15 Poemas de Alfonsina Storni

“Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán

Alfonsina Storni

El clamor

Alguna vez, andando por la vida,
por piedad, por amor,
como se da una fuente, sin reservas,
yo di mi corazón.

Y dije al que pasaba, sin malicia,
y quizá con fervor:
-Obedezco a la ley que nos gobierna:
He dado el corazón.

Y tan pronto lo dije, como un eco
ya se corrió la voz:
-Ved la mala mujer esa que pasa:
Ha dado el corazón.

De boca en boca, sobre los tejados,
rodaba este clamor:
-¡Echadle piedras, eh, sobre la cara;
ha dado el corazón!

Ya está sangrando, sí, la cara mía,
pero no de rubor,
que me vuelvo a los hombres y repito:
¡He dado el corazón!

Animal cansado

Quiero un amor feroz de garra y diente
que me asalte a traición en pleno día,
y que sofoque esta soberbia mía,
este orgullo de ser todo pudiente.

Quiero un amor feroz de garra y diente
que en carne viva inicie mi sangría,
a ver si acaba esta melancolía
que me corrompe el alma lentamente.

Quiero un amor que sea una tormenta,
que todo rompe y lo remueve todo
porque vigor profundo la alimenta.

Que pueda reanimarse allí mi lodo,
mi pobre lodo de animal cansado,
por viejas sendas, de rodar, hastiado.

Un sol

Mi corazón es como un dios sin lengua,
mudo se está a la espera del milagro, 
he amado mucho, todo amor fue magro, 
que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme, 
amé hasta odiar, amé hasta la locura, 
pero yo espero algún amor natura 
capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto 
y me haga brotar ramas sensitivas, 
soy una selva de raíces vivas, 
sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta? 
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje? 
vulgar estorbo, pálido follaje 
distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío 
de cuya opacidad brote la llama? 
ah, si mis mundos con su amor inflama 
yo seré incontenible como un río.

Hombre pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
déjame saltar.
Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
ni me entenderás.
Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
ábreme la jaula que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora,
no me pidas más.


Bien pudiera ser

pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.
dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer…
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna… Ah, bien pudiera ser…
A veces a mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.
Y todo eso mordiente, vencido, mutilado
todo eso que se hallaba en su alma encerrado,
Pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

Alfonsina y su hijo Alejandro

La loba

Yo soy como la loba.
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano. 


Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,
Que no pude ser como las otras, casta de buey
Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza!
Yo quiero con mis manos apartar la maleza. 


Mirad cómo se ríen y cómo me señalan
Porque lo digo así: (Las ovejitas balan
Porque ven que una loba ha entrado en el corral
Y saben que las lobas vienen del matorral). 


¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!
No temáis a la loba, ella no os hará daño. 


Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos
¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos! 


No os robará la loba al pastor, no os inquietéis;


Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis
Pero sin fundamento, que no sabe robar
Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar!
Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta 


De ver cómo al llegar el rebaño se asusta,
Y cómo disimula con risas su temor
Bosquejando en el gesto un extraño escozor…
Id si acaso podéis frente a frente a la loba
Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba
Conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor… 


¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!
Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!
No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños
Por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha
No sabréis defenderos, moriréis en la brecha. 


Yo soy como la loba. Ando sola y me río
Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío
Donde quiera que sea, que yo tengo una mano
Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.
La que pueda seguirme que se venga conmigo. 


Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,
La vida, y no temo su arrebato fatal
Porque tengo en la mano siempre pronto un puñal. 


El hijo y después yo y después… ¡lo que sea!
Aquello que me llame más pronto a la pelea.
A veces la ilusión de un capullo de amor
Que yo sé malograr antes que se haga flor. 


Yo soy como la loba,
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano.

Retrato de Garcia Lorca

Buscando raíces de alas 
la frente 
se le desplaza 
a derecha 
e izquierda.

Y sobre el remolino 
de la cara 
se le fija, 
telón del más allá, 
comba y ancha.

Una alimaña 
le grita en la nariz 
que intenta aplastársele 
enfurecida…

Irrumpe un griego 
por sus ojos distantes.

Un griego 
que sofocan de enredaderas 
las colinas andaluzas 
de sus pómulos 
y el valle trémulo 
de su boca.

Salta su garganta 
hacia afuera 
pidiendo 
la navaja lunada 
de aguas filosas.

Cortádsela. 
De norte a sud. 
De este a oeste.

Dejad volar la cabeza, 
la cabeza sola, 
herida de ondas marinas 
negras…

Y de caracolas de sátiro 
que le caen 
como campánulas 
en la cara 
de máscara antigua.

Apagadle 
la voz de madera, 
cavernosa, 
arrebujada 
en las catacumbas nasales.

Libradlo de ella, 
y de sus brazos dulces, 
y de su cuerpo terroso.

Forzadle sólo, 
antes de lanzarlo 
al espacio, 
el arco de las cejas 
hasta hacerlos puentes 
del Atlántico, 
del Pacífico…

Por donde los ojos, 
navíos extraviados, 
circulen 
sin puertos 
ni orillas…

La caricia perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa, 
se me va de los dedos… En el viento, al pasar, 
la caricia que vaga sin destino ni objeto, 
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita, 
pude amar al primero que acertara a llegar. 
Nadie llega. Están solos los floridos senderos. 
La caricia perdida, rodará… rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero, 
si estremece las ramas un dulce suspirar, 
si te oprime los dedos una mano pequeña 
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, 
si es el aire quien teje la ilusión de besar, 
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, 
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Esta tarde

Ahora quiero amar algo lejano…
Algún hombre divino
que sea como un ave por lo dulce,
que haya habido mujeres infinitas
y sepa de otras tierras, y florezca
la palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento…

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
blanda y tranquila como espeso musgo,
tiembla mi boca y mis dedos finos,
se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor… Toda la tierra
está cantando dulcemente… Lejos
los bosques se han cargado de corolas,
desbordan los arroyos de sus cauces
y las aguas se filtran en la tierra
así como mis ojos en los ojos
que estoy soñando embelesada…

Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
las aves se acurrucan en sus nidos,
la tarde ha de morir y él está lejos…
lejos como este sol que para nunca
se marcha y me abandona, con las manos
hundidas en las trenzas, con la boca
húmeda y temblorosa, con el alma
sutilizada, ardida en la esperanza
de este amor infinito que me vuelve
dulce y hermosa…

Paz

Vamos hacia los árboles… el sueño
se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
nos será blanda, la tristeza leve.

Vamos hacia los árboles, el alma
adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
no despiertes los pájaros que duermen.

Alfonsina 1925

La dulce visión

¿Dónde estará lo que persigo ciega? 
—Jardines encantados, mundos de oro— 
Todo lo que me cerca es incoloro. 
Hay otra vida. Allí, ¿cómo se llega? 

Un perfume divino el alma anega: 
olor de estrellas, un rosado coro 
de Dianas fugitivas; el esporo 
viviente aún de la delicia griega. 

¿Dónde estará ese mundo que persigo? 
El sueño voluptuoso va conmigo 
y me ciñen las rosas de su brazo. 

Y mientras danzo sobre el césped fino 
fuera del alma acecha mi destino 
y la Gran Cazadora mueve el lazo.

Gabriela Mistral y Alfonsina Storni

¿Que diría?

¿Qué diría la gente, recortada y vacía,
Si en un día fortuito, por ultrafantasía,
Me tiñera el cabello de plateado y violeta,
Usara peplo griego, cambiara la peineta
Por cintillo de flores: miosotis o jazmines,
Cantara por las calles al compás de violines,
O dijera mis versos recorriendo las plazas,
Libertado mi gusto de vulgares mordazas?

¿Irían a mirarme cubriendo las aceras?
¿Me quemarían como quemaron hechiceras?
¿Campanas tocarían para llamar a misa?

En verdad que pensarlo me da un poco de risa.

Cuadrados y ángulos

Casas enfiladas, casas enfiladas, 
casas enfiladas. 
Cuadrados, cuadrados, cuadrados. 
Casas enfiladas. 
Las gentes ya tienen el alma cuadrada, 
ideas enfila 
y ángulo en la espalda. 
Yo misma he vertido ayer una lágrima, 
Dios mio, cuadrada.

Frente al mar

Oh mar, enorme mar, corazón fiero 
de ritmo desigual, corazón malo, 
yo soy más blanda que ese pobre palo 
que se pudre en tus ondas prisionero. 

Oh mar, dame tu cólera tremenda, 
yo me pasé la vida perdonando, 
porque entendía, mar, yo me fui dando: 
«piedad, piedad para el que más ofenda». 

Vulgaridad, vulgaridad me acosa. 
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. 
Hazme tener tu cólera sin nombre: 
ya me fatiga esta misión de rosa. 

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, 
me falta el aire y donde falta quedo, 
quisiera no entender, pero no puedo: 
es la vulgaridad que me envenena. 

Me empobrecí porque entender abruma, 
me empobrecí porque entender sofoca, 
¡bendecida la fuerza de la roca! 
yo tengo el corazón como la espuma. 

Mar, yo soñaba ser como tú eres, 
allá en las tardes que la vida mía 
bajo las horas cálidas se abría… 
ah, yo soñaba ser como tú eres. 

Mírame aquí, pequeña, miserable, 
todo dolor me vence, todo sueño; 
mar, dame, dame el inefable empeño 
de tornarme soberbia, inalcanzable. 

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza. 
¡Aire de mar!… ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo! 
desdichada de mí, soy un abrojo, 
y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. 

Y el alma mía es como el mar, es eso, 
ah, la ciudad la pudre y la equivoca; 
pequeña vida que dolor provoca, 
¡que pueda libertarme de su peso! 

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele… 
la vida mía debió ser horrible, 
debió ser una arteria incontenible 
y apenas es cicatriz que siempre duele

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
 
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
 
Déjame sola: ¿oyes romper los brotes?
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
 
Para que no olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

(este fue su ultimo poema)


Alfonsina Carolina Storni (Capriasca, Suiza, 29 de mayo de 1892-Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938 ). Poeta, narradora y actriz. Una de las voces poéticas más importantes del siglo XX. Considerada la madre de la poesía femenina moderna en Argentina. 

Hija de Paulina Martignonim y de Alfonso Storni. Nació en Suiza pero la familia regreso a Argentina en 1891 donde ya habían vivido con anterioridad.

En 1901 la familia se muda a Rosario (provincia de Santa Fe) e instalan el ‘Café Suizo’, un negocio que ‘sobrevivía’ y en el que Alfonsina, con sólo 10 años, trabajaba atendiendo las mesas. Su padre, depresivo y alcohólico, falleció en 1906 y Alfonsina entró a trabajar en un taller de gorras.

Desde muy niña comenzó a escribir versos y a los doce años le enseña a su madre uno de sus primeros poemas. Así lo describe Alfonsina :

En 1907 llegó a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplazó a una actriz enferma. Esto la decidió a convertirse en actriz y viajar con la compañía. Recorrió Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán.
Su madre, Paulina, se casó de nuevo y se trasladó a Butinza, y Alfonsina se trasladó a Coronda para estudiar Magisterio al tiempo que trabajaba como celadora en la escuela para poder pagarse los estudios.
En 1911 se graduó como maestra, y ejerció en la ciudad de Rosario, donde publicó sus primeros versos en las revistas Mundo rosariano yMonos y Monadas.

Cuando tenía veinte años se quedó embarazada de un hombre casado mayor que ella y decide refugiarse en Buenos aires para dar a luz a su hijo Alejandro nacido el 21 de Abril de 1912 . Alfonsina se convierte en una madre soltera, una loba . Escribe el poema “La loba” dedicado a su hijo y a ella misma:

“Yo soy como la loba / quebré con el rebaño”/Y me fui a la montaña/ Fatigada del llano/ Yo tengo un hijo fruto del amor, / de amor sin ley”.

Alfonsina trabaja de cajera y oficinista y sigue escribiendo. Colabora en Caras y Caretas, y su primer libro de versos La inquietud del rosal fue publicado en 1916. La revista Nosotros elogió el poemario y desde ese momento Alfonsina entró en el círculo literario de la revista. Empezó a ser reconocida pero su situación económica siguió siendo precaria.
En 1919 publicó Irremediablemente, el libro fue bien acogido por la crítica y la Universidad de Montevideo la invitó a dar unas conferencias, allí conoció a los que serían dos de sus grandes amigos, Horacio Quiroga y Juana de Ibarbouru.

En 1920 publicó Languidez y este libro mereció el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura.

El Ministro de Instrucción Pública creó entonces una cátedra para ella en la Escuela Nacional de Lenguas Vivas, en 1923. Siguió publicando poesía e hizo algún intento teatral que no tuvo éxito, e intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores. Más tarde, se desempeña como profesora de lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y, en 1926, en el Conservatorio de Música y Declamación. En ese mismo año publica Poemas de amor, su única obra en prosa, y Diario de una ignorante. En 1927, aparece su primera obra dramática: El amo del mundo.

En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, impartió cursos y conferencias en Madrid y conoció a otras escritoras como Concha Mendez. En 1931, volvió a visitar España en compañía de su hijo.

En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta español en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó el poema, “Retrato de García Lorca” .

En 1934 publicó, después de ocho años, un nuevo libro llamado Mundo de siete pozos, una recopilación de poemas, incluido el poema a Lorca, que dedicó a su hijo Alejandro.

En 1935 le detectaron un tumor en el pecho del que fue operada en mayo de ese mismo año. Le realizan una mastectomía que le deja cicatrices físicas y emocionales. Siempre había sufrido de depresión, tenia ataques de ansiedad y crisis nerviosas, pero a partir de ese momento su ya débil equilibrio psicológico se deterioró más y vivió sus últimos años atemorizada por la muerte.

En 1936 publica su ensayo Desovillando la raíz porteña.

El 19 de febrero de 1937 se suicida su amigo el poeta Horacio Quiroga. Podemos vislumbrar el impacto que produce en Alfonsina a través de los versos que le dedica :  “Morir como tú, Horacio, en tus cabales, / Y así como en tus cuentos, no está mal; / Un rayo a tiempo y se acabó la feria… / Allá dirán. / Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte / Que a las espaldas va. / Bebiste bien, que luego sonreías… / Allá dirán”.

En 1937 escribió su último libro llamado Mascarilla y trébol publicado al año siguiente.

El 27 de enero de 1938 fue invitada junto a Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou a participar en Montevideo en un encuentro conocido como la cumbre de las «Tres Musas de América». El evento se realizó en el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo (IAVA) en el marco de los cursos de verano. Alfonsina titula su conferencia «Una charlilla apurada“. El SODRE grabó la locución de su voz, un documento sonoro invaluable que se conserva en archivos históricos.

En octubre de 1938 Alfonsina Storni viajó a Mar del Plata. Desde allí, envió dos cartas: una a su hijo, Alejandro, y un “Poema de despedida” al diario La Nación.

Hacia la una de la madrugada del martes 25 de octubre de 1938, Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa de La Perla, en Mar del Plata. Aunque los biógrafos aseguran que saltó al agua desde una escollera, la leyenda afirma que se internó lentamente en el mar. Su nieto Guillermo habló muchos años después de los mitos sobre Alfonsina, como el que habla de su muerte:

«Hasta la canción, que la dibuja internándose románticamente en el mar… Eso no fue así, se arrojó al mar desde una escollera en Mar del Plata desde el hotel del Club Argentino de Mujeres. Lo dejó escrito antes de hacerlo y tuvo que ver con la enfermedad, aunque no directamente…»

Al día siguiente de su muerte se publicó su último poema, Quiero dormir, en La Nación.

Los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poeta de América». 

Su trágico suicidio inspiró la canción Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, que ha sido interpretada por innumerables músicos de lengua española, destacándose las versiones de Victor Jara y Mercedes Sosa.


Alfonsina Storni es considerada una de las voces femeninas más potentes de la poesía en lengua española de las primeras décadas del siglo XX.

Obra publicada:

La inquietud del rosal, 1916
El dulce daño, 1918
Irremediablemente, 1919
Languidez, 1920
Ocre, 1925
Poemas de amor, 1926 y Diario de una ignorante, 1926
El amo del mundo: comedia en tres actos, 1927.
Mundo de siete pozos, 1934
Mascarilla y trébol, 1938
Antología poética, 1938
Dos farsas pirotécnicas, 1932
Poesías completas, 1968
Nosotras y la piel: selección de ensayos, 1998
Antología poética. Barcelona: Edicomunicación, 1999.

Enlaces de interés :

http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/Alfonsina/

Locución de la voz de Alfonsina Storni: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/32940/Audio_de_Alfonsina_Storni__32_03_.mp3?sequence=1&isAllowed=y

https://www.swissinfo.ch/spa/imágenes-históricas-de-la-poetisa/6980772

Recuerdo del encuentro de Ibarbourou, Mistral y Storni

3 thoughts on “15 Poemas de Alfonsina Storni

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  1. ¡La inquietud del rosal
    .
    .

    A: Alfonsina Storni

    (Suiza, 1892 – Mar del Plata, 1938)

    Ya no escucharé tu voz

    El mar se llevó tu aliento.

    El tiempo pasa veloz

    tristes letras escribió

    y desde dentro brotó

    desgarrador grito atroz.

    El mar que fue tu aposento

    desde su fondo un rugido

    lanza , con mucho lamento

    es de dolor el soplido

    causa de enamoramiento

    tu nacer quieto bufido

    numen claro tal cristal

    con ¡La inquietud del rosal !

    Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano

    “Hombre de Maíz” Guatemala C.A.

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