7 Poemas y 4 cartas de Juan Rulfo

Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña

Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una

herida; como se va la muerte de la vida

Y la vida se llena con tu nombre. Clara, claridad esclarecida.


Hoy que vine de ti, sostenido a tu sombra, he mirado la noche.
He mirado las nubes en la noche como lágrimas alrededor de la luna clara: los árboles oscuros, las estrellas blancas

De: Cartas a Clara, México, RM, 2012

Cada suspiro
es como un sorbo de vida
del que uno se deshace.

Rulfo y Cortázar, en los años 70

¿Dónde estabas? Parecía encontrarte
entre los ruidos más pequeños
en aquellos que baten sus sonidos y se confunden

con las palpitaciones
con el murmullo de la tierra
con el grito de la sangre.
Parecía encontrarte
apenas devuelto como iris
de una constelación sin esperanza.
Me faltabas. Eras como ese sueño
que nunca llega y que remotamente
nos espera entre dos estaciones

De: Los cuadernos de Juan Rulfo, México, Era, 1995

Yo lloro, sabes,
lloro a veces por tu amor.
Y beso pedacito a pedazo
cada parte de tu cara
y nunca acabo de quererte.

Vivimos en una tierra
en que todo se da,
gracias a la providencia,
pero todo se da con acidez.
Estamos condenados a eso.

Nadie puede durar tanto,
no existe ningún recuerdo
por intenso que sea
que no se apague.

Rulfo y Elena Poniatowka. Foto: Fundación Elena Poniatowska.

Por la puerta se veía el amanecer en el cielo.
No había estrellas. Sólo un cielo plomizo,
gris aún no aclarado por la luminosidad del sol.

Una luz parda, no como si fuera a comenzar el día,
sino como si apenas estuviera llegando el principio de la noche.

Cartas de Juan Rulfo a su esposa Clara

La vida no se detiene

“Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor…

Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?

He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde… y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río…

Clara: hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre”


México, D.F. 20 de agosto de 1946

Sta. Clara Aparicio
Guadalajara, Jal.

Mujercita:

Ayer me llegó muy fuerte el amor por ti. Estuve en una fiesta en la casa de la pintora María Izquierdo y allí me encontré con un gran montón de poetas y pintores y escultores y artistas y «coleros» como yo. Allí me encontré a Isabela Corona y me solté platicando con ella y como yo estaba medio romántico le hablé de ti y ella me dijo que tenía una prima en Guadalajara que según el decir poseía las piernas más bonitas y monumentales de todo el Occidente del país; pero que, conforme lo que yo le decía de ti, debía de no ir a visitar a su prima y, en cambio, casarme contigo luego lueguito y enseguida inmediatamente lo más pronto posible, porque de otro modo me iba a caer cualquier día muerto de amor en la orilla de cualquier banqueta. Eso sucedió porque allí se trataba de un banquete. María Izquierdo es muy fea y tiene una hija más fea que tú. También conocí a Enrique González Martínez, el autor de «Tuércele el cuello al cisne», y a José Gorostiza, el mejor poeta de México: «Muerte sin fin», Antología «Laurel», páginas tales y cuales. A Rosaura Revueltas, que está loca de querer tanto a su marido que se le fue de su casa hace dos años y al que todavía anda buscando. Bueno, se bebió, se comió y se dijeron muchas barbaridades, que no te cuento porque te pondrías coloradita. Y como te iba diciendo me acordé de ti mucho y ya no hallaba a quién contarle que tú vivías sobre la tierra y que comías y dormías y no eras ningún fantasma ni ninguna alucinación mía, sino que estabas vivita y coleando y que yo te quería mucho y que ya no te iba a regañar nunca, con tal de poder creer, aunque no sea cierto, que tú también me quieres. Te iba a escribir anoche mismo pero ya te puedes imaginar que llegué algo atarantado, no de lo que tú te imaginas, sino de la desvelada, pues eran las cinco de la mañana y la cama estaba rete sabrosa. Te recomiendo que veas una película que se llama «La escalera de caracol»; allí sales tú dando unos gritos muy fuertes. De cualquier modo ya tengo ganas de ver tu naricita y esa boca tuya que tanto me gusta. Dios sabe que… ¿Cómo salieron tus fotografías? Recógelas todas, no vaya a suceder que las pongan en el escaparate y algún o algunos o algunas (pretérito pluscuamperfecto del verbo: algunear) te lleguen a confundir con la Virgen de Zapopan y luego te quieran llevar en peregrinación por las calles. Cuídate mucho y quiéreme mucho, pedacito de jitomate. No creas que estoy loco, pero si no me voy a Guadalajara en esta semana no faltará que pierda algún domingo. I love you, I love you, I love you, I will always love you. Ego amatus tui, ego amatus tui. So much. Ich liebe dich, ich liebe dich, einverstanden. Io ti amo, io ti amo. Salúdame mucho a tus hermanitos y a tu mamá si es que ya está con ustedes y ojalá que tú estés contenta y de buen humor, como siempre. No leas esta cosa acabando de comer porque te haría daño. Y no me sigas haciendo daño a mí, pobre corazón mío.

Juan

He aprendido a escribir tu nombre en las paredes. Vale.

No te escribo nada de este lado porque me dijeron que era falta de educación.

En ese sentido tú sabes que yo soy muy correcto. Vale.

Juan

¿Sabes una cosa?

Chiquilla:

¿Sabes una cosa?

He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños.

También he concluido por saber que los cachetitos, el derecho y el izquierdo, los dos, tienen sabor a durazno, quizá porque del corazón sube algo de ese sabor.

Bueno, la cosa es que, del modo que sea, ya no encuentro la hora de volverte a ver.

No me conformo, no; me desespero.

Ayer pensé en tí, además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacia el durazno de tu corazón; lo pronto que se acabaría la maldad a mi alma.

Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas.

Juan Rulfo y su esposa Clara Aparicio y sus hijos Claudia, Juan Francisco y Juan Pablo; aún no nace Juan Carlos).Circa 1956. Fotografía tomada con la cámara de Juan Rulfo.



En otra carta Rulfo escribe: 

«No sé lo que está pasando dentro de mí; pero a cada momento siento que hay algo grande y noble por lo que se puede luchar y vivir. Ese algo grande, para mí, lo eres tú … Estuve leyendo hace rato a un tipo que se llama Walt Whitman y encontré una cosa que dice: ‘El que camina un minuto sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral’. Y esto me hizo recordar que yo siempre anduve paseando mi amor por todas partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente».

Enero de 1945

«Aire de las colinas: cartas a Clara»


Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, Juan Rulfo,(Sayula, Jalisco, México, 16 de mayo de 1917-México D.F., 7 de enero de 1986). Novelista, fotógrafo y guionista. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1983). Reconocido como uno de los grandes escritores mexicanos del siglo XX.

Hijo de María Vizcaino Arias y de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo, una familia acomodada en la que fue el tercero de cinco hijos.

En 1922 sus padres le llevan al Colegio de las Josefinas en San Gabriel, dirigido por el Padre Monroy. Su padre murió asesinado el 1 de junio de 1923, cuando él tenia seis años. Su estancia allí tuvo que ser interrumpida en 1926 por la Guerra Cristera que cerró el colegio y provocó la huida del sacerdote. El suceso favoreció una experiencia decisiva: le permitió al jovenRulfo el acceso a la biblioteca del cura. «Cuando se fue a la Cristiada, el cura de mi pueblo dejó su biblioteca en la casa porque nosotros vivíamos frente al curato convertido en cuartel y antes de irse, el cura hizo toda su mudanza. Tenía muchos libros porque él se decía censor eclesiástico y recogía de las casas los libros de la gente que los tenía para ver si podía leerlos. Tenía el índex y con ese los prohibía, pero lo que hacía en realidad era quedarse con ellos porque en su biblioteca había muchos más libros profanos que religiosos, los mismos que yo me senté a leer, las novelas de Alejandro Dumas, las de Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill, Sitting Bull. Todo eso lo leí yo a los diez años, me pasaba todo el tiempo leyendo, no podías salir a la calle porque te podía tocar un balazo. Yo oía muchos balazos, después de algún combate entre los Federales y los Cristeros había colgados en todos los postes. Eso sí, tanto saqueaban los Federales como los Cristeros». Un año después fue inscrito en el colegio internado Luis Silva de Guadalajara (entonces era un orfanato) por decisión del su tío Vicente Vizcaíno. Cuando tiene 10 años, en noviembre de 1927, muere su madre y los hermanos quedan bajo la custodia de su abuela materna Tiburcia.

En 1932 Rulfo entró en el Seminario Conciliar por orden de la abuela. “Tiburcia predecía que el muchacho iba a ser sacerdote, basándose en que le fascinaba leer y casi no jugaba. Él, por su parte, había dicho que no le gustaba el sitio ni quería “ser padre”, pero que iba porque quería recorrer mundo”. Aunque pareciese una postura contradictoria la verdadera intención del joven Rulfo era conocer Roma. Ya de adulto, su condición religiosa es resumida así por su biógrafo: “con los años Rulfo fue un creyente, no un devoto consuetudinario. Quizá fue un agnóstico” (VITAL, Alberto, Noticas sobre Juan Rulfo. La Biografía, México RM, 2017).

En el seminario estudió métrica latina y literatura, lo cual seria imprescindible para el futuro escritor ya que aunque Rulfo trató de inscribirse en la universidad en 1933 los conflictos de la Guerra Cristera dificultaron su trayectoria académica. Su formación tuvo mucho de autodidacta a través de sus vastas lecturas y rigor monacal. Decide marchar a la Ciudad de México y durante 1934 comenzó a escribir y a colaborar en la revista América. Siempre escribía sus textos a mano y con un lápiz. Trabajaba de archivero en la Secretaría de Gobernación ganando 84 pesos mensuales. Vivía en el Molino del Rey con su tío el coronel David Pérez Rulfo, miembro del Estado Mayor del general Avila Camacho. Luego le destinaron a fábrica El Molino y tuvo que alquilar un cuarto en una casa de huéspedes. En las noches escribía y se reunía con otros escritores en un café de Dolores, donde nació la revista América.

En 1942 aparecieron publicados dos cuentos suyos en la revista Pan (Guadalajara), que formarían parte de El llano en llamas (1953).

En 1946 comenzó a trabajar para la Goodrich Euzkadi como agente viajero, donde inició su notable labor fotográfica. Durante su vida publicó varios libros de fotografías. en 1946 publicó su cuento «Macario» en la revistas Pan y América, y en 1947 su cuento «Es que somos muy pobres» en revista América. En 1948 publicó «La Cuesta de las Comadres» y en 1950 «Talpa» y «El Llano en llamas». 

En 1947, se casó con Clara Aparicio, con la que tuvo cuatro hijos, Claudia Berenice, Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos. El amor de Rulfo por la adolescente a la que llevaba 11 años comenzó una tarde de 1943 en el café Nápoles, de la ciudad de Guadalajara (local que ya no existe). Juan de 26 años volvió a ver a Clara dos años después, Clara tenía 15. Después de un tiempo le propuso matrimonio y ella contestó que debía esperar tres años; él aceptó. Mientras transcurría el tiempo pactado Juan Rulfo escribió a su amada 81 misivas. Clara conservó las misivas durante casi medio siglo, hasta que decidió que era hora de publicarlas y fueron editadas en el libro Aire de las Colinas. Cartas a Clara (Plaza & Janés, 2000), que reúne las 81 cartas escritas entre 1944 y 1950.

Entre 1952 y 1954, el escritor fue becario del Centro Mexicano de Escritores, en donde, durante su segundo año como becado, concluyó y leyó fragmentos de su primera novela, Pedro Páramo.

Entre septiembre de 1953 y 1954, Rulfo ya había entregado el manuscrito original de la novela al Fondo de Cultura Económica y había empezado a publicar adelantos de la misma en tres revistas distintas de Ciudad de México(respectivamente Las Letras PatriasUniversidad de MéxicoDintel). En esta primera revista, el título de la futura novela era Una estrella junto a la luna, en la segunda, Los murmullos y en la tercera, Comala. Finalmente, Rulfo publicó Pedro Páramo en 1955.

Uno de los grandes amigos de Rulfo fue el poeta José Gorostiza, a quien llamaba “el mejor poeta de México; se conocieron en agosto de 1946, intercambiaron libros, compartieron su pasión por Rilke, buscaron la perfección en sus obras y en ese entrelazamiento de destino ambos tuvieron sillón en la Academia Mexicana, donde Rulfo ocuparía precisamente el sillón vacante del poeta Gorostiza. Rulfo dedicó su discurso de entrada en la Academia a Gorostiza en un derroche al reconocimiento del talento poético. Más de tres cuartas partes de su intervención están dedicadas a loar al “gran maestro de la palabra y el espíritu” y a recordar su amistad “tal vez por ser cómplices de iguales sentimientos”.

Ambos, Gorostiza y Rulfo, eran devotos de Rainer María Rilke y de Stephane Mallarmé. La pasión por Rilke era tal que llevó a Rulfo a elaborar una versión propia, traducida, de Réquiem Elegías de Duino, a partir de su acercamiento al alemán, un idioma que siempre le gustó. Para su biógrafo Alberto Vital las analogías entre ambos autores alcanzaban a datos como el mismo nombre de sus respectivas esposas (Clara Westhoff – Clara Aparicio) y a fetiches como el papel color verde que utilizóRilke para redactar su primera elegía, el mismo color de los cuaderno en que Rulfo esbozó a mano Pedro Páramo, posiblemente elegido para emular a su admirado Rilke.

La biografía de Rulfo nos muestra una especial atención y querencia por la poesía. Su albacea ha llegado a elaborar una lista de las transcripciones de poemas y poetas que se conservan entre los papeles de su archivo personal: Rilke, Mallarmé, poetas estadounidenses, como John C. Ransom, Sylvia Lynd, Edith Sitwell, Edna St. Vincent Millay, Horace Gregory, Leonie Adams, Hart Crane, Sídney Keyes, Donald Thompson, Archibald Macleish. Poemas de autores negros, como Langston Hughes y Countee Cullen. “Todos mecanografiados por Rulfo en español”.

La carga lírica en la prosa de Juan Rulfo ha sido uno de los elementos más subrayados por la ingente crítica de la obra del autor mexicano. Sus dos obras, la recopilación de cuentos El llano llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955), marcaron un punto de inflexión en la escena de su país además de un fuerte impacto internacional. Parte de la critica se apresuró a adscribir la obra de nuestro autor al subgénero de la prosa poética o la novela lírica. Sus borradores, publicados en 1994 como *Los cuadernos de Juan Rulfo*, revelan su complejo proceso de escritura.

 Mucho se ha escrito sobre el misterio del silencio literario de Rulfo hasta su muerte en 1986. Sobre ello hay un fragmento del libro Las mañas del zorro de Reina Roffé que merece recordar:

«…Pero cuando los jóvenes periodistas le preguntaron por qué no podía librarse de su escepticismo, tan difundido, y publicaba algo de lo que, según contaba, venía escribiendo, Rulfo tomó un libro que había sobre la mesa, La oveja negra y demás fábulas de Augusto Monterroso, lo abrió en una página y pidió que leyeran en voz alta un brevísimo cuento titulado “El zorro es más sabio”. El cuento trata de un zorro que se convierte en escritor, publica un libro bueno, luego otro mucho mejor, y con eso se da por satisfecho, pero los demás empiezan a preguntarle por qué no publica más. Entonces el zorro se pone a pensar y se dice a sí mismo: “En realidad lo que estos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer. “Y no lo hizo”, dice la última línea del cuento. Los entrevistadores se despidieron de Rulfo y uno de ellos comentó -el autor ya no lo oía-: “Démonos nosotros también por satisfechos y dejemos que el zorro continúe con sus mañas; ya escribió dos libros memorables”. (Fuente)


Obra publicada:

El llano en llamas (1953): Su primer libro. Una colección de cuentos centrados en la vida rural mexicana, la violencia y la desolación.

Pedro Páramo (1955): Su única novela publicada. Narra el viaje de Juan Preciado a Comala para buscar a su padre, en una atmósfera donde los vivos y los muertos se entrelazan. La culpa, la soledad y la muerte marcan la historia de Pedro Páramo. La estructura básica de la novela es la negación del tiempo, característica esencial de la poesía y el mito. El presente solo existe de forma narrativa porque todo lo narrado está ya anclado en el pasado. Varios autores han destacado también la importancia del silencio en la condición poética de la novela. Pedro Páramo es considerada la obra maestra de Juan Rulfo y uno de los pilares de la literatura latinoamericana. Esta novela ha sido traducida a numerosos idiomas y continúa siendo objeto de estudio y admiración en todo el mundo.

El gallo de oro (1963 / ed. 1980): Una novela corta sobre el ambiente de los palenques donde narra el ascenso y caída de un pregonero y una cantante que también fue adaptada al cine.

Como fotógrafo, Rulfo dejó un legado de más de 6000 mil negativos. Publicó un libro con una selección de 100 fotografías. 

Premios y reconocimientos:  Premio Xavier Villaurrutia (1955) por Pedro Páramo, Premio Nacional de Literatura en México (1970) y Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1983).

En 1974 Rulfo viajó a Europa para participar en el Congreso de Estudiantes de la Universidad de Varsovia. Fue invitado a integrarse a la comitiva presidencial viajando por Alemania, Checoslovaquia, Austria y Francia. 

 El 9 de julio de 1976 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1984.

Juan Rulfo falleció en la Ciudad de México el 7 de enero de 1986 a causa de un enfisema pulmonar.

El escritor Juan José Arreola, al enterarse de la muerte de Rulfo, expresó:

El escritor y periodista mexicano Carlos Monsiváis, escribió acerca de su admiración por Rulfo:

La influencia de Juan Rulfo en otros autores es indiscutible. Podemos nombrar a Ángeles Mastretta y al Nobel Gabriel García Márquez quien  reconoció a Rulfo como maestro. De hecho la Fundación Gabo recoge testimonios y comentarios del autor de Cien años de soledad sobre la lectura de Pedro Páramo como lo que escribió al recordar su primera lectura de la novela:


La escritora estadounidense Susan Sontag manifestó de Pedro Páramo que:

 Jorge Luis Borges dijo de la novela:

La escritora argentina Reina Roffé le ha dedicado al autor mexicano varios trabajos, el primero fue un libro breve que publicó en su país de origen en 1973, cuando todavía era estudiante de literatura, con el título Juan Rulfo: Autobiografía armada, constituyéndose en la primera biógrafa de este escritor, texto profusamente citado en estudios académicos y ediciones críticas. En 2003 Roffé publicó Juan Rulfo. Las mañas del zorro; fue editada originalmente en España por Espasa Calpe en 2003 y después de veinte años vuelve a aparecer en Argentina en una edición de Mil Botellas. El ultimo libro de Roffé dedicado al autor de Pedro Páramo es Juan Rulfo, biografía no autorizada (Fórcola, 2017).

En 2003 se publicó Juan Rulfo, el arte del silencio (2003), escrito por Nuria Amat, explora la vida y la poética del silencio del autor.

En 2004 se publicó Noticias sobre Juan Rulfo. La biografía de Alberto Vital, reeditada en versiones ampliadas posteriormente.

En 2005 Juan Ascencio escribe Un extraño en la tierra donde detalla las facetas menos conocidas del escritor

En 2017 se estrenó el documental ‘Cien años con Juan Rulfo’ dirigido por su hijo Juan Carlos Rulfo con la colaboración de su otro hijo Pablo Rulfo.

Clara Aparicio, su amada Clara sobrevivió a Rulfo 37 años. Falleció el lunes 9 de octubre de 2023. Tenía 95 años.


Enlaces de interés :

LA INFLUENCIA DE LA POESÍA EN JUAN RULFO/DAVID MARCIAL PÉREZ MUÑOZ: https://oai.e-spacio.uned.es/server/api/core/bitstreams/12fe07c3-2018-4edb-97b0-1c719c9dd289/content

https://campuseducativo.santafe.edu.ar/wp-content/uploads/Nos-han-dado-la-tierra-Juan-Rulfo.pdf

https://www.mardefondope.com/2025/02/la-entrevista-perdida-de-juan-rulfo-sus-origenes-su-oficio-y-la-vida-detras-de-la-ficcion.html

https://www.contactomagazine.com/rulfobio.htm

https://www.elmundo.es/cultura/2017/05/14/591727d022601dc6758b458f.html


Entrevista de 1977 realizada por Joaquín Soler Serrano para RTVE.


Entrevista al escritor mexicano Juan Rulfo, grabada durante el I Congreso Internacional de Escritores de Lengua Española que se celebró en Las Palmas de Gran Canaria del 1 al 10 de junio de 1979. La conversación, en la que está presente también el novelista Arturo Azuela, se emitió en el programa «Encuentros con las letras», de la segunda cadena de Televisión Española, el 20 de junio del mismo año.


Juan Rulfo en una entrevista realizada por Mercedes Milá en España después de recibir el Premio Principe de Asturias en 1983.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Proudly powered by WordPress | Theme: Baskerville 2 by Anders Noren.

Up ↑