«Si supiera quees la poesía no tendría necesidad de escribir. Es algo que busco a tientas en la oscuridad»
Anne Carson
A pesar de su dolor, otro día
La niebla del río (7 AM) se dispersa y comienza, se estremece y comienza
en las rocas otoñales del molino.
Restos de hojas resplandecen. He hallado mi cordura.
La evidencia (7 PM): ella toma sus medicamentos, yo doy un paseo por el río.
La rueda de molino huele a húmeda hoja de maíz.
Detrás de mí (2:38 AM) en la oscuridad del Motel Dorset oigo el clic del calentador
y a ella, que se despierta en el otro extremo de la ciudad
en un cuarto pequeño y cálido
aferrándose a un rosario que brilla en lo oscuro.
No importa qué se diga del tiempo, la vida va en una sola dirección,
es una verdad que resplandece.
La niebla del río (7 AM) es plata desollada
cuando el alba oscurece
el día de mi partida.
PELIGRO NO LEVAR NI ECHAR ANCLAS
dice el letrero justo en la orilla.
La no conciencia nos engulle.
Ella en la cama como ramita doblada.
Yo, como siempre, ida.
Despite Her Pain, Another Day
River fogs (7 a.m.) stray and begin, shiver and begin
on the September mill rocks.
Bits of leaf mirror along. I have arrived at my sanity.
Evidence (7 p.m.): while she medicates I walk by the river.
Millwheel smells like wet corn husk.
On my back (2:38 a.m.) in the dark at Krugers B. & B. I listen to the radiator click
and to her, awake on the other side of town
in the hot small room,
gripping a glow-in-the-dark rosary.
Whatever they say about time, life only moves in one direction,
that’s a fact, mirroring along.
River fogs (7 a.m.) go flayed and silvery
when it dawns dark
on the day I leave.
“Danger Do Not Drop or Drag Anchor”
reads a sign just off the selvedges.
Mindingness gulps us.
Her on the bed as bent twigs.
Me, as ever, gone.
Publicado en The New Yorker en 1997, apareciendo más tarde en su libro Decreation: Poetry, Essays, Opera (2005)

Tres
Tres mujeres silenciosas en la mesa de la cocina.
La cocina de mi madre es oscura y pequeña pero del otro lado de la ventana
está el páramo, paralizado con hielo.
Se extiende hasta donde alcanza la vista
a lo largo de kilómetros planos hasta un cielo blanco sólido no iluminado.
Mamá y yo estamos masticando lechuga cuidadosamente.
El reloj de la pared de la cocina emite un bajo zumbido irregular que salta
una vez en el minuto justo de las doce.
Tengo a Emily pág. 216 abierta y apoyada sobre la azucarera
pero furtivamente estoy observando a mi madre.
Miles de preguntas chocan contra mis ojos desde adentro.
Mi madre está estudiando su lechuga.
Paso a la pág. 217.
“En mi fuga a través de la cocina tropecé con Hareton
quien ahorcaba una camada de cachorros
desde el respaldo de una silla en la puerta. . .”
Es como si a todas nos hubieran bajado dentro de una atmósfera de vidrio.
De tanto en tanto un comentario atraviesa el vidrio.
Impuestos en el lote de atrás. No es un buen melón,
falta para los melones.
La peluquera del pueblo encontró a Dios, cierra la tienda cada martes.
De nuevo hay ratones en el cajón de las servilletas.
Pequeñas bolitas. Mordieron
los bordes de las servilletas, si supieran
lo que cuestan las servilletas de papel hoy en día.
Esta noche llueve.
Mañana llueve.
Ese volcán en las Filipinas otra vez activo.
Cual era su nombre
Anderson murió no Shirley no
la cantante de ópera. Negra.
Cáncer.
No estás comiendo tu guarnición, ¿no te gusta
el pimiento?
Por la ventana veo hojas muertas
que atraviesan la llanura
y residuos de nieve herida por la suciedad de los pinos.
En el centro del páramo
donde la tierra desciende hacia una
depresión
el hielo ha comenzado a abrirse.
Surge agua negra y abierta
cuajadas como la ira. Mi madre habla repentinamente.
Esa psicoterapia no te está ayudando mucho
¿verdad?
No lo estás superando.
Mi madre tiene esa manera de resumir las cosas.
A ella nunca le gustó Law
pero le gustaba la idea de que yo tuviera un hombre
y que continuara con mi vida.
Él es de los que toman y tú de las que dan
espero que funcione,
era todo lo que dijo después de haberle conocido.
Dar y tomar eran sólo palabras para mí
en ese momento. Nunca me había enamorado.
Era como una rueda rodando una colina.
Pero esta madrugada mientras mamá dormía
y yo estaba abajo leyendo un pasaje de
Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía
durante la tormenta sollozando
¡Entra! ¡Entra! al fantasma
del amor de su corazón,
caí de rodillas sobre la alfombra y
también sollocé.
Ella sabe cómo ahorcar cachorros,
esa Emily.
No es como tomarse una aspirina, sabes,
le respondo débilmente.
La Dra. Haw dice que el duelo es un proceso largo.
Ella frunce el ceño. ¿Y qué se logra
con todo ese remover el pasado?
Oh —extiendo las manos—
¡Yo me repongo! La miro a los ojos.
Ella sonríe. Sí lo haces.
Three
Three silent women at the kitchen table.
My mother’s kitchen is dark and small but out the window
there is the moor, paralyzed with ice.
It extends as far as the eye can see
over flat miles to a solid unlit white sky.
Mother and I are chewing lettuce carefully.
The kitchen wall clock emits a ragged low buzz that jumps
once a minute over the twelve.
I have Emily p. 216 propped open on the sugarbowl
but am covertly watching my mother.
A thousand questions hit my eyes from the inside.
My mother is studying her lettuce.
I turn to p. 217.
“In my flight through the kitchen I knocked over Hareton
who was hanging a litter of puppies
from a chairback in the doorway. . . .”
It is as if we have all been lowered into an atmosphere of glass.
Now and then a remark trails through the glass.
Taxes on the back lot. Not a good melon,
too early for melons.
Hairdresser in town found God, closes shop every Tuesday.
Mice in the teatowel drawer again.
Little pellets. Chew off
the corners of the napkins, if they knew
what paper napkins cost nowadays.
Rain tonight.
Rain tomorrow.
That volcano in the Philippines at it again. What’s her name
Anderson died no not Shirley
the opera singer. Negress.
Cancer.
Not eating your garnish, you don’t like pimento?
Out the window I can see dead leaves ticking over the flatland
and dregs of snow scarred by pine filth.
At the middle of the moor
where the ground goes down into a depression,
the ice has begun to unclench.
Black open water comes
curdling up like anger. My mother speaks suddenly.
That psychotherapy’s not doing you much good is it?
You aren’t getting over him.
My mother has a way of summing things up.
She never liked Law much
but she liked the idea of me having a man and getting on with life.
Well he’s a taker and you’re a giver I hope it works out,
was all she said after she met him.
Give and take were just words to me
at the time. I had not been in love before.
It was like a wheel rolling downhill.
But early this morning while mother slept
and I was downstairs reading the part in Wuthering Heights
where Heathcliff clings at the lattice in the storm sobbing
Come in! Come in! to the ghost of his heart’s darling,
I fell on my knees on the rug and sobbed too.
She knows how to hang puppies,
that Emily.
It isn’t like taking an aspirin you know, I answer feebly.
Dr. Haw says grief is a long process.
She frowns. What does it accomplish
all that raking up the past?
Oh—I spread my hands—
I prevail! I look her in the eye.
She grins. Yes you do.

Ben Okri © 2010 Beowulf Sheehan/PEN American Center
El guante del tiempo de Edward Hoppe
Cierto no soy más que la sombra de un pasajero en este planeta
pero a mi alma le gusta vestirse con elegancia
a pesar de las manchas.
Ella atraviesa la puerta.
Se quita su guante.
Acaso gira la cabeza.
Acaso cruza la pierna.
Ésa es una pregunta.
Quién está hablando.
También una pregunta.
Lo único que puedo decir
es que no veo ninguna prueba de otro guante.
Las palabras no son una frase, no te demores en ello.
Demórate en esto.
No es un tiempo vacío, es el momento
en que las cortinas revolotean dentro del cuarto.
Cuando se prepara la lámpara.
Cuando la luz da contra la pared justo ahí.
¿Y el guante?
Entonces se elevó: la vida que ella pudo haber vivido (par les soirs bleus d’été).
Da la casualidad
de que la pintura es inmóvil.
Pero si acercas la oreja al lienzo oirás
los sonidos de un gran estribillo que va avanzando.
En algún lugar alguien viaja hacia ti,
viaja día y noche.
Pasan abedules sin hojas.
El camino rojo se desvanece.
Toma, agarra esto:
una prueba.
Da la casualidad
de que un buen guante de etiqueta
mide 22 centímetros del dobladillo a la punta de los dedos.
A este guante lo “tomaron por la espalda”
(como dijo Godard de su King Lear).
Mientras escuchaba a sus hijas Lear
deseó ver sus cuerpos enteros
estirados a lo largo de sus voces
como cabritilla blanca.
¿Pues en qué difiere el tiempo de la eternidad salvo en que lo medimos?
The Glove of Time by Edward Hopper
True I am but a shadow of a passenger on this planet
but my soul likes to dress in formal attire
despite the stains.
She walks through the door.
She takes off her glove.
Does she turn her head.
Does she cross her leg. That is a question.
Who is speaking.
Also a question.
All I can say is
I see no evidence of another glove.
The words are not a sentence, don’t work on that.
Work on this.
It is not empty time, it is the moment
when the curtains come blowing into the room.
When the lamp is prepared.
When light hits the wall just there.
And the glove?
Now it rose up – the life she could have lived (par les soirs bleus d’été).
It so happens
paint is motionless.
But if you put your ear to the canvas you will hear
the sounds of a terribly good wheel on its way.
Somewhere someone is travelling toward you,
travelling day and night.
Bare birches flow past.
The red road drops away.
Here, you hold this:
evidence.
It so happens
a good evening glove
is 22 centimeters from hem to fingertip.
This was a glove «shot in the back»
(as Godard said of his King Lear).
Listening to his daughters Lear
hoped to see their entire bodies
stretched out across their voices
like white kid.
For in what does time differ from eternity except we measure it?
De: Men in the Off Hours(2000)

Líneas
Mientras hablo con mamá ordeno cosas. Lomos de libros junto al teléfono.
Clips
en un cuenco de porcelana. Residuos de goma manchan la mesa. Ella habla
con nostalgia
de la muerte. Empiezo a girar los clips en la dirección contraria.
Fuera
de la ventana la nieve cae en líneas rectas. A mi madre,
amor
de mi vida, le cuento lo que almorcé. Las líneas caen ahora
más
de prisa. El destino añade peso en los extremos (para apresurarnos)
quisiera
decirle: es señal de la misericordia de Dios. Ella no me retendrá
dice, ella
no me pasará factura. Los milagros se escurren sin darnos cuenta. Los
clips
están eternamente alineados. ¡La misericordia de Dios! Cuánto tiempo
la sentiré
arder, dijo la niña intentando ser
amable.
Traducción de Jeannette L. Clariond
Lines
While talking to my mother I neaten things. Spines of books by the phone.
Paperclips
in a china dish. Fragments of eraser that dot the desk. She speaks
longingly
of death. I begin tilting all the paperclips in the other direction.
Out
the window snow is falling straight down in lines. To my mother,
love
of my life, I describe what I had for brunch. The lines are falling
faster
now. Fate has put little weights on the ends (to speed us up) I
want
to tell her–sign of God’s pity. She won’t keep me
she says, she
won’t run up my bill. Miracles slip past us. The
paperclips
are immortally aligned. God’s pity! How long
will
it feel like burning, said the child trying to be
kind.

El viejo sueter azul de papá
Hoy cuelga del respaldo de la silla de la cocina
donde siempre me siento, cuelga
del mismo respaldo y de la misma silla donde solía sentarse.
Me lo pongo al entrar,
como él solía, sacudiendo
la nieve de sus botas.
Me lo pongo y me siento en la oscuridad.
Él no haría esto.
Lajas de frío caen desde el hueso de la luna.
Sus leyes eran un secreto.
Pero recuerdo el momento en que supe
que perdía el juicio dentro de sus leyes.
Estaba de pie en la curva de la entrada cuando lo vi.
Llevaba puesto el suéter azul con los botones abrochados hasta
el cuello.
No sólo porque era una calurosa tarde de julio
pero la mirada en su rostro…
como un niño a quien la tía vistió temprano en la mañana
antes de un largo viaje
en trenes fríos y venteados andenes
sentado muy tieso en la orilla de su asiento
mientras las sombras, como largos dedos,
sobre almiares dejados atrás,
aún lo estremecen
porque él viaja mirando hacia atrás.
Traducción de Jeannette L. Clariond
Father’s Old Blue Cardigan
Now it hangs on the back of the kitchen chair
where I always sit, as it did
on the back of the kitchen chair where he always sat.
I put it on whenever I come in,
as he did, stamping
the snow from his boots.
I put it on and sit in the dark.
He would not have done this.
Coldness comes paring down from the moonbone in the sky.
His laws were a secret.
But I remember the moment at which I knew
he was going mad inside his laws.
He was standing at the turn of the driveway when I arrived.
He had on the blue cardigan with the buttons done up all the way to the top.
Not only because it was a hot July afternoon
but the look on his face —
as a small child who has been dressed by some aunt early in the morning
for a long trip
on cold trains and windy platforms
will sit very straight at the edge of his seat
while the shadows like long fingers
over the haystacks that sweep past
keep shocking him
because he is riding backwards.

Ese estado de flujo
En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de la memoria
(insiste Aristóteles)
es útil el principio de asociación:
«pasar rápidamente de un punto al siguiente.
Por ejemplo de leche a blanco,
de blanco a aire,
de aire a húmedo,
tras lo cual uno recuerda el otoño en el supuesto de que esté tratando de recordar
esa estación».
O suponiendo,
amable lector,
qué no estés tratando de recordar el otoño sino la libertad,
un principio de libertad
que existió entre dos personas, pequeño y salvaje,
como son los principios, pero ¿cuáles son aquí las reglas?
Como él dice,
la locura puede ponerse de moda.
Pasar entonces rápidamente
de un punto al siguiente,
Por ejemplo de pezón a duro,
de duro a cuarto de hotel,
de cuarto de hotel
a la frase encontrada en una carta que escribió en un taxi el día que se cruzó con
su mujer
que iba caminando
por la otra acera, pero ella no le vio, se dirigía
-así de ingeniosas son las combinaciones de ese estado de flujo que llamamos
nuestra historia moral acaso no son tan claras casi como las fórmulas matemáticas
salvo que están escritas en el agua-
al juzgado
a presentar los documentos para el divorcio, una frase como
qué sabor entre tus piernas.
Tras lo cual mediante esta facultad absolutamente divina, la
«memoria de las palabras y las cosas»,
uno recuerda
la libertad.
¿Es eso yo? grita irrumpiendo el alma.
Almita, pobre animal incierto:
cuidado con este invento «siempre útil para aprender y vivir»
como dice Aristóteles, Aristóteles,
que no tenía marido,
rara vez menciona la belleza
y es probable que de muñeca pasara rápidamente a esclava cuando trataba de
recordar esposa.
de su obra Float (2016), (La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos) Traducción de Ana Becciu

Figura sentada con ángulo rojo
Si el cuerpo es siempre profundo pero es aún más profundo en la superficie.
Si los condicionales son de dos tipos reales e hipotéticos.
Si estás empujando, empujando y luego comienza a arrastrarte.
Si la policía en esa ciudad quemase las manos de la gente con un soplete.
Si (cuerpos) muy oscuros o rojizos nadan allí.
Si después ella se sentara como haría una persona mayor, sin los pantalones puestos,
confundida.
Si te adentras, si excavas, si te arriesgas a reconstruir.
Si el punto que durante años ha sido alimentado se aviva un poco.
Si la figura sentada empezara con una idea de interrogación.
Si hubiese una calidad de luz eléctrica muy fuerte.
Si tuvieses la idea de la interrogación.
Si la interrogación es un deseo de conseguir información que no se da ni se ofrece
libremente.
Si enterrada sin dejar casi huella en lo oscuro de su energía sedente, dentro de tu
cuerpo hay otro cuerpo a la deriva.
Si al principio sonara como lluvia.
Si tu defensa es perfecta fueron los árboles después de todo los que se alejaron.
Si los objetos no son sólidos.
Si no hay caras, si lo que tú interrogas no son caras.
Si el rojo te hace pensar en la suerte o en cómo opera la suerte.
Si los pies se cruzan de modo que se escurre, escurren (Cristo) las analogías.
Si como dice Artaud quien no huele una bomba cocida y un vértigo comprimido no
merece estar vivo.
Si eliges qué deshacer, si sabes cómo tomar esa decisión.
Si la conduces hacia el agua.
Si le ofreces un regalo digamos un pensamiento de Pascal.
Si le das “fracciones infinitas de soledad” (Nabokov).
Si le da un poco de Artaud como “todos los escritos son mierda todos los escritores
son cerdos”.
Si los condicionales son de dos clases posibles e imposibles.
Si ella se aleja deslizándose, si tú lo haces.
Si el rojo es el color del cliché.
Si el rojo es el mejor color.
Si el rojo es el color del dolor del arte.
Si Artaud es un cliché.
Si los artistas te dicen que el arte es anterior al pensamiento.
Si quieres saber cosas como dónde está exactamente esa pierna.
Si los caballos estuviesen agotados.
Si ella suplicara, si viniera a la mesa, si la secuencia no importa.
Si comienza, un hilillo, este fino y lento gotear de la mente.
Si quieres saber por qué el escurrirse afecta tus nervios.
Si quieres saber por qué no puedes alcanzar tus propias ideas bellas.
Si en cambio llegas al borde de lo pensable, que se filtra.
Si detienes las filtraciones con condicionales.
Si los condicionales son de dos tipos reales e irreales.
Si nada permanece.
Si ella espera junto a ella misma.
Si Miroslav nos advirtió del exceso de inteligencia de los animales de laboratorio.
Si cuidar de ella es la noche.
Si un enigma entrara en la habitación.
Si todos los demás enigmas lucharan por salir.
Si fuera de aquí la luz huyera de las copas de los árboles que se alzan sobre un muro
de ladrillos de enfrente.
Si los condicionales son de dos tipos ahora es de noche y todos los gatos son pardos.
Si todas las víctimas de David exceden por decenas de miles a todas las víctimas de
Saúl.
Si ellos no sienten el dolor igual que nosotros.
Si condujeras hasta aquí con juguetes en el asiento trasero.
Si escribieras una palabra en el suelo de la celda con gotas de agua y la videograbaras
mientras se seca.
Si Vitrubio dice que ningún templo puede ser construido de manera coherente a menos
que se arme exactamente como un cuerpo humano.
Si el rojo es el color de la letra cursiva.
Si la letra cursiva es una tentación para el pensamiento.
Si Freud dice que la relación entre mirada y lo que se desea conlleva seducción.
Si Vitrubio no habla sobre desmantelar los templos pero podemos suponer que el
mismo canon es válido.
Si la seducción no está al servicio de nadie.
Si los condicionales son de dos tipos seducidos y despiertos.
Si no importa cómo te sostienes sobre uno no puedes ver al otro, no puedes rozar la
médula del sueño, no puedes leer lo que era esa palabra.
Si “hipotético” aplicado a los condicionales quiere decir que la prótasis es falsa.
Si (por ejemplo) “no hubieras destruido el barómetro esto nos hubiera prevenido”
implica que ahora estamos en medio de un temporal.
Si de hecho es una noche clara yo diría que casi implacablemente clara.
Si el condicional viene antes de condimento y condolencia.
Si no quieres recordar qué palabra era.
Si tu vida te desorienta (vida taimada).
Si la lluvia azota tu cara como las crines de todos los caballos de este siglo.
Si los condicionales son de dos tipos inscritos y dónde puedo escribir esto.
Seated Figure with Red Angle(1988) by Betty Goodwin
De: Men in the Off Hours(2000)

Ensayo sobre las cosas en las que más pienso
En el error.
Y en sus emociones.
Estar a punto del error es una condición del miedo.
Estar en medio del error es estar en un estado de locura y de derrota.
Darte cuenta de que has cometido un error produce vergüenza y remordimiento.
¿O sí?
Veamos.
Mucha gente, incluyendo a Aristóteles, opina que el error
es un suceso mental interesante y valioso.
Cuando habla de la metáfora en su Retórica,
Aristóteles dice que hay tres tipos de palabras:
las extrañas, las ordinarias y las metafóricas.
“Las palabras extrañas simplemente nos descolocan;
las palabras ordinarias nos transmiten lo que ya sabíamos;
usando metáforas es como nos topamos con lo nuevo y con lo fresco”
(Retórica, 1410b10-15).
¿En qué consiste esa frescura de las metáforas?
Aristóteles dice que la metáfora hace que la mente se experimente a sí misma
en el acto de cometer un error.
Ve la mente como algo que se mueve a lo largo de una superficie plana
hecha de lenguaje ordinario
y luego de repente
esa superficie se rompe o se complica.
Emerge lo inesperado.
Al principio parece raro, contradictorio o incorrecto.
Y después sí tiene sentido.
Y es en ese momento cuando, según Aristóteles,
la mente se dirige a sí misma y se dice:
“¡Qué verdad es! ¡Y aun así cómo lo había malinterpretado yo todo!”
Es posible aprender una lección de los errores auténticos de las metáforas.
No es solo que las cosas no son lo que parecen,
y de ahí que nos confundamos;
además, dicha equivocación es en sí valiosa.
Pero esperad un momento, dice Aristóteles,
hay mucho que ver y sentir por ahí.
Las metáforas le enseñan a la mente
a disfrutar del error
y a aprender
de la yuxtaposición entre lo que es y lo que no es.
Hay un proverbio chino que dice:
un pincel no puede escribir dos caracteres en la misma pincelada.
Y aun así
eso es justamente lo que hace un buen error.
Veamos un ejemplo.
Es un fragmento de cierto poema griego antiguo
que contiene un error de aritmética.
Por lo visto el poeta no sabe
que 2+2=4.
Fragmento Alkman 20:
[?] lo cual hacen tres estaciones, verano
e invierno y en tercer lugar otoño
y en cuarto lugar primavera cuando
hay florecimientos pero comer suficiente
no lo es.
Alkman vivió en Esparta en el s. VII a.C.
Entonces Esparta era un estado pobre
y es improbable
que Alkman llevara una vida de rico bien alimentado.
Este hecho es el contexto de sus observaciones
que desembocan en el hambre.
Siempre tenemos la sensación de que el hambre
es un error.
Alkman hace que experimentemos este error
con él
mediante un uso efectivo del error computacional.
Para un poeta espartano pobre sin nada
en sus bolsillos
al final del invierno,
ahí viene la primavera
como una ocurrencia a deshora de la economía natural,
la cuarta en una serie de tres,
desequilibrada su aritmética
y su verso yámbico.
El poema de Alkman se parte en dos a mitad camino con ese metro yámbico
sin dar ninguna explicación
sobre de dónde viene la primavera
o sobre por qué los números no nos ayudan
a controlar mejor la realidad.
Tres cosas me gustan del poema de Alkman.
Primero, que es pequeño,
ligero
y económico de una manera más que perfecta.
Segundo, que parece sugerir la presencia de ciertos colores como el verde pálido
sin ni siquiera nombrarlos.
Tercero, que consigue sacar a relucir
algunas preguntas metafísicas de primer orden
(como la de Quién hizo el mundo)
sin un análisis excesivo.
Fijémonos en que en el predicado verbal “lo cual hacen” en el primer verso
no hay sujeto: [?]
Es muy poco habitual en griego
que el predicado verbal no tenga sujeto; de hecho,
es un error gramatical.
Si les preguntáis, los filólogos estrictos os dirán
que este error no es más que un accidente de transmisión,
que el poema tal y como nos ha llegado
con toda seguridad es un fragmento suelto
de un texto más extenso
y que es casi seguro que Alkman nombró
al agente de la creación
en los versos precedentes.
Bueno, puede ser.
Pero, como sabéis, el principal objetivo de la filología
es reducir todo placer textual
a un mero accidente histórico.
Y no me siento cómoda con la idea de que podemos saber exactamente
qué es lo que quiere decir el poeta.
Por lo tanto, dejemos el interrogante aquí
al comienzo del poema
y admiremos la valentía de Alkman
a la hora de confrontar aquello que queda entre paréntesis.
La cuarta cosa que me gusta
del poema de Alkman
es la impresión que da
de hacer que se desembuche la verdad, en contra de sí misma.
Muchos poetas aspiran
a conseguir este tono de lucidez inadvertida
pero pocos se dan cuenta tan fácilmente como Alkman.
Por supuesto, su simplicidad es un fake.
Alkman no es para nada simple,
es un maestro de la organización
(o lo que Aristóteles llamaría un “imitador”
de la realidad).
La imitación (mímesis, en griego)
es el término que utiliza Aristóteles para designar a los errores auténticos de la poesía.
Lo que me gusta de este término
es la facilidad con la que admite
que aquello con lo que nos las vemos cuando hacemos poesía es el error,
la obstinada creación del error,
el rompimiento deliberado y la complicación de los errores
de los cuales puede emerger
lo inesperado.
Así que un poeta como Alkman
deja a un lado el miedo, la ansiedad, la vergüenza, el remordimiento
y el resto de emociones tontas que asociamos con el hecho de cometer errores
para aceptar
la verdad verdadera.
La verdad verdadera en el caso de los humanos es la imperfección.
Alkman rompe con las reglas de la aritmética
y hace peligrar la gramática
y no da pie con bola en cuanto a la forma métrica de sus versos
para llevarnos a aceptar este hecho.
Al final del poema el hecho sigue ahí
y probablemente Alkman no tiene menos hambre.
Sin embargo, algo ha cambiado en el coeficiente de nuestras expectativas.
Porque, haciendo que nos equivocáramos,
Alkman ha perfeccionado algo.
Sí, ha mejorado algo, ha mejorado algo de una manera
más que perfecta.
Con un solo pincel.
Trad. de Berta García Faet
Essay on What I Think About Most
Error.
And its emotions.
On the brink of error is a condition of fear
In the midst of error is a state of folly and defeat.
Realizing you’ve made an error brings shame and remorse
Or does it?Let’s look into this.
Lots of people including Aristotle think error
An interesting and valuable mental event.
In his discussion of metaphor in the Rhetoric
Aristotle says there are 3 kinds of words.
Strange, ordinary and metaphorical.“Strange words simple puzzle us;
ordinary words convey what we know already;
it is from metaphor that we can get hold of something new & fresh”
(Rhetoric, 1410b10-13).
In what does the freshness of metaphor consist?
Aristotle says that metaphor causes the mind to experience itselfin the act of making a mistake.
He pictures the mind moving along a plane surface
of ordinary language
when suddenly
that surface breaks or complicates.
Unexpectedness emerges.At first it looks odd, contradictory or wrong,
Then it makes sense.
And at this moment, according to Aristotle,
the mind turns to itself and says:
“How true, and yet I mistook it!”
From the true mistakes of metaphor a lesson can be learned.Not only that things are other than they seem,
and so we mistake them,
but that such mistakenness is valuable.
Hold onto it, Aristotle says,
there is much to be seen and felt here.
Metaphors teach the mindto enjoy error
and to learn
from the juxtaposition of what is and what is not the case.
There is a Chinese proverb that says,
Brush cannot write two characters with the same stroke,
And yetthat is exactly what a good mistake does.
Here is an example.
It is a fragment of ancient Greek lyric
That contains an error of arithmetic.
The poet does not seem to know
That 2 + 2 = 4Alkman fragment 20:
[?] made three seasons, summer
and winter and autumn third
and fourth spring when
there is blooming but to eat enough
is not.Alkman lived in Sparta in the 7th century B.C.
Now Sparta was a poor country
and it is unlikely
that Alkman led a wealthy or well-fed life there.
This fact forms the background of his remarks
Which end in hunger.Hunger always feels
like a mistake.
Alkman makes us experience this mistake
with him
by an effective use of computational error.
For a poor Spartan poet with nothingleft in his cupboard
at the end of winter—
along comes spring
like an afterthought of the natural economy,
fourth in a series of three,
unbalancing his arithmeticand enjambing his verse.
Alkman’s poem breaks off midway through an iambic metron
with no explanation
of where spring came from
or why numbers don’t help us
control reality better.There are three things I like about Alkman’s poem,
First is that it is small,
light
and more than perfectly economical.
Second that it seems to suggest colors like pale green
without ever naming them.Third that it manages to put into play
some major metaphysical questions
(like Who made the world)
without overt analysis.
You notice the verb “made” in the first verse
has no subject: [?]It is very unusual in Greek
for a verb to have no subject, in fact
it is a grammatical mistake.
Some philologists will tell you
that this mistake is just an accident of translation,
and the poem as we have itis surely a fragment broken off
some longer text
and that Alkman almost certainly did
name the agent of creation
in the verses preceding what we have here.
Well that may be so.But as you know the chief aim of philology
is to reduce all textual delight
to an accident of history.
And I am uneasy with any claim to know exactly
what a poet means to say,
So let’s leave the question mark thereat the beginning of the poem
and admire Alkman’s courage
in confronting what it brackets.
The fourth thing I like
about Alkman’s poem
is the impression it givesof blurting out the truth in spite of itself.
Many a poet aspires
to this tone of inadvertent lucidity
but few realize it so simply as Alkman.
Of course his simplicity is a fake.
Alkman is not simple at all,he is a master contriver—
or what Aristotle would call an imitator
of reality.
Imitation (mimesis in Greek)
is Aristotle’s collective term for the true mistakes of poetry.
What I like about this termis the ease with which it accepts
that what we are engaged in when we do poetry is error,
the willful creation of error,
the deliberate break and complication of mistakes
out of which may arise
unexpectedness.So a poet like Alkman
sidesteps fear, anxiety, shame, remorse
and all the other silly emotions associated with making mistakes
in order to engage
the fact of the matter.
The fact of the matter for humans is imperfection.Alkman breaks the rules of arithmetic
and jeopardizes grammar
and messes up the metrical form of his verse
in order to draw us into this fact.
At the end of the poem the fact remains
and Alkman is probably no less hungry.Yet something has changed in the quotient of our expectations.
For in mistaking them,
Alkman has perfected something.
Indeed he has
more than perfected something.
Using a single brushstroke.
De: Men in the Off Hours (2000)

Segundo marido,un erudito
Las raciones escaseaban, ella hacía cola para conseguir manzanas y cerillas.
Entretanto, en su frío apartamento, él seguía traduciendo textos babilonios.
Petersburgo ya no era la capital (sino Moscú). Húmeda oscuridad
detrás de los letreros.
Las manos rompían estatuas.
La gente saqueaba incluso los cementerios.
El “Consejo en apoyo a la vida de los artistas”
servía sopa barata y trozos de pan
a escritores nocturnos con botas y chales y orejas laponas.
Junto a la sopa más de uno le decía. Me dejas de piedra.
El perro ha envejecido, susurraba entonces Ajmátova.
En casa, entretanto, el erudito le había quitado la piel a
varias palabras desconocidas.
Sus incisiones producían un sonido azul y apagado como seda.

Yo
Oigo pequeños chasquidos dentro de mi sueño.
La noche gotea su taconeo de plata
espalda abajo.
A las cuatro. Me despierto. Pensando
en el hombre que
se marchó en septiembre.
Se llamaba Law.
Mi rostro en el espejo del baño
tiene manchas blancas en la parte baja.
Me enjuago la cara y vuelvo a la cama.
Mañana voy a ver a mi madre.

3. Pero una dedicatoria es apropiada sólo cuando se hace ante testigos: es una rendición hecha necesariamente en público, como la entrega de estandartes en las batallas
Sabes que hace años estuve casada y cuando mi marido se fue se llevó mis cuadernos.
Cuadernos con espiral de alambre.
Conoces ese verbo frío furtivo: escribir. Le gustaba escribir, le [disgustaba tener que empezar solo con una idea.Usaba mis comienzos con propósitos diversos.
Por ejemplo, en [un bolsillo encontré una carta (para su amante de entonces) empezada con una frase que yo había copiado de Homero: εντροπαλιζομένη, como dice Homero que se alejó Andrómaca cuando se separó de Héctor: «volviéndose a cada paso» bajó de la torre de Troya y se fue por calles de piedra hasta la casa de su leal esposo y allí con las mujeres entonó un lamento por el hombre vivo en su mansión.
Leal a nada mi marido. Entonces, ¿por qué lo amé desde mi juventud hasta [la madurez y la sentencia de divorcio llegó por correo?
La belleza. No es ningún secreto. No me avergüenza decir que lo amé por su belleza.
Como volvería a amarlo si lo tuviera cerca. La belleza convence. Sabes que la belleza [hace posible el sexo.
La belleza hace el sexo sexo.
Tú mejor que nadie entiendes esto… calla, pasemos al orden natural.
Otras especies, que no son venenosas, suelen tener [coloraciones y dibujos similares a los de las especies venenosas.
La imitación que una especie venenosa hace de otra no [venenosa se llama mimetismo.
Mi marido no era mimético.
Mencionarás, claro, los juegos de guerra.
Te lo conté muchas veces protestando porque se quedaban aquí toda la noche con los tableros abiertos y alfombras y lamparitas y cigarrillos (como la carpa de Napoleón, supongo), ¿quién podía dormir?
Mirándolo bien mi marido era un hombre que sabía más de la batalla de Borodino que del cuerpo de su mujer, ¡mucho más! Las tensiones trepaban por las paredes y se vertían en el cielorraso, a veces jugaban del viernes por la noche sin parar hasta el lunes por la mañana. él Y sus pálidos amigos iracundos Sudaban muchísimo. Comían carne de los países del juego.
Los celos fueron una parte nada desdeñable de mi relación con la batalla de Borodino.
Lo detesto.
¿De veras?
Por qué pasar la noche jugando.
El tiempo es real.
Es un juego.
Es un juego real.
¿Es una cita?
Ven aquí.
No.
Necesito tocarte.
No.
Sí.
Aquella noche hicimos el amor «de verdad», algo que aún no habíamos hecho pese a que llevábamos seis meses casados.
Gran misterio. Ninguno sabía dónde colocar su pierna y todavía hoy no estoy segura de que lo hiciéramos bien.
Parecía contento. Eres como Venecia, me dijo, sublime.
Temprano al día siguiente redacté una conferencia («Sobre la defloración») que luego me robó y publicó en una revistita bimestral.
Esto era, por encima de todo, una interacción típica entre nosotros.
O debería decir ideal.
Ninguno de los dos había visto nunca Venecia.
De La belleza del marido(2002)

Podrías
Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado. Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar. Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía,
y todo lo remata con un gesto
tan privado y preciso como su propio nombre.

Anne Carson (Toronto-Canadá, 21 de junio de 1950 ). Poeta, ensayista y traductora. Graduada por la Universidad de Michigan (EE. UU.) y es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Toronto (Canadá). Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020. Considerada por la crítica literaria como la poeta viva más importante de las letras anglosajonas.
A los 15 años Anne descubrió una edición bilingüe de los poemas de la poeta griega Safo en una librería local, algo que impactó su vida ,según explica la propia autora:
“Yo era una adolescente desafecta necesitada de estímulos. La visión de las dos páginas yuxtapuestas, una de ellas un texto impenetrable pero de gran belleza visual, me cautivó y me compré el libro. Al año siguiente destinaron a mi padre a otra ciudad igual de aburrida, pero lo que me salvó fue que en el instituto había una profesora de latín, una mujer excéntrica, que cuando supo de mi interés por aprender griego se ofreció a darme clases a la hora del almuerzo. Se llamaba Alice Cowan y le debo mi carrera y mi felicidad”
Después de varias visicitudes académicas terminó su formación en 1981 con el grado de Doctora con una tesis sobre Safo, Odi et Amo Ergo Sum, publicada en 1986. Ha sido profesora en su casa de estudios y en la Universidad Mc Gill.
Publicó su primer libro de poemas, Short Talks (1992), a los 42 años, en una editorial independiente. El título más conocido de Anne Carson es Autobiografía de Rojo, “novela” en verso en la que reescribe el mito de Hércules y Gerión en clave homoerótica. “Fue una apuesta. Un día le dije a un amigo novelista que jamás sería capaz de escribir una novela y me retó a intentarlo”. Aunque no está muy claro qué es, el libro tuvo un éxito fulminante, alcanzando cifras de ventas que rara vez se asocian con los autores de poesía. “Es el único libro que me piden que firme cuando leo en público. A veces pienso”, ironiza, “que debería haber dejado de escribir después de publicarlo”.
Alguna de sus obras más conocidas son :
Eros the Bittersweet An Essay (Eros el dulce-amargo )(1986), Tipos de agua. El camino de Santiago (1995),Autobiography of Red (Autobiografía de rojo). Una novela en verso(1998),Men in the Off Hours, Hombres en sus horas libres (2001),The Beauty of the Husband (La belleza del marido)(2002), un ensayo narrativo en 29 tangos; con él obtuvo el Premio T. S. Eliot de poesía, concedido por primera vez a una mujer. Si no, el invierno. Fragmentos de Safo (2002), Decreación. Poesía, ensayos, ópera (2005), Nox (2010),Antigonick (2015), Flota (2016),Bakkhai (2017).
Entre otros premios ha recibido:
El Premio Literario Lannan (1996), Premio Pushcart (1997), la Beca Guggenheim (1998), la Beca MacArthur (2000), el Premio de Poesía Griffin (2001),el Premio T. S. Eliot de poesía, concedido por primera vez a una mujer, el premio Princesa de Asturias de las Letras 2020 y el Premio literario internacional Zbiniew Hebert (2025).
En 2015, su traducción de la tragedia de Sófocles, Antígona, se representó en Luxemburgo y en el Centro Barbican. La producción fue dirigida por Ivo van Hove y es protagonizada por Juliette Binoche.
Está considerada por la crítica literaria como la poeta viva más importante de las letras anglosajonas.
Enlaces de interés :
Web de la autora:










Muy buena poeta y muy original.
¡Muchas gracias por tu lectura y comentario Maricruz!
Realmente es muy buena Anne Carson.
Un saludo afectuoso