11 Poemas de  Nizar Qabanni نزار قباني

Pintar con palabras
 
No me pidas cuentas de mi vida:
la conversación se alargará.
En todas las épocas estoy presente, como si
tuviera un millón de años.
Mis maletas se han cansado del largo viaje
y yo me he cansado
de mi caballo y de mis conquistas.
No ha quedado ni un pecho, blanco o negro,
en cuyo territorio no haya plantado mis banderas.
No ha quedado ni un rincón en el cuerpo de una bella
por el que no haya pasado mi caravana.
De la piel de las mujeres he confeccionado un manto,
he construido pirámides de sueños
y he escrito poemas a cuya magia sólo se asemejan
las palabras de Dios en la Torah.
 
Hoy me siento en la cubierta de mi barco
cual ladrón buscando el camino de salvación,
giro la llave del harén y no veo
en la sombra más que calaveras de muertos.
¿Dónde están los prisioneros?
¿Dónde están mis pertenencias?
¿Dónde está el incienso que fluía de mis habitaciones?
Hoy los pechos se vengan
y me devuelven las puñaladas.
 
Las tristezas de Harún Al Rashid(1) son amargas.
¡Si conocieras la amargura de la tristeza!
Soy como la antorcha del camino, amiga mía,
lloro, pero nadie ve mis lágrimas.
El sexo fue un calmante que probé:
no acabó con mis tristezas ni mis crisis
y el amor entero se tornó
semejante a las hojas en los bosques.
Soy incapaz de amar ni una hormiga
o una nube, de amar cualquier guijarro.
He practicado mil y una religiones
y he descubierto que la mejor
es adorarme.
 
Tu dulce boca no soluciona mi caso:
mi problema está en mi cuaderno y mi tintero.
Todos los caminos entre nosotros están cerrados:
nuestra salvación es pintar con palabras.

     [1]  (764-809) Quinto califa abbasí. Su suntuosa y legendaria corte aparece reflejada en los cuentos de Las mil y una noches.

De: Pintar con palabras (1966)

Retratos de Balqis al-Rawi y Nizar

Veinticinco rosas en el pelo de Balqís

Poema a su segunda esposa, Balquís Al Rawi, asesinada en 1981 durante el bombardeo de la embajada iraquí en Beirut.

Yo sabía que ella sería asesinada,
ella sabía que yo sería asesinado.
Se cumplieron ambas profecías:
ella cayó, cual mariposa, bajo las ruinas de la yahiliyya 
y yo caí entre los colmillos de una época árabe
que devora los poemas,
los ojos de la mujer
y la rosa de la libertad.

Yo sabía que sería asesinada
y que su feminidad no intercedería por ella:
la feminidad en este país, cuya geografía se extiende
de la repugnancia a la repugnancia
y de la bala a la bala,
no es causa atenuante
que proteja a las palomas del sacrificio
o conceda privilegios a las madres
para completar la cría de sus hijos.

Yo sabía que sería asesinada:
era hermosa en una época árabe repugnante,
era límpida en una época árabe turbia,
era noble en una época de maleantes,
era una perla auténtica
entre montones de perlas artificiales
y era una hembra única
entre series de mujeres comunes.

Yo sabía que sería asesinada:
encarnaba la civilización mesopotámica
y nosotros estamos subdesarrollados,
era una espléndida maqama bagdadí
y nosotros no escuchamos,
era un poema abbasí
y nosotros no leemos,
era un fragmento de la epopeya de Gilgamesh
y nosotros somos analfabetos,
era lo más bello que se haya escrito en poesía
y nosotros lo más feo que se haya escrito en prosa…                       

Yo sabía que sería asesinada
porque sus ojos eran puros, como ríos de esmeralda,
y su pelo era largo, como un mawwal bagdadí;
los nervios de este país
no soportan la verde espesura
ni la presencia de un millón de palmeras
que se arraciman en los ojos de Balquís…

Yo sabía que sería asesinada:
todos nosotros, sin excepción, formamos parte del menú
en este país, acostumbrado a comerse a sus ciudadanos;
lo extraño es que antes de hacerlo, nos pidan
que entonemos el himno nacional
y que hagamos el saludo militar al presidente de la mesa
y a los camareros que lo rodean.
¿Qué himno nacional? ¿Qué nación?
Si el cadáver del ciudadano árabe
es enterrado en cualquier lugar,
entre el estómago del gobernador árabe
y su intestino grueso…

Yo sabía que sería asesinada:
su orgullo
era mayor que la Península Árabe,
y su cultura no le permitía
vivir en la época de decadencia,
ni su luminosa constitución
le permitía vivir en la oscuridad…

Creía, por su gran belleza,
que la tierra era pequeña para ella;
por eso hizo las maletas
y se marchó de puntillas,
sin decir nada.

No temía que el país la matara,
sino que se matara a sí mismo.

Cual nube preñada de poesía
gotea sobre mis cuadernos:
vino, miel, ruiseñores
y rubíes,
gotea sobre mis sentimientos:
velas, pájaros marinos
y lunas de jazmín.
Tras su partida
comenzó la época de la sed,
se acabó el tiempo del agua.

Su amor iraquí
tenía sabor a rosa y a brasa;
cuando se desbordaba en primavera,
devastaba todos los obstáculos
y a mí me rompía en mil pedazos.

Con ella fundé el 5 de marzo de 1962
la primera escuela de amor en Bagdad.
Cuando Balquís cayó, el 15-12-1981,
los maestros y las maestras dimitieron,
los alumnos huyeron
y los estudios de amor
se aplazaron sine die…

Antes de que su pelo dorado se marchara, dejándome,
yo no sabía
que una de las aficiones de los pájaros
es ensamblar lingotes de oro.

Desde que Balquís se marchó,
los árboles no crecen,
la luna no se redondea
y el agua no brilla…

Porque el pueblo árabe
deseaba ser libre, como el pelo de Balquís,
no sujeto con horquillas, celdas y alambres espinosos,
como el pelo de Balquís.
El Sultán -Dios le conceda la victoria sobre sus enemigos
y acreciente su fortuna y sus favoritas-
ordenó prender fuego a los trigales,
cortarle la cabeza a cualquier espiga que hablara con otra
y librarse del pelo de Balquís,
indómito cual rubio alazán,
porque infundía a la gente esperanzas
y los inducía a la libertad.

Presentía que ella se marcharía:
en sus ojos había velas
prestas para el viaje,
y posados en sus pestañas
aviones prestos a despegar.
En su bolso -desde que nos casamos-
llevaba el pasaporte, el billete de avión
y visados de entrada a países que no llegó a visitar.
Cuando le preguntaba:
¿por qué llevas todos esos papeles en el bolso?
Respondía:
Porque tengo una cita con el arco iris…

Cuando me entregaron el bolso
que encontraron bajo los escombros
y vi el pasaporte,
el billete de avión
y el visado de entrada,
comprendí que no me había casado con Balquís Al Rawi
sino con el arco iris…

En las fiestas
evitaba ponerse a mi lado,
que la fotografiaran conmigo
o decir que era la mujer del poeta.
Era yo quien la buscaba por todas partes
y pedía a los fotógrafos que me retrataran con ella
para entrar en la historia.

Cuando asistía a mis veladas poéticas,
era ella quien acaparaba los focos
mientras yo permanecía en la sombra.
No intentaba ganarse a la poesía:
era la poesía quien intentaba ganarla a ella.

Cuando muere una mujer hermosa
la tierra pierde el equilibrio,
la luna anuncia duelo durante cien años
y la poesía se convierte en labor inútil.

No reconocía las medias soluciones,
su presencia era excepcional,
su conversación era excepcional
y su pelo, viajero por todo el mundo,
un acontecimiento excepcional.
Por eso
su muerte fue tan excepcional como ella…

Se casó conmigo, a pesar de la cábila,
viajó conmigo, a pesar de la cábila,
me dio a Zaynab y a Omar,
a pesar de la cábila.
Cuando le preguntaba por qué,
me estrechaba, como a un niño, contra su pecho
y susurraba:
«porque tú eres mi cábila».

Tenía fabulosos colores, cual mariposa,
elegante vuelo, cual mariposa,
y corta edad, cual mariposa.
Cuando la flamearon, el 15 de diciembre de 1981,
las estadísticas de Naciones Unidas anunciaron:
somos la única tribu del mundo
que se come a las mariposas.

Balquís Al Rawi,
Balquís Al Rawi,
Balquís Al Rawi.
Me gustaba el ritmo de su nombre,
retenía su sonido
y temía unir a él mi nombre
por si enturbiaba el agua del lago
y estropeaba la belleza de la sinfonía.

Esa mujer no podía vivir más,
no deseaba vivir más:
era semejante a las velas y los candiles,
era como un instante poético
que debía eclosionar antes de la última línea…

                                                                                    Beirut, 10-4-82.

Nazir y su esposa Balqis al-Rawi

Historia de las mujeres
Léeme para que te sientas siempre orgullosa.
Léeme cada vez que busques en el desierto
una gota de agua.
Léeme cada vez que cierren las puertas
de la esperanza a los enamorados.
Yo no escribo la tristeza de una sola mujer.
Escribo la historia de las mujeres.

De: Poemas Locos (1983)

Diario de un loco

Si grito:
«te quiero mucho»,
no me acalles.
Si pierdo la prudencia
y ciño tu cintura en la acera,
no me regañes.
Si destello en la reja de tus pechos,
como el relámpago, alguna noche,
no me apagues.
Si me desangro, como un gallo herido, en tus brazos,
no me cures.
Si transgredo las normas y las costumbres,
no me reprendas.
Ahora estoy en trance de la suprema locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.
 
Si me desbordo, como el mar, por tus playas,
no me contengas.
Si un día pido refugio al kohol de tus ojos,
no me arrojes.
Si me quiebro en fragmentos de luz sobre tus pies,
no me moltures.
 
Si cometo un crimen de amor,
si el color bronceado, fermentado en tus hombros, sacude mi fe,
si me comporto como un niño travieso
y empapo tu pezón de vino…
no me pegues.
Ahora estoy en trance de la gran locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.
                       
Si escribo en pétalos de rosa
que te quiero…
te ruego que me leas.
Si duermo como un niño en los bosques de tu pelo,
no me despiertes.
Si te llevo por dote la leche de los pájaros,
no me rechaces.
Si envío mil cartas de amor
para ti…
no las quemes abrasándome.
 
Si algún día te ven conmigo en los cafés de la ciudad,
no me ignores:
todas las mujeres de la ciudad conocen mi debilidad por la belleza
y el origen de la poesía y del jazmín.
¿Cómo fingir?
Si estás pintada en las aguas de mis ojos.
Ahora estoy en trance de la luminosa locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.
 
Cuando el vino francés
desprenda las horquillas de tu pelo sin disculpas,
y me cerque el trigo,
me ciña la noche,
me rodee la mar
y comience a pastar, como loco, la hierba de los campos,
sin saber dónde está mi derecha
ni mi izquierda.
 
Cuando el vino francés
borre las antiguas fronteras entre mi existencia y mi suicidio,
te ruego, en nombre de todos los locos, que me comprendas.
Te ruego, cuando el vino diga algo inoportuno
del amor, que me perdones.
Ahora estoy en trance de la hermosa locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.
 
Cuando el vino francés
borre los rostros,
las líneas,
y los ángulos,
y no quede más mujer que tú
ni más hombre que yo.
Cuando no sepa dónde están tus manos
y dónde están las mías,
cuando no sepa distinguir el vino
de mi sangre,
cuando no sepa distinguir el lenguaje de tus manos
del de los espejos,
cuando al final de la noche me haga añicos,
me cerque el deseo
y me cerque el kohol,
y se me olvide mi nombre
y mi dirección,
y se me olviden los nombres de todos los barcos,
te ruego, estrellado, que me recojas,
te ruego, roto, que me pegues,
te ruego, muerto, que me resucites.
Ahora estoy en trance de la gran locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura.
 
Cuando el vino francés
despoje del cuerpo asiático el quimono,
y de la oscuridad del pecho salgan la aurora,
la golondrina,
el coral,
el cobre, el té, el marfil
y otras cosas.
Cuando el vino francés
suprima todas las lenguas,
reduzca todas las culturas a cero
y todas las civilizaciones a cero,
y convierta tu boca en un jardín de rosas
y convierta mi boca en cincuenta bocas.
Cuando el vino francés anuncie al final de la noche
que eres la más hermosa de las mujeres,
y tu estatura y tu cintura las más armoniosas,
cuando anuncie que todas las bellezas del mundo son prosa
y sólo tú eres poesía,
en nombre de todos los borrachos,
en nombre de todos los confusos,
en nombre de todos los que sufren la maldición del amor,
te ruego que no me maldigas.
En nombre de todos los que sufren la herida del corazón,
te ruego que no me hieras.
Ahora estoy en trance de la suprema locura.
Perderás la ocasión de tu vida
si no aprovechas mi locura…

De: El amor no se detiene ante la luz roja (1986)(Al-hubb la yaqif ‘ala al-daw’ al-ahmar)

Con Fátima en el tren de la locura
Búscate a otro hombre
si quieres paz.
Todo amor apasionado
es, amiga mía, contrario a la paz,
toda poesía ingeniosa
es, en su formación, contraria a la paz.
Búscate a otro hombre
si escuchas las voces del arrepentimiento.
Búscate a otro hombre
que tenga la facultad y la paciencia de educar a una paloma;
yo jamás he intentado educar a una paloma…
Mi amor por ti, amiga mía,
es como el día del Juicio.
¿Quién podrá librarse del día del Juicio?
Acepta lo que el destino te ha deparado
con profunda fe y una sonrisa,
y sígueme
cuando monto por la noche en los trenes de la locura.
Mientras estés conmigo
no me importa lo que fue
ni lo que será….
 
¡Espiga que brota entre las lágrimas!
La espada ha penetrado en el corazón, ya no podemos retroceder.
Ahora estamos en la puerta del peligroso amor,
y yo te quiero hasta la inmolación,
hasta la muerte,
hasta el estremecimiento.
Somos muy famosos
y muy arrogantes con la Historia.
Los rumores cunden:
eso ocurre siempre en las grandes relaciones.
¡Ay, mi Fátima!
Con quien he vivido millones de pequeñas locuras.
Ya sé lo que significa estar enamorado,
tras las murallas del tiempo árabe,
ya sé lo que significa declararse,
susurrar,
hablar,
en este tiempo árabe;
sé lo que significa que seas mi mujer,
a pesar del terror del tiempo árabe,
que me llame la policía a declarar sobre el color de tus ojos,
lo que tengo bajo la ropa
y en la mente,
mis viajes, mis pensamientos y mis últimos poemas.
Si me hubieran atrapado
robando el kohol que se desprendía de tus ojos,
las afiladas espadas de la tribu me habrían cazado.
Suéltate el pelo.
Estoy perseguido como un profeta
y solo como una isla.
Suéltate el pelo,
quítate las horquillas: ésta es la última ocasión de tu vida.
 
¡Hermoso icono de la vida
que todos los días me lleva de la mano
a las plazas de la infancia
y me muestra bajo sus pestañas imposibles soles
e imposibles países!
¡Fabuloso tesoro que viajaba conmigo
en los trenes del norte!
La tinta china de tus ojos, amiga mía,
sobrepasa mi aguante.
Tú, que te disparas de mis venas
cual perfume de naranja.
 
Tú, que me partes en dos por la noche
y al alba me hallas sobre tus rodillas en media luna,
tú, que me has ocupado por el este y por el oeste,
por la derecha y por la izquierda,
sigue conquistándome.
Añoro la época de Windermere,
añoro caminar contigo sobre el agua,
caminar sobre las nubes
y caminar sobre el tiempo.
Añoro llorar en tu pecho hasta el final de mi vida,
hasta el final de la poesía.
Añoro las tabernas de los suburbios
y nuestros asientos junto al fuego.
Añoro el tamo blanco,
donde se mezcla el kohol del Hiyaz con la nieve,
y añoro un trago de coñac
en las noches frías.
 
¡Pajarito de agua que se sienta a mi lado
en los trenes del norte!
Agárrame fuerte del brazo.
Los decretos del sultán no me preocupan,
mis expedientes de las comisarías no me preocupan,
sólo tu amor, amiga mía, me preocupa.
Nos hemos arriesgado mucho,
nos hemos excedido
y hemos transgredido las señales de tráfico.
Agárrame fuerte del brazo
para que la tierra gire:
la tierra, sin un gran amor, no gira.

De: El amor no se detiene ante la luz roja (1986)(Al-hubb la yaqif ‘ala al-daw’ al-ahmar)

El Poeta
El poeta comía pétalos de rosa
y dormía en el regazo del sauce,
luego llegó la época árabe
y el poeta comenzó
a dormir en el regazo de los verdugos.

De: Me casé contigo, libertad (1988)

Me casé contigo, Libertad

Yo tenía un palacio
que albergaba a las mujeres más bellas del mundo:
árabes,
bizantinas,
turcas
y kurdas.
En mi palacio había juguetes fabricados en París
y un ejército de gatos de Damasco.
 
Era el único hombre de la historia
sin hijos, criados ni descendientes.
Era el príncipe del amor,
un día viajaba por las pupilas verdes
y otro por las pupilas color miel.
Allí estaban el perfume negro, las primeras lluvias
y las flores silvestres,
allí había ojos
que nadaban como gaviotas por mi circulación sanguínea,
allí había labios devoradores cual conchas marinas,
allí había un pez vivo bajo la axila
y acullá olor a mar,
allí había unos pechos que sonaban en torno a mí
como tambores africanos.
 
Yo era el santo de las palabras,
el sheij de las vías místicas,
lavaba con música el rostro de las ciudades de piedra,
era el observador, el explorador
y el poseído por el fuego eterno de la poesía.
Como Moisés
sembré en las aguas del Mar Rojo,
fui un Mesías antes de que llegara el cristianismo,
la mano de cada mujer que tocaba
se convertía en un lirio acuático.
 
Allí había mil mujeres en mi historia,
pero de todas las mujeres del mundo
sólo me casé con la libertad.

 De: Me casé contigo, libertad (1988)

El lenguaje imposible

El escritor en mi país
habla todas las lenguas del mundo
menos la árabe:
tenemos una lengua temerosa

en la que se han taponado todos los agujeros de la libertad.

De: Me casé contigo, libertad (1988)

La Palabra
 
No hay más solución
que la palabra.
No me amamanta más pecho
que la palabra.
No me alberga más país
que la palabra.
No hay en mi historia más mujer
que la palabra…

De: Me casé contigo, libertad (1988)

El poema y la geografía

En los países de Occidente, amiga mía,
el poeta nace libre
como los peces en los extensos mares
y canta
en el regazo de los lagos,
en los prados susurrantes
y en los campos de granados.
 
… Aquí
el poeta nace en un saco de polvo,
canta a reyes de polvo,
a caballos de polvo
y a espadas de polvo.
Es un milagro
que el poeta convierta la noche en día.
Es un milagro
que plantemos flores
entre asedio y asedio.
 
Nosotros no escribimos
-como el poeta occidental- poesía,
escribimos, amiga mía,
el acta de suicidio.

De: Me casé contigo, libertad (1988)

Cuatro cartas ingenuas a Beirut

Primera carta
¡Amigos de la tristeza en Beirut!
¿Cómo estáis?
Os preguntamos, sabiendo
la ingenuidad de la pregunta.
Os preguntamos
estando como huérfanos en el féretro de la belleza.  
 
Segunda carta
¡Amigos de la herida en Beirut!
¿Acaso no vendisteis una luna para comprar un terremoto?
¿No vendisteis las nubes azules,
las velas
y la arena?
¿No vendisteis la cereza roja en vuestros bosques,
el tomillo silvestre
y la retama?
¿No vendisteis
el manzano, el pájaro,
la falda y la cascada?
¿No vendisteis los libros de poesía que teníais
y la risa de los niños?
¿No vendisteis el dolor de las flautas en vuestros inventarios
y el mawwal * azul?
¿No vendisteis un paraíso
para vivir en las ruinas?
 
Tercera carta
¡Amigos de la poesía en Beirut!
¿Acaso no vendisteis la última estrella de vuestro cielo?
¿No vendisteis
la última letra de vuestro nombre?
¿No vendisteis
los restos de las alhajas de vuestras mujeres?
¿No vendisteis el mar?
¿No vendisteis a las milicias que os flagelaban
el último hilo de la camisa de la poesía?
 
Cuarta carta
¡Amigos de la paciencia en Beirut!
Decidnos
en qué tierra se siembra la paciencia.
Decidnos
si es posible que la rosa se levante de su cama
y despierte el perfume.
¿Es posible que las letras vuelvan de su lejanía
y se desborde la tinta?
¿Es posible que recobremos nuestra vida,
si ellos han borrado
las más bellas líneas del libro de la vida?

*  Tipo de copla.

De: Me casé contigo, libertad (1988)

Traducción del árabe: María Luisa Prieto.Fuente


Nizar Qabbani (en árabe, نزار قباني).(Damasco, Siria, 21 de marzo de 1923-Londres, Reino Unido, 30 de abril de 1998). Poeta, editor y diplomático. Uno de los máximos exponentes de la corriente del verso libre que en los años cincuenta contribuyó a la renovación de la poesía árabe. Es uno de los poetas contemporáneos más respetados en el Mundo Árabe.

Nizar nació en el seno de una acomodada familia. Su madre Faiza Akbiq era de origen turco y su padre Tawfiq Qabbani, era sirio. Su padre fue un militante nacionalista que ayudó a los combatientes que resistían el Mandato Francés de Siria y fue encarcelado muchas veces por sus puntos de vista, lo que afectó en gran medida la educación de Nizar forjando en él un carácter revolucionario. De su tío abuelo, Abu Khalil Qabbani, quien fue uno de los principales innovadores de la literatura dramática árabe y uno de los fundadores del teatro sirio contemporáneo, heredó su amor por la palabra. Nizar tenía dos hermanas, Wisal y Haifa, asi como tres hermanos: Mu’taz, Rashid y Sabah.
Nizar se educó en Damasco. Estudió, tras la primaria, en la Facultad Científica Nacional -entre 1930 y 1941- escuela bilingüe franco-árabe en la que solían matricularse los hijos de la pequeña burguesía damascena. Allí fue alumno del poeta Jalil Mardam.

Estudió Derecho en Damasco y al acabar la carrera, en 1945, ingresa en el cuerpo diplomático y es destinado a El Cairo, donde publica el poemario «Infancia de un seno» (Tufūlat nahd). Ya en estas primeras obras, rompió todos los tabúes literarios, como cuando describió actos sexuales de forma extremadamente explícita o criticó la hipocresía y el sexismo de un mundo centrado exclusivamente en el género masculino. El trágico suicidio de su hermana, quien se quitó la vida porque no podía casarse con el hombre que amaba quizás fue el detonante para su rebeldía poética. Qabbani pudo observar y comprender desde niño la tragedia de nacer mujer en un universo cultural como el árabe, donde las reglas del sistema imperaban y creaban una barrera infranqueable entre los mundos masculino y femenino. Comprendió que «aquel mundo tras los muros» ocultaba una despreciable realidad de control y opresión, y decidió que en sus versos revelaría todo el dolor de esta miserable condición.

Qabbani fue inmediatamente objeto de abierta oposición, y su obra fue tachada de obscena y sumamente provocadora. Paradójicamente, se hizo muy popular entre los jóvenes, quienes pudieron identificarse con él y encontrar en su poesía una forma de expresar toda la incomodidad de sus aspiraciones reprimidas.

La profesión diplomática le lleva sucesivamente a Ankara (1948-1950), Londres (1952-1955), Pekín (1958-1960) y Madrid (1962-1965) sirviendo alternativamente como cónsul o agregado cultural.

En 1947 se casó con su prima Zahra Aqbiq (también Zahra Akbik). Tuvieron dos hijos: Hadba (nacida en 1947) y Tawfiq(1950). La pareja se divorció en 1952.

En 1959, cuando se formó la República Árabe Unida (Siria + Egipto), Qabbani fue nombrado Vice-Secretario de la UAR para sus embajadas en China. Escribió mucho durante estos años y sus poemas procedentes de China fueron algunos de sus mejores.

A partir de 1966 es cuando Nazir se consagró por completo a la poesía. Se establece en El Líbano, donde funda su propia editorial «Manshurat Nizar Qabbani». De los años 60 sus obras más destacadas son los poemarios Amada mía (حبيبتي , Habībatī, 1961) y Dibujo con palabras (الرسم بالكلمات , Ar-rasm bi l-kalimāt, 1966).

El año siguiente, 1967, marca un antes y un después en su carrera. La derrota árabe en la Guerra de los Seis Días sume al mundo árabe en una gran crisis. Qabbani, hasta entonces poeta netamente amoroso, empieza a hacer una literatura más política y combativa que inicia con su célebre poema Apuntes en el cuaderno de la derrota (هواميش على دفتر النكسة , Hawāmīš ‘alà daftar an-naksa). Fue publicado en la prestigiosa revista beirutí Al-Adab en agosto de aquel mismo año; realizaba una feroz crítica de las causas que habían llevado a la derrota: la retórica hueca, la desunión… Las críticas de Qabbani no cayeron muy bien y se generó un gran movimiento en su contra en varios países árabes que incluyó manifestaciones, encendidos artículos, secuestro legal de la revista en varios lugares e incluso quema pública de la misma.

Nizar Qabbani conoció a su segunda esposa, Balqis al-Rawi, durante un recital de poesía en Bagdad, Irak, en el año 1969. Ella era una joven maestra de escuela iraquí e hija de un oficial del ejército. Poco después de conocerla, Nizar, 16 años mayor, pidió formalmente la mano de Balqis. Sin embargo, el padre de ella y su familia rechazaron rotundamente la propuesta. A pesar de la negativa y de la distancia la pareja se mantuvo en comunicación constante. El poeta canalizó su frustración escribiendo poemas de amor que se popularizaron tanto en Irak que llegaron hasta el entonces presidente de Irak, Ahmed Hassan al-Bakr, y a otros altos funcionarios del gobierno. Al enterarse de la situación, el propio presidente intercedió formalmente ante el padre de Balqis, enviando una delegación oficial para pedir su mano en nombre de Nizar. Ante tal honor y presión diplomática, la familia finalmente cedió y la pareja pudo contraer matrimonio en 1973, convirtiéndose en uno de los matrimonios más icónicos y comprometidos de la cultura árabe. Juntos tuvieron un hijo, Omar, y una hija, Zainab.

A principios de los setenta aparecen dos obras autobiográficas: De amor, sexo y revolución (الحب والجنس والثورة , Al-hubb wa-l-yins wa-t-tawra, 1971) y Mi historia con la poesía (قصتي مع الشعر , Qissati ma’a š-ši’r, 1973).

En 1973 el poeta sufrió el fallecimiento de su hijo Tawfiq de un ataque al corazón a los 22 años. El joven estudiaba medicina en Londres cuando murió. El fallecimiento de Tawfiq sumió a su padre en una profunda depresión que duró más de tres años. Nizar Qabbani canalizó su inmenso dolor escribiendo una de sus elegías más famosas y desgarradoras: el poema  «Al príncipe damasceno, Tawfiq Qabbani».

Tras el estallido de la guerra civil libanesa en 1975 dejan Beirut y viven en varias ciudades árabes. De esa época es un homenaje en prosa poética a la ciudad devastada por la guerra: Diario de una ciudad que se llamaba Beirut (يوميات مدينة كان إسمها بيروت , Yawmiyyāt madīna kān ismu-hā Bayrūt). A pesar de haber huido inicialmente, Nizar y Balqis decidieron volver a instalarse en la capital libanesa a finales de los años 70 por el trabajo de Balqis al-Rawi en el servicio de prensa de la Embajada de Irak en Beirut. Al ser un puesto diplomático formal, ella debía residir en la ciudad, y Nizar la acompañó.

En 1981 publica ¿Qué es la poesía? (ما هو الشعر , Mā huwa al š-ši’r?), obra a caballo entre la crítica literaria, la lírica y la autobiografía.

En diciembre de 1981sufrió la pérdida de su segunda esposa, Balquís Al Rawi, (42 años), durante el bombardeo de la embajada iraquí en Beirut. Nizar Qabbani describe este momento diciendo:

El asesinato de Balqís dejó al poeta devastado y fruto de ese dolor escribió su conocido, bello y desgarrador poema Veinticinco rosas en el pelo de Balqís. Es considerado uno de los poemas más conmovedores de la poesía árabe moderna.

Nizar Qabbani nunca volvió a ser el mismo. Abandonó Beirut con sus hijos y posteriormente, residió en distintas ciudades europeas, sobre todo, GinebraParís Londres, en donde pasaría los últimos años de su vida. Fue entonces cuando publicó su Poemas árabes de amor (قصائد حب عربية , Qasā’id hubb ‘arabiyya)(1993), además de otras obras que volvieron a provocar controversias como ¿Cuándo se anunciará la muerte de los árabes? (1994), poemas mordaces dirigidos a las autoridades políticas del mundo árabe.

Nizar Qabbani falleció en Londres en 1998. Tenía 75 años. En su testamento, que él escribió en su cama de hospital en Londres, Qabbani manifestó que deseaba ser enterrado en Damasco, la cual describió en su testamento como «el vientre que me enseñó la poesía, me enseñó la creatividad y me concedió el alfabeto de Jasmine «.

Cuatro días después fue enterrado en el cementerio antiguo Bab Saghir, en la ciudad vieja de Damasco,  con los honores correspondientes a un gran artista de las letras árabes.

Qabbani voz de Siria y poeta nacional, es uno de los poetas contemporáneos más respetados en el Mundo Árabe. Qabbani se convirtió en poeta hereje para los poderosos que controlaban su tierra y en poeta terrorista para los poderosos que llegaron de Occidente para arrebatársela. Luchó por la liberación poética de la mujer y la búsqueda de una feminidad eterna y revolucionaria que sanara la fractura emocional de su pueblo y su cultura; y luchó por la liberación e independencia de su patria y de todas las tierras ocupadas por potencias coloniales e imperialistas, la lucha por la unidad y la liberación de todos los pueblos oprimidos.

Revolucionario de la poesía, del amor, del concepto de mujer; sus palabras se infiltraron en todos los aspectos de la vida, criticadas por los poderosos y leídas en secreto, con delicadeza, por aquellos árabes que presentían que el viento estaba cambiando.

Algunos de sus versos, cargados de belleza melódica, han sido musicalizados e interpretados por artistas famosos.

Nizar Qabbani ha sido traducido al español por Pedro Martínez Montávez, quien tuvo relación personal con el poeta sirio, y quien desde hace décadas ha venido estudiando y dando a conocer su obra en español en libros como Poemas amorosos árabes (Madrid, IHAC, 1988) y Tú, Amor (Madrid, CantArabia, 1987).

A M.ª Luisa Prieto se debe también la traducción y edición de El libro del Amor (Madrid, Hiperión, 2001).

Muchos de los poemas de Qabbani también se han traducido al Inglés, tanto individualmente como en colecciones de obras seleccionadas. 


Enlaces de interés :

https://www.poesiaarabe.com/nizar_qabbani.htm

https://www.middleeasteye.net/opinion/love-poetry-and-pan-arabism-broken-dream-balqis-and-nizar

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