… ¡te llamaría silencio!

Cruzan desnudos ríos inconcretos,
pasos de arena fina, sal quebrada.
Me protege una cifra solitaria y geométrica.
Si mirara tu rostro… ¡te llamaría distancia!

Seguramente esto es el infierno: 
en muda dimensión desconocida 
una sombra cayendo en pozo negro.

Si pudiera decir palabra limpia 
de amor o de miseria, de olvido o de recuerdo. 
Si pudiera sentir sobre mis párpados 
mirada pura, voz indudable, firme transparencia, 
sobre mi sien amarga…

¡Qué ala tendería!

Y pronunciar tu nombre impronunciable, 
circundar tu inasible firmamento. 
Imagen desolada del abismo, 
sólo soy una forma sin espejo.

“La novia de Oro”por Aurora Reyes en 1955 y nos muestra a una tehuana: Estela Ruiz

Prólogo y oración a la palabra

Vengo desde tus labios a mi presencia pura.
Inescrutable viaje subterráneo
al abismo del rostro sin edades.

Recóndito universo palpitante y cerrado,
perdido en el secreto de la tierra desnuda,
constelado de símbolos nocturnos,
de tactos germinales.

Retorno a mi figura,
como al contorno hueco de un ahogado en sí mismo
que avanza lentamente hacia la superficie
renaciendo en la muerte de otra vida,
emergiendo en el llanto del nuevo nacimiento.
Recobrando su espacio solitario.

Este sol de ceniza me lastima los ojos.
He caído en un río de claridad creciente,
ciega y atropellada entre vidrios cortados.

Miel en escombro, consumida sombra,
rosas diluidas en oscura lava.
¡Ay, el espejo, lámpara de peces!

¿Quién desató la voz de la ventana?
Por todas estas muertes que estoy hecha,
muerte a muerte la vida se me escapa.

Pero aquí, la intemperie de mi propio cadáver,
en mis sienes de musgo,
en mi brazo de ausencias,
en mi canto de humo,
en mi cuerpo vacío de cuchillos y llamas,
veo cómo despiertan las corolas del aire,
cómo encienden los átomos su eslabón infinito.
en el sueño de todos, en el beso de nadie.

Escucho la cadena transparente
de la arena que danza,
los invisibles élitros azules
en la fidelidad de la distancia.

Aro de luz, desértica pupila:
circúndame en tu música de piedra,
desata la inicial, diáfana espada.
Tener tu dimensión, crecer en ella,
amar contigo la verdad terrena,
combatir con el rayo de tus armas.

Asísteme ¡magnolia de armonía!
dame tu exactitud y tu tersura,
enséñame tu idioma y su eficacia.

La soledad, los mágicos dominios.
Anunciación y flor amanecida,
de silencio a silencio: …¡La Palabra!

Danza en la playa

Yo seré la sirena de barro:
una cinta de niebla en las piernas,
una estrella de mar en la mano.

Tú serás arcoíris de luna: 
un camino de siete cristales 
en la luz de una curva desnuda.

De tu amor he de ser caracol. 
En mi casa girando la rosa, 
el retorno girando en tu voz.

Tú serás una danza inocente 
deslizando medusas de sueño 
en la playa de pálida frente.

Yo seré aquella nube callada: 
mis cabellos azules de cielo, 
mis pupilas caminos del agua.

Tú serás una noche de negro: 
terciopelo caliente los brazos, 
constelada de peces los senos.

Yo seré la canción olvidada 
levantando espirales blancuras 
en revuelo de líquidas alas.

Tú serás una barca de espejos 
en un viaje de lunas quebradas 
hasta el último azul del silencio.

Yo seré caballito marino: 
a galope, galope las olas, 
a galope tendido el abismo.

Tú serás un lucero diamante: 
en el agua tus labios azules, 
una flor de infinito en el aire.

Retorno al desierto humano

Habitante desnudo de la soledad. 
Cuerpo compacto de la angustia. 
De pie sobre su planta prisionero, 
—creatura de la sed— ronda su imagen: 
contorno humano ¡vertical desierto!

Danzando hasta el retorno del principio 
—cuerpo en vaivén y brazos enlazados—
aflora la biznaga del hechizo.

Noche de rojo firmamento.

Las recónditas bestias de la sangre 
caminan en el hombre del instinto 
hacia el llanto ululante.

Las manos primitivas de la magia 
avanzan hacia el eco. 
Señal, cábala, signo, 
un círculo de asombro: 
¡surge el verbo!

Allí donde los árboles ausentes, 
donde el margen columpia la distancia, 
en la raíz sombría del origen…

¡Norte de México! 
¡Soplo de abismo! 
¡Flauta mis huesos!

Desde la frente abierta del milagro 
hasta el vientre cerrado del misterio.

(Fragmento del poema de largo aliento”Estancias en el desierto”)

Arquitectura de la luna

Profundidad violada. 
Línea helada de luz. 
Firme trazo sideral. 
Geometría y andamio: 
construcción espectral.

Ola concéntrica de cielos,
circulares espejos abriendo el horizonte;
emergiendo pirámides de plata,
despertando los pasos de “Indios Pueblo”,
absortas sepulturas,
venados pétreos.

Imantado, suspenso, lanceado de blancura,
de luna coronado;
evadido de los siete colores
del prisma de sal,
gira el desierto cegado
en magnético mar espiral.

(Fragmento del poema de largo aliento”Estancias en el desierto”)

Pintura de Aurora Reyes dedicada a su amiga Frida Kahlo “Retrato de Frida Frente al espejo” de 1946

La máscara desnuda

(Danza mexicana en cinco tiempos )

Tiempo primero

Apareces de golpe dentro de mí, dorada 
por un oro manchado de musgo verdinegro. 
Ola petrificada del agua de la vida 
creciendo y apretando la sal del esqueleto.

En lo más entrañable de mi ser ejecutas 
las invisibles líneas del rostro verdadero, 
entregando al proyecto sin límite del polvo 
las columnas del vuelo.

¡Qué perfecta y antigua simetría, 
qué congelada actividad te anuncia, 
qué inerte dimensión te identifica!

Comprendo la serpiente vertebral de la danza 
prisionera en el eje de su reino vacío, 
la angustia del compacto poder con que se anuda 
a su tallo, la ausencia dura del equilibrio.

Conozco las antenas amarillas,
la textura del hielo,
los inocentes labios de la sangre
remansando a la orilla del cabello,
y los interminables corredores azules
por donde se desliza, calladamente, ESO
que comienza entre el sueño y la simiente.

He tocado los altos escalones de niebla 
que presiden la noche de tu templo iracundo, 
he escuchado el molino que mastica el silencio 
que es como alimentarse la muerte de sí misma,
he alcanzado tu frente coronada de cráneos 
bajo el signo desierto de un abrazo de piedra.

Veo tu dentadura, tu mordedura fácil:
la máscara desnuda de una risa de huesos.

Tiempo segundo

Tú me ofreciste un punto de eternidad. 
¿Qué nombre
me dijiste que tiene? Lo he perdido… 
Era la imagen de algo inhabitable: 
alas de humo, paraíso inmóvil 
y una ecuación de miserable olvido.

¿Quién te dio el atributo del invierno? 
¿Quién conduce tu siega laboriosa 
y prepara un latido en cada hueso? 
¿Qué desolado amor al “Yo” te nombra 
como un castigo, un límite o un cielo?

Porque en tu larga mano que mide las raíces 
habita una semilla de tactos estelares, 
un útero infinito que repite la vida 
en las arquitecturas del sueño y la armonía.

Porque en la superficie hay un hijo que crece, 
un árbol que culmina, una palabra nueva y solidaria 
un testamento activo, una noticia 
para la libertad y la belleza.

Tiempo tercero

Ya está dormido el sueño en tu frente perfecta,
ya se unieron el ángel de espuma y el de fuego, 
ya tu contorno firme se llena de oquedades
y en tus ojos anidan astillas de tiniebla.

Ascienden tus cabellos en oleada nocturna, 
han herido tu nombre los pistilos del frío, 
el derrumbe se filtra por los poros del agua 
y te abre su secreto la tierra de cristales.

Eres ahora una bandera sin viento, 
una pasión que abandonó la forma: 
gérmenes y cuchillos y deseos… 
¡alimento de todo lo que vive y devora!

Antes era el paisaje rodando en tu pupila. 
Hoy tu ser es camino rodando en el planeta. 
Ahí, donde es lo mismo decir flor que lucero, 
océano que principio, sexo que primavera. 
Ahí estás, donde vive lo que muere, 
donde el espejo mudo del “¿para qué?” se quiebra.

Nació contigo, coronó tu infancia 
y es el fruto gemelo de tu vida. 
Lleva el nombre de todo lo que amas 
y el reflejo del polvo que te sueña. 
Has llegado a la sombra. Ya navegas 
el eco irreversible.
¡Testimonio sin voz, labio implacable! 
Un silencio de piedra nos declara 
que la muerte es la espalda del misterio 
y el amor, su sonrisa irreparable.

Brindis intermedio

Toma Muerte esta copa vacía 
de tormenta, de sed y distancia. 
Hallarás el sabor de una lágrima.

Esta gota solidificada 
que en tu boca será diluida 
es la suma integral de mi nada.

Dame Muerte esa copa de sueño, 
apagado cristal, negro vino, 
que entrelace la fiebre y el frío.

Descender a tu beso inviolado, 
embriagarme en tu cuerpo nocturno 
y soñar que viví entre tus labios.

Toma Muerte mi mano en tu mano, 
formaremos el último signo 
que encadena el amor al olvido.

Danzaremos tu esférica danza 
entre el viento y el pie de la tierra, 
la cintura del fuego y el agua.

Dame Muerte esa copa de amargo 
corazón, destilado en veneno, 
para el paso final del encuentro.

En tu aliento mortal mi simiente, 
la raíz del color en la frente 
y la cruz del maíz en el pecho.

Toma Muerte esta copa de luto
derramada en el río salobre;
la tendrás que llenar con tu nombre.

Dame Muerte tu máscara blanca. 
Quiero ver por tus ojos de abismo 
que hay un niño detrás de tu cara.

Toma Muerte mi copa quebrada…

Tiempo cuarto

Cuando la sed congregue racimos de colores 
en el fondo del tacto sumergidos, 
ecos de amanecer y madreselva 
en diminutas bocas del rocío.
Y cuando el corazón, entre sus redes, 
me recoja los pasos esparcidos 
y quede solamente una palabra 
—la palabra de muerte que me diste, 
esa labrada perla que conserva mi mano, 
esa lágrima dura que en tu mano es decir el infinito—
todo lo abarcaré, lo seré todo 
en espacio sin tiempo y sin delirio: 
encontraré la luz frente por frente, 
contemplaré los ojos del principio, 
daré vuelta completa al imposible 
y en el Todo… seré Uno contigo.

Sin tiempo

En la mirada ciega del amor me miraste 
descubriendo los ojos de la vida.
Y supe que nací por conocerte 
y unificarme en ti, Desconocida.

Tiempo quinto

Yo vestiré mi muerte de amarillo 
con camisa de sal y ojos de uva, 
adornaré su pie de cascabeles 
y la coronaré de nomeolvides.

Aquí, sobre tu trono de oropeles 
y tu manto de larvas y lamentos: 
¡Mira a la Vida, mírala de frente! 
Calavera de azúcar, di: ¿Quién eres?

Quiero el sudario de papel de China, 
el cadáver del sol hecho pedazos, 
un adiós con los pétalos de fuego 
y un ídolo de piedra entre los brazos.

Aurora Reyes Flores( Hidalgo del Parral, Chihuahua, México, 9 de septiembre de 1908-26 de abril de 1985, Ciudad de México). Poeta, escritora, pintora, activista y feminista ; considerada como la primera mujer muralista mexicana y como una de la veinte poetas mas importante de la poesía latinoamericana.

 Desde muy temprana edad tuvo que abandonar su lugar de origen y enfrentarse con los más descarnados cuadros de miseria en la Ciudad de México. Esta historia se inicia en el momento en el que su abuelo, el general Bernardo Reyes, cae acribillado frente al Palacio Nacional con lo que da principio la llamada “Decena Trágica”, era el 9 de febrero de 1909.

A raíz de estos acontecimientos se desata una persecución a muerte contra los descendientes cercanos del general que tuvieran cargo militar. El capitán León Reyes, padre de Aurora, tiene entonces que pasar a la clandestinidad mientras su familia viaja a la capital del país y se instala en uno de los barrios mas pobres en aquel entonces, “La Lagunilla”. La madre se dedica a hacer quesadillas que la niña (sobrina del escritor Alfonso Reyes) vende entre la gente mas humilde. Ésa fue la primera visión que tuvo de su pueblo. Cuando se declara la amnistía, Aurora puede incorporarse a la escuela primaria.

Ya adolescente ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria; ahí conoce a Frida Kahlo, su amiga desde los 13 años, y a quien la artista le dedicó la obra Retrato de Frida frente al espejo, de 1946. Ellas dos fueron testigos en esa escuela de cómo pintaban los primeros frescos los muralistas Carlos Orozco y Diego Rivera con el que Aurora va a sostener también una amistad que sólo terminará con la muerte de Diego en 1957. Tras ser expulsada de la escuela por enfrentarse a la directora, ingresa en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde permanece entre 1921 y 1923 aunque abandona sin finalizar sus estudios para continuar de forma autodidacta.

En 1947 edita el poemario Hombre de México y en 1953 publica Humanos paisajes, del que Carlos Pellicer solía decir: “con este libro Aurora Reyes se coloca en un sitio privilegiado dentro de los poetas modernos”.

¿Cuáles son las fuentes literarias de Aurora Reyes, cofundadora de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios? Su estrecha amistad con Eulalia Guzmán la llevó al conocimiento de los textos mexicanos. Conocía los muchos puntos de vista con polémicas que estos trabajos provocaban en un México que habían sido abordadas las traducciones del náhuatl, lo que la hacía formar parte de —y en— las polémicas que estos trabajos provocaban en un México por esas fechas en plena ebullición de las corrientes nacionalistas.

En ese renglón, sus lecturas iban desde los poemas de Tecayehuatzin, hasta las obras de investigadores extranjeros, desentrañadores de la vida de los antiguos mexicanos, estudiosos como Soustelle y Vaillant, Séjourné y Katz pasando por los muchos textos de nacionales contemporáneos.

Aurora Reyes tambien fue una minuciosa lectora de los poetas españoles de la “Generación del 27”; es dueña de un manejo del epíteto que la emparienta con la poesía surrealista y vive con emoción la epopeya de los fundadores de esta corriente. De los mexicanos recibe influencias de Manuel José Othón, y de Ramon López Velarde. Está también la presencia latinoamericana de Porfirio Barba Jacob.

Con estos elementos describe como nadie su entorno humano y geográfico. En su poesía crece la fundamentalidad del paisaje. La palabra avanza, el paisaje triunfa hacia todos los puntos cardinales del poema para que en él y desde él habite el hombre su dual condición: raíz y astro.

Así es como llega a “La máscara desnuda”, un poema primordial de la literatura mexicana, que requiere un estudio profundo que hasta la fecha no se ha realizado. Entre los poemas de gran aliento escritos en México, como “El Tajín”, merece destacado sitio “La máscara desnuda” (Danza mexicana en cinco tiempos), poema con el tema-eje de la muerte, labrado con el pedernal y la obsidiana de una versificación principalmente alejandrino-endecasílaba que se rompe en el “Brindis intermedio” de estrictas diez sílabas por verso para acentuar el efecto —por el contraste— de una danza de muerte a huéhuetl y teponaztli plenos. “La máscara desnuda” es un imponente mural poético.

Como pintora y muralista uno de los temas que se encuentran presentes en la obra de Aurora es el de la mujer, a quien siempre trató de reivindicar en sus obras. Según La Vanguardia de México ” siempre estuvo comprometida con la causa femenina, hecho que se observa en su obra “Mujer de la Guerra”, en la que se muestra a una madre con actitud combativa cargando con un brazo a su hijo, sin dejar de sostener un fusil”. De hecho, la artista ayudó a impulsar la lucha por el voto de las mujeres en el país azteca.

Durante su vida fue autora de siete murales. En 1936 logra ganar un concurso por oposición con un proyecto para mural y pinta su primer fresco  Atentado a las maestras rurales cuyo nombre original era La maestra asesinada y presenta a la maestra rural golpeada y vilipendiada por los enemigos de la patria, se encuentra ubicado en el Centro Escolar Revolución en la Colonia Doctores de la Ciudad de México. Entre 1960 y 1972 pintó cuatro murales en el Auditorio del 15 de mayo, en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), del cual ella era Inspectora de artes plásticas y donde la artista deja su visión global de la historia del país, con una gran fuerza nacionalista; lamentablemente han sufrido graves deteriores, no son de fácil acceso y han carecido de mantenimiento y restauración. Y en 1978, a ocho años de su muerte y 69 años de edad, acabó su sexto mural “El primer encuentro”, en el antiguo Palacio del Ayuntamiento, conocido como la casa de Hernán Cortes en Coyoacán, que narra la historia prehispánica de Coyoacán.

Expuso también en el Salón de la Plástica Mexicana participando en exhibiciones colectivas además de en México en países como Francia, Cuba, y Estados Unidos.

Desde 1927 dio clases de dibujo y pintura en la Secretaria de Educación Pública, de la que se retiró en 1964.

Fue ilustradora de sus libros y también de autores como Concha Michel, Alfonso del Río, Daniel Castañeda o José Muñoz Cota, entre otros.

Aurora reyes fue miembro fundadora de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y de la Confederación Nacional Campesina. Lideró el grupo feminista Las Pavorosas. Como dirigente sindical promovió la creación de las primeras guarderías para los hijos de las trabajadoras de magisterio. En 1960 participo con otros intelectuales en la lucha a favor de los prisioneros políticos en México. Uno de sus murales más populares es Trayectoria de la cultura en México realizado en el año 1962. En este se puede ver la historia de México en tres periodos: prehispánico, colonial, moderno.

Aurora Reyes a pesar del éxito en su carrera y su gran legado, murió casi olvidada, el 26 de abril de 1985 en la Ciudad de México. Sus cenizas fueron sepultadas en las raíces de la magnolia que ella misma había sembrado muchos años antes en el jardín de su casa de Coyoacán, en la calle Xochicaltitla. En su tronco, su hijo, el actor Héctor Godoy, mandó colocar una placa de metal con unos versos que Aurora le había escrito a ese árbol: “Hoy, blanca y luminosa, naciste Yololxóchitl: magna flor de las flores. La luna es tu diadema cuajada de diamantes. Hoy, blanca y luminosa, naciste, Yololxóchitl”.

En el año 2019 se realizó una exposición en la Ciudad de México ”Aurora Reyes: Una vida en el arte 1908-1985” ; compuesta por 158 obras, provenientes de las colecciones de sus nietos, Héctor y Ernesto Godoy, así como de su amigo, el poeta Roberto López Moreno, entre óleos, acuarelas, piezas en lápiz, tinta china y al carbón, así como bocetos de murales, videos, documentos y fotografías.

Según palabras de la historiadora y crítica de arte Karen Cordero Reiman : “La muestra pone de relieve las cualidades poéticas y simbólicas de su obra, que combina elementos surrealistas y de la pintura metafísica con rasgos alusivos a la especificidad de la cultura y la historia de México”

Enlaces de interés :

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/327-179-aurora-reyes?showall=1

https://www.cndh.org.mx/noticia/nace-aurora-reyes-activista-social-y-feminista-primer-mujer-muralista-mexicana-0

La triste historia de «La Novia de Oro»

Mural “Atentado a las maestras rurales” (1936)

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