Amén de Mariposas
PRIMER TIEMPO
Cuando supe que habían caído las tres hermanas Mirabal me dije:
la sociedad establecida ha muerto.
(Lapislázuli a cuento de todo emblema ruidoso
mentís en A referido a un imperio en agonía
y cuan ha sido comprendido desde entonces
me dije es que la sociedad ha muerto)
Comprendí
que muchas unidades navales alrededor del mundo
inician su naufragio
en medio de la espuma
pensadora
y que grandes ejércitos reconocidos en el planeta
comienzan a derramarse
en el regazo de la duda
pesarosa
Es que
hay columnas de mármol impetuoso no rendidas al tiempo
y pirámides absolutas erigidas sobre las civilizaciones
que no pueden resistir la muerte de ciertas mariposas.
Cuando supe que tres de los espejos de la sociedad
tres respetos del abrazo y orgullo de los hombres
tres y entonces madres
y comienzo del día
habían caído
asesinadas
oh asesinadas
a pesar de sus telares en sonrisa
a pesar de sus abriles en riachuelo
a pesar de sus neblinas en reposo
(y todo el día lleno de grandes ojos abiertos)
roto el cráneo
despedazado el vientre
partida la plegaria
oh asesinadas
comprendí que el asesinato como bestia incendiada por la
cola
no se detendría ya
ante ninguna puerta de concordia
ante ninguna persiana de ternura
ante ningún dintel ni balaustrada
ni ante paredes
ni ante rendijas
ni ante paroxismo
de los progenitores iniciales
porque a partir de entonces el plomo perdió su rumbo
y el sentido su rango
y solo quedaba en pie
la Humanidad
emplazada a durar sobre este punto
escandaloso
de la inmensidad
del Universo
Supe entonces que el asesinato ocupaba el lugar del
pensamiento
que en la luz de la casa
comenzaba a aclimatarse
el puerco cimarrón
y la araña peluda
que la lechuza se instalaba en la escuela
que en los parques infantiles
se aposentaba el hurón
y el tiburón en las fuentes
y engranaje y puñal
y muñón y muletas
en los copos y de la cunas
o que empezaba entonces la época rotunda
del bien y del mal
desnudos
frente a frente
conminados a una sola
implacable definitiva
decidida victoria
muerte a muerte
Oh asesinadas
No era una vez
porque no puedo contar la historia de los hombres
que cayeron en Maimón
y Estero Hondo
a unos pocos disparos de Constanza
en el mismo corazón del año 1959
puesto que todo el mundo sabe que somos el silencio
aun en horas de infortunio
No era una vez porque no puedo contar la historia
de este viejo país del que brotó la América Latina
puesto que todo el mundo sabe que brotó de sus vértebras
en una noche metálica denominada
silencio
de una vértebra llamada Esclavitud
de otra vértebra llamada Encomienda
de otra vértebra llamada Ingenio
y que de una gran vértebra dorsal le descendió completa
La Doctrina de Monroe
No contaré esta historia porque era una vez no la primera
que los hombres caían como caen los hombres con un
gesto de fecundidad
para dotar de purísima sangre los músculos de la tierra
La espada tiene una espiga
la espiga tiene una espera
la espera tiene una sangre
que invade la verdadera
que invade el cañaveral
litoral y cordillera
y a todos se nos parece
de perfil en la bandera
la espiga tiene una espada
la espada una calavera
—–
Pero un día se supo que tres veces el crepúsculo
tres veces el equilibrio de la maternidad
tres la continuación de nuestros territorio
sobre la superficie de los niños adyacentes
reconocidas las tres en la movida fiebre
de los regazos y los biberones
protegidas las tres por la andadura
de su maternidad navegadora
navegable
por el espejo de su matrimonio
por la certeza de su vecindario
por la armonía de su crecimiento
y su triple escuela de amparo
habían caído en un mismo silencio asesinadas
y eran las tres hermanas Mirabal
oh asesinadas
entonces se supo que ya no quedaba más
que dentro de los cañones había pavor
que la pólvora tenía miedo
que el estampido sudaba espanto
y el plomo lividez
y que entrábamos de lleno en la agonía de una edad
que esto era el desenlace de la Era Cristiana
—–
Oh dormidas
oh delicadas
qué injuria de meditar
El mes de noviembre descendía sobre los hombros
como los árboles aun debajo de la noche y aún
dando
sobra
Oh eternas
El péndulo palpitaba las horas del municipio
y el pequeño reloj destilaba en silencio gota a gota
veinticinco visiones de una día llamado noviembre
Pero aun no era el fin
oh dormidas
aún no era el fin
no era el fin
SEGUNDO TIEMPO
Cuando supe que una pequeña inflamación del suelo
en el Cementerio de Arlington
se cubría de flores y manojos de lágrimas
con insistencia de pabellones y caballos nocturnos
alrededor de un toque de afligida trompeta
cuando todo periódico se abría en esas paginas
cuando se hicieron rojas todas las rosas amarillas
en Dallas
en Texas
me dije
como era presidencial
el nuevo mes de noviembre
ya millones de seres tocaron lo imposible
ya millones de seres ya millones de estatuas ya
millones
de muros de columnas y de máquinas
comprendieron de súbito
que el asesinato
no ha sido
ni un fragmento de minuto
calculando solamente para las cabezas semicoloniales
y sustantivas
de las tres hermanas Mirabal
sino
que este inédito estilo de la muerte
producto de las manos de los hombres
de manos de hermanos
(por todo el siglo)
muerte sana y artesana
(por todo el mundo)
de numero de serie o serial number
y venida de fuera o made in usa
fría inalterable desdeñosa desde arriba desde entonces
esta muerte
esta muerte
esta muerte
asume contenido universal
forzosamente adscrita a la condición
del ser humano
en cuyo espectro solar figuran todas las formulas personales
y todas las instancias puras
del individuo
tal
como va por la calle
como habitante de la ciudad con todo su derecho como
continuador esencial del índice de población o séase
representante manufacturero indiferente agente de
seguros repartidor de leche asalariado guarda
campestre administrador o sabio poeta o portador
de una botella de entusiasmo etílico donde están
convocadas todas las palabras
ciclamen platabanda metempsicosis
canícula claudia clavicémbalo
cartulario venático vejiga
trepa caterva mequetrefe
primicia verdulero postulante
palabras todas sustitutivas
palabras pronunciables
en lugar de presuntas actitudes
y todas las maldiciones y protestas
y las posiciones geométricas igual
que la rotura del sentido igual
que la rotura de una biela igual
que el desgarrón de la barriga igual
mente todo desquiciado y ron
pido todo maligno y amargo
todo reducido a sombra
y nadidad y oscuridad
y estadidad
palabras mentirosas llenas
de contenido impronunciable
y desechos de organismo
de cualquier muchacha igual
que de cualquier cochero igual
que el choque de la portezuela
del catafalco igual
fue esta universal investidura de la que no esta exento
nadie nadie
ni yo
ni tu
ni nosotros ni ellos ni nadie
podridamente nadie
nadie
desde el mismo momento que fueron golpeadas
ciertamente
profesionalmente
maquinalmente
tres de las hermanas Mirabal
hasta llegar
en punto
exactamente
al
fin fin fin
de la Era
Cristiana
—–
(Oigamos
oigamos
esto retumba en el
más
absoluto silencio
muchas unidades navales en todos los océanos inician
su hundimiento después
de deglutir los archipiélagos
de miel envenenada
grandes ejércitos destacados en la entrada del mundo
comienzan a reintegrarse
a sus viejos orígenes
de sudor y clamor
en el seno de las masas
populares
en el más
en el más categórico y el más
absoluto
silencio)
—–
Porque
hay columnas de mármol impetuoso no rendidas al
tiempo
y pirámides absolutas erigidas sobre las civilizaciones
que no pueden resistir la muerte de ciertas mariposas
y callles enteras de urbes imperiales llenas de transeúntes
sostenidas desde la base por tirantes y cuerdas de armonía
de padre a hija de joven a jovenzuela de escultor a modelo
y artilleros atormentados por la duda bajo el cráneo
cuyas miradas vuelan millares de leguas sobre el horizonte
para alcanzar un rostro flotante más allá de los mares
y camioneros rubios de grandes ojos azules obviamente
veloces
que son los que dibujan o trazan las grandes carreteras
y transportan la grasa que engendra las bombas nucleares
y portaviones nuevos de planchas adineradas invencibles
insospechablemente unidos al rumbo del acero y del
petróleo
y gigantes de miedo y fronteras de radas y divisiones aéreas
y artefactos electrónicos y máquinas infernales dirigidas
de la tierra hacia el mar y del cielo a la tierra y viceversa
que no pueden resistir
la muerte
de ciertas
mariposas
porque la vida entera se sostiene sobre un eje de sangre
y hay pirámides muertas sobre el suelo que humillaron
porque el asesinato tiene que respetar si quiere ser
respetado
y los grandes imperios deben medir sus pasos respetuosos
porque lo necesariamente débil es lo necesariamente fuerte
cuando la sociedad establecida muere por los cuatros
costados
cuando hay una hora en los relojes antiguos y los modernos
que anuncia que los mas grandes imperios del planeta
no pueden resistir la muerte muerte
de ciertas ciertas
debilidades amén
de
mariposas
De: Amén de mariposas. Imprenta Nuevo Mundo, Santo Domingo, 1969.

Poema del llanto trigueño
Al señor Magdalena
I
Es la calle del Conde asomada a las vidrieras,
aquí las camisas blancas,
allá las camisas negras,
¡y dondequiera un sudor emocionante en mi tierra!
¡Qué hermosa camisa blanca!
Pero detrás:
la tragedia,
el monorrítmico son de los pedales sonámbulos,
el secreteo fatídico y tenaz de las tijeras.
Es la calle el Conde asomada a las vidrieras,
aquí las piyamas blancas,
allá las piyamas negras,
¡y dondequiera exprimida como una fruta mi tierra!
¡Qué cara piyama blanca!
Pero señor, no es la tela,
es la historia del dolor escrita en ella con sangre,
es todo un día sin sol por cortar veinte docenas,
es una madre muriendo el presente del hambre,
es una madre soñando el porvenir de la escuela.
Es la calle el Conde asomada a las vidrieras,
aquí los ensueños blancos, allá las verdades negras,
¡y dondequiera ordeñada como una vaca mi tierra!
Rompo el ritmo, me llora el verso, me ruge la prosa.
¿Es que no hay nadie que sepa la historia de las camisetas?
II
Llegaba de Monte Plata
como una carta trigueña,
con una firma de pascuas,
y un sello de nochebuenas.
Recia en los muslos redondos,
suave en la frente de tela,
con la esperanza en la Virgen
y el seno en la primavera.
Llegaba alzado en sonrisas
todo un corral de guineas,
cortando con las pestañas
racimos de gentileza,
calzando las esperanzas
con zapatillas de seda
y oteando los horizontes
con las miradas en fiesta…
Con ojos de mala noche
la miró Niño Rivera:
¡Para mirarte, muchacha,
está la calle del Conde,
asomada a las vidrieras!
Subieron las alegrías
por escalones de estrellas,
se abrieron de serenatas,
jazmines de luna llena,
blancas de miedo, las nubes
almidonaron tormentas
y una estrella hincó temblores
como un presagio de penas…
Allá los ensueños blancos,
aquí las verdades negras.
Con llanto de manantiales,
destila sangre la tierra.
Dice a su hija que un día
las dejó Niño Rivera,
sin cena para la noche,
sin traje para la escuela,
¡y un ogro le está pagando
con un pan, veinte docenas!
III
Es la calle del Conde asomada a la tragedia,
aquí los ensueños blancos,
allá las verdades negras,
¡y dondequiera un sudor rojo de sangre en mi tierra!

Contracanto a Walt Whitman
Yo,
un hijo del Caribe,
precisamente antillano.
Producto primitivo de una ingenua
criatura borinqueña
y un obrero cubano,
nacido justamente, y pobremente,
en suelo quisqueyano.
Recorrido de voces,
lleno de pupilas
que a través de las islas se dilatan,
vengo a hablarle a Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Preguntarán
¿quién eres tú?
Comprendo.
Que nadie me pregunte
quién es Walt Whitman.
Iría a sollozar sobre su barba blanca.
Sin embargo,
voy a decir de nuevo quién es Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan.
1
Hubo una vez un territorio puro.
Árboles y terrones sin rúbricas ni alambres.
Hubo una vez un territorio sin tacha.
Hace ya muchos años. Más allá de los padres de los padres
las llanuras jugaban a galopes de búfalos.
Las costas infinitas jugaban a las perlas.
Las rocas desceñían su vientre de diamantes.
Y las lomas jugaban a cabras y gacelas…
Por los claros del bosque la brisa regresaba
cargada de insolencias de ciervos y abedules
que henchían de simiente los poros de la tarde.
Y era una tierra pura poblada de sorpresas.
Donde un terrón tocaba la semilla
precipitaba un bosque de dulzura fragante.
Le acometía a veces un frenesí de polen
que exprimía los álamos, los pinos, los abetos,
y enfrascaba en racimos la noche y los paisajes.
Y eran minas y bosques y praderas
cundidos de arroyuelos y nubes y animales.
2
(¡Oh, Walt Whitman de barba luminosa…!)
Era el ancho Far-West y el Mississippi y las Montañas
Rocallosas y el Valle de Kentucky
y las selvas de Maine y las colinas de Vermont
y el llano de las costas y más…
Y solamente
faltaban los delirios del hombre y su cabeza.
Solamente faltaba que la palabra
mío
penetrara en las minas y las cuevas
y cayera en el surco y besara la Estrella
Polar. Y cada hombre
llevara sobre el pecho,
bajo el brazo, en las pupilas y en los hombros,
su caudaloso yo,
su permanencia
en sí mismo,
y lo volcara por aquel desenfrenado territorio.
3
Que nadie me pregunte
quién es Walt Whitman.
A través de los siglos
iría a sollozar sobre su barba blanca.
He dicho que diré
y estoy diciendo
quién era el infinito y luminoso.
¡Walt Whitman,
un cosmos
un hijo de Manhattan!
4
Hubo una vez un intachable territorio puro.
Solamente faltaba que la palabra
mío
penetrara su régimen oscuro.
Sin embargo,
el yo que iba a decirla estaba allí
pero cogido
como un pez
en su red de costillas.
Estaba
pero interno, pero adusto y confinado
y amaba y deshojaba sus novias amarillas.
Afuera estaba el firme sistema de la Ley.
Estaba la celosa
regulación de la conducta.
La Ley del algodón, la Ley del sueño,
la Ley inglesa, dura y definitiva.
Y apenas
un breve yo surgía entre dos párpados,
se iluminaba d cumplimiento de la Ley.
Y entonces,
cada cual derogaba su yo desestimado
entre el musgo, la sombra, la amapola
y el buey.
5
Y un día
(¡Oh, Walt Whitman de barba insospechada…!)
al pie de la palabra
yo
resplandeció la palabra
Democracia.
Fue un salto.
De repente
el más recóndito yo
encontró su secreto beneficio.
Libertad de Trabajo. Libertad de Conciencia.
Libertad de Palabra. Libertad de Camino.
Libertad de aventura, proyecto y fantasía.
Libertad de fracaso, de amor y de apellido.
Libertad sin retorno ni vértices ni orugas.
Libertad de quererme y mirarme en su pupila.
Libertad de la dulce asamblea que tengo en mi corazón
contigo y con toda la infinita humanidad que rueda a través
de todas las edades, los años, las tierras, los países,
los credos, los horizontes… y fue
la necesaria instalación del júbilo.
Las colinas desataron luceros y luciérnagas.
Las uvas se embriagaron de vino y de perennidad.
En todo el territorio
se hizo la gran puerta de la oportunidad
y todo el mundo tuvo acceso a la palabra
mío.
6
¡Oh, Walt Whitman, tu barba sensitiva
era una red al viento!
Vibraba y se llenaba de encendidas figuras
de novias y donceles, de bravos y labriegos,
de ruidos mozalbetes camino del riachuelo,
de guapos con espuelas y mozas con sonrisa,
de marchas presurosas de seres infinitos,
de trenzas o sombreros…
Y tú fuiste escuchando
camino por camino
golpeándoles el pecho
palabra con palabra.
¡Oh, Walt Whitman de barba candorosa,
alcanzo por los años tu roja llamarada!
7
Los hombres avanzaron con su suerte
robusta y masculina,
sudorosa. Pilotearon los barcos
y los días. En la ruta pelearon con los indios
y las indias. En las noches contaron sus historias
y ciudades. En la brisa colgaron sus camisas
y caminos. En los valles pusieron diligencias
y ciudades. En la brisa colgaron sus camisas
y el olor de los pechos procedentes del hacha
y a veces se extraviaron en las sombras
de un vientre de muchacha…
Aquel territorio fue creciendo hacia arriba
y hacia abajo.
Rascacielos
y minas
se iban alejando de la tierra,
unidos y distantes.
Los más fuertes, los más iluminados, los más
capaces de violar un camino, fueron adelante.
Otros quedaron atrás. Pero la marcha
seguía sin sosiego, sin volver la mirada.
Era preciso
confianza en sí mismo.
Era preciso
fe.
Y suavemente se forjó la canción:
yo el cow-boy y yo el aventurero
y yo el pioneer y yo el lavador de oro
y yo Alvin, yo William con mi nombre y mi suerte de barajas,
y yo el predicador con mi voz de barítono
y yo la doncella que tengo mi cara
y yo la meretriz que tengo mi contorno
y yo el comerciante, capitán de mi plata
y yo
el ser humano
en pos de la fortuna para mí, sobre mí,
detrás de mí.
Y con el mundo entero
a mis pies, sometido a mi voz,
recogido en mi espalda
y la estatura de la cordillera yo
y las espigas de la llanura yo
y el resplandor de los arados yo
y las orillas de los arroyos yo
y el corazón de la amatista yo
y yo
¡Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan…!
8
¡Secreta maravilla de una historia que nace…!
Con aquel ancho grito
fue construida una nación gigante.
Formada de relatos y naciones pequeñas
que entonces se encontraban como el mundo
entre dos grandes mares…
Y luego
se ha llenado de golfos, islotes y ballenas,
esclavos, argonautas y esquimales…
Por los mares bravíos
empezó a transitar el clíper yanqui,
en tierra se elevaron estructuras de acero,
se escribieron poemas y códigos y mármoles
y aquella nación obtuvo sus ardientes batallas
y sus fechas gloriosas y sus héroes totales
que tenían aún entre los labios
la fragancia
y el zumo
de la tierra olorosa con que hacían su pan,
su trayecto y su equipaje…
Y aquella fue una gran nación de rumbos y albedrío.
Y el yo
—la rotación de todos los espejos
sobre una sola imagen—
halló su prodigioso mensaje primitivo
en un inmenso, puro, territorio intachable
que lloraba la ausencia de la palabra
mío.
9
Porque
¿qué ha sido un gran poeta indeclinable
sino un estanque límpido
donde un pueblo descubre su perfecto semblante?
¿qué ha sido
sino un parque sumergido
donde todos los hombres se reconocen
por el lenguaje?
¿y qué
sino una cuerda de infinita guitarra
donde pulsan los dedos de los pueblos
su sencilla, su propia, su fuerte y
verdadera canción innumerable?
Por eso tú, numeroso Walt Whitman, que viste y deliraste
la palabra precisa para cantar tu pueblo,
que en medio de la noche dijiste
yo
y el pescador se comprendió en su capa
y el cazador se oyó en mitad de su disparo
y el leñador se conoció en su hacha
y el labriego en su siembra y el lavador
de oro en su semblante amarillo sobre el agua
y la doncella en su ciudad futura
que crece y que madura
bajo la saya
y la meretriz en su fuente de alegría
y el minero de sombra en sus pasos debajo de la patria…
cuando el alto predicador, bajando la cabeza,
entre dos largas manos, decía
yo
y se encontraba unido al fundidor y al vendedor
y al caminante oscuro de suave polvareda
y al soñador y al trepador
y al albañil terrestre parecido a una lápida
y al labrador y al tejedor
y al marinero blanco parecido a un pañuelo…
Y el pueblo entero se miraba a sí mismo
cuando escuchaba la palabra
yo
y el pueblo entero se escuchaba en ti mismo
cuando escuchaba la palabra
yo, Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan…
Porque tú eras el pueblo, tú eras yo,
y yo era la Democracia, el apellido del pueblo,
y yo era también Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan…!
10
Nadie supo qué noche desgreñada,
un rostro frío, de bajo celentéreo,
se halló en una moneda. Qué reseco semblante
se pareció de pronto a un círculo metálico y sonoro.
Qué cara seca vio en circulación de mano en mano.
Qué seca boca dijo de pronto
yo
y empezó a conjugarse, a cumplirse y a multiplicarse
en todas las monedas.
En monedas de oro, de cobre, de níquel,
en monedas de manos, de venas de vírgenes,
de labradores y pastores, de cabreros y albañiles.
Nadie supo quién fue el desceñido primero.
Mas se le vio una mañana adquirir el crepúsculo.
Mas se le vio otra mañana comprar la conciencia.
Y del fondo de los ríos, de los barrancos, de la médula
de los arbustos, del filo de las cordilleras,
pasando por torrentes de sudor y de sangre,
surgieron entonces los Bancos, los Trusts, los monopolios,
las Corporaciones… Y, cuando nadie lo supo,
fueron a dar allí la cara de la niña y el corazón
del aventurero y las cabriolas del cow-boy y los anhelos
del pioneer… y todo aquel inmenso territorio
empezó a circular por las cajas de los Bancos, los libros
de las Corporaciones, las oficinas de los rascacielos,
las máquinas de calcular…
y ya:
se le vio una mañana adquirir la gran puerta de la
oportunidad
y ya más nadie tuvo acceso a la palabra mío
y ya más nadie ha comprendido la palabra yo.
11
Preguntadlo a la noche y al vino y a la aurora…
Por detrás de las colinas de Vermont, los llanos de
las costas,
por el ancho Far-West y las Montañas Rocallosas,
por cl valle de Kentucky y las selvas de Maine.
Atravesad las fábricas de muebles y automóviles, los
muelles,
las minas, las casas de apartamientos, los ascensores
celestiales,
los lupanares, los instrumentos de los artistas;
buscad un piano oscuro, revolved las cuerdas,
los martillos, el teclado, rompedle el arpa silenciosa
y tiradla sobre los últimos raíles de la madrugada…
Inútilmente.
No encontraréis el limpio acento de la palabra
yo.
Quebrad un teléfono y un disco de baquelita,
arrancadle los alambres a un altoparlante nocturno,
sacad al sol el alma de un violín Stradivarius…
Inútilmente.
No encontraréis el limpio acento de la palabra
yo.
(¡Oh, Walt Whitman, de barba desgarrada!)
¡Qué de rostros caídos, qué de lenguas atadas,
qué de vencidos hígados y arterias derrotadas…!
No encontraréis
más nunca
el acento sin mancha
de la palabra
yo.
12
Ahora,
escuchadme bien:
si alguien quiere encontrar de nuevo
la antigua palabra
yo
vaya a la calle del oro, vaya a Walt Street.
No preguntéis por Mr. Babbitt. Él os lo dirá.
—Yo, Babbitt, un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Él os lo dirá
—Traedme las Antillas
sobre varios calibres presurosos sobre cintas
de ametralladoras, sobre los caterpillares de los tanques
traedme las Antillas.
Y en medio de un aroma silencioso
allá viene la isla de Santo Domingo.
—Traedme la América Central.
Y en medio de un aroma pavoroso
allá viene callada Nicaragua.
—Traedme la América del Sur.
Y en medio de un aroma pesaroso
allá viene cojeando Venezuela.
Y en medio de un celeste bogotazo
allá viene cayendo Colombia.
Allá viene cayendo Ecuador.
Allá viene cayendo Brasil.
Allá viene cayendo Puerto Rico.
En medio de un volumen salino
allá viene cayendo Chile…
Vienen todos. Allá vienen cayendo.
Cuba trae su dolor envuelto en un estremecimiento
de comparsas.
México trae su rencor envuelto en una sola mirada
fronteriza.
Y Haití, y Uruguay y Paraguay, vienen cayendo.
Y Guatemala, El Salvador y Panamá, vienen cayendo.
Vienen todos. Vienen cayendo.
No preguntéis por Mr. Babbitt, os lo he dicho.
—Traedme todos esos pueblos en azúcar, en nitrato,
en estaño, en petróleo, en bananas,
en almíbar
traedme todos esos pueblos.
No preguntéis por Mr. Babbitt, os lo he dicho.
Vienen todos, vienen cayendo.
13
Si queréis encontrar el duro acento moderno
de la palabra
yo
id a Santo Domingo.
Pasad por Nicaragua. Preguntad en Honduras.
Escuchad al Perú, a Bolivia, a la Argentina.
Dondequiera hallaréis un capitán sonoro
un yo.
Un jefe luminoso,
un yo, un cosmos,
Un hombre providencial,
un yo, un cosmos, un hijo de su patria.
Y en medio de la noche fragorosa de la América
escucharéis, detrás de madureces y fragancias,
mezclados con sordos quejidos, con blasfemias y gritos,
con sollozos y puños, con largas lágrimas y largas
aristas y maldiciones largas
un yo, Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Una canción antigua convertida en razón de fuerza
entre los engranajes de las factorías, en las calles
de las ciudades. Un yo, un cosmos, en las guardarrayas,
y en los vagones y en los molinos de los centrales.
Una canción antigua convertida en razón de sangre y
de miseria,
un yo, un Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan…!
14
Porque
¿qué ha sido la ventura de los pueblos
si no un cambio continuo, un movimiento eterno,
un fuego infinito que se enciende y que se
apaga?
¿Qué ha sido
si no un chorro incontenido,
espejo ayer de oteros y palmares,
hoy nube blanca?
¿Y qué
si no una brega infatigable
en que hoy manda un puñado de golosos
y mañana los puños deliciosos,
fragantes y frenéticos del pueblo
innumerable?
Por eso tú, innúmero Walt Whitman,
que en mitad de la noche dijiste
yo
y el herrero sonoro se descubrió en la llama
y el forjador y el fogonero
y el cuidador del faro, celeste de miradas,
y el fundidor y el leñero
y la niña celeste colando la alborada
y el pionero y el bombero
y el cochero y el aventurero y el arriero…
Tú
que en medio de la noche dijiste
Yo, Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan
y un pueblo entero se descubrió en tu lengua
y se lanzó de lleno a construir su casa,
hoy,
que ha perdido su casa,
hoy,
que tiene un puñado de golosos sonrientes y
engreídos,
hoy,
que ha cambiado el fuego infinito que se
enciende y que se apaga
hoy…
hoy no te reconoce
desgarrado Walt Whitman,
porque tu signo está guardado en las cajas de los Bancos,
porque tu voz está en las islas guardadas por arrecifes
de bayonetas y puñales,
porque tu voz inunda los decretos y los centros
de Beneficencia
y los juegos de lotería,
porque hoy,
cuando un magnate sonrosado,
en medio de la noche cósmica,
desenfrenadamente dice
yo
detrás de su garganta se escucha el ruido
de la muchedumbre
ensangrentadas explotadas refugiadas
que torvamente dicen
tú
y escupen sangre entre los engranajes,
en las fronteras y las guardarrayas…
¡Oh, Walt Whitman de barba interminable!
15
Y ahora
ya no es la palabra
yo
la palabra cumplida
la palabra de toque para empezar el mundo.
Y ahora
ahora es la palabra
nosotros.
Y ahora,
ahora es llegada la hora del contracanto.
Nosotros los ferroviarios,
nosotros los estudiantes,
nosotros los mineros,
nosotros los campesinos,
nosotros los pobres de la tierra,
los pobladores del mundo,
los héroes del trabajo cotidiano,
con nuestro amor y con nuestros puños,
enamorados de la esperanza.
Nosotros los blancos,
los negros, los amarillos,
los indios, los cobrizos,
los moros y morenos,
los rojos y aceitunados,
los rubios y los platinos,
unificados por el trabajo,
por la miseria, por el silencio,
por el grito de un hombre solitario
que en medio de la noche,
con un perfecto látigo,
con un salario oscuro,
con un puñal de oro
y un semblante de hierro,
desenfrenadamente grita
yo
y siente el eco cristalino
de una ducha de sangre
que decididamente se alimenta en
nosotros
y en medio de los muelles alejándose
nosotros
y al pie del horizonte de las fábricas
nosotros
y en la flor y en los cuadros y en los túneles
nosotros
y en la alta estructura camino de las órbitas
nosotros
camino de los mármoles
nosotros
camino de las cárceles
nosotros…
16
Y un día,
en medio del asombro más grande de la historia,
pasando a través de muros y murallas
la risa y la victoria,
encendiendo candiles de júbilo en los ojos
y en los túneles y en los escombros,
¡oh, Walt Whitman de barba nuestra y definitiva!
Nosotros para nosotros, sobre nosotros
y delante de nosotros…
Recogeremos puños y semilleros de todos los pueblos
y en carrera de hombros y brazos reunidos
los plantaremos repentinamente
en las calles de Chile, de Ecuador y Colombia,
de Perú y Paraguay,
de El Salvador y Brasil,
en los suburbios de Buenos Aires y de La Habana
y allá en Macorís del Mar, pueblo pequeño y mío,
hondo rincón de aguas perdido en el Caribe,
donde la sangre tiene
cierto rumor de hélices quebrándose en el río…
¡Oh, Walt Whitman de estampa proletaria!
Por las calles de Honduras y el Uruguay.
Por los campos de Haití y los rumbos de Venezuela.
En plena Guatemala con su joven espiga.
En Costa Rica y en Panamá.
En Bolivia, en Jamaica y dondequiera,
dondequiera que un hombre de trabajo
se trague la sonrisa,
se muerda la mirada,
escupa la garganta silenciosa
en la faz del fusil y del jornal.
¡Oh, Walt Whitman!
Blandiendo el corazón de nuestros días delante
de nosotros,
nosotros y nosotros y nosotros.
17
¿Por qué queríais escuchar a un poeta?
Estoy hablando con unos y con otros.
Con aquellos que vinieron a apartarlo de su pueblo,
a separarlo de su sangre y de su tierra,
a inundarle su camino.
Aquellos que lo inscribieron en el ejército.
Los que violaron su barba luminosa y le pusieron un fusil
sobre sus hombros cargados de doncellas y pioneros.
Los que no quieren a Walt Whitman el demócrata,
sino a un tal Whitman atómico y salvaje.
Los que quieren ponerle zapatones
para aplastar la cabeza de los pueblos.
Moler en sangre las sienes de las niñas.
Desintegrar en átomos las fibras del abuelo.
Los que toman la lengua de Walt Whitman
por signo de metralla, por bandera de fuego.
¡No, Walt Whitman, aquí están los poetas de hoy
levantados para justificarte!
“—¡Poetas venideros, levantaos, porque vosotros debéis
justificarme!”
Aquí estamos, Walt Whitman, para justificarte.
Aquí estamos
por ti
pidiendo paz.
La paz que requerías
para empujar el mundo con tu canto.
Aquí estamos
salvando tus colinas de Vermont,
tus selvas de Maine, el zumo y la fragancia de tu tierra,
tus guapos con espuelas, tus mozas con sonrisas,
tus rudos mozalbetes camino del riachuelo.
Salvándolos, Walt Whitman, de los traficantes
que toman tu lenguaje por lenguaje de guerra.
¡No, Walt Whitman, aquí están los poetas de hoy,
los obreros de hoy, los pioneros de hoy, los campesinos
de hoy,
firmes y levantados para justificarte!
¡Oh, Walt Whitman de barba levantada!
Aquí estamos sin barba,
sin brazos, sin oído,
sin fuerzas en los labios,
mirados de reojo,
rojos y perseguidos,
llenos de pupilas
que a través de las islas se dilatan,
llenos de coraje, de nudos de soberbia
que a través de los pueblos se desatan,
con tu signo y tu idioma de Walt Whitman
aquí estamos
en pie para justificarte,
continuo compañero de Manhattan!
De: Contracanto a Walt Whitman. Saker-Ti, Guatemala, 1952.

Pour toi
Estoy de ti florecido
como los tiestos de rosas,
estoy de ti floreciendo
de tus cosas…
Menudo limo de amores
abona mis noches tuyas
y me florecen de sueños
como los cielos de luna…
Como tú mido los pasos
y la distancia es más corta,
hablo en tu idioma de amor
y me comprenden las rosas…
Es que ya estoy florecido.
Es que ya estoy floreciendo
de tus cosas.

Concierto de esperanza para la mano izquierda
To love, and bear; to hope, till Hope creates
From its own wreck the thing it contemplates…
[Amar y soportar; esperar hasta que la Esperanza cree,
de sus propios despojos, aquello que contempla…]
-Shelly
Introducción
Los rodillos cayeron sobre los guijarros. Y
la aurora al bailar devino polvareda.
¡Oh, todo quedó reducido a polvo! ¡Polvo!
Hasta las mismas lágrimas vertidas
recobran su estructura polvorienta.
Un justo anhelo de morir despierto
para no perdurar solamente dormido.
Una equidad o ecuación o igualdad
universable del asesinato. Y por lo mismo
todo en polvo y sinrazón como un antiguo piano.
A esto ha quedado reducido este país.
A polvo. Puesto que nada permanece en pie.
Ni en piedra…
Y continuando el argumento frío
con que está construido este concierto
no queda más que un pérfido compás
que repetidamente apaga al instrumento vida.
Dada que simplemente equilibrando el tiempo
sobre una tensa cuerda, la vibración ecuánime
comporta resultados que se extienden timbremente
por sin sobre tras de la contienda humana.
Y no admitamos que pudo sufrirse más y todavía
puede sufrirse más cuando es sabido
que una fuerza superior y más rentable
decide el contenido de nuestras existencias.
Se puede ser más débil que el final proyectado
se puede ser más débil todavía. Sin embargo
la naturaleza misma de los pueblos constituye
un sistema de violencia un coro de conmoción
que denodadamente restablece la asonancia vida.
Una violencia tal que como tal violencia
no es más que una respuesta sí o una respuesta no.
Y es así como ha sido decretado que la muerte
definitivamente debe morir, quedar cumplidamente
muerta, airadamente muerta la misma muerte.
Desplazada y borrada de las calles nocturnas
y los viejos caminos. Echada de las casas
universitarias y los sindicatos en huelga.
Proscrita de los ríos y las húmedas solitarias
celdas. Del Código Penal. Y de la isla
de Santo Domingo situada en el Mar Caribe
donde el asesinato por temor y por terror
anuncia su pertinaz imperio sobre el mundo.
A capriccio
Este concierto
no ha sido copiado
de manuscrito alguno.
No ha sido extraído
de ninguna botella
descubierta en la playa.
Ni en los bolsillos
de un centinela exacto
que se quedó dormido.
Ni en las bodegas
de un galeón hundido
desde entonces.
La herencia de algún
pirata no lo ha dejado
en la arena.
Ni siquiera ha sido
escuchado en un piano
de cola todavía.
Este concierto
obedece a su propia
concreta situación
porque en esencia
todo ha sido reducido
a polvo. ¡Po1vo!
Y hay que ordenar
un toque de esperanza
al primer corneta
y al último redoblante
del batallón de
la mañana.
Andante
Los rodillos cayeron sobre los guijarros
exactamente aquella mañana proyectada en almejas.
Mas no fue solamente sobre la isla de Santo
Domingo -denominada en el Mar Caribe
cálidamente
patria mía- sino mucho más lejos, traspasando
las anchas cordilleras y las zonas volcánicas
de todo planisferio. Fue una conducta planetaria.
Un ecuménico establecimiento del abuso.
Puesto que si el derecho de propiedad
está constituido por algunas palabras
que estabilizan a las corporaciones y sostienen
sobre la alta espuma a la marina mercante
es porque algunos hombres bajo algunos almendros
ejercen la razón de que su casa es suya.
Y continuando el argumento frío
que sirve de pentagrama a este concierto
la patria
es el derecho de propiedad más inviolable.
Y una patria es una sola patria
que cubre el universo en varios pasaportes
y no hay patria que se abalance sobre otra patria.
Y el tanque no es la norma física ni el portaviones
el orden natural. Ni el rascacielos constituye
por razones de acero un mandamiento irrevocable.
Ni la cibernética le ocurre al hombre
como una hemotisis. Puesto que entonces
la escala se desprende de las cuerdas
y asciende en espiral a las frecuencias
más vividas, resuenan los trombones, la atmósfera
tiembla con la percusión desenfrenada del timbal
subdesarrollado, la orquesta universal retumba,
gran concierto de la humanidad sacude
sus entrañas, el tímpano lanza un alarido,
las leyes históricas trepidan bajo las patas
de los contrabajos mientras los violoncelos
del corazón humano resuenan para estallar
estrepitosamente en todos los confines
en un desentumecido solo de esperanza.
Solo de esperanza
La esperanza es un nido
y una semilla en el suelo.
La esperanza una flor
en forma de coliflor
que mastican lejanos
los camellos.
La esperanza es la raíz
en la humedad, y el arroyo
en el desierto.
El barco sobre la mar
y Federico en sus versos.
La esperanza es un concierto
popular
en los años duros
y en doscientos muertos.
El caballo en la montaña
y en Granada un monumento.
La esperanza es un cuartel
de policía consagrado
a cuidar la tranquilidad
del pensamiento
el orden del arcoíris
y la equidad del recuerdo.
La esperanza es la esperanza
convertida en ley
de los pueblos,
el pueblo convertido en ley
y la esperanza en Gobierno.
La esperanza es un Estado
de muchachas escribiendo
un plan quinquenal de niños
y una constitución del soneto.
La esperanza es contar con todo
lo que necesita el librero
y el obrero de obras públicas
para trazar un camino
que una a todos los pueblos
del mundo,
convierta a todas las patrias
en una sola patria,
reúna todos los brazos
en un solo trabajo
sideral y alegre,
lleve la flor y la coliflor
a los desiertos,
traiga invasiones de trigo
y de manzana a los centrales
azucareros.
Un río de lunas que gira
en el corazón del sistema
planetario y derrama
la médula del hombre
sobre la espuma del
firmamento.
La esperanza es la muerte
de lo que fuera antiguo
y ha sido eterno.
La esperanza es la muerte de la muerte.
La esperanza es la esperanza
de reanudar la juventud del pueblo.
Grave
¡Cuántos niños han muerto
a la sombra de nuestras esperanzas!
Nosotros los mayores no merecemos perdón.
Utilizamos la ternura para infundir
y las escuelas matutinas para inculcar
las estatuas callejeras para infligir
y los discursos en la plaza para perpetrar
y los manuales y las prédicas y los
premios dominicales y los programas
infantiles en la televisión y luego
los dejamos morir traspasados por
las bayonetas. ¡Cuántos niños han muerto
a la sombra de nuestras esperanzas!
Nosotros los mayores somos inventores
del cariño y luego productores de la bayoneta.
Nosotros acariciamos la esperanza y luego
somos los impávidos verdugos de la esperanza.
Hemos inventado la ley y el cumplimiento
de la ley. Hemos creado la vida y decretado
la muerte. Somos los treinta dineros
de nuestras propias alegrías. Merecemos
tristeza, merecemos eternamente la esperanza.
Vivir la realidad y estrangular
los sueños. Ajusticiarlos a quemarropa.
Ponerles nuestros nombres y asesinarlos.
Nosotros los mayores que hemos perdido
el respeto al pasado y asesinamos el futuro:
Los que decimos: ¡son los hijos ajenos!
como si fueran ajenos nuestros hijos
como si fueran hijos del árbol o de las rocas
a del crepúsculo boreal como si fueran
hijos de la llama y del ornitorrinco
como si fueran hijos de otros sistemas
solares o patrias cósmicas ultravioletas
coma si nosotros las mayores no fuéramos
los padres de los hijos a silos hijos
de los mayores fueran los hijos de los menores.
Somos nosotros los culpables. Somos
los implacables destructores de nosotros mismos.
No merecemos perdón. Merecemos la esperanza
eternamente sumergidos en la esperanza.
Cadencia
La esperanza es un muerto
con los labios mordidos.
La esperanza es crispar
los puños frente al olvido.
La esperanza es un tema triste
que resuena en un río negro
que llevamos dentro.
La esperanza es un íntimo
rencor cuando los pueblos
se desangran, cuando ha visto
el mundo llenarse de clamor
y sacrificio
no solamente el alma
de Santo Domingo
sino el tiempo el corazón
unánime del siglo
en todos los idiomas
y todos los delirios.
La esperanza es la hora
de impulsar la marcha
del reloj, de practicar
el barco sobre la mar
y el caballo en la montaña
que amaba Federico.
La esperanza es el fin
de la Humanidad
si no torcemos el rumbo
del rodillo
Si una antorcha y un puño
no alzan los volcanes
y desbordan los ríos
de redención en redención
hasta la carcajada de los niños.
La esperanza es la última
vez
cuando por delante y por detrás
no queda otro camino
que la realidad golpeante
y golpeable
palpitante y palpitable
como un vals
sobre los cinco sentidos.
La esperanza es el fin
de la esperanza
y el comienzo
del destino
de la esperanza.
Diana
Este concierto
ha sido escrito
para una sola mano
porque en esencia
todo ha sido reducido
a polvo. ¡Polvo!
Y no subsiste nada.
Ni en pie ni en piedra.
Apenas la esperanza
llenándose de muerte
y esperando la muerte
de la esperanza
la abolible agonía
de la esperanza
cuando ya reverbera
la radiante explosión
de la realidad
brotando de los despojos
de la esperanza.
Y aquí concluye
entre nosotros
este convicto concierto
de la esperanza.

Alegria de la mañana blanca
Son
las nubes
de almidón.
¡Estoy de besos henchido
como una vela blanca!
Alza mi alma un sonoro
cáliz de ritmo de plata
en la misa del sol y del verso
bajo los cúmulos de algodón.
Esta es la fiesta de un hombre
que emborrachó de emoción.
¿Quién te llevó por el río
para besarte la falda?
¿Quién te decía los versos
y te confiaba las cartas?
¿Quién te apretaba el meñique
y los besos te robaba?
¡Ah, las nubes de almidón
me poetizan la mañana!
Nadie te cuenta mis gozos
de almidón de nube blanca,
y tu sombra me persigue
por esta alegría larga…
¡Siga el canto! ¡Siga el canto!
¡Que el pecho me da en merengues
un corazón de guitarras!
Están de almidón los días
y de almidón las semanas:
días,
semanas,
días,
semanas
y siempre las alegrías
de almidón por las mañanas.
¿Quién sorprendió los cariños
y te contó las pisadas?
¿Quién se achicó en tus pupilas
por culpa de una mirada?
¡Ah, la mañana se asombra
de nubes almidonadas…!
Fiebre de luz y de sombra
violentamente contrastan,
las mismas que me dibujan
y en tus ojos me retratan.
¿Fiesta? La de tus ojos.
¿Parranda? La de tu cara.
Felicidad y alegría.
¡Triunfo de las nubes blancas!
Conviérteme todo en besos
para estamparme en tu cara.

Andante
Los rodillos cayeron sobre los guijarros
Exactamente aquella mañana proyectada en almejas.
Mas no fue solamente sobre la isla de Santo
Domingo – denominada en el Mar Caribe
Cálidamente
Patria mía – sino mucho más lejos, traspasando
Las anchas cordilleras y las zonas volcánicas
De todo planisferio. Fue una conducta planetaria.
Un ecuménico establecimiento del abuso.
Puesto que si el derecho de propiedad
Está constituido por algunas palabras
Que estabilizan a las corporaciones y sostienen
Sobre la alta espuma a la marina mercante
Es porque algunos hombres bajo algunos almendros
Ejercen la razón de que su casa es suya.
Y continuando el argumento frío
Que sirve de pentagrama a este concierto
La patria
Es el derecho de propiedad más inviolable.
Y una patria es una sola patria
Que cubre el universo en varios pasaportes
Y no hay patria que se abalance sobre otra patria.
Y el tanque no es la norma física ni el portaviones
El orden natural. Ni el rascacielos constituye
Por razones de acero un mandamiento irrevocable.
Ni la cibernética le ocurre al hombre
Como una hemotisis. Puesto que entonces
La escala se desprende de las cuerdas
Y asciende en espiral a las frecuencias
Más vividas, resuenan los trombones, la atmósfera
Tiembla con la percusión desenfrenada del timbal
Subdesarrollado, la orquesta universal retumba,
Gran concierto de la humanidad sacude
Sus entrañas, el tímpano lanza un alarido,
Las leyes históricas trepidan bajo las patas
De los contrabajos mientras los violoncelos
Del corazón humano resuenan para estallar
Estrepitosamente en todos los confines
En un desentumecido solo de esperanza.

Evocación del ruido
Cada cabeza llevaba con soltura su pedazo de cielo
completamente propio, por la quebrada esquina.
Pasaban cielos claros y mocetones de cielo,
ligeramente solos, con un aire contiguo a la adolescencia.
Cada cabeza arrastraba su ámbito de cielo.
A veces, en la quebrada esquina,
perseguido de breves remolinos azules,
se detenía un cielo juvenil que apenas reposaba
como un beso sobre una piel secreta
oculta en una red de bucles dolorosos.
Probaba su equilibrio hecho de venas blandas
y músculos de rosa,
y seguía la ruta necesaria,
el breve sur que levemente mancha el este,
en la presente rosa de los vientos de verano.
O quizás desembocaba el último cielo
en la esquina quebrada,
con su nube final, su azul definitivo,
y seguía un rumbo ignorado por su dintel de sombras
permanecidas de intimidad encadenada.
Porque, eran muchas cabezas
y todas de sangre viva, de movimiento vivo,
y cada una entonces arrastraba su cielo…
Fue por aquel momento por donde vino el gran ruido.
Surgió de las sombras, del fondo de sus caminos
negros, del terrón escondido,
y emigró a los ladrillos bermellones,
llenó todo el día, repercutió
en el último rincón donde descansa el último
pensamiento, silenció toda boca,
designó un gran olvido que borré todo olvido;
y el odio y la esperanza,
y quedó palpitando, completamente solo
cayendo como un hongo ilimitado,
el último pensamiento cautivo de la nada,
cogido en su propia malla de cordones severos.
Después circuló la vida de repente
con nueva sangre y corazones nuevos.
Hizo un extraño día de grandes ojos celestes
y un cielo inmenso de tacto cristalino
se derramó en silencio por todas las cabezas…
Azul de un solo cielo.
Razón de un miedo antiguo.
Recuerdo haber querido un amor sin tropiezos.
El aire estaba limpio como llovidas hojas.
Nos dimos la misma mano,
medimos la distancia,
pasaron nuestras venas precipitadamente
en pos de un lejano poro.
Un tosco jirón de cielo tembló sobre tus rizos,
y en el fondo del alma nos sobrecogimos de miedo.
Un miedo interminable que rompía los cielos en fragmentos azules…

Cadencia
La esperanza es un muerto
Con los labios mordidos.
La esperanza es crispar
Los puños frente al olvido.
La esperanza es un tema triste
Que resuena en un río negro
Que llevamos dentro.
La esperanza es un íntimo
Rencor cuando los pueblos
Se desangran, cuando ha visto
El mundo llenarse de clamor
Y sacrificio
No solamente el alma
De Santo Domingo
Sino el tiempo el corazón
Unánime del siglo
En todos los idiomas
Y todos los delirios.
La esperanza es la hora
De impulsar la marcha
Del reloj, de practicar
El barco sobre la mar
Y el caballo en la montaña
Que amaba Federico.
La esperanza es el fin
De la Humanidad
Si no torcemos el rumbo
Del rodillo
Si una antorcha y un puño
No alzan los volcanes
Y desbordan los ríos
De redención en redención
Hasta la carcajada de los niños.
La esperanza es la última
Vez
Cuando por delante y por detrás
No queda otro camino
Que la realidad golpeante
Y golpeable
Palpitante y palpitable
Como un vals
Sobre los cinco sentidos.
La esperanza es el fin
De la esperanza
Y el comienzo
Del destino
De la esperanza.

Ni un paso atrás
Árbol de luna que obedece al clima
un sistema de nocturnidad,
no permitas que el murciélago te oprima.
Ni un paso atrás.No permitas que el largo regimiento
de los años de crimen pertinaz,
te toque el hombro con el pensamiento.
Ni un paso atrás.Que la alta flor que de tus ramas brota
en este chapuzón de libertad,
no pierda en miel ni la más breve gota.
Ni un paso atrás.Ni un paso atrás, soldados y civiles
hermanados de pronto en la verdad.
La vida es una sobre los fusiles,
que no hay trincheras para los reptiles,
de malos nuestros a extranjeros viles.
Ni un paso atrás.La libertad como un antiguo espejo
roto en la luz, se multiplica más,
y cada vez que un trozo da un reflejo
el tiempo nuevo le repite al viejo:
Ni un paso atrás.Ni un paso atrás, ni un paso atrás,
ni un paso de retorno al ayer, ni la mitad
de un paso en el sentido del ocaso,
ni un paso atrás.Que en la lucha del pueblo se confirme,
-sangre y sudor- la nacionalidad.
Y pecho al plomo y la conciencia en firme.
Y en cada corazón… ni un paso atrás.

Pedro Julio Mir Valentín (San Pedro de Macorís, Rep.Dominicana, 3 de junio de 1913-Santo Domingo,Rep.Dominicana, 11 de julio de 2000). Poeta y escritor, perteneciente a la generación de los Independientes del 40, declarado Poeta Nacional de la República Dominicana por el Congreso Nacional en 1984. Premio Nacional de Literatura 1993. Considerado el primer poeta de masas en la historia dominicana.
Pedro nació en el desaparecido ingenio azucarero Cristóbal Colón donde transcurrieron sus primeros años. Su madre Vicenta Valentín Mendoza , era puertorriqueña y su padre Pedro Mir Burgal era ingeniero mecánico cubano. Huérfano de madre desde los tres años. Pedro mitigó la soledad en la lectura voraz de los doce tomos de la colección del Tesoro de la Juventud, las obras de William Shakespeare y los cuentos infantiles de Anderson. Vivía en un ingenio, tenía pocos amigos, la mayor parte del tiempo lo pasaba en la casa, y leer era su principal entretenimiento. En 1925 terminó sus estudios primarios, y cuando le mandaron a Macorís le pusieron en sexto curso.
A los quince años le enviaron a la capital a estudiar el segundo teórico, a la Escuela Normal Superior. Estando en ese curso hubo un movimiento de protesta contra el régimen. En consecuencia, nombraron un nuevo director. Los profesores se dividieron. Otros se fueron y formaron la Escuela Normal Independiente. Pedro se fue a la escuela Independiente, con el matemático Osvaldo García de la Concha. Según comentario en una entrevista posterior: «Esa fue mi primera actividad pública política y oposicionista. La única en mi vida, porque las demás fueron clandestinas».
En la década de 1930 comenzó a desarrollar sus primeros poemas, algunos de los cuales llegaron a manos del escritor Juan Bosch, quien reconoció su talento e impulsó, de manera indirecta, su orientación hacia la poesía social.
En 1939 se casó con Estela Ramírez de Arellano, con quien tuvo a sus hijos Hugo Fernando y Luis Pedro.
En 1941 se Gradúa de Derecho por la Universidad Autónoma de Santo Domingo(UASD) y ejerció la abogacía en la capital. La dictadura de Rafael Leónidas Trujillo limitó su labor intelectual, especialmente por el carácter crítico de su poesía.
En 1947 viajó a Cuba donde junto a Bosch y Tulio Arvelo formo parte de una organización para luchar contra la dictadura de Trujillo. En el exilio realizó múltiples actividades, desde fotógrafo en las calles hasta contador. En La Habana, en 1949, publicó su primera obra poética, hoy considerada su obra maestra: «Hay un país en el mundo (Poema gris en varias ocasiones)». Fue editada en México en 1955 y dada a conocer en la República Dominicana en 1962, junto con Seis momentos de esperanza, en una publicación del grupo estudiantil Fragua.
Entre 1952 y 1953, visitó México, Guatemala, Rumanía, Viena, Checoslovaquia y Londres, países donde participó en congresos y conferencias. Tras ese periplo, regresó a Cuba, donde dirigió el noticiario de la Cadena Oriental de Radio. Realizó otro ciclo de viajes desde 1958 por Estados Unidos y México, donde fue traductor de inglés y francés para la Universidad Autónoma de México (UNAM).
Regresó a Cuba en 1959, tras el triunfo de la revolución y en esa ocasión contrajo matrimonio con Carmen Mesejo García, con quien tuvo a sus hijos Celeste, Geraldine y Carlos Pedro José.
Vuelto del exilio en 1963 se integrará a la vida académica, literaria y política. En 1974 fue designado miembro de número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana en consideración a sus investigaciones en el campo de la historia nacional y la estética.
En 1984 fue declarado Poeta Nacional por el Congreso Nacional, en reconocimiento a su aporte a la literatura dominicana.
En 1991 fue nombrado Doctor Honoris Causa del Hunter College de la Universidad de New York y en 1993 consiguió el Premio Nacional de Literatura de su país.
Pedro Julio Mir Valentín falleció el 11 de julio del año 2000 en Santo Domingo, dejando un legado literario que le consagra como una de las voces más importantes de la poesía dominicana y latinoamericana.
Obra publicada:
Poesía
Hay un país en el mundo. Talleres de La Campaña Cubana, La Habana, Cuba1949.
Seis momentos de esperanza. Edición libre, México, 1951.
Contracanto a Walt Whitman. Saker-Ti, Guatemala, 1952.
Poemas de buen amor y a veces de fantasía. Imprenta Nuevo Mundo, Santo Domingo,1969.
Amén de mariposas. Imprenta Nuevo Mundo, Santo Domingo, 1969.
Viaje a la muchedumbre. Siglo XXI, México, 1971.
Huracán Neruda. Editora Taller, Santo Domingo, 1975.
Primeros versos. Editora Taller, Santo Domingo, 1993.
Narrativa
La gran hazaña de Limbert y después del otoño. Editora Sargazo,Santo Domingo, 1977.
Cuando amaban las tierras comuneras.: Siglo XXI, México, 1978.
Buen viaje Pancho Valentín. Editora Taller, Santo Domingo, 1981.
Ensayo
Tres leyendas de colores. Ensayo de interpretración de las tres primeras revoluciones del Nuevo Mundo. Prólogo póstumo de Rafael Altamira. Editora Nacional, Santo Domingo, 1969.
Apertura a la estética. Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1974.
Raíces dominicanas de la Doctrina Monroe. Editora Taller, Santo Domingo, 1974. [Premio Nacional de Historia 1975].
Las dos patrias de Santo Domingo. Editorial Cultural Dominicana, Santo Domingo 1975.
Fundamentos de teoría y de crítica de arte. Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1979.
Noción de período en la historia dominicana. Tres tomos. Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1983.
Historia del hambre. Editora Corripio, Santo Domingo 1983.
El gran incendio. Editora Taller, Santo Domingo.
El Soldadito de la estética. Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1989.
El Lapicida de los ojos morados. Editora Taller, Santo Domingo, 1993.
Cómo escribir un poema con Pedro Mir, de Emelda Ramos y Chiqui Vicioso. Casa de Teatro, Santo Domingo, 1999.
Enlaces interés :
http://cielonaranja.com/mir.htm
https://hoy.com.do/el-pais/pedro-mir-en-el-recuerdo_44749.html
https://plenamar.acento.com.do/categoria-dossier/entrevista-a-pedro-mir-17852



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